domingo, agosto 30, 2015

El alma saliendo del cuerpo



















Qué verguenza he pasado hoy. Una amistad me ha invitado a cenar en un restaurante belga. La comida deliciosa. De segundo he tomado raya. Pero lo que me ha dado un poco de verguenza es que hemos acabado hablando sobre un tema histórico. Aunque, en realidad, he sido yo el que más bien ha monologado. Y cuando hablo de ese tema siempre me entran ganas de llorar. 

Cierto es que es algo que tiene que ver con el asesinato de miles de mártires. Pero tampoco veo que sea necesario tocar el asunto y que me vea conteniendo las lágrimas. A veces pienso que me estoy haciendo viejo. Se dice que los viejos lloran al hablar de ciertos temas. A mí, desde luego, me pasa. De joven, jamás. Pero ahora hay temas, y sobre todo el de esta cena, que es tocarlos y ya me estoy esforzando porque las lágrimas no salgan de mis ojos emocionados. Menos mal que se trata de una amistad muy íntima.


El tema no pocos de mis lectores habituales ya sabrán de qué se trata. Es un asunto del que ya no se puede hablar libremente en España.

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