jueves, agosto 13, 2015

Fin sin respuestas


Hoy os iba a hablar sobre el tema que planteé en los dos días pasados, pero no tengo respuestas a las preguntas que yo me hice. Me gustaría pensar que la teología del siglo XXI encontrará un camino para conciliar la Humanae Vitae, la idea de un Dios amante de la vida, natalista, con la realidad de un mundo de recursos limitados y la imposibilidad de la progresión indefinida de la población humana.

Por muy bien que se administren los recursos limitados, el reparto se encuentra con barreras infranqueables. Más allá de esas barreras comienzan las guerras, las hambrunas, la miseria y la vida indigna de los seres humanos. No creo que el plan ideal de la Humanidad sea acabar con un planeta que constituya una conurbación que ocupe toda la superficie del planeta con unos cuantos centenares de reservas naturales. Mucho antes de llegar a esa conurbación planetaria nos encontraríamos con problemas prácticos insolubles, el del agua podría ser el más dramático.

Me gustaría, sí, tener respuestas a todas las preguntas. A mi edad, al menos, he aprendido la humildad de reconocer mis límites. Y ni de eso estoy seguro. Sería mejor decir que me hago la ilusión de saber cuáles son mis límites.

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