martes, agosto 04, 2015

Nunca he visto una cara de tanta ambición en un gato


Las pizzas de la casa de ayer estuvieron muy buenas. Sobre la mesa di pruebas fehacientes de que me complacían. Ahora bien, me dieron ganas de contar lo que había oído por internet: Trabajas menos que la abuela de la Casa Tarradellas, que sólo tiene un nieto y cuando le visita, le hace una pizza congelada. Mientras cenábamos vimos la película El milagro de P. Tinto. ¡Qué hartón de reír!

Del hartón de reír, he pasado hoy a resolver algunas dudas de la persona que está traduciendo Summa Daemoniaca en un país de los Balcanes. Ahora mismo se está traduciendo al francés. El año pasado un largo resumen se publicó en finlandés. Y una última persona está luchando en la traducción al rumano. Summa D., la verdad, es que es un libro que tiene vida propia, un libro que sigue su propia andadura independiente del autor.

A la traductora con la que he hablado hoy, le he tenido que explicar que Dios no odia nada de lo que existe, absolutamente nada. Todo lo que existe cuenta con su permiso expreso para existir. Todo tiene su función, su razón de ser. Eso no evitará que sobre unos recaiga la bendición, el gozo, la alegría, una felicidad sin fin. Y sobre otros recaerá la permisión de una existencia sin esperanza, una existencia en la que sólo se tendrán a sí mismos. Una existencia sin salida de uno mismo.

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