sábado, septiembre 19, 2015

Obligación de creer lo que se debe creer


Hace algunas semanas, planteé en el blog una dificultad respecto a una contestación de la Doctrina de la Fe acerca de la obligación de la alimentación con sonda gástrica de los enfermos en estado vegetativo permanente y definitivo. La dificultad consistía en responder a la pregunta: era esa respuesta una doctrina magisterial que debiera yo creer obligatoriamente.

Espero y confío no haberme equivocado en todo lo que voy a escribir a continuación. Desde luego he dedicado tiempo y esfuerzo en buscar la verdad y pedir opiniones a personas con autoridad.

Y así, después de haber consultado a cuatro expertos sacerdotes, todos ellos verdaderos garantes de la ortodoxia y piadosos, mi mente se ha aclarado; creo que se ha aclarado. Y la respuesta a la pregunta planteada hace semanas es no. 

No tengo obligación absoluta de someter mi razón a una respuesta de la Congregación para la Doctrina de la Fe de esa categoría. Incluso el hecho de que esa respuesta fuera revisada por el Santo Padre no le ofrece el sello absoluto de la infalibilidad. La revisión por parte del Santo Padre no confiere a esa respuesta la categoría de magisterio universal. Como ejemplo dos párrafos de dos textos magisteriales:

Donum Veritatis
Puede suceder que, al final de un examen serio y realizado con el deseo de escuchar sin reticencias la enseñanza del Magisterio, permanezca la dificultad, porque los argumentos en sentido opuesto le parecen prevalentes al teólogo. Frente a una afirmación sobre la cual siente que no puede dar su adhesión intelectual, su deber consiste en permanecer dispuesto a examinar más profundamente el problema.

Ad tuendam fidem
Asímismo se han de aceptar y retener firmemente todas y cada una de las cosas sobre la doctrina de la fe y las costumbres propuestas de modo definitivo por el magisterio de la Iglesia, a saber, aquellas que son necesarias para custodiar santamente y exponer fielmente el mismo depósito de la fe; se opone por tanto a la doctrina de la Iglesia católica quien rechaza dichas proposiciones que deben retenerse en modo definitivo.

Cuando la Congregación para la Doctrina de la Fe ha determinado que algo es magisterio definitivo, siempre lo ha expresado de forma clara y nítida. Los ejemplos son varios también, por ejemplo la cuestión de la ordenación de mujeres, la Humanae Vitae, la cuestión de la validez de la ordenación de los ministros anglicanos, etc.

De manera que tal respuesta sobre la alimentación asistida es una respuesta autorizadísima. No tengo la menor duda de que fue una respuesta muy meditada. Pero no hay obligación bajo pecado de someter el entendimiento a una cuestión moral que de forma expresa no se ha dicho que sea definitiva. Y el contenido de esa respuesta de la Congregación nunca había sido considerado magisterio universal de todos los obispos.

Si no fuera así, todas las respuestas de la Congregación (con una mera aprobación papal) serían definitivas y habríamos encontrado la solución perfecta y más rápida para resolver todas las cuestiones debatidas. Si fuera así, seguiría existiendo la posibilidad de la proclamación ex catedra, pero eso ya sería una mera cuestión de solemnidad, bastaría que la solución a las cuestiones entrasen por la puerta de la mera aprobación papal.

Para que algo sea considerado como definitivo hay que expresamente decir que es definitivo con ésa u otras palabras equivalentes. Una mera respuesta proveniente de un organismo tan reputado no adquiere el aura de la infalibilidad por el hecho de que los teólogos que la aprobaron ocupasen un puesto tan importante para el bien de la Iglesia. Pertenecer a esa Congregación no otorga en ninguna medida el carisma de la infalibilidad, no se participa de esa característica papal. El carisma del sucesor de Pedro es incomunicable e indelegable.

Otra cosa distinta es cuando la Congregación afirma que algo debe ser retenido por todos, es decir, cuando afirma que una respuesta es ya definitiva. Aunque sea dicha tal cosa sin la aprobación papal, en principio, no se van a equivocar en una afirmación teológica cuando lo dicen de forma tan rotunda. Pero la razón para creer cuando digan algo así será la confianza, la confianza en la autoridad de la que gozan; no el hecho de participar en algún grado de la infalibilidad de los sucesores de Pedro, porque no es así.

Sería herético afirmar que la Congregación es infalible en todas y cada una de sus respuestas sea cual sea su categoría magisterial. Sólo hay verdadera obligación de someter el intelecto en aquellas doctrinas que sean magisterio universal o aquellas que hayan sido proclamadas, de forma indubitable, como magisterio definitivo.

Post Data: Desearía no haberme equivocado en ni una sola de las líneas de este post tan delicado sobre una Congregación que ejerce una labor tan trascendental para la vida de la Iglesia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada