sábado, septiembre 05, 2015

Inmigración hacia Europa (1ª parte)


Llevo días dándole vueltas al tema de la inmigración y creo, por fin, hoy se me ha ocurrido una idea nueva, algo que hasta ahora no he escuchado. Algo que, tal vez, podría ser una solución.

Esto es un post y no un artículo de cincuenta páginas, así que me perdonaréis que resuma y que no entre en matices que serían, desde luego, muy justos, pero que alargarían en exceso este texto. Porque, por supuesto, no es la misma emergencia atender a sirios que huyen aterrorizados del Estado Islámico que a un subsahariano que desea, con toda razón, una vida mejor. Yo huiría como los primeros y también trataría de buscar una vida mejor como el segundo. Es decir, haría lo mismo que ellos si hubiera nacido en otro lugar.

Ahora bien, también es cierto que este problema no se resuelve con que un ayuntamiento de España, como ya lo ha hecho uno, ofrezca su polideportivo para hospedar a refugiados. Ni con que cientos de familias ofrezcan una habitación. La familia ofrece su habitación y seguro que también su comida. Pero cuando se ponga enfermo cualquier persona de esa familia acogida, será el sistema público el que pagará su asistencia.

Si esa familia acogida se queda sin trabajo, de nuevo será el sistema público el que pagará su renta de supervivencia. Y así un largo etcétera de sumandos que a la gente que ofrece su habitación, es lógico, no tienen en cuenta. La comida y un techo sería lo más barato de organizar para el Estado, al modo de un cuartel. Pero los otros sumandos en el lado del débito no son tan fáciles de sufragar. Sumandos que además tienden a contabilizarse no ya como de larga duración, sino de forma indefinida.

Un refugiado (africano o sirio) sin formación en un país sin trabajo no tiene esperanza de encontrar trabajo. ¿Esa familia está dispuesta a acoger a esa persona durante cinco o diez años? No quiero parecer cruel, pero esto no es una cuestión de generosidad personal, sino un problema de Estado.

Dentro de dos años pueden ser cinco millones de inmigrantes más los que llamen a las puertas de Europa que los de este año. Y dentro de cuatro años pueden ser veinte millones más. El efecto llamada no es un mito que se ha inventado Dr. Evil. Europa tiene 72 millones de inmigrantes.

Los que alegan que el Estado no puede asumir el número creciente de inmigrantes que recibe Europa tienen razón. No sé si son malos, probablemente sí, pero tienen razón. Este fenómeno como realidad masiva sólo ha hecho que comenzar. Cada año el número aumenta y resulta evidente que va a seguir aumentando, con guerra en Siria o sin ella.

¿Somos conscientes de que se está formando un verdadero tsunami humano? Ese tsunami no se arreglará abriendo el polideportivo o la puerta de la casa.

Hay que empezar a pensar en soluciones a largo plazo. Soluciones justas y humanas, pero realistas. Si he expuesto las cosas con una cierta crudeza, es porque es el único modo de buscar una solución duradera. Hasta que no entendamos la magnitud del problema al que podemos enfrentarnos en simplemente cinco años, no vamos a ponernos manos a la obra en hacer algo que no se reduzca a poner parches.


Y haciendo eso es como hoy se me ha ocurrido una idea nueva, totalmente nueva. Algo que sí que me parece una solución. Pero que expondré mañana porque hoy ya me he alargado mucho. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada