domingo, septiembre 20, 2015

Pequeñas satisfacciones de un hombre humilde


Hoy iba a escribir algo más acerca de ese territorio intermedio en que el magisterio ordinario pasa ya a colindar con el extraordinario. Pero un lector me ha pasado un vídeo que me ha entusiasmado. Era un pequeño fragmento de un documental en el que hablaba la Kodama, la viuda de Borges.

Siempre os he hablado de lo maravilloso que es ser escritor, del poder de la literatura. Pues antes os contaré otra cosa. Hace ya muchos años me llevaba un conductor a un programa de televisión y en el largo viaje hasta los estudios, me comentó que, una vez, llevó a Mick Jagger, cantante de los Rolling Stones. Y cuando se bajó del coche se le acercaron al conductor sus fans a suplicarle el más pequeño objeto que quedado abandonado dentro del coche. Le pedían que buscara a ver si había, al menos, un pelo. Estaban dispuestos a pagar por ello.

Cuando se enteraron de que dentro había una colilla de uno de ellos, una chica le dijo que pusiera precio a esa colilla. Le ofreció dinero, después drogas y finalmente se ofreció ella misma. Estaba dispuesta a dar sexo al conductor por esa colilla.

Pues bien, la esposa de Borges contaba que un día estaba el escritor sentado en el vestíbulo de un hotel, el Palace de Madrid, esperando a que le vinieran a recoger. Un joven se acercó, se arrodilló delante de él, le tomó las manos Borges y le dijo: Maestro, yo lo admiro. He leído toda su obra.

Y Borges, ciego, le preguntó: Y usted quién es, señor.
El joven contestó: Mick Jagger.

Esto aparece en el minuto 3:30 de este vídeo:

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