domingo, septiembre 20, 2015

Sometiendo la razón


Ayer os participé una cuestión que me ha tenido ocupado algún tiempo hasta lograr hacer luz en mi razón sobre el tema. Tenía claro qué valor tiene el magisterio ordinario de un obispo o de una conferencia episcopal. Tenía claro qué valor tiene cada nivel del magisterio papal. Pero no tenía tan claro qué valor tiene una respuesta simple de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Esas respuestas hay que recibirlas con humildad. La gente que está trabajando en esa sede son verdaderos sabios. Su palabra prácticamente siempre es la expresión verdadera de la fe. Si ellos te dicen que algo es contrario a la fe, más vale entender que es así, porque será muy difícil que se equivoquen.

Pero recordemos que el carisma petrino es incomunicable. Recordemos que un grupo de sabios (incluso aunque sean sabios y santos) no es lo mismo que un concilio universal. Una revisión papal de una respuesta ofrece una grandísima autoridad a una respuesta. Cierto que sigue siendo magisterio ordinario, pero se van acumulando más y más sellos de garantía.

Podría escribir mucho más acerca de la bellísima misión de esta Congregación. Pero mi razón no se aquietó durante semanas. Todo eso era verdad, lo sabía: ¿pero la razón estaba obligada en absoluto a hacer un acto de fe ante una respuesta como la que mencioné?

Fue un tema apasionante, desde el punto de vista teológico. Someter la razón no es cualquier cosa. Si se hace cuando se debe hacer, es algo sagrado.

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