jueves, septiembre 24, 2015

Tranquilo, no voy a hacerte nada


Hay muchos temas sobre los que hoy podría escribir un post. Podría escribir sobre el asunto del independentismo catalán. Pero desisto. Decepcionaría a ambas partes. Les decepcionaría por no apelar a los sentimientos, sino sólo a la razón.

Podría escribir sobre el tema de los disidentes y el viaje del Papa a Cuba. Pero todo lo puedo resumir en que el Sumo Pontífice ha hecho lo correcto. Si queremos cambiar las cosas a mejor, más vale obrar con pragmatismo por parte del Vaticano. Su acción ha sido la más adecuada dadas las circunstancias.

Podría hablar de la novela que ya he acabado, pero a la que le falta el párrafo final y que no acaba de llegar. El final ya está escrito, lo que falta son las notas finales. Sólo eso.

Podría escribir de las partidas de ajedrez que he jugado tras la cena. Sí, he participado en esas pequeñas guerras sin historia que me han proporcionado un placer sencillo mientras escuchaba, otra vez más, casi fanáticamente, la banda sonora de Isabel, la Edad de Oro.


Hoy como escritor he tenido dos satisfacciones. Hablar por Skype con una jovencita lectora de dieciseis años de Argentina. Una mujercita encantadora. Su novio es un chico afortunado. La segunda satisfacción es haberme enterado de que tengo un lector en el lugar de la Iglesia que menos me podía haber imaginado. En verdad que los libros son como el agua que se filtra por las rendrijas hasta el lugar más insospechado.

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