miércoles, octubre 28, 2015

Cuarta parte. Cómo debería ser un sínodo ideal: la disposición del lugar













El espacio donde tienen lugar las reuniones debe dar la impresión de que aquella es una reunión sacra. El lugar donde se reunen los obispos para dialogar y dilucidar cuestiones de fe y moral debe expresar que aquello no es una reunión como tantas de las que tienen lugar en el mundo. Son personas sagradas tratando de asuntos sagrados como lo son la fe o la cuestión de lo que es lícito y lo que no lo es.

El lugar ideal debe respirar sobriedad, conviene que exista una desnudez de elementos. Aunque sí que deberían estar todos convocados ante alguna imagen sacra verdaderamente impresionante. Por ejemplo, una bellísima cruz de piedra de cuatro metros de altura con motivos georgianos o célticos. O una imagen en mármol de la Virgen María, como la de la ermita de la Universidad de Navarra. Una imagen de tres metros de altura daría la sensación de estar presidiendo a los obispos. Si a esa cruz o a esa imagen se le añade una iluminación tenue en medio de una cierta penumbra, la escena sería muy impresionante en su sencillez: obispos reunidos jutno a María, o ante la Cruz de Nuestro Salvador.

Observemos todos los frescos y óleos acerca de concilios de siglos pasados: todos muestran una disposición estética tan equilibrada y proporcionada que muestran a los concilios como algo bello. No se podía esperar otra cosa de una época tan acostumbrada a crear belleza y que tenía un concepto tan alto de un concilio.

Digámoslo con toda caridad, pero con toda claridad: el aula del sínodo parece un cine barato. Parece una de esos interiores funcionales de los años 70. Hoy día, cualquier centro de convenciones de Estados Unidos es mil veces más bello. Si lo que querían era diseñar un lugar anodino, de verdad que lo han conseguido.

No voy a perder tiempo poniendo aquí dibujos, pero hay mil maneras de diseñar un aula sinodal bella y que exprese espiritualidad. Se puede hacer dándole una estética moderna o tradicional, neutra incluso. Cualquier cosa mejor que lo que tienen ahora. El arquitecto dio justo con la forma de no lograr belleza. Era difícil pero lo consiguió. Además, el aula ofrece una sensación psicológica de tensión, de presión visual, de arrojarse unos sobre otros. No es un espacio sereno; ni bello ni sereno.


No sólo el aula sinodal, las mismas salas de reuniones para las comisiones y grupos particulares podrían disponerse alrededor del aula sinodal de manera que la arquitectura expresase el mismo modo de trabajar del sínodo. Si en ese mismo edificio se emplazasen en un tercer círculo concéntrico las habitaciones y comedores de los padres sinodales, se podría diseñar un edificio magnífico. Alguien dirá que es un gasto. Sí, pero en Roma siempre se necesitan habitaciones para obispos y sacerdotes de visita en la Urbe. Es un gasto bien conveniente. 

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