sábado, octubre 10, 2015

Cuestiones sobre el infierno VI


Lo que se me hace extraordinariamente difícil de entender con mi pobre razón humana es el concepto de sufrimiento siempre creciente que puede experimentar un ser condenado por toda la eternidad. Es decir, un alma puede caer más y más profundamente en la tristeza, en el odio, en el paroxismo del dolor. Del mismo modo que un ser humano aquí en la tierra, a pesar de estar en el mismo lugar, en el mismo ambiente, con el mismo trabajo, con la misma comida y el mismo tiempo de descanso, puede caer más y más en la tristeza. Y esa tristeza ser de tal magnitud que anule todo lo demás: la persona no come, no trabaja, ya no habla con amigos.

Aquí, en la tierra, la muerte puede poner un punto final a esa situación. Pero tras la muerte ya sólo queda la posibilidad única de seguir existiendo. El sufrimiento puede ser creciente a pesar de un entorno siempre igual. ¿Dónde está el límite de ese sufrimiento? La respuesta es que no hay límite. Uno siempre puede sufrir más.

De esta manera, llega un momento en que parece que el ser no puede resistir más, parece que el ser se va a romper. Pero no se rompe.


En mi modesta opinión, si Dios no interviniera para enviar ayudas naturales, los condenados se hundirían en un círculo vicioso de tristeza y rabia siempre creciente, sin fin.

Post Data: La bellísima pintura no tiene relación con el texto del post. La he puesto porque también en el budismo hay hombres que buscan a Dios y lo encuentran en ese camino.

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