jueves, octubre 15, 2015

Ladrillo de la Puerta Santa del Vaticano colocado en un templo de Estados Unidos

Hoy he regresado de un viaje de una semana a México donde he dado unas conferencias. Cóncretamente he estado en Campeche. Pondré las fotos tan pronto como las tenga. O sea, que tardaré. 

Allí he podido ver unas bonitas pirámides mayas. Especialmente una era de especial altura y belleza. Todo el conjunto situado en la selva era impresionante. Las selvas del Yucatán son bajas. No están formadas por árboles altísimos con lianas como las africanas o las brasileñas. Sino que se trata de selvas no tan altas, pero sí terríblemente densas que se extienden por las tierras planas e inacabables de esa inmensa península. Avanzar por ellas resulta una tarea lentísima.

Como se puede esperar de una tierra situada en el Trópico de Cáncer, el calor y la humedad era notable incluso en esta época del año. Campeche, la capital, es una ciudad tranquila, bajo un cielo azul, con sus calles llenas de luz, con sus fachadas coloridas que respiran el ambiente colonial de hace siglos. Un lugar muy bonito.

No voy a hablar de la bondad de sus pobladores, porque pensaréis que no seré objetivo. Tampoco hablaré de su gastronomía. Tan solo diré que a esas tierras del sur de México llegó una determinada y concreta cantidad de padre Fortea, y hoy ha regresado la misma cantidad de padre Fortea más dos kilos. Ha regresado más padre Fortea del que partió.

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