martes, octubre 27, 2015

Tercera parte. Cómo debería ser un sínodo ideal: quienes deben ser convocados a un sínodo


















Pero si se reúne a dos bandos en un solo lugar, como dos ejércitos de centenares de efectivos, con la misión de producir de un modo burocrático un documento de consenso, los frutos luminosos se puede esperar que sean mínimos. El Espíritu Santo actúa. Pero debemos facilitar su actuación con un entorno y unas condiciones óptimas para su escucha. Escucha que viene no sólo de la oración, sino también del diálogo. Y para que el diálogo produzca sus mejores efectos, cuanto mayor sea el acercamiento humano, mejor.

Voy a exponer cómo considero que hubiera sido el modo ideal de organizar el último sínodo. Se escogen los siguientes grupos de obispos:

-Diez obispos a favor de una posición teológica
-Diez obispos favor de la posición teológica contraria

Se escogen a diez grandes teólogos, diez peritos de cuya altura teológica no haya ninguna duda. Estos sacerdotes, y quizá algún laico, pueden también escogerse equitativamente entre las dos posiciones teológicas enfrentadas.
Se escoge a un grupo de obispos, digámoslo así, neutrales, situados entre los dos grupos:

-Diez obispos neutrales representativos de las grandes sedes del mundo: Nueva York, París, Tokio, Sydney, etc. Obispos que sean más bien neutrales.
-Por último, se escoge a otros diez obispos santos. Diez obispos de todo el mundo que destaquen por su santidad y que haya un cierto consenso acerca de ello.

De estas cuarenta personas, una tercera parte podrían ser cardenales. Este grupo se reúne a charlar a conversar como hermanos. No tienen que producir ningún documento si no lo desean. Pueden hablar con toda libertad. No deben sentirse presionados por estrecheces de tiempo. 

Después, las votaciones internas irán indicando cual es el parecer de esta representación del episcopado. Si se logran ciertos acuerdos, eso podrá exponerse ante la asamblea general del sínodo. Si un acuerdo no es posible, al menos, tras esta fase de preparación, se podrán exponer del modo más acertado cuales son las dos posturas y sus argumentos, para que el aula general delibere y lleve a la oración lo que se ha expuesto ante ella.

El aula general debería repetir a nivel más amplio este esquema expuesto, este modo de trabajar. No es la cantidad de intervenciones la que da más luz. No es el número de documentos el que ayuda a tomar una decisión. Sino la escucha de ese pequeño número de personas que ha sido encargado de preparar el sínodo. Y, de nuevo, con el lugar de reunión, el horario (de trabajo y oración) y el diálogo sincero debe favorecerse la escucha de los hermanos y del Espíritu.

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