sábado, noviembre 07, 2015

Blade Fortea Runner (y Dublin II)


Lo más bonito de este viaje, todo un detalle, es que un amigo mío norteamericano vino desde Washington sólo para escuchar la conferencia en Dublin. Y después de decidir el viaje, me preguntó si me apetecería alargar mi estancia un poco más y ver algo más de Irlanda. Por supuesto dije que sí.

Aunque después, de los tres días de más que estuve, sólo uno salimos fuera de la ciudad. Vimos el castillo de los Talbot y un pueblo costero.

Sea dicho de paso, ese día en el desayuno había comido muchas pepitas de calabaza con el yogur. Y en mitad del recorrido por los salones del castillo tuve que preguntar con urgencia dónde estaba el Fir & Mná que es como llaman en gaélico a lo que los ingleses denominan toilet y los norteamericanos restroom.


Estoy seguro de que si hubiera atravesado el cordón que cerraba el paso y me hubiera encerrado en uno de los pequeños torreones de los aposentos del segundo piso y hubiera usado los cacharros cuadrados del siglo XIX que contenían una palangana, la guía alemana presente hubiera contado, grupo tras grupo, año tras año, que la última vez que había sido usado uno de aquellos muebles había sido en el 2015 por un sacerdote in a need.

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