martes, noviembre 10, 2015

El Papa protector












Si hay una película que me atrae como un imán, cuyos fragmentos tengo que ver una y otra vez, una obra que admiro como una tragedia griega mil veces conocida y mil veces contemplada de nuevo, ésa es Un hombre para la eternidad.

Quizá eso sucede porque siento que no dentro de muchos años nos encontraremos en una situación en la que habrá que elegir entre el Estado con su faz más vil o la Santa Iglesia. La paz con el Estado o la paz que viene de Dios.

Desde luego, esta película tiene la grandeza de una catedral. Sus detalles son los de una película como sólo diez o veinte se han filmado en toda la Historia. Me fijaba hoy en el verismo con que la esposa de Tomás le grita al guardián que quite sus manos de encima cuando éste la empuja hacia fuera de la celda (1:21 min.). Los gritos de ésta sollozando y casi tropezando en la escalera. No sé cuantas veces filmaron esa escena, pero sólo actores gigantes pueden darle el tono perfecto a un momento como ése. El más mínimo exceso interpretativo se hubiera notado.


Después de toda una vida viendo cine, me reafirmo en que Dios quiso hacer una película homenaje acerca de uno de sus queridos siervos.Y cuando el Inspirador de toda belleza quiere homenajear a alguien, el resultado es una obra como ésta que parece realizada más por ángeles que por hombres.

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