martes, noviembre 17, 2015

Jugando al ajedrez, con pueblos y personas



¿Se puede luchar contra el terrorismo sin cambiar la Constitución? Por supuesto, en cualquier país de Europa. Los mecanismos jurídicos son perfectos. Simplemente la Constitución preserva principios tales como la limitación del Ejecutivo para que tenga que ser un juez el que decida si uno puede intervenir teléfonos o tirar la puerta de tu casa abajo.

¿Por qué cambiar entonces esas barreras que contienen al Poder? Pues porque cuando el Pueblo pide hacer algo, lo mejor es cambiar la Carta Magna a toda prisa en orden a debilitar las garantías constitucionales de los ciudadanos. Cambiar la Constitución, en este caso, se traduce por un debilitamiento de los derechos de los ciudadanos frente al Poder.

Curiosamente, que no casualmente, en mi novela Cyclus Apocalypticus ya señalé en aquel lejano 1997 que el mejor modo de concentrar Poder por parte del Ejecutivo en una democracia era precisamente ése: el miedo al terrorismo.


Pero vamos camino de la mentalidad cesariana. Los ideales se han perdido por el camino. Y frente a esta situación, peor todavía, los antisistema que en el fondo constituyen un tipo de bolivarianismo. Entre el terrorismo y las futuras luchas callejeras de los anticapitalistas, los futuros césares lo tienen muy fácil para eclosionar. 

Mientras tanto, el Pueblo seguirá pidiendo atajos a la ley, seguirá pidiendo más concentración de Poder. Como si la solución a nuestros problemas pasara por extender toda una generación de Putins en las capitales de Europa. Magnífico, vamos por el camino adecuado. Mueren 128 personas y se cambian los derechos y libertades de 66 millones de personas.

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