miércoles, noviembre 25, 2015

Lo bueno es que no suelen quejarse


Estos días estoy leyendo Rayuela de Cortazar. Un libro magnífico, literatura en estado puro, obra de un escritor-artista. Una de las grandes obras del siglo XX. Qué diferencia entre el mundo de Cortazar, caótico, personal, íntimo, amoroso, bohemio, y el de Borges, cerebral, filosófico, frío, ordenado. Dos personas que son dos universos distintos. Dos mundos que producen libros totalmente diversos.

Me admira Cortazar, su obra llena de vitalidad creadora tiene una increíble fuerza literaria, qué vitalidad se respira en sus páginas. Sí, es grande, pero todo se queda en admiración. Mientras que a Borges le amo. ¿Es posible amar una inteligencia pura? Sí, sin duda.

Malraux me ha defraudado con su La condición humana. Buen escritor, pero hipervalorado. Thomas Mann con su La montaña mágica me ha aburrido. Mann si puede decir algo en cien páginas en vez de en cinco, usará cien páginas. La conjura de los necios me ha gustado y mucho. Pero basta leer una tercera parte del libro para satisfacerse en su escritura. El resto de la obra no aporta nada más que no estuviera en el principio. Con Faulkner me ha faltado paciencia y ganas, lo mismo que con El guardián del centeno.


Yo, de entre todas mis obras, os aconsejo Historia del mundo angélicoYo debo ser uno de los pocos escritores que tiene como lectores a los ángeles. Lo bueno es que no suelen quejarse.

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