sábado, noviembre 14, 2015

Los atentados de París


Cuando ocurre algo como los atentados de París, queda patente la necesidad de racionalización que tiene este mundo. El planeta precisa de mecanismos para hacer las cosas que se deben hacer. Pero no hemos logrado, ni siquiera, que los más adecuados gobiernen en cada uno de los distritos (países) en los que está dividido el mapamundi de este Mundo Feliz.

La irracionalidad campa a sus anchas en la gestión de ciudades, regiones y naciones. Los grandes problemas son arrojados al limbo. A diferencia de la década de los 70 y 80, cada vez mayor parte de la población piensa que esto es así, ha sido así y será así. Cada vez son más los que consideran que no hay nada malo en que pulule la irracionalidad en la organización de las grandes cuestiones planetarias.

A estas alturas, veo con claridad que el problema no radica en cuestiones organizativas, sino en el campo moral. Hombres moralmente enfermos difícilmente ven con claridad. Gobernantes malos, corruptos, ambiciosos y mentirosos nunca serán los adecuados para poner solución a las cosas. ISIS puede estar tranquilo. El mal puro puede seguir pululando mientras esté rodeado de mal diluido de tercera calidad.


Es el mundo entero el que requiere una reestructuración total, una reestructuración que sólo puede hacer Dios.

Cuando no haces lo que debes hacer a varios miles de kilómetros de distancia, te acaban pasando cosas como las que acaban de pasar. Hay una relación entre la dejación de los últimos años y el baño de sangre de hoy. Pero, eso sí, siempre puedes sacar al ejército a la calle, que eso queda muy bien para las fotos. La foto, lo importante es la foto.

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