viernes, noviembre 27, 2015

Pope Michael o la fuerza del Destino II


Los personajes de Matrix creían estar en un mundo cuando, en realidad, habitaban otro. Ésa es la lógica del argumento de esa película, aunque sea una obra de ficción. El pobre David Badwen recorre su mundo mental totalmente convencido de que el suyo es el correcto. Eso nos debe hacer reflexionar a todos.

David no está dentro de Matrix. Más bien su mente a generado un Matrix a su medida. Me abruma la capacidad humana para equivocarse, y para equivocarse mucho tiempo, toda una vida.

Por favor, de ningún modo penséis que me burlo del bueno de David. Todo lo contrario. Él me lleva a preguntarme acerca de mis errores y de mi capacidad de errar. ¿Qué es lo que hace que uno acabe siendo un nazi, otro un Papa en Kansas y una tercera persona un broker ansioso, egoista y angustiado en la bolsa de París. La respuesta es: la concatenación de causas y efectos.


Dichosa y desdichada concatenación que hace de unos santos y de otros monstruos; que provoca en unos la felicidad rodeada de nietos, y en otros el sufrimiento más atroz; que hace de unos obispos y de otros músicos de rock; que hace de unos amantes de Bach y de otros heroinómanos.

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