lunes, noviembre 30, 2015

Sí, de momento, no hay ningún peligro













Hoy por la mañana he decidido ir a la misa tridentina del monasterio de las salesas de Madrid. La razón es que me apetecía variar. Allí me he encontrado con un buen amigo sacerdote, siempre alegre y optimista, como todos aquellos que tenemos unos kilos de más. Encima ha resultado que la misa de hoy era especial. Venía el superior de la fraternidad a esa iglesia y el sermón era en francés. Francés, fraternidad, tridentino, no, tranquilos, todo estaba en comunión con la Iglesia. Con mi amigo, tras la misa,nos hemos dado un paseo charlando de una serie de lugares comunes mil veces trillados; somos así.

Por la tarde he decidido incluir unas pequeñas añadiduras a la liturgia del jueves y viernes santo de mi libro Neovaticano. Pero la cosa se ha alargado y alargado. Al final, no he acabado hasta la hora de la cena, y eso que he retrasado la hora de cenar.

En Biblioteca Forteniana goo.gl/mNsjmY  tenéis los cambios realizados en ese libro. Creo que ha quedado una ceremonia grandiosa, solemne, fastuosa. Otros escritores imaginan batallas de ciencia-ficción, o imaginan mundos futuros. Debo ser el único autor en todo el planeta que, en sus ratos ociosos, pergeña en su mente formidables liturgias en un Vaticano descomunal fruto de una mente tan calenturienta como la mía. Estas fantasías mías, por otra parte inofensivas, demuestran lo variada que es la Humanidad.


Además, no hay ningún peligro de que ningún cura desobediente lleve a cabo mis ideas. La única posibilidad sería que un sumo pontífice decidiera llevarlas a cabo. Y aun él precisaría de ganas y denuedo para materializarlas. Sí, de momento, no hay ningún peligro.

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