sábado, diciembre 05, 2015

Los rituales de la vida


Misas solemnes, grandes liturgias, espacios imaginados, el culto al Ser Infinito, micromundos eclesiásticos descritos minuciosamente en páginas escritas con ardor. Cuantas cosas han pululado por mi casi medio siglo de vida.

Me doy cuenta de las cosas que he dejado de hacer. Conozco los rituales medievales de coronación de reyes en el reino de Aragón, pero no conozco más que una ínfima porción de las principales ciudades españolas. He recorrido muy bien el Templo de Jerusalén del siglo I, pero mi querídisima ciudad natal, Barbastro, es ahora un lugar bastante desconocido para mí. Se ha convertido en una ciudad poblada no de habitantes, sino de recuerdos. La lista de cosas dejadas de hacer sería inacabable.

Mi mente vuela y viaja, pero mi cuerpo no va más allá de los centenares de paseos a los que someto a esta población en la que vivo. En la cocina, incluso mis recetas suelen repetirse con unas pautas que demuestran que la experimentación de años pretéritos ya pasó.


La posibilidades de acción son infinitas, pero en el tablero de ajedrez de la vida, las fichas se mueven con jugadas bastante predecibles. Hace unos minutos volvía a releer otra página de Memorias de Adriano. Cuando uno relee mucho es síntoma de todo esto. No sé si el mundo está viejo como decían los antiguos. Pero cuando uno se hace viejo, el mundo se vuelve viejo.

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