martes, diciembre 29, 2015

Macbeth de Justin Kurzel: mal (II)


Cuando ayer dije que si a Macbeth de Kurtzel se le quitan todos los fallos, queda una buena película, no era una broma. Comparemos Star Wars (la última) y Macbeth. Las dos tratan de la lucha por el Poder, de la ambición. Pero la película Macbeth es de una belleza cinematográfica que no puede ni soñarla Star Wars, pura y simple acumulación de efectos especiales.

Macbeth es profunda en su historia, es profunda en el modo de mirar el director a los personajes. Es más bello el interior de la pequeña iglesia de pueblo con sus velas, su vacío y su quietud a la que entra a rezar el barón que duda si cometer el asesinato, que todo el despliegue de formas por ordenador de esa obra de ciencia-ficción.

La cartelera no podía ofrecernos una contraposición más perfecta: dos historias de ambición y poder. Una, una obra de arte. La otra, una obra pagada a golpe de talonario.


La segunda pasará de moda en cuanto avance la técnica de los efectos especiales. Y así, hoy día hay acuerdo general (salvo para los fanáticos de la saga) en que El Imperio Contraataca es un producto sencillamente incomestible. Mientras que la historia que se cuenta en Macbeth seguirá impresionando dentro de dos generaciones exactamente lo mismo que ahora.

Una persona intelectualmente profunda tiene la capacidad de producir obras grandiosas. Un individuo superficial no puede ir más allá. Mucho me temo que, cada vez más, vamos a tener que sufrir un cine crecientemente insustancial. Adiós 2001.

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