miércoles, enero 27, 2016

62 personas que pueden escoger el detergente sin mirar el precio

62 personas poseen lo mismo que el 50% de la población mundial. El dato, de por sí, es de una contundencia impresionante. Pero la solución no radica en repartir el dinero como si fuera una tarta. Si así se hiciera sin más, se destruiría la maquinaria de crear riqueza. Y es que esas 62 personas no poseen simplemente fajos de billetes que guardan debajo del colchón, sino que poseen parte de un complejo sistema de creación de riqueza. La distribución de los bienes debe hacerse con sumo cuidado para no destruir el sistema, no hay otra solución. Hay que hacerlo con sumo cuidado, porque el deterioro del sistema de creación de riqueza lo pagarán los más desfavorecidos.

El Estado continuamente está tomando decisiones que van en beneficio o en detrimento de la distribución de la riqueza en temas que no afectan al funcionamiento de la maquinaria. Miles de esas decisiones, decenas de miles de esas decisiones, es lo que hace que un país sea Suecia o sea Somalia.

Lo que sucede es que la globalización y la Unión Europea cada vez hacen más difícil a una nación tomar decisiones. Poco a poco, los estados se están convirtiendo en meros gestores del presupuesto y nada más. Si a eso añadimos un empobrecimiento cada vez más notable a causa de la crisis crónica, el resultado es que los estados carecen de capital para hacer cualquier cosa que vaya más allá de pagar las partidas esenciales.

En este año de 2016, cualquier economista que quiera aconsejar a un gobernante europeo va a tener que reconocer que tiene muy poca capacidad de maniobra. Esta situación no tiene nada que ver con lo que podía hacer un gobernante en los años 60 y 70. Ahora la situación ha cambiado radicalmente, radicalmente a peor. Qué lejos están esos decenios en que las industrias no hacían más que crecer y crecer y volver a crecer.


Por favor, si me está leyendo ahora mismo Amancio Ortega, que sepas que tengo miles de ideas para hacer cosas con todo el dinero que te sobre y con el que no sepas qué hacer. Y si no te gustan mis ideas, tengo otras.

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