miércoles, marzo 16, 2016

El drama de los refugiados

Hace pocos días me mandó mi querida amiga dentista un link para que firmara una petición a favor de la apertura de fronteras para los refugiados. No la firmé.

Mi posición sobre el tema ya la manifesté en este blog. Mi propuesta de solución era desagradable,pero racional y realista. Todos los votantes de izquierdas están a favor de una total apertura de fronteras, pero no quieren más recortes sociales. Ya me dirán cómo se puede lograr lo uno y lo otro. El auge de los partidos de extrema derecha xenófobos ya estaba pronosticado en este blog también, dado el escenario resultaba inevitable.

Las medidas basadas en la razón suponen menos sufrimiento para los refugiados. Dejar las cosas en un limbo, al final supone más sufrimiento para ellos.

Si por un imposible se hubiera llevado a cabo algo como lo que yo apunté cuando empezó el problema, los refugiados ahora estarían en campos bien acondicionados, con escuelas y sanidad. Y, además, se hubiera frenado el efecto llamada de inmigrantes que buscan salir de la pobreza.

Salir de la pobreza es una aspiración totalmente legítima, pero cien millones de inmigrantes de aquí a diez años no lo resiste la estructura social de la Unión Europea.

De momento nuestros pobres hombres elevados al poder siguen optando por el limbo: dejar todos los problemas con desagradable solución en un limbo.

Los refugiados son seres humanos con igual derecho que nosotros a la felicidad, con sus sentimientos e ilusiones, merecen que las grandes mentes busquen la mejor solución posible a esta situación. La creación a medio plazo de un protectorado bajo mandato de la Unión Europea, y la creación (como inmediata medida de emergencia) de extensos campos de refugiados en suelo europeo pero sin libre circulación, mientras se discuten las cuotas, me parece la solución menos mala.

Las soluciones estéticamente más bellas son un camino hacia el desastre. Europa no puede asimilar las consecuencias del efecto llamada que ha creado. Últimamente estaban entrando por los Balcanes incluso inmigrantes de Pakistán y Afganistán. Nos enfrentamos (y las izquierdas parecen no darse cuenta) a una emigración de proporciones masivas. 

El buenismo por su ceguera parece empeñado en crear mayor sufrimiento. Cuando se percaten de que esto no es una mala temporada de refugiados, se tomarán medidas. Pero sólo se tomarán cuando no quede remedio y, de nuevo, se tomarán no basadas en la racionalidad, sino bajo el imperio de los sentimientos de la masa. 

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