sábado, marzo 12, 2016

El plan ideal de Dios


Una de los temas sobre los que he meditado más en los últimos años ha sido el tema del episcopado, sin duda movido por las necesidades a que me ha llevado la escritura de varios libros. Qué distinto era ser arzobispo de Canterbury en una catedral monástica, comiendo con los monjes, orando cada día en el espléndido coro con ellos, a ser obispo rural en los confines de Numidia en el siglo IV, en una ciudad de dos mil habitantes que hablaba únicamente púnico. Tema este último sobre el que he leído largamente en los pasados días. Es muy distinto el episcopado que ejerció Armand Jean du Plessis al ser obispo a los veintidós años que el que ejerció Timoteo en el siglo I, un episcopado probablemente itinerante.

Las funciones episcopales fueron las mismas en cualquier época. Y, sin embargo, en cualquier época hubo una radical diferencia entre la vida y trabajo de unos y otros obispos.


Si a mí me preguntaran, cuál es la necesidad más importante de la Iglesia. Les respondería lo que tantas veces he dicho en este blog, que la tarea más urgente ahora (como en todos y cada uno de los siglos pasados) es reformar el modo en el que se escoge a los obispos, para por fin, tras dos mil años de cristianismo, escoger a los mejores. No me basta con que sean dignos. Eso es completamente insuficiente. Dios quiere que se escoja a los mejores de entre los mejores.

1 comentario:

  1. Anónimo6:08 p. m.

    Muy bien!!!.
    Esa es la valentia que tiene que carecterizar a un futuro obispo!!!.
    Guau!!!

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