domingo, marzo 20, 2016

¡Viven!


Ya es hora de que los eclesiásticos hagamos algún tipo de homenaje nacional a la pilistra. No exageraba al decir ayer que es la forma de vida más resistente al entorno parroquial. Llega una señora y la riega durante dos semanas como si fuera un campo de arroz tailandés. Después se va de vacaciones y otra señora se olvida de regarla durante dos meses. Una tercera señora la deja en un lugar donde parece que la ha castigado ad obscuritatem. Y la pilistra allí sigue: viva. 

2 comentarios:

  1. Anónimo7:12 a. m.

    Me ha apasionado la reflexion de Constacio C Vigil.
    Y cuanta Verdad va en ella!.

    ResponderEliminar
  2. Jajaja!Yo siempre había pensado que se trataba de una planta cuya omnipresencia parroquial había sido establecida en algún concilio de la reciente historia de la Iglesia.
    Atención con la araña roja, única enfermedad que puede acabar con esta planta, según la wikipedia.

    ResponderEliminar