viernes, abril 15, 2016

Más mosaicos romanos; mosaicos y burkas.


Para mi artículo sobre la catedral de San Agustín, me he sumergido un poco en el mundo de los mosaicos romanos. Algo sabía por mis visitas a museos. En Alcalá tenemos dos admirables ejemplos de obras vastas y complejas. Pero ha sido en los últimos días cuando he quedado sorprendido al ver cómo los pequeños detalles de todo un mundo que desapareció siguen presentes petrificados en las humildes piedras de los mosaicos.

Allí vemos, langostas, pulpos, actores preparándose para una obra de teatro, laberintos, varias carreras de cuadrigas vistas desde lo alto aunque con los carros de perfil, un flamenco, hombres pescando en un río africano, un hombre cerca de un cocodrilo, una barca rodeada de morenas, anguilas, erizos de mar, conchas marinas y muchas más especies submarinas. Nos muestra la escena de un jabalí atado a una estaca y llevado por dos porteadores tras una cacería. 

En otros vemos escenas parciales de ciudades, una basílica cristiana con sus cortinas a la entrada, un trirreme cargado de solados con lanzas, un magno edificio con torres en la actual Túnez, el conductor de un carro monoplaza de cuatro ruedas, la muerte de Arquímedes sorprendido en su mesa con la tablilla de cálculos en sus manos. Un hombre y una mujer reclinados en dos triclinios, bebiendo y con otras copas apoyadas sobre un mesa-trípode en el centro mientras un esclavo anciano con el torso desnudo les trae una cuarta copa. Tres mujeres preparando una poción de amor. Un magnífico banquete de nueve comensales, con el suelo cubierto de desperdicios, tres mesas-trípode, dos pollos sobre las bandejas. En ese banquete hay siete esclavos y un gato comiendo en el suelo. En los mosaicos he visto varias escenas del Nilo. En uno, un hipopótamo tal como lo reflejó un romano. En otro mosaico, una cobra, una mangosta entre otros animales.


Maravillosa época la nuestra en que podemos asomarnos a otros mundos. Resulta espeluznante saber que millones de fanáticos mahometanos quieren con todas sus fuerzas borrar de la faz de la tierra todo este pasado. Extraño siglo XXI. Ningún escritor de ciencia-ficción pudo haber imaginado esta coexistencia de una civilización tecnológica con hordas de bárbaros tipo Mad-Max. Incluso en el seno de la más refinada civilización de la Historia pululan decenas de miles de amantes del erial, del dolor y de las cadenas.

1 comentario:

  1. Anónimo2:29 a. m.

    Para mí Dios lo permite para que tengamos un contraste a la altura de lo que tenemos y estamos por perder.

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