lunes, mayo 30, 2016

Catolicismo


Catolicismo. ¿Qué es el catolicismo? No voy a contestar esa pregunta. Pero lo primero que debemos preguntarnos es cuál es nuestra idea de Dios. ¿A qué Dios estamos adorando?

De cómo respondamos a esta pregunta, quedarán respondidas otras muchas. El judaísmo y el islam responden de una determinada manera cada uno de ellos, y de allí se sigue una teología diferente. Conozco sus respuestas y consecuencias, sus razonamientos intermedios. El ritualismo y exclusivismo de los judíos depende de esa pregunta inicial. La crueldad de los ayatolás pende de esa primera cuestión. Ambos dependen de esta cuestión: ¿a quién estoy adorando?

Uno de los elementos esenciales del catolicismo es su flexibilidad. Todo puede entrar en el catolicismo, a diferencia de otras formas del cristianismo. Todo puede ser integrado en él, salvo lo absolutamente inintegrable.

Un teólogo católico se puede preguntar cualquier cosa, se puede plantear con honestidad todos los argumentos a favor y en contra de cualquier punto sin ningún límite. Santo Tomás de Aquino es un inmejorable ejemplo de ello. No necesito decir nada de Agustín de Hipona en el siglo V. No es éste el momento de hablar de Von Balthasar o Rahner en el XX.

Transmitimos una fe, pero nos podemos plantear intelectualmente todos los argumentos en contra sin que la Divinidad nos castigue. Dios no castiga la posibilidad de pensar. El intelecto es libre en el catolicismo. Nosotros abrazamos al disidente, dialogamos con él. Amamos a la persona del disidente.

Decir eso significa inexorablemente que alguien nos eche en cara la Inquisición. El catolicismo reconoce sus errores. Reconocemos nuestros fallos y tratamos de no repetirlos. Nos está prohibido echar tierra sobre la materia oscura presente en nuestra arquitectura celestial.

Nuestra concepción de Dios nos ha llevado a construir una religión que es muy distinta de la de la mayoría de los pastores evangélicos o de la cerrazón a la modernidad de no pocos ancianos obispos ortodoxos.

¿Qué es el catolicismo? Sin ninguna duda, la evolución querida por un Dios comprensivo, benévolo, que ama hasta a los ateos, que ama a los disidentes teológicos, que no amenaza con la condenación eterna con la frecuencia de algunos de sus siervos, que no truena con la facilidad con la que lo hacen algunos de sus predicadores. Adoramos a un Ser que es el creador de una religión razonable, que abraza a los pecadores, que perdona más que sus clérigos. Creer en el catolicismo es creer en una religión que evoluciona dentro de unos pocos dogmas. Es creer en la lógica, en el orden, en una Humanidad que es afortunadamente pluriforme.


Antes he dicho que no iba a responder a la pregunta qué es el catolicismo. Creo que todo depende en esencia de responder a la pregunta de a qué Dios estamos adorando. Profundizando en esa cuestión del Ser Infinito y viendo el panorama humano de las religiones, se comprende por qué puedo decir con seguridad, con orgullo, con felicidad que soy católico. 

5 comentarios:

  1. Anónimo11:04 a. m.

    Gracias Padre! Estas palabras me han dado mucha paz.

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  2. Muy bueno Padre. Podria ampliar en un segundo post con la Encarnacion?

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  3. Excelente post Padre. Muchas veces no hallamos las palabras que definen nuestra esencia y mas cuando alguien de otra religión nos cuestiona hasta nos quedamos sin palabras.

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  4. Excelente. Lo guardare hasta aprendermelo.

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  5. Anónimo10:50 a. m.

    Personalmente siempre he pensado que hay algo que nos distingue como católicos: no solo poseer la Tradición, sino verla de una forma dinámica, donde siempre podemos encontrar más y más aspectos de la Verdad.

    De la misma forma que los esquimales distinguen treinta tonos de blanco (allí donde nosotros sólo vemos un solo color), el catolicismo ha logrado descubrir "los tonos" de la revelación, y eso la convierte en una religión siempre nueva. Por consiguiente, en la Tradición pueden haber muchas cosas que aún no comprendemos bien -o que incluso nunca hemos pensado-, pero que las generaciones futuras podrán saber que siempre estuvo ahí, desde los primeros días de la Iglesia.

    Al respecto, siempre me ha impresionado la cerrazón de muchos ortodoxos, los cuales, pese a mantener la Sagrada Tradición, la han petrificado al tiempo de los Padres de la Iglesia. De ahí que todo intento de "repensar la Tradición" se ve como un acto de sedición, un cisma en ciernes o una herejía in fieri.

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