martes, mayo 31, 2016

El fanatismo dentro de casa















Desde la pregunta ¿a que Dios adoro? Si vamos descendiendo, pregunta a pregunta, podemos ir dando respuestas menos acertadas. Las respuestas menos acertadas, poco a poco, van dando lugar a verdaderos errores. Los pequeños erorres, al final, nos llevan a que los inquisidores cristianos recorran Europa.

Pero eso es el final del camino. Sin llegar al final, alguien metido en el campo eclesiástico, encontrará toda su vida, de vez en cuando, en colegas y a todos los niveles, esos resabios de fanatismo en cualquier recodo del camino. Aquí y allá te encuentras con trabajadores del Evangelio que  por el Evangelio están dispuestos a hacer no pocas cosas contra el espíritu del Evangelio.

Por supuesto que esto no es lo general. Pero compadezco al que se encuentre con un pedazo de materia oscura en medio del prado eclesial. Comprobará que la más pegajosa oscuridad, la que más sarpullidos le provocará a la víctima, no es la maldad pura –de esa hay poca-, sino la mediocridad. Esa mediocridad mezclada con el bien es una combinación muy desagradable. Si fuera mal y sólo mal, sería más fácil identificarla y anularla. El problema es la proporción adecuada de mediocridad del sujeto y su convicción de estar haciendo lo correcto cuando justamente está haciendo daño a alguien. Si a eso le unimos una cierta cantidad de bien (virtudes, oraciones, fe), tenemos un espacio eclesial (personal o grupal) que tiene toda la probabilidad de pasar desapercibido, de mimetizarse con el ambiente.

Este post puede parecer muy abstracto, pero las historias que hay detrás de él son muy concretas. Al final, en la Iglesia, en la universidad, en una empresa, en el arte, en todas partes, las personas con fe resisten, porque saben que hay una justicia final. Es más fácil vencer a Hitler que al mediocre. El mediocre, como las pilistras, tiene una capacidad de resistencia sencillamente épica.


Post data: Gracias a la persona anónima que me ha provisto de los textos litúrgicos que pedí en un post precedente. Gracias de verdad.

5 comentarios:

  1. Anónimo10:31 p. m.

    Gracias, padre. Me recuerda el inadjetivable, por grandioso, final de "Amadeus", la bendición a los mediocres.


    Paz y bien.

    https://www.youtube.com/watch?v=dwh4P7tK3V0

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  2. Padre Fortea. Estoy muy preocupado y confundido con una división que observo al.interior de un canal católico en mi país en el que hay una abierta oposición al Santo Padre. Yo prefiero guardar silencio y no se a quien consultar, pues me.da.temor que mis palabras y mi lengua sean generadoras de mas divisiones.
    Gracias Padre Fortea, desde Colómbia.

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    1. Siempre unidos al Papa que es el Vicario de Cristo.

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  3. Padre Fortea, es edificante leer sus aportaciones cada día.Y siempre unidos al Papa que es el Vicario de Cristo, como muy bien dice.

    Con relación a este post que Ud. comenta como algo "abstracto", bien sabe que, realmente lo que describe, es algo muy cotidiano. Pienso que cuando Dios permite que detectemos esa materia oscura instalada en un grupo o persona en el trato de los asuntos de Dios, nuestra alma se queda temblando, desconcertada y es un sufrimiento, la verdad. Aunque creo que es motivo para darle gracias a Dios por poder discernir y no entrar en la misma onda, esa tan silenciosa, pero que trabaja de forma tan perfecta y perniciosa... Al mismo tiempo,también humanamente se percibe que no se puede hacer nada, sólo queda dejarlo en manos de Nuestro Señor para que mueva los corazones que van por esos sibilinos caminos, en los que el prestigio personal y por tanto, la soberbia camuflada de bien y para el bien,hace tanto daño. Pienso que entonces sólo queda, ante una situación así, permanecer, hacer acto de presencia, como testigo callado. Esto no es el paraíso y es como si el Señor viniera a recordarnos que le seamos fieles, como Él es fiel a nosotros, pase lo que pase y venga de quien venga. Yo confío en Él y sé que, tarde o temprano, hace ver a los que no ven. También sé, que en nuestra esstancia terrenal,todo el mal que podamos padecer por cuenta del prójimo, es para bien, aunque aquí aun no lo entendamos. Por lo tanto,Padre, hay que permanecer, nada más, como soldados de guardia.

    Como muy bien comenta, sí, es muy desagradable pero pesa más sentir la dulzura de Nuestro Señor en el altar, Él nos da Vida para seguir adelante.

    Y, abusando de su bondad, Padre Fortea, le ruego que nos facilite más semones suyos,pues alimentan el espíritu.

    Gracias siempre.

    Reciba un sincero saludo,
    Mar Sanfrutos

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