viernes, mayo 20, 2016

Heredarás el viento


Me alegro mucho, muchísimo, de que un juez haya permitido asistir al partido de mañana con la bandera independentista, la estelada. La Justicia no está para obligar a los demás a hacer lo que piensa la mayoría, sino para obligar a todos al imperio de la racionalidad. La Justicia sólo se debe a la razón, no al número de votos ni a la estadística ni a la defensa de los valores más ampliamente aceptados.

Estoy tan convencido de eso, que no tengo la menor duda de que nosotros los sacerdotes debemos ser los primeros en reconocer que gustosamente estamos sometidos a los tribunales. ¿Qué otra cosa podemos desear más que que se haga justicia, aunque sea condenándonos? Nadie está excluido de ello, ni los obispos ni los arzobispos ni los cardenales. El Papa sí porque vive en un país independiente. Así que a él, como excepción, desde un punto de vista meramente jurídico, sólo le juzgará una justicia que no es la de este mundo.

Pero el resto debemos enorgullecernos del sometimiento al Estado de Derecho. Y por eso sufro al ver cuando se hiere a la Justicia. Cosa que sucede en todos los países del mundo, en todas las épocas, porque la Justicia siempre ha estado y está amenazada.

El ciudadano medio de todas las naciones no suele amar la justicia de su país. Porque el ciudadano común piensa que los tribunales están ahí para darle la razón. Y si la propaganda les azuza sabiamente, si se les toca los resortes adecuados, a los ciudadanos lo que les gusta es la turbamulta, el linchamiento, ¡la mano dura!


El Pueblo ejerciendo como juez siempre ha sido una de las expresiones más deleznables del fascismo de izquierdas. Los dictadores siempre han estado encantados de esos tribunales populares. Nunca les han fallado. 

Sinceramente, me hubiera gustado ser juez. Nunca he deseado ser ni astronauta ni marino ni policía ni actor ni músico ni cantante ni buzo. Pero sí que hubiera disfrutado siendo juez. Sea dicho de paso, tengo una novela titulada El juicio que puede ser leída en Biblioteca Forteniana. Una novela muy bonita por cierto.

4 comentarios:

  1. Si, estoy de acuerdo,mientras no se permita el insulto y la descalificación del adversario.

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  2. Anónimo8:20 a. m.

    Si! Muy buena novela. La recomiendo leer entre libro IX y X de la decálogia. Que joyas que nos regala Fortea! A veces pienso que son perlas para cerdos, después digo no!, porque son primero obras pastorales! (Para cerdos!?) noooo para los hijos de Dios que les gusta jugar en el barro.

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  3. Anónimo11:04 p. m.

    Espero que tampoco haya inconveniente en llevar una bandera con un águila.
    La razón puede ser natural o positiva, el problema surge a la hora de hacer justicia, ¿cuál aplicar?

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  4. A Padre Fortea, ser juez... lo triste es que no se puede ser juez y parte y creo que por eso Dios le ha puesto de pastor, a todos nos va dejando una profesión o para lo que fuimos hechos por más qu enos esforcemos en ser otra cosa, a mi me lo ha dejado claro, que profesora, si me quiere de profesora, aunque me he empeñado en ser muchas cosas muchas profesiones, menos esa... y supongo que para usted es así aunque igual lo convina con ese fabuloso talento de la escritura.

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