miércoles, mayo 18, 2016

Historia del galero cardenalicio


Durante años he tratado de resolver una duda cuya respuesta no encontraba en ningún libro: ¿en qué posición iban las borlas cuando los cardenales portaban el galero? Año tras año he mirado pintura tras pintura de todas las épocas para resolver esta cuestión: ¿las cinco filas de borlas iban colgando en la espalda o sobre el pecho?

En los últimos años la respuesta a esta pregunta me iba quedando clara. Pero los cuadros y grabados no acababan de darme una prueba definitiva, pues los que mostraban con claridad donde iban las borlas eran demasiado tardíos. Mientras que las tablas e iluminaciones más antiguas mostraban bien el galero, pero no las borlas.

Pero, por fin, tras ver la tabla del siglo XV, atribuida a Diego de la Cruz, titulada Virgen de la Misericordia con los Reyes Católicos y su familia ya todo está claro. Esa tabla es la prueba definitiva. Así que paso a dar las conclusiones.

Primero se llevó el galero sin borlas como símbolo del cardenalato. Pero un sombrero con ala tan amplia tiene el inconveniente de que el viento lo echa a volar con facilidad. Eso sucede con incómoda frecuencia incluso con el saturno clerical que es mucho menos ancho. A poco viento que haga, los sacerdotes llevaban y llevan el saturno sobre la cabeza pero ligeramente sujeto con una mano.

Así que pronto el galero llevó un cordón en la parte delantera. No un cordón ceñido a la barbilla, lo cual es incómodo. Sino un cordón que colgaba del pecho. Con eso el sombrero quedaba sujeto si había un golpe de viento y nunca caía al suelo. A menos que la dirección del viento fuera exactamente desde las espaldas hacia delante. Pero si se desviaba un poco de esta dirección, la barbilla detenía el cordón, y el sombrero caía de nuevo sobre las espaldas.

Con el paso del tiempo, el cordón se embelleció con una borla. Sin duda, al principio, fue sólo una y grande. Era una mera cuestión ornamental. Después se añadieron algunas borlas más, sin establecerse un número fijo. La razón de que tuviera más borlas el galero se debía a que, al ser un sombrero grande, era preferible llevar algo que hiciera de contrapeso al galero si éste se echaba a la espalda. Ya que, de lo contrario, el sombrero se iba hacia abajo y el cordón quedaba incómodamente pegado a la barbilla y haciendo presión sobre ésta.

Pero si el número de borlas superaba al peso del galero, entonces el galero quedaba pegado al cogote de un modo estético,  un modo tantas veces reflejado en las pinturas. Pero el numero de franjas de borlas nunca debió superar las tres filas. ¿Por qué? Pues porque más allá de tres filas, las borlas ya no son distinguibles formando una melena única por mero efecto de la gravedad.

Además, el problema no es que las filas ya no sean distinguibles, sino que, además, esa melena de borlas acaba siendo demasiado larga. Por muy pequeñas que sean las borlas, esa ristra llegaría hasta las rodillas. El resultado es incómodo y nada estético. Sin contar con que una melena así acaba arrastrándose a menudo, sea porque el cardenal se arrodilla, sea al poner y quitar el galero de su cabeza.

Por eso, mientras el galero fue una prenda usada, los cardenales o llevaban un cordón acabado en una única borla o tres filas con seis borlas en total.

Pero alguien tuvo la idea de establecer una correlación heráldica entre las franjas de borlas y el rango eclesiástico. El simbolismo era ingenioso y bello, tuvo universal aceptación.

La solución más equilibrada para crear ese símbolo heráldico fue la de colocar las borlas alrededor del escudo en dos ristras. No hubiera sido lo mismo colocar una sola ristra a un lado. El resultado hubiera sido desequilibrado estéticamente hablando.

En el siglo XV, cuando el origen de todo esto ya estaba muy olvidado, fue cuando comenzaron a aparecer galeros que llevaban dos ristras de borlas. La realidad imitó a la heráldica. Pero si observamos los cuadros del siglo XV y posteriores, queda probado que cuando un cardenal llevaba puesto un galero éste tenía sólo un cordón sin borla, o con una borla o con tres filas como máximo. Las tablas en las que aparecen galeros con las cinco filas, son tablas que muestran el galero colgado de una pared o en otro lugar que no es la cabeza del purpurado.

Y es que el galero con dos ristras de borlas era inmanejable. Sencillamente se trataba de un objeto carente de equilibrio. Además, si las borlas hubieran caído por la espalda, las ristras hubieran ido arrastrando por el suelo. Si se ponían sobre el pecho, su peso inclinaría el galero hacia delante. El asunto, se mire como se mire, no tiene solución.

El galero en el siglo XX se había convertido en un símbolo usado únicamente en la imposición de ésta insignia al neocardenal. Pero en esa época ya no se usaba fuera de esa ceremonia. De hecho, la parte del capelo en la que se metía la cabeza era tan pequeña que sólo estando completamente quieto se mantenía ese sombrero en su sitio.


Otro aspecto curioso de todo este asunto es que la vida imitó de nuevo a la heráldica, y algún obispo italiano usó su galero episcopal. Debió pensar: si aparece en los escudos es que alguna vez se usó. Cuando, en realidad, los obispos y los arzobispos nunca habían usado un sombrero tan amplio como el capelo. El cual por su forma era una insignia cardenalicia, con o sin borlas. 

Pero no sólo eso, sino que los contados obispos que se animaron a usar alguna vez galero lo usaron con dos ristras de borlas. Afortunadamente, esta imitación de la heráldica totalmente inaudita en la Historia no tuvo apenas seguidores.



3 comentarios:

  1. Anónimo2:40 a. m.

    Que monada

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  2. Es sorprendente su persistencia!!! Dios lo continue bendiciendo y nuestra Santa madre lo conduzca a la santidad absoluta!!!

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  3. Que afortunados somos al contar con un sacerdote como Ud Padre Fortea que trabaja tanto en sus investigaciones para para que nosotros sin trabajar en ello estemos informados sobre temas tan inesperados como interesantes Bendiciones Padre Dios nos lo conserve tan brillante e impredecible

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