sábado, mayo 07, 2016

Moviéndome en medio de la causalidad


Ayer hablé de una sucesión de acontecimientos. Había otras sucesiones posibles de causas: en una podía perder una mano, en otra acababa (unos años después) como copríncipe de Andorra, en otra podía acabar decapitado, en otra soy encumbrado a las alturas curiales de una diócesis de Nigeria para caer de un modo miserable unos años después, en otra perdía un ojo, en otra me llevaba un perro a casa. 

Recuerdo una vez en Bogotá, estuve a punto de perder mi ojo derecho al cerrar la puerta de un coche. No caí en la cuenta de que la puerta, aquella extraña puerta, no acababa recta, sino que tenía una pronunciada curva hacia afuera. Seguro que no fui el primero en comprobar que esa puerta no tenía un diseño normal y que acababa en una peligrosa punta acerada. El resultado fue que tuvimos que ir corriendo al hospital con la cara totalmente ensangrentada y tuve que recibir varios puntos. Cuatro centímetros fueron la diferencia entre seguir viviendo con dos ojos o uno.

Por eso, no es ninguna broma, sobre nosotros penden millares y decenas de millares de sucesiones de causas y efectos cuyo resultado puede ser la muerte hoy mismo, dentro de dos horas, de un modo habitual (tráfico) o de un modo que era difícil de prever (una mala caída hacia atrás por un resbalón).

Como explicaba ayer, cayeron en la caja del supermercado sobre mi pantalón varios yogures. Pero podía haber caído la muerte sobre mí. ¿Por qué una sucesion de causas frente a otra? Si creemos en Dios, hubo una expresa elección. Sucedió eso (los yogures) porque no podía haber sucedido otra cosa.

Si creemos que existe Dios, puede haber millones de papeletas en el bombo, pero nuestra mano siempre saca el número determinado por más que revolvamos el contenido del bombo. Incluso el número de papeletas es indiferente: siempre sale el número decidido por el que controla todos los programas del supuesto azar. Si lo pensamos, en realidad, el número de papeletas siempre es infinito. 

Resulta llamativo, pero sale el número determinado aunque no metas la mano en el bombo. Si existe un Ser Infinito, una de las varias cosas imposibles es el azar. El bombo, en ese sentido, siempre está amañado por el amor, la justicia, la paciencia o la venganza divina. Por eso, ayer fueron yogures y sólo yogures, naturales.

4 comentarios:

  1. Estamos hechos de una carne blandita, una piel frágil, las vísceras a pocos centímetros del exterior.
    Lo increíble es que un ser humano pueda nacer bebé y morir anciano.
    Para mi, eso demuestra que vivimos en un mundo civilizado, a pesar de todo.
    Demuestra que la Ley de Dios es la rige el mundo.
    Esto a parte del tema de las papeletas del que usted habla, con el que estoy de acuerdo.

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  2. Anónimo11:55 p. m.

    De verdad Padre Fortea, yo creo que el Doctor Angélico debe botar del asombro cuando lea lo de los yogures rebotando sobre su pantalón!!! je je je... Toma causas, 1ª y 2ª y 3ª... Lo que da de sí este siglo XXI
    Sofía

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  3. Anónimo12:47 a. m.

    Siempre me ha llamado la atención este asunto Padre. Me ha inquietado intelectualemnte.
    Entonces... todas nuestras elecciones en la vida ¿están "definidas" por el Creador o bien están "permitidas" y previamente conocidas por Él?
    Nuestra historia, nuestra vida, ¿no la elegimos nosotros en libertad? ¿está ya elegida con inmenso amor porque es la que mejor nos conviene? ¿nuestras decisiones "erróneas" o "acertadas" forman parte del perfecto rompecabezas de salvación?
    Un saludo fraterno

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  4. Sapi Ente3:10 p. m.

    yo no lo veo del todo como Ud, porque si realmente todo estuviera dirigido por Dios, no tendríamos libertad de elección en nada, todo estaría predeterminado, prefijado y creo que realmente las cosas no van así.
    sí, que es cierto en lo del yogur que Ud. no pudo hacer nada para evitarlo, ni la señora que puso mal los yogures, ni la chica de la caja... Fueron un conjunto de circunstancias que produjeron el lamentable accidente.
    Tendrá Ud. que preguntarle al Señor qué quiere decirle con ese acontecimiento. Sólo en la oración hallará el sentido de lo ocurrido.

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