lunes, junio 27, 2016

Cletus es el mal menor












Me alegro inménsamente de que, por fin, haya sido liberada Faluya de las manos de esos asesinos de Isis. Eso sí que es una gran noticia que ya me alegra el día.

Me ha causado un gozo inmenso ver los vídeos del Papa en Armenia, abrazando al Catolicós de los cristianos de ese país.

Al subir los sermones de esta semana a su lugar en este blog, me he equivocado en un número, poniendo un número de más. Cuando ya había subido la mitad, he colocado uno en puesto que había quedado en blanco y he renumerado los que quedaban por subir al servidor. Poco después me he dado cuenta de que justamente el sermón que había puesto con un número más bajo era un sermón que era la primera parte de otro. Con lo cual habían quedado separados. Lo he sacado de ese número inferior para reunirlo con el que formaba una pareja, pero entonces me he dado cuenta de que la numeración primera interna del archivo que se visualizaba al abrirlo en el ordenador seguía manteniéndose a pesar de haberles puesto un nuevo nombre que era la nueva numeración.

Con lo cual había una numeración que era la que visionaba el sermón al abrirlo en el ordenador, otro era el número que aparecía en el nombre del sermón. Y para acabar de arreglar la situación, con las idas y venidas de numeraciones, me di cuenta de que en cuatro sermones había una numeración ya en el sermón subido al servidor y otra distinta en el archivo Word que es el que subo a la lista de sermones de mi blog. La complicación rozaba el epic level. Llegué a pensar que era mejor borrar esos sermones y comenzar desde el principio el proceso de numeración y subida al servidor. Pero finalmente opté por ir deshaciendo ese nudo poco a poco = me gustan los retos.

Poner orden en ese lío ha sido una de las demostraciones de que la mente humana es capaz de empresas tales como aprender latín y alemán.


Por último, no pensaba decir nada sobre las elecciones de hoy en ese reino de cuento de hadas llamado España (cita tomada de la película La amistad). Pero sencillamente no me aguanto. Ha valido la pena aguantar tanto anuncio electoral en la televisión, tanto mitin en las noticias, tanta bravuconada, para ver hoy la cara de funeral de algunos. Sí, todo lo doy por bien empleado.

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