lunes, julio 11, 2016

Contestando los comentarios litúrgicos que me habéis hecho



No suelo contestar a los comentarios, porque si no no haría otra cosa. Tampoco puedo contestar a todos los emails que recibo, salvo que ése fuera mi trabajo. Pero hoy voy a hacer una excepción y voy a referirme a varios comentarios, porque algunos de ellos han sido interesantes.

Un comentarista se refería a qué se podía hacer para que el sacerdote no diera la espalda al sagrario. Éste es un tema muy interesante. Es más, incluso cuando se celebraba dando la espalda al pueblo, la cuestión se planteó porque no parecía muy adecuado prepararse para la aparición del Cuerpo de Cristo sobre el altar, cuando ya estaba el Cuerpo de Cristo a dos palmos de distancia. Ya hace siglos se dieron cuenta de que no era lo ideal mostrar el milagro de la aparición de Cristo en la elevación, cuando Cristo estaba a poca distancia, dando una impresión de duplicidad.

El ingenio de siglos pasados encontró la que para mí me parece la solución óptima: el óculo eucarístico. Solución litúrgica que fue muy común en Aragón. El sagrario estaba en el centro del retablo y se accedía a él por una escalera colocada detrás, fuera de la vista del pueblo.

Si nos fijamos, a lo largo del día son pocas las veces que hay necesidad de acceder hasta el sagrario (a veces sólo una), y la gente ya estaba acostumbrada a que el sacerdote desapareciese un momento para ir en busca del copón.

De esta manera, el retablo cobraba un sentido mucho más impresionante: una exposición de la fe con la Eucaristía en el centro. Y no sólo eso, sino que el genio litúrgico ideó que, al comenzar la misa, un velo o unas compuertas se cerraban ocultando el sagrario de la vista. Las compuertas de Molino Viejo (en Segovia) son formidables. De manera que la aparición de la presencia de la Eucaristía sobre el altar, se veía como presencia única en la nave central, y no con la duplicidad sagrario-altar.

Obsérvese esto en el ejemplo del retablo del Santuario de Torreciudad. En una hornacina está la imagen de la Virgen y arriba está el óculo eucarístico. Sea dicho de paso, este retablo es uno de lo más bellos de toda la Historia del Cristianismo.


Mañana intentaré contestar o comentar algunos de los interesantes comentarios que han producido los pasados posts. Tema este que debe ser muy del interés de mis lectores, porque el número de visitas al blog se multiplicó por dos.

2 comentarios:

  1. Anónimo3:49 a. m.

    Cuando estamos ante el Señor, en Su Presencia, hemos de arrodillarnos. Arrodillarse, por un lado, es un acto de humildad, es reconocerse criatura ante el Creador, que ante Dios uno es tan pequeño. Quedarnos de pie ante El, salvo que tenga un real impedimento para arrodillarme, es ponerme ante Dios “de igual a igual”, es no querer “humillarme”, es fruto o de una gran inconsciencia o de una gran soberbia, "nos arrodillamos ante Dios, ante el Santisimo Sacramento, porque sabemos y creemos que en El esta presente el unico Dios verdadero, que ha creado el mundo y lo ha amado hasta el punto de entregar a su Hijo único (S.S. Benedicto XVI) Asi, pues, nos ponemos de rodillas en la presencia de la Hostia consagrada, porque reconocemos que lo que aparece ante nuestros ojos como pan ha dejado de ser pan comun luego de la consagracion: desde ese momento es Cristo, en su Cuerpo y en su Sangre, ¡Dios con nosotros! Obviamente darle la espalda, ni me atrevo a calificar tal desatino.

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  2. Anónimo12:35 a. m.

    Estimado P.Fortea, muy atinadas observaciones tanto suyas como la de los comentaristas. En mi particular podría aportar la idea de asignar a cada tipo de celebración una relación con la importancia litúrgica del día. Saludos

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