martes, septiembre 13, 2016

A Federico Jiménez Losantos, ¿cuándo cenamos?


Me comentan que hoy Federico Jiménez Losantos se ha dirigido a mí de modo despectivo en su programa de radio. No escribiría este post si no fuera porque a Federico le escucha mucha gente.

Su animadversión proviene de cuando escribi una serie de artículos en los que reflexionaba acerca de lo que debía ser una cadena de radio cuyos dueños eran los obispos. En mis artículos no me quise referir para nada a Federico. Mis reflexiones eran acerca de la línea que debe seguir una radio en manos de los sucesores de los apóstoles. Federico reaccionó en el plano personal. Años después llegó a decir (yo lo escuché) que alguien le había dicho que mis artículos se debían a que yo quería un programa en su radio. Se pueden comprobar las fechas, cuando escribí mis artículos, él todavía no tenía una radio. Es fácil decir una cosa que desprestigia a alguien bajo la excusa de se me ha dicho.

Federico quedó retratado. Ante mis razones y argumentos, él se defendió en el plano personal varias veces.

Cuando hace años me dediqué a escribir, tenía dos opciones: dedicarme sólo a altas cuestiones teológicas de tipo teórico o tratar de influir en la sociedad. Influir un poco, porque tengo muy claras las dimensiones de mi pequeña influencia. Google Analytics y Google Trends me ponen siempre los pies en la tierra. Un contador es una herramienta muy fría, pero realista.

Los ataques personales contra uno son el precio que toda persona que influya (aunque sea poco) debe pagar. Eso sí, las conjuras eclesiales siempre son muchísimo más sibilinas que las del mundo. Prefiero recibir mil insultos, a sufrir la consigna de un determinado eclesiástico en un despacho o varios. Consignas que se dan totalmente en secreto, con el encargo encarecido de que se mantenga en la tiniebla el origen de la consigna.


De todo esto está trufada mi vida. Y amo la Iglesia. Porque la Iglesia no es algo humano. Mi amor a los representantes de Dios está por encima de las consignas, de los ostracismos y de los vetos. De mi vida quedará las obras que componen la Biblioteca Forteniana, que es a lo que dedico horas día tras día. El resto de polémicas, dimes y diretes, y pequeños laberintos eclesiásticos sólo me ocupan un momento al escribir mi post de cada día tras la cena.

14 comentarios:

  1. Qué casualidad!
    Suelo escucharle a menudo menos el día de hoy.

    Yo creo que dejará un buen legado con sus prédicas y libros.

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  2. Pues yo no entiendo cómo alguien puede escuchar a ese hombre. Llevo años sin hacerlo. Pero claro, ahí está el programa sálvame, batiendo récords. No. La comparación no la hago a la ligera.

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  3. Ánimos padre Fortea, decir la Verdad siempre sacará ronchas en todos lados, es parte del oficio, de este oficio a veces ingrato; muchas gracias por sus aportes y gracias también por enseñarme a ser leal siempre a los sucesores de Pedro. Un abrazo Martín Correa (Lima-Perú)

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  4. Anónimo9:27 a. m.

    Caramba Padre Fortea!, está Vd. de rabiosa actualidad. Lo digo porque desde hace ya bastante tiempo lo que más caracteriza al señor Jiménez es la rabia. Se ha vuelto rabioso, es ya sólo rabia, ha perdido todo interés para muchísimos oyentes antiguos; es absurda su posición y aburridísima. A veces he pensado en escribirle y decírslo (al sr. Jiménez Losantos) pero me da pereza. ¡Que Dios le libre de conjuras eclesiales porque de Federico ya él mismo lo libra a Vd. sólo por mencionarlo!
    Sofía

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  5. ¡Bien dicho!, Bendiciones.

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  6. Saludos. Y está usted de moda. En Periodismo Digital algunos tampoco lo quieren mucho, ellos juran que no existe ni diablo ni infierno. Un abrazo.

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  7. Anónimo10:10 a. m.

    Gracias Padre y ánimo!. Comparto su opinión. A pesar de las miserias de los hombres lo verdaderamente ilusionante es saber que la Iglesia es de Cristo y ahí siempre está Él. Hay que armarse de paciencia, y mejor aún si se le añade humor como hace usted. Además es lo más saludable.

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  8. Un saludo Padre Fortea, lo quiero y estimo mucho. Dios lo bendiga siempre.

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  9. Anónimo5:41 p. m.

    Qué preciosidad la letra insular. Qué maravilla las miniaturas irlandesas. La fantasía, como toda la Creación, al servicio de Dios.

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  10. Anónimo3:19 p. m.

    es cierto, la iglesia de Jesucristo es mucho más que la suma de los pecadores que la componemos. La iglesia se la ha inventado el Señor, y a diario la purifica de tanto pecado como cometemos, la limpia, la sana de todas sus heridas, como un buen médico haría con un enfermo, como un excelente esposo haría con su amada esposa, aunque esta aún no acaba de comprenderle ni corresponderle con todo su corazón.

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  11. De nuestra vida quedará el amor que hayamos puesto en cada instante, nada más, y nada menos...

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