sábado, octubre 08, 2016

¿Es el obispo el maestro por antonomasia de su diócesis? Problemas de esta afirmación (segunda parte)

Me gustaría seguir reflexionando sobre el post de ayer. Una luz respecto a esta cuestión la podemos encontrar si analizamos este otro asunto: ¿es el obispo el pastor por antonomasia de su diócesis? En cuanto que los demás pastores son sustituibles y trasladables a otras diócesis con facilidad, mientras que él encarna la permanencia del oficio apostólico, en ese sentido, él si que es el pastor por excelencia entre todos los demás.

Pero es una expresión que, aunque tenga una interpretación correcta, se presta a equívocos. Resulta más adecuado afirmar que el obispo es pastor de pastores, porque los presbíteros son verdaderos pastores de sus rebaños. No son meros delegados del único pastor de la diócesis. ¿Podría pretender un joven obispo recién llegado a la diócesis ser el verdadero y auténtico pastor de una pequeña localidad por encima del anciano y querido párroco que lleva allí ya diez años, atendiendo a sus ovejas, aconsejándolas, confortándolas, hablando con ellas y conociéndolas? Evidentemente, el párroco es un verdadero pastor de su grey, aunque el obispo tenga autoridad sobre ese pastor. Del mismo modo que es panadero el que hace panes, así también pastor es el que pastorea. El que alguien por razones eclesiológicas tenga esa prerrogativa no implica que el otro no tenga esa función (por concesión) y que la ejerza más, e incluso mejor, que el que se la concedió.

El obispo puede afirmar que es verdadero y auténtico pastor de los fieles de su diócesis en razón de su encargo apostólico: él puede quitar a los pastores, ellos no le pueden quitar a él. En el sentido de la legitimidad, el obispo siempre será un pastor verdadero y un pastor auténtico. Pero en el sentido de la realidad, de la función realizada día a día sobre un pequeño rebaño, el párroco es verdadero pastor y, de hecho, es el que pastorea a su grey.

Lo que se dice del obispo como pastor, se puede decir de él como predicador. El obispo es predicador auténtico en cuanto a la cuestión de su legimitidad como predicador. Pero un humilde párroco de una pequeña iglesia será el que ejercerá de forma real ese oficio de predicar cada semana a su grey. El párroco no predica como delegado, predica como pastor. El párroco no es un delegado del obispo, es un verdadero pastor.

Un delegado para la educación tiene una autoridad delegada. Cesada la fuente de la autoridad que le puso en esa delegación, cesa el origen de su autoridad. Mientras que un párroco sigue siendo párroco con o sin sede vacante. El obispo pone a quien desee para pastorear una grey. Pero una vez puesto allí, es el pastor. Y ejercerá su pastoreo por su participación en el sacerdocio de Cristo, no como delegado.

No es que como el obispo no puede llegar a todos los pueblos, extiende su pastoreo a través de sus presbíteros. Como si el clero fuera una extensión del obispo. Esta concepción es eclesiológicamente errónea. Los pastores-presbíteros son verdaderos pastores (también los diáconos participan de esa característica) y, por tanto, son colaboradores del obispo, no meros instrumentos ejecutores de las directrices y consignas del que es pastor de los pastores. De hecho, hasta el mismo nombre que se le puso a esa función en la Sagrada Escritura resulta esclarecedor: episcopós, supervisor.

Como se ve, la cuestión de si el obispo es el predicador por antonomasia de la diócesis nos lleva a otras muchas cuestiones muy interesantes. Afirmar que el obispo es el gran predicador de la diócesis es falso, puede haber otro presbítero que predique mejor y que dedique su vida a trabajar infatigablemente en la predicación. El obispo puede ser un predicador menor frente a uno de sus presbíteros.

¿Es acaso el obispo el que administra por antonomasia el sacramento del bautismo? Evidentemente, no. ¿Es acaso el obispo el que administra por antonomasia la confesión o la unción de los enfermos? No.


Por eso la expresión que hemos analizado se presta a mucha confusión. Hay una cuestión de legitimidad nativa en ciertas funciones episcopales. Pero eso no significa ni que realice mejor esas funciones, ni que los otros las realicen por delegación.

1 comentario:

  1. ¿Y qué decir de un diácono que sí es delegado del Obispo para la predicación y sacramentos y, sin embargo, es el más estable de los tres, pues, hace larga vida en la parroquia en que ejerce su ministerio?

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