viernes, noviembre 18, 2016

Amoris Laetitia y los remolinos en las aguas (II parte)


¿Cómo se debe leer Amoris Laetitia? Pues con una lectura benigna. El Papa es nuestro padre espiritual. Somos una familia. Esto no es una empresa. Esto no es un juicio contra alguien o contra algo que se presenta a nuestro veredicto. Hay que leer con paz y desde la paz. Hacerlo así genera paz. Paz en la persona y en la Iglesia. Debemos hacer así con todos, y más con el Papa.

Los grandes teólogos esos sí que pueden hacer un estudio profundo y presentarlo filialmente a los pastores de los pastores (los obispos). A ellos, porque en la Iglesia no debe existir la presión como modo para conseguir las cosas.

Un gran estudio, profundo, meticuloso, erudito, lo hace el que puede, no el que quiere. Vuelvo a insistir en lo que me gustaron mucho los artículos del padre Iraburu. Pero él mismo tejió sus argumentaciones desde un impecable sentido eclesial. Sus palabras no eran un mitin contra nadie. Destilaban amor a la verdad y deseos de construir. Otros, que sabían mil veces menos, croaron desde sus blogs, creyendo que estaban escribiendo el De Trinitate de Tertuliano. Algunos hasta ladraron.

Creo que un pobre sacerdote como yo (mi posición en la Iglesia es mínima) debe recordar como pastor que debemos tener humildad. No debemos creernos más de lo que somos. Se ha hablado mucho, muchísimo, de esa exhortación. Pero creo que también es un buen momento para hablar de la humildad.

No oiréis ni una palabra mala respecto a los cardenales que se han mostrado críticos contra la exhortación. ¿Por qué? Pues porque no debemos usar Amoris Laetitia como un campo de piedras para liarnos a pedradas entre los seguidores de Jesús. Lo repito, debemos construir.

El amor a la verdad en nada se resiente de leer benignamente los textos de los pastores: mi obispo, el Papa, otros cardenales... Soy benigno con el Papa y con los cardenales críticos a la exhortación. ¿Qué haría San Francisco en una situación así? ¿Qué haría Santa Teresa de Liseaux? ¿No encontramos una luz para esta situación en el espíritu de estos santos?

Amo la verdad tanto ahora como cuando era un joven seminarista abrumado por la grandeza de la Summa Theologica. La única diferencia es que los años me han hecho más sereno, más comprensivo. Defender la ortodoxia desde la serenidad. He necesitado años para eso.

Es cierto que desde mi pequeña posición como capellán me dedico a escribir libros. Pero hago lo posible por no creerme más de lo que soy: miro con respeto a los grandes teólogos, admiro a los grandes expertos de las universidades; incluso a varios que conozco en San Dámaso. No quiero saber de todo, aunque lo que aprendo os lo comunico aquí, aunque os comparta mis reflexiones en mis posts. Pero soy consciente de mis limitaciones. No tengo la última palabra de todo.


Puedo hablar de un modo jocoso muchas veces. Pero me tomo a mí mismo con ese mismo sentido del humor. Por favor, paz, paz. Amar a la verdad y no dañar a la Iglesia son realidades no contradictorias, aunque algunos prediquen lo contrario. Pero incluso para ellos, sólo tengo amor y comprensión.

9 comentarios:

  1. Anónimo1:39 a. m.

    Buen día padre Fortea , en verdad he apreciado sus textos como no se imagina, pero me pregunto si puede recomendarnos algunos autores, eruditos eclesiásticos, para explorar el apasionante mundo de la verdad. Autores que iluminen el alma con belleza teologíca y literaria.

    ResponderEliminar
  2. ¿Habremos olvidado el pasaje en que Jesús defiende a la mujer sorprendida en adulterio?

    Los fariseos se la presentan para apedrearla (a ella sola, aunque la ley de Moisés ordenaba lapidar también al hombre) con evidente mala intención. Y Jesús, aplicando el perdón (antes siquiera de que ella se lo pida) consigue que sus verdugos desistan.

    El precioso colofón es que JESÚS EN NADA HA CAMBIADO LA LEY DE MOISÉS (para los judíos, claro).
    Sin embargo, ésta NO SE HA APLICADO EN UN CASO CONCRETO. Y para colmo logró que la mujer no volviera a adulterar (lo que en el fondo siempre fue el objetivo primero de la Ley).

    ResponderEliminar
  3. Un sacerdote es una pieza clave en la Iglesia. Si ese sacerdote es un buen seguudor de Cristo, es una perla, una joya que brilla en la Iglesia para que todos puedan verla.

    ResponderEliminar
  4. Anónimo9:47 a. m.

    Gracias Padre por la luz que nos aporta en cada post
    Yo también he necesitado años para ser más comprensivo con los que no pensaban como yo.
    Los otros aunque piensen distinto a nosotros son también otro Cristo. Un solo bautismo una sola Fe...todos en el mismo barco y todos unidos por el lazo del AMOR que es Él.
    Un abrazo de un hermanito pequeño en la misma Fe

    ResponderEliminar
  5. Anónimo10:51 a. m.

    Madre mía Virgencita, intercede por la Iglesia! Es que no me sale nada más Pater.
    Sofía

    ResponderEliminar
  6. Ayer conseguí en Amazon por 4 dólares los comentarios sobre la Amoris Laetitia de José María Iraburu. Saludos y gracias.

    ResponderEliminar
  7. Padre reciba un cordial saludo yo era una joven que empezaba a dudar sobre lo que decía la iglesia y todo por leer cualquier articulo vivía en una gran ignorancia y miedo sobre muchas coaas. Gracias a sus escritos sus palabras me he dado cuenta de mi error sus palabras me animaron a ver el amor que Dios nos tiene y cuan equivocada estaba se que me falta mucho pero gracias a que usted fue el medio por el que Dios me invito a seguirlo. Gracias Dios lo bendiga siempre

    ResponderEliminar
  8. Es importante que no olvidemos que sólo vamos a tener una compañera en la hora de nuestra muerte, y que esta compañera nos va a acompañar también al juicio. Es importante que pensemos y nos centremos más en ella, y dejemos la teología para los teólogos, o por lo menos que la teología -de la que no nos van a examinar llegada la hora final de nuestra peregrinación en este mundo, no nos reste tiempo de centrarnos en esta inseparable compañera que es la caridad con la que nos estamos jugando todo lo que somos y lo que seremos.

    ResponderEliminar
  9. Don José Antonio, hace usted mucho bien a las almas con sus artículos y libros. También con los artículos de este blog. No solo sabe usted mucho sino que se le notan su serenidad y su humildad, y eso es muy, muy importante. Porque hay gente por ahí que -quizá- sabe mucho, pero son un "peñazo": son un castigo, son tediosos. Dan la impresión de estar ahí para exhibirse con sus lecturas o para derrotar a sus interlocutores con sus razonamientos. A ellos se refiere el Papa Francisco, de pasada, en algún lugar de AMORIS LAETITIA. Usted, en cambio, sabe compartir lo que posee, sus conocimientos, de manera sugestiva y amable. Y eso sí nos enriquece a los lectores.

    ResponderEliminar