sábado, diciembre 22, 2018

El sueño de mi amigo cura



Un comentarista me pedía que contara el sueño del sacerdote amigo mío. En su momento, me impactó mucho. Pero, al leerlo ahora, tantos años después, no me ha resultado tan sorprendente. Pero lo cuento ya que mencioné el tema.

Mi amigo tuvo un sueño acerca de cómo interpretar una cosa que había visto en una pintada en una pared. Según lo que soñó, esa pintada tenía un sentido demoniaco.

Un mes después tuvo un sueño en el que una voz le decía que sueño había sido fiable que venía de Dios y que la interpretación era correcta. Eso fue todo. Contado con todos los detalles, en aquel entonces, me impactó. Lo había olvidado, pero al volver a leerlo ya no me impactó mucho que digamos. Eso es todo.

Hay cosas que, cuando somos más jóvenes, nos sorprenden más; y, con el pasar del tiempo, menos.

Yo, en mi juventud, cuando era un seminarista, no me sentía tanto atraído por lo extraordinario, como por lo monástico. Todo lo relativo con monasterios de arquitectura medieval me atraía muchísimo. Pero bastó estar en uno de ellos una temporada un poco más larga (dos semanas o un poco más) para ver con claridad que no podía más; que, ni con la mejor voluntad, podía seguir morando en un lugar que me resultaba como una cárcel; sensación que no la tuve ni un minuto durante los cinco años que estuve en mi seminario. Hice todos los esfuerzos de mi voluntad, pero nada. Entendí que mi admiración por los monasterios era de lejos.

Además, y es algo curioso, me encantan los rezos corales monásticos y en las catedrales. Ya sabéis lo mucho que he propugnado la revitalización de los cabildos. Pues bien, me encanta que los haya, pero no participar yo en ellos. El rezo coral de la liturgia de las horas se me hace eterno y, encima, nunca logro meterme en la oración. Si alguien ha pensado que defendía la existencia de los cabildos catedralicios porque me apetecía ser canónigo, ya le digo que para mí sería una verdadera penitencia cumplir con esa función que esencial a ellos. Que haya cabildos, ¡pero, por piedad, que otros sean los canónigos!

Me siento totalmente identificado con la espiritualidad del clero secular: mi iglesia, mi casa, mis horarios, mis apostolados, confesionario, atender a la gente…

Nunca he pertenecido a ningún movimiento, porque no he sentido que Dios me pidiese eso. Pero es cierto que el Opus Dei y los benedictinos los siento como de la familia de tanto tiempo que he estado con ellos. Tengo que volver a Leyre, donde hice mi retiro para el diaconado. El retiro para la ordenación presbiteral la hice en Fontgombault.

19 comentarios:

  1. Pues vaya que si es una sorpresa que vaya haciéndose menos impresionante, a mí parecer es la falta de viveza. Un escrito no transmite lo que una persona en vivo y a todo color. Por muy bueno que sea un texto, no nos transmite tanto como alguien en vivo platicando su propia experiencia, a mí parecer eso es lo que ha sucedido.

    En el nivel escolar pasa igual, el tono de voz añade ciertos matices a lo que se está diciendo, esas competencias lingüísticas nos hacen a los hombres más cercanos o lejanos a quienes nos escuchan.

    Por eso me gustan sus sermones, en cada uno de ellos hay un tono de voz que transmite algo distinto cada vez, ahí se nota la importancia de lo que va diciendo.

    También por ello algunos de nosotros le pedimos que grabé un vídeo de vez en vez, aunque le guste cerrar los ojos, sobre alguna cuestión que quiera transmitirnos.

    En fin, simpático entonces el sueño y el resultado...

    Le envío un abrazo.

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    1. *impresionable no impresionante

      La imagen añade más detalles a lo que se quiere transmitir.

      Padre Fortea, debería considerar escribir algo de fantasía.

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  2. Padre,gracias por compartir detalles sobre su discernimiento vocacional y como fue sintiendo el camino que debía seguir, dejando atrás los sueños e ideales.

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  3. Las catedrales se han vuelto lugares de encuentro de turistas y otros depredadores culturales. Sólo se salvan las capillas anexas reservadas para la oración. Y aún así se cuelan para sacar alguna foto sin valor.
    Los monasterios me atraen como un imán. He realizado pequeños retiros, cortas estancias, durante las cuales he salido de sus muros pasa pasear, romper esa reclusión a la que elude el padre Fortea.
    Creo que la mayoría no estamos hechos para pasar cuarenta días en el desierto. Ni dentro del más bello claustro...

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    1. Bueno ya que todos opinan digo que a mi me encantaría vivir toda la vida recluido

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  5. La fe es un acto de apertura de la consciencia a la realidad divina. Es decir un acto de la razón y un movimiento de la voluntad a Dios que se revela. Y debe expresarse de modos concretos: los sacramentos, la oración y las buenas obras. No importa que no sintamos nada al recibirlos y practicarlas. Tampoco importa tanto si nos parece que nada es cierto. O que todo es fantasía. Lo importante es hacerlo todo con sinceridad de intención. Tener buena voluntad. Basta tener un mínimo de buena disposición y el Señor hará el resto. Y si uno persevera, Dios, tarde o temprano, se comenzará a manifestar. La fe es un acto concreto e interior y exterior.

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    1. La fe es un don de Dios que pone en movimiento todo lo demás: Voluntad, razón y actos externos. Es la fuerza que pone en movimiento todo el engranaje.

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    2. Estoy de acuerdo. El problema es que cuando afirmamos que es un don tendemos a considerar que es algo externo que podemos o no recibir. O que no depende de nosotros sino principalmente de Dios (lo cual es cierto).

      Creo que la fe es un don que Dios nos ofrece desde nuestro propio interior. Y nos lo ofrece a todos indistintamente. Basta que la reconozcamos poniéndola por obra. Pero a la vez ese reconocerla y obrarla es también un don divino. O sea que todo es gracia en últimas. Es como si ya todos la tuviésemos en semilla.

      Es un poquito complicado: sabemos que creer es siempre un don divino. Entonces ¿los que no creen es porque Dios no se los quiso dar? No lo creo. Para creer necesitamos de la ayuda divina. Pero a la vez el que no creamos no quiere decir que Dios no nos haya ayudado. En fin...

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    3. Una cosa es que una vez otorgado el don de la fe lo rechazemos, no lo cultivemos tanto que ese don se pierda, desaparezca porque todo don una vez recibido debe conservarse y no sólo eso hacerlo fructificar y ahí entra el hombre a hacer lo suyo ( libre albedrío), santificándose a través de una vida de sacramentos, de buenas obras, de mortificación, oración, etc. Ahí requiere nuestra ayuda,nuestra voluntad. Pero, Dios le concede la fe al que quiere. Eso es un misterio. Todo procede de Él y debe regresar a Él. Hemos visto personas de buena voluntad que no son católicas ya sean ateas o de otras religiones y son personas con valores, con ética, con un fuerte sentido de ayuda al desvalido, etc. Y no tienen fe. Y hay otras que tratan se esfuerzan y nada y otras que de repente en un abrir y cerrar de ojos reciben el don de la fe, como San Pablo. Éso es un misterio.

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  6. Lo que pasa es que el padre fortea tarde descubrio que no tenia vocacion para sacerdote , pero ya por la edad , no puede hacer nada si no seguir ahi porque que mas se pone a hacer fa esta altura de su vida.

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    1. Estos trolls no tienen ni los fines de semana libres 😆

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  8. Gracias por desvelarnos el relato del sueño. Si lo contáramos con más detalles y añadiéramos una buena banda sonora se podría hacer una peli que empezara así :)

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