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domingo, agosto 02, 2020

Arquitectos lapidando



Esta foto es de la preciosa Sagrada Familia de Barcelona, una joya hecha con amor. Sin embargo, en el periódico El confidencial leí un artículo en el que le preguntaban a varios arquitectos sobre la catedral de La Almudena. Los comentarios son tan agudos que no me he resistido a la tentación y a la esperanza: a la tentación de compartirlos con vosotros, y a la esperanza de que alguien en un despacho importante se percate de la necesidad de no tropezar cien veces en la misma piedra. Aunque quizá no deba pecar con la mentira: No, no albergo esperanza.

Pero es que el acto de crítica arquitectónica de la catedral fue una lapidación tan buena que os ofrezco algunas líneas. Eso sí, en la “esperanza de que alguien, en algún despacho...”.

Una última cosa, la crítica mía es respecto a la decoración. La obra del arquitecto Fernando Chueca Goitia fue correcta e impecable, hizo muy bien lo que se encomendó. Insisto, muy bien. además, tampoco él tenía libertad para hacer lo que quisiera. Pero su obra (que tuve la suerte de ver desnuda, nada más acabada) ha sido desfigurada lustro tras lustro.

A partir de aquí son líneas sueltas del artículo:

Víctima de los caprichos estéticos y de los cambios de humor de cada época.


Objetos decorativos variopintos.

Una catedral con síndrome de Diógenes cuya penúltima adquisición (2004) fueron las pinturas y vidrieras de Kiko Argüello, pintor y líder del Camino Neocatecumenal. “Es un cruce entre Lladró, el Museo de Cera y Las Vegas”,

La factura propia de la Almudena, carece de personalidad, es un remedo de otra época hecho con escasos medios y torpe remate.

Puro pastiche.

Suma estilos "a lo loco" en pura compulsión de pastiche, tuvo su remate terrible con esas pinturas que hacen que el conjunto no pueda calificarse sino como "neo-viejuno".

El despropósito de la Almudena no tiene arreglo. Solamente el tiempo y los ojos benevolentes de visitantes chinos pueden atenuar el daño. Yo suelo pasar de largo sin mirar.


En la elaboración del artículo, participaron muchos arquitectos. Yo me preguntaba, ¿pero es que ese edificio no tiene ni un solo apologista?