sábado, agosto 31, 2019

Acabando el tema del que hablamos hace unos dias



Como conclusión a los posts anteriores, expongo algunas conclusiones sobre el tema de los horarios del culto en las catedrales. Ya estaba todo dicho, pero añado algunos datos más para el que le interese. (No recuerdo de dónde era este coro de canónigos.)

Gracias al trabajo de Alicia Martín Terrón (y a Alfonso que nos lo proporcionó a este blog), sabemos por el Reglamento del campanero de la Catedral de la Catedral de Coria (1898) cuáles eran los horarios en ese templo. podemos imaginar que, en el resto de catedrales españolas, eran parecidos.

Aunque hay variaciones, según sea invierno o verano, podemos resumir el horario de esta manera:
Prima: en verano a las 8:00, en invierno a las 9:00
Misa mayor: después de tercia
Sexta: mediodía
Nona y vísperas: 2:00 p.m.
Completas: 3:00 p.m.
Maitines: 4:00 p.m.


Como curiosidad, se prescriben estos toques de campana en esta situación:
Articulo 30.º Cuando muera el Señor obispo Se tocará á la agonia, cualquiera que sea la hora de su fallecimiento, dando seis campanadas en la campana mayor, y despues tres toques con todas las demas á medio vuelo y la mayor á badajo (pero con pausa); lo mismo se hará, mientras esté de cuerpo presente, á la Aurora, mediodia y toque de oracion, y tambien durante los oficios hasta el Sepelio.

Quede constancia que, cuando me planteé conocer qué horario podía haber en una catedral para el coro de canónigos y os pedí vuestra ayuda, nunca me imaginé que este tema iba a ser ejemplo máximo de esa colaboración y discusión del asunto.

Habiéndonos quedado claro también (gracias a I see dead cats) que en Toledo hubo una época en la que un celoso obispo quiso que se rezaran los maitines en mitad de la noche. Dato curiosísimo.

Por el trabajo de Susana Villaluenga de Gracia en su artículo “La remuneración y el control del servicio cultual en la Iglesia de Toledo (S. XVI)” sabemos que la catedral de Toledo llegó a tener 54 canónigos. Aunque el coro estaba nutrido de esta manera:

En 1549, según cuenta el doctor Blas Ortiz, el cabildo mantenía 600 oficiales y ministros19, entre ellos 444 beneficiados "cuio número no podrá contar oy ninguna iglesia si no es la de Toledo". Así, eran beneficiados de la Iglesia: el arzobispo, 14 dignidades, 40 canónigos prebendados, 50 racioneros, 20 canónigos extravagantes, 48 capellanes del coro, 37 sacerdotes estipendiarios, 40 clerizones o muchachos, de los cuales se elegían 6 para la música, los seises, 194 capellanes de las capillas con algunos sacristanes y clerizones.

El conocimiento de la Historia me lleva a concluir que aquellos tiempos en que las catedrales eran micromundos no siempre fueron tiempos envidiables. En muchos aspectos, la Iglesia se ha purificado mucho. Cualquier tiempo pasado tendemos a idealizarlo. Solo conocer cómo funcionaban los coros de canónigos nos hace entender cuánta desviación existía en los mismos corazones de las diócesis.
Amo la Historia, pero prefiero la Iglesia actual.

viernes, agosto 30, 2019

Conversando con los comentaristas



Alfonso, te contesto: Prohibir a un obispo ejercer la dirección espiritual con algún presbítero sería injusto. Un obispo puede ser tan bueno, tan sabio, que varios presbíteros de manera espontánea acabaran siendo dirigidos espiritualmente por él. En esos casos, no habría ningún problema en que se confesaran con él. Por supuesto que no podría usar lo conocido en confesión para sus decisiones.

Ahora bien, ya os dais cuenta lo complicado que es para un obispo una situación así si hay problemas. No puedo usar lo oído en confesión. ¿Pero puedo lo oído en una dirección espiritual?

¿Puedo no tener en cuenta que, fuera de la confesión, me ha dicho que ha perdido la ilusión y que ya no reza casi nada, cuando pensaba hacerlo formador del seminario? Y podríamos seguir con la casuística.

Lo repito, no se debe prohibir ni la dirección espiritual ni la confesión con el obispo. Hay casos en que esta relación de director y dirigido se puede dar de forma completamente natural y sin problemas. Pero lo normal, a lo largo de toda la Historia, es que eso haya sido excepcional.

A Mengüal le contesto: Los dos extremos son viciosos. Tanto el caso de un obispo que no hace nada en casos en que debería preocuparse e intervenir, como el caso del que (con mucho celo) cae en una invasión de la persona. Por ejemplo, cuando yo entré en el seminario de Pamplona, el bueno de don Tomás (que era un santo varón y al que me encomiendo muchas veces, ya murió) me hizo preguntas que eran más bien propias de una confesión general. Y, además, entrando en detalles. Ese sacerdote era un santo, pero ¿qué sentido tenía que cada seminarista le contase todas las intimidades al entrar en el seminario? Pues, efectivamente, no tenía ningún sentido aquello. No había en él ninguna conciencia de hacer algo malo. Lo hacía para conocer mejor a sus seminaristas. Pero era un error.

Por supuesto que la mayor parte de las veces, en la década de los 70 al año 2000, el error más común eran las omisiones por parte de los obispos. Los obispos deberían haberse preocupado de las almas de los sacerdotes. De aquellas almas que, claramente, se veía que necesitaban ayuda.

Ofrecer ayuda espiritual (por parte del obispo directamente o sugiriendo un sacerdote) no tiene nada de malo. El obispo le puede proponer que hablen cada semana si ve que el sacerdote está en buena disposición. El obispo puede tomar por sí mismo, directamente, sin intermediarios, la tarea de sacar a un sacerdote de la ciénaga de la tristeza, la tibieza, la falta de ilusión.

El problema es que, entre 5.000 obispos, algunos pueden acabar pensando que, a todo el presbiterio, se le puede dirigir espiritualmente. Y que los que se resistan es que no son dóciles.

Post Data: No hace falta decir que casi todos los obispos se mueven en el campo de lo correcto. Ahora y en época pasadas ha sido así. Pero como veis, el error puede venir de los dos extremos, tanto de la omisión de lo que se debe hacer como de un intervencionismo invasivo. 

Normalmente a una época con muchas omisiones suele sucederse una tendencia pendular hacia la posición opuesta.

jueves, agosto 29, 2019

Fuero externo y fuero interno



Hace años recibí una consulta sobre el tema del que he hablado ayer. Un sacerdote (fuera del ámbito de la confesión) me hizo una serie de preguntas de conciencia: ¿cómo enfocar el tema si su obispo le preguntaba? 

(También le dije que algún día comentaría este asunto en mi blog porque a algún sacerdote esta información le podía dar luz ante este tipo de temas de morales.)

El tema lo pensé muy en serio porque le atormentaba. Hablamos del asunto bastantes veces, siempre fuera de la confesión. No solo lo medité con tiempo, sino que también, mucho después, lo consulté con una persona de una congregación de Roma.

Tras varios años, creo que tengo mucho más clara cuál debe ser la doctrina a seguir al respecto y la expongo aquí porque no dudo de que a alguien le puede ser útil para ayudar a algún sacerdote del mundo y no es fácil encontrar bibliografía sobre esto de lo que voy a hablar.

Quiero aclarar antes que aquí no se pone en duda la obligación de la castidad en el clérigo, ni la obligación de no mentir, ni el derecho del obispo a preocuparse por el alma de un presbítero. La cuestión que aquí expongo es la del derecho del presbítero a preservar su intimidad en materia de ocultis.

Un obispo puede preguntar acerca de rumores que corren, acerca de las denuncias, acerca de las sospechas que él mismo tenga. No hay nada malo en que un obispo pregunte: “Hijo mío, he escuchado tal cosa...”.

Ahora bien, un obispo no debería preguntar in genere. No debería preguntar: “¿Eres casto?”.

Si el obispo pudiera preguntarlo, también podría preguntar: “¿Abusas del alcohol? ¿Rezas el breviario? ¿Me criticas?”.

Un obispo nunca debería preguntar: “¿Me criticas?”. Pero sí que podría preguntar: “He escuchado esto. ¿Es verdad que lo has dicho?”.

Puede parecer que esto no tiene demasiada importancia, pero el sacerdote tiene pleno derecho a que lo totalmente oculto siga oculto.

Imaginemos que un venerable anciano sacerdote es acusado por una viuda loca. Si el obispo pregunta in genere, el admirado sacerdote tendría que desvelar, tal vez, un hecho puntual sucedido treinta años antes que absolutamente nadie sospechaba. Tiene todo el derecho del mundo a que un episodio totalmente oculto siga oculto.

Pero, evidentemente, no debe mentir. Nadie debe mentir. Por eso, a los clérigos habría que acostumbrarles a que no deben responder a preguntas cuya formulación supone una ilícita invasión de su intimidad.

Hace años, me pidieron dar una conferencia en una diócesis de Estados Unidos. Era una sola conferencia en una parroquia. Iba a estar en esa diócesis un día. Cuál fue mi sorpresa cuando me enviaron varias páginas (creo que eran cinco) con preguntas que debía responder y cosas que debía firmar bajo juramento. Después de leerlas todas, le respondí que a todas las preguntas podía responder que “no”, pero que no iba a firmar esas hojas porque me parecía esa batería de preguntas una total invasión de la intimidad. Precisamente porque yo puedo responder “no” a todas las preguntas es por lo que les digo que esas preguntas son un abuso.

En los últimos años, y hablo de diócesis concretas que he conocido de primera mano (todas en determinado país), se ha pensado que lo mejor para defender el buen nombre del sacerdocio era romper el muro divisorio entre el fuero externo y el interno. Y no solo eso, por sistema, desde ciertas curias se han pedido informaciones que no deberían haberse pedido nunca, mucho menos por escrito y firmadas por el interesado.

Sirvan estas líneas de este humilde autor para dar luz a quien tenga que dársela en materia tan delicada.

miércoles, agosto 28, 2019

Sobre la dirección espiritual de los seminarios



Los que lean mi futura obra sobre el obispo francés nunca se imaginarán cuánto trabajo me ha costado llegar a una conclusión acerca de la hora de maitines. Es solo una línea de la obra, pero a mí y a I see dead cats nos ha costado mucho.

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He leído la carta que Zelenka ha colocado con la carta que le envió Franco a Pío XII pidiendo la pidiendo la definición del dogma de la Asunción. Lo único que puedo concluir es ¡cuánto ha cambiado España! Hay más continuidad de la mentalidad entre la España del siglo XV y la del XVIII, que la España de 1960 y nosotros.

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Como este blog lo leen un cierto número de sacerdotes, me gustaría ofrecerles una conclusión a la que he llegado tras muy ponderada reflexión: el derecho de los seminaristas a su propia intimidad.

Ni el obispo ni el rector ni el director espiritual del seminario ni la priora ni la maestra de novicias tienen derecho a exigir que el seminarista o la novicia le abran su alma.

Partamos del hecho de que el director espiritual del seminario no tiene porqué ser el director espiritual de un seminarista. El director espiritual del seminario es una figura destacada, venerable, especialmente escogida, para que cada seminarista que así lo desee se dirija con él. Pero no es obligatorio dirigirse con él. El seminario ofrece esa figura, como también ofrece la figura del confesor del seminario, pero no es obligatorio ni confesarse con uno ni dirigirse con el otro. Simplemente, se ofrece. E, insisto, es alguien muy escogido, sabiamente escogido.

El director espiritual del seminario puede predicar acerca de la castidad cuantas veces lo desee. Puede repetir infinidad de veces que no se debe acceder al sacerdocio si no se ha alcanzado la castidad; que si alguien accede con ese vicio, será un desastre para su propia vida y para la Iglesia. Pero el director espiritual del seminario no debería preguntarle a un seminarista si es casto, salvo que sea su director espiritual, el de esa persona.

El seminarista ya es mayor y entiende las predicaciones. Y lo dicho vale para el formador del seminario con el que hable ese seminarista.

El formador le puede preguntar: “Qué, ¿cómo van las cosas? ¿Estás contento? ¿Tienes algún problema? ¿Estas ilusionado?”, etc., etc.

Pero el formador y director espiritual del seminario deben mantenerse en el fuero externo. Si la persona quiere abrirse con ellos, puede hacerlo: lo cual será lo normal porque tiene mucho trato con ellos y son sacerdotes muy escogidos.

Pero el seminarista tiene todo el derecho a mantenerse en el campo del fuero externo.

El formador es lógico que le ofrezca la posibilidad de conversar acerca de “cómo van las cosas”, pero nunca debe forzar la puerta de la intimidad, salvo que el seminarista le abra esa puerta.

El formador del seminario fácilmente puede creer que tiene la obligación de entrar en el alma de ese seminarista. No es así. Hará muy bien en asomarse, en tratar de ayudar, pero no en forzar esa puerta.

El formador del seminario puede dar consejos para que el seminarista mejore: “Mira, me parece que eres un poco soberbio, te enfadas mucho, tienes detalles de egoísmo”, etc. Pero debe mantenerse en el fuero externo.

Incluso, al entrar en un monasterio o en un seminario, no deben hacerse preguntas del fuero interno. El postulante o el seminarista escuchará muchas veces qué requisitos son necesarios para mantenerse dentro. El que lo recibe no está autorizado a preguntar acerca del fuero interno.

Aquí no vale el decir: “Yo pregunto, él puede callar”. Porque la posición de fuerza del que pregunta es excesiva. Además, si pregunta, es que él considera que tiene derecho a una respuesta.

Si no se observa esta separación entre fuero externo e interno, vienen muchos problemas. Hay reuniones periódicas de formadores con el rector para ver cómo van los seminaristas, para ver si hay algún problema, ¿calla el formador todo aquello que sepa del fuero interno? ¿Ha de decir ante todos, aunque sea de forma general, algo que ocurrió de manera totalmente oculta? Podría seguir poniendo más ejemplos de situaciones concretas verdaderamente complejas si el formador ha de dar una opinión de un seminarista sabiendo lo oculto. Los lectores pueden pensar que me estoy refiriendo a cuestiones del sexto mandamiento, pero puede haber hechos ocultos que ocurrieron una sola vez y que se refieren a otros mandamientos.

La distinción entre de externis y de internis debe ser escrupulosa. Por supuesto que el seminario ofrece magníficos sacerdotes para la dirección espiritual y lo lógico es que el seminarista aproveche esa magnífica posibilidad. Pero debe ser el seminarista el que abra la puerta. Esto vale también para la relación entre laicos en el seno de institutos seculares y prelaturas.

El obispo, al hablar con un sacerdote, debe ser como un padre; pero va a tomar decisiones de nombramientos respecto a ese presbítero. Si el sacerdote abre su alma ante él, hará muy bien. Pero si prefiere abrir su alma a otro, tiene todo el derecho del mundo y el obispo debe mantenerse en el campo del fuero externo. No será un mal sacerdote por no abrir su alma ante su obispo. Es un derecho. Y, en la Iglesia, no hay derechos malos.

En el caso del obispo, el mayor problema es para el obispo: “¿Puedo usar la información que ahora conozco para revocar la decisión de nombrarle para este puesto?”. Si lo conoce por la confesión, no puede, desde luego.

En general, aunque habría que hacer muchos matices, el obispo puede usar esa información oculta para tomar una decisión acerca de un nombramiento. Pero ya se ve lo problemático que es esto a nivel de conciencia para un obispo.

Sea dicho de paso, un obispo tiene derecho a no escuchar a un sacerdote en confesión.

martes, agosto 27, 2019

Aquellos tiempos en que cada catedral era un microcosmos



Agradezco al comentarista anónimo (el de los gatos) el que adujera un texto que no era nada fácil encontrar. Es importante y lo traigo aquí:

El estatuto de don Blas Fernández de 1357 dicta algunas disposiciones sobre cómo debía hacerse tal llamamiento por el campanero. Comenzaría con el tañido nocturno a maitines, siete horas después del crepúsculo, que sonaría durante una hora;

la llamada a prima se haría con la salida del sol también durante una hora; a tercia, después de dos horas y media de la salida del sol, durante una hora; a misa mayor a su entrada; el resto de las horas de sexta, nona, y completas a su inicio durante media

hora. El día terminaría con el llamamiento para el rezo de la "Salve Regina", media hora después del crepúsculo, con el fin de honrar a la Virgen. Así lo instituyó Gonzalo Díaz Palomeque en el Concilio de Peñafiel de 1302 y así continuará durante siglos.

No me queda claro que es eso de “a su entrada” para referirse a la hora de la misa mayor. Agradeceré algún comentario que lo aclare.

Pero lo que sí que es evidente es que la hora de maitines es un deseo, pero que si se hizo realidad fue durante un tiempo brevísimo. Pues si se hubiera llevado a cabo a esa hora, los canónigos hubieran estado rezando a las 4 de la mañana en el verano, y a la 1 de la noche en el invierno.

Ayer se me ocurrió revisar la novela La catedral de Vicente Blasco Ibáñez. Novela que leí con grandísimo placer hace un par de años. Y allí me encontré con que, en la catedral de Toledo, los maitines se rezaban (por lo menos en verano) antes de la noche.

Aquí está el texto:

El campanero corría por las naves agitando su llavero, que asustaba a los murciélagos, cada vez más numerosos. Las dos devotas habían desaparecido. Sólo quedaban en la catedral el maestro de capilla y Gabriel. Por una nave baja avanzaban los vigilantes nocturnos, que iban a ocupar sus puestos hasta la mañana siguiente, precedidos por el perro.

Los dos amigos salieron al claustro, guiados en la penumbra de las naves por el vago resplandor de las vidrieras. Afuera, un rayo de sol enrojecía el jardín y el claustro de las Claverías.

El texto meticuloso en los detalles, fruto de una observación directa, no deja lugar a dudas. Ayer, además, hablé por teléfono con un buen amigo amante, como yo, tanto como yo, de las catedrales y me dijo que las horas se rezaban durante el día, antes de la noche.

Sí, me temo que tiene razón. Salvo alguna excepción rara, en alguna catedral (que seguro que la habría), las horas canónicas se repartían durante la luz del día. Completas y maitines se rezaban, en invierno, antes de las 5:30 de la tarde.

No solo eso, incluso el texto citado antes, el del siglo XIV, afirma que la primera hora canónica del día se rezaba una hora después del amanecer. Eso significa que, en invierno, se rezaban las horas entre las 9 de la mañana y las 6 de la tarde.

En la obra de Blasco Ibáñez, al comienzo de la novela, se dice que la catedral de Toledo, en invierno, se abría al amanecer.

Sea dicho de paso, Toledo, en el siglo XVII, contó con 117 canónigos.

lunes, agosto 26, 2019

Cualquier tiempo pasado tendemos a idealizarlo



Ya estoy inmerso en la escritura del libro sobre un obispo del siglo XVII. Vuestra ayuda me ha sido de utilidad. A ver si alguno logra descubrir este dato que me falta: a qué hora se solía rezar las completas y los maitines en los cabildos de canónigos.

Por lo que he leído, las completas y los maitines se rezaban seguidos, sin interrupción, a hora nocturna. Pero no he logrado enterarme de a qué hora rezaban en alguna catedral esas dos horas: completas y maitines. Me vale cualquier catedral hispana o gala. Ojo, en los monasterios benedictinos sí que sé cuándo los rezaban. Lo que busco es la hora a que se rezaban en los cabildos.

Lo curioso es que, por la mañana, el oficio comenzaba en los cabildos con la hora prima, no con laudes.

Otra cosa que me gustaría saber era dónde se sentaba el obispo en la misa. En un libro he encontrado que en París, en Notre Dame, el obispo se sentaba de espaldas al altar durante los oficios corales.

Son pequeños detalles que si alguien los encuentra, se lo agradecería, porque ya tengo mucho trabajo con el resto del libro. Libro que espero que estéis disfrutando antes de un mes. Dos semanas para acabarlo y dos semanas para esperar las correcciones del ángel argentino que el Señor ha puesto como protector gramático de mis textos; gramático y de estilo.

Ya veis que la sotana de los obispos, en Francia, era de un azul grisáceo. Lo que no me queda claro es si llevaban solideo sobre la peluca. He encontrado un cuadro en que sí lo llevaba.

Ya os dicho que será obrita corta, muy corta. Pero nos podremos todos asomar a la vida cotidiana de un obispo de la peor época. Sed buenos y ayudame un poco. Y recordad que el pasado se idealiza hasta que se conoce en todos sus detalles. De todo esto, saco mayor afecto a los obispos actuales.

domingo, agosto 25, 2019

Aquellas épocas eran otras épocas. En mi opinión,no hay razón para la nostalgia.



Ayer pregunté qué catedral me aconsejabais para el obispo de ese librito mío que estoy escribiendo. Os di ciertas directrices acerca de qué tipo de catedral. Alfonso sugirió la Catedral de Siseron. Pues sí, esa catedral era perfecta. Algo así estaba buscando como marco para esa descripción.

Pero, Alfonso, te vas a quedar más sorprendido cuando te diga un dato bien curioso. Veras, sabes que el librito sobre la catedral francesa iba a ser el tercer libro de la trilogía: Hipona, Canterbury y la catedral francesa de localización no decidida.

Pues bien, mira Google Maps y descubrirás que Siseron cae exactamente en la mitad de la línea recta entre Hipona y Cantérbury. Creo que hay una desviación de unos cuantos kilómetros, no sé cuántos. ¿Sorprendido?

También las fechas, casualmente, podrían seguir el mismo patrón que el espacio: siglo V, siglo XI, siglo XVII.

sábado, agosto 24, 2019

Los obispos del pasado y el presente de la Iglesia



Lo malo que es que este tercer libro (el segundo no está empezado) veo que tiene que estar centrado en la figura del obispo. Lamento que en él haya una variación en el enfoque dado a La catedral de san Agustín.

Incluso he pensado que la obrita que, insisto, será cortísima, sea una detalla descripción de un día de un obispo, desde que se levanta hasta que se acuesta. El día a día de un obispo mundano que ha conseguido su puesto únicamente gracias al dinero y negociaciones. Asomarme a esa realidad me parece bucear en aguas insólitas. De hecho, todo este material que voy a emplear en esta obrita iba a ser un brevísimo capítulo de mi libro sobre los obispos. Pero, a estas alturas, veo que el tema debe ser tratado con mucha más extensión.

Yo, por supuesto, no voy a tratar de rivalizar ni lo más mínimo con los especialistas en Historia, sería ridículo. Mi interés es tomar sus obras y hacer un análisis moral, sacar consecuencias espirituales. Los libros que leo, como es lógico, se limitan a los hechos. Pero, para un creyente, el que, durante dos siglos, la mayor parte de los obispos de un reino debieran sus puestos a negociaciones y acuerdos meramente seculares me parece un hecho sobre el que hay que reflexionar, y mucho.

Mi librito quiero que sea, por eso lo escribo, un poco de luz ahora para seminaristas, párrocos y... obispos, también para los laicos. No es un ocioso recorrido del pasado. El presente es lo que me interesa. Jesús contaba parábolas. El fondo del barril de la Historia de la Iglesia es un cúmulo de enseñanzas.

viernes, agosto 23, 2019

Obispos, obispos, obispos... del siglo XVII



Para los que crean que mis escritos tienen una dirección errática, voy a dar alguna explicación. Tengo muy claro que mi primera misión ahora es acabar la revisión sobre mi largo libro sobre san Pablo. Pero, hasta finales de septiembre, tengo todos los días hospital. Eso no me permite dedicarme con tranquilidad suficiente. Y, por eso, había decidido dejar la revisión de esa extensa obra para octubre.


Mientras que una obra breve que sí que tenía en mente el revisarla era mi libro sobre los obispos, La mitra y las ínfulas. La escritura de ese libro es para mí mucho más relajada y sencilla que la más enrevesada sobre san Pablo.

De ahí que llevaba una semana leyendo sobre los obispos a lo largo de la Historia. Es en la Historia donde encuentro mucha luz para reflexionar lo que debe ser la dignidad episcopal. Y, leyendo sobre los obispos franceses, es cuando se me ha ocurrido escribir una veintena de páginas sobre un obispo del siglo XVII en una pequeña diócesis rural. Como veis, todo está conectado y todo tiene su razón de ser.

Y más razón de ser sabiendo que siempre tuve la idea de lo interesante que sería escribir una trilogía sobre las catedrales a lo largo de la Historia. Si bien, el tercer libro debería haber sido escrito sobre una catedral colonial en México o Perú, o sobre alguna catedral decimonónica en alguna zona selvática asiática. Mi tercer libro quería alejarse del todo del ámbito europeo y mostrar una visión exótica. Pero ahora me veo incapaz de rechazar tanta documentación y mucho más interesante de lo que nunca pensé.
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En la Red, llevo miradas muchas catedrales francesas por dentro. Agradeceré sugerencias acerca de qué catedral, provinciana, del siglo XVII, pequeña o pequeña-mediana podría ser una buena candidata para enmarcar mi libro.

jueves, agosto 22, 2019

Una obrita que ha surgido inesperadamente



Estos días estoy leyendo todo lo que puedo sobre el episcopado francés del Ancient Regime. Desde un punto de vista histórico, el libro que acabé hace unos días, The making of the French episcopate, me ha sumergido en un mundo eclesiástico del que conocía solo las grandes líneas. Hacía tiempo que no disfrutaba un libro de esa manera.

Pero, además, hay una razón añadida para ese entusiasmo. Cuando se publicó mi librito La catedral de san Agustín, tras describir cómo era una catedral del norte de África en el siglo V, pensé lo interesante que sería, completar esa obra con una obrita cortita y densa acerca de la vida clerical en el siglo XII o XIII en una gran catedral monástica inglesa. Pensaba especialmente en Canterbury. Sobre ese tema, durante años, había leído bastante, en parte por mi devoción a Becket y se trataba de buscar tiempo. Desde entonces, acumulé materiales para ese futuro librito.

Y me decía a mí mismo que lo ideal sería escribir un libro sobre una catedral en la Antiguedad, otra sobre una catedral medieval y otra sobre catedral del siglo XVII o XVIII. Pues bien, ahora lo veo claro, tengo unas ganas grandísimas de escribir un libro sobre la vida de una pequeña catedral provinciana en la Francia del cardenal Richelieu.

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Por si queréis colaborar sugiriendo otros títulos, algunos de los libros que estoy leyendo o he leído son los siguientes:

--Church and Society in Eighteenth-Century France: The Clerical Establishment, por John McManners

--Music and Ceremony at Notre Dame of Paris, 500-1550; por Craig Wright

--Y, por supuesto, todos los libros de Joseph Bergin.


Lo que más me interesa son artículos o estudios acerca de la vida ordinaria de un obispo, del clero o de los canónigos en particular. Y que se puedan leer gratis en Internet.
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Alfonso, todos los libros que me sugeriste los voy a ir leyendo, poco a pocos. Pero todos los títulos los voy, como mínimo, a empezar.

miércoles, agosto 21, 2019

Un sueño, libros, dominicos



Hoy, por la noche, he vivido una escena de horror en mi sueño. Es muy curioso, he visto el momento de la película Pinocho de Walt Disney en que el amigo del protagonista se convierte en burro. Yo no aparecía en el sueño más que como testigo.

Por la mañana, me he apresurado a darle un sentido espiritual: Dios concede vida espiritual al que era solo madera, pero si se deja seducir por la isla de las atracciones, se puede convertir en un burro.
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Cambiando de tema, hay libros en Google Libros que estaba pudiendo leer parcialmente en previsualización gratuita. Pero hoy todos los títulos que antes podía leer (insisto, parcialmente) ahora me aparecen solo con la portada y no puedo entrar en el contenido del libro.

He hecho click en todo lo posible, pero nada. Si alguien me puede ayudar, se lo agradecería.
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Me encanta la foto que he puesto hoy de un convento de dominicos. Cuanto me gustaría que en Madrid existiese una iglesia en la que los fieles pudieran unirse a la liturgia de las horas rezada de esa manera. El capítulo de la catedral, en teoría, debería realizar eso.

Ah, me parece fantástico que Trump quiera comprar Groenlandia. En un mundo de noticias aburridamente previsibles, Donald es siempre una inagotable fuente de "ideas nuevas".

martes, agosto 20, 2019

En 1989 el mundo entero pudo haber cambiado en Tiananmen



Lo que está ocurriendo en Hong Kong es algo tristísimo. Siete millones de seres humanos protestando con todas sus fuerzas, con todas sus ansias, por no perder su libertad.

Si la comunidad internacional advirtiera a Pekín con meridiana claridad que si ellos oprimen a su propio pueblo, se acabó el libre comercio con China, entonces, sin ninguna duda, el Partido Comunista retrocedería. Daría un paso atrás, podemos estar seguros.

Pero no, Occidente no está dispuesto a realizar ningún acto altruista, compasivo, humanitario. Europa se rasga las vestiduras por los treinta o cuarenta inmigrantes del Open Arms, pero el destino de millones de personas no le preocupa lo más mínimo. Lo condena, eso sí, pero no está dispuesto a hacer nada efectivo.

Los que protestan en Hong Kong saben que si el mundo no les apoya, su protesta se irá desvaneciendo hasta desaparecer. Pero está claro que una Europa que ha colapsado moralmente no va a hacer nada por ellos. Gestos sí, todos los que quieran. Pero medidas efectivas, no. A lo mejor hasta vuela hasta Pekín algún enviado especial de la Unión Europea. Unas cuantas fotos, unos días en un hotel de cinco estrellas y a casa.

Eso sí, cada acto moral malo, cada omisión culpable, siempre ha tenido, tiene y tendrá consecuencias. Estas protestas son la última oportunidad, ya no habrá otra, de mantener el fuego de la Libertad vivo en China. Perdida esta oportunidad, ese gran fascismo asiático seguirá su curso de agigantamiento y radicalización.

Después, ese fascismo extenderá sus tentáculos y no serán los hongkongneses los que luchen por su libertad, sino nosotros.

Ahora, realmente, ya es tarde y no tenemos mucha fuerza. Pero, aunque sea tarde, es la última oportunidad. No tengo la menor duda de lo que hará occidente. Y China será para Europa y Estados Unidos lo que fue Babilonia para el antiguo Israel. Esa dictadura será el martillo que golpeará a la antigua Cristiandad por su apostasía.

Lo siento mucho por esos hijos de Dios que ansían Libertad, pero la copa de la ira debe llenarse. Solo entonces pagaremos nuestras omisiones. La mentalidad cristiana tendría muy claro qué hay que hacer. Pero los egoístas que disfrutamos ahora de derechos y buena vida damos la espalda a nuestros hermanos. Pero, con el pasar del tiempo, nosotros perderemos nuestros derechos y nuestra buena vida.

Entre la Humanidad y el dinero, Europa ha escogido el dinero. Pero se quedará primero sin dinero y después sin libertad.

Cuando la ignorancia habla: los documentales de la televisión


El otro día estaba viendo un documental sobre la Ruta de la Seda y un doctor en Historia, cuyo nombre voy a dejar en la oscuridad, dijo:
Si no hubiéramos contactado con China, seguiríamos contando con los dedos, escribiendo sobre cuero y pensando que la Tierra era plana.

No es extraño que diga tal cosa, porque ese doctor no se ha dedicado a la docencia, sino a hacer documentales. ¿Ese joven doctor sabía que los griegos, por ejemplo, conocían la Criba de Eratóstenes ya en el siglo III antes de Cristo? Esa criba es un método para calcular los números primos de cada número natural. Sí, querido Sam, ya conocían los algoritmos. Los matemáticos griegos habían ido algo más lejos que el contar con los dedos, conocieran o no el ábaco.

En la época en que Europa contactó comercialmente a China, fue durante la Antigüedad Clásica, y no era nada común escribir en cuero, salvo las costosas páginas hechas con piel de ternero joven. Me llama la atención que él diera a entender que en Europa se escribía sobre cuero como los trogloditas de la edad del bronce.

Y, por último, lo de la tierra plana… esto no merece ni una palabra por mi parte. 

Pero aquí dejo este link como una aproximación al tema para aquellos que tengan alguna duda:
https://en.wikipedia.org/wiki/Myth_of_the_flat_Earth

Es difícil decir más errores en una sola frase. En los documentales, al hablar de la Iglesia, he escuchado las ideas más peregrinas y ridículas. Y ya no digamos nada cuando al director del documental se le ocurre hacer una recreación. Todas las recreaciones muestran una fidelidad parecida a los Monty Phyton en el papel de cardenales de la inquisición española. 

domingo, agosto 18, 2019

El gobierno del Pueblo



Hay un mito que todos suelen dar por cierto y es afirmar que la Constitución de Estados Unidos fue un experimento innovador, revolucionario, del gobierno del Pueblo, de la libertad, etc. Bueno, eso es cierto, pero con matices.

No debemos olvidar que, en la metrópoli, el sistema parlamentario inglés en la época de la independencia de las Trece Colonias era una auténtica democracia y más con un rey como Jorge III. La gente que ve películas se fija mucho en la figura del rey y se olvida que aquello era una democracia parlamentaria en la que, de hecho, existía una verdadera división de poderes. La Cámara de los Lores era realmente independiente. Ya no digamos la del parlamento. Y los jueces ingleses, a todos los niveles, altos y pequeños, también fueron jueces independientes.

No olvidemos, además, que la república americana sí que sufriría un tiempo de dictadura, la de Abraham Lincoln. Llegó a encarcelar al presidente del Tribunal Supremo, etc. etc. En el Reino Unido, eso no hubiera sido permitido ni siquiera en tiempos de guerra. Eso no sucedió ni siquiera durante las guerras napoleónicas en las que peligró la supervivencia del reino.

Sin embargo, las películas (rodadas no por expertos constitucionalistas) nos han vendido la imagen (y el público la ha aceptado) de que había un rey absolutista en una Inglaterra dominada por condes y duques, mientras que, en los Estados Unidos, por primera vez, apareció un gobierno del Pueblo. Pues bien, eso, sencillamente, no es verdad. La imagen suele completarse con unos Estados Unidos modernos y avanzados, frente a un reino inglés poblado por sujetos anticuados con pelucas que se mueven en salas mal iluminadas. Otra imagen totalmente falseada e injusta de una Inglaterra a la cabeza de la modernidad.

Realmente el constitucionalismo americano fue un experimento formidable y encomiable. Pero no fue el primer gobierno del Pueblo como muchos piensan en esa nación. No voy a irme a las polis o a la república de Holanda. El sistema de las cortes leonesas fue un sistema verdaderamente parlamentario, antes que el inglés.

sábado, agosto 17, 2019

Otro pequeño punto en la constitución



Otro aspecto muy problemático es que los Padres Fundadores escogieron un sistema presidencialista, pero que no está sujeto al Congreso en la práctica. Ya sé que estos tienen que aprobar los presupuestos. ¿Pero qué pasa si un presidente decide hacer todo al revés del bien común y no comete ningún delito que permita el inicio de un proceso de impeachment? Es un vacío que, sin duda, no se les ocurrió a los fundadores.

En otras democracias, el Poder Ejecutivo está sujeto a un control real durante la legislatura. En Estados Unidos, el poder presidencial es un poder desatado, sí, con la salvedad de los presupuestos. Pero se podría llegar al extremo de que un presidente no razonable podría enrocarse sin presupuesto y el Pueblo tendría que aguantarse hasta que acabara la legislatura. Técnicamente, el impeachment solo puede darse si el presidente ha cometido un delito.

Se pueden poner más ejemplos de espacios ciegos que quedaron fuera de la visión de aquellos hombres razonables y sensatos. No se les puede acusar, ha sido la experiencia la que nos ha dado a conocer que todo lo que puede ocurrir acaba ocurriendo antes o después.
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La arquitectura de constitucional de esa república tiene una trascendencia mundial. Estados Unidos se ha transformado en la pieza clave de la arquitectura geopolítica del mundo. Cualquier problema allí tiene repercusiones en la estabilidad planetaria.

En un mundo ideal, se crearía una comisión bipartidista en Estados Unidos para aprobar 15 o 20 medidas que permitieran cubrir todos los puntos ciegos y mejorar los puntos débiles. Una comisión que buscase el bien común y que estuviese formada por los mejores juristas. Siempre es mejor eso que no esperar a que se dé el problema.

La creación de una lista de sucesión del Poder en ese país es un ejemplo de cómo, a veces, el entero congreso y el entero senado pueden entender que una medida es buena para el país y olvidarse de beneficios egoistas. 

viernes, agosto 16, 2019

Problemas de la estructura constitucional de Estados Unidos



Los que me conocéis sabéis lo mucho que amo a los Estados Unidos, al cual siempre lo he considerado como una segunda patria mía. También he manifestado muchas veces mi admiración por el trabajo de los Padres Fundadores, los autores de la constitución. Ahora bien, a pesar de lo bien que delinearon la maquinaria constitucional, toda obra humana contiene fallos. Los años han llevado a ver con claridad esos errores.

El gran fallo de su sistema de checks & balances es que, con su complicado sistema de vetos y ratificaciones, unos poderes pueden bloquear a otros. Pero la maquinaria no provee puertas por las que salir de situaciones en las que reine un bloqueo perfecto. Hasta ahora, el sistema ha funcionado porque el sentido común ha prevalecido. También es cierto que esto favorece que el más sensato ceda en pro del bien común: por ejemplo, en el caso de un bloqueo del presupuesto federal. Pero este caso es solo un ejemplo de este tipo de situaciones en un sistema que favorece el control de los poderes de ese país a través de los bloqueos, pero sin ofrecer salidas a las parálisis.

Otro error fue creer que el Senado sería una cámara prestigiosa de prohombres ajenos al juego político. Lo que ellos querían que fuera lo dejaron escrito y era muy claro. Pero, al final, se ha convertido en una réplica de la Cámara de Representantes. Nunca fue propósito de los Padres Fundadores crear un sistema constitucional con dos parlamentos. En la práctica, eso es lo que es.

El resultado es que esta situación no ofrece ninguna ventaja respecto a tener una sola cámara y, por el contrario, ofrecer todavía más posibilidades de bloqueo, de parálisis, más posibilidades de juego partidista: las jugadas sobre el tablero se multiplican con esta duplicación. Jugadas de tipo partidista que para nada benefician al Pueblo, sino a los integrantes del sistema político, a los integrantes de la maquinaria. Cuanto menos claro y transparente sea el sistema, cuanto más opaco, menos control puede ejercer el Pueblo. 

Imaginemos que el mismo sistema constitucional de Estados Unidos tuviera cinco cámaras de representantes a nivel federal en Washington DC. ¿Qué sucedería? Que escaparía totalmente al control de los ciudadanos, sería un laberinto perfecto, un paraíso para el aparato de los partidos. Los ciudadanos podrían votar, pero en la inercia de la maquinaria y sus vericuetos se perdería cualquier legítima demanda de los ciudadanos.

Si los Padres Fundadores hubieran visto el sistema actual, sin ninguna duda, lo hubieran cambiado: la bicameralidad de la rama legislativa no favorece a nadie, supone una duplicación sin sentido. Ya sé que la teoría es que así se favorece la presencia de los Estados en Washington. Pero, en la práctica, eso no es así.

(Mañana añadiré algunos problemas más de este sistema constitucional.)


Hoy he tomado una foto a una de las monjas de mi convento. Es llamativo el efecto artístico que hoy día producen los móviles.



Si hay una música que es de las más usadas en youtube es Hell March. Debo reconocer que es una obra musical con una fuerza increíble. Su autor nunca se imaginó que iba a tener un éxito tan impresionante. Y es que, efectivamente, evoca la impresión de avance arrollador. El autor Frank Klepacki compuso una Hell March 2 y una Hell March 3. Pero, en mi opinión, es la primera composición la que resulta redonda.

Para los pocos lectores que no sepáis de qué música estoy hablando, os pongo este vídeo:

Hay que reconocer que esta música es todo lo contrario de Maná-maná de Los Muppets. Woody Allen decía que tras escuchar a Wagner a cualquiera le entraban ganas de invadir Polonia. Pero al lado de la Hell March, Wagner parece el compositor de Heidi.

miércoles, agosto 14, 2019

El muy episcopal y cardenalicio blog forteniano



Hay que ver cuánto visten las fotos de cardenales en un blog. No sé, le confieren una dignidad, una prestancia... 

Primer punto
Estos días estoy leyendo un estudio magnífico del doctor Joseph Bergin sobre los obispos franceses entre1589-1661. Ya me referí a este libro hace algo más de un año, entonces solo miré alguna de sus partes con el propósito de leerlo con más calma más adelante. Ahora ha llegado ese momento. Os ofreceré las notas que estoy tomando. El estudio del pasado siempre nos lleva a conclusiones para el presente.

Si alguno me quiere sugerir libros o artículos que estudien el episcopado de alguna época o lugar geográfico se lo agradeceré. En Google Libros leo la parte que está accesible de forma gratuita.

Segundo punto
Anxelina, respondo aquí a la cuestión que me planteaste. Una ceremonia como la descrita ayer no es un mero fuego de artificio. El nombramiento no confiere ninguna gracia. Los sacramentales y las oraciones de la ceremonia que propuse sí que confieren gracias para el alma.

Anxelina, Alfonso y Niulca... son tan queridos para este blog. Si me muero, ellos seguirán comentando el último post durante veinte o treinta años. Un post puede admitir decenas de miles de comentarios.
Es broma, antes os daría la clave para que pusierais posts. Pero habría que cambiar el título:

--El postblog del padre Fortea

--El blog del postpadre Fortea

--El blog del difunto padre Fortea

--El difunto blog del padre Fortea RIP

--Sugerencias del padre Fortea tras el Vaticano III

--Ecos del padre Fortea en un mundo postapocalíptico

martes, agosto 13, 2019

Ceremonia de entrega del capelo cardenalicio: una propuesta llena de esplendor






Una explicación
Una explicación previa, la adoración a Dios no se reduce a la misa y a los sacramentos. Las ceremonias religiosas, sea para bendecir el agua o sea la consagración de una catedral, son formas de dar culto a Dios.

No hay que tener miedo a que una ceremonia parezca demasiado compleja o vistosa. Evidentemente, no es lo mismo el rito para bendecir una campana que el rito de coronación de un rey en la Edad Media.

Si vemos completamente lógico que el antiguo rito de coronación de un monarca llevara su tiempo y fuera rico en simbolismos, ¿no puede serlo con más razón el de los príncipes de la Iglesia que van a escoger al Vicario de Cristo en la tierra, que le van a ayudar y asesorar en sus funciones, que gobiernan los asuntos generales de la Iglesia en caso de sede vacante?

Si un rey tiene ese interesantísimo ceremonial con tantos ritos, ¿resulta excesivo un ceremonial para aquellos que tienen una función más importante a los ojos de Dios?

La santa misa tiene un ceremonial perfecto en su duración y simplicidad. Un rito de coronación real no fue una ceremonia habitual y tuvo un cierto aspecto pedagógico en la sucesión de símbolos y oraciones. Actualmente ya no hay auténticos reyes, los que quedan son símbolos. Pero, en la Iglesia, sí que hay auténticos príncipes de un reino espiritual.

De todas maneras, este ceremonial es el grado máximo de solemnidad que se le pueda dar a este acto. Lo lógico es que la Historia fluctúe entre el minimalismo actual y el maximalismo propuesto aquí. Afortunadamente, yo no tengo que tomar la decisión. Solo propongo a la comunidad, pero es la autoridad la que toma las decisiones.

Justo antes de la ceremonia
El papa entra en la basílica lateranense sobre su silla gestatoria, con capa pluvial (blanca o dorada) y tiara. Lo normal es que venga desde la iglesia de la Escala Santa.

La nave central lateranense, sin bancos. En las naves laterales, unos pocos cientos de asistentes a la ceremonia en representación del clero y el Pueblo de Roma y del mundo. Se invitará a que ocupen un lugar de honor, en una nave lateral, los representantes de otras denominaciones cristianas. En otra nave lateral, los representantes de otras religiones. Los neocardenales van vestidos con su sotana sin esclavina ni fajín, pero sí con el solideo. Los sacerdotes y diáconos con sotana negra. Los obispos con sotana fucsia.

Se cierran las puertas. Los acólitos le quitan la tiara y la capa pluvial al papa. Le colocan una capa pluvial morada como símbolo de penitencia, como pidiendo perdón a Dios por los errores que pudiera haber en las decisiones tomadas para elegir a los purpurados, como símbolo de petición de perdón por conferir tan gran dignidad a pobres seres humanos con defectos.

Comienzo en la puerta de la basílica: las peticiones
El papa hace la señal de la cruz, y él y los neocardenales se postran hacia el altar, a pocos metros de la puerta.
Un lector lee:
Señor, perdónanos nuestros pecados, nuestras faltas, nuestras omisiones, nuestra tibieza.
Siguen los kyries.
Siguen los kyries.
Señor, perdona a todos los involucrados en el proceso para esta elección si no han hecho las cosas como Tú hubieras deseado.
Siguen los kyries.

Tras pedir perdón durante un par de minutos, se ponen en pie. El papa hace con los brazos extendidos una oración a Dios Padre.

Procesionalmente se dirigen hacia el altar, mientras se cantan las letanías de los santos. El papa sigue con su capa pluvial morada y mitra morada.

Al final de la nave central: las veneraciones
Al llegar al presbiterio, sin subir a él, los cardenales se dirigen a las gradas de la derecha a besar un gran libro de la Biblia. A la mitad de la altura de esas escaleras, dos acólitos con alba sostienen un libro abierto. Una Biblia monumental con páginas de dos codos de altura.

Después pasan a las gradas de la derecha, allí besan las llagas de un crucifijo románico sostenido por dos acólitos. Una cruz del tamaño de la Biblia del otro lado.

Estas operaciones se realizan con los neocardenales formando una hilera, sin detenerse para no alargar la ceremonia. unos pueden seguir besando la Biblia, mientras otros ya están besando el crucifijo. En su camino de regreso a la escalera de la derecha, la hilera baja a la confessio, donde cada neocardenal besa unas reliquias. Allí hay unos santos religiosos, buscados especialmente por su santidad, que oran por los cardenales que besan esos relicarios. Uno de esos religiosos asperge a cada neocardenal con agua bendita. Para cada ceremonia se escoge a una orden religiosa distinta.

Mientras la hilera bajaba a la confessio, el libro de las Escrituras ha sido subido al presbiterio, y los neocardenales pueden ir subiendo al presbiterio.

Durante todo el tiempo que va desde la veneración de las Escrituras hasta que el último neocardenal baje a la confessio se cantan salmos.

El papa no ha venerado esos tres elementos, sino que se ha sumido en oración silenciosa arrodillado (o sentado) delante de la confessio. Durante los últimos minutos de la veneración, se reviste con una capa pluvial blanca y se coloca una mitra del mismo color.

Junto al altar: las consagraciones
Sube las gradas del presbiterio y al llegar al altar lo besa (solo lo besa él), lo incensa y hace una oración (en dirección al altar), con los brazos abiertos, una oración dirigida a Dios Hijo. Después, el papa, con capa pluvial y mitra, se sienta al lado del altar del ciborio. Tiene el altar a su izquierda. Cada neocardenal se arrodilla ante el papa.

Cada neocardenal abrirá los botones de la sotana y de la camisa inferior y sujetará sus prendas para que el papa pueda ungir el pecho con el óleo de los catecúmenos para reavivar la gracia del bautismo; ungirá con sagrado crisma su cabeza como recuerdo de que la prudencia es la virtud más necesaria para un cardenal. Y hará la señal de la cruz con un perfume en sus manos, para que cada cardenal extienda el buen olor de la virtud allí donde esté.

Para que las tres materias no se mezclen en sus dedos, usará tres pincelitos. Para facilitar toda la operación, un acólito puede sostener la bandeja con los tres recipientes, y cada pincelito puede dejarse verticalmente sobre el recipiente.

Mientras las unciones continúan, cada neocardenal se dirige al brazo izquierdo del crucero donde se reviste con la “cogulla” roja de cardenal. Allí cada neocardenal se arrodilla un minuto mirando hacia el sagrario que está en ese lugar de la basílica. Después vuelven hacia el altar.

Durante las unciones, el coro cantará algo como música de fondo, a media voz. Las unciones el papa las hará en silencio o musitando las oraciones que él desee.

El ábside: la imposición del galero
El papa, acabadas las unciones, se coloca una capa pluvial dorada y una tiara, y se dirige procesionalmente hacia el ábside. Se prosigue con la letanía de los santos.

El papa inciensa hacia lo alto, hacia la imagen de Cristo que corona el ábside. Después se sienta en la cátedra (con la tiara), allí van pasando los neocardenales y el papa les coloca el solideo rojo, le pone el capelo cardenalicio, le coloca el anillo de oro y le entrega el titulum.

Mientras la imposición de los galeros continúa, los neocardenales pasan a dar un abrazo a los cardenales presentes, solo a ellos.
Acabada la imposición del último capelo, el papa se quita la tiara y realiza una oración dirigida al Espíritu Santo.

Se dirige a pie al altar, lo besa. Una vez bajadas las gradas atraviesa la nave en silla gestatoria y con la tiara, y así sale de la basílica a bendecir al pueblo congregado fuera.

Nota final: Si el papa cayera enfermo, por ejemplo con gripe, no se suspenderá toda la ceremonia, pues eso implicaría suspender otras muchas cosas organizadas por cada neocardenal. Habrá dos opciones.

Primera opción: El papa puede asistir en un cómodo sillón bien abrigado situado justo delante de la cátedra. Puede asistir sin hacer nada o dando una bendición justo al final. De cada parte de la ceremonia se encargarían tres cardenales. Cada parte la presidiría un cardenal. La parte de la veneración la preside el primer cardenal.

Segunda opción: Tres cardenales realizan la ceremonia en la basílica, y el papa les recibe en su lecho donde, si tiene fuerzas, les bendice, uno a uno, y les entrega el anillo. Si no tiene fuerzas, puede entregarles el anillo sin necesidad de ponerlo en el dedo, operación más complicada. Pero si no pudiera ni siquiera dar la bendición, bastará que delegue la ceremonia en tres cardenales.

La ceremonia de la basílica no es un mero símbolo, es la Iglesia que ora por sus cardenales; y el papa u otros hombres de Dios les ungen para que realicen bien sus funciones. Por tanto, es una ceremonia donde se reciben gracias, donde se pueden recibir muchas gracias.

De ahí que si un papa muriera entre la creación de un cardenal y la entrega del capelo, los neocardenales asistirían al cónclave en plena posesión de sus funciones, pero se unirían a la primera ceremonia en la que se entregara el capelo. Se unirían para así recibir esas gracias provenientes de la ceremonia.

Toda esta ceremonia no confiere un sacramento, pero sí que reciben los neocardenales gracias para ejercer bien sus funciones. Las reciben por la oración y por los sacramentales.