viernes, diciembre 02, 2016

Todavía a vueltas con salida del alma de Castro de su cuerpo: Lo que está hecho no puede ser deshecho (Macbeth)


No tengo duda de que no pocos habrán captado el sentido de la música que puse todos estos días. Casualmente la descubrí el mismo día que escribí la Elegía a Fidel. Es una música que para mí tiene un sentido clarísimo: el triunfo de Dios.

Me imaginaba a Fidel muriendo y yendo a su oscuro destino desconocido, y a los coros angélicos desde lo alto contemplando, desde lo alto, la escena y cantando esta canción. Ya sea que haya ido a una morada u otra, los coros cantaban con un vigor indescriptible, con una alegría plena, la victoria de Dios.


Fidel, en cierto modo, es como si hubiera retado a Dios con su vida. Y ahora, una vez más, los coros ensalzaban extasiados la gloria del Omnipotente: bien por su salvación, bien por su condenación. 

Hay sentimientos que sólo se pueden expresar con música. ¿Cómo expresar que Dios siempre gana, que no puede hacer otra cosa que ganar, que nunca hubo el más mínimo riesgo de no ganar?

Dios puede callar, Dios puede dar tiempo, otorgar oportunidades, retener por un tiempo el castigo, escuchar la intercesión... Pero hay una cosa que no puede ser Dios: ser débil. Dios es Dios. Y a la hora marcada, el día determinado, el año que Él conocía perfectamente, su Justicia actúa de forma inexorable.

La misma Voz que dijo hágase, y aparecieron los cielos, el Universo, las estrellas, dice ahora hágase, y su Justicia se hace. Es la misma Voz y es el mismo poder. Su Justicia tiene una característica: es inexorable. Ante ella no cabe apelación alguna. Su sentencia es el espanto de los réprobos. ¿Cómo debe ser escuchar de la boca de Dios las palabras: YO te abomino?

miércoles, noviembre 30, 2016

Reflexiones a la Elegía a Fidel Castro: Si tú pudieras mirar dentro de las semillas del Tiempo (Macbeth).


Pocos escritos me han producido más alegría que mis dos posts de elegía a Fidel Castro. ¿Por qué? Pues porque he sentido la emoción de las víctimas que se han puesto en contacto conmigo para agradecerme mis reflexiones. Os aseguro que he sentido, de verdad, esa emoción agradecida.

Sea dicho de paso, la Elegía a Fidel Castro (I parte) ha sido el segundo post más leído de toda la historia del blog desde el año 2006: de momento, a esta hora, 50.341 visitas.

He leído las declaraciones de los obispos acerca de su óbito. Me parecen perfectas. No pienso que ellos sean menos valientes, sino que ellos deben ser más prudentes. Mi post quería ser el desahogo de tantos cubanos que sólo pueden aspirar a una justicia supraterrena.

En realidad, no es que los obispos sean más prudentes. Ellos se adecuan a la situación de una iglesia rehén. Y yo me adecuo a consolar a las víctimas.

Por otra parte, mis palabras estaban medidas milimétricamente, cada palabra había sido pesada. Aunque si de nunciatura o un obispo cubano me hubieran pedido que las sacara de mi blog para evitar problemas con el régimen, lo hubiera hecho al momento. Ya lo he dicho antes, se trata de una iglesia rehén.

No hace falta decir que desconozco cuál ha sido el destino ultraterreno concreto de Fidel Castro. Ni lo sé ni lo supongo. Tampoco me alegraría su condenación, para nada. Pero sí que quiero hacer notar que los manuales católicos de moral recuerdan que sobre los primeros principios morales no cabe la ignorancia inculpable más que, en todo caso, como máximo, durante un muy breve tiempo. Después resulta imposible cometer esos actos con ignorancia inculpable.

Fidel Castro cometió de forma pública, reiterada e impenitente innumerables actos que por su misma naturaleza resultan incompatibles con la salvación eterna de su espíritu: fueron actos que conllevan la muerte espiritual del alma.

Ante esos actos, la única solución para revertir tal situación de muerte espiritual radicaría sólo en una intervención directa de Dios. Si se arrepintió o no es algo que sólo saben ahora los moradores del cielo y del infierno.

Según una errada interpretación de Amoris Laetitia, Castro podría decidir privadamente con su capellán si conculcar los más básicos derechos de los hijos de Dios sería lícito, siempre que se realice bajo la condición de hacerlo bajo una convicción muy fuerte. La respuesta de San Juan Bautista, de San Agustín, de Santo Tomás de Aquino, de Santo Tomás Moro y de Juan Pablo II sería tajante: hay actos que son irreconciliables con la salvación eterna del alma. Es decir, el sujeto debe elegir si prefiere realizar ese acto (uno solo basta) o salvar su alma.

Una vez hecha la elección el paso de los años, la vejez u otros actos buenos no anulan el hecho de la muerte del alma. En verdad, en verdad lo digo, que Dios se haya apiadado de su desdichada alma.

La situación de los 11 millones de hijos de Dios que viven en Cuba es triste y cruel. Y esos 11 millones de historias se concentran todas en la responsabilidad de una sola alma que hace tres días fue juzgado por Dios.

Algunos han dicho que le espera el juicio misericordioso de Dios. La afirmación es correcta, pero me permito matizar esa afirmación, y lo hago con toda seguridad: a Fidel Castro le esperaba únicamente el juicio de Dios. Hay un tiempo para la misericordia y hay un tiempo para el juicio. O se logra misericordia antes del juicio o ya no se logra después. Hay un momento en que, en verdad, los demonios dicen con tono severo: ya es tarde. Hay un momento en que los ángeles callan y dan la espalda. Hay un momento en que el Dios Amor da la espalda.

Yo mismo cité el versículo de Santiago 2, 13: Porque el juicio será sin misericordia para el que no ha mostrado misericordia.
Es decir, la Palabra de Dios nos asegura con su autoridad que hay juicios sin misericordia. Lo repito: Dios nos ha asegurado que a algunos los juzgará sin misericordia. Dicho lo cual, en esa tierra de siervos que es Cuba, pueden realizar todos los homenajes que deseen. He escuchado esta noche en las noticias que explicaban el recorrido que iban a hacer sus cenizas por la isla. El único recorrido que me interesa es el que ha hecho su alma hace tres días.

Hay un recorrido larguísimo que puede durar siglos antes de que con toda humildad, dolor y lágrimas se presente para postrarse ante el Trono que hay en medio de los salvos. Hay otro recorrido brevísimo, directo y que es la caída horrorizada al Abismo.

¿Cómo acabar este post? ¿Qué palabras pueden poner punto final a una situación personal que quizá no tenga fin? Voy a acabar con dos versículos. Dos versículos que no afirmo (ni niego) que se apliquen a Fidel Castro. Pero sea cual sea la sentencia dada sobre Fidel, la Palabra de Dios siempre es la verdad:


Porque, en verdad, es justo para Dios pagar con aflicción a aquellos que os afligen. (...) Estos sufrirán el castigo de la eterna destrucción, separados de la presencia del Señor y la gloria de su poder (2 Tesalonicenses 1, 6 y 9).

martes, noviembre 29, 2016

Elegía a Fidel Castro (II parte): cuando el Destino nos alcance












Si matando, persiguiendo a la Iglesia, torturando, robando y oprimiendo la posibilidad de que se nos otorgue la salvación eterna fuera exactamente la misma que orando, ayunando, sacrificándose y viviendo en pobreza, entonces el camino del Bien y la virtud sería un camino que llevaría al Cielo lo mismo que el camino del mal y del vicio.

O dicho de otra manera, a la inversa, el camino del Bien y la virtud conduciría al infierno exactamente lo mismo que el camino del Mal y del vicio.

No sé, pero tengo la sospecha de que la Biblia no dice exactamente eso, ni algo parecido, ni algo que lejanamente suene a eso. Si no recuerdo mal, ¿Jesús no nos habló de dos caminos, uno de los cuales llevaba a la salvación y el otro a la condenación?

Si todo da lo mismo, como pretenden algunos, prefiero llegar al Cielo por el camino más cómodo posible. Pero no, no es así. Las cosas no son así, porque Dios no es así. Yo creo en el Dios de la Biblia, no en el Dios del buenismo. A los buenistas les da lo mismo todo, porque a su dios le da lo mismo todo.

Sin embargo, os aseguro que al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob NO le da lo mismo todo. Cada acción tiene sus consecuencias. Y hay acciones que tienen consecuencias eternas. Hay acciones que matan el alma. Hay actos que llevan al infierno.

Jamás he afirmado que Fidel Castro esté en el infierno. Ni lo he dicho ni lo he escrito ni lo pienso. Sólo digo que Fidel Castro, después de toda una vida repleta de acciones gravísimas, acciones que llevan a la condenación eterna, sin que nos conste su arrepentimiento en ningún momento de su larga vejez, ha afrontado el juicio inapelable y riguroso de Dios. Sólo he dicho eso y nada más que eso. Nada sé del juicio divino acerca de esa alma en concreto. Pero del juicio en general sé lo que nos ha dicho Dios: porque el juicio será sin misericordia para el que no ha mostrado misericordia (Santiago 2, 13).

¿Dónde está Fidel Castro ahora? Os lo voy a decir, porque os aseguro que lo sé: o está en el lugar donde hará penitencia y no saldrá hasta pagar incluso la última pequeña moneda (Lucas 12, 59), o está en el lugar donde ya no tiene que hacer ninguna penitencia, porque la sangre de Cristo no fue derramada por él y su nombre no se encontró en el Libro de la Vida.

lunes, noviembre 28, 2016

Elegía a Fidel Castro (I parte): Salve, thane de Cadwor


Dios le dio 90 años a su alma para cambiar, para entender, para pedir perdón. Pedir perdón a sus millares de víctimas, a sus millones de oprimidos, pedir perdón a Dios, a sí mismo... Perdonarse a sí mismo para seguir viviendo con dignidad, para no vivir bajo el remordimiento, bajo el peso de una culpa abrumadora, para no vivir como Macbeth, como un animal acorralado, acorralado y mordido por su propia conciencia.

Ahora el tiempo se ha acabado para Fidel Castro. Ahora ya no hay poder sobre la tierra ni santo ni ángel que pueda otorgarle el perdón. Él, que sentenció a tantos, si ahora está sentenciado, ya no encontrará perdón ni en este mundo ni en el cielo.

Castro, que no tuvo piedad de tantos que suplicaron misericordia, si ya no ha encontrado perdón, ya no lo encontrará nunca. Él que hizo un infierno de la vida de muchos, si ha entrado en el infierno, ahora sufre con los ojos abiertos. Él que siempre tuvo los ojos de su conciencia cerrados ahora ve. En el infierno o en las espantosas moradas de la purificación destinadas a monstruos como él, ahora ve, sufriendo... pero, por fin, ve.

Ahora no le son de ninguna ayuda ni todas las manifestaciones multitudinarias en la Plaza de la Revolución que se puedan convocar en su honor ni todos los artículos que el diario Gramma escriba loándol ni todos los discursos del Partido que lo ensalcen hasta las nubes. Todo eso... ya no sirve. Ahora está solo, con su alma. Encerrado en la terrible prisión de su alma. En el reino oscuro de Satanás o en las prisiones inmateriales del lugar de purificación su destino le estaba esperando. Durante 90 años, su destino eterno le estaba esperando.

Pero sea que ahora esté en una morada o en otra, lo que no os queda ninguna duda es que la Justicia ha recaído sobre su pequeña y miserable alma. La única duda, la única, es si su espantosa situación durará siglos, o siglos sin fin.

miércoles, octubre 05, 2016

La arquitectura: el arte de colocar piedras sobre piedras


Hoy he tenido una interesantísima conversación con varios arquitectos de dos horas discutiendo sobre mi libro La Catedral de San Abán. Quédense tranquilos los participantes de tal reunión que no revelaré ni el más mínimo dato personal.

La conversación, que en algún momento estuvo a punto de usar las escuadras y cartabones (para aporrearnos entre nosotros), duró dos horas y estuvo llena de pasión por ambas partes, sin terreno neutral en medio, sin ninguna voluntad de hacer prisioneros: une guerre a mort.

Al final, la conclusión está clara por mi parte: ¿Norman Rockwell o Miró?

Es que la arquitectura debe avanzar. Ya, pero tus colegas llevan medio siglo avanzando de tal manera que si construyen la parroquia de mi barrio, francamente prefiero que no se haga otro experimento.

Ahora en serio: ¿tan difícil resulta entender que el camino emprendido desde la década en los años 70 en arquitectura religiosa ha sido un camino equivocado? No es que haya habido fallos: es un camino equivocado. El problema es que cuando dices esto, siempre hay un arquitecto que dice: pero ahora lo haremos bien.

Sobre este tema he tenido más de 800 conversaciones con el arquitecto de mi diócesis. Lo doy por un caso perdido de neocalvinismo arquitectónico-industrial. Debería existir algún tipo de inquisición que quemase a esos culpables con un fuego no material.

(Bueno, a mi arquitecto diocesano le perdono todo. El lo sabe. Es consciente de que mis críticas hacia él son hojarasca que cae sobre la admiración que le profeso.)

Los arquitectos de la iglesia ortodoxa siguen repitiendo las iglesias del pasado, y siento más envidia de sus templos que admiración por el afán occidental de romper todos los moldes en cada nuevo templo parroquial.

Sería fácil encontrar concomitancias entre la tradición de la fe y la tradición de la arquitectura sacra. Sin duda la última catedral ortodoxa de Montenegro, la de la ciudad de Podgorica, la veo mil veces más acertada que los mil experimentos que han tenido que sufrir los fieles europeos en más de un millar de poblaciones.

Si no me creéis a mí, creed al Cura de Ars, que fue el que dijo esta frase: Se ora tan bien en las iglesias antiguas. Lo que pasa es que muchos arquitectos son malos, son peores que Stalin. Pero su reinado del terror estético está pronto a acabar.

jueves, septiembre 01, 2016

Carta a Maduro: líneas ante el inevitable desmoronamiento


Estimado señor Maduro:

La marcha de hoy en Venezuela no es una marcha política. Es la marcha de la dignidad, de la honradez, de la decencia de un Pueblo que ha sido ultrajado, engañado, machacado y encadenado.

Salga al balcón y mire al horizonte, hacia la marcha. Toda la gente digna está contra usted. Ha logrado unir al país, señor presidente. Por fin lo ha logrado, pero contra usted.

Evidentemente, no apelo a su decencia, señor Presidente. Sólo me queda apelar a su más básico y elemental sentido de supervivencia. Si se obceca en enrocarse, las cosas se le van a ir de las manos del peor modo posible. No hace falta ser muy inteligente, como usted, señor presidente, para darse cuenta de lo peligroso que es vivir en una nación donde todo el mundo está desesperado, hasta los carceleros.

La desesperación tiene un límite y usted lo va a comprobar muy pronto. La única duda que todos tenemos es cuál es el precio que va a hacer pagar a ese pueblo.

Esta marcha hubiera sido imposible hace un año. Con su régimen de libertades, hubiera sido irrealizable. Pero ahora se enfrenta a una masa incontenible de millones de desesperados. ¿Se da cuenta de que intenta contener lo incontenible?

El día de hoy será largo, el más largo de su presidencia. En teoría, los presidentes se dedican a gobernar. Usted, a partir de ahora, se va a dedicar a contener a las masas. Va a vivir el día de hoy como una batalla. Triste presidencia la de aquél que batalla contra su pueblo. Quizá la única guerra que no se puede ganar.

No le quito más tiempo, porque hoy va a tener mucho trabajo. No sé lo que va a pasar hoy. Tampoco usted sabe si dentro de un año se acostará en la cama de su dormitorio o en el lecho de una prisión a la espera de ser juzgado por jueces imparciales.

Hoy todo conspira en su contra, señor Maduro. Hoy, hasta la mirada de los carceleros es más torva. Por primera vez en su mandato, mira al rostro de los pretorianos tratando de interpretar la frialdad de sus gestos.

Suyo afectísimo.
Padre Fortea

domingo, agosto 21, 2016

Se me ha llenado el blog de numerarios y supernumerarios


Me preguntaba hoy una médica vasca qué razón tengo para tener tan buena opinión del Opus Dei. Querida amiga, te voy a contestar con total sinceridad.

Una razón muy menor, pero muy menor, es lo bien que me caen los sacerdotes de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz de mi diócesis; con tres soberbias excepciones.

La segunda razón es que la Obra ha sabido mantener un magnífico equilibrio entre el tradicionalismo de algunos grupúsculos y el laxismo tan imperante en los años 70 y 80. Ha mantenido una total fidelidad al Magisterio, pero sin los rigorismos que he visto en otros lugares. La vida que propone a laicos y sacerdotes, siendo exigente, no resulta opresiva. Gira toda ella en torno a un plan de vida de medidas perfectas.

Alguien podrá pensar que esto es muy sencillo de conseguir. En teoría sí, pero cuando tu institución se hace colosal en cuanto al tamaño e influencia, es fácil caer en mesianismos personales. El Opus, a estas alturas ya somos amigos y podemos abreviar, ha sabido evitar el caer en la adicción a las revelaciones privadas a las que tan aficionados son otros.

Después, eso es necesario reconocerlo, los del Opus son los mejores directores espirituales. Y no sólo eso, cuentan con todo un microcosmos de círculos, meditaciones, retiros y convivencias que apuntalan, refuerzan y consolidan cualquier conversión, cualquier deseo de ir más allá de una mera vida en gracia de Dios.

Eso puede parecer muy fácil de conseguir, pero no lo es. Reconozco que, por más que lo he intentado, nunca le he tenido devoción a San Josemaría. Y eso que no tengo la menor duda de su gran santidad. Algunos miembros sacerdotales de la Obra han tenido actuaciones bastante feas hacia mi persona. Pero siempre he distinguido entre la institución y las personas. Hacer esa distinción es una cuestión de mera justicia.


Post Data: Como recibo muchos comentarios acerca de cuál es mi opinión sobre el Camino Neocatecumenal, recuerdo que ya la he dado muchas veces. En este blog he hablado más del Camino que del Opus. Mi opinión del Camino es positiva y favorable, siempre lo defiendo. Pero mientras no sustituyais las canciones de Kiko por gregoriano o motetes de Tomás Luís de Vitoria, no os hagáis ninguna ilusión de que me haga supernumerario del Camino. 

Opus Dei: otro post, otro más

En un giro forteniano respecto a los últimos posts, voy ahora a ofrecer varias razones a favor de que el Opus Dei sea una prelatura y que su superior goce de la ordenación episcopal.

La primera razón es que si un obispo de una diócesis normal tiene unos 150 sacerdotes, no parece que sea desacertado que el que dirige a 1500 sacerdotes sea un sucesor de los Apóstoles. Podría, sí, ser un primus inter pares, un presbítero, el que lo hiciese. Pero una cierta razón de proporción parece aconsejar la episcopalidad de alguien que tiene un número tan notable de sacerdotes bajo su jurisdicción.

La segunda razón es que la no episcopalidad del superior de cualquier asociación no asegura para nada la ausencia de divergencia de orientaciones entre el pastor de una diócesis (el obispo) y el pastor de una asociación (el superior). Exactamente los mismos problemas pueden darse con o sin ese sacramento ornando la cabeza de un superior.

Con lo cual, frente a las razones que previamente he dado en precedentes artículos, yo mismo reconozco que existe una razón positiva de proporcionalidad y otra, digamos, negativa: no se resolvería ningún problema o peligro con la no-episcopalidad.

Esto que digo no es una contradicción de mis anteriores artículos. Ya he dicho que éste es un tema muy interesante, eclesiológicamente hablando, y lejos de mí pensar que yo tengo razón y los demás no. Hay una tercera razón a favor, y muy profunda, pero requeriría de un post entero para ella. Pero tengo mis dudas si no he abusado un poco de mis lectores con un tema demasiado teórico que quizá aburre a una parte de mis lectores. Porque no nos olvidemos que no todos mis lectores son canónigos, frailes ociosos y curas de mal vivir. Aunque parezca sorprendente también tengo lectores laicos. A veces también debo pensar en ellos.


Aunque me sorprende la afición a asuntos muy eclesiásticos que tienen mis lectores anticlericales y los comunistas. Les debe atraer la física de los polos opuestos. Mañana veré a ver qué hago. Ya se sabe que a este blog sólo lo gobierna el capricho.

Ah, una broma, insisto en que es una broma. Si hubiera sido Papa, hubiera ordenado que todos los miembros del Opus Dei se casaran con neocatecumenales para crear un híbrido, porque los híbridos siempre son más resistentes a las enfermedades. Aunque, a decir verdad, tampoco tengo muy claro que hubiera salido. ¿Tal vez la Obra del Camino?

viernes, agosto 19, 2016

Más sobre el Opus Dei


Sin duda, algún sacerdote de la prelatura del Opus Dei, al leer mis pasados posts, habrá pensado que lo que se diga en un blog no tiene mucha importancia. Que lo que realmente importa es lo que se dice en un artículo de una revista de teología o en un libro.

Como sé que alguno que otro piensa así, a la vieja usanza, me gustaría decirle que ayer en el blog entraron 6.288 personas. Por si alguien se pregunta si ése es el número normal de entradas, diré que las páginas de este blog leídas en los últimos 30 días son 140.190. Téngase en cuenta que hace años una edición normal de un libro era de 2000 ejemplares. Y ahora muchas son de menos de mil. Este humilde blog, ya tiene, para empezar, 1700 subscriptores fijos.

Digo esto, porque, honestamente, me gustaría que me hicieran un poco la pelota. No pocas veces, se invita a un cardenal a dar una conferencia a la que asisten cien personas, le invitan a cenar, le enseñan la ciudad y le pagan el viaje. Mientras que al pobre escritor al que le leen mensualmente, como media más de 140.000 personas le desprecian cuando pide una cita para pedir consejo sobre algún asunto. No diré nombres, pero no hablo por hablar: el pecado... no el pecador.

Digo esto no por regodearme (aunque también un poco), sino porque todavía se sigue pensando que un artículo en un blog es poco menos que un divertimento, y que lo que realmente influye e importa son los medios en papel: en papel y tinta.

Para bien o para mal, estos articulos rebotarán en las mentes de los lectores durante meses. Me quedo con la tranquilidad de conciencia de que sé que me puedo equivocar, pero son asuntos sobre los que he estado reflexionando durante años, aunque sólo ahora me haya animado a escribir. Intento escribir con una continua sensación de que debo ser muy responsable, de que no puedo hablar al tuntún. No puedo hacerlo cuando cada artículo equivale a cuatro o cinco ediciones de un libro de teología. Puedo equivocarme, pero no escribo lo primero que se me ocurre.

Hoy iba a argumentar justo en sentido contrario al de los días pasados. Es decir, me gustaría valorar las razones contrarias a lo que he dicho hasta ahora: razones a favor de la existencia de la prelatura y de que su superior sea un obispo. Sea dicho de paso, no voy a repetir las razones que se esgrimen en la Universidad de Navarra o en la Santa Croce. Van a ser otras razones que me convencen más.

Eso sí, nunca me gusta cansar a mis lectores. Así que tendréis que esperar a mañana. Una última cosa, he tenido mis traspiés con un cierto número de sacerdotes del Opus Dei. Pero siempre he distinguido entre las personas y la institución. Sé valorar muy bien lo que son actuaciones desafortunadas de las personas, frente a todo el bien que hace la prelatura. Lo que he visto me ha llevado a afirmar con toda claridad que considero que es, tal vez, la institución que más bien hace a la Iglesia.

Incluso diré, si me permitís una broma, que no conozco una prelatura personal más buena que ésta.

Además, no creo que sea verdad todo lo que se dice en El Código da Vinci. Por lo menos, no creo que el albino sea un albino auténtico.

Post Data: Sí, lo reconozco, he puesto la foto más rara que he encontrado del Fundador del Opus Dei. ¿Qué hay dentro del bote? ¿¿Una rana??

jueves, agosto 18, 2016

Las prelaturas personales, más cuestiones, más reflexiones


Estos días, en los corrillos romanos, se ha comentado la posibilidad de que monseñor Fellay acepte que la FSSPX se integre en la Iglesia como una prelatura personal. En mi opinión, si esa fraternidad se incorpora a la Iglesia, la institución canónica que mejor se adapta a esa realidad es la del ordinariato personal.

Si la fraternidad se convirtiese en una prelatura, como algunos han dicho, eso afectaría negativamente a la imagen del Opus Dei. Pues inevitablemente lo que se estaría trasladando a la gente común es la idea de que las prelaturas son instituciones-refugio para realidades eclesiales problemáticas. No es así. Pero difícilmente se evitará esa sensación.

Pero mi opinión es que el Opus Dei puede respirar tranquilo, la fraternidad será un ordinariato personal, pues es el molde jurídico que mejor se adapta a lo que ya son ahora.

Ahora bien, prosiguiendo con el artículo de ayer, ¿por qué los neocatecumenales no son una prelatura?, ¿por qué no lo son los Heraldos del Evangelio? Podríamos citar más ejemplos. ¿Es el tamaño el criterio? Todos dirán que no. Pero no veo qué es lo que diferencia a los Heraldos o a los Legionarios de Cristo respecto al Opus Dei para no ser una prelatura: tienen laicos casados, laicos consagrados, clero y un superior para todo el mundo.

Quiero dejar claro, una vez más, que considero al Opus Dei una de las instituciones que más bien ha hecho y hace a la Iglesia. Pero su peculiaridad en el ordenamiento jurídico de la Iglesia parece fruto únicamente de una decisión personal, más que un acto que refleje el ser de las cosas.

¿Sería bueno que el Camino Neocatecumenal fuera una prelatura personal? Sí, sería bueno si queremos escoger el camino más corto (la recta) entre la situación actual y el perfecto desastre. Ciertamente sería el camino más rápido en dirección hacia un barranco. Si en la Iglesia los superiores de cada realidad asociativa dotada de clero gozasen de una autoridad episcopal y fuesen ordenados como obispos, el resultado final sería una sinfonía de instrumentos desafinados.

A los grandes amantes del Derecho, no se les ha pasado por alto a lo largo de la Historia, la magistral estructura jurídica de la Iglesia Católica. Cualquier desviación de los pilares maestros del edificio conllevaría una peligrosa inclinación del edificio.

Precisamente, lo peculiar del obispo es ser pastor de todos, no de un grupo inserto dentro del rebaño. Si desplazamos el peso de la masa en el edificio, después necesitaremos contrafuertes. El edificio se mantendrá en pie, pero ya no tendrá la primigenia estructura simple y sencilla. En este caso, los contrafuertes serían las intervenciones directas de la Curia Romana y la posterior aparición de legislación delimitadora. La multiplicación de prelaturas implica la colocación de grandes pesos entre los pilares maestros.


Hasta ahora todo ha funcionado bien, porque el Opus Dei es una institución ejemplar formada por miembros ejemplares. Si las carmelitas descalzas juegan al parchís, todo será una armonía celestial, aunque las reglas del juego sean poco claras. Pero, como legislador civil o canónico, yo preferiría legislar para truhanes y conspiradores. 

Reflexiones eclesiológicas acerca de la naturaleza prelaticia del Opus Dei


Debo a mis lectores un post sobre la cuestión del estatuto jurídico del Opus Dei y el Camino Neocatecumenal. Una serie de razones ajenas al post me ha retrasado de hacerlo. Pero hoy diré algunas cosas escritas a vuelapluma a causa del post mío escrito ayer.

Los sacerdotes del Opus Dei siempre han afirmado abiertamente que sería bueno que hubiera más prelaturas personales en la Iglesia para que quedara claro que el status jurídico del Opus Dei no era una excepción. Pero eso plantea problemas no pequeños.

Primer problema: La misma razón de ser de una prelatura personal no es un asunto eclesiológicamente pacífico. ¿Realmente conviene que exista una realidad canónica a medio camino entre la diócesis y la asociación? Qué duda cabe que el mero hecho de la existencia de una prelatura plantea una cierta rivalidad eclesiológica con la figura de la diócesis. Qué duda cabe que la figura del prelado cabeza de una prelatura oscurece algo el hecho totalmente único del obispo como cabeza de una iglesia particular.

¿Hubiera admitido un san Agustín como lo más natural del mundo a un prelado viviendo en su misma ciudad, con su grupo de fieles adscritos a esa realidad? En la época de san Agustín, no hubiera habido problema en admitir bajo el obispo la existencia de abades, priores, personas que dirigieran grupos de oración o de lectura de las Escrituras. Pero la existencia de un prelado con sus propios fieles que configuran, en la práctica, una diócesis paralela plantea problemas de arquitectura eclesiológica.

No es lo mismo una orden religiosa con una orden tercera de laicos casados, que una prelatura que se configura de forma perfecta como iglesia particular, aunque para evitar la paradoja se le cambie la palabra: diócesis por prelatura. He visto como algunos sacerdotes se aferraban a la palabra, pero es una mera prestidigitación de palabras. La res es la misma con diferencias verdaderamente superficiales.

Claro que no me echo las manos a la cabeza, como si esto fuera inadmisible. De ningún modo. Aquí se habla de la conveniencia, nada más. El que exista una asociación de fieles con clero propio, regida por un superior-presbítero, tampoco supone una fractura de la autoridad episcopal en la diócesis. Pero si el superior de una asociación de ese tipo es obispo, la figura, autoridad y peculiaridad del obispo del lugar queda, sin ninguna duda, oscurecida. La peculiaridad episcopal ya no brilla como un único pastor.

Segundo problema. El primer problema tiene que ver con la naturaleza misa de la existencia de las prelaturas. Pero el segundo problema tiene que ver con el número. Cuando una realidad es buena, no hay ningún problema en que su número se multiplique. No hay problema en que se multiplique el número de monasterios o el número de asociaciones de fieles.

Ahora bien, ¿nos podemos imaginar una ciudad de 50 000 habitantes en la que hubiera diez prelaturas cada una con su obispo-prelado? Evidentemente, no. Y esto nos da una luz poderosa respecto al primer problema. Cuando una realidad está perfectamente encajada eclesiológicamente, no hay problema en su multiplicación. Cuando la multiplicación de una realidad es el problema, es que debajo hay una cuestión eclesiológica no resuelta.

¿Podemos imaginarnos a la Iglesia universal con cien o doscientas prelaturas personales con sus obispos? Por supuesto que sí, pero multiplicando por cien o doscientas veces las tensiones eclesiales internas relativas a la autoridad.

¿Con estas líneas estoy abogando por el cambio canónico del status del Opus Dei? Bueno, solo reflexiono en voz alta acerca de esta cuestión. Yo acepto sin ningún problema la situación actual, pero me pregunto si es la más adecuada. Siempre me ha llamado la atención el porqué de una insistencia tan vehemente de la Obra en lograr el status actual. Es algo que siempre me produjo perplejidad. ¿Por qué el Opus Dei buscaba una situación canónica totalmente sui generis? Alegando a continuación que sería deseable que hubiera más prelaturas, cuando esto planteaba tantos problemas que desde la aprobación del Código no se le ha concedido a nadie más.

La situación seguiría siendo algo extraña, aunque existieran media docena de prelaturas. Y lo sería por la misma naturaleza de la institución canónica de la que hablamos. ¿El obispo de un lugar es cabeza solo en un cierto criterio y no según todos los criterios? ¿Los fieles tienen dos cabezas episcopales?

Hasta ahora todos los problemas se han solucionado, porque el gobierno del Opus Dei desde su curia ha sido exquisito en su actuación, su obrar se ha mostrado de una prudencia admirable. Pero esto no está asegurado in aeternum. Cuando se prueba la solidez de una arquitectura canónica es cuando esa estructura es sometida a tensiones. Imaginemos una prelatura personal que llegase a englobar el 25% de todos los fieles católicos del planeta. Imaginemos que en una diócesis misional los fieles de la prelatura del Opus Dei fueran el 90% de la población católica de ese territorio. ¿Hay alguna duda de que si ese prelado visitase esa diócesis sería recibido como un supraepiscopus?

No tengo una respuesta simple a la cuestión teórica que planteo, a pesar de que en este mi pequeño artículo parezca que estoy siendo muy contrario a las prelaturas personales. No estoy tan en contra como se podría suponer. Además, los mejores moldes canónicos pueden ser usados con imprudencia, y los peores moldes canónicos pueden ser usados con gran mesura. Lo que sí que veo claro es que este es un asunto que, a mi modo de ver, se debe resumir de esta manera: una prelatura es una realidad asociativa. Eso y solo eso. La episcopalidad de su cabeza es una situación que no veo tan clara.

Dicho lo cual, podré mañana escribir acerca de la cuestión sobre la posibilidad de que les sea concedida a los lefevbrianos una prelatura. Pero para lo que diré mañana, era necesario escribir lo de hoy.

lunes, enero 04, 2016

El altar como fuente de luz


Los que seguís este blog desde hace veinte o treinta años sabéis lo importante que es para mí el altar. En verdad que me siento un servidor del altar. Pues bien, por fin, he puesto en el convento del que soy capellán un crucifijo que llevaba largo tiempo diseñándolo.

Una cruz gótica, repleta de perlas, gemas y oro. Con una impresionante imagen de marfil. Bien es cierto que nada de todo esto es auténtico, con lo cual el precio es económico. 

Si os fijáis en las fotos que pongo más abajo, esta cruz está diseñada para que los fieles también puedan ver al crucificado mientras hacen su oración en la iglesia y durante la misa.

Durante la misa, me gusta levantar la mirada y encontrarme con la figura de Jesucristo a la altura de los ojos. Las velas que veis no están colocadas por razón de ninguna festividad especial. Todos los días celebro con esas velas. Me gusta que desde todos los lugares del templo se vea el altar como una fons lucis, fuente de luz. Ahora que en las iglesias han retirado las velas naturales, compenso esta carencia colocándolas en el lugar de más honor y en abundancia, pero con armonía; no una mera acumulación. Los cirios sobre candelabros siguen siendo seis como manda el misal. Las otras velas menores están como ornamento, para inundar de luz el ara.

Y digo inundar de luz, porque me gusta que en el presbiterio reine una cierta penumbra para que las velas resalten. Además, desde hace una semana, desde el momento de la epíclesis, una campana resuena desde dentro de la clausura y las luces se apagan, dejando el altar sólo con la luz de las velas para el gran misterio de la consagración.

Las dos fórmulas de la transubstanciación las digo a la luz de las velas. Al alzar la forma consagrada, tres o cuatro monjas tocan a la vez sus campanas. Y desde ese momento en que se alza a Cristo, en que aparece Cristo a los ojos, las luces del presbiterio se van encendiendo de forma gradual, es como un amanecer. Eso se debe al tipo de bombillas que usamos. El efecto es impresionante.


El último cambio que he hecho en este tiempo de Navidad ha sido que en el reclinatorio donde comulgan los fieles, dos señoras se colocan en cada extremo sosteniendo un lienzo blanco por las cuatro puntas. El mensaje es claro: ninguna partícula debe perderse. Mientras tanto, dos hombres sosteniendo cirios plateados me flanquean. 

Jesús se merece todo esto y mucho más. Nada de insulsas sencilleces que sólo demuestran falta de amor. Todo altar debería ser precioso. En todos los estilos y en todas las estéticas, pero deberían ser verdaderamente hermosos.