sábado, noviembre 17, 2018

La autobiografía de monseñor Tarancón: el arte de escribir unas memorias aún menos interesantes que la Iliada


Estoy ya en las últimas cien páginas del libro sobre de Luís Suárez del que tanto he hablado. Yo había leído la autobiografía del cardenal Tarancón, Las confesiones. Para alguien, como yo, al que le gusta el género de las memorias, estas resultaban poco interesantes.

He leído las memorias de algún periodista que fueron apasionantes, y eso que se limitaba a contar su labor. Y, sin embargo, las memorias de un cardenal que capitaneó la Iglesia de toda una nación en un momento apasionante, increíblemente, resultan bastante aburridas. Lo cual es algo bastante difícil de conseguir. Pero él lo logró.

Ya en aquella lectura resultaban evidentes los silencios del purpurado. Si algo se nota a mi edad, es cuando unas memorias son sinceras. Estas no lo eran. Cuenta lo que quiere, como quiere, hasta donde quiere.

Pero lo que refleja de forma incontestable la documentación de Suárez es cuántas cosas había que contar, al menos al final de su vida. Pero no lo hizo. Sin entrar en otros asuntos de los que ya he hablado en pasados posts, su actitud respecto a la Asamblea Conjunta fue… ¿insalvable?

Al final, tuvo que intervenir la Congregación para la Doctrina de la Fe con la aprobación de Pablo VI. Y el cardenal Tarancón viajó a Roma pensando que había perdido totalmente el favor del papa. La Congregación había sido tan dura, tan tajante, tan condenatoria de las conclusiones de esa asamblea que había tenido el apoyo del cardenal, que pensó que Pablo VI había dejado de apoyarle.

Cuál fue su sorpresa al comprobar que seguía teniendo el mismo apoyo del papa Montini. Y entonces pasó Tarancón al ataque, ajustando cuentas con los que creía que habían sido sus acusadores en Roma. La historia entera es formidable, una verdadera novela. Solo que no era ficción, la fe de toda una nación estaba en juego.

Como Suárez reconocerá con amargura, al menos, quedó la levadura de magníficos sacerdotes para cuando pasaran aquellos años. Y tampoco ha sido suficientemente reconocida la labor del Opus Dei en el mantenimiento de la fe en España. (Lo cuál no es óbice para que en otros posts cuente las barrabasadas que tal o cual miembro de la prelatura me ha hecho, o incluso muchos miembros.) Pero justo es decir que el Opus Dei tuvo una labor esencial en el mantenimiento de la fe. Porque durante veinte años la cantidad de curas socialistas que salieron de los seminarios fue lamentable. Y no es una apreciación subjetiva, ya dije que en Aragón el 66% de los candidatos de los partidos habían salido de los seminarios o eran curas. Partidos de izquierdas, claro, aunque el estudio sociológico no especificara esos datos en los resultados que tengo. Pero la cifra concreta fue esa. Lamentablemente, no me consta que se hiciera ese estudio en más regiones.

Hoy día podemos decir: “Hasta aquí llegaron las aguas”, señalando con la mano la marca. Y es cierto que desde los años 80, las aguas comenzaron a retroceder. Hoy día, donde reinaban las asambleas, la organización de huelgas y los pasquines políticos, se reza el rosario, el viacrucis y se adora al Santísimo Sacramento.

Conocer este pasado, nos ayuda a saber qué debemos hacer en el presente. Pase lo que pase, haya clérigos mundanos o no, curas que no defienden el magisterio de la Iglesia, ya hemos pasado por todo eso. Y nuestro camino debe ser, como entonces hicieron los buenos hijos de la Iglesia: amor a Pablo VI, oración y estar unidos al magisterio. Nunca echarse al campo, nunca desobedecer a la autoridad eclesiástica, no criticar.

Lo que he dicho del pasado es ya Historia, pero una lección para ahora. Ayer me llamó tarde una amistad muy preocupada: “¿Pero hay un cisma encubierto?”.

La respuesta la encontramos en lo que hicieron los santos en mitad de la tormenta: ni Marcel Lefebvre ni Hans Küng. Y nunca más meternos en cuestiones seculares, eso es lo que les digo a los menos de 300 clérigos catalanes, de cuya labor como sacerdotes no dudo. Alguno lo conozco y es muy bueno como sacerdote. Pero en esa mies no debemos meter nuestra hoz.


Más sobre la carta de los menos de 300


 
La carta de ayer sigue dando lugar a precisiones por parte de los periodistas. Y es que, contados todos los diáconos, hasta el último, no se llega a 300 firmantes.

Por otra parte, ¿que son 300 firmantes entre 2.190 sacerdotes y religiosos? Hoy se sabe que la carta no la ha firmado ni el 8% del clero de Barcelona. Y donde más firmantes tuvo, Solsona, solo la suscribieron 18 de sus 73 sacerdotes.

Estas precisiones son importantes, porque muchos tienen una idea muy negativa del clero vasco y catalán. Pero, afortunadamente, la gran mayoría del clero de Euskadi y Cataluña están a favor de no meterse a opinar en cuestiones seculares. Y de eso doy fe: la mayor parte del clero en esas dos regiones está en su sitio, sin meterse en campos que son de los laicos.

Ahora bien, como ya dije, la cuestión teórica sí que es una cuestión moral que es insoslayable para los grandes sabios encargados de la moral. Es decir, no se trata de que cada hijo de vecino resuelva la cuestión teórica. Sino de que los más eminentes y santos la resuelvan y nos enseñen. Pensar que la licitud de las grandes cuestiones está sujeta a lo que cada uno piense es relativismo. Yo quiero saber la verdad.

Y la cuestión acerca de si es lícita o no la secesión desde un punto de vista meramente teórico tiene consecuencias gravísimas que fácilmente derivan en el derramamiento de sangre. Que una frontera pase por aquí o por allá se debe a razones históricas muy a menudo derivadas del puro azar. Portugal pudo haberse integrado en la corona española. Holanda pudo haber pertenecido con toda facilidad a Alemania. Los cantones suizos de habla italiana podrían haberse independizado. Borgoña podría haberse separado de la corona francesa en la Edad Media.

Las fronteras dependen de cosas como una cordillera montañosa, un río, la herencia de un príncipe y cosas por el estilo. Ahora bien, una vez que existe un Estado es un asunto de máxima importancia --aquí la palabra “máxima” adquiere su pleno significado-- saber quién es la autoridad suprema en el ejercicio del Poder.

Eso es algo que jamás, nunca, puede quedar en el aire. Estados Unidos con su lista de sucesión presidencial es una muestra de lo muy en serio que se toma esto. Texas fue un territorio que se anexionó voluntaria o involuntariamente (no me queda claro) a los Estados Unidos. Pero lo que sí que está claro es que, a estas alturas, aunque muchos en Texas repiten que si quisieran (y ganaran un referéndum) podrían volver a salir, eso no es verdad. Todos los juristas (incluso los de Texas) han dejado bien claro que no: que, aunque todos y cada uno de los texanos se pusieran de acuerdo, las autoridades federales actuarían con toda la contundencia necesaria para evitar una agresión contra su soberanía nacional.

Los independentistas me dirán: “Muy bien, usted defiende un bando; nosotros, otro. Usted nos acusa de meternos en cuestiones seculares, opinables, pero usted lo hace”.

Lo que sucede es que me he dado cuenta de que estos asuntos nunca son pacíficos, sino que inducen a los pueblos a la crispación más grande interna que puede sufrir un país. Pensar que esto se puede arreglar con algo de diálogo es un error. Se puede arreglar con diálogo una justa autodeterminación y siempre que haya amplia mayoría, pero nunca una secesión con la población dividida en partes casi iguales dentro de la zona de secesión.

Insisto, el mito de la sustracción pacífica, civilizada, de la soberanía nacional ha caído en mi forma de pensar. Ojo, no digo que no se pueda lograr. Pero se logra llegar a la meta pasando a través de un enfrentamiento, de una crispación y de unos peligros que no compensan el fin que se quiere obtener. Puede salir bien en cinco países, pero el sexto nos hará lamentar el haber comenzado este tipo de procesos.

No, la secesión no es una opción indiferente en la que la moral no tiene nada que decir.  ¿Es moralmente indiferente escalar sin cuerda, solo con las manos, una pared vertical como lo hacen los que practican el estilo “free solo”? Pues no. No me importa que haya escalado veinte paredes verticales y siga vivo, es una modalidad inmoral. La vida humana vale más que esas pruebas deportistas.

La vida humana vale más que el que una frontera pase por aquí o por allí. Y si no nos ponemos de acuerdo, entonces sigue vigente el ordenamiento constitucional. No aceptar esto es abrir la puerta a posibles tormentas de fuego y acero.

viernes, noviembre 16, 2018

La carta de algunos sacerdotes y diáconos catalanes



Me gustaría hacer algunos comentarios a varios párrafos de la llamada “Carta abierta de sacerdotes y diáconos catalanes a sus hermanos en el ministerio y a los obispos de España” que han firmado trescientos sacerdotes y diáconos catalanes. En azul pongo el texto de la carta, y en negro mi comentario. Y, de verdad, que intentaré ser lo más mesurado y ecuánime posible en mis glosas.

CARTA: Queridos hermanos en Cristo, os deseamos la paz y la gracia del Señor.

Un grupo numeroso de sacerdotes y diáconos catalanes nos dirigimos a todos vosotros con motivo del procés que se está viviendo en Cataluña. A todos nos duele constatar que las relaciones mutuas que se están dando entre cristianos y entre comunidades «de aquí y de allí», y los sentimientos recíprocos que expresamos, no son en muchos momentos lo que deberían ser sentimientos propios de hermanos en la fe.

La expresión de comunidades “de aquí y de allí” puede resultar engañosa. En las últimas elecciones, el independentismo logró el 47,5% de los votos. Los que querían permanecer en España lograron el 43,5%.

CARTA: Nos hemos preguntado muchas veces cuál debe ser nuestra posición. Y os pedimos a vosotros, hermanos sacerdotes, diáconos y obispos, que nos acompañéis en esta búsqueda.

La posición del clero debe ser la de no inmiscuirse en cuestiones opinables, en temas políticos.

Muy diferente es responder a la cuestión moral, a la cuestión teórica acerca de si la unidad de una nación es un bien moral. Esa sí que es una cuestión moral.

También hay que distinguir que no es lo mismo que a una nación invadida se le dé la posibilidad de la autodeterminación, que el supuesto derecho a que una región que conforma una unidad sin violencia pueda iniciar un proceso de secesión.

Estemos o no de acuerdo con el procés, es un hecho diferente el derecho de autodeterminación frente al supuesto derecho a la secesión. Jurídicamente siempre ha recibido un tratamiento distinto en los tratados de Derecho.

CARTA: Puede parecer fuera de lugar aludir a nuestra historia en la guerra civil de 1936, pero creemos que no. En aquel momento, la mayor parte de la Iglesia española se inclinó por una opción determinada, condicionada en buena medida por la persecución religiosa.

Me podría remitir con abundancia de datos a la enciclopédica monografía de Luís Suárez, Franco y la Iglesia. Honestamente, sin ánimo partidista, después de haber revisado los datos ofrecidos por varias obras, considero que la mayor parte de la iglesia catalana y vasca apoyaron al régimen victorioso en 1939.

CARTA: Pasada la terrible guerra y los años de posguerra, la Iglesia ha tenido que reconocer que aquella decisión fue un error histórico.

No es ajustado a la verdad afirmar que la Iglesia ha reconocido eso. Esa frase es muy llamativa.

No solo eso, sino que he podido ponderar cómo el clero de España ha cambiado de opinión frente a lo que pensaba en los años 70, durante los años de “pensamiento progresista”, frente a lo que piensa ahora. El revisionismo ha sido claro. La Ley de Memoria Histórica ha provocado una amplia reacción en el clero.

CARTA: Parece claro que una de las primeras actitudes necesarias es la convicción de que el único camino positivo es el diálogo.

Estoy totalmente de acuerdo. La mitad de los catalanes es independentista; la otra mitad, no. Es necesario dialogar. Pero mientras no nos pongamos de acuerdo, siguen vigentes las leyes. No hay una situación de indeterminación si se rompe el diálogo.

CARTA: Así lo han expresado diversas personalidades tanto del ámbito civil y político como del eclesiástico. Recordemos la toma de posición del presidente de la CEE, D. Ricardo Blázquez: «En estos momentos graves la verdadera solución del conflicto pasa por el recurso al diálogo desde la verdad y a la búsqueda del bien común de todos, como señala la doctrina social de la Iglesia» (declaraciones del 23-11-2017).

Sería justo citar las varias declaraciones oficiales de la Conferencia Episcopal acerca de la unidad de España como un bien moral y la última sobre el procés, porque monseñor Blázquez siempre ha estado de acuerdo con esos documentos. Citar solo una declaración fragmentaria no refleja su pensamiento.

CARTA: No es aceptable pretender resolver un problema social tan complejo a base de la fuerza policial o del derecho penal.

En una carta que pretende ser un llamamiento al diálogo, ¿no es esto una toma de posición? En una carta en la que los pastores deben mantenerse neutrales, ¿no es esto una imposición de la propia postura?

¿No es aceptable el imperio de la Ley? ¿Entonces qué es lo aceptable?

CARTA: El diálogo supone y exige actitudes serenas, no agresivas, dispuestas a escuchar a la otra parte y a valorar sus posiciones.

Cierto, pero si no se llega a un acuerdo, sigue vigente la Ley.

CARTA: Está a punto de iniciarse un juicio penal contra muchos líderes políticos y sociales catalanes. Esta situación tiene una gravedad especial.

Si esta última frase no estuviera inscrita en la carta, se podría entender de forma ambivalente: lo que han cometido los imputados tiene una gravedad especial.

Incluso en Canadá (donde se reconoce la posibilidad de la fragmentación del país) si uno se salta la ley nacional, la ley se aplica de forma automática.

CARTA: Hay personas procesadas y encarceladas por perseguir lo que muchos de nosotros consideramos justo y adecuado a derecho, y que otras personas juzgan y condenan.

Lo que es adecuado a Derecho no está sujeto a la opinión de un grupo de ciudadanos.

CARTA: Al final, incluso después de diálogo y reflexión conjunta fraterna, se deberán tomar decisiones.

La sentencia por contravenir el orden jurídico no está sujeta a la decisión de un grupo de ciudadanos privados. Eso es así y debe ser así. El día en que las sentencias estén sometidas a la reflexión conjunta fraterna dejaremos de estar en un Estado de Derecho.

CARTA: Nuestro espíritu cristiano, formulado en los principios de la doctrina social de la Iglesia, nos inclina a buscar y aceptar las soluciones justas, que respeten los derechos de Cataluña como se deben respetar los de todos los pueblos, tal y como son descritos, en su contenido y límites, por dicha doctrina social.

Los derechos los tienen las personas físicas y jurídicas que radican en Cataluña, y están marcados, delimitamos y protegidos por la Ley. Los ciudadanos de esa región gozan de los mismos derechos, exactamente los mismos, que el resto de personas sujetas al ordenamiento jurídico vigente en esta nación.

CARTA: Atendamos, pues, más a lo que nos une que a lo que nos separa, no anteponiendo nunca ideologías ni leyes humanas al respeto recíproco y a la verdadera justicia.
La cárcel a los imputados se impuso cuando se pasó del “diálogo” a la imposición de una situación ilegal que afectaba gravemente al orden jurídico del Estado.

Desde la moral católica, no se puede decir que la autoridad del Estado haya realizado ningún acto ilícito al mantener el orden constitucional.

jueves, noviembre 15, 2018

Preparando a la opinión pública para dar pasos más decisivos contra la Iglesia



Esta vez no me he resistido a hacer comentarios a algunas frases de los comentaristas de este blog respecto a mi último post. Lo hago porque, desgraciadamente, son expresión de lo que piensa buena parte de la población y de los mismos católicos. En granate, los comentaristas; en negro, mis comentarios.

Comentarista: Cuando hay víctimas de por medio no es un asunto exclusivo del Vaticano sino de toda la sociedad.
Bueno, a lo mejor eso es lo que hace la Justicia Penal.

Comentarista: El que haga bien no tiene por qué preocuparse.
No, efectivamente, no nos debe preocupar nada el que nos juzgue alguien que nada tenga que ver con la Justicia Penal con todas sus garantías.

Comentarista: Nada será suficiente. Ninguna medida sobra.
Yo pensaba que cuando la Justicia es justa, es suficiente y nada falta. Por eso creía que se le llamaba “justicia”. Pero tal vez lo mejor es ir más allá de la justicia e ir inventando medidas cada vez más desesperadas.
Lo mejor es que para toda la sociedad se aplique la Justicia. Pero para los eclesiásticos, no. Para ellos las medidas de estado de excepción. Medidas cortadas como un traje de sastre para ellos.

El que nada debe nada teme. Si se es inocente, ¿cuál es el miedo?
Cualquiera que haya pasado por un juicio te ratificará justamente eso: que nada hay que temer si nada malo se ha hecho. Todos te ratificarán que si uno es inocente, el juicio no te cuesta dinero ni tiempo y que todos comprenden que eres inocente al ser declarado inocente. Si uno es inocente, un juicio es como un paseo por el campo, un campo repleto de rosas y jazmines con pájaros que trinan.

……………………….

Ya repartida la ración de ironía, me gustaría añadía algo más. Si una comisión de laicos totalmente independiente encuentra algo con indicio delictivo, tiene la obligación de ponerlo en conocimiento de la Justicia del país. No es algo potestativo, hay una obligación legal con consecuencias si no se hace.

¿Entonces qué sentido tiene crear con dinero de la Iglesia una comisión para que revuelva todo el asunto (donde ya se ha revisado hasta debajo de las alfombras) y hagan de fiscales informales sin las garantías de los fiscales auténticos? Ya existen fiscales en Estados Unidos. ¿A quién se le ocurre que el ahorcado tenga que pagar su propia soga? ¿A quién se le ocurre echar gasolina a una hoguera que está amenazando con quemarlo todo a pesar de que ya casi no habido casos desde 2005 en Estados Unidos? Esto ya no tiene que ver con la defensa de las víctimas. Tiene que ver con otros intereses.

Si hay un delito, persígase. Pero el problema de los últimos meses ha sido, precisamente, la creación de campañas de opinión por parte de los mismos representantes de la Justicia. ¿Ahora la solución es pagar a un camión cisterna para que eche doscientos libros de gasolina pagados con las limosnas de los mismos católicos?

Si la comisión sirviera para prevenir algo, bienvenida sea. Pero crear más miedo en un sector en el que ya no cabe más miedo, en el que se ha llegado a la saturación máxima, pues no lo entiendo. Si las medidas concretas, hace ya veinte años, son de órdago. 

Lo que sucede es que cuando un hombre se está ahogando, al final, cuando ya está agotado de luchar, comienza a hacer movimientos sin sentido en el agua que ya no sirven para nada. Lo digo por experiencia. Cuando un hombre agotado ya no tiene fuerzas para flotar, comienza a hacer movimientos que son más bien golpes al agua, pero ya no son movimientos eficientes.

Una cosa es el mal que hubo, los abusos, y otra el mal que hay ahora, la destrucción de la confianza en los pastores, el afán de buscar más y más medidas para acabar con unos abusos que en Estados Unidos ya no existen.

miércoles, noviembre 14, 2018

Éramos pocos y la abuela... ya se sabe












La Conferencia Episcopal de Estados Unidos iba a votar en los próximos días si se creaba una comisión para investigar las malas actuaciones de ciertos obispos en relación a los casos de abusos. Si se creaba, se iba a requerir a los obispos que se comprometieran a firmar unos estándares de comportamiento. Se ha dicho en la prensa que esa comisión iba a ser un ente independiente, completamente independiente.

El Vaticano se ha asustado con razón y ha pedido a los obispos de ese país que se posponga la votación. ¿Por qué? El juicio acerca de los obispos está en manos de la Santa Sede. Si ahora se crea un tribunal paralelo de laicos que juzgue a los obispos, es fácil entender que se va a producir un cambio en la tradición de la Iglesia. A partir de ahora, serían comisiones de laicos las que juzgarían a los pastores.

Se pueden añadir cláusulas acerca de que eso tendría que someterse al parecer del Vaticano, etc, etc. Pero, en la práctica, todos los obispos tendrían que someterse a esa comisión. Resulta impensable que un obispo se negara a colaborar con la comisión. Y a nadie se le escapa el escándalo que se produciría si una comisión declara culpable a un obispo y el Vaticano le declara inocente. Una nueva fuente de conflictos estaría servida. Por si fueran pocos los escándalos, uno más.

No sé en qué acabará este asunto. Pero yo me inclino a mantener la tradición de que los obispos sean juzgados por la Santa Sede. Si rompemos con la tradición de que los fieles no pueden juzgar canónicamente a sus padres espirituales, vamos a entrar en una dinámica cuya peligrosidad no se le escapa a nadie. Por supuesto que se puede decir que la comisión no juzgará a nadie, que solo investigará. Pero sus conclusiones serán, en la práctica, tan determinantes como un juicio.

Por supuesto que yo no me opongo de forma absoluta a la creación de una comisión de este tipo con los matices y reservas que la Santa Sede y la Conferencia Episcopal determinen. Pero hago notar que la solución no viene de la multiplicación de entes. Y menos todavía cuando ya existe una entidad encargada de investigar, recomendar y hasta juzgar a los obispos: la Santa Sede. Crear esa comisión independiente del Vaticano y de la Conferencia Episcopal sería una redundancia. 

¿Las cosas van a funcionar mejor por multiplicar los entes con las mismas funciones? No me opongo en absoluto, pero canónicamente no veo la conveniencia y sí los problemas que pueden derivar de la no sintonía entre los cuatro elementos afectados: el obispo concreto investigado, la Conferencia (que puede apoyarle), la comisión (que puede estar en contra) y la Santa Sede.

Por otra parte, los obispos de Estados Unidos ya hacen TODO lo que pueden para luchar contra los abusos sexuales. Los informes son claros. ¿Por qué ceder a la propaganda mediática y crear algo que todavía va a poder echar más madera a los hornos de la televisión?

Lo repito, no me opongo de forma absoluta a la creación de una comisión cuyo cometido canónico esté muy matizado. Pero la creación de esa comisión no es un acto que eclesiológicamente no tenga repercusiones. 

Por eso me parece muy bien que el Vaticano haya pedido que el tema no se vote ahora y que se le dé tiempo para estudiar la cuestión. Aunque ya se sabe que yo siempre estoy a favor del Vaticano.

martes, noviembre 13, 2018

Nunca más la guerra por ninguna razón



Macrón dijo ayer:
El patriotismo es exactamente lo contrario del nacionalismo. El nacionalismo es su traición.

Su discurso incidió más en este tema, pero se resume en estas dos frases. Si preguntamos a eclesiásticos y políticos acerca de estas afirmaciones de Macrón, escucharemos las previsibles frases en las que se nos dirá que sí y que no y todo lo contrario tratando de apaciguar ánimos. Sí, nos dejarán claro que lo importante es no ser extremista. Pero, al final, queda en pie la cuestión: ¿Esas dos frases son verdad o no? Sí o no.

Antes de dar mi respuesta, quiero referirme (después se verá por qué) a la condena que hace poco se hizo de la pena de muerte en el Catecismo de la Iglesia Católica. ¿Pero la pena de muerte es justa, es proporcionada, en ciertos casos? Sin duda. Sin ninguna duda, justa es. Lo que sucede es que debemos aspirar a ser mejores que los asesinos. Si estoy en contra de la pena de muerte no es porque sea injusta ni desproporcionada, sino por mis sentimientos de humanidad, por mi fe en Dios, Señor de la vida.

Pido a Dios que nunca jamás volvamos a matar por unir a la fuerza dos naciones. Nunca. Por muy buenas razones que esgriman los que digan que es necesario. En esto estamos todos de acuerdo.

Pero también, por la aversión que debemos sentir a provocar la muerte y el sufrimiento en nuestros semejantes, le pido a Dios que nunca se mate a nadie por mantener unida una nación. Yo no quiero que ninguna nación se divida. Ahora bien, ¿vale la pena el derramamiento de sangre por el hecho de que una frontera pase por aquí o por allí? Por supuesto que estamos hablando de casos en los que una clara mayoría ya no quiere seguir en un país. Este no sería el caso de que una minoría radical quiera arrancar por la fuerza un trozo de soberanía. Transigir con eso implicaría después tener que pagar un precio mayor, ya que la mayoría de la población quedaría secuestrada en lo que habría sido un acto de fuerza de una minoría. Mantener esa situación no se lograría sin la represión de la mayoría.

Pero lo normal es que la voluntad de secesión presione cuando la mayoría de la población está a favor de la independencia. ¿Es lícito, moralmente hablando, el uso de la fuerza en ese caso para mantener la unidad?

Por supuesto que muchos me dirán que por la unidad de un país vale la pena sacrificar la vida. En estricta justicia, sí. Se puede matar y morir por la unidad de una nación que ilegítimamente va a ser desgarrada. Ahora bien, si una clara mayoría de la población quiere separarse, entonces ¿el precio de miles de muertos vale la pena?

La invasión de Crimea fue un acto de fuerza. Pero yo de ningún modo aconsejaría el uso de la fuerza para retomar esa parte del país. Aconsejaría con todas mis fuerzas la paz. Creo Crimea es un buen ejemplo de lo que quiero decir.

Ahora volvamos a las frases de Macrón. ¿Son verdaderas? Sí. No dudemos de que si Barcelona quisiera independizarse de una Cataluña ya soberana, se apelaría al patriotismo del nuevo Estado para evitarlo. Esa secesión sería vista como una traición, podemos estar seguros de ello.

Imaginemos que el 51% vota a favor de la independencia de Cataluña. Los independentistas ahora apelan a que no es ilegítimo luchar por lograr esa independencia en la situación actual en la que están inscritos en el Estado Español. Luego si lograran la independencia, tampoco sería ilegítimo que el 49% un mes después, o un año después, o dos años después, hicieran campaña para un nuevo referéndum, esta vez a favor de la vuelta a España.

Cuando la mayoría es tan mínima, la opinión puede cambiar en dos meses. ¿Sería ilegítimo pedir otro referéndum? ¿Sería lógico cambiar de soberanía cada cuatro o siete años? ¿Se puede cambiar de soberanía cada pocos años? Cuando las mayorías son mínimas, la opinión pública puede cambiar de opinión en poco tiempo.

Pensar que un referéndum de marcha atrás no sería visto como una traición por los independentistas no es realista. Siempre unos van a ser unos traidores para los otros y viceversa. A nadie se le escapa la peligrosidad de esta situación. No es que sea fácil pasar de las palabras a la violencia, es que siempre hay minorías dispuestas a ello. Las hay a ambos lados de la Ley.

Las palabras de Macrón son duras, pero son verdaderas. Pero mientras nos ponemos de acuerdo, al menos, no recurramos nunca, ¡jamás!, a la violencia. Pero entonces viene un problema: ¿es violencia la represión policial? Unos entenderán que la prohibición de la violencia vale para el nacionalismo, pero también para el Estado.

En esa situación, llegaríamos a una situación en la que hay que dilucidar qué es violencia legítima y qué no lo es. No es algo que pueda quedar indeterminado. Por supuesto que nacionalistas y Estado jamás se pondrán de acuerdo. Y es un asunto del que depende todo el orden público. Llegadas las cosas a este punto, no hay otro remedio que dejar claro que el uso de la fuerza para el mantenimiento de la Ley no es violencia. Teniendo que llegar la represión al nivel adecuado a la fuerza de los transgresores de la Ley.

Puede parecer que me pongo de parte de un lado de la contienda. Pero es que, finalmente, todos tendríamos que ponernos de un lado o de otro en medio del desorden. No hay un terreno neutral en medio. No lo hay. No hay una isla beatífica en medio del orden y el desorden.

Algunos me dirán que un sacerdote no debe hablar de este tema. Pero este asunto es un asunto moral. Se puede plantear como una cuestión moral en una clase de una facultad de Teología. ¿Por el hecho de que haya dos bandos políticos (unionistas y secesionistas), vamos a callar que este es un asunto que en su misma esencia es moral?

No existe un derecho a la secesión. No existe tal derecho. No negaré la independencia a una región si tres cuartas partes de la población no quieren de ninguna manera seguir unidas a la nación. Pero no se lo negaré, para evitar males mayores; no porque sea un derecho.

En cualquier caso, que nunca un hijo de Dios mate a otro hijo de Dios por este asunto. Más vale una mala paz que una magnífica victoria. Y no soy de los que piensan que la paz haya de ser conseguida a cualquier precio. Pero si en una región el 75% de los habitantes quieren marcharse, que se marchen. Mucho mejor eso que un gran derramamiento de sangre. Esa es una de las lecciones que nos enseña el centenario del armisticio de la I Guerra Mundial. Pienso como pensaría un padre, no como pensaría un estadista, un Napoleón o un Julio César.

Pero si las cosas se ponen mal, si al final ocurre lo peor, si al final las pasiones se desatan en su peor manera, solo hay una postura lícita: la del orden, la de la Ley.

Los sacerdotes no podemos ser ambiguos acerca de esta cuestión moral. Porque la ambigüedad puede costar vidas.

lunes, noviembre 12, 2018

Los muertos de ambos bandos, de todos los bandos


Ayer se celebró la conmemoración del centenario del armisticio de la I Guerra Mundial. Me pareció muy correcta la ceremonia de Francia y me emocionó sinceramente ver tantos presidentes unidos por la causa de la paz. Qué lejos parece ahora el sinsentido de esa hecatombe.

Pero aprovecho la ocasión para decir que el monumento a los caídos que se levanta en el centro de Londres, el Cenotafio de Whitehall, me parece uno de los monumentos más bellos que he visto nunca. No es colosal, porque la grandeza no le añadiría nada; tiene unas dimensiones humanas. No está recargado, en su sobriedad es perfecto. Es de unas proporciones y líneas perfectas.

Su autor quería que las banderas estuvieran esculpidas en relieve en la superficie, no con banderas de tela. Le doy la razón. Esas banderas rompen el impacto visual de una obra perfecta. Son un añadido que no aporta nada.

La ceremonia londinense, más moderada. Me pareció más bonita. De nuevo se ve que el tamaño no aumenta la belleza ni de las obras de arte ni de las ceremonias, que son otra obra de arte.

En Londres estaba el clero en primera fila. Para los creyentes, esa presencia nos reconforta. Además, los capellanes ingleses, como siempre, iban espléndidos con sus indumentarias.

Macrón dijo unas palabras que sorprendieron a todos. Dijo que el nacionalismo es lo contrario al patriotismo, y que el nacionalismo es una traición. Sus palabras merecerán mañana, en este blog, un análisis más detenido.

domingo, noviembre 11, 2018

El Señor me ha salvado de la trampa del cazador


 

















Echando la vista atrás, me doy cuenta de que Dios me ha protegido de infinidad de peligros. Peligros que vienen de uno mismo, de otros y, finalmente, del mismo demonio directamente.

Dios protege a todos sus hijos. Pero, sin ninguna duda, tengo la certeza de la protección de la que he sido objeto. La soberbia, mis imprudencias, mi propio pecado hubieran bastado para corromperme, endurecerme frente a la obediencia, para cambiar mi carácter a peor, como primer paso a cambios más profundos. Dios me ha defendido de mí mismo.

Después está el demonio. ¿Qué cosas hubiera podido hacerme sin intermediarios de haberme faltado esa protección invisible? Solo Dios lo sabe. De esto poco puedo decir. Solo en el cielo lo sabremos.

Por último, queda la acción de los humanos. Hoy celebraré una misa en acción de gracias en un convento, con dos personas presentes, una misa lenta, meditando cada rito, cada plegaria, para agradecer que Dios me libra, que Dios me protege frente a las acciones de los malvados. Dios libra y (a veces) avisa. Dios protege mi vida. Sí, Dios avisa.

La espada de los malvados quería clavarse en mí, pero hoy seguiré viviendo, porque así me lo ha concedido Dios, a pesar de no merecerlo yo para nada. Dios es Todopoderoso y lo que quiere lo hace. Por eso hay que ir al que está sentado entre querubines. Porque si el Todopoderoso está contento, es in-di-fe-ren-te lo que hagan los inicuos. 

Ellos urden planes. Ellos preparan la espada. Pero basta un “no” del que está en el Trono, para que todo quede en nada. Qué poca fe tenemos los humanos: Dios, Dios y solo Dios.

sábado, noviembre 10, 2018

Castañas, aguacates, pomelos


Ayer tuve una muy provechosa conversación con un profesor de filosofía acerca de si en el sepulcro de Cristo estaba solo el cuerpo, o el cuerpo unido a la Divinidad. Esta segunda postura es mi opinión. Pero me gustaría contrastarla un poco más. 

Hoy he leído ciertas noticias acerca de cierta diócesis en Estados Unidos. Yo conocí a ese obispo hace años. Me dio pena ver cómo las cosas se han torcido y vuelto a torcer de un modo increíble. Aunque eran asuntos de administración y gobierno, no de los asuntos usuales. En cualquier caso, solo Dios conoce la verdad.

Al salir de la capellanía del hospital, he comprado unas ciruelas y unos aguacates. Esto tiene poco que ver con los temas anteriores. Los entusiastas de los universos paralelos podrían argumentar cómo esa visita a la frutería puede cambiar la Historia Universal.

No solo eso, esos entusiastas podrían crear una serie de acontecimientos por la que escoger ciruelas iba a provocar siglos de sufrimientos terribles durante siglos con gulags más allá de lo que hemos visto.  Mientras que escoger aguacates podía instaurar una edad de oro para las próximas dos generaciones.

Pero más allá de estos universos paralelos posibles, lo que está claro es lo que voy leyendo sobre Pablo VI en este mundo real en el libro de Luís Suárez. Yo creo que ningún papa lo ha pasado tan mal en el papado. Debió abrazarse a la muerte con todas sus fuerzas, como el que se abraza a su liberación. Todo lo contrario de Juan XXIII, solo Pío IX debió disfrutar tanto del puesto.

Pero es que es difícil que Pablo VI fuera feliz bajo la mitra con la que le coronaron. Era una mitra tan hobbrrible que no era posible estar como unas castañuelas bajo ese artefacto. Basta ver esa mitra para darse cuenta de que el papa estaba mal informado. 

jueves, noviembre 08, 2018

Que carita



Pocas cosas son tan bonitas como un bebé sonriendo. A todos nos salen del corazón los mejores sentimientos. Los gatos y los perros me encantan, pero nada es comparable a la felicidad de un niño. Nunca he entendido por qué los partidos de izquierda se han ligado a la defensa del aborto. No hay ninguna conexión entre la defensa de los más pobres y tomar partido por la debatida cuestión de si niño en el vientre de su madre es un ser humano. 93.000 fueron abortados durante 2016 en España. Por lo menos, tendrían que reconocer que es un asunto debatido. Al menos, eso.

En realidad, fueron 93.131 los niños abortados. Y os aseguro que para esos 131 seres humanos todo cambió. Para alguien que no conocemos tuvo mucha importancia que fueran 131 y no 132.

Recuerdo a un político de Izquierda Unida, que en televisión protestaba acerca de eso, que él nunca había entendido por qué ser de izquierdas implicaba estar a favor del aborto.

Pero no discutas de esto con una feminista, te dirán que eres un fascista. Si estás en contra de alguna cosa que digan las feministas radicales, eres un fascista. No sé, yo no acuso de fascista a todo el que no está de acuerdo conmigo.

Lo peor es tener en casa a la mesa, durante la cena, a la derecha a un vegetariano radical (que te dará la monserga en cada plato) y a una feminista radical a la izquierda (que te reñirá todo el rato por cualquier comentario). Acabarás diciendo: "Dejadme comer la verdura y el verduro en paz".

Más sermones


Aquí os pongo más sermones sobre la Virgen maría de los que ya os había puesto la primera vez:

Y aquí os pongo más sermones de todos los temas:
Sermón 1613
Los comienzos del monasticismo

Sermón 1614
La regla de san Pacomio

Sermón 1615
La Sabiduría ha construido su casa

Sermón 1616
El yo confieso de la misa

Sermón 1617
¿La mujer debe estar sometida al hombre en el matrimonio?

Sermón 1618
Los escándalos sobre la pedofilia, I parte

Sermón 1619
Los escándalos sobre la pedofilia, II parte

Sermón 1620
El martirio de san Juan Bautista, año 2018

Sermón 1621
La Iglesia como una casa

Sermón 1622
Las vírgenes prudentes y las necias, I parte

Sermón 1623
Las vírgenes prudentes y las necias, II parte


Sermón 1624
La Virgen María en las parábolas

Sermón 1625


Sermón 1626
Sondear el espíritu de Dios en la vida monástica, II parte

Sermón 1627
Los cambios en la Iglesia

Sermón 1628
Las uniones ilegítimas

Sermón 1629
La Virgen María en el Evangelio

Sermón 1630
El apóstol san Mateo, año 2018

Sermón 1631
Fiesta de la recepción de los estigmas de san Francisco

Sermón 1632
Dios es Señor no solo del cielo, también de la tierra

Sermón 1633
La apertura del Arca de la Alianza

Sermón 1634
El apóstol es el que lava los pies del comensal

Sermón 1635
El candelabro y las lámparas

Sermón 1636
El corazón del rey

Sermón 1637
Las palabras de Dios no tienen error alguno

Sermón 1638
La caridad

Sermón 1639
¿Quién dice la gente que soy Yo?

Sermón 1640
Cristología, I parte

Sermón 1641
Cristología, II parte

Sermón 1642
Cristología, III parte

Sermón 1643
Cristología, IV parte


Sermón 1644
Solemnidad de san Francisco, año 2018

Sermón 1645
Las misericordias del Señor

Sermón 1646
El matrimonio, I parte

Sermón 1647
El matrimonio, II parte

Sermón 1648
El matrimonio, III parte

Sermón 1649
¿A quién le pertenece Tierra Santa?

Sermón 1650
Perdona nuestras deudas

Sermón 1651
El peligro de la ambigüedad en la Teología, I parte

Sermón 1652
El peligro de la ambigüedad en la Teología, II parte

Sermón 1653
Fiesta de Santa Teresa de Jesús, año 2018

Sermón 1654
Revivir el bautismo

Sermón 1655
Los cuatro evangelios son como cuatro ríos

Sermón 1656
Cuidado con la levadura de los fariseos

Sermón 1657
Solemnidad de Santa Úrsula, año 2018

Sermón 1658
No llevéis nada para el camino