sábado, octubre 23, 2021

Una cisterna de Estambul

 

Siguiendo con el tema de ayer. A los arquitectos a los que se les encarga hacer el plano de un templo, se les tendría que engañar encargándoles que hicieran el plano de una cisterna monumental. Seguro que las iglesias serían más bonitas. La Cisterna de Serefiye con su minimalismo, con su arquitectura elemental tan impresionante, resultaba perfecta como catedral.

Por supuesto que las columnas estropearían la visión de la gente sentada en los bancos. Pero si buscamos únicamente que quepa gente a base de sacrificar belleza, nos saldrán templos como los que nos salen ahora.

Si algo he aprendido de este viaje es que el obispo y su consejo deben escoger una iglesia del pasado y decirle al arquitecto que quieren eso, exactamente eso:

--Hágame una réplica de esto.

--¿Pero exacta?

--Sí, exacta. En ladrillo, cemento y hormigón, pero no se desvíe ni lo más mínimo.

--¿No improviso nada?

--Por favor, ¡no improvise nada! Hasta las puertas deben ser iguales.

--¿No confía en mí?

--No, no confío en ningún arquitecto.

Ciertamente, la ventaja de los sultanes es que podían colgar boca abajo, de los tobillos, a los arquitectos tras ver los resultados.

Seguirá mañana.

viernes, octubre 22, 2021

Formaciones que la erosión hace en la lava

 

La primera misa del grupo fue celebrada en la capilla de la Terminal 1 del Aeropuerto de Barajas. La segunda en la iglesia de unos franciscanos, menudo aguacero nos cayó a la salida. La tercera misa en una iglesia atendida por una comunidad de salesianos.

También fuimos a unas cisternas subterráneas, con más de treinta impresionantes columnas. Pero no era la cisterna grande, la que tiene por nombre Yerebatan, también llamada Cisterna Basílica, que aparece en la película Inferno, sino una más pequeña, la de Serefiye. La cisterna más grande estaba cerrada debido a trabajos de restauración. Hubo un larguísimo espectáculo de luces que se me hizo demasiado largo. Al final no hacía más que pasear discretamente deseando que el espectáculo acabara.

Las cisternas de todas partes del mundo son espacios formidables. En mis catedrales (las que he imaginado) siempre debería haber una cisterna para recoger el agua de lluvia. Y a esa cisterna debe ser posible bajar por una escalera. El agua, la oscuridad total, la desnudez del lugar. Sí, toda gran catedral debería tener una cisterna que se vaya llenando con agua de la lluvia.

Tras dos días en la fascinante Estambul, partimos en avión hacia la Capadocia.

Seguirá mañana.

jueves, octubre 21, 2021

En una pequeñísima capilla monástica en Capadocia

 

En Estambul vimos una mañana el Bazar de las Especias, y por la tarde el Gran Bazar. Ambos lugares me resultaron interesantes. Por supuesto que esos mercados hubieran sido mucho más fascinantes antes de la llegada del turismo, cuando eran lugares auténticos; pero, bueno, me gustaron.

También hicimos un viaje en barco, de dos horas, por el Bósforo. Esas dos noches salimos por nuestra cuenta a pasear por la calle principal de Estambul. Todo un espectáculo. Era una calle rebosante. No en vano Estambul tiene unos veinte millones de habitantes. Las dos noches recorrimos la calle entera hasta la Torre de los Gálatas. Dos chicas turcas, jovencísimas, insistieron en hacerse una foto conmigo. Yo iba con mi sotana todo el tiempo, pero no sé cuánta gente se apercibía de que yo era un rahib, un sacerdote.

Ya que menciono esa palabra, el turco es un idioma que procede de Asia. No es de la familia semítica como el iraní, el iraquí o el áraba, sino que era el lenguaje de los conquistadores que vinieron de la zona de Turkmenistán y otras naciones acabadas en “istán” y cuyas lenguas han evolucionado de esa rama.

Seguirá mañana.

miércoles, octubre 20, 2021

La foto es de la misa en una iglesia abandonada en un pueblo turco

 

Y, por fin, entré en Santa Sofía, descalzo. Erdogán la ha devuelto a su condición de mezquita. Paseé por su perímetro interior, me dirigí desde la entrada hacia donde estuvo el altar. Pero no me impresionó: demasiado conocida, demasiado meditada. Además, en cuestión de templos, lo grande no siempre es lo mejor. En materia de iglesias, los espacios diáfanos masivos no es lo que más invita a la oración, al recogimiento. Pienso que, como norma general, el arquitecto de lo sagrado debe huir de lo excesivo. El tamaño de Santa Sofía pienso que juega en su contra.

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21 de octubre

Tras Santa Sofía fuimos a ver la Mezquita Azul. No vimos nada de ella, estaba repleta de unos andamios que ocultaban todo como una pantalla. Me suele gustar ver un templo lleno de andamios: dan una mejor impresión de los tamaños, ofrecen una visión nueva de esos espacios. Pero los “suelos” de los andamios hacían de techo a poca distancia de nuestras cabezas, no se veía nada.

Antes vimos un circo del que no quedaba nada de la época, solo dos serpientes griegas de bronce y un obelisco. Eso sí, un obelisco de la época de Tutmosis III, que es el reinado en que muchos sitúan el éxodo de Moisés. De ese obelisco hablo en mi novela Cuando amanezca la ira.

Nota: Todas las misas que celebramos en templos abandonados o en las ruinas de antiguas iglesias requerían permiso previo de las autoridades civiles de esos lugares. En un país musulmán, evidentemente, no se podía ir celebrando la eucaristía en cualquier lugar.

Seguirá mañana.

martes, octubre 19, 2021

La foto es en una calle de Éfeso

 

Para nosotros, el siglo III siempre fue (y sigue siendo para mí) una región temporal menos conocida, menos amada, menos sentimental, más lejana. La época de las grandes dinastías nos resulta familiar, nos movemos en ella con soltura. Pero lo bizantino es como si fuera otro mundo. Son miembros de otra familia, como primos lejanos.

Pero, después de tantos viajes a la Urbe, finalmente, paseé en la Nueva Roma. Por fin, por fin, de los libros pasé a sus callejuelas estrechas, a sus plazas. Bien sabía que me esperaba un Bizancio ya transformado en ciudad de las Mil y una noches. La orgullosa capital imperial había sido transmutada en una tierra de turbantes y minaretes.

Pero yo sabía mirar y veía rastros por todas partes de su capítulo bizantino. Encontré mucho de esa época y mi imaginación levantó muros, reconstruyó paisajes, pintó calles. Especialmente, en las ruinas de las basílicas. Me gustó mucho más la primitiva catedral de Constantinopla, la Iglesia de Santa Irene, junto al Palacio de Topkapi que Santa Sofía: fascinante. Un espacio sacro que ha quedado congelado en el tiempo. Miraba todos sus rincones, la nave central, una y otra vez: tratando de memorizar, de absorber, de imaginar cómo fueron las cosas allí. Esa iglesia es la que se usaba antes de acabar Santa Sofía.

Seguirá mañana.

lunes, octubre 18, 2021

La foto es de Göreme, Turquía

 

Lo primero de todo que quiero deciros es que os agradezco todas las felicitaciones que me habéis mandado por mi cumpleaños. Sí, desgraciadamente, tengo 53 años de edad, me siento muy viejo y el cuerpo se haya en un estado de predescomposición cada vez más acentuado. Al menos, Gregorio Samsa se transformó en cucaracha de golpe. En mi caso, La metamorfosis va avanzando lentamente.

No os he contestado en los comentarios de felicitación porque estaba de viaje. Ayer llegué de una peregrinación siguiendo los pasos de san Pablo en la Anatolia en Turquía. Sí, ya sé que siempre me quejo de los viajes. Pero no os fieis de los que despotrican siempre de algo. Podemos ser amigos secretos de nuestros peores enemigos.

El 8 de octubre, viernes, partimos hacia Estambul. Por fin pude pasear por la antigua Constantinopla. La capital del Imperio oriental tantas veces leído, tantas veces imaginado. Para los que como yo hemos sido tan amantes del Imperio romano, el Imperio bizantino siempre ha sido un capítulo algo desconocido, turbio y envuelto en nieblas. Las nieblas de nuestra ignorancia.

Desde la educación secundaria, leímos, tradujimos, valoramos estatuas, examinamos cuidadosamente los dibujos de los edificios, los detalles de los mosaicos, pero siempre era de la época aurea de Roma. Ah, aquellos libros mil veces hojeados y estudiados. Yo no subrayaba. Ese respeto tan grande al libro. Había que transmitirlo intacto. Jamás doblé una esquina para saber dónde me había quedado. Ahora, sin el menor cargo de conciencia, van al contenedor azul para que sean reciclados.

Bueno, seguiré mañana contando el viaje.

domingo, octubre 17, 2021

No puedo evitar mirar esta foto, imaginar la conversación y no ponerme a reir a mandíbula batiente


Nadie duda de que la guerra con la Alemania hitleriana fue una guerra justa. Pero siempre queda la duda de qué hubiera sucedido si, tras la invasión de Polonia, los aliados no le hubieran declarado la guerra a Alemania.

Es seguro que Hitler hubiera acabado invadiendo Rusia porque ese era su propósito desde Mein Kampf. Pero no está claro que ni él ni sus generales se hubieran animado a ir hacia el oeste. En sus fantasías delirantes, Hitler consideraba que el destino del pueblo germano estaba en el este.

¿Alemania hubiera seguido progresando económicamente en los años siguientes con lo que cada vez hubiera sido más fuerte? ¿O el equilibrio de fuerzas entre el este y el oeste se hubiera mantenido? Si se mantenía ese equilibrio, se podía esperar que con el paso de los años el régimen nazi hubiera podido caer en una desintegración interna como otras dictaduras.

¿Era mejor conceder Polonia a las garras de Hitler y dejar que el régimen siguiera su evolución hasta que se derrumbara por sí mismo? Me estremezco al imaginar lo que hubiera sido un dominio de diez, quince o veinte años en Polonia y otras tierras. Eso sí, doy por supuesto que el régimen nazi era tan desquiciadamente alejado de la realidad que se encaminaba a la propia destrucción sin ayuda de nadie externo.

Todas estas cosas son cuestiones morales. Cuestiones morales que, en este caso, deben ser decididas por los príncipes de los pueblos, como diría santo Tomás. Son cuestiones morales sobre las que pueden dar luz los expertos en moral, los pastores. Pero, en este caso concreto, como en otros, la decisión final es de los gobernantes de las naciones, no de los pastores de almas. Y digo que la decisión final es de ellos porque se trata de cuestiones no cerradas, en las que cabe la licitud de decidir entre varias opciones las cuales caen dentro de lo moralmente aceptable. En este caso expuesto, tanto la acción como la omisión eran razonables.

sábado, octubre 16, 2021

Guerra y paz

 

Hay algunos que pueden pensar que las tensiones geopolíticas se solucionan con la guerra: ¡de ninguna manera! A veces me pregunto si no se hubiera dado la Guerra de Secesión de Estados Unidos, ¿los estados sureños hubieran evolucionado por sí mismos hacia la igualdad? Lo más seguro es que sí y con rapidez creciente.

Sin todas las guerras de independencia en África, ¿hubieran logrado la independencia esos países? Sin duda, unos años después, pero seguro que sí.

Esto tiene sus límites. ¿Creo que era verdadera la Teoría del Dominó en la geopolítica de la Guerra Fría? Sí, lo creo. Era conveniente que Estados Unidos se involucraran en defender a los países democráticos frente a las insurgencias militares marxistas.

Probablemente, la Guerra de Vietnam estuvo tan perdida desde el principio como la de Afganistán. Los soviéticos fueron brutales y les pasó lo mismo que a los occidentales. Siempre hay quienes piensan que todo se soluciona con brutalidad. Y es que las cosas se solucionan muy fácil en el salón de estar de la propia casa.

Afortunadamente, lo digo sin ninguna ironía, los pocos conflictos armados que hay en el año 2021 son de pequeñas dimensiones. Con propiedad podemos decir que vivimos en un planeta casi sin guerras. Somalia, Mozambique, Camerún, Yemen y unos pocos lugares más son excepciones diminutas en un mundo en paz. Nunca antes la Humanidad había vivido tan en paz. Gracias sean dadas a Dios.

viernes, octubre 15, 2021

Geopolítica

 

La guerra es algo con consecuencias tan espantosas que difícilmente es remedio para cualquier mal. Ojo, en algunas ocasiones, la guerra puede ser la mejor solución; pero en la mayor parte de las ocasiones produce males muy superiores a los perjuicios que pretende solucionar.

Imaginemos que un país protege a un grupo terrorista que actúa en otro país. Lo más normal es que una guerra produzca más bajas, más quebranto económico, que sufrir esos atentados. Por supuesto que esto tiene un límite, pero el límite es muy alto.

Por supuesto que la Unión Soviética favorecía a grupos terroristas de todo tipo. Pero una guerra con los soviéticos hubiera sido pero que el mal que se sufría.

La Unión Soviética invadió varios países (por ejemplo, los países bálticos), pero hubiera sido peor liberarlos por la fuerza que permitir semejante terrible opresión. La suma de males final hubiera sido muy superior que el bien que se pretendía obtener. Esta es una lección que, ojalá, hubiéramos aprendido para el futuro. Pero estoy seguro de que no la hemos aprendido.

Esto es algo que debemos recordar frente a China, Rusia, Corea del Norte y otros países. Sufrir con paciencia, muchas veces, es lo mejor para todos. Lo dicho para la geopolítica vale para el matrimonio.

jueves, octubre 14, 2021

Ya me parezco al abuelo de la Familia Cebolleta

 

Bueno, ya que he hecho un recorrido tan detallado, voy a hacer algunas añadiduras para completar todo. De niño nunca me gustaron los cuentos troquelados. Sus historias sobre Pulgarcito, los Tres Cerditos o Blancanieves no suscitaban en mí ningún interés. Incluso sus dibujos me dejaban indiferente.

Conocí la época en que se vendía el TBO y el menos conocido DDT. Pero incluso a mis seis años esos tebeos me parecían muy anticuados y primitivos. Nunca me aficioné a ellos, aunque si caían en mis manos, por supuesto, no dejaba de leerlos desde la primera página a la última.

A mis doce años sí que me gustaban los tebeos de Los Pitufos, mi favorito fue Su Pitufísima. Tuve dos números dedicados enteramente a Trece Rue del Percebe. Los españoles de mi edad sabrán qué eran aquellas sorprendentes viñetas. También tuve un número dedicado a la Familia Cebolleta. Por supuesto que pasaron por mis manos muchos más comics de los cuales solo mencionaré unos pocos: la serie de Mazinger Z, la serie de Pulgarcito, la Guerra de las Galaxias, Carpanta y otros.

En esa época había comics para chicas. Hojeé los de mis primas, pero aquello era soporífero. No sé ahora, pero en mi juventud a las chicas no les gustaban los comics, era algo solo de chicos, como los videojuegos; no sé si ahora es igual.


miércoles, octubre 13, 2021

Y llegué al final del camino (del mundo de los comics)

 

Después llegué a Valerián. Los comics de este personaje y su compañera supusieron un placer difícil de expresar con palabras. Yo estaba ya en el instituto. Esas hojas eran un banquete para los ojos. Las historias eran mucho más interesantes y profundas que las de Astérix.

En el seminario descubrí La Torre de la Saga de las Ciudades Oscuras. Fue todo un impacto. Un verdadero golpe estético con una historia apasionante. Esa saga supuso el final del camino de mis lecturas de comics. Esa colección ha sido el último gran placer que me ha dado ese mundo.

Desde los cuentos troquelados con historias como la de Pulgarcito, que hojeaba (sin interés) a mis cuatro años, hasta la Saga de las Ciudades Oscuras: toda una vida.

Al escribir estos posts, os aseguro que he revivido esas emociones, esas escenas en que yo leía en la cocina, con mi madre detrás, preparando la cena. No puedo evitar sentir algo de nostalgia, pero nostalgia de la buena.

Mi casa no solo eran unas paredes y unas habitaciones, también ese mundo de lecturas. Ahora ya no existe ni ese mundo físico (la casa) ni ese mundo de emociones infantiles. Decenios de polvo han caído sobre esas emociones. Una vez más la comprobación de la vanidad de las cosas, de cómo todo pasa.

Damos el presente por poseído, pero se nos escapa de las manos. El tiempo sigue corriendo. Siempre dimos el presente por poseído, por seguro, por descontado, pero no nos dábamos cuenta de que se deshacía lentamente, pero a ritmo constante. Aquel niño dejaba de ser niño. Aquel adolescente dejaba de ser adolescente. Aquel seminarista iba camino de la vejez. La vida, la de todos, resulta una aventura apasionante en su sencillez, en su serenidad, aunque no ocurran “grandes” cosas.

martes, octubre 12, 2021

Y llegué a la época en que comencé a leer Astérix

 

Poco a poco, me fui introduciendo en Astérix. Qué magníficos comics, que lujo de dibujos, que historias tan buenas. Obélix y compañía fue mi título favorito. Pero a mis trece años mi capacidad para involucrarme totalmente en la historia había disminuido. Un adolescente no se mete en un relato de forma tan perfecta como un niño de seis años. Con el tiempo descubriría que la edad no haría más acentuar este hecho.

Si bien recuerdo películas en las que me introduje tanto como en los primeros momentos de mi vida en mis tebeos: Un hombre para la eternidad, Becket, Pleasantville, American Beauty... Hasta los treinta años, todavía recuerdo haberme sumergido completamente en alguna película. Después la lejanía con la obra se fue acentuando. Uno se convierte en el espectador de un museo que contempla la obra. Se trata de un placer estético, no de aquel placer absoluto. El ojo se vuelve más crítico. Viendo una escena vemos más cosas que hace treinta años.

Eso les pasa a los directores. Ya no pueden ver una escena sin ser conscientes de dónde se ha colocado la cámara y cómo se ha manejado la iluminación. Hace unos días hablé con una persona que estudió arte dramático y me comentaba que, cuando ve una película, no puede evitar fijarse en cómo entra un personaje en escena o cómo ha decidido mover las manos.

Siento una cierta pena por este haber perdido la sencilla mirada de niño, pero resultaba inevitable. Por otra parte, si escribes, pierdes esa forma cándida de ver las cosas. Las bambalinas, la tramoya, aunque estén ocultas, las ves, las supones, las percibes.


lunes, octubre 11, 2021

Aquellos lejanos años 70

 

De la Colección Dumbo pasé a Don Miki. Siempre leía durante la merienda. Como solo tenía un tebeo a la semana, leía y releía. El problema era que lo memorizaba con memoria fotográfica. Memorizar era un efecto inevitable que, en ese momento, hubiera deseado evitar.

Don Miki convivió con todos los productos de la Editorial Bruguera. Nunca fui entusiasta de Zipi y Zape. Por lo que sea me parecía un poco soso todas sus travesuras. Con la Colección Dumbo y Don Miki viajaba, veía nuevos lugares. Zipi y Zape siempre estaban en su casa. Me gustaban las grandes aventuras, no las travesuras de dos hermanos.

Tampoco fui entusiasta del Capitán Trueno. Yo era muy niño y prefería aventuras más irreales, más infantiles. Mortadelo y Filemón sí que me gustaban, aunque menos que Don Miki.

El Botones Sacarino, Trece Rue del Percebe, Superlópez... con qué emoción llegaba a casa con mi tebeo en la mano. Me faltaba tiempo para llegar y cuanto antes empezar. Las aventuras del tío Gilito eran mis favoritas. 

domingo, octubre 10, 2021

Alegrías de niño rememoradas

 

El caso es que el sueño que comentaba ayer se cumplió. Una vez hablé en este blog de la ilusión que me hicieron esos comics en mi infancia. Y un amabilísimo señor me envió en un CD toda la colección. ¡No me lo podía creer! Cuánto se lo agradecí.

Lo hice en su momento, pero me gustaría (si tuviera su email) volver a hacerlo. Quizá haya sido el regalo que más he agradecido en toda mi vida. Nada me ha hecho tanta ilusión como poder leer una colección entera cuyos títulos conocía y con los que soñaba en mi infancia. Me acuerdo cómo recorría la lista de títulos y me preguntaba a mis cinco añitos de qué tratarían esas aventuras.

Una vez más, gracias al que me envió ese CD. Y lo curioso es que el sueño se cumplió. La portada que pongo hoy es el número que más me gustó de toda la colección. Solía leer estos comics mientras merendaba. Un plato de fruta cortada y un trozo de pan con algo como Nocilla o algo similar.

sábado, octubre 09, 2021

Mucha santidad, pero poca humanidad

 

Esta es otra cubierta de los primeros tebeos que tuve. En el seminario, una vez, soñé que iba a la Biblioteca Nacional y que allí tenían todos los queridos números de la Colección Dumbo de mi infancia, y que pude leerlos con grandísimo placer.

Recuerdo que le comenté este sueño a un sacerdote con el que convivía en el seminario. Se lo comenté como una curiosidad. Y él, que era muy serio, me dijo que con el tiempo aprendería qué cosas eran importantes y qué no lo eran.

No le juzgué lo más mínimo. Pero me llamó la atención que, en su comentario, no existía la más mínima comprensión hacia un comentario acerca de la infancia. Al revés, en su comentario había dureza.

Se trataba de un hombre muy serio, siempre serio, que jamás manifestó un detalle humano. Para él todo era deber, trabajo, responsabilidad. (No estoy hablando de don Tomás Belda si alguno lo estáis pensando.) Solo estuvo un año en el seminario. Pero se trataba de una persona a la que era difícil tener afecto.

Aquel hombre de treinta y tantos años parecía más un mueble que un ser humano con corazón. Tanta rigidez lejos de animar a la virtud, alejaba. Algunos piensan que la santidad es una cosa inhumana. No. ¡Es sobrehumana!, pero siempre comprensiva con lo humano. Es sonriente, acogedora.

viernes, octubre 08, 2021

Mis primeras lecturas

 

De niño nunca me entusiasmó Tintín. Por supuesto que me leí todos los álbumes, pero me gustaba mucho más Astérix. Yo había comenzado con la colección Dumbo. Una colección que se imprimió de 1965 a 1978. Qué momentos tan emocionantes pasé entre sus páginas. En un niño de seis años, esos comics eran emoción pura.

La portada que pongo en este post fue el primer comic que tuve de esta colección. Tebeo que leí y releí hasta sabérmelo de memoria. Inspeccioné sus dibujos, me metí en la historia. Era hijo único en un piso. Ese y los comics que siguieron fueron mis “viajes” afuera de mi casa, de mi Barbastro. Se trataba de una lectura con una plena concentración. Una lectura a la que me entregaba sin la más leve distracción.

Ahora recuerdo esa sencillez de niño con ternura.

martes, octubre 05, 2021

La política y la inmoralidad


La fortaleza es una virtud, la prudencia es otra virtud. Las personas pueden pecar de falta de las dos virtudes, los gobiernos de las naciones también.

Hoy nos hemos enterado de que 30 millones de euros del presupuesto de España, este año, iban destinados a ser entregados a Marruecos para combatir la inmigración.

Poner semejante cantidad de dinero en manos de un rey que ha usado la inmigración como arma contra España es una locura. Ya es un sinsentido dar esa cantidad a un rey tan corrupto como él que ha hecho de la perversión moral su modo de vida. ¿Va a usar ese dinero mínimamente bien el que se queda con el dinero de su Pueblo y lo gasta en el extranjero con un lujo desenfrenado, sin ningún pudor, abiertamente, sin ocultarse? Solo un necio pensaría tal cosa.

Ya por razón de la corrupción máxima del que va a gastar ese dinero no se le puede entregar esa fortuna. Pero si encima él usa la inmigración contra nosotros, y lo hace repetidamente, solo alguien muy tonto haría semejante cosa.

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Las virtudes valen para las personas y para los gobiernos. Me pregunto si nuestro presidente conculca las leyes de Dios, si desprecia a los católicos, si es necio y débil; me pregunto, incluso, si es oportunista. Lanzo la pregunta moral, no doy una respuesta.

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Hasta ahora no había dicho ni una sola palabra sobre nuestro presidente Sánchez, ni una palabra. Pero el despilfarro de otros 30 millones de euros (entre tantos despilfarros) me parece de tal inmoralidad que no puedo evitar lanzar ciertas preguntas para que las conteste la gente. Y es que ese dinero también sale de los bolsillos de gente pobre, por vía de impuestos indirectos, cuando compra el pan, paga la electricidad o compra una bolsa de patatas.

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Si no me enfado por 30 millones de euros arrebatados de los bolsillos de los pobres, es que soy de piedra. Ay, si solo fuera esa cantidad. La cantidad de dinero tirada por el desagüe para “fines políticos” es una inmoralidad y no son precisamente 30 millones. Los ejemplos son muchos, pero no voy a dar una tediosa lista. La cantidad de dinero no tirada por el desagüe, pero sí inadecuadametne gastada (a sabiendas) es mucho mayor. De esta manera, Suecia es Suecia, o Dinamarca es Dinamarca, y España es España.

Lo siento por España, por México, por El Salvador, por tantos pueblos gobernados por una industria de la política preocupada por sus propios intereses.

Hoy música que os hará sonréir

 

(¡Qué estatua! Impresionante.) Cuando yo era un joven sacerdote de 26 años y estaba haciendo mi servicio militar como capellán castrense, trabajaba en mi despacho de la capellanía y muchos días escuchaba una canción titulada ¿Quién anda ahí? que me hacía mucha gracia.

Durante años la recordé, pero no pude escucharla en ningún lugar. Hasta que hace no mucho, gracias a Internet, pudo volver a sonar ante mis oídos, trayéndome lejanos recuerdos.

https://www.youtube.com/watch?v=DMQvMiUnbeI

Otra canción pop que me hizo mucha gracia, gracia hasta hacerme reír, fue Mi agüita amarilla. No sé quién hizo la letra, pero da la sensación de que debió ser una obra de amigos sin parar de reír, mientras bebían en algún mar, tiene toda la pinta.

https://www.youtube.com/watch?v=S0qt3w1Qo0g

Soy muy consciente de que Mi agüita amarilla no es una cantata de Bach. Pero yo nunca crearía una dictadura musical como una película que vi cuando yo tenía unos diez años. Una tiranía en la que los siervos llevaban un sombrero con una mano encima. Creo que la protagonizaba Danny Kaye. El único caso de dictadura musical que ha sido llevado al cine. Aunque solo vi el final de esa película y mis conclusiones a los diez años pueden ser muy deficientes. Qué pena no recordar el título.

domingo, octubre 03, 2021

Tronos

 






Un muy buen amigo mío me escribía ayer que no perdiera tiempo en cuestiones constitucionales. Zapatero a tus zapatos, Fortea a tus demonios. Desgraciadamente, ahora mismo, no tengo nada más que escribir sobre el tema de mi especialidad. Ya me gustaría tener siempre más y más que escribir sobre las regiones infernales, pero lo cierto es que no. Ahora mismo no tengo nada nuevo que aportar a lo ya escrito. Espero con esperanza, ya que, en el pasado, me sucedió lo mismo y con el tiempo nuevas ideas aparecieron: ideas, enfoques, aproximaciones que suponían una aportación. Si eso no existe, no tiene sentido repetir. Y mucho menos en mi colección de escritos sobre el tema que se ha conformado como una obra unitaria.

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Así que no, no es una pérdida de tiempo escribir sobre otras cosas. Casi diría que se trata de una distracción necesaria. Necesito pensar sobre otros temas. Y el tema de cuál puede ser mi granito de arena para reformar la democracia supone para mí una especie de necesidad vital.

Las buenas democracias de hoy en día funcionan, pero podrían funcionar mejor. Para nada participo en esa impresión generalizada de que nuestras democracias son falsas. A lo que tenemos hoy se ha llegado tras un larguísimo proceso. Proceso para el que han sido necesarios esfuerzos, idealismo y heroismo.

No pocos católicos muy practicantes se sienten frustrados con el camino que ha tomado su nación y concluyen que su democracia “no vale”.

Más veces lo he dicho que si yo me encontrara con el presidente de España o el de México u otros lugares sería exquisitamente educado y cortés.

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Incluso si yo me encontrara con un dictador, no tendría que preocuparse porque yo tuviera con él algún tipo de desprecio. Las dictaduras no se solucionan con descortesías y mala educación. Cuando, en una visita o en el Vaticano, el papa saluda a un dictador, no veo nada reprobable en ello.

Si un capo de la mafia me invitara a cenar a su casa, por supuesto que aceptaría. Aceptaría con mayor interés que si me invitara un matrimonio muy religioso de mi parroquia.

Si en una dictadura me invitara a cenar a su casa alguien que sé que es un torturador, un interrogador del régimen, por supuesto que aceptaría y sería cortés y educado con él. Es precisamente a este tipo de personas a las que hay que hablar. Y si el medio para hacerlo es una cena o pasar una tarde con él, pues muy bien.

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He subido un nuevo sermón al Canal del padre Fortea. Perdonad que os tuve a secas durante demasiado tiempo.

viernes, octubre 01, 2021

Cómo sanear los gobiernos de las naciones

 

Siguiendo el último post. (Aclaremos primero que la foto no es de un parlamento, sino de una iglesia.)  El ideal de la democracia pienso que pasa por dar un paso más allá de la usual división de los Tres Poderes, separando el Poder Ejecutivo del Poder de los representantes del Pueblo.

Por supuesto que el Ejecutivo debe seguir siendo elegido por la mayoría de votos del Parlamento, pero habría que convencer a los políticos de que su misión es representar, elegir, no poner ellos mismos las manos sobre la tarta del Poder Ejecutivo.

El Parlamento, todos los partidos, deben tener la misión de aconsejar al Gobierno, de darle indicaciones, pueden reprenderle, sugerirle medidas, pueden pedir el cese de un ministro; y, por supuesto, pueden someter a votación el cese del presidente del Gobierno.

Si lográramos esta “división de poderes” entre representación del Pueblo y Poder Ejecutivo, se podría elegir al presidente del modo más unánime posible por parte del parlamento.

Una división de este tipo no evita que la lucha política continúe, pero lo haría de un modo más saneado. Ahora mismo la lucha política consiste en que si mi partido apoya al tuyo, todo lo que haga tu presidente está bien. Si mi partido no te apoya, todo lo que haga tu presidente está mal.

Lo ideal sería, ¡en una situación ideal!, que la confrontación política continuase, pero bajo un presidente que siguiera gozando de la confianza de los representantes del Pueblo durante largos mandatos. El voto secreto será imprescindible para que por un lado estén los discursos y por otro derrotero discurran las votaciones. Porque los mismos congresistas de un partido podrían entender que alguien es un buen presidente, diga lo que diga el líder del propio partido.

Ya sé que lo que propongo está muy lejos de poderse hacer. Pero entiendo que sería lo mejor para todos: un gobierno no partidista, de todos, y que no tenga que preocuparse tanto de la cambiante y caprichosa opinión pública.

Soy consciente de que lo que propongo hoy día es imposible. Sé que los representantes del Pueblo siempre querrán ser ellos mismos los que también gobiernen. Sé que hay una cierta lógica en que los representantes del Pueblo sean los que gobiernen.

Pero no hay ninguna duda de que el sistema actual tiene vicios y que esta propuesta (si se lograra) sería el modo de salir de la actual situación contaminada por el egoísmo. ¿Pero cómo llegar a una visión altruista de la política? ¿Cómo llegar a una situación en que las decisiones de gobierno se tomaran con una visión no partidista? Incluso si se lograra implantar este acuerdo, la naturaleza humana ejercería una tendencia hacia la búsqueda del propio bien particular (el de cada partido) frente al bien común. Incluso logrando esto, el acuerdo altruista sería muy inestable.