martes, diciembre 11, 2018

¿Sembrar la secesión es un asunto moralmente indiferente?



Después de cenar escribiré unas líneas sobre asuntos personales, para que no hable yo siempre de este asunto de Cataluña. Pero esto se ha convertido en una conversación que me parece muy interesante, una civilizada conversación. Lucía escribía:

La legalidad de hoy puede ser muy diferente a la de mañana. Las leyes cambian como cambia la sociedad.

No, Lucía, la soberanía siempre ha sido lo mismo. Tanto en la época de los estados-clientes del Imperio Romano, como en la época de Carlomagno. La soberanía es una realidad jurídica que será igual ahora que en el siglo XXIII.

¿Por qué? Porque si esto fuera el poblado Pitufo, nos reunimos en la plaza y nos ponemos de acuerdo, pero en cualquier grupo de millones de habitantes siempre, absolutamente siempre, tiene que quedar claro quién es el que tiene el Poder en último término. Hay cosas en una nación más indefinidas, pero esa NUNCA puede quedar indefinida. Cuando ha sido así, el resultado siempre ha sido muy malo.

Una cosa es que el Poder organice una consulta como en Canadá o en el Reino Unido, y organizara la división de una parte de la soberanía. Y otra muy distinta es el desconocimiento de la Ley por parte de las instancias de Poder inferiores: el resultado, en estos casos, siempre ha sido el mismo y muy malo.

La división desde el Poder, aunque sea un mal, se realiza de forma organizada. La división a la fuerza acaba provocando guerra callejera o terrorismo.

Lucía decías que mala es la situación para el 50% de catalanes que sienten españoles y mala la situación para el 50% que no se sienten españoles. El problema es que no hay término medio. Es el típico caso en que, una vez dada toda la autonomía posible, solo queda la ruptura o la unión. Y dado que no hay una tierra de en medio, dado que hay que dejar claro qué norma jurídica es la que rige mientras se produce el debate, la única posición de la Razón es la legalidad del Estado de Derecho.

Yo no me meto en banderías humanas, no me meto en cuestiones opinables que corresponden a la política. Yo intervengo en la cuestión moral y la solución es la misma aquí, en Estados Unidos, en Italia y en Alemania, ahora y dentro de cien años. Las pautas morales que he ofrecido intentan ser objetivas. La moral obliga, sea uno del partido que sea.

Podemos discutir si queremos que haya o no monarquía, podemos discutir si dividimos en otras dos cámaras el senado, podemos discutir muchas cosas, pero si, por ejemplo, la Ley apenas castigara el hecho de que un extraño pudiese entrar en nuestra casa, eso trae gravísimas consecuencias. No se puede mitigar el concepto de allanamiento de morada sin que eso no acabe muy mal.

Si alguien quiere entrar en mi casa, yo puedo repelerlo con la fuerza. Y eso no es un delito. Nadie puede apelar a términos medios: es mi casa o no lo es.

lunes, diciembre 10, 2018

No existe un magisterio específico sobre el nacionalismo




















Tenía clarísimo que hoy no iba a hablar del tema de Cataluña, pero, al final, no me he resistido, porque un lector ha hecho una petición muy interesante:

Por favor padre, explique cuál es la doctrina social de la Iglesia sobre la secesión en un país. Es muy clarificadora y debería ser el criterio a seguir por sus pastores y fieles.

No existe una doctrina magisterial expresa sobre el tema. Ahora bien, hay suficientes elementos en la teología moral de la Iglesia para afirmar de forma condensada las siguientes verdades:

-Existe un derecho a la autodeterminación cuando hay razones suficientes para ello: invasión de un pueblo, objetiva situación de opresión (por la raza, religión, etc.) u otras razones objetivas.

-No existe un derecho a la secesión cuando la región, provincia, departamento, cantón u otra circunscripción ni está invadida ni oprimida, y forma una unidad con el Estado del que es parte.

El que el poder político decida ceder no significa que ese derecho exista. Solo demuestra que ha cedido. Ojo, tampoco estoy diciendo que, en ocasiones, no sea más prudente optar por el mal menor.

Querido comentarista, lo pediste es muy útil, porque este es un problema que puede extenderse sin final por todos los países con su inevitable siembra de odios y posibilidad de grandes conflictos.

Repito lo que dije hace tiempo: Que el límite de una nación esté aquí o más allá se debe a cuestiones en manos del azar: un río, una batalla perdida, una boda entre casas reales, una cordillera, una lengua, una religión. Las lenguas avanzan o retroceden o se encapsulan por razones azarosas. Las fronteras podían haber estado en muchos otros lugares alternativos. Lo que sí que resulta indudable son los males que afrontamos si una región comienza un proceso de secesión, u otro país inicia un proceso de incorporación por la fuerza.

En el caso de una autodeterminación, la inmensa mayoría de la población invadida o sojuzgada lo normal es que quiera recobrar la independencia. Y, aun así, los peligros de odio y sangre que conlleva un proceso de autodeterminación no son descartables.

Pero, en el caso de una secesión, estar dispuesto a pagar ese precio resulta objetivamente inaceptable desde un punto de vista moral.

Desde un punto de vista legal, la soberanía es indivisible. Normalmente, la Ley es reflejo de la moralidad; y la moralidad se encuentra reflejada en la legalidad. Ya sé muy bien que hay excepciones. Pero cuando el sistema jurídico se basa en la Razón, la Ley refleja el ordenamiento moral.

Si existiera un derecho a la secesión, Cataluña podría volverse a dividir cuatro años después de lograr la independencia. En un estado de anarquía, hasta los valles del pirineo proclamarían su independencia. ¿Por qué una ciudad no puede ser independiente?

No hay nadie que ahora abogue por la secesión en Cataluña que después no vaya a negar el derecho a la independencia a otros. ¿Por qué? Porque la Razón indica que la soberanía no puede estar fragmentándose de forma indefinida. Más allá de cierta división y subdivisión el sistema caería en la anarquía.

Aunque algunos digan que sí que aceptarán ese derecho, lo dicen convencidos de que el proceso se detendrá. Pero este es un proceso que resulta altamente inflamable porque cada división implica destrucción del bien común y la siembra de animadversión. Las secesiones no se pueden hacer sin esa siembra de la confrontación del uno con el otro. Sin confrontación, la Razón indica que la unión y la coordinación siempre es preferible. Cada desunión y descoordinación conlleva un coste. Por eso los defensores de este derecho de independencia, después lo niegan a los sometidos a la nueva soberanía. Antes de la guerra civil española los anarquistas no creían en la autoridad. Después, cuando se hicieron con el Poder en la guerra, ejercieron la autoridad. Lo mismo pasa con los que creen en el derecho de secesión. Una vez creada la nueva soberanía, ya no se puede ejercer ese derecho.

Por eso, desde el punto de vista de la moral, creo que ha llegado el momento de decir bien y alto y bien claro, sin ambigüedades, que no existe el derecho a la secesión. Existe, como es lógico, el derecho a que el prisionero recobre la libertad. Secesión no es lo mismo que autodeterminación. En 1944 Francia no se secesionó del III Reich. Las Trece Colonias sí que se independizaron de la Corona Inglesa, pero ese hecho (con razón o sin ella) no se pudo hacer sin pagar un precio en sangre.

Hay un ejemplo que puede dejar clara esta cuestión moral: Existe el derecho a que la esposa maltratada se escape del matrimonio. Pero no existe un derecho, moralmente hablando, a que la esposa un buen día anuncie que se autodetermina respecto al matrimonio y se marche. Esa no es una opción moralmente indiferente.

Desde el punto de vista de la licitud, uno puede ser todo lo nacionalista que quiera, pero teniendo claro que la soberanía es un bien nacional indivisible. Los montes del Pirineo no pertenecen a sus habitantes, sino a toda la nación. Y es un hecho objetivo que hoy Cataluña pertenece a España, hagan las votaciones que quieran hacer los que vivan allí. Es una mera cuestión legal con igual respuesta en todas las construcciones jurídicas de todo el mundo.

Por supuesto que uno dirá que uno tiene una opinión y otro tiene otra opinión. Pero el Poder no está sujeto a opiniones. El Poder es algo objetivo. Quim Torra dirá lo que quiera, pero él no puede detener al presidente de España; la justicia de España sí que puede detener a al presidente de la Generalitat.

Como dije en otro post, aquí cada cual tiene sus opiniones. Pero el Poder se demuestra en la capacidad de enviar a la policía a detener a alguien. Esa es la evidencia última de quien posee el Poder. Cuando llega la policía y le comunica a alguien: “Está usted detenido”, esa es la frase más objetiva que existe, no está sujeta a opinión.

Otra lectora pedía “altura de miras” con los nacionalistas, pero aquí hablo de la cuestión moral. Lo moral es lo justo. Después ya sé muy bien que nuestros políticos en Madrid pueden hacer los cambalaches que quieran. Pero yo hablo de cuestiones que tienen que ver con la moralidad, con lo justo, con los derechos. Después ya sé que puede ocurrir cualquier cosa.

sábado, noviembre 17, 2018

Más sobre la carta de los menos de 300


 
La carta de ayer sigue dando lugar a precisiones por parte de los periodistas. Y es que, contados todos los diáconos, hasta el último, no se llega a 300 firmantes.

Por otra parte, ¿que son 300 firmantes entre 2.190 sacerdotes y religiosos? Hoy se sabe que la carta no la ha firmado ni el 8% del clero de Barcelona. Y donde más firmantes tuvo, Solsona, solo la suscribieron 18 de sus 73 sacerdotes.

Estas precisiones son importantes, porque muchos tienen una idea muy negativa del clero vasco y catalán. Pero, afortunadamente, la gran mayoría del clero de Euskadi y Cataluña están a favor de no meterse a opinar en cuestiones seculares. Y de eso doy fe: la mayor parte del clero en esas dos regiones está en su sitio, sin meterse en campos que son de los laicos.

Ahora bien, como ya dije, la cuestión teórica sí que es una cuestión moral que es insoslayable para los grandes sabios encargados de la moral. Es decir, no se trata de que cada hijo de vecino resuelva la cuestión teórica. Sino de que los más eminentes y santos la resuelvan y nos enseñen. Pensar que la licitud de las grandes cuestiones está sujeta a lo que cada uno piense es relativismo. Yo quiero saber la verdad.

Y la cuestión acerca de si es lícita o no la secesión desde un punto de vista meramente teórico tiene consecuencias gravísimas que fácilmente derivan en el derramamiento de sangre. Que una frontera pase por aquí o por allá se debe a razones históricas muy a menudo derivadas del puro azar. Portugal pudo haberse integrado en la corona española. Holanda pudo haber pertenecido con toda facilidad a Alemania. Los cantones suizos de habla italiana podrían haberse independizado. Borgoña podría haberse separado de la corona francesa en la Edad Media.

Las fronteras dependen de cosas como una cordillera montañosa, un río, la herencia de un príncipe y cosas por el estilo. Ahora bien, una vez que existe un Estado es un asunto de máxima importancia --aquí la palabra “máxima” adquiere su pleno significado-- saber quién es la autoridad suprema en el ejercicio del Poder.

Eso es algo que jamás, nunca, puede quedar en el aire. Estados Unidos con su lista de sucesión presidencial es una muestra de lo muy en serio que se toma esto. Texas fue un territorio que se anexionó voluntaria o involuntariamente (no me queda claro) a los Estados Unidos. Pero lo que sí que está claro es que, a estas alturas, aunque muchos en Texas repiten que si quisieran (y ganaran un referéndum) podrían volver a salir, eso no es verdad. Todos los juristas (incluso los de Texas) han dejado bien claro que no: que, aunque todos y cada uno de los texanos se pusieran de acuerdo, las autoridades federales actuarían con toda la contundencia necesaria para evitar una agresión contra su soberanía nacional.

Los independentistas me dirán: “Muy bien, usted defiende un bando; nosotros, otro. Usted nos acusa de meternos en cuestiones seculares, opinables, pero usted lo hace”.

Lo que sucede es que me he dado cuenta de que estos asuntos nunca son pacíficos, sino que inducen a los pueblos a la crispación más grande interna que puede sufrir un país. Pensar que esto se puede arreglar con algo de diálogo es un error. Se puede arreglar con diálogo una justa autodeterminación y siempre que haya amplia mayoría, pero nunca una secesión con la población dividida en partes casi iguales dentro de la zona de secesión.

Insisto, el mito de la sustracción pacífica, civilizada, de la soberanía nacional ha caído en mi forma de pensar. Ojo, no digo que no se pueda lograr. Pero se logra llegar a la meta pasando a través de un enfrentamiento, de una crispación y de unos peligros que no compensan el fin que se quiere obtener. Puede salir bien en cinco países, pero el sexto nos hará lamentar el haber comenzado este tipo de procesos.

No, la secesión no es una opción indiferente en la que la moral no tiene nada que decir.  ¿Es moralmente indiferente escalar sin cuerda, solo con las manos, una pared vertical como lo hacen los que practican el estilo “free solo”? Pues no. No me importa que haya escalado veinte paredes verticales y siga vivo, es una modalidad inmoral. La vida humana vale más que esas pruebas deportistas.

La vida humana vale más que el que una frontera pase por aquí o por allí. Y si no nos ponemos de acuerdo, entonces sigue vigente el ordenamiento constitucional. No aceptar esto es abrir la puerta a posibles tormentas de fuego y acero.

viernes, noviembre 16, 2018

La carta de algunos sacerdotes y diáconos catalanes



Me gustaría hacer algunos comentarios a varios párrafos de la llamada “Carta abierta de sacerdotes y diáconos catalanes a sus hermanos en el ministerio y a los obispos de España” que han firmado trescientos sacerdotes y diáconos catalanes. En azul pongo el texto de la carta, y en negro mi comentario. Y, de verdad, que intentaré ser lo más mesurado y ecuánime posible en mis glosas.

CARTA: Queridos hermanos en Cristo, os deseamos la paz y la gracia del Señor.

Un grupo numeroso de sacerdotes y diáconos catalanes nos dirigimos a todos vosotros con motivo del procés que se está viviendo en Cataluña. A todos nos duele constatar que las relaciones mutuas que se están dando entre cristianos y entre comunidades «de aquí y de allí», y los sentimientos recíprocos que expresamos, no son en muchos momentos lo que deberían ser sentimientos propios de hermanos en la fe.

La expresión de comunidades “de aquí y de allí” puede resultar engañosa. En las últimas elecciones, el independentismo logró el 47,5% de los votos. Los que querían permanecer en España lograron el 43,5%.

CARTA: Nos hemos preguntado muchas veces cuál debe ser nuestra posición. Y os pedimos a vosotros, hermanos sacerdotes, diáconos y obispos, que nos acompañéis en esta búsqueda.

La posición del clero debe ser la de no inmiscuirse en cuestiones opinables, en temas políticos.

Muy diferente es responder a la cuestión moral, a la cuestión teórica acerca de si la unidad de una nación es un bien moral. Esa sí que es una cuestión moral.

También hay que distinguir que no es lo mismo que a una nación invadida se le dé la posibilidad de la autodeterminación, que el supuesto derecho a que una región que conforma una unidad sin violencia pueda iniciar un proceso de secesión.

Estemos o no de acuerdo con el procés, es un hecho diferente el derecho de autodeterminación frente al supuesto derecho a la secesión. Jurídicamente siempre ha recibido un tratamiento distinto en los tratados de Derecho.

CARTA: Puede parecer fuera de lugar aludir a nuestra historia en la guerra civil de 1936, pero creemos que no. En aquel momento, la mayor parte de la Iglesia española se inclinó por una opción determinada, condicionada en buena medida por la persecución religiosa.

Me podría remitir con abundancia de datos a la enciclopédica monografía de Luís Suárez, Franco y la Iglesia. Honestamente, sin ánimo partidista, después de haber revisado los datos ofrecidos por varias obras, considero que la mayor parte de la iglesia catalana y vasca apoyaron al régimen victorioso en 1939.

CARTA: Pasada la terrible guerra y los años de posguerra, la Iglesia ha tenido que reconocer que aquella decisión fue un error histórico.

No es ajustado a la verdad afirmar que la Iglesia ha reconocido eso. Esa frase es muy llamativa.

No solo eso, sino que he podido ponderar cómo el clero de España ha cambiado de opinión frente a lo que pensaba en los años 70, durante los años de “pensamiento progresista”, frente a lo que piensa ahora. El revisionismo ha sido claro. La Ley de Memoria Histórica ha provocado una amplia reacción en el clero.

CARTA: Parece claro que una de las primeras actitudes necesarias es la convicción de que el único camino positivo es el diálogo.

Estoy totalmente de acuerdo. La mitad de los catalanes es independentista; la otra mitad, no. Es necesario dialogar. Pero mientras no nos pongamos de acuerdo, siguen vigentes las leyes. No hay una situación de indeterminación si se rompe el diálogo.

CARTA: Así lo han expresado diversas personalidades tanto del ámbito civil y político como del eclesiástico. Recordemos la toma de posición del presidente de la CEE, D. Ricardo Blázquez: «En estos momentos graves la verdadera solución del conflicto pasa por el recurso al diálogo desde la verdad y a la búsqueda del bien común de todos, como señala la doctrina social de la Iglesia» (declaraciones del 23-11-2017).

Sería justo citar las varias declaraciones oficiales de la Conferencia Episcopal acerca de la unidad de España como un bien moral y la última sobre el procés, porque monseñor Blázquez siempre ha estado de acuerdo con esos documentos. Citar solo una declaración fragmentaria no refleja su pensamiento.

CARTA: No es aceptable pretender resolver un problema social tan complejo a base de la fuerza policial o del derecho penal.

En una carta que pretende ser un llamamiento al diálogo, ¿no es esto una toma de posición? En una carta en la que los pastores deben mantenerse neutrales, ¿no es esto una imposición de la propia postura?

¿No es aceptable el imperio de la Ley? ¿Entonces qué es lo aceptable?

CARTA: El diálogo supone y exige actitudes serenas, no agresivas, dispuestas a escuchar a la otra parte y a valorar sus posiciones.

Cierto, pero si no se llega a un acuerdo, sigue vigente la Ley.

CARTA: Está a punto de iniciarse un juicio penal contra muchos líderes políticos y sociales catalanes. Esta situación tiene una gravedad especial.

Si esta última frase no estuviera inscrita en la carta, se podría entender de forma ambivalente: lo que han cometido los imputados tiene una gravedad especial.

Incluso en Canadá (donde se reconoce la posibilidad de la fragmentación del país) si uno se salta la ley nacional, la ley se aplica de forma automática.

CARTA: Hay personas procesadas y encarceladas por perseguir lo que muchos de nosotros consideramos justo y adecuado a derecho, y que otras personas juzgan y condenan.

Lo que es adecuado a Derecho no está sujeto a la opinión de un grupo de ciudadanos.

CARTA: Al final, incluso después de diálogo y reflexión conjunta fraterna, se deberán tomar decisiones.

La sentencia por contravenir el orden jurídico no está sujeta a la decisión de un grupo de ciudadanos privados. Eso es así y debe ser así. El día en que las sentencias estén sometidas a la reflexión conjunta fraterna dejaremos de estar en un Estado de Derecho.

CARTA: Nuestro espíritu cristiano, formulado en los principios de la doctrina social de la Iglesia, nos inclina a buscar y aceptar las soluciones justas, que respeten los derechos de Cataluña como se deben respetar los de todos los pueblos, tal y como son descritos, en su contenido y límites, por dicha doctrina social.

Los derechos los tienen las personas físicas y jurídicas que radican en Cataluña, y están marcados, delimitamos y protegidos por la Ley. Los ciudadanos de esa región gozan de los mismos derechos, exactamente los mismos, que el resto de personas sujetas al ordenamiento jurídico vigente en esta nación.

CARTA: Atendamos, pues, más a lo que nos une que a lo que nos separa, no anteponiendo nunca ideologías ni leyes humanas al respeto recíproco y a la verdadera justicia.
La cárcel a los imputados se impuso cuando se pasó del “diálogo” a la imposición de una situación ilegal que afectaba gravemente al orden jurídico del Estado.

Desde la moral católica, no se puede decir que la autoridad del Estado haya realizado ningún acto ilícito al mantener el orden constitucional.

martes, noviembre 13, 2018

Nunca más la guerra por ninguna razón



Macrón dijo ayer:
El patriotismo es exactamente lo contrario del nacionalismo. El nacionalismo es su traición.

Su discurso incidió más en este tema, pero se resume en estas dos frases. Si preguntamos a eclesiásticos y políticos acerca de estas afirmaciones de Macrón, escucharemos las previsibles frases en las que se nos dirá que sí y que no y todo lo contrario tratando de apaciguar ánimos. Sí, nos dejarán claro que lo importante es no ser extremista. Pero, al final, queda en pie la cuestión: ¿Esas dos frases son verdad o no? Sí o no.

Antes de dar mi respuesta, quiero referirme (después se verá por qué) a la condena que hace poco se hizo de la pena de muerte en el Catecismo de la Iglesia Católica. ¿Pero la pena de muerte es justa, es proporcionada, en ciertos casos? Sin duda. Sin ninguna duda, justa es. Lo que sucede es que debemos aspirar a ser mejores que los asesinos. Si estoy en contra de la pena de muerte no es porque sea injusta ni desproporcionada, sino por mis sentimientos de humanidad, por mi fe en Dios, Señor de la vida.

Pido a Dios que nunca jamás volvamos a matar por unir a la fuerza dos naciones. Nunca. Por muy buenas razones que esgriman los que digan que es necesario. En esto estamos todos de acuerdo.

Pero también, por la aversión que debemos sentir a provocar la muerte y el sufrimiento en nuestros semejantes, le pido a Dios que nunca se mate a nadie por mantener unida una nación. Yo no quiero que ninguna nación se divida. Ahora bien, ¿vale la pena el derramamiento de sangre por el hecho de que una frontera pase por aquí o por allí? Por supuesto que estamos hablando de casos en los que una clara mayoría ya no quiere seguir en un país. Este no sería el caso de que una minoría radical quiera arrancar por la fuerza un trozo de soberanía. Transigir con eso implicaría después tener que pagar un precio mayor, ya que la mayoría de la población quedaría secuestrada en lo que habría sido un acto de fuerza de una minoría. Mantener esa situación no se lograría sin la represión de la mayoría.

Pero lo normal es que la voluntad de secesión presione cuando la mayoría de la población está a favor de la independencia. ¿Es lícito, moralmente hablando, el uso de la fuerza en ese caso para mantener la unidad?

Por supuesto que muchos me dirán que por la unidad de un país vale la pena sacrificar la vida. En estricta justicia, sí. Se puede matar y morir por la unidad de una nación que ilegítimamente va a ser desgarrada. Ahora bien, si una clara mayoría de la población quiere separarse, entonces ¿el precio de miles de muertos vale la pena?

La invasión de Crimea fue un acto de fuerza. Pero yo de ningún modo aconsejaría el uso de la fuerza para retomar esa parte del país. Aconsejaría con todas mis fuerzas la paz. Creo Crimea es un buen ejemplo de lo que quiero decir.

Ahora volvamos a las frases de Macrón. ¿Son verdaderas? Sí. No dudemos de que si Barcelona quisiera independizarse de una Cataluña ya soberana, se apelaría al patriotismo del nuevo Estado para evitarlo. Esa secesión sería vista como una traición, podemos estar seguros de ello.

Imaginemos que el 51% vota a favor de la independencia de Cataluña. Los independentistas ahora apelan a que no es ilegítimo luchar por lograr esa independencia en la situación actual en la que están inscritos en el Estado Español. Luego si lograran la independencia, tampoco sería ilegítimo que el 49% un mes después, o un año después, o dos años después, hicieran campaña para un nuevo referéndum, esta vez a favor de la vuelta a España.

Cuando la mayoría es tan mínima, la opinión puede cambiar en dos meses. ¿Sería ilegítimo pedir otro referéndum? ¿Sería lógico cambiar de soberanía cada cuatro o siete años? ¿Se puede cambiar de soberanía cada pocos años? Cuando las mayorías son mínimas, la opinión pública puede cambiar de opinión en poco tiempo.

Pensar que un referéndum de marcha atrás no sería visto como una traición por los independentistas no es realista. Siempre unos van a ser unos traidores para los otros y viceversa. A nadie se le escapa la peligrosidad de esta situación. No es que sea fácil pasar de las palabras a la violencia, es que siempre hay minorías dispuestas a ello. Las hay a ambos lados de la Ley.

Las palabras de Macrón son duras, pero son verdaderas. Pero mientras nos ponemos de acuerdo, al menos, no recurramos nunca, ¡jamás!, a la violencia. Pero entonces viene un problema: ¿es violencia la represión policial? Unos entenderán que la prohibición de la violencia vale para el nacionalismo, pero también para el Estado.

En esa situación, llegaríamos a una situación en la que hay que dilucidar qué es violencia legítima y qué no lo es. No es algo que pueda quedar indeterminado. Por supuesto que nacionalistas y Estado jamás se pondrán de acuerdo. Y es un asunto del que depende todo el orden público. Llegadas las cosas a este punto, no hay otro remedio que dejar claro que el uso de la fuerza para el mantenimiento de la Ley no es violencia. Teniendo que llegar la represión al nivel adecuado a la fuerza de los transgresores de la Ley.

Puede parecer que me pongo de parte de un lado de la contienda. Pero es que, finalmente, todos tendríamos que ponernos de un lado o de otro en medio del desorden. No hay un terreno neutral en medio. No lo hay. No hay una isla beatífica en medio del orden y el desorden.

Algunos me dirán que un sacerdote no debe hablar de este tema. Pero este asunto es un asunto moral. Se puede plantear como una cuestión moral en una clase de una facultad de Teología. ¿Por el hecho de que haya dos bandos políticos (unionistas y secesionistas), vamos a callar que este es un asunto que en su misma esencia es moral?

No existe un derecho a la secesión. No existe tal derecho. No negaré la independencia a una región si tres cuartas partes de la población no quieren de ninguna manera seguir unidas a la nación. Pero no se lo negaré, para evitar males mayores; no porque sea un derecho.

En cualquier caso, que nunca un hijo de Dios mate a otro hijo de Dios por este asunto. Más vale una mala paz que una magnífica victoria. Y no soy de los que piensan que la paz haya de ser conseguida a cualquier precio. Pero si en una región el 75% de los habitantes quieren marcharse, que se marchen. Mucho mejor eso que un gran derramamiento de sangre. Esa es una de las lecciones que nos enseña el centenario del armisticio de la I Guerra Mundial. Pienso como pensaría un padre, no como pensaría un estadista, un Napoleón o un Julio César.

Pero si las cosas se ponen mal, si al final ocurre lo peor, si al final las pasiones se desatan en su peor manera, solo hay una postura lícita: la del orden, la de la Ley.

Los sacerdotes no podemos ser ambiguos acerca de esta cuestión moral. Porque la ambigüedad puede costar vidas.

martes, julio 10, 2018

Carta a Daniel Ortega, dictador de Nicaragua



Estimado Daniel Ortega, dictador de Nicaragua:

Usted ha lanzado a la turba contra los obispos. Una turba bastante exigua, pero que compensaba con violencia la pequeñez de su número. Los obispos han intentado hablar a la turba. Inútil intento. Nunca se puede razonar con una turba que vocifera.

Nuestro Maestro nos dijo, hace ya casi dos mil años: Quien a hierro mata a hierro muere.

Tenga, Daniel, cuidado. Porque quien lanza turbas contra los obispos, algún día puede encontrarse de cara a cara frente al Pueblo ya totalmente descontrolado. Y le aseguro que no podrá hablar ni razonar con una turba. La Historia nos ha demostrado que si existe una bestia insaciable en su crueldad es una masa humana llena de furia.

Usted es un dictador y lo sabe. Nadie lo sabe mejor que usted. Nadie sabe cómo usted ha acabado con la democracia en su país. ¿Quién mejor que usted nos podría explicar cómo logró acaparar todos los poderes, cómo logró derribar todas las barreras constitucionales?

Márchese a casa. A la casa que tiene fuera de la que llama su patria. Es cierto que si se va, perderá una fortuna. Ya tiene una gran fortuna. ¿Por qué tanta ambición? Si se aferra a su fuente de ganancias personales, algún día puede comprobar que un pueblo oprimido resulta imprevisible. Y en un solo día se puede pasar del despacho presidencial a un calabozo militar.

Cierto que usted piensa que puede hacer como Maduro en Venezuela. Pero no dude de que hay designios desconocidos por los que el Señor ha permitido tal aberración en Venezuela. Tal aberración se ha permitido y se sigue permitiendo. Pero los designios del Señor siguen adelante. No le deseo a usted enfrentarse a la ira divina. Deje a su pueblo libre. Libere a toda una nación.

Me despido de usted, deseándole que no se arroje usted mismo a un abismo de poder y represión, cuyas llamas le perseguirán en este mundo y en el otro.

lunes, mayo 14, 2018

Links directos de descarga a las obras de Biblioteca Forteniana





–Cómo orientarse en las obras completas del padre Fortea

–Index: Índice de todas las obras acerca del demonio

Obras Teológicas
…………………………………………………………………

Sobre demonología


La tiniebla en el exorcismo

Tratado sobre las almas perdidas

Enoc y los nefilim

Index: separata con los índices de todas las obras sobre el demonio


Sobre espiritualidad
Un Dios Misterioso

La mitra y las ínfulas

La vestición del obispo

Las llaves del león



Sobre liturgia

El Incienso de la Alabanza

La reparación de la santidad de un templo profanado

Las aguas vivas que borbotean
Volumen I
Volumen II

Sobre el breviario


Sobre otros temas
Colegio de pontífices

Manzanas de Gomorra

Las corrientes que riegan el cielo



La grande y fuerte Babilonia

Los hijos de vuestros hijos



Novelas
…………………………………………………………………

Decalogía
Cyclus apocalypticus

Historia de la II Secesión de los Estados Unidos de América

Memorias del último Gran Maestre templario

El juicio: año 2209

La construcción del Edén

Necronerópolis

El hundimiento de la Torre de Babel

El crepúsculo de los burócratas

Noveno libro

Décimo libro


De ficción

Cuando amanezca la ira


Torres góticas

El curioso caso de la muerte del gato del obispo

Edipo Vasco

La tempestad de Dios

La construcción de la razón


Metaficción
Historias hamletianas

Obra férrea

Libro cuadrado



Otros escritos
…………………………………………………………………

Escritos catedralicios

Arquitectónicos
Templo Atanasiano

Claustros edénicos

Las casas de reclusión eclesiástica


Históricos
La catedral de San Agustín (siglo V)

Sobre otros temas
Entre los libros y los demonios: autobiografía