jueves, mayo 30, 2019

Reflexionando comunitariamente



Me pidió una persona si podía abundar un poco más sobre la cuestión de si conviene ordenar a un seminarista que va a morir antes de la ordenación. Digo “abundar un poco más” porque ya escribí un post hace tiempo. He retomado ese post y lo he ampliado.

Retomo el tema, pero no se vean mis palabras como una crítica a los tres casos que conozco que han sucedido en la Historia. Mis palabras no son de crítica

Estoy seguro de que el mismo papa Francisco si estuviéramos paseando, me invitaría a darle mi opinión, a pesar de haber autorizado hace poco un caso. Solo quiero aportar filialmente razones a una cuestión que está sujeta a debate. Pero lo hago desde el respeto a otras posturas.

Esta es una cuestión sujeta a opinión. Con lo cual, no pretendo tener la verdad absoluta. Pero, con mis razones, pretendo descubrir la verdad. Y la verdad siempre tiene el carácter de algo perfecto. Porque el que una cuestión esté sujeta a opinión no implica que debamos desistir en la búsqueda de la verdad.

Un seminarista que había acabado el cuarto año de teología fue diagnosticado con leucemia. Se esperó a ver si la quimioterapia lo salvaba. Pero cuando la noticia del hospital era que le quedaba poco tiempo de vida, el obispo (que debía ser muy buena persona) decidió ordenarlo sacerdote en la habitación del hospital. Vi la foto y era patente que al ordenando le quedaban pocos días de vida.

La buena intención del obispo no la pongo en duda. Pero acerca de lo acertado del hecho sí que me permito hacer algunas reflexiones teológicas ahora que ya ha pasado un año o dos.

El sacerdocio se concede siempre para los demás, para la comunidad. Nunca se confiere este sacramento como un medio de enriquecimiento espiritual para la persona, no se concede para lograr la consumación de ninguna santidad del individuo. El individuo se santifica EN el sacramento, pero no se confiere PARA el individuo. Uno se santifica EN el sacerdocio. El sacerdocio no es pro sacerdote. El sacerdote se santifica en el pro vobis.

Imaginemos un anciano de 70 años que llama a la puerta episcopal solicitando humildemente el sacerdocio. La respuesta del obispo debe ser clara: Si el sujeto se halla en un estado de salud y fuerza física que nos lleva a estimar razonablemente que podrá ejercer el sacerdocio durante años, se le puede ordenar. Pero por más bueno, espiritual y santo que sea el sujeto si no va a poder ejercer el sacerdocio, no se le debe ordenar.

El sacramento del orden no es una medalla a una vida de servicios a la Iglesia, es un ministerio.

Algún alma bondadosa podrá decir: vale la pena ordenarlo para que celebre una misa, una sola misa. Pero si ese argumento fuera cierto, todos los viudos muy involucrados en la vida parroquial podrían aspirar a prepararse con estudios teológicos para celebrar una sola misa antes de morir. La consecuencia lógica de ese argumento podría ser que un 5% de los ancianos podrían coronar su vida laical con el sacerdocio en los últimos 5 años de su vida. El sacerdocio pasaría a ser no un modo de vida, sino una opción para culminar una existencia cristiana.

Alguien bondadoso alegará que esa persona que se ordena in extremis será sacerdote toda la eternidad. Cierto, pero eso no le añadirá ni medio grado más de felicidad en el cielo. Felicidad que dependerá de su mérito, no del número de sacramentos que acumuló en su alma a lo largo de la carrera de su vida.

Si la alta dignidad del sacramento valiera la pena recibirla únicamente por el hecho de vivir la eternidad como sacerdote, la consecuencia es que a todo moribundo se le podría conferir tan alta dignidad en el lecho de muerte. Así todos los varones podrían gozar de tan alta dignidad en la eternidad.

En el libro mío Las corrientes que riegan los cielos expongo rotundamente que en el cielo ni haber sido Romano Pontífice ni cardenal ni arzobispo añade el más insignificante grado de felicidad en esa eternidad. Se verá como algo totalmente accidental frente al mérito que acumuló esa persona. Todos preferiríamos haber sido zapateros o criadores de cerdos antes que ser Romano Pontífice de toda la Iglesia y gozar menos en la eternidad.

La conclusión de todo lo que he expuesto es clara. Cuando un seminarista cae gravemente enfermo y va a morir, no se debe adelantar la ordenación.

Si un sacerdote muere de manera fulminante una semana después de la ordenación, la voluntad de Dios fue que se ordenara y después muriera. Pero si Dios coloca la muerte antes de la ordenación, la voluntad de Dios se ha manifestado con ese decreto.

El obispo fija una fecha de ordenación. Pero Dios determina que morirá un mes antes. Pensemos en esta situación. El Señor ya sabía la fecha y lo llama antes a su presencia. ¿No es esto acaso una manifestación de su Voluntad? Lo miremos como lo miremos esto tiene una implicación filosófica: Cambiar la fecha de la ordenación implica adelantarse al adelanto de Dios.

El Señor podría haber retrasado una fecha (la de la muerte), pero, de hecho, hizo al revés: adelantó la de la muerte. Y esa fecha, la de la muerte, dependió totalmente de la Decisión Dios, para nada de la decisión de los hombres. ¿Adelantarse al adelanto de Dios es, realmente, la Voluntad de Dios?

Sí que se puede adelantar la primera comunión o la confesión o la confirmación, porque esos sacramentos son PARA el bien de la persona.

Imaginemos que se escogiera a un cardenal como papa, en el siglo XVIII, y se pusiera enfermo unas horas después. ¿Tendría sentido acelerar la ceremonia de coronación para que muriera coronado como papa? ¿O tendría sentido, actualmente, acelerar la misa de inicio de un pontificado si nos viéramos en la misma tesitura?

Alguno dirá que, en el caso del sacerdocio, el sacramento imprime carácter. Pero no olvidemos que la ceremonia de coronación también otorgaba gracias, pues era un sacramental. E, incluso, podía otorgar grandísimas gracias. Y, sin embargo, no debería adelantarse tal ceremonia ni lo más mínimo ni la de coronación (antiguamente) ni la de inicio del pontificado (actualmente).

Alguno persistirá en su idea de ser sacerdote para siempre, que eso es razón suficiente. Pero si no existiera la Humanidad, ¿Jesús hubiera muerto en la Cruz para ser sacerdote? Evidentemente, no. Realizó el sacrificio POR nosotros. Eso le consagró para siempre, pero no lo hizo para bien de sí mismo. Incluso en Jesucristo el sacerdocio es PARA nosotros.

Pongamos otro ejemplo, alguien es elegido como obispo de una diócesis. Pero dos semanas antes de la fecha fijada para la ordenación sufre un infarto y se prevé que no dure más allá de unos días. ¿Se le debería ordenar como obispo en el hospital? Evidentemente, no. ¿Por qué? Porque el sacramento es para el ministerio, no por el grado. ¿Qué sentido tiene ordenar como diácono al que no va a ejercer el servicio en la comunidad?

Imaginemos que un monseñor del Vaticano va a morir y un cardenal suplicara al papa: “Ordenémoslo como obispo para que así toda la eternidad esté más configurado con Cristo Sacerdote”.

miércoles, mayo 29, 2019

Mi lugar de trabajo



Muchas veces he hablado del hospital del que soy capellán. Pero os voy a dar algunos datos más para que veáis su magnitud. Para empezar, el equipo de capellanes lo componemos tres capellanes.

Tiene seis plantas de altura. Eso no incluye ni la planta baja ni el sótano. A veces bromeo con las enfermeras, diciéndoles que hay un segundo sótano, pero que es secreto.

El hospital tiene 550 camas de hospitalización, 18 puestos de hospital de día médico y 30 puestos de hospital de día psiquiátricos.

Tiene 14 quirófanos y 3 paritorios. Las 153 salas para consultas médicas, con lo cual el flujo de gente todavía es mayor que el tendría solo con los ingresados.

En hospital trabajan 2.556 personas: 635 médicos, 658 enfermeras, 497 auxiliares de enfermería, 139 técnicos especialistas, 34 fisioterapeutas, 28 matronas, 10 personas forman el equipo directivo, 5 terapeutas para cuestiones no corporales. La plantilla no sanitaria la forman 550 personas más.

En la foto aparece un pastor evangélico que es un hombre de Dios. De verdad que le quiero mucho. La foto la hizo otro evangélico que no es pastor, pero que es el que más viene al hospital y con el que me tengo una magnífica relación personal. Al fin y al cabo, los dos trabajamos para que Jesús reine en los corazones de los hombres.

Post visual


Ayer tuve algo más de trabajo de lo esperado y no pude poner un post. Así que hoy os voy a poner un post visual de esos que os gustan tanto.

La primera imagen es de una escena habitual en mi sacristía:


La segunda imagen es una escena típica dentro del convento del que soy capellán. Yo mismo hice la foto con mi móvil. Hay que ver lo bien que salen las fotos hoy día, esto ha evolucionado mucho.


La tercera imagen es, mucho me temo, una simplificación. Aunque no deja de ser verdad.


La cuarta imagen es el documento de renuncia de la reina Beatriz de Holanda. El documento me parece de una sencillez y una elegancia admirables. Y observad que tiene un sello de lacre. Cuando nuestro rey renunció, firmó un papel impreso normal y corriente.



Esto es una patena medieval. Me imagino que pertenecería a alguna catedral.

Este es un detalle de un marco de un tríptico. Esto sí que es amor a la perfección. 


La última imagen es un homenaje a la filosofía.


lunes, mayo 27, 2019

El dinero, entre la virtud y la debilidad humana


Hoy dedico el último post a este capítulo de la relación entre los presupuestos públicos y la moralidad. ¿Organizar unos juegos olímpicos realmente beneficia a los ciudadanos o a los políticos que los organizan?  A Brasil, en mitad de una recesión, le costó 4.6 mil millones de dólares. 

Alguien me dirá que es algo excepcional. Bueno, está también la Exposición Mundial de Sevilla, está la Fórmula 1 en Valencia, están las exposiciones de arte abstracto y ultramoderno a cargo de las de fondos públicos, viajes oficiales, etc. etc.

Solo la Fórmula 1 en Valencia ya han costado 308 millones de euros y la factura sigue creciendo. El tema de las investigaciones I+D es otro campo que prefiero no tocar. Son 7.400 millones de euros y allí sí que hay muchas cosas, pero muchas, que decir.

Vivimos en mitad de una sociedad que moralmente no está sana y nuestros gobernantes son una representación de esa sociedad.

sábado, mayo 25, 2019

Los Premios Príncesa de Asturias (3ª parte): sugerencias



Al final, mi post sobre los Premios Príncipe de Asturias han resultado una disertación sobre cómo se usa el dinero por parte del Poder.

Que conste que no me hubiera opuesto a la creación sensata de unos premios. Respecto al Premio Cervantes no tengo ninguna crítica. No soy de los que piensan que todo el dinero solo puede ir a los pobres. Pero la erradicación pobreza debe ser nuestra prioridad absoluta.

Los Premios Cervantes deberían reformarse a sí mismos, de forma pacífica e inteligente. Todos aplaudirían la humildad de preguntarse: ¿para qué estos premios? 

La gente válida en el patronato debería preguntar a sus compañeros qué sentido tiene premiar a los famosos. ¿Qué sentido tiene que España premie a los que ya tienen todos los premios y toda la fama?

Que la mayoría de los premiados tiene méritos no lo duda nadie. Pero que sean los que más méritos tienen, lo duda todo el mundo. ¿Realmente Norman Foster es el más innovador arquitecto de nuestros días? ¿O había otros más desconocidos que eran mejores, pero menos famosos? La respuesta es ultraevidente para cualquiera que siga el mundo de la arquitectura.

Y pongo este ejemplo porque es un ejemplo no polémico. El patinazo de premiar a la autora de Harry Potter fue épico. Pero eso no fue un patinazo. Fue un síntoma innegable de la carcoma que mordisquea a esos premios desde su mismo interior.

Por supuesto que no deben escudarse en que no se presentaron más candidaturas. Pues si no las presentan, búsquenlas. Si no vamos a entrar en un círculo vicioso del que vamos a salir nunca. Ya estamos en ese círculo vicioso.

Pero, puesto que los Princesa de Asturias no son los Nobel, ni ninguno de los premios notables del mundo, es un premio provincial, reconozcámoslo, ¿no sería mejor ganar el prestigio escogiendo lo mejor de lo mejor sin atender a ningún otro criterio que el mérito y solo el mérito, olvidándose de la fama y las candidaturas?

Lograr algo de prestigio va a ser difícil, porque ya parten de una situación desfavorable: muchas categorías y muy genéricas. Pero se puede lograr.

Eso sí, quiten la categoría de deportes. Eso allí no pinta nada. No sé a quién se le ocurrieron tantos premios sobre materias tan difusas. Yo sugeriría, ya puestos, que añadieran cuarenta categorías más, entre otras:

-Premio Príncipe de Asturias al amor a la vida
-Premio Príncipe de Asturias a la economía y la defensa de la mujer
-Premio Príncipe de Asturias a la Historia de la Concordia (aquí cabe todo)
-Premio Príncipe de Asturias a la tolerancia humanista

Por supuesto que dejo aparte el uso político de estos premios. Porque, como premios, han incurrido en todos los errores posibles e imaginables. Le dieron el premio de arte a Almodóvar. Pregunten a todos los críticos si él es el mejor director, el más renovador, el más artístico. La respuesta, está claro, es un no rotundo. No hace falta continuar con la lista.

Todos esos millones de euros que hay en la fundación no están allí porque un millonario un buen día decidió hacer eso con su dinero. Ese dinero se consiguió en una época en que los bancos se estaban haciendo de oro. Tanto dinero sacaban cada año, que decidieron dar unas migajas para poder decir que hacían algo por la sociedad de la que extraían el dinero. Y no exagero al decir que lo extraían. Pero ese sería otro post.

Con lo cual que no me digan que ese dinero era privado. Era privado en una situación de connivencia egoísta del capital con el Poder. Por eso, era dinero “privado” solo más o menos. Era un dinero tan privado que bastaron unas cuantas llamadas del rey para conseguirlo

¿Cuántos pisos se pueden construir con 31 millones de euros? Me dediqué a hacer cuentas. Pero, al ver cuánto cuesta realmente construir una casa, hay que tener en cuenta que buena parte del precio son impuestos y tasas. Sin esas tasas y en suelo público serían millares de casas. En España, el año pasado hubo 33.059 desahucios. Ese sí que es un buen campo para aplicar las mejores mentes del país, con premios millonarios o sin ellos.

O sea, con 33.059 desahucios en un país, en un solo año, dedicar 31 millones de euros a una fundación que da unos premios de pena me parece un escándalo. Cuando Podemos critica estas estructuras sociales tiene toda la razón del mundo. No concuerdo en sus soluciones: la solución no es un neocomunismo. Pero tiene razón en la denuncia.

Pero no os preocupéis. Otro año más, los culpables se harán la foto, tendrán una buena cena, se retirarán a sus habitaciones de lujo a dormir, y se levantarán dispuestos a seguir “gobernando”.

Ojo, no estoy diciendo que repartan el dinero de la fundación en una cola de indigentes en la Puerta del Sol. Eso no serviría para nada. Lo que hay que hacer es poner buenos gobernantes que hagan planes a largo plazo, hombres humildes que se dejen aconsejar por los más sensatos. 

viernes, mayo 24, 2019

Gastar dinero en premios (2ª parte)



Esta foto es muy bonita. Pero, detrás de la foto, hay 32 millones de euros. En nuestras democracias, las personas que tienen el Poder y que deberían tener interés por resolver los problemas de la población son sujetos que jamás tendrán que esperar en una sala a que les atienda un médico del hospital, jamás tendrán que tomar metro y después el cercanías para ir a un destino, jamás tendrán que preocuparse en economizar para llegar a fin de mes... Las personas que tienen la capacidad para resolver las deficiencias de la sociedad no les afectan ninguno de esos problemas. Viven entre nosotros, pero en su propia burbuja. O, mejor dicho, no viven en nuestros barrios, no usan nuestros medios de transporte, etc., etc.

Si hay algo que me duele profundamente, lo digo con toda sinceridad, es la pobreza extrema de los totalmente excluidos de todo, o el hombre de cincuenta años que ya no tiene trabajo ni va a encontrar trabajo; o la familia que va a ser desahuciada, que se va a la calle, literalmente.

El rey Juan Carlos podía conseguir varias decenas de millones de euros con solo hacer unas cuantas llamadas y unas cuantas reuniones. ¿Y recogió ese dinero para reunir a sabios que propusieran planes para ayudar a los más necesitados? ¡Por supuesto que no! Recogió ese dinero para hacer un premio que entregaría más dinero a los que ya eran ricos. (Aquí conviene leer el comentario de ayer de Shurinam. Pero hay cosas que deben decirlas mejor los laicos y no el clero. En todo este asunto, estoy siendo muy blando, porque hay MUCHA tela que cortar.)

¿No es esto algo inmoral? Siempre nos acusan a los curas (sobre todo en las películas financiadas por los socialistas) que no hacemos otra cosa que hablar del Sexto Mandamiento. Pues bien, hablemos de otra cosa. Hablemos, por ejemplo, de los Premios Príncipe de Asturias. ¿No fue su fundación un acto indecente? Tienes un dinero y pudiéndolo usar para lo que quieras, lo usas para aclamar a los famosos del mundo; para que vengan a tu casa y puedas hacerte la foto estrechándoles la mano. La culpa, evidentemente, no es de Felipe VI, sino de su padre.

¿No es este asunto concreto un mero exponente de una tónica general? (Aquí he borrado varios ejemplos concretos más. En la primera redacción, eran varios párrafos.) Señores políticos, el dinero es una cosa muy seria. Hay gente que necesita, y lo necesita de verdad, el dinero, porque por salud o edad ya no puede conseguirlo por sí misma. Soluciones haylas, pero si el gobernante está más preocupado en galas de premios, en irse de viaje aquí y allá y cosas similares, no hay nada que hacer. El pobre seguirá siendo pobre, y el rico seguirá viviendo en su propia burbuja.

Lo que hay que hacer es declarar la guerra a la pobreza y buscar a la gente que sabe (que no son los políticos) para que planeen una campaña militar en condiciones, a largo plazo. Pero primero hay que ponerse de acuerdo en un plan que vaya a las causas. No seguir poniendo parches y más parches.

jueves, mayo 23, 2019

Los premios Príncipe de Asturias (1º parte): algunas explicaciones previas que van a desembocar en unas conclusiones morales


Hay un tema sobre el que he evitado hablar desde hace años y es el de los premios de la Fundación Princesa de Asturias. Y si voy a hablar de este tema es porque tiene unas conclusiones que entran en el campo de la moral, no de la política. Pero eso se verá al final, en la conclusión final en otro post.

Nota: Quiero hacer constar que he reescrito este post. Porque la primera redacción (que publiqué en este blog hace cuatro horas) era demasiado dura.

Antes de nada, quiero decir que no critico a su presidente, Luís Fernández-Vega, ni a algunos de sus consejeros. No critico a su presidente, porque, por muy capaz que sea, cuando le nombraron, bien sabía que solo podía hacer lo que pudiera y nada más. Tiene las manos bastante atadas.

Tampoco critico a algunos de los vocales de su consejo de administración. Esos mismos vocales son los primeros en saber quiénes están sentados alrededor de esa mesa por méritos y quiénes están allí “por otras razones”.

Los premios nacieron de una improvisación de nuestro anterior monarca en una época completamente loca que fueron los años 80. En esa década, cualquier cosa fue posible. El rey quería unos premios prestigiosos, al estilo de los Nobel. A partir de allí, todo se fue organizando a través de ocurrencias sobre la marcha.

Una llamada del rey y los bancos pusieron una pila de dinero. Tal alta fue esa pila que, a día de hoy, el patrimonio neto de la fundación es de 32 millones de euros.

¿Cuál fue el primer problema de esta idea de crear unos premios? Pues fue hacerlo sin tener idea de cómo funcionan las cosas en este mundo de los premios. Lo primero de todo, habría que haber estudiado la situación para ver qué premios faltaban en el Mundo o en Europa, y tratar de llenar ese espacio vacío.

Lo que no tenía NINGÚN sentido era crear una copia de otros premios ya existentes y muy bien gestionados. Es decir, para qué gastar el dinero en volver a hacer lo que otros ya llevaban haciendo desde hacía mucho tiempo y lo hacían muy bien.

Tenía sentido crear un premio internacional de literatura en lengua española. Eso no existía antes del Premio Cervantes. Y eso fue el Premio Cervantes. Ese premio llenaba un nicho vacío. Su éxito fue inmediato e indiscutido.


Pero no tiene sentido que, por ejemplo, ahora, en el año 2019, se gaste una gran cantidad de dinero en crear un gran premio internacional de matemáticas cuando ya existe el premio Abel en esa rama; o en crear uno de química, cuando ya existe el Nóbel.

Cuál fue el resultado de repetir lo que ya existía (y de repetirlo peor): que los premios Príncipe de Asturias no los conoce nadie en el extranjero. Están pagados y bien pagados, pero no tienen el menor prestigio fuera del Telediario. Como buena parte de los premiados son extranjeros, el dinero de los premios se va al extranjero. Pero, después de una generación entera funcionando los Príncipe de Asturias, siguen sin tener prestigio. Nota explicativa: Cuando digo “el dinero se va al extranjero”, en realidad, bien podría decir “nuestro dinero se va al extranjero”, aunque sea una fundación. Pero ese es un tema que explicaré en otro post.

A eso hay que añadir las decisiones en cuanto a quién dar los premios. Vamos, simplemente, a decir que han sido “desafortunadas”.


Mañana escribiré el segundo post de quizá tres sobre este tema. Pero ya ahora animo a los miembros válidos del patronato de esa fundación (que los hay) a que den un manotazo en el timón y les digan a sus compañeros en la mesa del consejo de administración (aquellos que no son tan válidos) que las cosas no pueden seguir así; que más de treinta millones de euros no pueden seguir sirviendo para pagar cinco minutos de aparición en el Telediario.

Nota: Un comentarista, Shurinam, ha escrito un comentario sobre este tema que vale la pena leerlo. En mi opinión, va al meollo del asunto. Pero hay cosas que deben decirlas los laicos y no yo. Por eso he rebajado el tono de mi post.

miércoles, mayo 22, 2019

Judas Macabeo o el Martillo de Dios



La imagen es un detalle de una batalla de Judas Macabeo, un altorrelieve en un escudo. Cuando uno lee las batallas del rey David, se corre el riesgo de no percibir el riesgo de esos combates, se corre el riesgo de pensar que los filisteos eran unos pobres hombres como los figurantes de las batallas medievales en una película de los años 60, que movían las espadas de un modo coreográfico hasta, como era lógico, caer llevándose la mano al pecho o al costado.

Lo mismo sucede con un nuevo rey David que hubo en el siglo XX, con un nuevo Judas Macabeo, que se levantó para defender del exterminio al Pueblo de Dios. Hombre cuyo nombre será mejor no pronunciar. Pero es que al Pueblo de Dios hay que alimentarlo con la Palabra, y, a veces, hay que defenderlo con la espada. Sea dicho de paso, escribo este post porque acabo de ver otro documental sobre este asunto durante el almuerzo.

Pues bien, podemos pensar que ese nuevo David mataba filisteos como quien siega el campo, porque sus adversarios se quedaban quietos como espigas de trigo hasta que les llegaba el turno. El documental de hoy me ha abierto los ojos acerca de un factor que no había yo tenido en cuenta: los números, números de armas y combatientes.

La cuestión de este Judas Macabeo es que o empataba y se detenía, o ganaba. Pero es que ganaba o empataba incluso cuando sus enemigos reunían muchos más hombres y armas.

En el documental políticamente correcto, a la voz en off siempre le queda el recurso de que los buenos adoradores de Molok “es que estaban muy desorganizados y no tenían experiencia”. ¡Caramba! ¿Es que seguían desorganizados dos años después? ¿Es que ni con dos años de guerra ganaban experiencia? ¿Es que al otro, al Macabeo, no se le morían los hombres con experiencia?

Lo interesante es que incluso después de perder cierta ciudad amurallada de norte, incluso dos años después del inicio, los seguidores de Balaam tenían capacidad para ganar la guerra. Incluso entonces, por capital humano, reservas monetarias e industria. Los enemigos de Dios podrían haber vencido o mantenerse incluso conservando solo la zona oriental de ese territorio de cuyo nombre no puedo acordarme.

Frente a la visión materialista, yo tengo la misma visión de ese David: Fue Dios. Él estaba convencido de que era así. Y siempre lo dijo bien claro a quien quiso escucharlo.

Milagros hay en las páginas del Antiguo Testamento. ¿Pero es que no hemos visto la Mano de Dios también en la época inmediatamente anterior a la nuestra? Cuando Dios quiere, no importa que te ataquen con fuerzas muy superiores una y otra vez. Y eso, exactamente eso, es lo que sucedió. Lo repito, incluso dos años después de la contienda, los seleucidas podrían haberse hecho fuertes en la zona oriental sin que nada ni nadie les hubiera sacado de allí. ¿Creéis que los idólatras no intentaron pasar a la ofensiva incontables veces? Pues claro.

Ah, por supuesto que eran idólatras. Idolatraron una idea impía a la que sacrificaron vidas. Por ese falso ídolo torturaron y quemaron. No idolatraron una imagen de plata u oro, sino una idea perversa. Por ella mataron y murieron.

Pero, al final, la Mano de Dios colocó a su elegido en un trono estable que se prolongó durante parte de tres generaciones. No fue ungido con un óleo material, como David. Pero fue elegido. Y, al final, lo que importa es la Voluntad de Dios, con unción material o sin ella.

Post Data: La situación actual, DE NINGÚN MODO, se podría solucionar como la de entonces. Ahora todos son filisteos, adoradores de Molok y servidores de Balaam. Tampoco el problema es de un país o unos pocos países, sino mundial. En casos como este, hay que mirar a otros pasajes de la Biblia. Dios actuará, no lo dudemos. Mientras tanto, esperemos; pero, a sabiendas, de que las páginas de la Biblia siguen siendo tan verdaderas como en todos los tiempos.

martes, mayo 21, 2019

El clergyman del siglo XIX



Tengo cincuenta años, es decir, tengo la misma edad que Felipe VI y Will Smith, el primero trabaja de rey, el segundo es el de Wild Wild West. Marine le Pen y Daniel Craig (007) también tienen los mismos años que yo.

Por si a alguien le interesa, también nacieron en 1968: Hugh Jackman, Aaron Eckhart (el que hace de presidente en Objetivo la Casa Blanca), Naomi Watts, Brendan Fraser (con razón que le he visto tan deteriorado), Patricia Arquette.

Bueno, al menos sigo siendo más joven que la Reina de Inglaterra o que Brad Pitt. Algo es algo. Ah, solo tengo dos años más que Melania Trump. He pensado que todos estos datos os serán de gran utilidad.

Para mí, lo son. Cada vez que les vea, señalaré la pantalla y comentaré a los presentes: “Tiene la misma edad que yo”.

Sea dicho de paso, así como Trump y Obama se llevan fatal. Y “fatal” es un modo muy caritativo de describir su relación. Sin embargo, los Obama y los Bush no es que se lleven bien, sino que hay una verdadera amistad. Su relación ha ido mucho más allá de lo cordial hasta llegar a auténtica amistad.

Ay, que pena que aquí no podamos ver un matrimonio entre algún hijo de Rajoy y alguna hija de Sánchez. O entre un hijo de Amancio Ortega y una hija de Pablo Iglesias. Si pudiéramos unir las desavenencias, como hicieron los Reyes Católicos, a base de una bien pensada política matrimonial.

lunes, mayo 20, 2019

Vídeo de un tobogán y un niño

Primero, no hay que quejarse a lo tonto.
Segundo, cualquier situación es susceptible de empeorar.

https://www.youtube.com/watch?v=jkwtErADspQ

¿Por qué los seres humanos nos internamos en laberintos de los que se puede salir?



El tema de ayer fue de una gran densidad. Por pocos que sean, están repartidos por todo el mundo. Qué misterio el del que entregó toda su vida para servir al prójimo, por amor a los demás, y, con el tiempo, se repliega sobre sí mismo, se mete dentro de su caparazón y no quiere saber nada de los demás, limitándose a lo mínimo imprescindible, a ejercer de funcionario, a ejercer con mala cara y con acritud.

Hay una gran diferencia entre aquellos que están pasando un periodo de tiempo de desánimo, de pereza, de debilidad, de pérdida de la ilusión, y estos otros casos en que alma se encierra en sí misma: no padece depresión, no padece ninguna enfermedad mental, sino una enfermedad del alma. El que tenía que dar la salud a los espíritus está gravemente enfermo.

A mí que me gusta aventurar soluciones a los problemas que veo en la Iglesia, ya dije en mi libro Colegio de pontífices cómo habría que reestructurar la función de los arciprestes para que casos como los que he dicho no queden aislados, sin nadie que se ocupe de ellos en las fases en que el mal todavía puede revertirse. Después, si un caso se aísla, durante años, será un milagro de la gracia lograr algo.

Lo que no debería suceder es que un sacerdote, ni uno solo, entrara en esta situación con toda claridad sin que se desplieguen todos los medios paternales y fraternales para evitarlo. Pero no penséis mal de los obispos. Hay casos en que bien poco se puede hacer. El libre albedrío es el libre albedrío.

domingo, mayo 19, 2019

Jesús nos envió antes de ascender al cielo



No pensaba hacerlo, pero os voy a compartir un episodio que he vivido esta semana. No voy a decir ni el día ni el lugar. Pero es un hecho que me ha impactado enormemente.

Fui a ver a un sacerdote. Aunque somos 150 sacerdotes en mi diócesis, para evitar especulaciones, diré que este es un sacerdote de fuera de Alcalá.

Sin embargo, a él lo conozco muy bien desde hace muchos años. Esta semana fui a verle. Le quería preguntar por su sacerdocio. O, mejor dicho, por la razón por la que se hizo sacerdote.

Estoy seguro de que él no tiene pecados contra el sexto mandamiento. Esto lo menciono porque, cuando hay problemas graves, casi siempre se piensa en faltas de este tipo. Pero no es este el caso.

Este caso es el de un individuo encerrado en su egoísmo. Tiene más fallos: siempre desencantado, siempre criticando, siempre pensando mal. Y después está el tema del dinero... Sin ninguna duda, no se queda ni con un solo euro que no sea suyo. Pero qué amor al dinero, impresionante.

Hoy, tras ciertas dudas, he ido a verlo. Movido solo por el deseo de hacerle pensar. Quería hacerle recapacitar. Pero nada. Desde el primer momento, hostilidad. También frialdad.

Yo había ido rezando y seguí rezando mientras hablaba con él. Hablando, a veces, se llega a alguna parte. En este caso, me daba cuenta de que prolongar la conversación solo iba a llevar a que se enfadara más y más.

En un momento dado, le he mirado, mientras él hablaba, yo estaba tranquilo, completamente sereno, pero sorprendido ante el espectáculo de su alma. No me he enfadado lo más mínimo, solo sentía yo tristeza.

Al final me ha dicho que si creía que todo era tan sencillo como que yo llegara a verle y que él iba a abrir su alma a mí, estaba muy equivocado. Lo cierto es que no había intentado tal cosa. Yo había llegado con la idea de recordarle el ideal que le llevó al seminario. pero no había ido con el propósito de que me abriera su alma.

Hay almas que son pozos profundos. Yo le miraba en silencio, dado que él hablaba. Bien sé lo aislado que se encuentra. No es nada fácil que algún otro sacerdote intente lo que intenté yo.

Cuando salí de su presencia, no sentía ningún enfado. Solo sentía que yo era una de las pocas personas que le podía ayudar y que había cerrado completamente las puertas a esa ayuda. Ya lo intenté hace años y reaccionó de la misma manera.

El libre albedrío. Todos piensan lo mismo de él. Él es el único que no se da cuenta. Lo tiene todo para ser feliz, pero seguirá bajo esa nube gris, nube de desencanto, que le lleva cubriendo desde hace años. Rezaré por él.

Cuando algún laico observa un defecto en un párroco y me preguntan si sería bueno decirle algo, siempre les contesto que sí: que, aunque al principio, se enfade, después la persona reflexiona. No os guardéis las cosas. Decídselas con cariño, con calma, con el solo deseo de ayudarle. He escrito estas líneas para que hagáis vosotros como he hecho yo. 

Y si no os atrevéis a decírselas de viva voz, hacedlo por carta. Y si no os atrevéis a firmar la carta, dejad una carta anónima. El párroco valorará una carta que le hable con cariño, aunque el que la escribió no se atreva a dar el nombre. Todos notamos cuándo alguien nos habla para herirnos y cuándo alguien habla con el único propósito de ayudarnos.

De la habitación donde estaba este presbítero me he marchado con tristeza, él se ha quedado rumiando sus malos sentimientos. No he visto su espíritu, pero he escuchado sus palabras. Y eran palabras... malas.

Una música preciosa del compositor Shigeru Umebayashi:

sábado, mayo 18, 2019

Aquellos años en los que la fe cristiana todavía imperaba en la sociedad



Para las amas de casa que leéis este blog, hoy os ofrezco la música perfecta para cocinar. Pertenece al género “música para cocinar”.


El rostro de la profesora que aparece en la pintura de Norman Rockwell lo dice todo. ¡Dedicado a Anxe que es profesora!

Es esta música la que me ha sugerido el tema del post. Y es que se está extendiendo un tipo de feminidad (propiciada por esa secta que es ultrafeminismo) que es horrible: ¡No las vamos a casar con nadie! ¿Pero quién va a querer casarse con una mujer que parece un camionero?

El ultrafeminismo es una secta radical. Si, encima, la feminista que se sienta a tu lado en una boda es una vegana y animalista, entonces, es mejor que entiendas que no va a hablar, durante toda la comida, de otra cosa que de la sociedad patriarcal (es mejor que te declares culpable desde el principio), de cómo te estás envenenando con cada bocado de ese pato del plato y te mirará como se mira a un asesino. 

Se imagina que el pato iba feliz por un prado disfrutando del sol primaveral. Supongo que las lombrices que se comía el pato no merecen su misma misericordia.

De todas las absurdidades que nos regala nuestra generación, la del feminismo radical (y mejor con los dos pluses añadidos) es de la más graciosas. Por lo menos hasta que vayan con antorchas a por nosotros.

Por eso yo canto: Give me that old religion.