jueves, mayo 31, 2018

Mi querida España, cuántas desgracias te esperan



No soy nada dado a posts acerca de noticias de última hora. Pero nada más llegar a casa por la noche, me he enterado de la moción de censura a Mariano Rajoy. Y sí… me gustaría decir algo.

El PP ha despreciado completamente a las que eran sus bases católicas. El partido ha cortejado a todos. Pero a los católicos los ha despreciado sin ningún pudor. En el campo religioso, el PP se había transformado en un PSOE más moderado.

El PSOE sí que ha sido un partido anticlerical, militantemente anticlerical. Aquellos que llevan repitiendo, años, que da lo mismo el Partido Popular que el Partido Socialista, sencillamente, no tienen ni idea. El PP no hizo nada por el Reino de Dios, pero tampoco quiso atacarlo. Mientras que el PSOE sí que llevaba en su agenda propuestas directamente contrarias a la Santa Iglesia.

Podemos no solo es anticlerical, sino rabiosamente anticristiano. El tiempo dirá si tengo razón. Pero no, no da lo mismo el PSOE que Podemos. Sobra decir cualquier cosa de unos líderes cuyos elogios de la Venezuela chavista han sido abiertos e indecorosamente públicos.

Ahora que Rajoy ha perdido la presidencia, estoy seguro de que estamos en el comienzo de un cambio de ciclo. El PSOE va a gobernar con Podemos, por fin lo ha logrado. Por fin los ciudadanos se acostumbrarán a la idea de que esos radicales puedan un día gobernar. Al gobernar el partido de Pedro Sánchez con los votos de los antisistema, los radicales arrastrarán a los socialistas hacia posiciones cada vez más anticristianas.

No espero grandes cambios en el corto plazo. Ni siquiera espero grandes cambios hasta las próximas elecciones que pueden ser en el 2020. Lo importante es apercibirnos de que hoy, justamente hoy, hemos entrado en una nueva época. Estoy seguro, completamente seguro, de que para la Iglesia esta época va a ser radicalmente distinta a todas las anteriores. Ahora sí que va a comenzar el juego duro.

De ceremonias de excomuniones y anatemas




















La iluminación representa al papa en una ceremonia de excomunión. Se le representa con la bula de excomunión en una mano y en la otra una vela que extinguirá, un acólito con una campana. En Roma no tengo constancia de que existiera esta ceremonia anglosajona de la que sí he hablado en alguno de mis libros y algún post. Si alguien nos puede iluminar si existió alguna ceremonia romana, se lo agradecería. A mí, no me consta.

Hoy he vuelto a escuchar el canto del Servicio del anatema que se reza en las iglesias ortodoxas un domingo al año. Podéis escuchar el canto aquí, después los comentarios.

Hay que reconocer que es una música poderosa: por el tono, la cadencia y el mismo contenido. El contenido es impresionante.

No se canta con esa belleza en todas las iglesias. La mayoría de párrocos hace lo que puede. Y el resultado está “bastante lejos” del canto que hemos escuchado.

Por supuesto que entre esos anatemas nos incluyen a nosotros los católicos sin nombrarnos explícitamente y, al mismo tiempo, anatematizan a aquellos que no consideren que los emperadores ortodoxos gobiernan según la voluntad de Dios o que no están ungidos por el Espíritu Santo.

Reconozco que fácilmente se me puede ocurrir una versión católica de tan bella ceremonia. Pero la gran cuestión es si algo así debe ser habitual (anual) o solo en algún momento concreto de la Historia. Porque no olvidemos que nuestra Iglesia Católica está empeñada en abrazar y no en anatematizar.

No digo que, a veces, no haya que excomulgar. A veces, hay que hacerlo. A veces, hay que expulsar. Pero Dios estará contento de que su santa Iglesia esté tan empeñada en atraer, en acoger, en amar y no en todo lo contrario. Aun así, a pesar de todo lo dicho, pienso que la Iglesia debe acoger y excomulgar, amar y señalar bien claro el error y, a veces, a los mismos heresiarcas.

No, no vería mal que en algunas catedrales o monasterios, alguna vez, se hiciera una liturgia muy mesurada, de palabras muy medidas, que fuera toda una reafirmación del concepto de ortodoxia católica, con una parte de negación y otra parte de afirmación. Algo muy cinematográfico, muy impresionante, estéticamente hablando, con un gran contenido teológico.

Pero en esos anatemas no habría que condenar ni a los protestantes ni a los ortodoxos. Porque, al revés, hay que seguir insistiendo en la verdad de que formamos una gran familia cristiana. Habría que pensar en una ceremonia para los males objetivos e indudables de dentro de la Iglesia.

Anotaciones al margen de unos datos de presupuesto



Hace poco, durante una conversación telefónica, con un director de documentales (ya retirado), recopilé unos datos de presupuesto de algunas películas. Los ofrezco con unas anotaciones mías personales escritas en color rojo.

Encontrarás dragones
Presupuesto 30 millones $
Recaudación: 4 millones $
Desastre absoluto de taquilla, desastre absoluto de película. Parece dirigida y rodada por la Liga de las buenas viudas de la decencia americana de 1939. Esta película estaba anticuada incluso en 1940.

La Pasión
Presupuesto 30 millones $
Recaudación 611 millones $
Una película que es arte, además de religión. Éxito de película, ultraéxito de recaudación.
Resultado: el director nunca más ha vuelto a dirigir.

Ágora
Presupuesto      50 millones de euros
Recaudación     20 millones de euros
Odio destilado en estado puro contra el cristianismo. Me alegro de que fuera un fracaso en taquilla.

San Pablo
Presupuesto de 5 millones de dólares
No he visto la película. Pero no veo ni la mitad de ese presupuesto en su tráiler repleto de primeros planos. El tráiler deja bien claro que no han gastado ni un dólar en escenarios ni en reconstrucciones 3D. Con buena voluntad no se filma una película.

Con poco dinero a lo mejor sí que se puede filmar el Diario de Ana Frank encerrada en un piso, pero no la vida de san Pablo. Con poco dinero se puede filmar La cabina. También se puede filmar Enterrado, que trata toda la película de un hombre enterrado en un ataúd. Pero la vida del viajero de Tarso, nein.

Ahora ya solo faltaría que alguien filmara una vida del Papa Francisco al estilo de Encontrarás dragones, pero con el presupuesto de San Pablo y solo con primeros planos y algo de cartón piedra detrás. Así se cerraría el círculo. O quizá, mejor todavía, una serie de dibujos animados acerca de la infancia del futuro Papa, estilo Marco, titulado El pequeño Francisco.

Lo que yo sí que vería con gusto es una trilogía con muchas aventuras en países tropicales, tipo Piratas del Caribe, con Johny Deep en el papel de Padre Fortea; dirigida por Tim Burton y con muchas canciones tipo Disney.

martes, mayo 29, 2018

Qué no es la Iglesia



Ayer en televisión escuché la noticia de los 250 sacerdotes que habían firmado una carta para pedir a los obispos que reafirmaran la doctrina tradicional de la Iglesia sobre distintos temas. Al escucharlo en una televisión de ámbito nacional y comprobar que varios periódicos importantes se hacían eco de la noticia, me temí lo peor. Pero era tarde y me fui a dormir.

Pero hoy he visto que la sangre no ha llegado al río. Sí, parece ser que el fuego no ha quemado el pajar. Además, leí la carta y era totalmente razonable. Yo me esperaba algo así como ¡Proletarios del mundo, uníos!, pero dedicado al tranquilo y pacífico mundo de los párrocos, los canónigos y los capellanes.

Vamos a ver, yo estoy a favor del magisterio pontificio que es el fundamento de la carta, pero no estoy a favor de las presiones. Ese no es el camino. Ni en una parroquia ni en una diócesis ni en la Iglesia. No es el contenido de la carta lo que me preocupa, sino su intención. Que hay desorientación. Sí. Que el relativismo cunde cada vez más. Sí.

Pero si esta situación no se va resolviendo por los medios ordinarios, el camino sería un concilio universal. Pero no un concilio en el que asistan todos los obispos. Cuando el número de participantes resulta excesivamente grande es demasiado fácil teledirigirlo, encaminarlo y formar grupos de protesta. Ya lo dije en otros posts y con más detalle, pero repito la idea: Lo mejor sería escoger a cincuenta obispos que sean los más santos y sabios. En ningún caso, más de setenta obispos. Y que esos venerables patriarcas oren y dialoguen, sin prisas, sin necesidad de producir documentos. Orar, orar mucho. Dialogar de un modo constructivo. Esforzándose en tratar de ver qué hay de correcto en cada postura teológica.

Después, el resultado de ese trabajo que puede durar meses (con encuentros de una semana cada dos meses o mes y medio) se puede proponer al resto del episcopado mundial. Ojalá que se propusiera el consenso logrado a todos los obispos para que lo votaran. Pero si no fuera posible, se propondría la más honesta exposición de las distintas posturas para que los obispos votaran de forma consultiva. Se dejaría claro que la votación es consultiva, no deliberativa. ¿Por qué? Porque el resultado de todo este proceso será mejor si tras esa consulta, con esos resultados de las votaciones, se reuniese un sínodo de unos trescientos obispos para realizar un último diálogo.

Si el primer grupo de trabajo sería escogido por su sabiduría y santidad, el segundo grupo sería escogido como verdadera representación del entero colegio. Es decir, los mismos obispos votarían, en sus conferencias episcopales, para elegir que hermanos les representarían.

Y, entonces, ese grupo de sucesores de los apóstoles reunidos con el sucesor de Pedro, tras una semana de oración y conversaciones, podría ofrecer a la Iglesia un fruto de doctrina resultado del diálogo y la oración, de la reflexión humana y de la acción del Espíritu Santo.

No digo que lo hecho hasta ahora no haya sido algo parecido a esto que propongo. No digo que lo hecho hasta ahora no sirva. Los sínodos que se han realizado tienen su valor. Pero pienso que hay que extremar los medios sobrenaturales en un tema tan delicado como este. Pienso que una “situación nueva” precisa de un sínodo cuya composición, convocación y método de trabajo sea tan extraordinario como la situación que lo provoca.

En fin, es mi pequeña opinión sobre el tema. Trabajar sin presiones. Reflexionar sin enfrentamientos. Buscando todo el tiempo la verdad de la doctrina, la máxima fidelidad, el completo respeto a lo que hay de inmutable en la tradición. Pero buscando todo eso en la caridad, amándonos cada vez más.

Yo, ya de antemano, os digo que acepto todo cuanto el Magisterio ha enseñado y enseñe el futuro, tanto el magisterio extraordinario como el ordinario, tanto el del Papa como la enseñanza auténtica de los obispos repartidos por el mundo.

Pero lo que no es la Iglesia es un concurso de gritos, a ver quién grita más fuerte, a ver quién suma más a este lado para comenzar una escalada de réplicas y contraréplicas. La Iglesia es un misterio de comunión en el que el Espíritu Santo cuidará para que el error no se introduzca en el magisterio de los sucesores de los apóstoles.

Cosas del día



Hoy me he dado cuenta de que, aunque seguía grabando mis sermones, se me había olvidado subirlos al servidor. Disculpad este lapsus de mi memoria que ha durado un mes.

Hoy he sabido que unos 250 sacerdotes han firmado una carta. Si puedo mañana me referiré a ella con detenimiento, hoy ya es tarde y me voy a dormir. Con uno de esos sacerdotes estuve cenando hace dos días.

Estos días estoy dudando si grabar cada semana algún sermón en vídeo para subirlo a youtube. Lo voy a pensar. En mi libro sobre Moisés ya voy por la cuarta plaga. Muy interesantes los vídeos de Internet sobre extracción de veneno de cobra. Se necesita un ánimo nada dubitativo para ejercer esa labor.

Aquí están mis últimos sermones, por si a alguien le interesa escucharlos:

Sermón 1531
La misa como el acto de revivir la aparición de Jesús a los Once en el cenáculo

Sermón 1532
Excusar, siempre que sea posible, incluso a los enemigos de la Iglesia

Sermón 1533
Recibisteis la Ley por mediación de ángeles, reflexiones

Sermón 1534
Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre

Sermón 1535

Sermón 1536
El buen pastor, los pastores, los asalariados (II parte)

Sermón 1537
El buen pastor, los pastores, los asalariados (III parte)

Sermón 1538
El miedo a los maleficios
Este sermón está teniendo algún tipo de fallo técnico porque no se sube al servidor. 
Si mañana lo logro, lo pondré

Sermón 1539
Las dos tablas de los Diez Mandamientos (I parte)

Sermón 1540
Las dos tablas de los Diez Mandamientos (II parte)

domingo, mayo 27, 2018

A los comentaristas de temas eclesiásticos



Quiero recordar a todos los comentaristas algo que ya expliqué con más extensión en otro post hace años: que la Iglesia NO es santa y pecadora. ¡Es santa y solo santa!

Una mujer bellísima con un cuerpo escultural, ojos verdes, pelo rubio como el oro, aunque se sumerja en barro, sigue siendo bella. Así que alejaos de aquellas lenguas de víbora que arrojan barro a la Iglesia, ¡con la excusa de hacer bien! Encima eso. Es como el que te abofetea y te dice que lo hace por tu bien. Manchan con sus palabras y hay que estarles agradecidos.

Mejor juicio recibirán los paganos que no atacaron a la Esposa de Cristo que los malos hijos que avergüenzan a la Iglesia entera, atacando a los pastores. A ver si algunos se enteran: ¡la Iglesia es un misterio de comunión, de amor y de verdad! No necesitamos vuestro veneno ni vuestro espíritu luciferino. 

Decís estar haciendo el bien con vuestra crítica. Pero vuestras palabras como puñales algún día recibirán el justo juicio de la Cabeza de la Iglesia.

Agradables charlas en deliciosas sobremesas


Hoy he comido un magnífico y jugoso sándwich de pastrami con dos lectores que me han venido a visitar. Después hemos dado un encantador paseo por el claustro del Museo Arqueológico. Museo que antes fue un monasterio. Confieso que uso el museo para este fin con bastante frecuencia. Obsérvese, en la foto, la típica barba que suelen tener todos los profesores de filosofía, también llamada "barba de filósofo". Obsérvese también la cara de bondad natural que suelen tener todos los profesores de latín, esto suele ser muy frecuente. La cara de beatitud de los clérigos españoles es ya proverbial y no voy a añadir nada que no haya sido ya dicho.

Me causa un gran placer recibir visitas y más si las visitas son de lectores cultivados interesados en profundizar los temas abiertos en esas páginas.

Por la tarde, durante la misa, recibí la visita de un sacerdote cuya vida espiritual admiro en grado máximo. Un sacerdote que más parece un ángel que un ser humano. Yo no le llego ni a la altura de su zapato. Me fui a cenar con una española, un francés y una polaca a un restaurante de sushi. Fueron un español, un francés y un alemán a un restaurante… es el comienzo de varios chistes.

Por completar el post, ya que ha salido a colación el almuerzo y la cena, hoy desayuné lo de todos los días: un cuenco de kéfir, con fresas, nueces y cereales. Bueno, hoy no le puse nueces y en vez de fresas, puse frambuesas que me las habían regalado. Pero siempre desayuno lo mismo. Por si alguien tiene curiosidad, muchos días desayuno Cheerios. Pero varío con las cajas de cereales, siempre que no sean excesivamente azucarados. Si son muy azucarados los mezclo con copos de maíz normales, sin azúcar.

Durante la cena hablamos largo rato, la mayor parte del tiempo, acerca de cuestiones teológicas y eclesiales. Hoy día las discusiones están centradas en la polaridad tradición-progresismo. Pero, realmente, los polos de la teología son mucho más variados. Estar siempre dando la vuelta a toda la teología bajo esa dúplice perspectiva nos hace caer en un cierto reduccionismo. La teología como reflexión acerca de la verdad, como arquitectura del razonamiento, trasciende esa mera polaridad. El mero hecho de pensar continuamente de un modo polémico, inconscientemente, hace que caigamos en una teología al ataque que empobrece todo el pensamiento. La mejor teología siempre, a mi entender, es la que se realiza a la búsqueda del Ser y del ser de las cosas, es decir, la reflexión a la búsqueda de la verdad en estado puro. Aunque esto es más fácil de hacer que de decir.

Menos mal que en medio de todos estos pensamientos teológicos he contado el chiste de un señor que se moría en una casa de un pueblo a la hora de la cena. Nos hemos reído con ganas.

Ay, si hubiéramos podido arreglar todos los problemas de la Iglesia en esa cena, entre mis bromas y el sushi. Mientras que el almuerzo ha estado más centrado en el infierno y la condenación eterna.

viernes, mayo 25, 2018

La santidad y la corrección, la luz y el veneno oscuro



Estos días son varios los comentaristas que escriben que se puede criticar al papa, porque el Papa mismo lo ha dicho. Algunos medios han repetido que el papa Francisco ha dicho: No es pecado criticar al papa.

Pero he ido a la fuente original y lo que el papa ha dicho es: Aquí no es pecado criticar al papa. Qui non è peccato criticare il Papa.

Estaba hablando en el Vaticano, ante los obispos de la Conferencia Episcopal Italiana. Repito, en el Vaticano. O dicho de otra manera: no es pecado señalar un defecto o un error delante de mí para que todos juntos reflexionemos. En esta frase, una palabra cambia el sentido.

Está clarísimo, no hay nada malo en la crítica constructiva. Siempre será pecado la crítica destructiva o la que va contra la caridad o la que falta al respeto. También es pecado la puñalada trapera, la conspiración, los contubernios y la rebelión de Coré contra Moisés.

A todos los que gustan criticar, y hasta tienen seguidores, recordadles las palabras de Jesús: Si tu hermano peca, ve y repréndele a solas tú con él.
Y esta es la traducción más usual, porque el texto canónico (en griego) todavía tiene más matices que refuerzan lo que digo. Pero este no es el momento.

Además, ya he dicho mucho sobre el tema.
Varios posts. Algunos de ellos son estos:


Varios vídeos en este link:

Sobre todo, lo mejor es el Sermón 1445 ¿San Pablo corrigió a san Pedro en Antioquía?

jueves, mayo 24, 2018

Encuentro sacerdotal



Hoy hemos celebrado todos los sacerdotes la fiesta de Jesucristo, sumo y eterno sacerdote. Aquí se ve un pequeño grupo a la salida. También se observa el buen sentido del humor del que les ha dotado su larga estancia en el seminario.

Iba a ofreceros algunos pensamientos piadosos que me han acompañado en la misa en la iglesia de las Bernardas, donde se ha celebrado la misa. Pero prefiero guardármelos en mi augusto pecho. El 3 de julio celebraré el 25 aniversario de mi ordenación sacerdotal.

La comida ha estado muy buena. Quizá demasiado vinagre en el gazpacho de primero. El postre ha sido de los que no me gustan, pero nunca llueve a gusto de todos.

Os pongo dos vídeos a continuación. Uno de niños con animales:

Y otro de animación:

Historia e Iglesia



Incluso entre los mismos historiadores suele haber algo de confusión respecto a cómo era el sistema para nombrar obispos en España en la época de Franco. Para aclarar este asunto, copio aquí la explicación del máximo especialista en el tema, ese gran historiador que es Luís Suárez. Pongo aquí sus palabras:

“Conviene explicar con detalle en qué consistían las seisenas. La Nunciatura, contando con la colaboración de los obispos, redactaba la lista de posibles candidatos; en ella figuraban aquellos nombres que los prelados proponían y también los que el nuncio consideraba idóneos de acuerdo con sus propias noticias.

La consulta posterior permitía al Estado presentar objeciones contra personas concretas, pero sin que se tratara de un veto. (…)
Toledo se reducía a un nivel honorífico, ya que la potestad y la influencia se concentraban en manos del nuncio.

Cuando se produjera una vacante o se viera la necesidad de nombrar un obispo coadjutor con derecho de sucesión, el nuncio se pondría en contacto con el ministro de Justicia a fin de seleccionar de la lista seis nombres que serían enviados a Roma.

El Papa, en contacto con el nuncio, escogería tres de ellos estando obligado el Jefe del Estado, en término de un mes, a proponer uno de ellos, normalmente el primero.

La terna no tenía que estar formada obligatoriamente por los que aparecían en la seisena, ya que el Papa se reservaba el derecho de incluir en ella nombres que no figurasen en la pequeña lista enviada desde España. El procedimiento, que aún confiaba mucha parte al Estado, sería reducido en el nuevo Concordato de 1953.

Estaba previsto que si el Vaticano proponía nombres fuera de la seisena sería obligatoria una consulta que requería tiempo.
Se trataba, sin duda, de un procedimiento lento y engorroso pero mucho más favorable a la Iglesia que el que estuviera vigente hasta 1931. La iniciativa quedaba, primero, en manos de la Nunciatura que cuidaría mucho de que solo se manejasen nombres favorables a la política romana, y en definitiva del Vaticano. Se entendía que el Jefe del Estado debía «presentar» al primero de la terna ya que en el caso de no hacerlo así debería dar explicaciones entablando, en consecuencia, una nueva negociación La documentación permite comprobar que, en años sucesivos, nombres nuevos aparecían en casi todas las ternas”.

lunes, mayo 21, 2018

Más sobre reyes y príncipes



Como curiosidad, diré que la monarquía española tenía una particularidad que no existía en las monarquías de otras latitudes más frías y lluviosas. Una particularidad que duró casi quince siglos. En otros reinos la norma era que el primogénito era el heredero de la corona. De ahí la famosa frase del reino de Inglaterra: ¡El rey ha muerto, viva el rey!

En Francia, de igual manera, el primogénito (el delfín) era el heredero indiscutible. En España, no. En el reino de Castilla, en el de Aragón, y en el de España después, era rey aquel al que proclamaran las cortes del reino. Y muy a menudo no era el primogénito. Después de la proclamación de las cortes, y solo después, se podía fijar una fecha para el ritual de coronación.

Eso era una costumbre de las tribus godas que entraron en la península. Tal costumbre también pervivió en la designación del emperador del Sacro Imperio.

Eso se cambió en la constitución española de 1978, poniendo fin a una tradición de, como he dicho, casi de quince siglos. Aunque hubo un breve periodo en el que se introdujo la Ley Sálica.

Franco (ese señor al que Zapatero no le gusta) determinó que serían las Cortes las que proclamarían a su sucesor en calidad de rey, pero determinó que podrían escoger a cualquier príncipe de sangre real. Evidentemente, las Cortes iban a votar al que él les indicase como el más apropiado, no hubo sorpresas. Y para que hubiera menos sorpresas fue designado (bajo el título de príncipe-heredero) mucho antes de morir. Pero, por si acaso, Franco (ese señor que ganó la Guerra Civil) se guardó siempre un as en la manga: las Cortes podrían escoger a un príncipe, a no ser que por razones graves vieran más conveniente escoger a otro en calidad de regente. O sea, que no quería sorpresas. A Franco no le gustaban las sorpresas. Por si acaso, como se ve, dejó abierta una puerta de emergencia. También las leyes tienen puertas de emergencia.

En eso mostró una mentalidad jurídica más previsora que los de 1978. No es de extrañar. Algunos artículos es que parece que se redactaron en servilletas de papel de restaurantes. Ahora mismo, se me ocurren muchos escenarios en los que ese artículo actual de la constitución podría generar graves problemas. Por ejemplo, un príncipe de Asturias totalmente indigno que no quiera renunciar a sus derechos. Pero hay más escenarios posibles. Lo cierto es que justamente ese capítulo acerca de la Corona contiene más lagunas, varias más, que, antes o después, pueden provocar problemas. Los ordenamientos jurídicos pueden hacerse según unos criterios u otros, pero lo que nunca se debe hacer es dejar flecos sueltos.

Post Data: Hoy he pasado un buen rato leyendo lo que es en Derecho el concepto de “premoriencia”.

Breves



Me alegro mucho de que una persona mestiza haya entrado a formar parte de la familia real británica, de que se haya cantado un Gospel en la boda, de que el predicador haya sido un obispo afroamericano, etc. La etnia negra ha sufrido mucho a lo largo de la Historia. Cualquier cosa que se haga para reparar tanta injusticia la veo muy bien.

Que conste que no me gusta decir “afroamericanos” o personas “de color”. Si lo hago es porque es la costumbre y te miran mal si no lo haces. Pero las personas negras tienen que sentirse orgullosas de ser negras. Lo de llamarlos personas “de color” lo veo un eufemismo, como si ser negro fuera algo menos bueno.

Alguno alegará que tampoco los negros son totalmente negros. De acuerdo, pero tampoco los blancos son realmente blancos. Si me miro la piel con luz natural, mi piel es más bien rosada.  A mí “negro” me parece un término del que sentirse orgulloso.

Mi blog es muy eurocéntrico porque hablo de lo que tengo alrededor. Lo extraño sería que el Blog del padre Fortea tratara, esencialmente, de las sabanas de África.
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En mi novela sobre las plagas de Egipto ya estoy en la segunda plaga. Mis dedos vuelan sobre el papel. ¡Qué malo era el faraón! Y ya tengo título para la novela. Hasta ya he hecho la portada. La foto es de mi último viaje a Ecuador.
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Felicito a Maduro. Ha ganado limpiamente otra prórroga en la cúspide de su tiranía. Creo que ha habido alguna denuncia de irregularidad ante el Consejo Nacional Electoral. No te preocupes, Nicolás, eso es como cuando Hitler invadió Polonia y un judío que vendía salchichas se quejó de que un tanque le rayó un poco el carrito.

domingo, mayo 20, 2018

Domingo, elecciones en Venezuela



Queridos compatriotas, quizá no me conozcáis, me llamo Maduro, otros me llaman Nicolás. Desde hace cinco años, estoy dirigiendo los asuntos de esta república que tiene petróleo bajo la tierra. Os aseguro que, aunque dé la sensación de que llevo en el poder veinte años, solo llevo cinco. Después de un quinquenio de ejercer mi peculiar visión de lo que debe ser una democracia tropical bolivariana, he llegado a la conclusión de que preciso que me deis vuestra confianza durante cinco años más. Os pido que no frustréis este pequeño deseo que os pido. 

Hasta ahora no he podido realmente gobernar, porque he necesitado tiempo para hacerme una idea de los verdaderos problemas del país. Pero ahora, ¡ahora sí!, me voy a poner manos a la obra. Solo un insensato no me proporcionaría cinco años más justamente en un momento en que puedo empezar a hacer algo por esta tierra y sus habitantes. Insisto, sería inadmisible entender que no me dieran el voto ahora que voy a trabajar con ilusión.

Es cierto, no lo niego, que en el país hay ciertos problemas, ciertas carencias. Pero todo tiene una explicación muy comprensible que se resume en una sola palabra: Plutón. Sí, Plutón. Durante los próximos cinco años, os intentaré explicar esta palabra.

sábado, mayo 19, 2018

Harry y Megan, felicidades a los novios, príncipes de una sociedad divorciada del Evangelio



He visto un resumen de la boda del príncipe Harry y Megan. Estas cosas les gustan tanto a la gente. Siempre me he mostrado a favor de instrumentalizar todo esto a favor de la idea de Estado. Que el Estado no sea una maquinaria fría e impersonal, sino que tenga esta dimensión estética. 

Soy un antimonárquico totalmente a favor de que la ópera siga en escena. Con fervor republicano digo: the State show must go on. Porque si no, solo tenemos el Código Penal, Hacienda y las medallas al mérito al trabajo.

Ahora bien, la princesa Kate abandonó el catolicismo para casarse con William; la princesa Megan abandonó lo que sea para hacerse anglicana; digo “lo que sea” porque lo he buscado y no se ponen de acuerdo los periódicos importantes. Con todo esto, comprobamos, una vez más, el postcristianismo de nuestra sociedad. Hoy soy esto, pero mañana puedo abrazar cualquier cosa si la boda lo requiere.

No creo exagerar si afirmo que el 70 o el 80% de los que se confiesan cristianos en Europa, estarían dispuestos a añadir a sus creencias a Buda, a Zaratrusta o a Visnú en pie de igualdad con el Concilio de Nicea o los de Constantinopla.

Todas nuestras parafernalias tienen lugar en un escenario que se va a derrumbar antes de diez años. Baste ver el acuerdo con el Movimiento 5 Estrellas (M5S) en Italia, una Europa camino de la balcanización, el auge impresionante, imparable, de la dictadura China, etc.

A diferencia de otras épocas más estables, más predecibles, somos muchos los que tenemos la impresión de que nos adentraremos en un tiempo de revoluciones sociales antisistema, de que nuestras democracias occidentales van a experimentar una clara evolución populista con regresión de derechos y libertades.

Eso es lo que pienso al ver la boda de esa monarquía. Nuestra civilización ha derribado los pilares del cristianismo, reduciendo esa fe a una minoría. Lo de hoy ha sido como una gran fiesta en la República de Weimar. En diez años, las cosas pueden cambiar tanto. Y nos acordaremos de ahora, de la orquesta que seguía tocando en cubierta.

Los vestidos, los actores invitados, las pamelas, el carruaje… pero los huevos de la serpiente ya están incubándose en nuestra sociedad. Los Maduro, los Chávez, los Evo, ya pululan entre nosotros, por las calles de la Vieja Europa, aunque todavía no hayan llegado al poder. Nuestra sociedad fue abandonando el Evangelio desde los años 70 hasta nuestros días. Ahora es el tiempo de que comiencen a eclosionar realidades postcristianas cualitativamente diversas, más feroces.

viernes, mayo 18, 2018

El solideo como símbolo de autoridad, de prudencia, de sabiduría


Hoy se ha comunicado a los medios una noticia sorprendente: todos los obispos de Chile han presentado la renuncia al Papa.

Ante semejante hecho, me gustaría escribir algo que no fueran lugares comunes, algo que no fueran las mismas reflexiones de siempre.

La tarea más importante de este papa es reformar enteramente los criterios por los que es escogen obispos en la Congregación para obispos. Unos criterios tales que requieren, necesariamente, de la renovación paulatina, pero urgente, de muchos de los integrantes de esa congregación. Los antiguos criterios han conformado la creación de un cuerpo de “oficiales, monseñores y consejeros” que siempre han seguido esos criterios y han sido, ellos mismos, elegidos según esos criterios. Para ellos resultará imposible actuar y ejecutar según los nuevos criterios, porque lo harían según la antigua mentalidad.

Pero cualquier reforma en esa congregación, por profunda que sea, será temporal, mientras no se reforme el mismo colegio cardenalicio. El análisis de esta situación ya lo abordé en detalle, con la profundidad que merece, en mi obra Colegio de pontífices. Obra que se complementa con Las llaves del león.
Cualquier reforma de la Congregación de obispos será temporal, si no se reforma el Sacro Colegio, pues, antes o después, la cosmovisión eclesial de los purpurados se acabará imponiendo a los individuos, por excelsos que sean, que se hayan colocado en la congregación como faro y luz de un nuevo modo de hacer las cosas.

De hecho, el Sacro Collegio ni siquiera necesita entrometerse en el hacer de la congregación. Ya que su parecer se impondrá por la vía papal, dado que ellos escogen al obispo de Roma.

Los problemas que analizo en mis dos obras resultan insolubles, mientras no se aborde una reforma mucho más profunda, de mayor calado, con miras a más largo plazo. Mientras eso no se produzca, cualquier cambio será mucho más limitado de lo que puedan imaginarse sus autores, por más que estén movidos de la mejor voluntad y de las mejores intenciones.

Mi visión de toda esta cuestión para nada es pesimista. El episcopado lleva un claro camino de purificación y mejora que proviene del siglo XVI. Pero no hemos llegado al final del camino. Se ha logrado mucho, muchísimo. 

Aprendí tanto acerca del episcopado norteafricano del siglo V al documentarme para mi libro La catedral de san Agustín, y os aseguro que tenemos los mejores cardenales de la Historia; y que el episcopado actual es el mejor desde los tiempos gloriosos de los primeros siglos. Pero debemos seguir reformándonos. 

Yo mismo me llevo reformando desde hace años, con avances y retrocesos. Pero, sea como sea yo, tengo muy claro cómo debo ser. Lo mismo le sucede a la Iglesia: la sencillez y pureza del Evangelio.






jueves, mayo 17, 2018

El estudio orante de la teología

Me ha pedido una persona que hable un poco acerca del estudio orante de la teología, ese estudio que, hace unas semanas, aconsejaba a todos los sacerdotes, para hacerlo durante toda la vida.

Lo primero de todo el lugar. El estudio como oración debe evitar una mesa llena de cosas. Lo mejor es una mesa desnuda, en la que solo esté el papel que se precise y alguna imagen religiosa. La mesa debe respirar limpieza y orden. La imagen religiosa debe inspirar devoción.

Lo mejor es interrumpir cada cuarto de hora el estudio para elevar la mente a Dios con alguna oración.

La postura del sacerdote, su disposición a dialogar con Dios lo que lee, su calma en la lectura, su actitud de detenerse a menudo para reflexionar lo que lee, deben conformar ese tiempo como un tiempo de adoración: se está uno internando en la ciencia de Dios.

La lectura debe ser calmada. Uno busca saborear. La teología tiene que provocar deleite. La lentitud es la consecuencia de entender que no es una lectura más, sino una lectura sagrada (por el modo) de un texto sobre un tema sagrado (la ciencia de Dios).

Si un libro me lleva a conocer más a Dios o las cosas alrededor de Él, bien. Si veo que el autor se pierde en erudiciones que me resultan inútiles, mejor es dejarlo: la lectura será infructífera. Un libro que dedique cien páginas acerca del campo semántico de la palabra “logos” en los Santos Padres, puede ser útil para algún profesor, pero no para un sacerdote común.

Si el autor se pierde en laberintos de tipo lógico que me resultan bellas construcciones lógicas, pero carentes de utilidad, mejor es dejarlo: la lectura será infructífera. Un autor neoescolástico que dedique cien páginas al conocimiento inductivo de los entes espirituales, probablemente resultará inútil para un presbítero común.

Uno puede descubrir que, desgraciadamente, el 40% de sus lecturas teológicas transcurre a través de selvas de palabras que son aburridas y que carecen de cualquier utilidad para mí.

Todos entendemos lo que es la lectura espiritual. Lectura de obras para bien del propio espíritu: santa Teresa de Jesús, san Juan de la Cruz, santa Teresa de Liseaux, La parábola del hijo pródigo, Relatos de un peregrino ruso, vidas de santos y obras compuestas por ellos. Pues bien, si entendemos lo que es la lectura espiritual, hay que intentar que las lecturas teológicas sean hechas con esa actitud y, al final, tengan también ese efecto.

Una es la lectura espiritual y otra la lectura teológica, son dos campos. La primera edifica el alma, la segunda forma el intelecto. Ahora bien, se puede hacer la lectura de esos textos del segundo campo, buscando sobre todo y ante todo a Dios.

La lectura teológica se puede hacer para buscar aprobar un examen, para buscar la erudición, para preparar una charla. O se puede hacer para buscar el propio bien. Tener claro que las lecturas tienen este fin induce a preferir un tipo de autores y lecturas, y a postergar otros. Induce a buscar los grandes textos, los más profundos, y a desechar lo más superficiales, los que son más vanos. Hay una teología más vana, más superficial, y otra más profunda.

Ejemplo de lectura profunda pueden ser Las confesiones, el De Trinitate de Tertuliano, la primera parte de la Summa Theologica que trata de Dios, y, en general, todos los tratados clásicos De Deo Uno et Trino; el de Michael Schmaus, por ejemplo. Grandes manuales como el tomo I y II de Teología moral para seglares, de Antonio Royo Marín O.P. Un buen tratado de metafísica, por ejemplo el de la Universidad de Navarra. Los Santos Padres de los primeros siglos. Una buena vida de Lutero como los dos tomos de Ricardo Villoslada S.J., tan entretenida, como profundísima dogmáticamente. La lista de libros podría seguir con muchos más títulos.

Solo entonces, solo cuando la mente ya está sólidamente formada en la base dogmática, en una nítida ortodoxia, uno puede completar sus lecturas con autores centroeuropeos del siglo XX, para observar sus aciertos y perspicacias, sin que perjudiquen su poco amor al magisterio. Solo entonces uno puede leer a autores evangélicos, anglicanos y ortodoxos orientales.

He de confesar que suelo leer con más placer las exégesis de los mejores autores evangélicos (al menos creen en la inerrancia) que la de aquellos autores católicos que tratan el texto como si no fuera sagrado.

En el campo católico, observamos a autores que dotan a su reflexión de una mayor sacralidad. Mientras que otros autores, aunque también sean católicos, hacen una teología más mundana, menos consistente y más ligera.

Para que el que realiza una lectura orante de la teología no importa el número de libros que lee. A veces un libro, uno solo, puede convertirse en una inmensa región que recorrer una y otra vez. No hay que tener prisa en pasar a otro libro, mientras el fruto de uno siga siendo grande.

En la lectura orante, es muy bueno parar a meditar lo leído, a dialogarlo con Dios. En una lectura orante, no hay mucho interés en tomar apuntes. Lo importante es aprovechar el momento. Las anotaciones no tienen otro interés que tomar algún pensamiento para llevarlo a la oración. Y, después de la oración, a la predicación.

Se establece así una magnífica relación entre lectura-posterior meditación ante el sagrario- predicación. Cuando un sacerdote predica algo que ha estado meditando varios días, normalmente, ese sermón resulta sublime.

El estudio orante de la teología llena de contenido la oración, hace que conozcamos más a Dios; también la moral, la historia de la Iglesia, la liturgia y todas las disciplinas. Y eso llena de material la predicación. Al final, el estudio de la teología cambia a mejor la vida del presbítero que se convierte en el sacerdote que cultiva la ciencia de Dios.

Todo esto no tiene nada que ver con el modo en que normalmente se estudia la teología en la licenciatura y el doctorado. Lo que he visto no tiene nada que ver con lo que acabo de describir. Tantos casos he visto en que solo se busca pasar los exámenes, en que se sienten sumergidos en archivos inútiles, o que se están pasando la vida buscando “palabras” que ofrezcan un alto nivel de erudición. De ahí que muchos doctorandos estén nerviosos, de mal humor, con sensación de que su trabajo no vale para nada y salgan de Roma sin amar más la teología. Y lo que es peor, que muchos de ellos perpetúen un estudio seco de la teología.

Ni se envía a los más adecuados a estudiar. Ni los más inteligentes son siempre los más adecuados como profesores. Siempre hay un tanto por ciento de estudiantes que están allí sin ningún gusto por la ciencia sagrada.

Este estudio seco, industrial, colectivo, nada tiene que ver con el estudio solitario de un párroco en su rectoría, bajo la guía de un sabio sacerdote; y, mejor todavía, bajo la guía de un santo y sabio sacerdote.