jueves, junio 22, 2017

La excursión diocesana de los curas (tercera parte)



Don Luís, nuestro canónigo, nuestro querido único canónigo, iba en la primera fila del autobús. Estuve pensando que si teníamos un accidente y salía despedido a través del cristal delantero, los periódicos podrían decir, con toda razón, que el entero cabildo catedralicio salió volando del autobús. Sería un caso único en la historia eclesiástica: el caso de un cabildo volador, la aniquilación de todo un capítulo en un solo accidente.

¿Y si hubiéramos tenido un accidente y hubiéramos fallecido todos? Se me ha pasado por la cabeza la cara que pondría el nuncio si le dieran la noticia de que la mitad del clero de una diócesis había pasado fulminantemente del estado de viadores al estado de purgación. No es de descartar que alguno hubiera pasado directamente a otra morada.


Las veces que he tenido hospital y no he podido ir a la excursión, me preguntaba: ¿si nos quedáramos la mitad en la diócesis, los escalafones (como en el Ejército) correrían hacia arriba automáticamente? Durante años, consideré ésa la única opción razonable para pensar en un ascenso en mi caso.

miércoles, junio 21, 2017

La excursión diocesana de los curas (segunda parte)



El viaje hasta Cuellar se hizo largo. Pero allí estaba el padre Atanasio amenizándonos el trayecto con el micrófono. Es un buen hijo de san Juan Bosco y parece ser que existe una tradición en la congregación de amenizar y hacer agradable la vida, a diferencia de otras congregaciones que se han especializado “en otras cosas”. Este dinámico salesiano nos distrajo los kilómetros con una larga charla sobre la cizaña.

Todos pensábamos que la cizaña era el nombre dado a todas las malas hierbas que crecían en el cultivo. Pues no. Error. Es una especie concreta: el lolium temulentum. Durante su charla científica todos llegamos a odiar la cizaña como no lo consiguió ningún sermón espiritual. Temí, incluso, que esa noche llegara a soñar que mi cuerpo quedaba invadido por la cizaña.

Estoy seguro de que su charla ha supuesto un antes y un después en las predicaciones acerca de la cizaña en la diócesis de Alcalá. Ningún cura podrá ya predicar en los próximos cuatro o seis años sobre esa parábola sin que al momento le venga la cara de este salesiano.

La charla fue tan buena que cuando acabó grité desde la mitad del autobús, me había cambiado de asiento: ¡Háblanos de las calabazas y pepinos de Egipto!

Pero al salesiano era difícil darte gato por liebre, y tras una breve dubitación me preguntó: ¿No eran pepinos y puerros?

Sí, los salesianos no han nacido ayer. Efectivamente, el versículo reza así: ¡Cómo nos acordamos del pescado que comíamos de balde en Egipto, y de los pepinos, melones, puerros, cebollas y ajos! (Números, 11, 5).

Si hubiera citado las cinco especies, en ese momento me hubiera convertido en su admirador. Aun así, me quedé impresionado tanto por la cizaña como por los puerros. De manera que le grité desde mi asiento: ¡Háblanos de la cizaña eclesiástica!

Cada una de estas intervenciones provocaban el jolgorio general del clero allí reunido. El viaje era tan largo que cualquier cosa les distraía y hasta les hacía sincera gracia.


Fue así, en ese ambiente tan sano que recordaba a los mejores momentos fundacionales de los discípulos de san Francisco, que llegamos a Cuellar. Pero eso, será otro post. 

Claro que todo no se podrá contar. Por ejemplo, debo dejar en la penumbra el momento épico en que un cura lleno de celo intentó que cierto párroco del postconcilio más radical (ya ahora anciano) se hiciera del Opus Dei. Dejando aparte si hubiera sido bueno o no que se hiciera del Opus, hay que reconocer que contado por él mismo fue apoteósico.

La excursión diocesana anual de los curas (primera parte)






















Hoy me lo he pasado muy bien. Hemos tenido todos los curas de la diócesis la excursión anual. Una vez al año nos vamos juntos a algún lugar no demasiado lejos. En este caso, nos hemos ido a Cuellar, donde está la exposición Las edades del hombre. Cómo se nota que esa exposición la organizan las diócesis: nos hemos encontrado a curas de Astorga y de Tarazona.

Pero el momento más entrañable de todo el viaje ha sido, cuando después de comer, nos hemos montado en el autobús y nos hemos quedado casi todos traspuestos de regreso a la diócesis. Tras un tiempo indeterminado me he despertado y he mirado hacia atrás. Iba en la segunda fila, porque me mareo mucho. La primera fila estaba ocupada por curas que me imagino que se marean más. 

Pues como os decía, he mirado hacia atrás y he visto a todos los párrocos, capellanes, coadjutores y vicarios episcopales en el más bendito de los sueños. Qué caras de placidez, qué buena conciencia. Sólo el secretario del obispo estaba en la última fila velando por todos, eso sí, charlando con un cura. Su juventud y energía le hacían y le harán siempre inasequible al sueño.


Cuando les he visto en esa situación de beatitud, he pensado: otro año, para otra excursión, tengo que traer una araña de plástico de esas bien gordas. En fin, mañana seguiré, porque una excursión de éstas tiene mucha tela que cortar.

lunes, junio 19, 2017

Sigo con los posts sobre el obispo en la Edad Media


Voy a continuar con los anteriores posts acerca de los obispos medieval. Me sorprendió que me dijerais que os habían interesado mucho esos posts. Así que continuo.

No es fácil saber qué tanto por ciento del clero había caído en el concubinato. Eso variaba de unas zonas de Europa a otras zonas, y de una época a otra. En los reinos de España, incluso los momentos más relajados de la Edad Media, fue muy raro. Mientras que en algunas zonas del Reino de Francia fue más frecuente en alguna época concreta. Cuando uno escucha las protestas de los predicadores más austeros de esos siglos, queda claro el pecado, pero no queda clara la frecuencia de la inmoralidad.

No hay duda de que hubo obispos que vivían en esa situación de pecado grave. ¿Decían misa todos los días? No. Tenían un pavor terrible al castigo divino. Si un obispo caía en el concubinato, se tranquilizaba a sí mismo recordándose que el sexo era algo natural, que mucha gente (tanto de sus sacerdotes como de sus fieles) lo comprendía sin escandalizarse, tenía confianza en perdón divino. Pero a lo que sí que los medievales tenían una impresionante reverencia era al Santísimo Sacramento de la Eucaristía. El obispo en pecado tenía pavor a entrar en contacto con ese Misterio sagrado en el que estaba presente el Dios terrible.

Había muchas leyendas acerca de la salvación en el último momento. Leyendas que insistían en la confianza que había que tener en el perdón divino. Pero había grandísimo temor al castigo divino si uno cometía semejante sacrilegio. Creían en un Dios de los cielos comprensivo con la debilidad de hombres hechos de barro. Pero que castigaba ejemplarmente el sacrilegio. Ay del que profanara los misterios sagrados. No importaba si uno era arzobispo, cardenal o sumo pontífice.

Por esta razón, había obispos que no habían celebrado misa durante muchos meses. Si uno celebraba misa, debía estar confesado. Y eso significaba arrepentimiento y propósito de enmienda. La lógica escolástica era rotunda, sin duda alguna era preferible no comulgar en Pascua de Resurrección, antes que hacer un acto sacrílego, echando el Cuerpo Santo de Nuestro Señor en un lugar inmundo.

Casi todos los obispos, pecadores o no, asistían a misa diaria. Su ausencia hubiera sido demasiado notada. El obispo vivía justo al lado de la catedral, contiguo a ella. El prelado no solía vivir en las dependencias de la catedral con los canónigos. Aunque al principio hubiera tenido su residencia inserta en el complejo de viviendas de los canónigos, siempre llegaba un prelado que mandaba construir una residencia aparte. Eso sucedía siempre, antes o después.

Aunque se le llamase “palacio episcopal”, se trataba de una amplia residencia urbana con muchas dependencias. Los obispos querían vivir aparte de los canónigos, en compañía de sus más allegados: uno o dos clérigos de su máxima confianza, un siervo y un ama de llaves que llevaban toda la vida con él. Allí recibía a familiares y amigos. Las comidas eran totalmente distintas de las de los canónigos, lo mismo los muebles, tapices y el resto de la ornamentación. Por eso el palacio episcopal, aunque contiguo, era un edificio totalmente aparte. El obispo quería intimidad y llevaba un nivel de vida superior al de sus canónigos. Si esto ya pasaba con los abades de algunas grandes abadías, cuánto más con el obispo que no era religioso, que no había hecho voto de pobreza  y que no tenía por qué llevar una vida de comunidad. (Mañana continuaré.)

domingo, junio 18, 2017

Post visual, en parte debido a que hace mucho calor

Me gustaría tener una biblioteca así. Así y de este tamaño.



















Qué bonita esta reinterpretación del Santo Sepulcro que se encuentra en un monasterio ruso.



















Es una pareja de la época victoria. Pero después de tanto tiempo, se nota cuánto se querían. Que suerte de tenerse. Qué fácil debía ser vivir el uno junto al otro. Es mi foto favorita de toda esta serie.





























Porque no sólo me alimento de cosas góticas.



















Me gusta veros sonreír.





sábado, junio 17, 2017

Jesús y el Vaticano


Si Jesús de Nazaret, el bueno, humilde y sencillo Jesús se apareciera a alguna persona, le preguntaría severo:

—¿Quién eres tú para juzgar a mi vicario?
—Es que…

—¿Cómo osas estar seguro de que Yo no lo escogí precisamente a él para dirigir a mi Iglesia? ¿Estás totalmente seguro de que no envié a mi Espíritu Santo para inspirar a mis cardenales reunidos en oración?
—Es que va a destruir a la Iglesia, es que no es ortodoxo, es que… populismo, divorcio…

—¡Calla! Sí tu hubieras vivido en los tiempos del Evangelio, hubieras atacado a mi Pedro como ahora atacas a su sucesor.
—¡Pero la Iglesia! ¿Cómo no voy a reaccionar ante el escándalo…?

—Si vas a seguir defendiendo a mi Iglesia sembrando la duda, la división y la cizaña, Yo te digo: Más vale que te vayas de mi Iglesia. Más vale que vayas a servir a quien quiera ser servido así.
—¿Cómo voy a callarme si está negando el magisterio de Juan Pablo II?

—El mejor amigo de ese santo sigue vivo: ahora se llama Benedicto XVI. Sus palabras ya te acusan ahora.
—Yo sólo quiero servir a la Iglesia.

—Pues ten cuidado, no sea que cuando mueras recibas la retribución de los enemigos de Cristo.
—Son unos tibios, se han amoldado al mundo, son…

—La Palabra de Dios es verdadera. Te lo aseguro: juzga y serás juzgado.
—Siempre seré fiel a la doctrina de siempre. ¡No he sido yo el que ha cambiado!

—Eso decían los fariseos que me condenaron.
—¡Es él el que lo está cambiando todo!


—Yo ya te he advertido. Sigue el camino que quieras. Gran sorpresa para ti será el juicio.

viernes, junio 16, 2017

El blog como diálogo


Acerca del post anterior, he leído vuestros comentarios. Y me gustaría decir algunas cosas, sólo sobre unos pocos comentarios. Mi estimada Anxelina escribió:
Sólo que espero que lo convenzamos nosotros más que él en su diferencia.
No, no se le invita a nuestra mesa para convencerle. Tampoco invito a un judío a cenar conmigo para convencerle. Ni a un evangélico le invito a dar un paseo para decirle: ven a pasear conmigo, a ver si te convenzo. No se puede instrumentalizar la amistad. No se puede instrumentalizar el afecto. Al otro se le quiere como es.

Carlos M. escribió:
Tenía entendido que la sabiduría nos venía de Dios, a través de toda su revelación. Entendía que la Iglesia es columna y fundamento de la verdad, y que éramos nosotros los que iluminábamos al mundo. Ahora resulta que requerimos de masones, ateos, protestantes, marxistas etc. para llevar luz a nuestra Iglesia. Cada vez es más evidente la crisis e infección dentro mi amada Iglesia.
La sabiduría de Dios la presentamos sin soberbia. A pesar de custodiar ese tesoro de sabiduría, escuchamos a todos. Precisamente, Nuestro Maestro en el Evangelio nos mostró esa dulzura en el obrar, esa sencillez. La Iglesia es una madre que llama a todos sus hijos alrededor de ella, y no sólo para que la escuchen y se queden quietos. A veces les pregunta sinceramente. Es decir, con verdadero interés por saber qué dicen, qué piensan.
Carlos, no juzgues a la Iglesia. No sea que Jesús reciba con más alegría a ese profesor que se ha portado bien con la Iglesia, que a un hijo de la Iglesia que ha juzgado a su madre y la ha criticado.

Miguel Alberto Grosso escribió:
Usted está seguro que de tanto hacer exorcismos no se le pegó “el que le dije”? Se lo pregunto porque su reflexión me parece tan estúpida y necia que solo “el que le dije” le pudo haber obnubilado el entendimiento a un hombre que, supongo, inteligente. Padre: qué le preocupa? Su carrera?
No sigo escribiendo tu largo comentario. Hay en ti demasiada pasión, demasiada ira contenida para dialogar. Sin serenidad no hay diálogo. Tu intención, al principio, podía ser buena. Pero por defender la ortodoxia has caído en sentimientos que Jesús no bendice. Construye el Reino de Dios, construyendo. No quieras construir, destruyendo.

Lt1 escribía:
Padre Fortea usted para mí es un sacerdote de proba ortodoxia y entiendo que está intentando seguir la línea del Papa para intentar Olvidar o cubrir el cisma dentro de la Iglesia, pero considero que se ha llevado a la Iglesia a un punto muy doloroso ya, por lo que le pido reconsidere su postura. Lo que menos espero de usted es una declaración cismatica pero si me gustaría leer de su parte la defensa de la verdad.
Saludos Con cariño.
A Lt1 sí que se le ve sereno, se puede dialogar contigo. Ahora no lo haré porque este post se va alargando mucho y mis lectores tienen que hacer deporte, sacar a sus hijos de paso y lavar los platos. Pero sí, yo admito la diversidad de opiniones. El cardenal Paglia, también. Vuestra Madre la Iglesia por supuesto. Lo único que os pide vuestra Madre, es que no hiráis, que no juzguéis a las personas, que seáis humildes. Hay diálogos constructivos y diálogos que no lo son. Sed humildes, en la Iglesia hay grandes maestros. Y grandes profetas. Y los profetas, es decir, los místicos, os piden que améis a vuestra Madre y al Vicario de Cristo en la tierra, os piden que améis a los obispos y sacerdotes. Si alguien cree que puede ir esparciendo veneno contra los cardenales y los sucesores de los Apóstoles, y después creer que uno es fidelísimo hijo de la Iglesia (más fiel que esos obispos) se equivoca. Es con el amor con lo que se sigue a Jesús, no con las armas de la ira.
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Fortea despidiendo el post por hoy: Mañana seguiré con más comentaristas, ahora tengo que rezar el breviario y después ir a celebrar la misa. Pero vuelvo a afirmar con toda seguridad que yo estaré al lado del Vicario de Cristo pase lo que pase. Ubi Petrus ibi Ecclesia. Apoyaré y amaré a este Papa y a su sucesor y al sucesor de su sucesor, aunque personalmente sean de las líneas teológicas y del estilo más diferente posible. Serán radicalmente distintos, pero ya tienen mi apoyo antes de que la Providencia quiera o permita que lleguen al solio de Pedro. En ellos veo al dulce Cristo en la tierra. La persona humana ante mis ojos queda eclipsada. Lo siento, pero sólo puedo ver la sacralidad que les rodea.

jueves, junio 15, 2017

¿Un abortista en la Pontificia Academia para la Vida?


En los últimos días, han sido numerosísimos los artículos contra el cardenal Paglia por haber nombrado como miembro de la Pontificia Academia para la vida a un profesor de Oxford, el cual había dicho públicamente que traza la línea del aborto en la decimoctava semana de gestación. Los titulares de algunos blogs católicos han sido muy duros. Titulares que venían a resumirse en la pregunta indignada de cómo se puede nombrar para ese puesto a un abortista. Por supuesto que la mayoría de los ataques al cardenal Paglia, en el fondo culpabilizaban al Papa sin mentarlo. Ataques que venían a decir que en la Iglesia ya está todo manga por hombro.

¿Cuál es mi opinión sobre el tema? No obtendré ningún beneficio dando mi sincera opinión, aunque sí que ganaré unos cuantos indignados más contra mí. Aun así, la compartiré con vosotros.

En un lugar como esa academia pontificia, resulta utilísimo escuchar con toda la frecuencia posible a aquellos que no piensan como nosotros. No sólo escucharles, sino también invitarles a la mesa a dialogar. Si sólo dialogamos con los que piensan como nosotros, nuestro diálogo se transforma en algo menos enriquecedor. Nuestro diálogo no debe convertirse en monólogo. Así que no me parece mal que en las congregaciones romanas haya presencia ordinaria de protestantes, ortodoxos, judíos, musulmanes y ateos.

Así que felicito y me congratulo por la elección del profesor Nigel Biggar. Perdone que le haya llamado abortista. No tengo la menor duda de que su postura es mucho más profunda y razonada (algo he leído de usted) como para resumirla con esa palabra. 

En mis libros he desarrollado una teoría de la Iglesia como Iglesia Madre de todos los cristianos y guía moral de todos los hijos de Dios. La jerarquía, hasta cierto momento del siglo XX, fue jerarquía de la Iglesia y sólo de la Iglesia. En el siglo XXI, cada vez quedará más claro que la Iglesia es escuchada con respeto por todos los hombres de buena voluntad, y que por tanto debe hablar para todos; con el respeto que se debe esperar en su discurso en una situación como ésta.


Mientras ésta es la realidad a la que nos dirigimos, otros siguen aplicando un esquema de Cristiandad, de Sacro Imperio. Lo que fue bueno o útil o aceptable u óptimo en su momento y circunstancias, puede ser inadecuado en otro. Francamente, los esquemas mentales de algunos están totalmente en otro tiempo.

miércoles, junio 14, 2017

Siguiendo con el tema de las vestiduras de los obispos medievales








Cuando un obispo iba a caballo, vestía (como los seglares) una túnica corta con pantalones. Así hacían cardenales o Papas. Los clérigos que llevaban túnica se arremangaban la túnica larga hasta la cintura, dejando las piernas a la vista cubiertas por pantalones. Si uno tenía tanto dinero como para mantener un caballo, también tenía dinero para comprar una túnica corta y unos pantalones. Salvo el alto clero, el resto de sacerdotes iban a pie o en burro.
En las grandes celebraciones, el obispo llevaba medias litúrgicas de seda, calzado litúrgico con brocados, quirotecas (guantes litúrgicos), tunicela de subdiácono y tunicela de diácono. Todas estas vestiduras muestran el deseo de cubrirse enteramente con prendas sagradas para la acción litúrgica ante Dios. Hay que hacer notar que estas prendas de los grandes pontificales suponen cuatro capas una encima de la otra (alba, dos tunicelas, casulla) más las dos de las vestiduras no litúrgicas (camisa y túnica): en los grandes pontificales, en total, se celebraba con seis capas de vestiduras.
Bajo la mitra llevaba una prenda de tela llamada “cofia”, normalmente de lino blanco y con dos tiras de tela para atarlo bajo la mandíbula. La cruz pectoral se llevaba sobre el alba, nunca sobre la casulla. Porque, al oficiar ante el altar, se recalcaba la unicidad de la cruz, de ese misterio redentor, con la presencia de una sola cruz: la cruz del altar. La personal del obispo debía ir oculta bajo la casulla.

La vestidura del obispo medieval

(Por alguna razón, hoy no puedo cargar ninguna imagen.)
Lo que la gente suele saber de este tema es lo que ha visto en las películas. Y en las películas, los obispos siempre suelen aparecer con su mitra y su casulla en todas partes: sea una recepción real en un palacio, sea al llegar a caballo a un pueblo. Eso es un gran error. Los obispos iban vestidos liturgicamente sólo para los actos litúrgicos. El resto del tiempo iban vestidos de un modo secular o con un hábito talar.

Muchos clérigos seculares vestían como los laicos. No había un hábito talar unificado ni siquiera en cada país. El hábito talar del clero secular tendía a imitar la túnica de los monjes benedictinos. Si un clérigo quería vestir de un modo más acorde a su estado, se ponía una túnica más larga, como era costumbre ceñida con un cinturón. Si quería vestir más acorde con su estado clerical, vestía colores más oscuros. Lo ideal era el color negro, ya asociado al estado de consagración gracias a las impresionantes y omnipresentes abadías benedictinas.

Se consideraba que lo mejor era que el clérigo no vistiera de forma colorida o con telas estampadas o caras o con franjas ricamente trabajadas. La sencillez de la túnica concordaba con el estado clerical. Su color oscuro, con la sobriedad que debía acompañarle. Los obispos en esta época ya llevaban cruz pectoral y anillo. La túnica no siempre era de color oscuro. Algunos obispos optaban por colores más mundanos y por telas más finas.



Si tenían frío se colocaban una muceta gruesa de lana que hacía las veces de un jersey. Ése es el origen de las actuales esclavinas de los obispos. Si tenían todavía más frío, se colocaban una capa, del color que fuera. Capa amplia en la que podían arrebujarse. Eso daría lugar a las capas principescas que llevarían obispos y cardenales desde la época del renacimiento. Si tenían frío en la cabeza se colocaban distintos tipos de sombreros. El sombrero clerical nunca estuvo unificado hasta el siglo XIX, y incluso entonces no del todo. Uno de esos sombreros era el camauro, que lo llevaban los obispos también. En el siglo XVIII, el camauro de verano de los Papas iría haciéndose más pequeño, hasta llegar a ser el solideo actual, que nunca tuvo nada que ver con la kippá judía.  Otro sombrero era la birreta, con distintas hechuras según los países. La cual era como una boina de lana y que daría lugar a la birreta actual. Cualquier clérigo podía tener una capucha en la parte de atrás de la muceta. Incluso los campesinos usaban esas mucetas y esas capuchas. 

lunes, junio 12, 2017

Apuntes míos catedralicios













Cuando acabé de escribir La catedral de san Agustín, ensayo con cuya escritura disfruté mucho, se me ocurrió que yo, entusiasta admirador de la Catedral de Canterbury, y que había leído no poco sobre ese templo medieval que me fascinaba, debería escribir un breve ensayo sobre la catedral de Tomás Becket. 

Se me ocurrió que sería para mí muy enriquecedor leer más sobre el episcopado inglés medieval y compararlo con el episcopado norteafricano del siglo V. Sencillamente me apetecía leer sobre el tema, recoger las notas sobre lo que encontrara y compartirlas con mis lectores.

Esa nueva obra, de ninguna manera, iba a ser una completa explicación del episcopado medieval, ni siquiera sobre el episcopado medieval inglés. Sólo pretendía ser un libro de apuntes. Apuntes que hablarían con mayor claridad para el que hubiera leído mi previo ensayo sobre la iglesia norteafricana del final del Imperio Romano. 

Hablarían con mayor claridad porque este ensayo trataba de ser una comparación entre dos iglesias distintas, la africana y la anglosajona; dos formas de sentarse en la cátedra episcopal. Uno el templo númida y otro el templo del reino de Kent, cada uno con su vida propia y particular. Me sentí fascinado por la idea de escribir un diálogo entre templos.

Que apasionante eso si comparábamos la vida de un obispo alemán actual con esos obispos. Qué distinta era la vida episcopal de un obispo australiano del siglo XXI, respecto a un obispo del México colonial, o de un obispo nigeriano respecto a esos otros mencionados. Los detalles era lo que más me fascinaba.

En fin, en los próximos posts os ofreceré algunas de las cosas que escribí acerca de este tema. Creo que se presenta una interesante serie de posts para todos vosotros, canónigos, numerarios y terciarios franciscanos.

Eso sí, a no ser que Trump I me fuerce a hacer algún comentario. Puede ser él o puede ser el Orangután Latinoamericano par excellence. Tampoco descarto hablar de los vídeos de gatos en vez de los obispos medievales de la Heptarquía. 

domingo, junio 11, 2017

La anticlerecía pagada por todos


Iba hoy a escribir algo más sobre hacia dónde va la Iglesia teológicamente. Pero como Trump cuando se indigna –como Trump cuando justamente se indigna y normalmente tiene más razón que un santo– hoy no puedo dejar de escribir algo sobre Juan Goytisolo, muerto hace unos días.

Escritor aclamado y que ha recibido todos los premios habidos y por haber. Por supuesto, siempre contra la Iglesia. Por ejemplo, escribió hace poco respecto a los obispos de España:

Quienes llenan sus arcas con dinero del Estado, esto es, con el bolsillo del contribuyente de resultas del actual Concordato, se aferran a privilegios de otra época: a la añorada alianza del trono y el altar de tiempos de Fernando VII

Bien, es muy curioso que se atreviera a escribir eso justamente él. Él se gastó una fortuna impresionante ganada en los tiempos que ser un best seller daba mucho dinero. Cuando sus amigos de progresía y anticlericalismo supieron que no le quedaba dinero (insisto, no porque le desapareciera en la nada, sino porque se lo gastó hasta el último euro), ya se encargaron de que siguiera viviendo a costa de todos los españoles.

Hay que hacer notar que El País le pagaba 3.000 euros todos los meses, escribiera o no escribiera: 2.200 euros tras impuestos. Pero eso no era suficiente. Para un padre de familia que se levanta a las 6:00 de la mañana a trabajar y no vuelve hasta la noche sería demasiado dinero. Para un progresista poeta de las izquierdas, no era suficiente.

Así que hubo que recurrir a los contactos, y ellos se encargaron de darle todos los premios posibles. Cuyo dinero no sale del País de las Maravillas, sino de los bolsillos de ese señor que se levanta a las 6:00 de la mañana a trabajar.

Como era poco, le encargaron (le regalaron) cursos de verano del Instituto Cervantes que pagamos entre todos. Que estuvo en esa engañifa de los cursos de verano, es indudable. Lo que no sé es cuánto logró sacar de las cajas del Estado por ese concepto un hombre que a esas alturas era un viejecito que aburría hasta las mismísimas ovejas. Pero no importaba mucho, el dinero también salía de ese misterioso País de nunca jamás.

Todo este asunto Goytisolo demuestra una vez más que en el mundo de la literatura todo se consigue a través de contactos, sólo por contactos y nada sin contactos. Y especialmente los premios. Habría tanto que decir de los premios literarios si no lo considerase una total pérdida de tiempo, prefiero hablar de los gatos de youtube.

Ah, se me olvidaba, volvamos a leer (después de todo lo que he dicho) las palabras de esa conciencia de la izquierda, Goytisolo, respecto a los obispos:

Quienes llenan sus arcas con dinero del Estado, esto es, con el bolsillo del contribuyente de resultas del actual Concordato, se aferran a privilegios de otra época: a la añorada alianza del trono y el altar de tiempos de Fernando VII


Vamos, hombre. No me hagas reír.

sábado, junio 10, 2017

Nuestra cautelosa aproximación a la verdad


Quisiera seguir con las reflexiones de ayer. No os asustéis, mi catolicidad no ha disminuido. Una cosa es el Magisterio y otra la cúspide innovadora de la teología, la que marcará nuevos caminos en la ciencia acerca de Dios: nuevos caminos del intelecto en los que no está todo dicho. De nuestra mayor comprensión de Dios, nacerá una profundización en la comprensión de la Iglesia o ciertas respuestas a cuestiones morales lícitamente debatidas; o, a veces, no debatidas, pero que admiten nuevos enfoques.

Una cosa es el Magisterio que es muy reducido y que preferiblemente debe ser pequeño. Una cosa es que los Papas y el colegio episcopal prediquen, y otra muy distinta es que traten de zanjar autoritativamente las cuestiones debatidas.

En mi libro, El león y las llaves trato el tema de otros cristianismos que hubieran sido posibles dentro del mismo esquema dogmatico-magisterial. Pero en el año 2017, son la corriente anglicanizante y la corriente ortodoxizante las únicas que tienen posibilidades reales de extenderse entre los obispos, en las facultades, entre fieles y sacerdotes. Otras posibilidades quedan para el estudio de la teología en estado puro.

Pero qué duda cabe que la verdad no se resuelve con una equidistancia geométrica. Sería muy sencillo buscar en todo la solución dando por supuesto que la solución a todo está en el término medio.

Desde luego, ahora hay un gran combate entre una teología que exalta la belleza de la verdad y con toda razón, y otra teología que exalta la necesidad de humanizar el concepto de ley férrea. Y es cierto que nuestras mentes nos han llevado a un punto en que parece que llegamos a una pared que no se puede atravesar. Más allá de esa pared tienes que optar por un camino que se distancia del otro. Y aquí no valen las prestidigitaciones: los dos caminos se distancian. Tampoco se resuelve la encrucijada con un all you need is love.

El nudo gordiano existe y no se puede hacer como si no estuviera allí delante de nosotros. Muchos desean, piden, claman por zanjar el asunto por vía magisterial. Pero mucho me temo que esta encrucijada no resulta el momento más favorable para ello. Cuando Trento respondió a Lutero, fue para reafirmar una teología que estaba clara. Pero, en este caso, acabar con situación a base de una inspiración ex alto a través del camino jerárquico parece querer hacer que una manzana madure a la fuerza, cuando todavía está verde.


La verdad es la verdad y seguirá siendo la verdad. Y porque es tan importante la verdad, merece que nos aproximemos a ella con todo respeto, cuidando todos los elementos humanos que nos han sido dados por Dios para nuestro acercamiento a ella.

Lo importante ahora es que no cerremos la cuestión en falso, que no cicatrice la piel eclesial sobre una cuestión no resuelta.

viernes, junio 09, 2017

¿Hacia donde va la Iglesia teológicamente?


¿Hacia dónde va la Iglesia teológicamente? Vaya por delante que éste no es un post de divulgación. Sino que, esta vez, hablo para los lectores más formados teológicamente, que este humilde (y pobre) blog los tiene. Este sencillo y pequeñito blog cuenta con ellos. En fin, dejemos el asunto de la humildad del blog.

Después de haber examinado las principales corrientes teológicas de finales del siglo XX que son las de ahora. Después de haber examinado la evolución de las demás confesiones religiosas, veo que (aunque podemos imaginar muchas variantes menores) hay dos caminos esenciales: el de la Iglesia Anglicana o el de la Iglesia Ortodoxa.

El primero es el camino que mantiene todos los dogmas, todo el Magisterio, pero que promueve ad maximum un diálogo con los valores imperantes de nuestra sociedad democrática occidental del siglo XXI. En este camino los dogmas no provocan muchos conflictos intelectuales. En los puntos en que el magisterio choca con lo que para unos es el sentido común, y para otros la mentalidad moderna, unos abogarán por añadir matices y nuevas cláusulas que delimiten el campo de aplicación de ese punto magisterial al mínimo posible. En fin, este es un camino por el que se puede andar más o menos trecho, más católicamente o de un modo más liberal.

El otro camino es el de la petrificación de la teología. La producción futura teológica abandonaría la exploración de nuevos campos, limitándose a una fiel y segura recapitulación. La teología se convertiría en interpretación. El magisterio entraría en un indefinido diálogo consigo mismo. La neoescolástica sería inevitable, la vistiéramos formalmente como la vistiéramos.


Al haber escrito esto sobre una anglización o una ortodoxización de la teología católica, ya me parece estar escuchando el grito de todos aquellos que claman: ¡a la herejía no se le puede dar ningún lugar! También me parece escuchar a aquellos que gritan: ¡se puede avanzar dentro de la ortodoxia! Por supuesto, por supuesto. A todos os digo: por supuesto. 

Quizá éste es el gran nudo gordiano que estamos intentando deshacer desde el Vaticano II. Quizá no sea necesario un gran tratado y los elementos esenciales caben en un post. No sé, mañana seguiré. Desde luego, no seré yo el que arregle todo aquí en este blog. Mi voz es más pequeña que la de un cardenal o de un rector de una universidad pontificia, pero también mis palabras son una voz en la Iglesia. Sin duda más pequeña, pero la verdad nada tiene que ver con la pequeñez.

jueves, junio 08, 2017

Foto de la reunión de hoy de sacerdotes en Torrejón de Ardoz


Hoy, como todos los años, los sacerdotes hemos celebrado juntos la fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno sacerdote. Como siempre, me voy a fijar en lo más anecdótico y superficial. He comido rodeado por salesianos. Los hijos de saint Salesianne du Turín me caen bien: son alegres y llenos de energía. 

Enfrente mío, en otra mesa, había otro al que he saludado y le he dicho que cada semana hablo con su predecesor en la parroquia. Las tensas y complicadas relaciones entre un párroco y su sucesor que han nutrido la literatura de siglos pasados, afortunadamente siguen vigentes en el siglo XXI. 

Don Juan Jesús ha vuelto a venir a la reunión con su fajín, esclavina y solideo. Ciertamente, se halla en las antípodas de la Teología de la Liberación y cualquier cosa que huela a modernismo.


Observo, por su ausencia, que dos curas jóvenes siguen de baja por hernia discal y rotura de coxis. El postre ha mejorado mucho respecto a la última vez. Fuera hacía mucho calor, un sol de junio. Pero de esto no tiene culpa la diócesis. 

Hemos comprobado, otra vez, que a los pocos sacerdotes latinoamericanos que tenemos no les gusta el pescado. No se han quejado. Pero está claro que en ese continente una buena comida no se concibe sin carne. Un cura nos ha contado que llegaba tarde al dentista, otro que se quemó la espalda cuando estuvo jugando en la playa en Brasil en sus años mozos. El clima ha sido alegre y sano. 

miércoles, junio 07, 2017

Este post es contra el English goverment, no contra el English people


Lo de que en Londres fueran necesarios cuatro días para identificar a una víctima (y ayer había otras tres sin identificar) es algo indignante.

El sistema policial español, sin duda, uno de los mejores del mundo necesitó 12 horas y media para identificar con total seguridad a 155 víctimas en los atentados del 11M, y muchas de ellas estaban con los cuerpos destrozados.

En el caso del español asesinado, de nada valieron los ruegos de la familia ni la llamada del Ministro de Asuntos Exteriores. Según se ha sabido después, el descontrol incluso en la lista de ingresados fue de manual, de Manual de la ineptitud. Las huellas dactilares y los datos dentales fueron entregados de inmediato, pero nadie sabe qué estaban esperando para no dar la identidad del fallecido. Ni siquiera dejaron a los familiares ver el cuerpo. Increíble.

En mi rabia de estos días he deseado que Escocia se independice y que un Paul Churches del partido Wecan (la versión inglesa de Pablo Iglesias de Podemos) haga del Palacio de Buckhingham el Mc Donalds más grande del mundo.

Nadie del gobierno inglés ha pedido disculpas. Ojalá que las Malvinas fueran argentinas. Ojalá que se descubra que Churchill, en realidad, era nieto de Bismarck o de un francés.