jueves, octubre 06, 2022

Huyendo hacia delante

 

Estoy plenamente convencido de que el pulso putiniano va a desembocar en la fase cúspide de la que hablaba hace unos días. La duda es hasta qué fase llegaremos en ese momento de clímax. Mi opinión es que veremos en las noticias la fase 2 o la 3. Putin atacará alguna infraestructura esencial de la Unión Europea, algo que realmente nos haga mucho daño.

Es muy triste estar a unas semanas de descender un escalón en esa orgía de sufrimiento y destrucción, y saber que todo se podría evitar si ese nuevo Gadafi diera marcha atrás. Pero no, no puede retroceder; su psicología, su personalidad, se lo impiden. La marcha atrás resulta imposible una vez iniciada la espiral de la que él no puede escapar.

Dentro de unas semanas, todos diremos con lástima: “Todo se podía haber evitado”. Pero no, desde el momento en que firmó la anexión de esas cuatro regiones, dejó bien claro que se obligaba a sí mismo a elevar la apuesta a cada respuesta nuestra.

La pérdida de niveles de democracia será el resultado directo de la pobreza masiva que se implantará en la Unión Europea. Esos regímenes autoritarios serán el marco de la persecución cristiana generalizada en el siglo XXI. Fátima. En el fondo ya se nos dijo todo en Fátima. Todo hasta el comienzo de una nueva era de paz y religiosidad, de armonía con Dios y entre nosotros. Pero la etapa previa sería como un nuevo fascismo, solo que esta vez rabiosamente antifascista.

miércoles, octubre 05, 2022

Club El arcipreste risueño (4ª parte y última)

 

Es cierto que la presencia de un número moderado de laicos enriquecería ese lugar. Pero el propósito que se busca con la creación de este lugar debe evitar el lujo. Debe ser un lugar con clase, pero sin excesos inadecuados. Un lugar agradable, pero no ostentoso.

Un lugar así debe ser regido por laicos con gran conocimiento de la materia, los clubs ingleses. Ellos constituirán la junta de gobierno. Se puede presuponer que lo harán bien puesto que los miembros de esa junta no cobrarán sueldo alguno, ni siquiera una gratificación. Eso hace que, en el fondo, el club sea regido como una fundación. Ya he dicho que los supernumerarios del Opus Dei me parecen los más adecuados para poner en marcha algo así, y para mantenerlo sin que pierda su esencia. Es decir, que si la idea tiene éxito, no pierda su espíritu precisamente por una excesiva presencia laical.

Sería todo un éxito si cada noche, a la hora de la cena, hubiera cincuenta o sesenta sacerdotes. Entre 1500 sacerdotes seculares no es tanto. Pero veo más realista aspirar a que sean unos treinta o como mucho cuarenta los que cada noche pasen el final del día juntos, o una tarde a la semana.

Hay sacerdotes, os lo aseguro, a los que nadie invita a almorzar o cenar el domingo. Este club sería un magnífico lugar para gozar un ambiente de fraternidad y forjar amistades sacerdotales. Cualquier sacerdote llegaría solo y los otros le dirían: “Ven, siéntate con nosotros”. Las mismas mesas de comedor estarían pensadas para que la gente se uniera, no para formar grupitos cerrados. Las mesas tienen que estar pensadas para acoger, no para que un grupo de amigos se repliegue sobre sí mismo.

¿Qué pensaría Jesús de algo así? No tengo la menor duda. El animaría a los obispos a usar cualquier recurso con tal de que los sacerdotes no se sintieran solos. Lo que sea para que cualquier sacerdote, en una gran ciudad, tenga siempre, todos los días, un “salón de estar” donde reine un ambiente de familia, una mesa donde bromear y charlar y escuchar a los otros.

Sería nefasto, simplemente lo menciono, crear un club para los sacerdotes de la curia, u otro para los pertenecientes a determinado rango clerical. Este tipo de clubes tiene que estar abierto a todos los hermanos, sin excepción. Obrar de otra manera, discriminar por rangos (incluso dentro de un club) sería hacer justo lo contrario de lo que se pretende con este proyecto. Dentro de un club, todos serán iguales, hermanos, ninguno tendrá ningún privilegio, por mínimo que sea. No quiero ni pensar en la aberración de que hubiera salas o comedores reservados para tal o cual rango de clérigos. Debe ser un lugar para sentirse acogido en un abrazo, no para cerrar puerta alguna, ni para crear “clases” entre hermanos. Jamás pienso que nadie lo haga, pero lo menciono para arrojar a las tinieblas cualquier movimiento en esa errada dirección.

Los obispos no harán ningún uso de este club. A ellos no les falta quién les invite a sus casas o los acompañe en sus residencias episcopales. Un club para obispos o cardenales no tiene ningún sentido. Son los pobres sacerdotes seculares los que, sobre todo a cierta edad, se pueden sentir solos. Pero pensemos también en un sacerdote joven en un pueblo (con muchos ancianos) que sabe que en la sede episcopal tiene este lugar donde llegar, sentarse y charlar. Cualquier sacerdote, a cualquier edad, podría encontrar aquí un esparcimiento sano.


martes, octubre 04, 2022

Club el Arcipreste Risueño (3ª parte)


Esta preciosa Felice Willat ganó el Premio Fine Art Photography. El club puede tener algunas salas cuyo acceso sea desde fuera. De manera que gente ajena al club pueda asistir a conferencias, exposiciones y conciertos. En un lugar como Madrid, se puede conseguir que incluso los conciertos se ofrezcan gratis por músicos debutantes. Eso no sería un abuso por parte del club, pues lo normal es que este lugar de encuentro solo consiga cubrir gastos. 

Aunque si se organiza todo bien, el club no sería deficitario. Como cualquier otro club modesto de este tipo, lo normal es que incluso obtengan unos moderados beneficios anuales que podrían revertir a las arcas de la diócesis. La cual podría ayudar al club cuando haya alguna reparación o mejora que hacer. Pero, en general, el club tendrá un ligero superávit anual. Si no fuera así, ningún club no clerical podría subsistir.

Acabo con algunos nombres sugeridos por los comentaristas:

Los nombres más originales y que me gustan

Presbyterorum Club

Pastores Bizarros

Los Informales

En un razonable segundo puesto, yo escogería estos nombres:

Rococo's Club

"El club de los venerables "

Club de los desamparados

Club La blanca tira

El sentido del humor de los comentaristas es inagotable:

Amigos para siempre

Club "Grupo San Pablo"

Church wine Club

Resultará necesario recordar, una y otra vez, cuál es el propósito de este club, la razón de su creación, la razón para mantenerlo: crear un ambiente agradable, atractivo, para que los sacerdotes puedan sentirse como en casa reunidos con otros sacerdotes.

lunes, octubre 03, 2022

Club el Arcipreste Risueño (2ª parte)

 

Continúo con el post de ayer. Es cierto que la cuota de los laicos podría pagar todos los gastos del club. Pero el criterio sería limitar el número de laicos a un cierto número, para que cada día (salvo el fin de semana) como máximo haya presentes un número igual de laicos que de clérigos. Se podría ir aumentando el número socios laicos hasta que la afluencia de ambos grupos se iguale.

Una vez que se alcance ese número adecuado, se trataría de elevar la cuota mensual hasta llegar al techo de dinero que se puede pedir razonablemente para que no baje ese número. Hay que tener en cuenta que este club, sin duda, se convertiría en el más conocido de la ciudad. Sería considerado un club simpático al que a muchos le haría gracia pertenecer.

Si vas a un club de clérigos, a la gente le gustaría charlar con los socios, tomar algo con ellos. Además, a los socios se les indicaría, al ingresar, que con toda libertad saluden y charlen con los sacerdotes presentes, que les pregunten si pueden sentarse con ellos y hablar. Las reglas peculiares del club también les resultarían originales a los socios laicos. Sin duda que siendo, en esencia, un club clerical tendrá que haber reglas peculiares.

Los miembros natos del club serían todos los sacerdotes seculares y regulares. Los religiosos poco uso harían del club porque viven en comunidad. Pero si un jesuita o un dominico o un escolapio (o cualquier religioso) tuviera allí amigos y se sintiera a gusto, por supuesto que podría ir cuantas veces quisiera. El club es para el clero diocesano, sean seculares o religiosos. Los religiosos también forman parte del clero de la diócesis. Se podría discutir si seminaristas y profesos temporales pueden tener acceso franco. En principio el criterio debe ser el de apertura.

El club tendría los siguientes tipos de miembros y de huéspedes:

-Natos: clero secular y regular de la diócesis

-Numerarios: Aquellos laicos que entran en el número de los que pueden entrar, pero pagando cuota. Solo se podrá acceder por invitación del mismo club tras revisar todas las solicitudes, pues el número de plazas es limitado. Esta limitación es necesaria para que el club no pierda su esencia.

-Honoríficos: Laicos de tal prestigio que honren al club con su presencia. Habrá un número fijo de miembros honoríficos. Una tercera parte de los miembros numerarios. Los miembros honoríficos los escogerá la junta de gobierno por votación.

-Invitados: Los que están de paso bien porque sean clérigos de otras diócesis o de otras confesiones, así como los invitados por un miembro del club

Por si alguien piensa que este proyecto es irrealizable, hay que recordar que en la archidiócesis de Madrid, hay 1200 sacerdotes seculares y 1400 regulares.

domingo, octubre 02, 2022

Club el Arcipreste Risueño (1ª parte)

 


Saliendo del hospital, he tenido el siguiente pensamiento: una persona cuanto más anciana se hace más difícil tiene hacer nuevas amistades. Por un lado, se le van muriendo su pequeño circulo de amigos. Y por otro lado va teniendo más difícil hacer nuevos amigos por razones físicas, de limitaciones de movilidad, de falta de ganas de hacer excursiones.

Es entonces cuando he tenido una idea que creo que vale la pena compartir. Lo fácil que sería en grandes urbes, como Madrid, Barcelona o Zaragoza, hacer un club para sacerdotes.

Es decir, hacer un club como los clubes ingleses, con la misma estética, es decir, muy bonito; y que ofrezca los mismos servicios, más o menos, sin lujos.

Es decir, un club en un lugar céntrico de la ciudad (a ser posible), de fácil acceso en transporte público, donde los sacerdotes puedan sentirse en casa, con una decoración tradicional inglesa, buenos sillones, pinturas de eclesiásticos por todas partes, donde haya una agradable biblioteca, un lugar donde puedan beber algo, jugar al ajedrez, quedarse a almorzar o cenar, un billar, una sala aparte donde puedan ver el fútbol o una muy buena película a la semana. Ojo, la decoración no sería tan lujosa como en las fotos que he puesto arriba. Me parece una idea simpática que todos los cuadros representen solo a clérigos, sin ninguna excepción.

Es decir, un lugar donde cualquier sacerdote que no sepa dónde cenar, o que tenga un tiempo libre y no sepa qué hacer, pueda ir y saber que se va a encontrar entre compañeros. Un lugar donde cualquier tarde o noche sabe que va a encontrar a treinta sacerdotes, la mayoría jubilados.

Ese lugar no debería parecer el salón de un asilo ni tampoco el típico salón de estudiantes de una residencia de monjas, sino un lugar elegante, que atraiga, el estilo de un club inglés tradicional me parece perfecto, elegante, pero no lujoso. Yo lo llamaría Club Julio II. Otro nombre que lo veo adecuado: Club de los Monseñores.

—¿Por qué lo llaman así?

—Porque aquí todo cura es tratado como un monseñor.

Por supuesto que estaría abierto a todo diácono, permanente o transitorio. Y que cada sacerdote podría traer invitados. Y que podría admitirse una pequeña cuota de miembros laicos.

Este club habría que hacerlo gratuito para animar a los sacerdotes. Si hay que pagar una cuota, por pequeña que sea, no pocos se desanimarán. Por supuesto que las bebidas y las comidas se las pagará cada uno, pero intentando que el precio sea de coste, sin sacar beneficio. El club sería propiedad de la diócesis.

Por supuesto que los curas pueden reunirse con los laicos en sus parroquias, en las casas de laicos amigos, esto solo sería una oferta más que la diócesis pondría a disposición de los clérigos.

Lo ideal es que este club estuviera adyacente a una residencia de sacerdotes jubilados. Eso sí, tendría que haber unas normas esenciales de vestimenta, todo club las impone. Los clérigos con sotana o americana y clergyman negro, los laicos con corbata y americana; los diáconos como deseen entre las tres opciones. 

Podría haber en el guardarropa cinco o seis pantalones negros, camisas clericales y americanas negras, ropa perfectamente limpia para no tener que rechazar a nadie. Pero el código de vestimenta es condición estricta en cualquier club. Quedaría totalmente prohibido sacarse la tira blanca de la camisa para pasar menos calor. Peor todavía dejar la tira blanca colgando de un extremo. No someterse a esta norma será causa de expulsión. El club aunque sea propiedad de la diócesis, será un verdadero club y, por lo tanto, con las normas de un club.

Las bebidas alcohólicas serán sustituidas por zumos, horchata, batidos y refrescos de todo tipo. Aunque se puede permitir la cerveza y el vino con un uso moderado. No se permitirá ningún juego de cartas.

Podría haber unos laicos admitidos de un modo honorífico y podría admitirse a un cierto número limitado de laicos con pago de cuota, con un precio equiparable a cualquier club.

También sería bueno que el club estuviera adyacente a una iglesia abierta al público, para poder rezar juntos las horas canónicas. La asistencia a las horas canónicas sería totalmente libre, pero sería otro de los elementos inherentes al club. Este club podría organizar visitas a museos, excursiones y hasta picnics en campos cercanos; también conferencias, presentaciones de libros.

Lo ideal es que el que organice un club así sea un laico capacitado para ello, alguien que conozca bien cómo funciona un club de verdad. Aunque tendría que hacerlo por amor a Dios, porque el sueldo nunca podrá ser igual al de un club normal. No tengo la menor duda de que algún supernumerario del Opus Dei sería la opción mejor para dirigir con total autonomía un lugar así. Creándose un consejo director del club formado por laicos que se encargaran de ver, cada año, qué se puede hacer para mejorar el club. Si tiene un jardincito, por pequeño que sea, a mí me gusta mucho la petanca y el crocket. Estos consejeros no cobrarían nada. Harían este trabajo para ayudar a los sacerdotes.

Los cocineros, camareros y personal de limpieza serían muy pocos, los menos posibles. Y se podría escoger para esos puestos a aquellas personas con familias muy necesitadas. Así a la oferta de trabajo se uniría la caridad.

Miembros natos del club serían todos los clérigos de la archidiócesis; pero todo clérigo visitante, por supuesto, podría entrar al club, cuantas veces quisiera. Igualmente, el club estaría totalmente abierto a clérigos anglicanos y ortodoxos. Y cualquier otro tipo de clérigo (rabinos, etc.) solo tendría que consultarlo. Pero, en principio, la idea es que sea un lugar donde reunirse de un modo agradable. Ni que decir tiene que todos estos visitantes, como los diáconos, podrían venir con sus esposas.

Si se os ocurren más ideas para un club así, podéis ponerlas en los comentarios. Si hay alguna muy provechosa, la pondré mañana en el post.

sábado, octubre 01, 2022

Hay que orar para que se detenga la locomotora de la muerte

 

Ningún país del mundo puede vivir aislado hoy día, salvo que tengas la economía de Mongolia. Y aun este país mantiene sus 4 000 dólares de renta per capita gracias a la venta de cobre, fluorita y varias cosas más. Incluso para ese país tan aislado vale la afirmación que he hecho, salvo que quieras ser como Burundi con 400 dólares per capita. Y suponiendo que, realmente, esa cifra sea real.

¿Cuál es el culpable secundario, pero necesario, de que la guerra en Ucrania siga? China.

China no ha apoyado a Rusia en su invasión en la votación de la ONU, pero esa falta de apoyo no se ha sustanciado en nada. Rusia sin Occidente y sin China sabe que no podría continuar esta empresa bélica. No voy a emplear tiempo en valorar el papel de la India si Rusia se quedara sola, pero baste decir que la economía rusa sin Europa y sin China no podría continuar.

♣ ♣ ♣

La geopolítica del siglo XXI puede ser complicada; pero al final lo que nos encontramos, en el fondo de todo, son cuestiones morales: ambición, soberbia, no matarás. Los antiguos libros de moral, tan sencillos, siguen dándonos las pautas generales de lo que se puede y no se puede hacer.

Cierto que dentro del marco de lo lícito hay que aplicar la inteligencia de los mejores, de los más expertos, para ver qué jugada sería la más adecuada dentro del tablero. Dentro del tablero, hay que mover fichas sin salirse de los límites de lo que está moralmente bien.


viernes, septiembre 30, 2022

LA POLÍTICA ES REALISMO: Mi opinión sobre lo peor que puede ocurrir

 

Como todo el mundo me pregunta que es lo peor que puede pasar con la guerra en Ucrania, os lo comparto en este post. Son muchas las cosas que pueden suceder, muchos los pasos intermedios hasta llegar a la etapa peor en que puede desembocar estar guerra.

Esa etapa peor nunca va a consistir, directamente, en un ataque nuclear generalizado; sino que en esa etapa última habría cuatro pasos muy claros y definidos. Cuatro pasos consecutivos en lo que, sin duda, sería lo peor de lo peor que puede suceder. Esos cuatro pasos de la etapa cúspide serían los siguientes:

Paso 1: Uso de armas tácticas nucleares en el campo de batalla.

Paso 2: Impacto atómico en Kiev o en algunas ciudades ucranianas.

Paso 3: Ataque no nuclear a alguna infraestructura de la Unión Europea. Por supuesto, el primer blanco será el gaseoducto que une Noruega con Alemania. Pero también pueden ser centrales térmicas o cualquier otro objetivo con relevancia en el campo energético. Es decir, no se trataría de un ataque simbólico, no se trataría de una advertencia, sino de un daño real grave a la economía.

Paso 4: Bombardeo nuclear de tres o cuatro capitales europeas.

Alguien pensará si puede darse el paso 5, una guerra atómica total. La respuesta es no. El impacto de una bomba como la de Hiroshima en el centro de una capital como París o Londres supondría tal agujero económico en las cuentas de la nación, que la nación solo podría ocuparse en sobrevivir.

Bancos quebrados, empresas volatilizadas, archivos financieros destruídos… no hay ninguna nación que pueda sobrevivir económicamente a algo así. La economía de Alemania, por ejemplo, no es ahora la de 1945. Ahora la bola de nieve se haría mucho más grande, el dominó sería mucho más espantoso.

La palabra “recesión” se quedaría corta para lo que sucedería. Ni en diez años se regresaría a los niveles de vida previos a un impacto así.

Una recesión normal, cíclica, son unos cinco años de destrucción de empleo y de retroceso de la economía. Esto sería un fenómeno económico a otro nivel.

Dado que Putin el Asesino está dispuesto a llegar a la etapa cúspide es por lo que es necesario ofrecer a ese asesino una salida digna de acuerdo a sus fantasías megalómanas. Dado que, antes o después, nos vamos a tener que detener, es mejor hacerlo antes.

Los ucranianos han podido continuar la guerra gracias a las armas de la Unión Europea. Ahora hay que decirles: “Vuestras vidas valen más que esta tierra”.

Putin pasará y con alguien más sensato se podrá tratar de recomponer todo. Ahora hay que salvar a un pueblo entero (el ucraniano) y tratar de que el incendio de ese pirómano no sea continental.

Alguien puede alegar que después puede ser Finlandia o Georgia. No, vamos a tratar de arreglar cada problema conforme vaya apareciendo. No tiene sentido comenzar una guerra atómica cuando el problema es una sola persona, y esa persona puede resbalar en la ducha cualquier día. Si para evitar una guerra atómica hay que regalarle el Polo Norte, pues se le regala. El día después de los funerales a Putin, su sucesor nos dirá: “Tenemos que hablar”. Porque está claro que la economía rusa va a ser como la de Mongolia. Su sucesor se sentará en la mesa de negociación y comenzará diciendo: “Todos sabemos que Putin estaba loco…”. Y a partir de ahí comenzará el diálogo.

Alguien me dirá que su sucesor puede ser peor. Vale, es una posibilidad. Pero, como ya he dicho, vamos a solucionar los problemas uno por uno. Como queramos solucionar todos los problemas hipotéticos de aquí a cien años, no vamos a lograr nada. De momento, los problemas reales. Más adelante, podemos ocuparnos de los problemas hipotéticos.

jueves, septiembre 29, 2022

A veces hay que optar por el mal menor

 

Ayer dediqué un post a compartiros mis impresiones sobre lo que implicaba el sabotaje del gaseoducto. No me quise alargar, pero ese acto lo que demuestra es que estamos aproximándonos a un precipicio. Dentro de un año, podemos recordar este momento, cuando las cosas no estaban tan mal.

Hace dos años, no pensé que Putin supusiera una amenaza para la economía mundial, tampoco pensé que llegara a hacer las cosas que ha hecho. Pero la chispa de un gran incendio puede surgir en cualquier lado con condiciones adecuadas: Corea del Norte, Irán, el Mar de China.

♣ ♣ ♣

Hasta ahora hemos tenido ni más ni menos que una guerra. Pero esta semana se han dado tres pasos adelante en la dirección del empeoramiento de las cosas: movilización, referéndum y sabotaje. Hay que entender de que, a partir de cierto nivel, el empeoramiento se acelera.

Por eso hay que dar una salida a Putin, una salida digna. Ya ha dejado claro que no va a perder. Prefiere asesinar a todos los ucranianos antes que reconocer que tomó una decisión equivocada.

Por los mismos ucranianos hay que aceptar la pérdida de esas regiones invadidas. La cuestión no es si ese acuerdo es correcto o no, sino si queremos que el resto de los ucranianos sigan viviendo o no.

La OTAN podría entregar armas que arrasaran toda defensa rusa en territorio invadido. ¿Pero queremos que todas las poblaciones ucranianas sean destruidas con misiles? ¿Acaso Putin no ha demostrado que es capaz de atacar a las poblaciones civiles?

La cuestión no es si el gobierno de Ucrania tiene razón. ¡Por supuesto que la tiene! ¡Son los agredidos! La cuestión es si queremos que siga existiendo una nación llamada “Ucrania”. Putin ya ha dejado clara su decisión, su inmoral determinación. Prefiere una montaña de millones de cadáveres antes que decir: “Me he equivocado”.

Ucrania no tendría que firmar nada. Podría hacerlo la Unión Europea. Ucrania, sin reconocer nada, dejaría de tratar de reconquistar el territorio invadido.

El problema es que, conociendo a Putin, es muy posible que este exija la firma de Ucrania. Y que, sin esa firma, no acepte un alto el fuego.

Son muchas cuestiones que tienen que ver con la moral, con los antiguos libros de moral que se estudian en los seminarios. Aquí ya no importa quién tiene razón (Putin jamás la tuvo), sino si queremos que siga existiendo Ucrania. O, mejor dicho, si queremos que siga habiendo ucranianos vivos sobre esa tierra.

Ya sé lo mal vecino que puede ser Putin, que puede buscar nuevos conflictos en las franjas de tierra colindantes o crear acusaciones contra Kiev. Pero ahora urge enfriar esta hoguera. No debemos firmar un papel pensando en una paz de siglos. Debemos pensar en calmar a un hombre irracional, resentido, que ya ha advertido que está totalmente dispuesto a usar armas nucleares.

Putin no va a perpetuarse. Su resbalón en la ducha se va acercando. Lo que hay que conseguir es que no haga ninguna locura en el tiempo que le queda.

Ya sé que alguien dirá que después de esto será otra cosa. Bien, es cierto, después puede venir con otra reclamación. Pero es que, ahora mismo, Putin no va a aprender nada, no hay ninguna lección que podamos enseñar a quien ya está en modo irracional. Enfriemos una situación cada vez más explosiva y los problemas que surjan en el futuro ya los afrontaremos cuando lleguen.

Por más que firmemos un armisticio, la cúpula militar rusa, la oligarquía, los intelectuales sabrán que Putin ha perdido, que se trata de una firma entre la razón y un monstruo, entre la democracia y la tiranía, entre el rehén y el agresor. Firmemos. Los rusos se encargarán del resto. Démosles tiempo.

¿Creo que firmaremos? No. Creo que vamos a seguir luchando hasta que veamos un hongo nuclear en los campos ucranianos. Si no ceden, habrá más. Y si continúan, serán las ciudades.

Entonces se nos planteará la cuestión moral: seguir adelante (y todos salimos perdiendo) o firmar un armisticio (sacrificando solo una franja territorial). Por favor, no se entiendan mis palabras como las de un frío pragmatismo. Mis palabras buscan que una nación entera no perezca.

La guerra no se gana solo con uniformes

 

Evidentemente los países de la Unión Europea no van a destruir el gaseoducto ruso. Eso está fuera de toda duda. Y digo “destruir” porque una vez que el agua salada ha entrado, la corrosión del interior de la conducción es inevitable. Ha quedado inservible.

Ucrania no lo va a atacar. Todos estamos con esa nación. No va a arriesgar ese apoyo sin fisuras por una acción de resultados tan inciertos.

¿Pero qué gana Rusia destruyendo su propio gaseoducto? Aquí entran mis suposiciones, las que a mí se me ocurren. Estas serían las razones que podrían haber motivado una acción así.

Dejar claro que Rusia rompe para siempre con la Unión Europea. Dejar claro que esta situación no tiene marcha atrás.

La segunda razón sería dejar claro que Rusia es capaz de hacer barbaridades en las infraestructuras de la Unión Europea, como ya lo ha hecho en las zonas ocupadas. Si me enfadáis, vais a ver cómo me vengo.

La tercera razón sería que tiene decidido atacar el gaseoducto noruego de modo oculto, para después decir que no han sido ellos, “pues también nosotros fuimos atacados”. Es decir, un sabotaje de despiste para luego que enmascarado el ataque que de verdad le interesa, el del gaseoducto noruego.

Son suposiciones, sí, pero no hay más posibilidades. Y entre todas las posibilidades, la sospecha apunta hacia la autoría rusa.

♣ ♣ ♣

Este ataque nos está advirtiendo que nos podemos preparar para una nueva fase de la guerra. “Habéis dado armas a mi enemigo, preparaos para sufrir acciones en vuestras infraestructuras”.

El problema se sigue complicando y nadie parece poder detener esta marcha hacia el desastre.

Las cosas se pueden agravar bastante más, y todo indica que vamos en esa dirección.

martes, septiembre 27, 2022

Foto de una madre y una hija en la misma habitación

 

La foto no es del hospital donde yo trabajo. He querido aclararlo. 

Después de mi almuerzo, tenía encendida la televisión y emitían la película John Q, acerca de un padre que hace un secuestro en el hospital para forzar que pongan a su hijo en una lista de trasplantes cardiacos. No he visto entera la película, solo unos minutos.

La primera cosa que me ha llamado la atención es que cuando trabajas en un hospital, la historia te toca mucho más el corazón que cuando era párroco en una iglesia. De algún modo todo ese ambiente pasa a ser más cercano, más próximo. También hay detalles que no son creíbles por el hecho de trabajar en ese ambiente. Por ejemplo, en cuanto dijo el número de trasplantes de corazón que hacía ese hospital al año, al instante te das cuenta de que había una discordancia entre el tamaño de su sala de urgencias y un número tan alto de intervenciones de ese tipo. La entrada a urgencias tampoco tenía sentido. Ni en los años 60 eran así. Los detalles no verosímiles se acumulaban, aparecían al instante, sin pensar en ellos.

Algo de lo que puedo dar fe es que, con contadísimas excepciones, el modo en que los familiares afrontan la muerte de un ser querido es muy digno. En las películas, existe la tendencia a “crear escenas”. En la realidad, tanto el mismo paciente como sus seres queridos actúan con gran dignidad. Sufren, lloran, pero con entereza.


lunes, septiembre 26, 2022

La decisión ante la cual no me resisto, sino que me dejo llevar

 

La foto es la medalla de oro en 2021 en el certamen One Eyeland Photography Awards. La he mirado largo rato, pero no sé si es un cultivo o el qué. Desde hace varios días me siento movido por los mejores sentimientos. Hoy también me han visitado dos amables colombianos con los que he almorzado. Otro sándwich de pastrami en buena compañía. Un buen almuerzo con gente agradable es un modo magnífico de descansar a la mitad de la jornada. Estoy en una edad en la que un sándwich me sacia completamente.

No sé por qué, pero mi trabajo en el hospital me llena de felicidad. Es siempre el mismo trabajo y tan distinto cada día. Cada enfermo es único e irrepetible. Además, nunca he sentido tanto la sacralidad de la unción de los enfermos. La seguridad de que algo desciende desde el Espíritu Santo hacia el alma que habita en ese cuerpo.

Hoy ha fallecido un hermano sacerdote. Fue mi sucesor en mi primera parroquia. Todavía no sé cuál ha sido la causa. Un poco más tarde llamaré a un compañero para enterarme, ahora estará celebrando misa en su parroquia. Es lo último que me esperaba. Tenía mi edad. Dada la edad, me imagino que habrá sido cáncer o el corazón; es solo una suposición. Decir que lamento su partida no es una formalidad. Después de la cena me he enterado de que ha sido un infarto.

¿Y si yo estuviera viviendo mi último mes de vida y lo desconozco? ¿Y si una arteria cardiaca está, silenciosamente, al límite de la obstrucción? ¿Y si un coágulo de grasa es lo único que marca la diferencia entre mi vida y mi muerte? ¿Y si vivo al borde del precipicio? ¿Y si el sermón 299 es el último que grabaré? ¿Será la novela que escribo el libro que, por fin, quedará inacabado? ¿Cuánta arena queda en mi reloj de arena? ¿Cuál será la decisión divina?

domingo, septiembre 25, 2022

El arte de entrevistar

 

No sigo las noticias del corazón, pero me alegró mucho cuando conocí la conversión de Tamara Falcó. Ahora me he enterado de que ha roto con su prometido por una supuesta infidelidad.

Pobre Tamara, si quiere un marido para toda la vida, un marido con el que envejecer, que le acompañe en la opulencia y en la tristeza, en las fiestas y en la enfermedad, debe buscar un novio religioso, un hombre que anteponga la Ley de Dios a todo lo demás.

Y esos solteros se encuentran en determinados ambientes (parroquiales, de movimientos religiosos, de familias muy creyentes) y no se encuentran en otros (discotecas, conciertos de rock, fiestas).

Lo siento por ella que, sin duda, busca un amor verdadero, no un cariño transitorio.

Sea dicho de paso, hubiera podido conocer bien a Tamara, pues la productora me invitó hace dos años a participar en Master Chef Celebrity. Les contesté que el sentido del humor no era la característica más sobresaliente de la jerarquía católica.

No tengo la menor duda de que los obispos antes me hubieran permitido participar en la guerra de Ucrania que no en ese programa de cocina.

Un consejo a los entrevistados cuando están en un programa serio, ante un periodista que es bueno. Una entrevista no es el lugar para eludir respuestas. Hay ocasiones en que hay razones serias, verdaderas, por las que uno no puede contestar a algo: es mejor reconocerlo.

No responder y dar la sensación de que se responde es insultar la inteligencia de los oyentes. Nadie queda engañado ante una no-respuesta. Pero peor es cuando eso lo repites cuatro o cinco veces, te estás retratando. Las respuestas deben ser sinceras. Siempre hay que contar con la inteligencia del que escucha. Tratar de tontos a los oyentes es el peor camino que puede tomar un entrevistado.

Los entrevistadores malos consideran que cuanto más agresivos sean mucho mejor entrevistadores serán. Se nota perfectamente cuando al entrevistador no le interesan las respuestas, sino solo sus propias preguntas. El papel de entrevistado-espectador es muy triste. El espectáculo del ego de varios entrevistadores resulta lamentable. Escribo esto pensando en un entrevistador muy famoso de la BBC que tenía el programa Hardtalk. Algún entrevistado tuvo que aconsejarle, con total calma, que se tranquilizara. Es cierto que no son frecuentes los excelentes entrevistadores. La fama nada tiene que ver con la valía para ejercer esa función.

Si yo tuviera que entrevistar a Maduro, desde luego que la entrevista sería calmada. Me centraría en lo personal. No tendría sentido preguntarle por determinados temas en los que solo voy a recibir un discurso político como respuesta. Eso es así, por tanto, al menos, conocer a la persona, al ser humano: sus gustos, sus miedos, sus aficiones. De ningún modo usaría yo una entrevista para echarle en cara algo, para acusarle de desmanes. El entrevistado es él. El entrevistador no debe ejercer de otra cosa que de entrevistador.

sábado, septiembre 24, 2022

Lo divino y lo humano

 

Aunque soy muy reticente a hablar de mi vida espiritual, os puedo asegurar que mi mayor fuente de alegría espiritual es la celebración del Santo Sacrificio. Cada rito, cada oración, cada pequeña ceremonia me produce gozo espiritual.

Además, soy de los sacerdotes que tengo la inmensa suerte de poder celebrar algunos días a la semana (cuando no tengo hospital) como lo hacía el padre Pío: con la presencia solo de un par de fieles, de espaldas a ellos, recitando las plegarias en voz baja, pudiéndome detener cada vez que lo deseo para meditar. Suele durar hora y media. Hora y media de devoción, en cuyo centro está la Presencia; y a la que seguirá la comunión.

Cada antífona, cada bendición, cada oración secreta, todo, conduce hacia la Presencia, hacia la transubstanciación. Después, las ceremonias nos llevan hacia la comunión, seguida de una larga acción de gracias con los ojos cerrados, en medio del más absoluto silencio.

Durante el confinamiento por la pandemia, pedí permiso para celebrar en mi casa:

https://www.youtube.com/watch?v=FFhiTQBaemM&t=909s

Nunca he celebrado en mi piso, salvo un par de meses durante aquel riguroso confinamiento.

Que conste que me causa mucho gozo espiritual celebrar para una comunidad, pero me concentro mucho más en este otro tipo de celebración de la misa.

Para los sacerdotes y los laicos escribí mi libro Las aguas vivas que borbotean en las que explico de un modo espiritual cada rito de la misa. Se puede descargar en Biblioteca Forteniana.

Cuando acabó el confinamiento, hasta que se restablecieron las misas en el hospital, algunas veces celebré en una parroquia:

https://www.youtube.com/watch?v=yxk_8ZN8KCI&t=2416s

En fin, aunque en el blog conocéis mi lado más informal, mis momentos de ocio, lo que como o la última película que he visto, también esta otra faceta forma parte de mi vida. Y, aunque hable poco de ella, la santa misa es lo más grande de mi existencia.

Nadie es suficientemente santo para celebrar algo tan divino, tan celestial. Solo el sacramento de la confesión nos ofrece paz para acercarnos al altar. Ya habréis observado por el segundo vídeo que me gusta celebrar de frente a un cuadro que representa el rostro de Jesús, un rostro que me mira con sus ojos, directamente.

viernes, septiembre 23, 2022

Me gusta tanto el cuadro original como la foto que lo imita

 

Hoy todo son malas noticias. Primero la báscula, esa enemiga. ¿De donde han salido esos 700 gramos de superávit en la cuenta del saldo? Ya este resultado me ha amargado mucho más que cualquier resultado putiniano en el referéndum del Dombás y Lugansk.

Ciertamente, hoy la báscula me ha impresionado mucho más que el apaga y vámonos de Vladimir “Kamizake” Putin. Pero para impresiones con susto, y os aseguro que no bromeo, la peor ha sido cuando hoy he visto la cara que tiene Berlusconi actualmente. No os pongo ninguna foto porque pensaréis que está editada. He visto momias de la IV dinastía con un aspecto mucho más natural que el de Silvio. La cantidad de mosquitos que deben haber muerto, intoxicados por bótox, al intentar saciar su sed sobre esa tez.

No hay ningún versículo de la Biblia que prohíba ir al cirujano estético; ni el más mínimo versículo del Levítico lo prohíbe. Ahora bien, el sentido común indica que más allá de cierta cantidad de bótox la cara se acaba convirtiendo en una máscara.


jueves, septiembre 22, 2022

Por favor, que alguien frene el tren

 

La foto ganó un premio del certamen organizado por The International Photography Awards. Lo de Rusia se parece a un tren, pesado, inmenso, que sigue tomando velocidad hacia otro tren parado, Occidente. 

El tren ruso está lejos, pero su dirección de colisión resulta inequívoca. Todo el mundo se pregunta por qué no se detiene. Todos se distraen con otras noticias: unas inundaciones aquí, un terremoto más allá. 

Pero volvemos a mirar con los prismáticos y el tren lejano sigue su curso. Una y otra vez nos preguntamos: ¿Por qué no frena ese tren lejano? ¿Qué gana en seguir este camino hacia el desastre? Pero lo cierto es que sigue devorando kilómetros.

La movilización los reservistas de un país para la guerra tiene implicaciones gravísimas, ya suficientemente analizadas por los expertos. El que ha iniciado todo ya nos ha advertido varias veces hasta dónde está dispuesto a llegar. “Ya os lo había dicho”, parece estar diciendo cuando haga aquello que todos temíamos y que sabíamos que era capaz de hacer.

Urge darle algo que le haga aparecer ante su pueblo como un ganador. Urge buscarle una salida digna. El gobierno de Ucrania no tiene que firmar nada: basta un silencio tácito. Pero si Putin tiene que optar entre hacer de Ucrania un desierto radioactivo o perder esta guerra, no tengo la menor duda de qué opción escogerá.

Muchos han afirmado que Putin tiene que aprender la lección. Error. Jamás aprenderá nada. Esto es una colisión pura y dura. Colisión entre los valores occidentales y un sujeto que no aprende nada, que no atiende a ninguna razón, que ya le da lo mismo todo.

La entera aniquilación de la población ucraniana sería una opción menor, dentro de las opciones malas. La opción extrema sería bombardear tres o cuatro capitales europeas. ¿Está dispuesto a eso un ser tan lleno de resentimiento como ese asesino que gobierna una nación? Sí, indudablemente está dispuesto.

La cuestión es si aceptar un mal menor o embarcarnos en un perjuicio mayor para todos. La opción segunda no tiene sentido. Una vez que se produce la movilización de 300 000 reservistas, Putin ha volado todos los puentes para una salida airosa sin algún tipo de victoria que presentar.

Tener un arsenal atómico es lo mismo que ser el secuestrador de Europa. ¿Llegamos a un acuerdo con nuestro secuestrador o estamos dispuestos a ponerle a prueba y ver hasta dónde está dispuesto a llegar ese secuestrador?

La paz duradera, honorable, en Ucrania no llegará hasta el sucesor de Putin. Hasta ese momento, solo se nos concede elegir entre un mal menor o un mal muchísimo mayor. No hace falta hacer el experimento. 

Prefiero comerme mi orgullo y no ver la foto de un millar de niños sin pelo recibiendo quimioterapia, o guardando en frascos los fetos que han sido guardados en frascos tras Chernobil. 

Putin es capaz de esto: lo ha dejado claro que sí.

Señor, te ruego por los que sufren

 

No hay efectos especiales en esta foto, ganadora del Premio Internacional Sony.

Tras laudes, he comenzado el día leyendo al profeta Jeremías. Hoy me he tomado el día libre. Tengo que confesar que me cuesta mucho hacerlo. Es un defecto que se ha incorporado a mi vida: el sentimiento de culpa por tomarme un día entero sin visitar enfermos en el hospital y sin escribir. Medio día libre sí que es más frecuente.

Me he tomado el día libre porque ha venido un amigo mío a visitarme. Hemos comido en un VIPS, yo el sándwich de pastrami, plato único, sin ensalada ni postre. Hemos visitado el Museo Sorolla: magnífica visita, qué delicia. Además, está situado en la casa del pintor. Bueno, en la mansión del pintor. Hemos ido a la Puerta del Sol a que le desbloquearan el reloj; un reloj de esos inteligentes donde tiene todo el trabajo.

La parte mejor de este tan agradable día ha sido la celebración del santo sacrificio, al final de la tarde. He sentido devoción. Concentración perfecta. Recogimiento. Fe intensa en la presencia del Misterio Encarnado en la forma blanca de pan. Seguridad de que todos los sufrimientos de Cristo estaban presentes en su sangre, contenida en el interior del cáliz.

Por la noche, antes de dormir, he visto el final de Legítima Defensa (The Rainmaker). He visto varias veces esta película de Cóppola (1997). La parte del veredicto me ha hecho derramar unas lagrimitas. Es una película sensacional para ver en familia una tarde de domingo.

Ahora, rezaré completas y me iré a dormir, dando gracias por haber vivido un día más.

martes, septiembre 20, 2022

Un consejo bondadoso

 

Hace unas semanas aconsejé al Opus Dei que construyera un santuario a las afueras de Madrid. Un lugar que, entre otras funciones, serviría para enterrar a sus prelados. La necesidad de los hijos por despedirse de sus padres es muy noble.

El lugar más adecuado es en Madrid, no en Roma. Hacerlo en las afueras de la capital de España permitiría tener más espacio y construir algo significativo, una segunda Torreciudad. Erigir esto a diez kms. del centro de Madrid haría que ese lugar siempre tuviese la presencia de fieles rezando, meditando, visitando esos sepulcros.

Sepultarlos en Roma es un poco como “esconder” los sepulcros de los prelados. Enterrarlos allí significa apartarlos del cariño de sus fieles. El grueso de los miembros del Opus Dei están en España y, sobre todo, en Madrid.

Cómo les gustaría a todos los miembros del Opus Dei tener cerca un panteón de los prelados. Un lugar diseñado para poder hacer oración junto a esos sepulcros. A mí se me ocurre alguna idea que, estéticamente, sería muy bonita. Para nosotros los muertos siguen vivos, formamos una familia. Es lógico que los visitemos. Y más si se trata de un sepulcro gótico como los que hay en tantas catedrales, qué preciosidad.

Esta rara costumbre forteniana de dar consejos a todo el Opus Dei, cuando no soy ni colaborador, resultaría un poco paradójica, sino fuera por quiero mucho a esa institución. Me gusta mucho dar consejos: a los cardenales, a los obispos (a todos), a los dentistas.

lunes, septiembre 19, 2022

Funerales de una reina, funerales de un papa

 

Aprovecho para copiar la parte dedicada a los funerales papales en mi libro Neovaticano. No espero que lo leáis entero. Pero podéis echarle una hojeada y darme vuestras opiniones. En serio que me interesa leer opiniones, críticas y sugerencias. Aquí está el texto:

Los novendiales son los nueve días de luto por la muerte de un Sumo Pontífice. Aunque antiguamente era tradición que el sepelio tuviera lugar alrededor del sexto día después del fallecimiento, ahora, tras el fallecimiento de Isabel II del Reino Unido, resulta evidente que hay que alargar los plazos para dar la posibilidad a los fieles de dar su último adiós a este tipo de figuras.

El cuerpo yacente será visible durante los días en que sea razonable que aguante sin que la corrupción sea evidente, visualmente o por la fetidez. Después, el ataúd será metido en un féretro de plomo, y la tapa será herméticamente cerrada. Durante todo el tiempo que se exponga el féretro (con la tapa abierta o cerrada) en los claustros, estará protegido por un arca transparente de gran resistencia. Cumplirá la función de proteger el cuerpo de la lluvia. De esta manera, aunque llueva torrencialmente, el cuerpo estará protegido. El arca también lo protegerá de la posibilidad de que algún perturbado arroje algo contra la caja. Si el arca está situada a pleno sol en verano, la temperatura sería excesiva en el interior. De ahí que habrá que poner una especie de baldaquino de tela cuya belleza esté acorde a lo que va a ser un acto visionado por millones de personas.

Una vez que se cierre la tapa del féretro de plomo (segunda caja) y se coloque dentro de un ataúd de pino (tercera caja), encima de la tapa no se colocarán varios elementos. Existe una cierta mala costumbre de colocar muchas cosas sobre las tapas de los féretros en los funerales. Lo mejor es dejar el féretro desnudo, sin nada encima: ni una tiara ni nada.

Durante siete días, el cuerpo del difunto romano pontífice se expone cada día en el centro de un claustro diferente. Un claustro amplio y abierto ofrece la posibilidad de que una gran cantidad de fieles puedan no solo pasar delante del cuerpo, sino también verlo desde las terrazas de los cuatro lados del claustro, así como desde el mismo plano del interior del claustro.

Démonos cuenta de que si un Papa ha sido muy querido, existe un fuerte impulso en la gente para ir a darle el último adiós. Este deseo de hacer algo por despedirse, no solo no debe ser impedido, sino facilitado. Un papa es un padre, y es lógico que sus hijos quieran ir a verle antes de su entierro. La red de terrazas de los claustros permite que la gente contemple en oración el espectáculo de la gran familia de la Iglesia pasando a despedirse del que fue su padre espiritual.

Un claustro espacioso permite, además, que los obispos, y algunos sacerdotes y frailes, puedan sentarse y hacer oración ante la contemplación de la muerte. Todos los fieles no podrán sentarse allí porque no habría espacio. Incluso el clero podrá sentarse en los asientos del claustro, solo hasta llenar el aforo.

El cambiar el emplazamiento del féretro cada día, llevándolo a un nuevo claustro, convierte a todo el conjunto arquitectónico en una especie de reloj que marca el paso de los días. Démonos cuenta de que, gracias a las cámaras de televisión, estos días de luto aparecerán en las noticias de millones de hogares en el mundo. Ritualizando el hecho de la muerte del sucesor de Pedro, estos días se pueden convertir en todo un sermón acerca de la vida y la muerte. El mensaje entrará por los ojos. La sucesión de los claustros con sus respectivas procesiones de traslado del féretro, al amanecer de cada día, las hileras de gente fluyendo en a ambos lados del ataúd, el clero orando y meditando, todo ello será ya de por sí una enseñanza para el mundo entero.

En el Claustro Sixtino, en el que tienen lugar los cónclaves, no se podrá exponer el ataúd durante los novendiales. Pues solo dispone de dos puertas de entrada, y las dos situadas en el interior del edificio del claustro. Por lo tanto, resulta muy inadecuado para asumir grandes masas de personas, se organice como se organice. Además, ese claustro deberá ser preparado para el cónclave. Incluso por motivos de seguridad no deberá usarse para ese propósito de los novendiales. De ahí que octavo día será expuesto en la plaza frente a la fachada del Basilicarión. El noveno día será en el interior del Basilicarión. La razón de esos dos días es porque dos claustros no se emplearán para el propósito de los novendiales: el de los cardenales y el Claustro Central, para así no impedir la adoración perpetua del Templum Cuadratum situado en centro de este claustro. Nada, ni el luto por un papa deberá impedir esa adoración continua.

En el Celio se celebrarán muchas misas por el papa, pero solo una de corpore insepulto. Celebrada esta misa, el féretro será trasladado a una iglesia del Celio donde será expuesto en un túmulo, como en los claustros. Así los fieles y el clero podrán seguir dando su adiós sin estar agobiados por plazos de tiempo. Se decidirá cuál es el templo más adecuado. Una vez que las filas de fieles comiencen a no ser continuas, que empiece a haber huecos, se continuará con la exposición del féretro durante un tiempo razonable –por ejemplo, un mes–‍‍‍, y después se anunciará, con tiempo de antelación, una fecha para su sepelio en la zona de las sepulturas papales. Esa fecha, fácilmente, puede ser dos meses después del fallecimiento.

Como se ve, el proceso de traslados del féretro papal sigue estos pasos:

-salida del palacio apostólico

-traslado por siete claustros durante una semana

-desplazamiento a la plaza del Basilicarion

-funeral en el interior del Basilicarión

-procesión a la iglesia donde se expone el túmulo

-procesión hacia el lugar de sepultura.

Dado que en los fieles existe una necesidad psicológica de ver algo, de tocarlo, los sepulcros papales tendrán una estatua yacente que los represente. Serán todas ellas representaciones realistas, en mármol, revestidos de sus vestiduras litúrgicas, como el estilo de las estatuas yacentes del siglo XVI. En esa capilla, los papas aparecerán leyendo, bendiciendo, rezando, con un perro a sus pies, o con dos ángeles en la cabecera, etc.

Esto supone entender al sepulcro como obra de arte, como lugar donde se ve al difunto, donde está presente en cierto modo. Este tipo de sepulcro supone la posibilidad de hablar a un rostro, de poder estar cerca de él. A la hora de crear la zona de las sepulturas papales, habrá que tener en cuenta esta necesidad humana de la cercanía e, incluso, de facilitar que se pueda tocar el mármol del sepulcro.

El largo ciclo procesional de los novendiales por los claustros, no supone una idolatría, sino que se trata de una sacralización de la muerte. La muerte no como algo que se oculta, sino como objeto de meditación, de ritualidad. El muerto es visto como miembro presente de una familia, durmiente pero presente. Por eso, las mentes que levantaron la zona de sepulcros papales en el Celio, dejaron aconsejado a los pontífices venideros que no levantaran grandes túmulos para sus predecesores, sino sobrios sarcófagos de estilo medieval y renacentista, que los representasen como yacentes en lechos donde duermen en espera de la resurrección.

La capilla de las tumbas papales está localizada en el Basilicarión, justamente al lado, paralela, al eje central de la zona sepulcral. Se halla paralela, porque al ser tan visitada, hay que evitar que su afluencia abarrote el eje central de la zona general reservada para las tumbas del resto de clérigos y fieles.

En esa zona de enterramientos papales, será muy bello ver los treinta y seis sepulcros rectangulares. Los todavía no ocupados pueden estar pueden mostrar sus superficies lisas, sin inscripciones, sin estatuas. En esa cuadrícula que forman las tumbas, se irán colocando los papas por riguroso orden de enterramiento.

La Guardia Romana lleva uniformes oscuros durante los días de luto por un Papa. Todas las tiras que forman el uniforme son negras y grises, durante esos nueve días. Los penachos de los yelmos son negros, en vez de rojos. Y los altos oficiales que normalmente portan una banda de color fucsia cruzada sobre la coraza, la cambiarán por una banda de seda negra. Cuatro pendones negros cuelgan de la fachada del edificio de la Curia.