domingo, diciembre 16, 2018

El Poder y los edificios del Poder




















Ayer un lector se preguntaba por qué me he preocupado durante los últimos años de leer acerca de detalles como los de ayer. Eso ya lo expliqué hace tiempo en este blog, pero lo repito y lo completo un poco más. En España tenemos el Poder sin ningún tipo de estética especial, sin ceremonias, es la soberanía a palo seco.

Cuando leí las memorias del arquitecto de Hitler, me di cuenta la importancia que Adolf daba a ese tipo de detalles estéticos, a los uniformes, a los desfiles. El arquitecto insistió en como Adolf quiso una gran residencia para los futuros führers (o como se diga) del Reich que estaba construyendo. Repitió varias veces que a él le bastaba cualquier lugar para vivir y trabajar, pero que sus sucesores necesitarían del soporte de esos grandes lugares. No fue solo el edificio de la cancillería, el III Reich creó una inmensa parafernalia. Y ese conjunto estético es lo que hace que hoy día muchos jóvenes se sientan subyugados por ese pasado de las cintas en blanco y negro; desde luego, no puede ser la ideología la que atraiga a nadie.

Los soviéticos, al principio, carecían de esta parafernalia. Pero, poco a poco, fueron creando su propia estética soviética. Acciones como el impresionante cambio de guardia ante la tumba del soldado desconocido en el Kremlin no perviven hasta hoy por casualidad. El cuidado de los desfiles en el mundo soviético era (y sigue siendo) impresionante. Hasta el paso de la oca y el modo en que férreamente giran la cabeza al pasar ante la tribuna presidencial es toda una declaración de intenciones de fuerza e, incluso, ofrecen un deliberado aire de agresividad. Putin se ha esforzado mucho en crear un gran ceremonial (lo más grandioso que ha podido) para el comienzo de cada una de sus presidencias.

El día que Pekín cree (si lo hace) su propio mundo estético que refleje el poder de un nuevo imperio, os lo aseguro que ejercerá muchísima más influencia sobre sus propias masas. Hasta ahora el gobierno chino se ha movido en el campo de la eficiencia. Pero un cambio de este tipo forjaría una adhesión apasionada.

España al carecer de un protocolo y unos edificios como los del Reino Unido, no tiene esos elementos materiales que ejercerían un gran poder como símbolos. Y que conste que el Palacio Real sí que es usado y de forma muy efectiva e impresionante para las grandes cenas de gala. Pero eso es todo. Los símbolos habrían sido una ayuda muy importante para un país como España si hubiera mantenido un amor a la tradición. Los símbolos y una estética mantenida durante siglos hubieran creado un mayor apego a la patria.

Creo que en este país sería muy positivo crear una especie de Acrópolis a las afueras de Madrid, en un gran espacio de terreno, donde aparecieran con todo esplendor tres monumentales edificios que simbolizaran las tres ramas: congreso, senado y tribunal supremo. Un proyecto arquitectónico que fuera pensado para ser realizado durante años. En fin, son ideas que se me ocurren.

El Poder, la soberanía, el parlamento



Ayer descubrí que debajo del Corredor de san Esteban, en el parlamento británico, hay una antigua cripta medieval. O, mejor dicho, una impresionante, bellísima y extensa cripta medieval. Podéis ver una foto aquí:


Otra curiosidad es que hay un sector en el Edificio del Parlamento cuya jurisdicción corresponde directamente al soberano. Es la zona de la sala donde se reviste, The Robing Room. Esa sala y unas dependencias más. Esa zona está bajo la jurisdicción delegada del Gran Chambelán.

No hace falta que repita lo fascinante que me parece ese mundo que constituye ese edificio con vestiduras propias y protocolos únicos, mazas ceremoniales, procesiones con la Espada de Estado o con algo tan curioso como el Cap of Maintenance.

El Poder, en cualquier otro país, es algo mucho más insulso.

sábado, diciembre 15, 2018

La Sala de san Esteban



Este es uno de los pasillos del edificio del parlamento británico. No hace falta decir que me parece de una belleza noble que me admira. Los edificios que expresan el Poder siempre son muy interesantes. 

En este mundo hay un poder que emana de la soberanía y otro poder que emana de la Soberanía de Dios. Los teólogos nunca han despreciado el poder humano. Al revés, bien usado, es una causa de grandes bienes. Mal usado es causa de terribles males. 

Ya he dicho muchas veces que el parlamento del Reino Unido me parece una obra de arte formidable. Porque conforma una unidad con los protocolos y ceremonias que tienen lugar en él. El anarquismo abomina de todo esto. Yo todo lo contrario, precisamente por mi construcción teológica.

viernes, diciembre 14, 2018

Frisos y frontones



Este es el frontón de la Asamblea Nacional de Francia. Es muy bonito. En días pasados, miré frontones de distintos países. Desde el Congreso de Estados Unidos, Austria y otros lugares. El más bonito de todos me parece el frontón del Congreso de España. Tiene una composición y unas proporciones magistrales. Merece una mención honorable en su simplicidad el friso del Lincoln Memorial.

Y, desde luego, todo el programa iconográfico del edificio del Tribunal Supremo de Estados Unidos es admirable.

Aunque, como edificio, sin ninguna duda, el más impresionante es el edificio del parlamento británico. Obra de ese católico entusiasta que fue Pugin. El cual diseñó incluso el trono del monarca hasta en sus más pequeños detalles.

Pocas cosas pueden ser tan apasionantes como que te pidan que hagas el proyecto arquitectónico para la sede del parlamento de una nación. 

Quizá escriba algo más esta noche después de cenar.

jueves, diciembre 13, 2018

Una ranita
















Ha sido muy gracioso el sueño que he tenido esta noche. Un eclesiástico de mi diócesis, no diré el nombre para que no se ofenda, se ha pasado buena parte de la noche enseñándome, paso a paso, una receta, un postre. Yo le escuchaba con suma atención. La verdad es que ponía entusiasmo el hombre.

No tengo ni idea de qué sentido puede tener este sueño con el destino del mundo. Es más, este sueño es el típico que me convence de que la mayor parte de los sueños no tienen ningún sentido, son mera combinación de recuerdos con fantasía.

Post Data: Felicidades Lucía. Eres bienvenida aquí. Los comentarios son un lugar donde siempre podéis discrepar del post, un lugar donde podéis conversar entre vosotros.

Mi respeto a los jueces, fiscales y otros servidores de la Ley que lean este blog




















La estatua representa a La Justicia. Está meditando, sosteniendo en su mano una imagen de una mujer con los ojos vendados y una balanza bien sujeta a su cinto. Desde hace años, me fascina esta estatua, como la de ayer, llamada El Ejecutor de la ley.

Desde hacía años, sabía que iba a pasar, no tenía la menor duda de que, antes o después, iba a suceder exactamente esto. Me estoy refiriendo al hecho de que ayer China haya detenido a dos canadienses por el hecho de que Canadá detuvo a Meng Wanzhou, una alta directiva china.

Si tu detienes a uno de los míos, yo detengo a dos de los tuyos. Eso ya pasó hace años, exactamente lo mismo. Una mujer canadiense estuvo detenida varios meses y su marido dos años.

El Ministro de Asuntos Exteriores canadiense habrá intentado explicar a Pekín que el presidente no puede dar una orden y sacar a alguien de la cárcel, que los tribunales son independientes en Canadá. Meng Wanzhou ha sido acusada de quebrantar la Ley y debe responder ante un juez, con los mismos derechos y deberes que cualquier ciudadano canadiense. Pero eso le da lo mismo a Pekín.

Al final, el poder del dragón asiático es tan arrollador, tan gigantesco, que cualquier juez se lo va a pensar dos veces antes de volver a hacer algo parecido. Pero si todo falla, siempre queda la posibilidad del indulto.

A esto hemos llegado, todos somos iguales ante la Ley, menos los grandes de esa superpotencia asiática. Nunca antes había ocurrido algo así. Pero más vale que nos vayamos acostumbrando.

Lo que, en otro tiempo, fue Babilonia para el antiguo Israel, puede acabar siendo China para la antigua Cristiandad. Nos hemos alejado de Dios y su bendición ha partido de nosotros. Se aproximan tiempos duros. Mientras en China se comienza a clasificar a la población según un índice de lealtad, en Europa nos espera un horizonte de disturbios sociales como los de Francia.  Y las masas no se echan a la calle por capricho.

Los que saben nos dicen que, en la dictadura asiática, llevan varios años reforzando los controles. Aquí, por el contrario, es el momento de Podemos, de Cinque Stelle y de otros movimientos populistas. Pekín está más fuerte que nunca, más que nunca. La Unión Europea claramente muestra grietas y debilitamiento de su unidad. Y eso si no comienza un proceso general de nacionalismos que todavía nos abocaría a mayores tensiones internas dentro de la Unión.

Sermones del 1678-1687



Sermón 1678
La presentación de la Virgen María en el Templo, año 2018

Sermón 1679
La lectura del Evangelio en la misa

Sermón 1680

Sermón 1681
El Trono de Dios, II parte

Sermón 1682
La última parte de la misa entendida como la apertura del Arca de la Alianza

Sermón 1683
Hablar en nombre de Jesús

Sermón 1684
La infinita distancia que nos separa de Dios

Sermón 1685
La parte más profunda del alma

Sermón 1686
El Renuevo de Jesé

Sermón 1687
El Espíritu Santo se posó sobre María Santísima

Esta estatua se llama "El ejecutor de la Ley"



Lucía escribió un comentario que es profundo y que creo que merece un comentario, porque está muy argumentado. Por otra parte, me parece muy bien que me lleven la contraria, porque es bueno dialogar y confrontar nuestras opiniones con los que no piensan como uno. Pongo las palabras de Lucía en granate y mi comentario en color negro:

La unidad es positiva cuando es aceptada libremente y no por imposición.

La soberanía (y también las instituciones que regulan la soberanía popular) no son aceptadas libremente. Al revés, ellas son las garantes de la libertad. Si una institución constitucional ha de ser cambiada, no se cambia porque sea aceptada o no, sino según los mecanismos que regule la misma constitución. Si el 51% de los ciudadanos españoles quisiera que los miembros del Tribunal Constitucional se eligieran democráticamente, eso no bastaría. Para cambiar el método de constitución de ese alto tribunal solo se podría hacer a través de los métodos que marca la misma constitución española. En ese caso, lo que piense la mayoría (el 51% de la población) no basta. La formación de ese alto tribunal se le impone a los ciudadanos, incluso aunque la mayoría quisiera otro sistema. Y eso es justo. Las instituciones jurídicas constitucionales no están sujetas a lo que diga la mayoría en cada momento.

La mejor manera de saberlo es siendo demócratas de verdad, que no de palabra, dando la voz al pueblo al estilo de los referendums de Escocia y Canadá, como bien dice Fortea.

En las democracias, no todo se puede decidir democráticamente. Para que sea un Estado de Derecho, la Ley pone límites a lo que se puede decidir. Todos los sistemas constitucionales del mundo, incluidos los más democráticos, expresamente blindan la soberanía. Pero solo ha habido esas dos excepciones citadas. También Alemania prohíbe negar el Holocausto. Pero esa es una ley muy debatida entre los juristas.

La legalidad vigente no puede inclinar la balanza sólo a un lado del conflicto no es justo, quedaría la mitad de la población defraudada e impuesta al castigo de no poder dar su opinión en un tema tan trascendente.

Cuando dos partes no se ponen de acuerdo, lo que se impone es la fuerza de la Ley. En este conflicto, se haga lo que se haga, una mitad de los catalanes va a quedar defraudada.

No es delito dar la opinión. Lo que es delito es que la autoridad inferior desconozca la ley de la nación. En todo país, quebrantar la Ley conlleva una pena.

El nacionalismo y en concreto los independentistas deben de defender sus posturas sin odios, efectivamente, pero el poder central debe de buscar soluciones políticas a un problema político que se le escapa de las manos y que se enconado día tras día con su cerrazón.

Un problema político que se le escapa de las manos es un modo eufemístico de definir la campaña de indoctrinamiento y discriminación que se ha llevado desde la Generalitat desde hace años.

No puede haber diálogo alguno cuando a una de las partes, por defender su postura, se le dice ha caído en la cerrazón. Si los nacionalistas defienden la independencia con el 50% de los votos, defienden la libertad, un derecho. Si los unionistas defienden la unidad, caen en la cerrazón y no tienen altura miras.

Lo mínimo que se requiere para un diálogo es considerar al otro tan igual como uno mismo, y con iguales derechos. Pero si, tras el diálogo, no hay acuerdo, la Ley no por eso se suspende. La soberanía nacional, por propia definición, no admite suspensión en sus funciones. Sí que admite el pacto, eso sí. Pero nunca un estado de suspensión. Pueden suspenderse temporalmente las funciones del parlamento, por ejemplo, cuando se disuelven las cámaras. Podría poner otros ejemplos de otras instituciones. Pero la soberanía nacional nunca se suspende, por definición.

miércoles, diciembre 12, 2018

Trabajando en canteras de pensamiento



Hoy he estado toda la mañana en el infierno. Estoy con el libro sobre el averno, y la mañana entera y verdadera la he dedicado a deambular por esas regiones. El día de ayer tan soleado, tan agradable y primaveral, se presentaba como una fuente de desinspiración. Mientras que la jornada de hoy, totalmente gris, fría, ayudaba. La verdad es que bromeo. Podría escribir sobre el infierno incluso en mitad de una vida. Aunque, hoy día, no hace falta esperar mucho para que bodas se conviertan en un escenario especialmente propicios para escribir sobre el tártaro.

Toda esta reflexión de horas sobre el infierno ha culminado en un bacalao al pil pil y unas patatas cocinadas con lentitud con cilantro y dos tipos de quesos, y unas rodajitas de chorizo de pavo bajo en colesterol. Me habían regalado un panetone ayer que ha estado muy bueno como postre.

No hay nada como culminar mi trabajo teológico con una buena comida. Escribir de buen humor claro que influye en la teología. Calvino debía tener unas digestiones pésimas. Digamos lo mismo del puritanismo inglés, alimentándose de nabos y zanahorias hervidas. Esos sujetos veían la predestinación (adonde fuera) casi como una liberación. El catolicismo siempre ha sido una cosa muy distinta.

Post Data: Probablemente, después de cenar escriba otro post sobre Cataluña. Muchos queréis y ya sabéis que no os niego nada.

martes, diciembre 11, 2018

Un bello martes soleado, tranquilo y feliz



Estos días estoy leyendo la autobiografía de Stephan Zweig, El mundo de ayer. Me está gustando. Gracias a la lectora de este blog que me proporcionó tal obra. He comido hoy con una familia que me es muy querida. Comer con personas a las que les tienes cariño, en un ambiente agradable, unos platos deliciosos, es uno de los grandes placeres de la vida. 

Por la mañana, he estado revisando unos escritos míos sobre el infierno que tanto me ha pedido un lector de Washington DC. Al final la insistencia de este buen amigo (con el que he compartido cenas y charlas) ha tenido efecto. Pero este libro sobre el infierno tengo la sensación de que debo dejarlo reposar. Escribir y alejarme de la obra durante un tiempo, volver a escribir y volver a dejarlo dormir. 

Hay libros que son fruto de la pasión, de una tormenta creadora, que solo se pueden escribir de un tirón. Otros libros son el resultado de calmada revisión, de una labor de relojero más paciente.

He ofrecido mi libro sobre las plagas de Egipto a dos editoriales y a un agente literario. Pero, de momento, sigue durmiendo silencioso en mi casa.

Ya he acabado de jugar mi partida de ajedrez de después de la cena y estoy escuchando la banda sonora de El piano. Una obra musical sobrevalorada, pero muy buena. Ya se ha deshecho el trocito de chocolate que tenía en la boca. Llamaré a un amigo para darme un paseo, mientras hablo por teléfono. Buenas noches a todos.

¿Sembrar la secesión es un asunto moralmente indiferente?



Después de cenar escribiré unas líneas sobre asuntos personales, para que no hable yo siempre de este asunto de Cataluña. Pero esto se ha convertido en una conversación que me parece muy interesante, una civilizada conversación. Lucía escribía:

La legalidad de hoy puede ser muy diferente a la de mañana. Las leyes cambian como cambia la sociedad.

No, Lucía, la soberanía siempre ha sido lo mismo. Tanto en la época de los estados-clientes del Imperio Romano, como en la época de Carlomagno. La soberanía es una realidad jurídica que será igual ahora que en el siglo XXIII.

¿Por qué? Porque si esto fuera el poblado Pitufo, nos reunimos en la plaza y nos ponemos de acuerdo, pero en cualquier grupo de millones de habitantes siempre, absolutamente siempre, tiene que quedar claro quién es el que tiene el Poder en último término. Hay cosas en una nación más indefinidas, pero esa NUNCA puede quedar indefinida. Cuando ha sido así, el resultado siempre ha sido muy malo.

Una cosa es que el Poder organice una consulta como en Canadá o en el Reino Unido, y organizara la división de una parte de la soberanía. Y otra muy distinta es el desconocimiento de la Ley por parte de las instancias de Poder inferiores: el resultado, en estos casos, siempre ha sido el mismo y muy malo.

La división desde el Poder, aunque sea un mal, se realiza de forma organizada. La división a la fuerza acaba provocando guerra callejera o terrorismo.

Lucía decías que mala es la situación para el 50% de catalanes que sienten españoles y mala la situación para el 50% que no se sienten españoles. El problema es que no hay término medio. Es el típico caso en que, una vez dada toda la autonomía posible, solo queda la ruptura o la unión. Y dado que no hay una tierra de en medio, dado que hay que dejar claro qué norma jurídica es la que rige mientras se produce el debate, la única posición de la Razón es la legalidad del Estado de Derecho.

Yo no me meto en banderías humanas, no me meto en cuestiones opinables que corresponden a la política. Yo intervengo en la cuestión moral y la solución es la misma aquí, en Estados Unidos, en Italia y en Alemania, ahora y dentro de cien años. Las pautas morales que he ofrecido intentan ser objetivas. La moral obliga, sea uno del partido que sea.

Podemos discutir si queremos que haya o no monarquía, podemos discutir si dividimos en otras dos cámaras el senado, podemos discutir muchas cosas, pero si, por ejemplo, la Ley apenas castigara el hecho de que un extraño pudiese entrar en nuestra casa, eso trae gravísimas consecuencias. No se puede mitigar el concepto de allanamiento de morada sin que eso no acabe muy mal.

Si alguien quiere entrar en mi casa, yo puedo repelerlo con la fuerza. Y eso no es un delito. Nadie puede apelar a términos medios: es mi casa o no lo es.

lunes, diciembre 10, 2018

No existe un magisterio específico sobre el nacionalismo




















Tenía clarísimo que hoy no iba a hablar del tema de Cataluña, pero, al final, no me he resistido, porque un lector ha hecho una petición muy interesante:

Por favor padre, explique cuál es la doctrina social de la Iglesia sobre la secesión en un país. Es muy clarificadora y debería ser el criterio a seguir por sus pastores y fieles.

No existe una doctrina magisterial expresa sobre el tema. Ahora bien, hay suficientes elementos en la teología moral de la Iglesia para afirmar de forma condensada las siguientes verdades:

-Existe un derecho a la autodeterminación cuando hay razones suficientes para ello: invasión de un pueblo, objetiva situación de opresión (por la raza, religión, etc.) u otras razones objetivas.

-No existe un derecho a la secesión cuando la región, provincia, departamento, cantón u otra circunscripción ni está invadida ni oprimida, y forma una unidad con el Estado del que es parte.

El que el poder político decida ceder no significa que ese derecho exista. Solo demuestra que ha cedido. Ojo, tampoco estoy diciendo que, en ocasiones, no sea más prudente optar por el mal menor.

Querido comentarista, lo pediste es muy útil, porque este es un problema que puede extenderse sin final por todos los países con su inevitable siembra de odios y posibilidad de grandes conflictos.

Repito lo que dije hace tiempo: Que el límite de una nación esté aquí o más allá se debe a cuestiones en manos del azar: un río, una batalla perdida, una boda entre casas reales, una cordillera, una lengua, una religión. Las lenguas avanzan o retroceden o se encapsulan por razones azarosas. Las fronteras podían haber estado en muchos otros lugares alternativos. Lo que sí que resulta indudable son los males que afrontamos si una región comienza un proceso de secesión, u otro país inicia un proceso de incorporación por la fuerza.

En el caso de una autodeterminación, la inmensa mayoría de la población invadida o sojuzgada lo normal es que quiera recobrar la independencia. Y, aun así, los peligros de odio y sangre que conlleva un proceso de autodeterminación no son descartables.

Pero, en el caso de una secesión, estar dispuesto a pagar ese precio resulta objetivamente inaceptable desde un punto de vista moral.

Desde un punto de vista legal, la soberanía es indivisible. Normalmente, la Ley es reflejo de la moralidad; y la moralidad se encuentra reflejada en la legalidad. Ya sé muy bien que hay excepciones. Pero cuando el sistema jurídico se basa en la Razón, la Ley refleja el ordenamiento moral.

Si existiera un derecho a la secesión, Cataluña podría volverse a dividir cuatro años después de lograr la independencia. En un estado de anarquía, hasta los valles del pirineo proclamarían su independencia. ¿Por qué una ciudad no puede ser independiente?

No hay nadie que ahora abogue por la secesión en Cataluña que después no vaya a negar el derecho a la independencia a otros. ¿Por qué? Porque la Razón indica que la soberanía no puede estar fragmentándose de forma indefinida. Más allá de cierta división y subdivisión el sistema caería en la anarquía.

Aunque algunos digan que sí que aceptarán ese derecho, lo dicen convencidos de que el proceso se detendrá. Pero este es un proceso que resulta altamente inflamable porque cada división implica destrucción del bien común y la siembra de animadversión. Las secesiones no se pueden hacer sin esa siembra de la confrontación del uno con el otro. Sin confrontación, la Razón indica que la unión y la coordinación siempre es preferible. Cada desunión y descoordinación conlleva un coste. Por eso los defensores de este derecho de independencia, después lo niegan a los sometidos a la nueva soberanía. Antes de la guerra civil española los anarquistas no creían en la autoridad. Después, cuando se hicieron con el Poder en la guerra, ejercieron la autoridad. Lo mismo pasa con los que creen en el derecho de secesión. Una vez creada la nueva soberanía, ya no se puede ejercer ese derecho.

Por eso, desde el punto de vista de la moral, creo que ha llegado el momento de decir bien y alto y bien claro, sin ambigüedades, que no existe el derecho a la secesión. Existe, como es lógico, el derecho a que el prisionero recobre la libertad. Secesión no es lo mismo que autodeterminación. En 1944 Francia no se secesionó del III Reich. Las Trece Colonias sí que se independizaron de la Corona Inglesa, pero ese hecho (con razón o sin ella) no se pudo hacer sin pagar un precio en sangre.

Hay un ejemplo que puede dejar clara esta cuestión moral: Existe el derecho a que la esposa maltratada se escape del matrimonio. Pero no existe un derecho, moralmente hablando, a que la esposa un buen día anuncie que se autodetermina respecto al matrimonio y se marche. Esa no es una opción moralmente indiferente.

Desde el punto de vista de la licitud, uno puede ser todo lo nacionalista que quiera, pero teniendo claro que la soberanía es un bien nacional indivisible. Los montes del Pirineo no pertenecen a sus habitantes, sino a toda la nación. Y es un hecho objetivo que hoy Cataluña pertenece a España, hagan las votaciones que quieran hacer los que vivan allí. Es una mera cuestión legal con igual respuesta en todas las construcciones jurídicas de todo el mundo.

Por supuesto que uno dirá que uno tiene una opinión y otro tiene otra opinión. Pero el Poder no está sujeto a opiniones. El Poder es algo objetivo. Quim Torra dirá lo que quiera, pero él no puede detener al presidente de España; la justicia de España sí que puede detener a al presidente de la Generalitat.

Como dije en otro post, aquí cada cual tiene sus opiniones. Pero el Poder se demuestra en la capacidad de enviar a la policía a detener a alguien. Esa es la evidencia última de quien posee el Poder. Cuando llega la policía y le comunica a alguien: “Está usted detenido”, esa es la frase más objetiva que existe, no está sujeta a opinión.

Otra lectora pedía “altura de miras” con los nacionalistas, pero aquí hablo de la cuestión moral. Lo moral es lo justo. Después ya sé muy bien que nuestros políticos en Madrid pueden hacer los cambalaches que quieran. Pero yo hablo de cuestiones que tienen que ver con la moralidad, con lo justo, con los derechos. Después ya sé que puede ocurrir cualquier cosa.

domingo, diciembre 09, 2018

Así es una bula de nombramiento de obispo



Hoy por la mañana, al regresar de la capellanía del hospital, he leído otro trozo de El general en su laberinto. (Sí, ya he acabado de leer Franco y la Iglesia.) La obra de García Márquez, ya os lo dije hace tiempo, me parece impresionante desde un punto de vista literario. Es curioso, leí este libro hace unos doce años y ahora al releerlo descubro que mi lectura ha cambiado. Ahora me doy cuenta de más detalles. Es como si vista se hubiera vuelto más aguda con el detalle pequeño. Ahora leo con más lentitud. En esa época, sin darme cuenta me dejaba llevar por la lectura sin paladear. Ahora también soy más comprensivo con los personajes. A los cincuenta años, vemos a los demás con mucha más benignidad.

No puedo dejar de hacer una reflexión con ocasión de la lectura de este libro: los Pueblos pueden elegir su destino. Si los países americanos querían mayoritariamente la independencia, había que dársela.

Ahora bien, la mayoría de la población estaba dividida al respecto. Incluso la élite que llevó a cabo la independencia no está nada claro que significase la mayoría de esa clase social. Al final, la independencia se logró no porque la élite social quisiese la liberación, sino, simplemente, porque ganó la guerra.

¿Fueron más libres una vez obtenida la independencia? Por supuesto que no. ¿Al menos pagaron menos impuestos al rey lejano? Tampoco. Hubo la misma corrupción y las mismas opresiones, la misma proporción de hombres buenos y malos, capaces e incapaces, que antes de la independencia.

Viendo las cosas racionalmente (me hago la ilusión de que, a veces, hago eso) mejor hubiera sido permanecer todos unidos. Todos nos hubiéramos beneficiado mutuamente. Por supuesto que Latinoamérica hubiera desarrollado democracias particulares y, en la práctica, el nivel de autogobierno hubiera sido el más grande posible.

Pero ni mantener la unión valía un baño de sangre, ni lograr la independencia valía una hecatombe; no de toros y ovejas, sino de seres humanos.

Dicho lo cual, todo esto vale para Cataluña y su lucha intestina. Yo hubiera preferido un referéndum al estilo de Canadá y Escocia. Pero dado que ese camino ahora está más lejos que nunca, no queda más opción que la legalidad y el orden.

Alguien puede pensar que en mí ha habido una evolución al respecto en los últimos años. No, no la ha habido. Lo que no quiero es violencia; recuérdese lo que he dicho de la independencia de Latinoamérica. Y ahora, dada la situación en España y su región Cataluña, no queda otra opción que apoyar la legalidad.

Otras opciones supondrán la perpetuación endémica de una lucha y una crispación que solo lograrán que algunas células se malignicen, vamos hacia eso. No quiero muertes ni por mantener la unidad de España ni por la independencia. Pero cuando la violencia estalle, y doy por supuesto que va a estallar en forma de lucha callejera, de kale borroka a cargo de grupos anarquistas, mi apoyo estará de un lado y solo de un lado: la legalidad vigente en el Estado Español.

Hubo una época, os lo puedo asegurar, que el problema de los territorios palestinos se pudo haber solucionado. Fue la época previa a la segunda intifada. Hice mi primera visita a Israel en esa época. Pero Arafat azuzó a la gente para quemar etapas no hacia la independencia (que ya la tenía de facto), sino para conseguir más territorios (ya había conseguido varios). Después de azuzar a la población a la lucha, ya no pudo recoger velas: se le fue de las manos.

Quim Torras, el presidente de la Generalitat, sigue jugando a un juego en el que cree que podrá tener la mano siempre en el grifo, para cerrarlo cuando quiera. Después vendrán los funerales y los discursos condenándolo todo. Ni la independencia de Cataluña vale eso, ni la independencia de toda Latinoamérica.

Morir en 1823 para que una bandera u otra ondeara en el mástil de Caracas no vale la pena. A los nacionalistas les pido que defiendan sus ideas sin crear un caldo de cultivo del odio. ¿Al gobierno español le puedo pedir que deje en la ambigüedad cuál es la instancia última de Poder? Evidentemente, no. 

En virtud de la racionalidad, no puedo quedarme en medio. No hay un punto intermedio entre el imperio de la Ley y el quebrantamiento del Estado de Derecho. Sería como afirmar que hay un punto intermedio entre el hombre honrado y el ladrón.

Eso sí, si Cataluña logra la independencia por las malas, caerá totalmente en manos de los tratados que firme con China. Será independiente de España, para convertirse en un estado vasallo de Pekín. El único que estará dispuesto a poner dinero sobre la mesa para sostener (y solo en parte) el sistema monetario y bancario de una Cataluña que se marchara por las malas será ese país.

Cataluña, Latinoamérica, Simón Bolivar, España nos roba, la segunda intifada... no aprendemos. Estamos en el siglo XXI, pero seguimos cometiendo los mismos errores.

sábado, diciembre 08, 2018

Cuando veáis a toda la progresía aplaudir algo, malum signum



En fin, voy a dedicar un último post sobre la constitución española. El secretario del cardenal de Toledo, en una entrevista, declaró lo siguiente:
Respecto a lo que diría D. Marcelo ante la situación actual hay que referirse a la pastoral que escribió sobre la Constitución. En ella señalaba que, admitiendo los grandes valores de la Constitución, que todos alababan, señaló cinco puntos en relación con el texto que se iba a someter a votación.

Primero: en un país de mayoría católica no aparece el nombre de Dios.
Segundo: prescinde de los valores permanentes y de ley natural.
Tercero: no protege debidamente la familia y facilita que venga enseguida la ley del divorcio.
Cuarto: no protege de forma suficiente la vida humana y abre la puerta al aborto.
Quinto: no garantiza debidamente la libertad de enseñanza, que hará depender del criterio del gobierno, que podrá ejercer un control excesivo.

En su borrador escribió un sexto punto que luego retiró del escrito definitivo. Sobre este punto decía lo siguiente: No se aclara la palabra “nacionalidades”. Se puede entender de una manera correcta, que reconoce la unidad de España, en su diversidad; en cambio, va dar pie a que algunos (y pensaba en bastantes catalanes que él había conocido) lo van a interpretar en un sentido que quiera romper la unidad de España.  Señalaba que se debía explicar bien, antes de la votación, qué se quería decir con la palabra “nacionalidades”, porque si se votaba con la ambigüedad que tiene la palabra, podrían venir después enfrentamientos entre españoles. Y esto – decía D. Marcelo- hay que evitarlo. Finalmente retiró este punto sexto de la Carta Pastoral, porque pensó que se interpretaría como si él quisiera ir contra Cataluña y él siempre decía: “No tengo nada contra Cataluña”. Pero comentó entre los que estábamos cerca: “Veréis cómo esta palabra, tan ambigua va a traer cola y disgustos…”

En esa época, los católicos eran la inmensa mayoría de la población. Pero a los que se escuchó continuamente en las reuniones fue a los socialistas y a los nacionalistas.

Ahora bien, es que ni siquiera lograron articular algo completamente esencial en una constitución: la división de poderes. La rama legislativa no tiene ni ha tenido nunca, en nuestra democracia, ninguna independencia. La rama judicial sí que la ha tenido y la tiene. Para ya se encargaron los políticos de hacer mal el poco trabajo que tenían que hacer desdibujando esa independencia en aspectos como la designación de los miembros del Consejo del Poder Judicial o la designación de los miembros del Tribunal Supremo.

Dicho de otro modo, los creadores de la constitución ya se encargaron de dejar varias puertas traseras para entrar donde, en teoría, no debían entrar. El día que haya un partido que arrase en el parlamento (o dos que se pongan de acuerdo) no esperemos que haya tribunal constitucional que se les resista o Consejo del Poder Judicial con el que no puedan castigar a los jueces que no se sometan a una nueva legislación.

Vamos, que el poco trabajo que tenían que hacer Suárez y sus compañeros de cenas y puros lo hicieron mal. Algo completamente de esperar si observamos el bagaje de Derecho Constitucional que tenían todos ellos, salvo unas pocas excepciones que no voy a comentar por no alargarme. Menos mal que, como dije, copiaron. Y al copiar a los alemanes no desatinaron del todo.

No se vea en mis palabras la acritud por dejar de lado a la inmensa mayoría de católicos en todo el tiempo de Suárez. No. Aunque yo fuera totalmente ateo, me hubiera conformado con un buen texto constitucional sin puertas traseras sin chapuzas sin áreas borrosas. No se vea en mis palabras que quiero favorecer a un campo, a un partido, a unas posiciones. Mi única posición es defender la Libertad.

Con lo cual, que reciban los aplausos que quieran. Que les aplauda la progresía hasta que les duelan las manos. Nuestra querida constitución es un mal trabajo de principiantes.

viernes, diciembre 07, 2018

Aniversario de la constitución: los documentales políticamente correctos



El programa sobre la constitución de Telemadrid (y que he visto hasta la mitad durante mi almuerzo) es mucho mejor que esa “cosa” que puso Antena 3 en nuestras pantallas. Me ha gustado mucho más, pero no puedo dejar de hacer algunos comentarios evidentes. La constitución se ha presentado como un gran esfuerzo de consenso. Pero, como todos sabemos, se reunían Felipe González y Abril Martorell en un restaurante y se quedaban hasta las cuatro de la mañana. Y salían contentos, bien contentos, habiendo acordado 25 artículos de la Constitución.

La carta magna de una nación debería ser un texto confeccionado y discutido por expertos que midieran cada aspecto, por mínimo que fuera, al milímetro. Se trata de logar un mecanismo legal lo más perfecto posible. Cada error constitucional siempre tiene consecuencias. Después de la labor de los expertos, de los especialistas, los políticos sí que pueden intervenir como representantes del Pueblo.

Ahora bien, reconocer que se reunieron dos personas, y que, entre copa y copa, sacaron adelante 25 artículos, me parece que ya está todo dicho.

El resto de la constitución fue apareciendo del mismo modo, reuniéndose un grupo de políticos en torno a una mesa y quedándose hasta tardísimo y consensuando. Ahora bien, por “consensuar” hay que entender que Suárez cedió todo lo cedible ante las izquierdas y ante el nacionalismo.

El nacimiento de la constitución se presenta en los medios de comunicación como un esfuerzo por parte de todos. No es cierto. Los socialistas y los comunistas cedieron en tres cosas archisabidas y que las han repetido hasta la saciedad en todas las entrevistas. Pero, en todo lo demás, cedió Suárez.

Fraga contaba únicamente con 16 diputados en un congreso de 350; bien pronto comprendió la situación y la aceptó. Aceptó que Suárez solo tenía ojos para González y Guerra. También trató magníficamente a Carrillo, como si tuviera que ser perdonado por algo. Pero los demás, sencillamente, no existían.

Si las cosas no salieron mal, fue porque copiaron la constitución alemana. No quiero ni pensar qué hubiera pasado si les llegan a dar una hoja en blanco.




jueves, diciembre 06, 2018

40 años de constitución española: francamente "bien"



He visto hoy el programa (emitido el martes) de Antena 3 para conmemorar los cuarenta años de la aprobación de la constitución española. No cabía más infantilismo en aquellos 60 minutos de elogio conmemorativo. Yo creo en las constituciones. Siempre he estado a favor de ellas, de que vivan en libertad, se reproduzcan y tengan una vida dichosa.

Pero ese programa se ha enfocado exclusivamente en mostrar lo espantosa, lo horrible, lo triste, lo desesperanzada que era la vida de los pobres españoles a los que les hubiera tocado en desgracia vivir en esa era de tinieblas preconstitucionales. Una era que ni el peor capítulo de Juego de Tronos podría describir en su maldad y espanto.

Todo el tiempo aparecían entrevistas en las que un pobre ciudadano octogenario (y próximo a la defunción) se quejaba de que aquí cenábamos unos huevos fritos con chorizo, mientras que en Europa se desayunaban ya por la mañana con una langosta hecha al punto, y algo de caviar sobre la tostada con mantequilla.

Aquí la mujer vivía sometida al marido, mientras que en Francia la mujer ya votaba desde el siglo XVII.

A mí me metieron en la cárcel ocho años por estornudar en catalán. Y a mí me torturaron por hablar con acento gallego.

Por la calle patrullaba la Gestapo ayudada por las SS, hacía mucho frío, las noches eran más largas y se veían orcos por los pueblos.

Fin de las citas sarcásticas que me he inventado. Continúo yo. Soy un demócrata convencido y, por tanto, me gustaría que las constituciones fuesen cuidadas con esmero. La nuestra ha funcionado bien, salvo en aquellos puntos que ya, desde el principio, los expertos advirtieron que funcionaría mal.

Esto pasa cuando los que se ponen manos a la obra son políticos y no expertos. Los varios puntos de futuras averías en el motor ya fueron advertidos por los expertos desde el principio, pero Suárez dijo que no, que no pasaba nada. Primera parada en el taller: método de constitución del Consejo del Poder Judicial. En fin.

Incluso el tema de que sea el primer varón el que herede la corona, también se le advirtió al rey que era un tema que habría que pensarlo más. Pero, efectivamente, el lío dinástico que había en casa hizo que don Juan Carlos I dijera en voz baja que las cosas se dejasen como estaban en el borrador.

Eso sí, me alegro de que no se mencione a Dios ni en una sola de sus páginas. De lo contrario, hubiéramos tenido que pasar por el mal trago de sacarlo. Porque, sin duda, aquí en España, hubieran sacado esa mención.

La constitución que tenemos es francamente mejorable. Para empezar, tenemos un senado que nunca, jamás, ha constituido un poder independiente del Poder Ejecutivo. Y eso, evidentemente, no es una cuestión menor. Si una constitución no logra, ni siquiera, la independencia de los tres poderes del Estado, pues apaga y vámonos. Después vendría, como era lógico la invasión de la política en el poder judicial. Pero ya la constitución estaba mal construida en sus pilares esenciales, lo otro era una mera consecuencia.

Los que la defiendan dirán que es que fue fruto del compromiso, del pacto. Muy bien. Se podía haber llegado a un consenso, pero a un consenso con un buen texto constitucional: perfecto, sencillo, bien armado, coherente.

Una cosa es celebrar la democracia y otra felicitarnos por un texto manifiestamente mejorable.