viernes, agosto 23, 2019

Obispos, obispos, obispos... del siglo XVII



Para los que crean que mis escritos tienen una dirección errática, voy a dar alguna explicación. Tengo muy claro que mi primera misión ahora es acabar la revisión sobre mi largo libro sobre san Pablo. Pero, hasta finales de septiembre, tengo todos los días hospital. Eso no me permite dedicarme con tranquilidad suficiente. Y, por eso, había decidido dejar la revisión de esa extensa obra para octubre.


Mientras que una obra breve que sí que tenía en mente el revisarla era mi libro sobre los obispos, La mitra y las ínfulas. La escritura de ese libro es para mí mucho más relajada y sencilla que la más enrevesada sobre san Pablo.

De ahí que llevaba una semana leyendo sobre los obispos a lo largo de la Historia. Es en la Historia donde encuentro mucha luz para reflexionar lo que debe ser la dignidad episcopal. Y, leyendo sobre los obispos franceses, es cuando se me ha ocurrido escribir una veintena de páginas sobre un obispo del siglo XVII en una pequeña diócesis rural. Como veis, todo está conectado y todo tiene su razón de ser.

Y más razón de ser sabiendo que siempre tuve la idea de lo interesante que sería escribir una trilogía sobre las catedrales a lo largo de la Historia. Si bien, el tercer libro debería haber sido escrito sobre una catedral colonial en México o Perú, o sobre alguna catedral decimonónica en alguna zona selvática asiática. Mi tercer libro quería alejarse del todo del ámbito europeo y mostrar una visión exótica. Pero ahora me veo incapaz de rechazar tanta documentación y mucho más interesante de lo que nunca pensé.
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En la Red, llevo miradas muchas catedrales francesas por dentro. Agradeceré sugerencias acerca de qué catedral, provinciana, del siglo XVII, pequeña o pequeña-mediana podría ser una buena candidata para enmarcar mi libro.

jueves, agosto 22, 2019

Una obrita que ha surgido inesperadamente



Estos días estoy leyendo todo lo que puedo sobre el episcopado francés del Ancient Regime. Desde un punto de vista histórico, el libro que acabé hace unos días, The making of the French episcopate, me ha sumergido en un mundo eclesiástico del que conocía solo las grandes líneas. Hacía tiempo que no disfrutaba un libro de esa manera.

Pero, además, hay una razón añadida para ese entusiasmo. Cuando se publicó mi librito La catedral de san Agustín, tras describir cómo era una catedral del norte de África en el siglo V, pensé lo interesante que sería, completar esa obra con una obrita cortita y densa acerca de la vida clerical en el siglo XII o XIII en una gran catedral monástica inglesa. Pensaba especialmente en Canterbury. Sobre ese tema, durante años, había leído bastante, en parte por mi devoción a Becket y se trataba de buscar tiempo. Desde entonces, acumulé materiales para ese futuro librito.

Y me decía a mí mismo que lo ideal sería escribir un libro sobre una catedral en la Antiguedad, otra sobre una catedral medieval y otra sobre catedral del siglo XVII o XVIII. Pues bien, ahora lo veo claro, tengo unas ganas grandísimas de escribir un libro sobre la vida de una pequeña catedral provinciana en la Francia del cardenal Richelieu.

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Por si queréis colaborar sugiriendo otros títulos, algunos de los libros que estoy leyendo o he leído son los siguientes:

--Church and Society in Eighteenth-Century France: The Clerical Establishment, por John McManners

--Music and Ceremony at Notre Dame of Paris, 500-1550; por Craig Wright

--Y, por supuesto, todos los libros de Joseph Bergin.


Lo que más me interesa son artículos o estudios acerca de la vida ordinaria de un obispo, del clero o de los canónigos en particular. Y que se puedan leer gratis en Internet.
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Alfonso, todos los libros que me sugeriste los voy a ir leyendo, poco a pocos. Pero todos los títulos los voy, como mínimo, a empezar.

miércoles, agosto 21, 2019

Un sueño, libros, dominicos



Hoy, por la noche, he vivido una escena de horror en mi sueño. Es muy curioso, he visto el momento de la película Pinocho de Walt Disney en que el amigo del protagonista se convierte en burro. Yo no aparecía en el sueño más que como testigo.

Por la mañana, me he apresurado a darle un sentido espiritual: Dios concede vida espiritual al que era solo madera, pero si se deja seducir por la isla de las atracciones, se puede convertir en un burro.
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Cambiando de tema, hay libros en Google Libros que estaba pudiendo leer parcialmente en previsualización gratuita. Pero hoy todos los títulos que antes podía leer (insisto, parcialmente) ahora me aparecen solo con la portada y no puedo entrar en el contenido del libro.

He hecho click en todo lo posible, pero nada. Si alguien me puede ayudar, se lo agradecería.
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Me encanta la foto que he puesto hoy de un convento de dominicos. Cuanto me gustaría que en Madrid existiese una iglesia en la que los fieles pudieran unirse a la liturgia de las horas rezada de esa manera. El capítulo de la catedral, en teoría, debería realizar eso.

Ah, me parece fantástico que Trump quiera comprar Groenlandia. En un mundo de noticias aburridamente previsibles, Donald es siempre una inagotable fuente de "ideas nuevas".

martes, agosto 20, 2019

En 1989 el mundo entero pudo haber cambiado en Tiananmen



Lo que está ocurriendo en Hong Kong es algo tristísimo. Siete millones de seres humanos protestando con todas sus fuerzas, con todas sus ansias, por no perder su libertad.

Si la comunidad internacional advirtiera a Pekín con meridiana claridad que si ellos oprimen a su propio pueblo, se acabó el libre comercio con China, entonces, sin ninguna duda, el Partido Comunista retrocedería. Daría un paso atrás, podemos estar seguros.

Pero no, Occidente no está dispuesto a realizar ningún acto altruista, compasivo, humanitario. Europa se rasga las vestiduras por los treinta o cuarenta inmigrantes del Open Arms, pero el destino de millones de personas no le preocupa lo más mínimo. Lo condena, eso sí, pero no está dispuesto a hacer nada efectivo.

Los que protestan en Hong Kong saben que si el mundo no les apoya, su protesta se irá desvaneciendo hasta desaparecer. Pero está claro que una Europa que ha colapsado moralmente no va a hacer nada por ellos. Gestos sí, todos los que quieran. Pero medidas efectivas, no. A lo mejor hasta vuela hasta Pekín algún enviado especial de la Unión Europea. Unas cuantas fotos, unos días en un hotel de cinco estrellas y a casa.

Eso sí, cada acto moral malo, cada omisión culpable, siempre ha tenido, tiene y tendrá consecuencias. Estas protestas son la última oportunidad, ya no habrá otra, de mantener el fuego de la Libertad vivo en China. Perdida esta oportunidad, ese gran fascismo asiático seguirá su curso de agigantamiento y radicalización.

Después, ese fascismo extenderá sus tentáculos y no serán los hongkongneses los que luchen por su libertad, sino nosotros.

Ahora, realmente, ya es tarde y no tenemos mucha fuerza. Pero, aunque sea tarde, es la última oportunidad. No tengo la menor duda de lo que hará occidente. Y China será para Europa y Estados Unidos lo que fue Babilonia para el antiguo Israel. Esa dictadura será el martillo que golpeará a la antigua Cristiandad por su apostasía.

Lo siento mucho por esos hijos de Dios que ansían Libertad, pero la copa de la ira debe llenarse. Solo entonces pagaremos nuestras omisiones. La mentalidad cristiana tendría muy claro qué hay que hacer. Pero los egoístas que disfrutamos ahora de derechos y buena vida damos la espalda a nuestros hermanos. Pero, con el pasar del tiempo, nosotros perderemos nuestros derechos y nuestra buena vida.

Entre la Humanidad y el dinero, Europa ha escogido el dinero. Pero se quedará primero sin dinero y después sin libertad.

Cuando la ignorancia habla: los documentales de la televisión


El otro día estaba viendo un documental sobre la Ruta de la Seda y un doctor en Historia, cuyo nombre voy a dejar en la oscuridad, dijo:
Si no hubiéramos contactado con China, seguiríamos contando con los dedos, escribiendo sobre cuero y pensando que la Tierra era plana.

No es extraño que diga tal cosa, porque ese doctor no se ha dedicado a la docencia, sino a hacer documentales. ¿Ese joven doctor sabía que los griegos, por ejemplo, conocían la Criba de Eratóstenes ya en el siglo III antes de Cristo? Esa criba es un método para calcular los números primos de cada número natural. Sí, querido Sam, ya conocían los algoritmos. Los matemáticos griegos habían ido algo más lejos que el contar con los dedos, conocieran o no el ábaco.

En la época en que Europa contactó comercialmente a China, fue durante la Antigüedad Clásica, y no era nada común escribir en cuero, salvo las costosas páginas hechas con piel de ternero joven. Me llama la atención que él diera a entender que en Europa se escribía sobre cuero como los trogloditas de la edad del bronce.

Y, por último, lo de la tierra plana… esto no merece ni una palabra por mi parte. 

Pero aquí dejo este link como una aproximación al tema para aquellos que tengan alguna duda:
https://en.wikipedia.org/wiki/Myth_of_the_flat_Earth

Es difícil decir más errores en una sola frase. En los documentales, al hablar de la Iglesia, he escuchado las ideas más peregrinas y ridículas. Y ya no digamos nada cuando al director del documental se le ocurre hacer una recreación. Todas las recreaciones muestran una fidelidad parecida a los Monty Phyton en el papel de cardenales de la inquisición española. 

domingo, agosto 18, 2019

El gobierno del Pueblo



Hay un mito que todos suelen dar por cierto y es afirmar que la Constitución de Estados Unidos fue un experimento innovador, revolucionario, del gobierno del Pueblo, de la libertad, etc. Bueno, eso es cierto, pero con matices.

No debemos olvidar que, en la metrópoli, el sistema parlamentario inglés en la época de la independencia de las Trece Colonias era una auténtica democracia y más con un rey como Jorge III. La gente que ve películas se fija mucho en la figura del rey y se olvida que aquello era una democracia parlamentaria en la que, de hecho, existía una verdadera división de poderes. La Cámara de los Lores era realmente independiente. Ya no digamos la del parlamento. Y los jueces ingleses, a todos los niveles, altos y pequeños, también fueron jueces independientes.

No olvidemos, además, que la república americana sí que sufriría un tiempo de dictadura, la de Abraham Lincoln. Llegó a encarcelar al presidente del Tribunal Supremo, etc. etc. En el Reino Unido, eso no hubiera sido permitido ni siquiera en tiempos de guerra. Eso no sucedió ni siquiera durante las guerras napoleónicas en las que peligró la supervivencia del reino.

Sin embargo, las películas (rodadas no por expertos constitucionalistas) nos han vendido la imagen (y el público la ha aceptado) de que había un rey absolutista en una Inglaterra dominada por condes y duques, mientras que, en los Estados Unidos, por primera vez, apareció un gobierno del Pueblo. Pues bien, eso, sencillamente, no es verdad. La imagen suele completarse con unos Estados Unidos modernos y avanzados, frente a un reino inglés poblado por sujetos anticuados con pelucas que se mueven en salas mal iluminadas. Otra imagen totalmente falseada e injusta de una Inglaterra a la cabeza de la modernidad.

Realmente el constitucionalismo americano fue un experimento formidable y encomiable. Pero no fue el primer gobierno del Pueblo como muchos piensan en esa nación. No voy a irme a las polis o a la república de Holanda. El sistema de las cortes leonesas fue un sistema verdaderamente parlamentario, antes que el inglés.

sábado, agosto 17, 2019

Otro pequeño punto en la constitución



Otro aspecto muy problemático es que los Padres Fundadores escogieron un sistema presidencialista, pero que no está sujeto al Congreso en la práctica. Ya sé que estos tienen que aprobar los presupuestos. ¿Pero qué pasa si un presidente decide hacer todo al revés del bien común y no comete ningún delito que permita el inicio de un proceso de impeachment? Es un vacío que, sin duda, no se les ocurrió a los fundadores.

En otras democracias, el Poder Ejecutivo está sujeto a un control real durante la legislatura. En Estados Unidos, el poder presidencial es un poder desatado, sí, con la salvedad de los presupuestos. Pero se podría llegar al extremo de que un presidente no razonable podría enrocarse sin presupuesto y el Pueblo tendría que aguantarse hasta que acabara la legislatura. Técnicamente, el impeachment solo puede darse si el presidente ha cometido un delito.

Se pueden poner más ejemplos de espacios ciegos que quedaron fuera de la visión de aquellos hombres razonables y sensatos. No se les puede acusar, ha sido la experiencia la que nos ha dado a conocer que todo lo que puede ocurrir acaba ocurriendo antes o después.
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La arquitectura de constitucional de esa república tiene una trascendencia mundial. Estados Unidos se ha transformado en la pieza clave de la arquitectura geopolítica del mundo. Cualquier problema allí tiene repercusiones en la estabilidad planetaria.

En un mundo ideal, se crearía una comisión bipartidista en Estados Unidos para aprobar 15 o 20 medidas que permitieran cubrir todos los puntos ciegos y mejorar los puntos débiles. Una comisión que buscase el bien común y que estuviese formada por los mejores juristas. Siempre es mejor eso que no esperar a que se dé el problema.

La creación de una lista de sucesión del Poder en ese país es un ejemplo de cómo, a veces, el entero congreso y el entero senado pueden entender que una medida es buena para el país y olvidarse de beneficios egoistas. 

viernes, agosto 16, 2019

Problemas de la estructura constitucional de Estados Unidos



Los que me conocéis sabéis lo mucho que amo a los Estados Unidos, al cual siempre lo he considerado como una segunda patria mía. También he manifestado muchas veces mi admiración por el trabajo de los Padres Fundadores, los autores de la constitución. Ahora bien, a pesar de lo bien que delinearon la maquinaria constitucional, toda obra humana contiene fallos. Los años han llevado a ver con claridad esos errores.

El gran fallo de su sistema de checks & balances es que, con su complicado sistema de vetos y ratificaciones, unos poderes pueden bloquear a otros. Pero la maquinaria no provee puertas por las que salir de situaciones en las que reine un bloqueo perfecto. Hasta ahora, el sistema ha funcionado porque el sentido común ha prevalecido. También es cierto que esto favorece que el más sensato ceda en pro del bien común: por ejemplo, en el caso de un bloqueo del presupuesto federal. Pero este caso es solo un ejemplo de este tipo de situaciones en un sistema que favorece el control de los poderes de ese país a través de los bloqueos, pero sin ofrecer salidas a las parálisis.

Otro error fue creer que el Senado sería una cámara prestigiosa de prohombres ajenos al juego político. Lo que ellos querían que fuera lo dejaron escrito y era muy claro. Pero, al final, se ha convertido en una réplica de la Cámara de Representantes. Nunca fue propósito de los Padres Fundadores crear un sistema constitucional con dos parlamentos. En la práctica, eso es lo que es.

El resultado es que esta situación no ofrece ninguna ventaja respecto a tener una sola cámara y, por el contrario, ofrecer todavía más posibilidades de bloqueo, de parálisis, más posibilidades de juego partidista: las jugadas sobre el tablero se multiplican con esta duplicación. Jugadas de tipo partidista que para nada benefician al Pueblo, sino a los integrantes del sistema político, a los integrantes de la maquinaria. Cuanto menos claro y transparente sea el sistema, cuanto más opaco, menos control puede ejercer el Pueblo. 

Imaginemos que el mismo sistema constitucional de Estados Unidos tuviera cinco cámaras de representantes a nivel federal en Washington DC. ¿Qué sucedería? Que escaparía totalmente al control de los ciudadanos, sería un laberinto perfecto, un paraíso para el aparato de los partidos. Los ciudadanos podrían votar, pero en la inercia de la maquinaria y sus vericuetos se perdería cualquier legítima demanda de los ciudadanos.

Si los Padres Fundadores hubieran visto el sistema actual, sin ninguna duda, lo hubieran cambiado: la bicameralidad de la rama legislativa no favorece a nadie, supone una duplicación sin sentido. Ya sé que la teoría es que así se favorece la presencia de los Estados en Washington. Pero, en la práctica, eso no es así.

(Mañana añadiré algunos problemas más de este sistema constitucional.)


Hoy he tomado una foto a una de las monjas de mi convento. Es llamativo el efecto artístico que hoy día producen los móviles.



Si hay una música que es de las más usadas en youtube es Hell March. Debo reconocer que es una obra musical con una fuerza increíble. Su autor nunca se imaginó que iba a tener un éxito tan impresionante. Y es que, efectivamente, evoca la impresión de avance arrollador. El autor Frank Klepacki compuso una Hell March 2 y una Hell March 3. Pero, en mi opinión, es la primera composición la que resulta redonda.

Para los pocos lectores que no sepáis de qué música estoy hablando, os pongo este vídeo:

Hay que reconocer que esta música es todo lo contrario de Maná-maná de Los Muppets. Woody Allen decía que tras escuchar a Wagner a cualquiera le entraban ganas de invadir Polonia. Pero al lado de la Hell March, Wagner parece el compositor de Heidi.

miércoles, agosto 14, 2019

El muy episcopal y cardenalicio blog forteniano



Hay que ver cuánto visten las fotos de cardenales en un blog. No sé, le confieren una dignidad, una prestancia... 

Primer punto
Estos días estoy leyendo un estudio magnífico del doctor Joseph Bergin sobre los obispos franceses entre1589-1661. Ya me referí a este libro hace algo más de un año, entonces solo miré alguna de sus partes con el propósito de leerlo con más calma más adelante. Ahora ha llegado ese momento. Os ofreceré las notas que estoy tomando. El estudio del pasado siempre nos lleva a conclusiones para el presente.

Si alguno me quiere sugerir libros o artículos que estudien el episcopado de alguna época o lugar geográfico se lo agradeceré. En Google Libros leo la parte que está accesible de forma gratuita.

Segundo punto
Anxelina, respondo aquí a la cuestión que me planteaste. Una ceremonia como la descrita ayer no es un mero fuego de artificio. El nombramiento no confiere ninguna gracia. Los sacramentales y las oraciones de la ceremonia que propuse sí que confieren gracias para el alma.

Anxelina, Alfonso y Niulca... son tan queridos para este blog. Si me muero, ellos seguirán comentando el último post durante veinte o treinta años. Un post puede admitir decenas de miles de comentarios.
Es broma, antes os daría la clave para que pusierais posts. Pero habría que cambiar el título:

--El postblog del padre Fortea

--El blog del postpadre Fortea

--El blog del difunto padre Fortea

--El difunto blog del padre Fortea RIP

--Sugerencias del padre Fortea tras el Vaticano III

--Ecos del padre Fortea en un mundo postapocalíptico

martes, agosto 13, 2019

Ceremonia de entrega del capelo cardenalicio: una propuesta llena de esplendor






Una explicación
Una explicación previa, la adoración a Dios no se reduce a la misa y a los sacramentos. Las ceremonias religiosas, sea para bendecir el agua o sea la consagración de una catedral, son formas de dar culto a Dios.

No hay que tener miedo a que una ceremonia parezca demasiado compleja o vistosa. Evidentemente, no es lo mismo el rito para bendecir una campana que el rito de coronación de un rey en la Edad Media.

Si vemos completamente lógico que el antiguo rito de coronación de un monarca llevara su tiempo y fuera rico en simbolismos, ¿no puede serlo con más razón el de los príncipes de la Iglesia que van a escoger al Vicario de Cristo en la tierra, que le van a ayudar y asesorar en sus funciones, que gobiernan los asuntos generales de la Iglesia en caso de sede vacante?

Si un rey tiene ese interesantísimo ceremonial con tantos ritos, ¿resulta excesivo un ceremonial para aquellos que tienen una función más importante a los ojos de Dios?

La santa misa tiene un ceremonial perfecto en su duración y simplicidad. Un rito de coronación real no fue una ceremonia habitual y tuvo un cierto aspecto pedagógico en la sucesión de símbolos y oraciones. Actualmente ya no hay auténticos reyes, los que quedan son símbolos. Pero, en la Iglesia, sí que hay auténticos príncipes de un reino espiritual.

De todas maneras, este ceremonial es el grado máximo de solemnidad que se le pueda dar a este acto. Lo lógico es que la Historia fluctúe entre el minimalismo actual y el maximalismo propuesto aquí. Afortunadamente, yo no tengo que tomar la decisión. Solo propongo a la comunidad, pero es la autoridad la que toma las decisiones.

Justo antes de la ceremonia
El papa entra en la basílica lateranense sobre su silla gestatoria, con capa pluvial (blanca o dorada) y tiara. Lo normal es que venga desde la iglesia de la Escala Santa.

La nave central lateranense, sin bancos. En las naves laterales, unos pocos cientos de asistentes a la ceremonia en representación del clero y el Pueblo de Roma y del mundo. Se invitará a que ocupen un lugar de honor, en una nave lateral, los representantes de otras denominaciones cristianas. En otra nave lateral, los representantes de otras religiones. Los neocardenales van vestidos con su sotana sin esclavina ni fajín, pero sí con el solideo. Los sacerdotes y diáconos con sotana negra. Los obispos con sotana fucsia.

Se cierran las puertas. Los acólitos le quitan la tiara y la capa pluvial al papa. Le colocan una capa pluvial morada como símbolo de penitencia, como pidiendo perdón a Dios por los errores que pudiera haber en las decisiones tomadas para elegir a los purpurados, como símbolo de petición de perdón por conferir tan gran dignidad a pobres seres humanos con defectos.

Comienzo en la puerta de la basílica: las peticiones
El papa hace la señal de la cruz, y él y los neocardenales se postran hacia el altar, a pocos metros de la puerta.
Un lector lee:
Señor, perdónanos nuestros pecados, nuestras faltas, nuestras omisiones, nuestra tibieza.
Siguen los kyries.
Siguen los kyries.
Señor, perdona a todos los involucrados en el proceso para esta elección si no han hecho las cosas como Tú hubieras deseado.
Siguen los kyries.

Tras pedir perdón durante un par de minutos, se ponen en pie. El papa hace con los brazos extendidos una oración a Dios Padre.

Procesionalmente se dirigen hacia el altar, mientras se cantan las letanías de los santos. El papa sigue con su capa pluvial morada y mitra morada.

Al final de la nave central: las veneraciones
Al llegar al presbiterio, sin subir a él, los cardenales se dirigen a las gradas de la derecha a besar un gran libro de la Biblia. A la mitad de la altura de esas escaleras, dos acólitos con alba sostienen un libro abierto. Una Biblia monumental con páginas de dos codos de altura.

Después pasan a las gradas de la derecha, allí besan las llagas de un crucifijo románico sostenido por dos acólitos. Una cruz del tamaño de la Biblia del otro lado.

Estas operaciones se realizan con los neocardenales formando una hilera, sin detenerse para no alargar la ceremonia. unos pueden seguir besando la Biblia, mientras otros ya están besando el crucifijo. En su camino de regreso a la escalera de la derecha, la hilera baja a la confessio, donde cada neocardenal besa unas reliquias. Allí hay unos santos religiosos, buscados especialmente por su santidad, que oran por los cardenales que besan esos relicarios. Uno de esos religiosos asperge a cada neocardenal con agua bendita. Para cada ceremonia se escoge a una orden religiosa distinta.

Mientras la hilera bajaba a la confessio, el libro de las Escrituras ha sido subido al presbiterio, y los neocardenales pueden ir subiendo al presbiterio.

Durante todo el tiempo que va desde la veneración de las Escrituras hasta que el último neocardenal baje a la confessio se cantan salmos.

El papa no ha venerado esos tres elementos, sino que se ha sumido en oración silenciosa arrodillado (o sentado) delante de la confessio. Durante los últimos minutos de la veneración, se reviste con una capa pluvial blanca y se coloca una mitra del mismo color.

Junto al altar: las consagraciones
Sube las gradas del presbiterio y al llegar al altar lo besa (solo lo besa él), lo incensa y hace una oración (en dirección al altar), con los brazos abiertos, una oración dirigida a Dios Hijo. Después, el papa, con capa pluvial y mitra, se sienta al lado del altar del ciborio. Tiene el altar a su izquierda. Cada neocardenal se arrodilla ante el papa.

Cada neocardenal abrirá los botones de la sotana y de la camisa inferior y sujetará sus prendas para que el papa pueda ungir el pecho con el óleo de los catecúmenos para reavivar la gracia del bautismo; ungirá con sagrado crisma su cabeza como recuerdo de que la prudencia es la virtud más necesaria para un cardenal. Y hará la señal de la cruz con un perfume en sus manos, para que cada cardenal extienda el buen olor de la virtud allí donde esté.

Para que las tres materias no se mezclen en sus dedos, usará tres pincelitos. Para facilitar toda la operación, un acólito puede sostener la bandeja con los tres recipientes, y cada pincelito puede dejarse verticalmente sobre el recipiente.

Mientras las unciones continúan, cada neocardenal se dirige al brazo izquierdo del crucero donde se reviste con la “cogulla” roja de cardenal. Allí cada neocardenal se arrodilla un minuto mirando hacia el sagrario que está en ese lugar de la basílica. Después vuelven hacia el altar.

Durante las unciones, el coro cantará algo como música de fondo, a media voz. Las unciones el papa las hará en silencio o musitando las oraciones que él desee.

El ábside: la imposición del galero
El papa, acabadas las unciones, se coloca una capa pluvial dorada y una tiara, y se dirige procesionalmente hacia el ábside. Se prosigue con la letanía de los santos.

El papa inciensa hacia lo alto, hacia la imagen de Cristo que corona el ábside. Después se sienta en la cátedra (con la tiara), allí van pasando los neocardenales y el papa les coloca el solideo rojo, le pone el capelo cardenalicio, le coloca el anillo de oro y le entrega el titulum.

Mientras la imposición de los galeros continúa, los neocardenales pasan a dar un abrazo a los cardenales presentes, solo a ellos.
Acabada la imposición del último capelo, el papa se quita la tiara y realiza una oración dirigida al Espíritu Santo.

Se dirige a pie al altar, lo besa. Una vez bajadas las gradas atraviesa la nave en silla gestatoria y con la tiara, y así sale de la basílica a bendecir al pueblo congregado fuera.

Nota final: Si el papa cayera enfermo, por ejemplo con gripe, no se suspenderá toda la ceremonia, pues eso implicaría suspender otras muchas cosas organizadas por cada neocardenal. Habrá dos opciones.

Primera opción: El papa puede asistir en un cómodo sillón bien abrigado situado justo delante de la cátedra. Puede asistir sin hacer nada o dando una bendición justo al final. De cada parte de la ceremonia se encargarían tres cardenales. Cada parte la presidiría un cardenal. La parte de la veneración la preside el primer cardenal.

Segunda opción: Tres cardenales realizan la ceremonia en la basílica, y el papa les recibe en su lecho donde, si tiene fuerzas, les bendice, uno a uno, y les entrega el anillo. Si no tiene fuerzas, puede entregarles el anillo sin necesidad de ponerlo en el dedo, operación más complicada. Pero si no pudiera ni siquiera dar la bendición, bastará que delegue la ceremonia en tres cardenales.

La ceremonia de la basílica no es un mero símbolo, es la Iglesia que ora por sus cardenales; y el papa u otros hombres de Dios les ungen para que realicen bien sus funciones. Por tanto, es una ceremonia donde se reciben gracias, donde se pueden recibir muchas gracias.

De ahí que si un papa muriera entre la creación de un cardenal y la entrega del capelo, los neocardenales asistirían al cónclave en plena posesión de sus funciones, pero se unirían a la primera ceremonia en la que se entregara el capelo. Se unirían para así recibir esas gracias provenientes de la ceremonia.

Toda esta ceremonia no confiere un sacramento, pero sí que reciben los neocardenales gracias para ejercer bien sus funciones. Las reciben por la oración y por los sacramentales.

lunes, agosto 12, 2019

El pequeño Naya contra los dragones reales: nostalgia de la buena


Hoy dos posts, pero es que no me he podido aguantar la emoción al encontrar una película de dibujos animados que debí ver allá por 1980 o 1981. Buf, cuánto me gustó en su época. Cuántas veces la vi, porque acabábamos de comprar un vídeo Beta en casa. Os pongo el link y me gustaría leer los comentarios de los que la visteis en TVE 2 cuando teníais mi edad unos doce años:


Desde luego, para mí ha sido una gran alegría el poder verla, aunque haya visto la hora entera en seis minutos.

De ceremonias y cardenales





Si hay algo que me asombra de las ceremonias vaticanas es la sencillez de la ceremonia de la entrega de la birreta cardenalicia. Más austeridad resulta imposible. Hasta la bendición de una abadesa del Amazonas tiene más pompa que ese ritual.

Pobres cardenales, si descendieran un paso más abajo en el camino de la austeridad, la birreta se entregaría por paquetería, acompañado por uno de esos horribles papeles coloridos con una bendición apostólica con la cúpula de san Pedro a colorines en la parte superior.

Con el gusto estragado de algunos, tal vez hasta pensarían que sería un signo de inculturación que Amazon la entregara con un dron: Excelencia, disculpe, la birreta está ya en el jardín.

Sea dicho de paso, si en la Iglesia existieran los gulags, el diseñador de las bendiciones apostólicas debería ser enviado a uno de ellos, a picar piedras con una maza en una cantera y aplicándole torturas de forma regular.

Ayer me di cuenta de que, entre todas mis fantasías litúrgicas, había dejado desprovistos a los pobres cardenales de una ceremonia comme il faut. Cierto que en Torres Góticas describía una ceremonia de este tipo. Ese ritual fue el primero que se me ocurrió en este género forteniano de ciencia-ficción catalogado como “sugerencias de cambios litúrgicos”. Qué lejos estaba yo de pensar, hace diez años, que ese género se convertiría en un vicio.

Cuando un clérigo es muy creativo litúrgicamente, siempre se corre el riesgo de que se ponga a inventar cosas en la misa. Pero, en mi caso, no hay peligro. La misa la celebro según las rúbricas. Mas para mis fantasías rituales necesito el Vaticano y a los cardenales, elementos de los que no dispongo. Así que no hay peligro, me faltan materiales. Salvo que el Palmar de Troya me contrate, estamos a salvo.

Así que mañana os describiré cómo pienso que sería una bonita y “modesta” ceremonia de entrega de las birretas cardenalicias. Claro que reconozco que lo primero que hay que hacer es cambiar la “Misa de inicio de pontificado” por una coronación en toda regla. No tendría sentido hacer un gran ritual para los cardenales y que la ceremonia para un nuevo papa consistiera en la entrega del palio y del anillo.

Sea dicho de paso, un palio horrible el nuevo que fue inventado hace pocos años por el papa Benedicto. Lo considero el mayor error de su pontificado. Y no soy el único que lo piensa, porque, si miráis las fotos, veréis que el papa Francisco lo ha guardado en el baúl de los recuerdos.

De hecho, ese palio nuevo no era la primera opción querida por el papa Benedicto. La historia de cómo se llegó a ese palio a sus hombros papales tiene varios capítulos, en cierto modo, se parece a ese post mío titulado “Historia de mis sotanas”. Pero no seré yo aquí el que lo cuente.

Como bien sabéis mis sugerencias litúrgicas se parecen a la escena de los Hermanos Marx en la locomotora, cuando Groucho grita: ¡Más madera!

Estas fotos me parecen muy interesantes



Esta primera foto es sorprendente: ¡Un Goering que había bajado peso! Pero no solo eso, le toma cariñosamente del brazo a Petain. Increíble. He visto una gran cantidad de filmaciones acerca de él, incluso un documental con todas sus filmaciones privadas. Pero jamás había encontrado un gesto humano así.

La segunda foto, la de abajo, es la comprobación de que, efectivamente, Goering, había perdido peso. Pero también aparece detrás de él el traductor favorito de Hitler, Paul Schmidt, cuyas memorias leí. Unas memorias largas y apasionantes.



Cuando leí la biografía de Himmler de Padfield, encontré esta cita tan graciosa: 

"En otoño de 1939 circuló un chiste en el que Goebbels se quejaba a Hitler de que no le hubiera ascendido. Hitler le contestaba:

--No te preocupes, después de la guerra, Göring será mariscal del mundo y tú, mariscal de medio mundo.

--¿Y Himmler?

--Mariscal del inframundo".

sábado, agosto 10, 2019

El laico siempre tiene la razón



Estimada Anxelina:
No te preocupes, no he borrado nada que tuviera algún valor. Pero había cosas que no eran otra cosa paja. Había centenares de páginas que no aportaban absolutamente nada. Ahora todo está organizado y claro. Incluso he dejado obras tan prescindibles como las seis obras del Ciclo Babeliano que cuenta con un millar de páginas. Incluso he dejado varios miles de páginas de anotaciones que se acumularon, durante años, para futuras novelas. Qué pereza me da ahora leer esas listas. Cada anotación pensé que me sería utilísima y ahora me aburre leer esas enumeraciones de citas. En fin, todo está ahora archivado de forma organizada y clara. Solo he quitado la pura paja.

Estimada Lucía:
Sabes que me alegra mucho el que visites y escribas en mi blog. No te preocupes si alguno te ataca en lo personal. Desearía que, en la sección de comentarios, todo el mundo pueda expresarse con libertad, mientras no insulte a los demás. La diversidad de ideas enriquece esa sección que es más vuestra que mía. Ninguno sobra, mientras no falte a los demás. Si no estáis de acuerdo con Lucía, exponed vuestras razones, pero respetadla.

Estimado Alfonso:
Tus comentarios ya sabes que los considero especialmente valiosos. Aunque este lugar del inmenso Internet se llame “Blog del padre Fortea”, la sección de comentarios es un lugar de encuentro. Con que os reunáis y charléis, daría lo mismo que se llamase “Lugar de encuentro” o la “Taberna del loro de oro”.

Estimados todos:
Si hay algo que ha cambiado en este blog, es que al principio hablaba con más libertad de lo humano. Siempre he distinguido entre un sermón y la conversación de un cura en el bar del pueblo. (Cuando yo era párroco, iba al bar del pueblo con mis feligreses, aunque solo me tomaba una cocacola, ya que nunca me ha gustado ningún tipo de alcohol.)

Pero, con los años, me arrepiento de haber hablado con cierta libertad indebida de algunos políticos, aunque fueran socialistas con una política abiertamente en contra de los obispos.

El que lea este blog desde el principio observará que ya no hago comentarios contra los gobernantes, salvo que sean unos abiertos dictadores que oprimen a mis hermanos. Me arrepiento de haber hecho algunos comentarios sobre Trump. Donald, perdóname.

viernes, agosto 09, 2019

Cuando el laico se enfada como un oso panda en el despacho del párroco. También entonces tiene la razón.



Hoy, casualmente, haciendo limpieza de carpetas en mi ordenador, he encontrado algunas citas del libro autobiográfico del doctor Vicente Pozuelo Escudero acerca de paciente que trató en sus últimos años de vida. Ese paciente era Francisco Franco. Su libro nos revela la faceta humana de ese personaje de la Historia del que tanto se habla. Ya sabéis que yo soy neutral. Ante todo, neutralidad. Yo ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor.

Hoy en este post coloco todas las citas de una sola vez, todas las que me quedaban por poner. Desde aquí, son textos del doctor Pozuelo:

Cuando el médico le comunicó que su madre había muerto, Franco le dijo:
-No venga -me dijo.
-Sí, sí. Ella, desgraciadamente, ya no me necesita. Pero yo sé que a usted le gusta que venga todos los días.
Terminé de explorarle y .me marché a casa de mi madre para estar con mi familia y arreglar los últimos asuntos. Mi sorpresa se produjo al día siguiente. Cuando me encontré -mi madre vivía en Donoso Cortés, 15- con que la Policía Municipal había despejado la calzada y las aceras. Tenían órdenes de dejar la calle libre para la hora del entierro. Nosotros no habíamos dado ninguna publicidad del fallecimiento, porque ella no quería y porque, además, constituimos una familia sencilla y deseábamos un entierro de la misma condición.
Se dijo una misa a la que asistió Carmen Franco con sus hijas, los ayudantes del
Generalísimo y muchos amigos -yo ya los consideraba como tales- que trabajaban en las diferentes dependencias del palacio del Pardo, y, luego, llevamos el cuerpo de mi madre hasta su sepultura. Aunque me imaginaba algo, no sabía a ciencia cierta de quién había partido la idea de ofrecer para el entierro todas aquellas facilidades de tráfico. Hasta el cementerio habían ido los motoristas abriendo paso. Cuando llegué me comunicaron que Franco había dicho:
-Pozuelo es un hombre muy querido. Su madre requiere un entierro ejemplar. Es preciso que no exista complicación alguna y que todo esté perfectamente organizado.
Dio, pues, orden personal de que la Policía Municipal de Madrid se ocupara de todo.
Cuando le di las gracias, me contestó:
-Era lo menos que se merecía su madre.
Recuerdo muchas anécdotas que aclaran hasta qué punto Franco tenía admirables detalles de humanidad. y los tenía con todo el mundo, con todas las personas de su entorno, desde luego. En una ocasión, un ordenanza que actuaba como mayordomo en las audiencias, me comentó que había estado tres días sin acudir al
palacio porque su madre había muerto. Franco se enteró de ello y le mandó llamar:
«Cuando salí de aquel despacho, tenía los ojos llenos de lágrimas», me dijo.

………………..
Después de un atentado terrorista con bomba, en 1974, en el que murieron muchas personas y hubo más de setenta heridos, Franco quedó muy impresionado y le comentó a su médico:
-Porque están totalmente equivocados. Consideran, y así lo repiten, que estas salvajadas son políticas, y no; son sólo asesinatos. Hablan y hablan de derechos humanos, pero, naturalmente, no se acuerdan de los derechos de las víctimas inocentes que mueren alevosamente. Dígame usted por qué se van a respetar los derechos humanos de los asesinos, de unos seres crueles que han violado los de sus víctimas. A estos desintegradores de la sociedad hay que tratarlos con la máxima energía. O se acaba con ellos, o ellos acaban con nosotros.
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Respecto a las prácticas de vocalización que hacían:
Para mí era admirable la humildad del Generalísimo. El rigor y la disciplina con que se sometía a mis sugerencias. Admitía siempre todas las correcciones que le hacía. Casi nunca quedaba satisfecho de sí mismo.
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Cuando en 1974, después del alta, recibió al equipo de médicos que le habían atendido, cuenta esta anécdota:

Fuimos recibidos en el despacho oficial por el Generalísimo, que expresó su
gratitud por la cariñosa y eficaz asistencia que había recibido de todo el grupo. Pidió la cuenta y dijo que estaba seguro de que se hubiera arruinado de haber tenido que pagar, en todo lo que valían, las atenciones que nuestro grupo le había dispensado, con arreglo a la categoría profesional de cada uno.
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Al día siguiente de la concesión de estas condecoraciones tuve ocasión de darle
personalmente las gracias y me atreví a preguntarle por qué la Gran Cruz del Mérito
Militar y no otra. Me contestó:
-Su padre era militar. Es, por tanto, un tributo al hombre que usted dice que ha
querido más. Que su padre vea, desde su eterno descanso, que su hijo ha recibido la
máxima condecoración que el Ejército concede a un español.
Salí abrumado, pensando lo que hubiera disfrutado mi padre con esa muestra de
cariño y respeto hacia su memoria, del hombre que él más había admirado en su vida.
Desde El Pardo fui al cementerio, a la tumba de mi padre.
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Después de la jornada del día anterior, que fue muy dura, consideré que Su
Excelencia se había expresado muy bien, aunque se le notaba con menos tono.
Al terminar tuve una conversación con él.
-Considero -le dije- que las energías de Su Excelencia no se pueden malgastar.
Hay que administrar más sus fuerzas y dedicarse. a lo trascendente y sólo a eso.
Excelencia, no es lo malo morirse; lo malo es convertirse en un medio hombre, para no
poder seguir su obra y sentirse compadecido. El me miró y dijo:
-Eso no ocurrirá en mi caso.
-¿Por qué?
-Creo en Dios y pienso que cuando Él considere que mi obra ha terminado, me llevará y le he pedido muchas veces que si es posible sea con cierta rapidez.
Entonces yo le respondí:
-Coincidimos en eso. A mí, desde la guerra, me queda una oración.
-¿Usted qué pide a Dios?
-Que cuando considere que mi obra esté terminada me llame; no quiero que nadie sufra por mí. No me importa que sea joven. Pido, asimismo, ser mejor cada día, porque considero mis imperfecciones. Y que me dé fuerzas para poder servir a los demás en mi obra.
-Yo -respondió Su Excelencia- lo hago todo en una sola oración: «Señor, dame fuerzas para cumplir mi obra. No tengo prisa y no quiero pausas.»
Aquello me impresionó extraordinariamente, porque me di cuenta de que pensaba en la proximidad de la muerte y tenía prisa en realizar las cosas más necesarias.
Por eso me atreví a indicarle:
-Para hacer esa obra lo mejor es administrar sus fuerzas, sin desaprovecharlas.
Me contestó:
-Yo no estoy cansado y el servicio es el servicio.
Como contestación sin palabras, el día 8 de enero recibió quince audiencias.
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Fue una Semana Santa para mí inolvidable. Pudimos, durante aquellos días de reposo espiritual, entablar una serie de conversaciones que me descubrieron, en muchas ocasiones, un Franco inédito e íntimo; un Franco que tenía perfecta conciencia de la misión histórica que le había tocado desempeñar. A este respecto, una vez me afirmó:
«Lo que estoy haciendo no tiene mérito alguno, porque cumplo con una misión providencial y es Dios el que me ayuda. Me concentro, pienso y medito en la capilla, o sin estar en ella. Medito ante Dios y, generalmente, los problemas me salen resueltos.»
Estas cosas me las decía Franco sin darles importancia, pero con énfasis preciso para que me diera cuenta de que no eran pensamientos improvisados.

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-Excelencia, ¿qué le resta en su vida por hacer?, ¿le apetecería cumplir algo que todavía no haya podido realizar? ¿Se ha quedado con ganas de llevar a cabo alguna idea propia?
Me respondió sonriente y rápido:
-Sí, desde luego. Desde hace diez años mi ilusión, que no sé si podré cumplir, es ingresar en una Cartuja, quedarme en una celda y permanecer solo; a las órdenes de un superior que me dicte el trabajo que debo efectuar; con un trozo de tierra pequeño para
cultivar; con una biblioteca para leer y una simple mesa para escribir. Sin ver a nadie, rezando ante Dios y realizando un trabajo manual que me permita olvidarme de muchas cosas, de casi todo.
Me emocioné mucho. Ésta es la primera vez que recojo y que, desde luego, comento esta conversación, esta gran confidencia. Pero debo decir que tales palabras no sólo las oí de boca de Su Excelencia. Doña Carmen, su esposa, se las escuchó en cuatro o cinco ocasiones.
Muchas veces hemos vuelto a hablar de esto. Doña Carmen me asegura que la idea de hacerse cartujo no fue esporádica en el Caudillo. En sus últimos diez años era un pensamiento fijo, pensamiento que nunca pudo ver realizado.
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-Me encanta contemplar las tormentas -responde-, para admirar su grandeza. Quien teme a las tormentas es porque no las entiende. Siempre he creído que son una manifestación maravillosa de la majestad y de la grandeza de Dios.