miércoles, octubre 28, 2020

Manteniendo el equilibrio papal ante las preguntas de avión y documentales

 

Hace unos días, compré una berenjena, una de esas negras que parecen una antigua porra de policía. No os podéis imaginar lo que cunde una berenjena. Yo creo que he estado comiendo berenjena durante una semana. Yo cortaba unas cuantas rodajas y nada, la berenjena no se acababa. Siempre seguía quedando.

La primera vez que cociné una berenjena pensé que se cocinaba igual de rápido que un tomate y cuando la probé vi que estaba dorada por fuera (la hice a fuego rápido) y cruda y dura por dentro. Como ya me había sentado y la había puesto de guarnición a la carne, me la comí, más bien como mortificación. Por alguna razón, me sentó muy mal. Me sentí realmente mal hasta que me fui a dormir. Lo que no sabía es que la berenjena cruda tiene una sustancia que es tóxica.

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Me he comprado un recortador de barba. Cada vez que quería retocarla, el resultado era tan desastroso que me la tenía que afeitar del todo.

Es cierto que me da un aire a san Juan Crisóstomo. Aunque no me cae del todo bien ese santo vehemente.

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Ayer fui a comprar al supermercado. Tenía un vale de descuento. Cuando lo presenté al cajero, me hizo reparar en la letra pequeña. Todo el vale estaba escrito en letra pequeña, esa era todavía más pequeña. El descuento era solo para algunas secciones del supermercado. Había comprado muchas cosas, pero ni una de todas esas secciones. Como caducaba pronto, me dijo: No se preocupe, por la compra de hoy, tiene otro vale de descuento.

Le contesté: Pues como sea un descuento en la sección de taxidermia y funeraria, me voy a quedar como hoy.

martes, octubre 27, 2020

A esto jugaban los niños anglicanos. No me gusta nada y eso que yo jugué con este tipo de recortables.

 


Ya os dije, hace tiempo, que estaba leyendo los escritos de la época apostólica. Es decir, los textos que van desde Pentecostés hasta la muerte del último apóstol, más o menos, en el año 100.

He leído la Carta de Clemente, la Didajé, un sermón del siglo II (la Secunda Clementis) y ahora estoy con la Carta a Diogneto (siglo II).

Me ha sorprendido, en esta última carta, la nula comprensión que el autor tenía de por qué Dios mandó sus normas en el Antiguo Testamento. No solo no comprende nada, sino que critica las costumbres judías con muy poca cabeza. Es un texto muy llamativo. Este hombre no comprende ni siquiera por qué se circuncidan los judíos.

Hoy he tenido que leer unas partes de la Carta de Bernabé (también del siglo II). Y dice varias cosas de la fauna que demuestra que ese hombre solo conocía el campo por la televisión, en el caso de que esta hubiera existido. Os pongo tres perlas:

Mas tampoco comerás liebre. ¿Por qué? No serás corruptor ni te asemejarás a los tales. Porque la liebre multiplica cada año su ano, pues cuantos años vive, tantos agujeros tiene.

Mas tampoco comerás la hiena. No serás —dice— adúltero ni corruptor, ni te asemejarás a los tales: ¿Por qué? Porque este animal cambia cada año de sexo y una vez se convierte en macho y otra en hembra.

Mas también tuvo razón de abominar de la ardilla. No serás —dice—tal cuales oímos que son los que cometen, por la impureza, iniquidad en su boca, ni te unirás con las mujeres impuras que cometen la iniquidad en su boca. Porque este animal concibe por la boca.

En fin, y todavía hay algunos que critican mis obras.

lunes, octubre 26, 2020

El nuevo consejo presbiteral de la archidiócesis de Madrid nombrado hoy. Sangre joven y nuevas ideas.

 

Siempre estoy hablando bandas sonoras y de Bach, pero uno de los grandes compositores actuales es un católico muy religioso Arvo Pärt. Sin embargo, a pesar de reconocerle su calidad, la única obra que me ha gustado de él es My heart's in the highlands. Y, sin duda, porque no puedo desligar esa música de La gran belleza:

https://www.youtube.com/watch?v=YJ5nPemkBQw

Ahora bien, hoy un conocido me ha enviado un link con explicaciones de cómo se gestó la banda sonora de La misión. Y sí, esa banda sonora sí que resulta estremecedora. No conocía cómo nació la impresionante parte En la tierra como en el cielo, nunca me había hecho consciente de que es un contrapunto multirrítmico de unir en una melodía la parte que Morricone había pensado para ese momento con la melodía renacentista de oboe del comienzo de la película y poniendo de fondo el coro guaraní que era una melodía independiente.

Morricone no hizo una banda sonora, el productor no hizo una película: todos hicieron historia.

https://www.youtube.com/watch?v=Pb4e-GUv8nA

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Hoy he añadido a Biblioteca Forteniana un pequeño opúsculo de treinta páginas titulado Las casas de reclusión eclesiástica. No hace falta decir que se trata de obra menor, mínima. Una recomposición de todas las cosas que llevo dichas sobre el tema desde hace años. Pero si me he tomado la molestia, es por facilitar el trabajo a algún obispo que, algún día, quiera hacer algo como lo que allí se explica o algo parecido.

Pero se trataba de una obra tan menor que no me hacía mucha gracia sacarla a la luz como opúsculo. Las cosas que se hacen con poco agrado se notan. En fin, ese opúsculo poco agraciado es otra de las consecuencias de las acciones del padre Travis de Nueva Orleans.

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Ayer tuve una larga conversación con una amistad acerca de los distintos territorios sobre los que gobernó la dinastía herodiana. Menudo lío. Que dinastía tan accidentada. Unas veces gobiernan sobre unos territorios; otras veces, sobre otros. Se trata de una situación totalmente frankensteniana, como de un moribundo que siempre acababa reviviendo un poco más. Y los protagonistas son conscientes, pero todos prorrogan un poco más la situación.

domingo, octubre 25, 2020

Presbiterio de la Catedral de Naumburgo

 

Una comentarista me preguntó cómo sería la capilla de la casa de reclusión eclesiástica de la que hablé hace unos días. La describo cómo la haría yo, por tanto, con concreción y subjetividad:

La capilla tiene el aspecto del presbiterio cerrado de la Catedral Naumburgo; cerrado, pero sin techo. Desde fuera de la capilla, los fieles verán esa capilla como un espacio clausurado. Pero, aunque esté clausurado, desde fuera se pueden escuchar los rezos de su interior. Saben que allí hay hombres haciendo penitencia; sin poderlos ver, pero escuchando sus plegarias.

Se puede valorar si, durante las ceremonias, se podría abrir el portón central de la capilla. Pero habrá que pensarlo porque, aunque los de fuera no puedan entrar, permitiría ver de lejos a los que están en el coro.

         La capilla tiene un coro para treinta clérigos, una presidencia con tres sedes, y bancos para diez personas que estén de visita. La disposición de los asientos formará un rectángulo, en cuyo centro habrá un facistol con una impresionante biblia de grandes dimensiones.

         Los sacerdotes irán al coro revestidos con sotana. Los días ordinarios, la presidencia irá vestida solo con sotana. Las fiestas, con roquete y estola. Las solemnidades, con alba y estola, y el que preside con capa pluvial. Cuando haga frío, en el coro, podrán llevar manteo. Y el que lo desee un casquete de lana negro en la cabeza.


Y ahora sigo describiendo otros aspectos de la casa en los que pensé desde que puse aquel post hace unos días:

         Se fomentará el trabajo manual: carpintería, imaginería religiosa, los trabajos de jardinería y el cultivo de los huertos. La jardinería no solo estará en el claustro menor, también dentro de ese edificio se puede fomentar el cuidado de plantas de interior. También será muy adecuado que varios residentes se encarguen de realizar pinturas y de modelar figuras para la catedral en la que están viviendo. Digo modelar porque lo normal será emplear materiales que imiten la piedra.

         Otro trabajo está en la atención de algunos confesionarios de la catedral, labor esta que no será adecuada para todos los residentes, por supuesto. En un principio, pensé en confesionarios empotrados en los muros, de manera que los residentes no tengan que salir fuera de la casa. Pero después me di cuenta de que no es necesario llevar las cosas tan al extremo. Pueden ser vigilados cuando salen, dónde están y cuándo entran.

Otros residentes recibirán, en dos o tres locutorios, a las personas que, sabiendo la naturaleza de esa casa, quieran hablar con ellos. Eso sin contar con que la casa siempre tendrá un cierto número de hospedados que vendrán para pasar un tiempo de retiro espiritual, como cualquier monasterio. Unas veces esos huéspedes serán laicos, pero se fomentará que grupos de sacerdotes realicen allí su retiro espiritual anual.


Una última cosa:

Sería preferible tener un nombre alternativo. El nombre de "casa de reclusión eclesiástica" resulta muy duro para los que vivan allí. ¿Qué nombre sugerís? Mi idea surgió para recluir allí a los culpables en aquellos países en que se permita legalmente un acuerdo entre la víctima y el culpable. La mayoría no permite un acuerdo privado. Sea dicho de paso, Estados Unido, sí. 

Pero como eso no es permitido en casi ningún lugar, esta casa es para clérigos que ya han pagado su deuda penal en una prisión del Estado y que se retiran a vivir allí. ¿Cómo llamar a estos lugares?




sábado, octubre 24, 2020

¡Ya ha comenzado la invasión! Por mar y tierra, por carretereras y por puentes...

 

Príncipes y papas

 

Hoy se ha reunido nuestro presidente Sánchez con el papa. De verdad que cuando veo esas escenas no trino. No me paso todo el rato criticando interiormente. En las naciones, debería haber un tiempo de campaña electoral y el resto del tiempo vivir tranquilos los ciudadanos, y los partidos colaborar. Por lo menos, esto es la teoría de lo que se llama “tiempo de campaña electoral”. Aunque ya sabemos que los partidos siempre están en campaña, sin un solo día de descanso. Pero no debería ser así.

Por eso, cuando el presidente de mi país visita al sumo pontífice, no hago ningún juicio. Solo me alegro de que lo visite y hablen un rato.

Lo que sí que me atrevo a sugerir a quien competa es la necesidad de mejorar un poco, en el Estado Vaticano, la estética de los recibimientos a los jefes de Estado.

Me consta que, dentro el Palacio Apostólico, el jefe de Estado va precedido por la Guardia Suiza y se organiza una procesión ceremonial que no deja de tener su belleza. Eso está conseguido y no le pongo ningún pero.

Ahora bien, el recibimiento donde aparca el coche siempre me ha parecido estéticamente simplón. A las pruebas me remito:

https://www.youtube.com/watch?v=7dSkP_V7bnc

En un lugar donde, de forma tan habitual, se reciben a jefes de Estado, conviene que se organice un acto peculiar que esté dotado de valor estético. Eso no tiene ni que costar dinero, ni caer en la pompa vana. La sobriedad es siempre positiva.

Pero una cosa es la noble sobriedad y otra lo ramplón. Imperdonable el paraguas pequeñito, amarillo y blanco, que usa para cubrir a la esposa presidente. ¿No saben que hay unos paraguas especiales para este tipo de recibimientos? Por si no lo saben ellos, no se usan los normales. Es como el que cubre la cámara de televisión que hay delante de los periodistas.

En un lugar, como Roma, donde llueve tanto, se podría proponer un lugar alternativo donde el coche del jefe de Estado entrase en una galería. Y ya, en la primera galería, le podría esperar la Guardia Suiza.

Después, también resulta imperdonable que una escena que la van a ver millones de personas, no tenga bien organizada la disposición de la cámara oficial para que no tape a las cámaras del resto de periodistas.

Que llegue un presidente y le espere un monseñor de esa manera es una escena que no tiene nada de bello. Cualquier director de cine organizaría algo mucho mejor.

viernes, octubre 23, 2020

No os lo había dicho, pero, realidad, yo vivo aquí

 

Como veis, sin lujos. Salgo, doy un poco de avena a los patos. De vez en cuando, me como alguno de ellos.

El gótico victoriano

 

Mañana seguiré con el tema de ayer. Pero quiero decir que me alegro mucho de que entre mis lectores no haya negacionistas respecto a la COVID. También me alegraría de que no haya crédulos de teorías conspiranoicas respecto a este virus. Por favor, no creáis al primero que diga cosas por Internet. Me da mucha pena cuando tanta gente inteligente y buena es tan crédula.

Reitero que mi mensaje es que tenemos que ser respetuosos, como diría santo Tomás de Aquino, con el príncipe de cada reino. En estos momentos de calamidad nacional, se debe dar un voto de confianza al gobierno de España, por poner un ejemplo concreto. Debemos respetar y obedecer. El que gobierna tiene información directa de expertos y su asesoramiento.

Con esto no digo que no sea lícito un intercambio de opiniones, incluso el desacuerdo en medidas concretas. Pero el intercambio debe ser constructivo. Ya es sumamente perjudicial vivir en campaña electoral durante cuatro años, pero peor en mitad de una tragedia como es esta epidemia.

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Podemos discutir civilizadamente sobre las medidas y la intensidad de las medidas, pero el COVID-19 no es una gripe, no es un virus estacional más. Se trata de algo con consecuencias muy graves.

Frente a los que infunden el temor sin fundamento a las vacunas, nuestra mayor esperanza es que estas lleguen cuanto antes. Lo único que lamento respecto a la vacuna es que todos los países no hayan dado libremente toda la información para que se consiguiera por un esfuerzo conjunto entre todos. Un esfuerzo del que nadie se beneficiara económicamente en exclusiva. No digo que no se retribuyera de algún modo. Se podría haber creado una comisión internacional de expertos independientes que retribuyeran según el gasto que cada país y cada empresa hubiera realizado. Si hubieran hecho inmensos gastos, hubiera bastado e. 0.001% del precio de la vacuna para resarcir de ese esfuerzo.

Pero qué triste pensar en términos económicos, en términos de orgullo nacional, con una calamidad como esta.

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Pensando en España, se observa que los representantes del Pueblo siguen enzarzados en sus peleas: pésimo espectáculo. No es que ellos reflejen una división de la población, sino que ellos son los que cultivan y fomentan esa división. Si eso, en circunstancias normales, ya sería triste. Ahora mucho más. Esto es la prueba: los representantes del Pueblo jamás van a colaborar, hay una total incapacidad para la colaboración. Todo se rige bajo la premisa del rédito político. Hay que replantearse no a quién votar, sino cómo reformar el entero sistema. Por supuesto que se trata de una discusión teórica, porque los beneficiarios del actual sistema (los partidos) jamás van a ceder.

jueves, octubre 22, 2020

La arquitectura como expresión de la espiritualidad y da la fe

 

A raíz del triste suceso del padre Travis de Nueva Orleans, he recordado muchas de las cosas acerca de las casas de reclusión eclesiástica. Ayer, por la noche, pensaba en que si tuviera que hacer el plano de una de estas casas, cómo lo haría. Se me ocurrieron algunas cosas.

La puerta de entrada sería monumental, verdaderamente noble, para reflejar que al atravesar ese dintel se entra en un espacio donde encontrar la gracia. En el dintel, se podría inscribir: “Por mí se entra a la salvación y a la santificación”.

En el centro del vestíbulo, habría una estatua blanca del Sagrado Corazón de Jesús. Como si Cristo mismo recibiera a los que allí entran.

Tras el vestíbulo seguiría un pasillo que expresaría el camino espiritual que se emprende al ingresar allí.

En ese pasillo estarían las celdas de los que moran en ese edificio, justo al lado de la puerta de entrada. Para así, cada día, recordar que uno está allí por propia voluntad; que nada impide que uno se marche del lugar cuando quiera. Razón por la cual, la puerta de entrada nunca estará cerrada con llave. Podrá estar atrancada por dentro, pero cualquiera (desde dentro) podrá abrirla. Esa tranca tan sólida expresa la necesidad de no dejar que entre el “mundo” con sus vanidades y tentaciones.

Por supuesto, habrá un claustro pequeño (con un bonito jardín) y un claustro grande (donde estará situado el huerto). El interior del edificio (suelos, paredes, techos) será completamente blanco para recordar que hay que recobrar y mantener la pureza del alma.

En otras partes del edificio se situarán el resto de dependencias. Muchas veces, he fantaseado cómo construiría yo un monasterio. Pero la idea de ver cómo, de forma concreta, levantaría este edificio, me parece muy interesante como ejercicio intelectual.

martes, octubre 20, 2020

Vamos a vivir tiempos muy poco aburridos

 

Las imágenes de las iglesias quemadas en Chile (con la excusa de reivindicaciones sociales), los ataques a imágenes en templos católicos en Estados Unidos (con la excusa del Black lives matter), las Femen que irrumpían y se subían a los altares, las pintadas de odio en parroquias de España... Sí, no hay ninguna duda que las series de televisión, las novelas y el cine han sembrado esos sentimientos hacia la Iglesia Católica.

En los últimos veinte años, esa siembra de odio no ha estado tanto a cargo de los partidos políticos como de la élite que tenía dominio sobre los medios de comunicación.

El antisemitismo existía en la mentalidad de parte de la población alemana y austriaca antes de que eso pasara a configurar la ideología de ningún partido político.

El anticatolicismo agresivo existe en una parte de la población de muchos países, gracias a lo que he dicho: series, novelas, películas, documentales.

No tengo la menor duda de que esa mentalidad pasará a formar parte de las demandas de algún partido político en algún país. Y que esas medidas anticatólicas se extenderán a otras naciones, porque el terreno está abonado.

Algunos achacan estos ataques al demonio. Tienen razón en cuanto que el Maligno es sembrador de cizaña. Pero no olvidemos que él solo azuza, tienta. Esta agresividad es el resultado de una siembra humana. Se ha sembrado mucho odio de forma intencionada. Los sembradores del odio llevan mucho tiempo trabajando.

Hace siglos fueron los masones, después fueron los marxistas. Ahora pienso que no hay ninguna conjura secreta que obra en la oscuridad. Lo que ahora vemos es el resultado de la agresividad sembrada. Pero sí, en los próximos años, grupos genéricamente llamados progresistas serán cada vez más audaces en sus peticiones a los congresos y a los tribunales.

Lo triste es que nos enfrentamos a esta futura ola popular, ampliamente apoyada, en unas democracias sin efectivas divisiones de los tres poderes. La mayoría en los parlamentos arrasará cualquier oposición judicial o legislativa.

Unamos a esto la política del gobierno chino frente a los cristianos, los martirios en lugares como Nigeria, la apostasía en Europa. Y eso después de los horrores de ISIS. El panorama no resulta nada esperanzador. Uno mira las nubes del cielo y la dirección del viento y me temo que desgraciadamente vamos a vivir tiempos de persecución generalizada con todos los sellos y rúbricas de las instituciones del Estado.

Explicando cosas obvias a Cletus

 

Habréis observado que no critico ni he criticado al gobierno de España por las medidas contra la pandemia. Y es que hay que otorgar un voto de confianza a aquellos que disponen de más datos y los mejores asesores. A día de hoy, el público en general (entre los que me incluyo) no sabemos hasta dónde llegan las secuelas de este virus desastroso. 

Sí, he escuchado tantos por ciento en los medios. Pero eso no ofrece mucha información. Ya sabemos que el virus deja muchas secuelas. Pero lo importante (y esa es una labor especializada de interpretación por los expertos médicos) es saber hasta qué punto las secuelas graves son generalizadas y en qué franjas de edad. Sabiendo esos datos, se puede, razonablemente, llegar a la conclusión de si las medidas deben ser más o menos duras, más o menos flexibles. (Os aseguro que los médicos saben algo más que lo que podamos leer nosotros en unas cuantas páginas de Wikipedia.)

Si las secuelas fueran graves (y, esencialmente, irreversibles) en un 25% de la población menor de 70 años, eso significaría que todo esfuerzo que se haga es poco. Si la mayor parte de las secuelas graves ocurren en gente muy anciana, eso produciría un resultado epidemiológico más parecido al de otras enfermedades cuando las contraen esa franja de edad. (A los 95 años hasta un ataque de hipo te puede matar. Vamos, eso he oído en un refrán.)

Yo no tengo los datos y, por eso, no critico y obedezco. Pero me parece impresionante que un simple, pequeñísimo, insignificante, virus vaya a dejar a una parte de la población teniendo que llevar una vida más sedentaria y quitándoles diez, quince o veinte años de vida, estadísticamente. Tremendo. (Hace unos meses que hecho la culpa de mi estilo de vida sedentario al virus.)

Sin embargo, me muestro muy optimista respecto a las vacunas. Todo parece indicar que los estudios van avanzando muy bien. Más triste me parece el hecho de que cada país haya intentado conseguirla por su cuenta sin compartir información. A pesar de millones de personas muertas o incapacitadas para siempre (cifra que sigue aumentando), no nos hemos unido, hemos fragmentado nuestras fuerzas. El beneficio económico y el orgullo del país se ha puesto por encima de la vida de rostros concretos queridos por sus hijos y nietos. (Lo de las películas que envían una misión conjunta contra el asteroide es puro Hollywood.)

Los que repiten que esto del virus es un fake, una exageración interesada de las farmacéuticas, hablan desde la ignorancia. Mi vecina, enfermera, un poco más joven que yo, todavía arrastra graves secuelas, tantos meses después: no puede subir más allá de un piso a pie. Conozco otro caso de un compañero del hospital, celador, sus secuelas han sido muchísimo más graves. En mi mismo edificio, un señor de excelente salud, lleno de vigor a sus sesenta años, nos dejó a causa del virus. Razonablemente, podríamos haber esperado que hubiera vivido veinte años más. (Tal vez después aparezca un virus que haga que los contagiados vivan, estadísticamente, quince o veinte años más, y con más pelo.)

La conexión, en Estados Unidos, entre mentalidad conservadora y negacionismo me resulta sorprendente. Si no se hubieran tomado medidas, la mortalidad, las secuelas, se hubieran multiplicado por diez, por treinta. (Algunos piensan que una mortandad generalizada, precisamente, hubiera sido una buena noticia. Creen que es mejor que los pinos y olmos vivan felices y que haya más pinos y olmos.)

Podemos sentarnos a discutir qué medidas son las más razonables, pero no podemos negar el carácter destructor de la salud humana de gente completamente sana que tiene este virus.

En fin, hoy he dicho cosas obvias. Pero creo que era conveniente decirlas:

—Obediencia y respeto al príncipe del reino.

—Prudencia: según sea el mal, así las medidas; eso es tarea de los expertos.

—Las vacunas: dejaos de fantasías conspiranoicas. Los únicos nanorobots que existen, fuera de las películas, son los piojos del pelo y las pulgas. Y su eficiencia es mil veces mejor que los mejores nanorobots que salgan al mercado dentro de quince años. Después, ya no lo sé.

—Negacionismo: Me parece estar escuchando a Cletus, el de Los Simpson.

lunes, octubre 19, 2020

Héroes de decorado (para los medios de comunicación), héroes verdaderos (en la sombra)

 

Hace unos días, Pablo Ab. nos ofreció un link a un documental a la BBC donde se ve como es una mera cuestión de dinero crear atentados terroristas masivos en Europa como los de las películas. Es solo cuestión de dinero. Eso es todo. La verdad es que me pregunto cómo no ocurren más cosas. Nos quejamos siempre de lo que ocurre, pero no agradecemos a Dios que ponga la mano con respecto a todo lo que no ocurre.

Por otra parte, justo es reconocerlo, muchas cosas no suceden porque allí están los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Reino Unido, Francia, España, Alemania... No nos enteramos, pero hay gente trabajando, para bien, ocho horas al día, año tras año. Individuos inteligentes, con el máximo interés, que, en su trabajo, llegan al heroísmo. Siempre he tenido un gran respeto por esas personas anónimas que están ahí, detrás de todo.

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Sea dicho de paso, en el futuro (quizá únicamente en el cielo) nos enteraremos de las personas de varios países que han dado su vida este mismo año investigando cosas que afectan directamente a nuestra libertad. Hay varios estados que son monstruos como las bestias de Daniel (aunque a menor escala), y esas personas han luchado contra las garras de esas personas.

Esto no significa que todos los ciudadanos o súbditos de esos países sean malos. Lo que conforma un monstruo es la inmensa estructura opresiva al servicio de una cabeza tiránica y cruel, con sus mismos ciudadanos y con los de otros países.

¿Qué héroes habrá habido este año 2020 que nunca sabremos? ¿Qué habrán descubierto, qué habrán detenido?

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Enric ha escrito: En recuerdo de todos los jueces valientes, que arriesgaron sus vidas luchando contra asesinos y corruptos. Y ha dado una lista de nombres. Sí, tiene toda la razón. Nos fijamos en los mártires que murieron por la fe. Pero también hay hombres que han entregado su vida por la Justicia. No solo jueces, también fiscales, también otros escalafones.

Hoy, precisamente, he visto (durante el desayuno) unos minutos de un documental sobre Pablo Escobar. Allí salía el general Maza: siete intentos de asesinato contra su persona. En uno de ellos, con una bomba, mataron a cien personas solo y únicamente para acabar con él. Pero salió indemne y sigue vivo hasta el día de doy.

¿Cuál era la valía de ese hombre en su lucha contra el narcotráfico? Creo que siete intentos lo dice todo. 

domingo, octubre 18, 2020

El ara y la ira

 

Continuando los posts anteriores. Resultan llamativos los discursos de algunos eclesiásticos de alto rango al hablar del tipo de sacerdote mencionado en los pasados días. Para ahorrar palabras, vamos a llamarlos derepti (derrumbados, en latín) en plural, o dereptus en singular.

Al dereptus se le aplica la expulsión, cuando más que nunca necesita el acogimiento, el seno que le abraza con amor. Tanto más amor cuanto mayor sea su lamentable estado.

En el sacerdocio, una cosa es el ejercicio del ministerio pastoral y otra el ejercicio del ministerio consagrado. En la Iglesia debemos cuidar de las cosas sagradas, porque es el modo en el que manifestamos nuestro respeto a Dios. Si cuidamos extraordinariamente de lo sagrado manchado, mucho más entenderemos lo sagrado refulgente.

Veo una cierta confusión entre justicia, ministerio consagrado y acogimiento. Parecería que solo palabras como pena y expulsión sean la respuesta adecuada. No lo olvidemos, hay que ayudar al más necesitado. A veces, estas personas son las más necesitadas.

“¡Pero fue por su culpa!”. El hecho de que fuera así no quita que sean los más necesitados, los más enfermos, los más ciegos, los más leprosos.

Siempre concebí esas casas de reclusión sacerdotal como lugares de penitencia. Lugares con apariencia de severo monasterio. Ahora me doy cuenta de que, una vez pagada la pena civil (en una cárcel), la estética puede ser la dicha (monástica), pero el ambiente debe ser de hogar, de familia.

No solo de familia, pues hablamos de almas débiles, sin virtudes; y eso requiere unos superiores con un cierto espíritu militar, y una cierta disciplina de cuartel. Sin ese rigor, la casa caería en las continuas desobediencias y faltas de respeto.

De ahí que esos superiores tengan que alternar y combinar la vara (espiritual) y el abrazo (paternal). Eso implica también la aplicación de castigos. Siendo el mayor castigo la expulsión. Nadie estará allí si no es por su voluntad.

Tendría que haber, sobre todo al principio, en la fundación, una cierta proporción entre derepti y sacerdotes y hermanos que están allí para ayudar. Al principio, hasta crear el ambiente espiritual ideal, los derepti no podrían ser más de una tercera parte.
Con los años, en la medida en que se regeneraran, los veteranos podrían ayudar a los nuevos.

La casa de reclusión tiene que convertirse en un lugar para comprender, un lugar medicinal: el mismo lugar es una medicina para el alma. Un lugar que es su nueva familia. Un “monasterio” donde ejercer su ministerio como consagrado: concelebrando, escuchando confesiones (los que se vea adecuado que pueden hacer tal cosa), realizando otros apostolados sin salir del edificio. Por supuesto, con trabajos manuales: carpintería, horticultura, limpieza, cocinas, etc.

¿Por qué todo esto? Es fácil tratar bien al bueno. No es fácil tratar bien al malo. Si se logra crear una casa así para los derepti, esta se transforma en sermón, en incienso, en todo un símbolo. La cárcel penal frente a la reclusión espiritual. Los muros impuestos de la cárcel, frente a los muros aceptados de este lugar.

La pretensión de la venganza, frente a la conciencia de que cabe un nuevo comienzo. Hasta ahora se piensa que solo cabe la dureza. Que cualquier otra cosa que la dureza es algo malo.

El mal en grado inmenso es un misterio. Esta casa sería un lugar para afrontar ese misterio. Un lugar donde reunir varios abismos.

sábado, octubre 17, 2020

El incienso sobre el altar, el pecado alrededor del ara

 

Continuando con el tema del sacerdote de un sacerdote caído a lo más profundo. Por supuesto no se pone a cuidar de las ovejas a nadie que no sea adecuado para ello: haya caído a lo más profundo o esté simplemente un poco por debajo de la línea.

Ahora bien, ahora, justamente ahora, no es el momento de abandonar a ese pobre ser humano.

Algunos pueden ver una cierta necesidad de hacer justicia, pero la Iglesia no está para hacer justicia, sino para mostrar la misecordia de Dios y salvar almas.

Un juez que renunciara a hacer justicia no cumpliría con su cometido.

Los curas pederastas, los curas ladrones, tendrán que cumplir con sus penas civiles. Pero satisfecha la pena, el obispo solo tiene que preocuparse del alma inmortal de ese ser humano. En unos casos, la falta fue de tal naturaleza que será posible que colabore en algún tipo de trabajo temporal. En otros casos, no sería prudente y la reclusión cuasimonástica será el modo de salvar una vida en consonancia a la consagración. Pero nunca abandonar. Siempre se puede purificar sin el uso del martillo. Como cristianos, pensamos que todo es sanable, que todo pecador es redimible.

Una cosa es la pena civil y otra el obispo-padre de la Parábola del Hijo Pródigo. Son dos campos distintos, son dos funciones. Por supuesto que no se pone al zorro a cuidar a las gallinas. Pero no solo el zorro, sino incluso el lobo debe ser convertido en cordero que pazca junto al león.

De altares y sacerdotes

 

La triste noticia del altar profanado en Nueva Orleans me ha llevado a reflexionar sobre el tema. Y pienso que con el altar hay que hacer lo óptimo como símbolo de que con el sacerdote caído también hay que hacer lo óptimo. Con lo sagrado, sean personas u objetos, hay que hacer lo que sea lo mejor.

En una mentalidad veterotestamentaria, la ira, la reparación, debe reducir a pedazos el objeto o incinerarlo.

En la mentalidad de la Parábola del Hijo Pródigo hay que intentar salvar lo salvable y esperar contra toda esperanza. Desde la lógica del Nuevo Testamento, el castigo viene de uno mismo. Por supuesto que encontraremos, en el Nuevo Testamento, excomuniones de san Pablo y castigos divinos en Hechos. Pero se inscriben en una Buena Nueva de Salvación y son para la salvación. Lo mismo sucedía en el Antiguo Testamento, pero no de forma tan clara, tan abierta, tan manifiesta.

Dicho de otro modo, ese sacerdote, pagada su deuda con la ley si existiese (tengo entendido que está detenido), lo ideal sería ofrecerle vivir su consagración en una casa de reclusión eclesiástica. Algo sobre lo que ya hablé largamente en mi libro Neovaticano.

Por supuesto que para vivir en esa casa lo ideal es hacerlo ya arrepentido. Pero, incluso sin arrepentimiento, mientras se viva bajo la disciplina y regla común, más fácil será que esa alma encuentre a Dios allí que en el mundo. Por supuesto que sin arrepentimiento, un residente en esa casa de reclusión eclesiástica no le sería lícito ni concelebrar ni comulgar. Pero sí salmodiar en el coro, trabajar y participar de las recreaciones comunes.

Esto nos da la respuesta respecto a qué hacer con el altar. Si hubiera tenido valor artístico, histórico o económico, lo mejor es purificarlo con una larga purificación de siete días, culminando con lo que se dice en La reparación del lugar sagrado.

Si no tiene valor, sea de madera o de piedra, lo mejor es colocarlo en un jardín minimalista, creado ex profeso, situado en un patio cerrado: en el seminario, en el obispado, en la residencia del obispo.

¿Romperlo? Desde esta lógica, no. Estos casos (personales o materiales) no deben ser tratados con la destrucción, sino con el respeto y el amor. Respeto no significa que tenga que ser reintegrado al ministerio pastoral sin más. Amor no significa que no hay que hacer algo.

Para que no parezca un altar abandonado y medio destruido, lo mejor es desarmarlo si está formado de varias piezas. Y dejar esas piezas como dije, en lugar donde se cubran de hierba y de musgo. El ara normalmente es de una pieza (de piedra o de madera). Esta se colocará con respeto y pena sobre el suelo para que las plantas la cubran con su belleza y con eso precisamente: vida.

El conjunto, aunque caído, será bello. Será un sermón silencioso. Con los años, quedará semienterrada, semicubierta por las plantas. Todo un símbolo.

jueves, octubre 15, 2020

No es este el altar

 

Ayer nos enteramos de que un sacerdote (Dios quiera que no esté bien de la cabeza) grabó un vídeo deshonesto con dos mujeres en el altar de su parroquia. Insisto, ojalá que no se trata de maldad, sino de una patología mental.

Pues bien, hoy hemos sabido la magnífica noticia de que el arzobispo de Nueva Orleans ha dado orden de quemar hastsa las cenizas ese altar y volver a consagrar ese templo. ¡Muy bien! ¡Magnífica decisión!

Esto nos plantea una interesante cuestión posterior. ¿Y si el altar hubiera tenido una bella ara de mármol con inscripciones? Incluso, aunque hubiera sido un rectángulo de piedra no costosa, ¿hubiera sido mejor destruir el ara o realizar una nueva consagración?

Bien, el asunto es debatible y me gustaría escuchar vuestras opiniones. Desde luego, se puede romper en trozos y colocar esos trozos en el jardincito de un patio del obispado. Un cuadrado pequeño de césped, minimalista, con esos trozos de piedra con hierba y musgo encima. Esas piedras serían un recuerdo aleccionador sobre la grandeza del sacerdocio y la posibilidad futura de profanarlo. Esas piedras se convertirían en un sermón silencioso.

La otra posibilidad sería realizar una larga y simbólica purificación de varios días sobre esa piedra, celebrando en esa parroquia sobre un altar portátil. En Alcalá hay un altar portátil de madera, precioso, de estilo neorromático. De dos codos de largo, pero dignísimo.

El ara profanada podría ser lavada cada día con agua bendita, mientras se ora. Y, al séptimo día, volver a consagrarlo.

Respecto al templo, mucho mejor que una nueva consagración yo aconsejaría hacer el rito que sugiero en mi opúsculo titulado La reparación de la santidad de un templo profanado.

Desde luego, siendo el altar de madera, lo mejor es quemarlo. Aunque la opción de reducirlo a pedazos pequeños con una maza y echar el montón en un patio cerrado del arzobispado, que sea un cuadrado de césped, y dejar que crezca encima la hierba durante decenios me parece la solución más digna, más simbólica. 

En fin, me gustaría escuchar vuestras apreciaciones y sugerencias sobre qué hacer con un altar de piedra profanado. Seguro que me aportáis algo.

miércoles, octubre 14, 2020

El Consejo General del Poder Judicial y los políticos merodeando alrededor

 

En España tenemos ahora la presentación de un proyecto de ley para cambiar el modo de elección de los miembros del Consejo General del Poder Judicial. Hasta ahora se elegía a sus miembros por consenso por 3/5 partes del Congreso y el Senado. El PSOE quiere que baste con mayoría absoluta (más del 50% de los votos).

Lo que alguien independiente debería investigar y emitir un informe al Pueblo es porqué los representantes del Pueblo no se ponen de acuerdo en veinte nombres de reconocida competencia. Esa es la gran cuestión. Ese informe nos daría las proporciones de los defectos de nuestra democracia.

Esos juristas perfectos existen. Son nuestros representantes los que son imperfectos hasta este nivel evidente. Si no se ponen de acuerdo en esto, cómo se van a poner de acuerdo en otras cosas menos evidentes.

Pero el asunto siempre ha sido complejo y siempre lo será: ¿quién escoge a los jueces?

El asunto no se arregla ni aunque los mismos jueces se escogieran entre ellos.

Parece que lo mejor siempre es que se escojan entre ellos. Pero si los jueces se polarizan por afinidades políticas el problema se replica en ese tercer poder.

El consenso es lo mejor. ¿Pero y si no lo hay? Es más, el consenso no lo arregla todo: puede haber un consenso en candidatos imperfectos o, incluso, viciados.

Durante años reflexioné y charlé con un jurista amigo, mi conclusión es el libro La decadencia de las columnas jónicas. Pero si observamos el sistema de elección en UK y en USA veremos que el sistema funciona bien si las personas encargadas de elegir son razonablemente buenas. Un sistema con defectos puede funcionar bien si las personas encargadas son razonablemente adecuadas.

Estamos acostumbrados a que la política se degrade. ¿Cómo ennoblecer la política? ¿Cómo mejorarla?

Creemos que la Iglesia está defendida por las leyes. Es una creencia popular. La realidad es que el destino de la Iglesia en cada país estará en manos de los políticos. Las leyes podrán decir lo que quieran, los jueces podrán emitir los veredictos que quieran. Al final, los que decidirán serán los parlamentos. Decidirán los parlamentos aprobando leyes a las que tendrán que someterse los jueces. Es tan sencillo. Se habla de separación de poderes: pero, al final, todo es tan sencillo.

martes, octubre 13, 2020

Tres fotos y ciertos errores... vaticanos

 


No sé quién escoge el mobiliario de las dependencias vaticanas. Pero las sillas del despacho donde el papa departe con los jefes de Estado no podrían ser menos adecuadas ni buscándolas a propósito.

Desde la primera vez me di cuenta de que no favorecen la conversación relajada, pues uno no puede apoyar la espalda en el respaldo. Propician un estado de alerta, de tensión. Si uno se apoya en el respaldo, uno se tiene que tirar hacia atrás de un modo completamente inadecuado para ese tipo de reuniones. Lo podéis comprobar en la tercera foto que adjunto y a la que, señores del jurado, llamaremos Prueba 3.

En fin, es algo que salta a la vista. Pero veo que pasan los años y allí siguen.

 

La segunda foto es otro ejemplo de graves errores por parte de aquel que escoge el mobiliario para un lugar tan fotografiado como ese. Poner esas dos mesitas para sostener las figuras de los dos santos queda muy feo. Esos dos santos están pidiendo a gritos unas peanas proporcionadas a lo que sostienen: peanas, no mesitas. Visualmente, restan protagonismo a la mesa central.

La lámpara no estaría mal en los años 50. Pero no añade ninguna belleza estética a esa mesa, ni la más mínima. Ocupa espacio, solo eso. Todos saben que allí no trabaja el papa, esa mesa solo se usa para departir con jefes de Estado. Ahora hay lámparas, ultramodernas, impresionantes por su minimalismo y por su belleza, que ni se ven. Esa lámpara a nivel decorativo, allí, es un cero a la izquierda.

Después está la proporción entre el reloj y la figura del santo: no guardan ninguna proporción. El sentido común, sin haber cursado ningún estudio de decoración, nos marca las proporciones áureas entre elementos sobre una mesa. Evidentemente, no son esas.

Aunque fijémonos en la tercera foto, alguien se apercibió de que las cosas no estaban bien, de que aquello no estaba bien ni para un decorador de bodas en una ciudad pequeña. Así que puso más elementos para solucionar el tema de las proporciones. Y lo logró. Añadiendo, lo soluciona.

 


¿Pero qué aparece entonces? Un barco de baratija en el fondo. ¿Es que no es posible acabar una página sin echar un borrón? Cualquier aficionado al modelismo sabe que ese barco no vale nada. En un espacio que debería ser icónico (con razón que no se haya convertido en tal), no debe haber nada que no sea exquisito, perfecto. No digo caro, no digo lujoso. ¿Se puede poner una maqueta de un barco o está prohibido? Claro que se puede. Pero, entonces, pon un barco de la misma calidad que los cuadros y los muebles y el entorno.

Eso sí, el barco es de la misma calidad que los jarroncitos de la mesa que está más lejos. Esas mesas ganan sin nada encima, solo distraen. Distraen esos elementos como si gritaran: “Somos baratos y feos, y, realmente, no sabemos qué hacemos aquí”.

Nota de descargo: Estoy seguro de que la persona que se encarga de la decoración es muy buena persona, que se esfuerza y que seguro que soy yo el que está equivocado. Además, seguro que es una persona de alma muy buena. Se nota por el amor con que decora todas esas estancias.

Nota 2: Creo que será una hipérbole afirmar que he visto mejores decorados en Plan 9 from Outer Space.

lunes, octubre 12, 2020

A vueltas con el comienzo de un nuevo año de vida: reflexionándome

 


A mis 52 años, confieso que me da un poco de pena ver que otros han subido montañas (sin escalar, no me gusta escalar), atravesado bosques, se han lanzado en paracaídas, han buceado... y yo solo he subido montañas bibliográficas, he atravesado bosques literarios, etcétera; no hay necesidad de llevar la comparación hasta el final.

Es verdad que en toda esa vida al aire libre, llena de ejercicio, de sensación de vivir y todo eso es más engañosa de lo que parece. Queda genial en las fotos y en los vídeos, pero está llena de momentos... tediosos, aburridos y totalmente insatisfactorios.

La vida de los libros, la vida del pensamiento, es más serena. Mucho menos aburrida. Hay individuos que parecen destinados a las bibliotecas reales o virtuales.

Lo cierto es que a mí me encanta la vida social. Para nada soy el eremita de los libros. Todo lo contrario. Si de mí dependiera, saldría a cenar cada día, con una larga sobremesa, con risas, me encanta pasarlo bien con otros. Si de mí dependiera, tendría una excursión cada semana. Y un viaje más largo cada dos meses por España o por otros lugares.

Pero las circunstancias, la vida, el Destino, parecen haberme recluido en el invernadero más adecuado para producir cuatro cosechas al año.

También me hubiera gustado ejercer el poder, el poder eclesiástico, claro. De verdad, con toda sinceridad, nunca he consentido en esta tentación. Pero sí, he sentido siempre esa inclinación, ese gusto. Aunque en eso estoy limpio. Mi voluntad siempre ha rechazado tal impura tentación.

Hay una lujuria del poder, hay una lujuria del conocimiento (incluso en la teología). Pero, en mí, el trabajo con los libros ha tenido todo de inspiración, de pasión, pero siempre he tenido en cuenta el vanidad de vanidades. Inspiración, pasión arrolladora, pero nunca me he considerado superior a nadie, mejor que nadie. Unos trabajan en una cosa; otros, en otra. Eso es todo.

Lo único que sí que me daba envidia era el que sabía vivir. Eso sí. Yo siempre me he considerado un poco enterrado en una tumba de libros. Enterrado en vida. Solo así he podido producir cosechas abundantes. Pero, ahora, pasada la mitad de mi vida, me doy cuenta de que lo que me parecía una etapa de dedicación exclusiva como algo transitorio se ha ido convirtiendo en algo permanente. Quizá era mi destino. Quizá no estaba en mi mano repartirme, dividirme.

Amo la teología y la literatura, con pasión. Pero estoy tan convencido de que todo es vanidad. Lo digo con total sinceridad. Es cierto que la entrega fue a Dios. La teología y la literatura solo han sido el camino concreto de caminar en esa entrega. Eso siempre lo he tenido claro. Siempre me he movido en un Libro cuadrado por poner un marco como el de una de mis obras. El Centro siempre he tenido claro cuál era.

A mis 52 años, tengo el más agridulce de los sabores en mi boca. Para nada encuentro el sabor de la satisfacción. Quizá también me encuentro bajo el peso, el inmenso peso de mi obra sobre san Pablo, cuyas dimensiones pesan sobre mí como una losa. ¿Ha valido la pena?, me pregunto incesantemente. Sea de ello lo que fuere, ya voy acabando.

Bueno, pensamientos que os ofrezco, que os descubro. 52 años es un buen momento para repensar el trabajo, para reflexionar sobre mí mismo. A los 60 es posible que sea mucho más rígido, que ya tenga menos capacidad para ser flexible incluso en mis preguntas.

Pero, os lo digo con total sinceridad, quizá la soberbia sea el pecado en el que más difícil me parece que yo pueda caer. La envidía sí, la soberbia... no. La aurea mediocritas no seré yo el que la coloque en un pedestal.

Hoy he cumplido 52 años: el río que se remansa y que se vuelve más profundo en su madre

 


La foto es de hace cuatro días, en la sala capitular de la catedral, me la hizo el penitenciario. Una y otra vez repitió que le recordaba a un padre de la Iglesia. Fue él el que insistió en hacer la foto. Le di la razón (con convicción) en cuanto al parecido.

Hoy (11 de octubre) cumplo 52 años de vida. Ayer, por la noche, releí unos pasajes del final de la vida de Memorias de Adriano. Por la mañana, fui al hospital. Una persona en la misa. Varias comuniones. Ninguna unción. Dos pasillos de coronavirus y uno de cuarentena.

Después he ido a comer con una querida familia. Cuando me han invitado, ellos no sabían que hoy era mi cumpleaños. Después de tan agradable comida, me ha entrado un poco de sueño en el sillón. Esa escena de un cura con sotana al que se le cierran los ojos ofrecía una imagen avejentada del padre Fortea.

Por la tarde varias llamadas de amigos y familiares. Hemos hablado con mi tía largo rato de Barbastro, de Barbastro en los viejos tiempos. Me ha llamado mi tía abuela. Más que preguntarle si se acuerda de la Gripe Española, debería haberle preguntado si se acuerda de la Guerra Franco-prusiana.

A los 52 años, me pregunto que si desapareciera, qué dejaría detrás de mí. Más allá de los efectos de los sacramentos y de las conversaciones que he tenido, charlas personales, breves y largas, dando consejo, ánimo, confesiones, con niños de catequesis, con moribundos, pienso que dejaría mis libros. Más allá del efecto que haya hecho en las almas, creo que he dejado una obra personal, muy personal, una región literario-teológica donde adentrarse. Miles de páginas que alegrarán la vida de alguien en algún lugar. Mis libros serán causas que producirán efectos. Probablemente, me quedan unos veinte años de vida útil como escritor. Me parecen muy pocos años. Sí, ha empezado una cuenta atrás. Hasta cierto momento de mi vida la cuenta era hacia delante.

¿El mejor libro de mi vida? ¿La cúspide de todo lo que he escrito? Después de decenas de miles de horas escribiendo, pensando, creo que mi mejor libro es Las leyes del infierno. ¿Mi mejor novela? Cuando amanezca la ira.

Me preguntaba ahora cuál es el mejor amigo que he tenido en mi vida. Esa pregunta es más complicada. Creo que dos mujeres han sido las mejores y más duraderas amistades de mi paso por la tierra.

¿El tiempo más feliz? Mis cinco años de seminario en Pamplona. En segundo lugar, mi año como secretario de mi obispo.

Ahora, cierro este post. Después de 52 años, este post. ¿Espero que el futuro sea una continuación serena, placentera, de mis años pasados, de mi última etapa? No, creo firmemente que Dios tiene la capacidad de sorprenderme.

sábado, octubre 10, 2020

Cuando la imagen tiene poco que ver con el post

 


He grabado una charla sobre la encíclica Fratelli Tutti para mi canal. En algo de más de diez días, la subiré. Tardaré eso porque tengo que poner una charla más sobre el tema de los ángeles en el Libro del Apocalipsis.

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No sé cómo puede haber gente que, desde hace medio año, pierde 20 minutos del noticiario en ver cómo va el virus extendiéndose o retrocediéndose. Cuánto me alegro de no haber perdido tiempo con eso. A trozos, ayer acabé de ver por tercera vez Indiana Jones y la Calavera de Cristal. Cinematográficamente, la cinta tiene un valor cero.

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He visto un vídeo sobre cómo reconocer la masonería eclesiástica. En definitiva, el clérigo masón hablará mucho de fraternidad. Pero, como si habla mucho de fraternidad, se notará demasiado, sustituirá la palabra fraternidad por amor. ¡Ojo, con los párrocos que hablan demasiado del amor! A veces, esos desalmados, ayudarán mucho a los pobres y necesitados, para así confundir a las almas cándidas. A veces, harán mucha oración, para que nadie sospeche de ellos. Incluso llegarán a criticar a la masonería, para que nadie les reconozca. Criticar mucho a la masonería resulta sospechoso. Tampoco hay que pensar que esos lobos son tontos.

Por lo tanto, ¡tened cuidado con cualquier sacerdote que habla mucho del amor, que ayuda a los pobres y que dedica horas cada día a la oración! Esos serán los más peligrosos.

¿Entonces, cómo distinguir el trigo de la cizaña? Imposible. Hijos míos, estáis perdidos. Menos mal que hay laicos que, en Youtube, os advertirán qué sacerdote es malo, qué obispo no es de confianza, qué cardenal es sospechoso, qué papa no es lo que parece. Sicut fons veritatis semper Youtube rimanet.

Menos mal. Los obispos ya no sirven. Los concilios tampoco. Ni siquiera si son universales. (Especialmente malos son los universales.) Las congregaciones, menos; menudo nido. Solo nos queda Youtube. Los aguerridos y valientes youtubers son el último criterio de verdad.

Algunos, cuando rezan el credo, están (con toda razón) tentados de decir: “Creo en la Iglesia Católica, la verdadera, la santa, católica, la de Youtube”. No creáis a los obispos. Creed a Jaime que, desde Ciudad Real, el vecino del 3º D, os dice cuál es la Iglesia verdadera. O a Manuel, el fontanero de Ventillas del Olmo (Lugo) que os dirá, con seguridad indubitable, cuál es la Iglesia no contaminada.

Vosotros elegís. O creer a Jaime (el del 3ºD) o a Manuel (el fontanero) o, espero que no, a los cinco mil obispos repartidos por el orbe. Sin duda, Youtube os guiará por este accidentado camino. Os diría que siguiérais a los lefevbrianos. Pero, hasta los lefevbrianos son demasiado de izquierdas, en esta materia.

Nota (creedme que alguien la necesitará): No se preocupe, las líneas anteriores eran irónicas. Tranquilo. He usado expresiones que dan a entender algo contrario a lo que siento.