miércoles, junio 20, 2018

Concelebré en tres misas de la catedral de Santiago



De mi viaje a Santiago recuerdo la buena compañía. La compañía es siempre el 90% del placer de un viaje. El otro 10% siempre es lo mismo: piedras, árboles y el mismo cielo que cualquier otra latitud.

Los ingleses son los mejores haciendo estupendas películas de viajes victorianos. Y hace ya un siglo que se han dado cuenta de lo bueno de una película así son los personajes, sin importar si están a bordo del Orient Express o en un barco que remonta el Nilo.

Los viajeros miran el programa del viaje, como si alguien pudiera distinguir entre una isla griega y otra, como si alguien pudiera distinguir entre Chipre y Túnez.  Las agencias deberían proporcionar mejor programas de acompañantes: ir adonde sea con alguien parecido a Marguerite Yourcenar, ir adonde sea con una imitación barata de Alberto Manguel, ir adonde sea con una versión más diluida de Umberto Eco.

Yo con mis acompañantes fui plenamente feliz. Aunque una ostra, envidiosa de nuestra dicha, decidió intoxicarme. Todo se resolvió con una diarrea de tres días.

Al día siguiente de llegar a casa, llegó el verano a España. El buen tiempo se había olvidado de este país. Sigo con mi libro sobre las plagas, hoy he acabado la octava. Escribo y escribo, pero nada me alegra más que encontrarme con mis lectores. En Santiago me encontré con varios. Uno de ellos era un monje de rito oriental. Jamás me lo hubiera imaginado. Es curioso, ya os lo he dicho alguna vez, con lo que más disfruto es escribiendo novelas. Pero lo que más influye en la gente son los libros en los que hablo de teología.

Así era el claustro románico primitivo de la catedral de Santiago




El caso es que el lunes por la tarde llegamos a cenar a Santiago de Compostela. El verano todavía no había llegado a España a pesar de ser el 11 de junio, hacía frío. Durante casi tres días nos dedicamos a recorrer la ciudad de arriba abajo. 

Su catedral es magnífica, impresionante. Otro templo más para añadir a mi lista de recuerdos catedralicios. Cada una tiene su carácter, su personalidad. Y que la de Santiago de Compostela tiene un carácter muy propio está fuera de toda duda. Su claustro es grandioso, ¡lo que debía ser verlo en siglos pasados recorrido por los canónigos! El museo de la catedral es impresionante. Lo que más me gustó es la reconstrucción de su coro románico. Decir que “me gustó” es poco.

Lo que debía ser en la Edad Media la sensación de haber llegado al extremo del mundo conocido. ¿Qué se debía sentir al llegar a un lugar donde te esperaba un gran templo que custodiaba el arca que se decía que era del apóstol Santiago? Un templo románico bastante oscuro, con velas, incienso, con el canto gregoriano de los canónigos, un lugar propicio para la oración.

martes, junio 19, 2018

Sermones en audio: del 1541 al 1550



Por la tarde escribiré otro post, pero ahora os ofrezco estos sermones que he acabado de subir:

Sermón 1541
Los nombres de las personas

Sermón 1542
La Ascensión, año 2018, primera parte

Sermón 1543
La Ascensión, año 2018, segunda parte

Sermón 1544
Judas Iscariote: Que quede su morada desierta

Sermón 1545

Sermón 1546
El Concilio de Jerusalén, II parte

Sermón 1547
Las vestiduras sagradas

Sermón 1548
Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, año 2018

Sermón 1549
Solo Dios es bueno

Sermón 1550
Dios da cien veces más incluso aquí en la tierra

Misa en Barbastro





















Las fotos son de la misa en la catedral de Barbastro. Continúo contándoos mi último viaje. Llegué a Barcelona donde hice noche. Me acosté pronto, porque al día siguiente teníamos que coger un avión muy pronto hacia Santiago de Compostela. No recuerdo muy bien, pero creo que me tuve que levantar a las 6:00 de la noche. No sabéis lo que odio levantarme tan temprano. Mi cuerpo que resiste tan bien los rigores del invierno, el sol de justicia del verano, el hambre y la hartura, la poca agua, las cornadas de la vida y los embates de la fortuna, lo que resiste muy mal son los madrugones. Me lo dijo el médico:

-Tenga mucho cuidado con los madrugones.
-¿En serio?
-Sí, sí, cualquier madrugón lo podría matar.
-¿Pero puedo trasnochar?
-Sí, su cuerpo se adapta perfectamente a los excesos nocturnos. Admirablemente, diría yo.

Bueno, pues después de tanto esfuerzo, de tanto sacrificio, llegamos al avión un minuto más tarde del momento en que se cerraba el vuelo. Hago notar que habíamos facturado en la terminal. Es decir, la azafata sabía que estábamos en el aeropuerto porque habíamos facturado las maletas. Pero por un minuto nos dejó en tierra a sabiendas. Si me está leyendo algún directivo de Vueling, admito compensaciones. Porque hay que tener una maldad tipo Dart Vader para dejar a alguien en tierra, a sabiendas que no hay otro vuelo hacia allí hasta las 7 de la tarde, sabiendo que estábamos camino de la puerta.

Dart Vader hizo muchas cosas, pero nunca he oído que dejara en tierra a alguien en tierra en un vuelo nacional por un minuto. Y sin reintegro del precio del billete, por si os lo estabais preguntando. Insisto, Dart Vader, al menos, luchaba por su casa, por su familia, por su país, pero esa azafata (cuya cara regodeándose en nuestra desgracia recuerdo perfectamente) no ganaba nada.

Así que tuvimos que regresar a Barcelona hasta las 5 de la tarde. Lo cual, al final, comprendería yo que fue hasta bueno, porque Santiago se ve de sobra en dos días y no hubiéramos sabido qué hacer con un tercer día. Pero aquella azafata fue esa mañana la encarnación del Mal, el rostro de la banalidad del Mal. 

Sentí la tentación de que algún día ella estuviera en una cola camino de una nueva vida, de un nuevo futuro en otro continente, y yo le dijera: 
-Lo siento, ha llegado cuatro segundos tarde.
-¿Está bromeando? ¿Verdad…?
-Guardias, llévense a esta alborotadora.


domingo, junio 17, 2018

Una interrupción en los posts sobre mi viaje



No os preocupéis, mañana voy a seguir escribiendo sobre mi viaje. Pero hoy no puedo de ninguna manera no decir algo ante los preparativos que se hacen en Moncloa para sacar el cuerpo de Franco del Valle de los Caídos, ante los rumores totalmente fundados de leyes que prohíban la apología del franquismo.

A mí las cuestiones políticas me dejan frío, no es mi campo. Más allá de alguna broma sobre Trump, son asuntos en los que no me meto. Ni me va ni me viene. Cosas de este mundo.

Pero cuando vinculan a Franco con la Iglesia, tienen razón. No voy a poner cara de esposa ofendida que se lleva la mano al pecho y exclama sorprendida: “¿¡Yo!?”.
Pues sí, yo. ¿Qué pasa? ¿Algún problema?

Una cosa es la Iglesia y el clero y la fe, y otra un régimen político por muy cristiano que sea. Ahora bien, sería de ingratos, de ingratos y de falsos, no reconocer que nunca, desde el siglo XVII, hubo en España una obediencia más perfecta del Poder Civil a los mandatos de la Santa Madre Iglesia y a sus pastores.

Y estamos hablando de una regencia, la de Franco, de 39 años que abarcó parciamente a tres generaciones. Felipe V llegó a reinar 45 años. Felipe II, el rey más longevo de España, llegó a reinar 42 años. Duradero sí que fue. Eso no lo dudan ni sus peores detractores. Para desesperación de socialistas, comunistas y anarquistas, encima de ganar la guerra, tuvo una salud de hierro.

Ahora Franco es odiado y con razón. Porque ese regente encarna todos los valores que los enemigos del Evangelio odian. No podemos negar que el amor a Dios floreció durante ese periodo de tiempo. No todo se le debe a él, pero él fue la cabeza, el timonel, de ese tiempo. Fuera de toda duda está que, durante ese tiempo, la Ley de Dios fue la ley suprema de toda la nación. Fue una verdadera conversión nacional. España entera volvió sus ojos a Dios y a su Santa Iglesia. Como recordó monseñor Guerra Campos, ese santo obispo: hasta la mayoría de los fusilados murieron después de pedir perdón de sus pecados en la confesión.

Resulta impresionante que personas que blasfemaron, mataron a sacerdotes y quemaron iglesias, puestos delante del abismo de la muerte, escuchando las paternales palabras de los sacerdotes, se arrodillaron ante la cruz de Cristo y exclamaron de todo corazón: “He pecado. ¡Señor, perdóname!”.

Por eso, por tantas cosas, por tantísimas razones, ahora, no me extraña que el Príncipe de las Tinieblas persiga con odio incluso el cadáver de aquél que tanto daño hizo a sus planes. Realmente, no le faltan razones. 

Otros dictadores (Franco lo era) levantaron estatuas gigantescas a su mayor gloria. Franco, cuando decidió construir un monumento, ¿qué levantó? La cruz. Sí, la cruz de nuestro Señor.

Como sacerdote a nadie le debo decir qué debe pensar de una opción política determinada. Todo lo humano es opinable. Lejos de mí usar mi condición de sacerdote para meterme en banderías humanas. Pero yo, siendo sacerdote de Dios, no puedo dejar de hacer como Isaías, que recordó al Pueblo que el rey Ezequías hizo lo que él le indicó y siempre obedeció los mandamientos del Señor.

Viaje de Barbastro a Barcelona



En esta foto salgo yo. Tenía nueve o diez años. Al final del post digo quién de ellos soy. 

Continúo donde lo dejé ayer. Al día siguiente, acompañado de una buena amiga de Huesca, estuvimos toda la mañana paseando por Barbastro. Ella pertenece al camino neocatecumenal. Su amistad es un tesoro que valoro como el oro.

Por mi ciudad, saludé a familiares, a vecinos, a tenderos. Anduvimos Barbastro de norte a sur, y de este a oeste. Barbastro no es Nueva York, de manera que varias calles las recorrimos varias veces. Al mediodía, fuimos a misa. Al final, me decidí por la catedral.

Después de la comida, fui en coche a Barcelona. Allí me esperaban otros dos buenos amigos, también sus nombres los dejaré en el anonimato. Solo diré que él tiene la ironía más fina de Barcelona, y ella es una mujer de profunda vida espiritual. El piso de ella es impresionante, lleno de obras de arte, con muchos libros y un caniche que no dejaba de olisquear mis zapatos.

En la foto, soy el que tiene una lata de coca-cola en la mano.

viernes, junio 15, 2018

Ese entrañable viaje a Barbastro




El pasado sábado tuve uno de esos momentos maravillosos, uno de esos días que recordaré durante mucho tiempo: nos reunimos todos los que en Barbastro cumplimos este año 50 años.

Fue tan entrañable volver a estrechar manos, abrazar y dar besos a aquellos con los que compartí los años de preescolar, EGB y secundaria. Tuvimos un cóctel, almorzamos juntos, tuvimos una larguísima sobremesa y después baile. Yo no bailé, por supuesto; el clero no baila. Pero me gusto tanto todo. Nos reunimos a las 2:00 de la tarde hasta las 11:30 de la noche. Yo me ausenté varias horas de la tarde a visitar a un primo mío que el día de antes había tenido un niño. Pero volví un rato a eso de las 9:00 de la noche. Me costaba separarme. 

¿Y cómo no me iba a costar? Si allí estaba Laurita, con la que compartí patio de recreo cuando los dos contábamos cuatro años de edad. En realidad, estábamos juntos desde los dos años de edad. 

Allí en la reunión estuvo Teresa, mi compañera de pupitre, que era como una madre: lo que se notaba a los trece años la diferencia de madurez entre chicos y chicas. Allí estaba Juan Emilio, tantas conversaciones profundas. La alegría y vivacidad de Ana, que ahora es abogada. Y tantos y tantos otros. Podría citar tantos nombres. Fue una delicia. Todos nos alegramos de vernos de nuevo. Me dio pena que no estuvieran allí los compañeros de Monzón. Si me lee alguno, por favor, que me contacte: Pilar Fajarnés, José Luís Coll. También me hubiera gustado tanto ver a Rosalía o a Silvia Armengol.

Ver a los compañeros de primaria (que aparecen en la última foto) fue conmovedor. Era como volver a las etapas más remotas de mi vida. Cuánto me gustaba jugar al pilla-pilla (lo llamábamos cadeneta, porque lo jugábamos de un modo un poco especial) y a la sueleta, las excursiones al Pueyo, a Los Campos.

Me apena tanto no volver a ver y a charlar a algunos de mis antiguos compañeros que no estuvieron. Uno tiene su corazoncito. Fueron muchos años juntos. Muchos buenos momentos.

Qué no daríamos ahora por podernos asomar por un agujerito y ver a todos en aquella aula donde escuchábamos las clases. Juntos fuimos al cine, juntos de excursión. Si pudiéramos ver aquellos momentos por un agujero...

La vida, qué gran motivo de meditación. Qué tema para llevarlo a la oración.

jueves, junio 14, 2018

Pensando en lo impensable: claúsulas del Derecho



Continuando el tema de ayer. La cuestión de las formalidades de los decretos pontificios acerca de los cónclaves reconozco que se encuentra entre dos polos. 

El primer polo es otorgar mayor seguridad jurídica a través de las formalidades: tiene que haber un determinado tipo de testigos que otorguen fe, tiene que aprobarse según un determinado protocolo que requiere verificación y tiempo. Esta segunda condición del “protocolo” de autentificación puede parecer mero formalismo, pero el tiempo que requiere la materialización del instrumento legal otorga un espacio para que el que sospeche algo pueda hacer averiguaciones o poner en alerta a otros.

El segundo polo es no obstaculizar la flexibilidad de la voluntad pontificia para que pueda adaptarse a todo tipo de situaciones imprevistas: huida del sumo pontífice en medio de una guerra, clandestinidad en una situación de persecución, etc.

Después de darle muchas vueltas, soy favorable a dar preeminencia a un desplazamiento hacia el primer polo. Pues el Derecho siempre puede incluir la salvedad de las imposibilidades evidentes (de carácter objetivo, no subjetivo) para llevar a cabo los actos con todas las formalidades. 

Obstáculos objetivos en los que el sentido común acepta esa flexibilidad adaptativa. Una clausula bastaría para dejar claro que la voluntad inequívoca del sucesor de Pedro, ante testigos suficientes, baste para que un decreto entre en vigor. Aunque ese decreto, por ejemplo, sea respecto a las nuevas normas de convocación del futuro cónclave tras una guerra atómica.

miércoles, junio 13, 2018

Cardenales in pectore y algunas cuestiones canónicas



Hay un asunto del que nunca había hablado pero que siempre me ha producido un cierto temor canónico: el tema de los cardenales in pectore. Los que me conocen saben mi gusto por la seguridad jurídica. Desde hace años, siempre vi un peligro de incertidumbre en esta figura cardenalicia. Cierto que Universi Dominici Gregis indica que no sean admitidos en el cónclave. Y lo mismo el canon 351 del Código de Derecho Canónico. Este último prescribe:

Sin embargo, quien ha sido promovido a la dignidad cardenalicia, anunciando el Romano Pontífice su creación pero reservándose su nombre in pectore, no tiene entretanto ninguno de los deberes o derechos de los Cardenales; adquiere esos deberes y esos derechos cuando el Romano Pontífice haga público su nombre, pero, a efectos de precedencia, se atiende al día en el que su nombre fue reservado in pectore.

Ahora bien, actualmente queda la duda, cuando muere un sumo pontífice, si no habrá determinado algo en su testamento o en otro escrito. Este es un asunto de vital importancia jurídica: podría estar en juego la validez de una elección.

No estaría de más determinar un molde jurídico de expresión de la voluntad pontificia para que no quede ninguna duda acerca de este punto. Después de pensarlo, creo que también hay otro camino para despejar perplejidades. Y sería que en este tipo de casos, el de los cardenales con derecho a voto no anunciados públicamente en un consistorio general, llamémoslos los “cardenales de la duodécima hora”, la hora antes de la noche, deberían ser ratificados en su derecho de votación y asistencia al cónclave por parte del sacro collegio. Es decir, todo purpurado nombrado antes de su publicación en un consistorio general tendría que ser legitimado antes de ser admitido a un cónclave. Sin esa legitimación, no sería admitido, dejando aparte la cuestión acerca de si es o no es verdadero cardenal.

Normalmente, en 980 casos de 1.000, no habrá ninguna duda. La voluntad papal se habrá expresado de forma inequívoca con todas las formalidades que requiere un acto de este tipo por más que se realice en la intimidad del Palacio Apostólico. Pero puede haber casos en que esto no esté tan claro: sobre todo por la claridad de la mente del Papa en sus últimos momentos, o porque se hizo ante dos o tres testigos sobre los que quepan dudas.

Por eso, tal clausula me parece un sello de seguridad más. Y más porque esa clausula no niega el derecho del Santo Padre a crear cardenales en cualquier momento.

Los escritos de última hora, por ejemplo, ante un par de protonotarios apostólicos sí que son algo a tener en cuenta cuando se refiere a un futuro cónclave, pues son testigos "escogidos". Esos documentos, aunque haya seis o más testigos, dado que puede haber dudas acerca del estado mental del moribundo, suponen un cierto elemento de indeterminación. 

martes, junio 12, 2018

¿Dónde colocar la cátedra episcopal?


El lugar óptimo de la cátedra del obispo estaba en el centro del ábside de la basílica. Y mejor todavía cuando el plano del ábside estaba algo más elevado respecto al altar. Aunque, como ya expliqué con detención en mi libro La catedral de san Agustín los obispos no predicaban desde las cátedras, sino de pie junto al altar. Lo repito: de pie. O en una silla portátil cuando eran ancianos. Bueno, no voy a repetir el argumentario que sostiene estas afirmaciones, porque está todo en ese libro explicado. Pero lo cierto es que el lugar óptimo era ese: el centro del ábside.

Después, en tiempos posteriores, ya nunca se ha sabido dónde colocar la cátedra en el presbiterio. Nunca se ha logrado un lugar que satisficiera del todo. Al lado del altar, resta centralidad al ara. Además, visualmente, el presbiterio queda desequilibrado. Si se coloca delante del altar, es perfecto durante la liturgia de la palabra. Pero la cátedra no se puede poner y quitar como una silla cualquiera, y no se puede mantener allí durante la liturgia eucarística, porque ocultaría el altar.



Colocar la cátedra a un lado de la nave central tampoco es buena solución, ya que hay que pegar la sede a la pared. Con lo cual el obispo queda de lado respecto a los fieles.

Cuando la misa se escuchaba de pie, en las catedrales góticas se logró una buena solución: colocar la cátedra en el centro del coro. Pero era en la época en la que los coros estaban en el centro de la nave central.

La solución por la que optaron en algunos lugares, y me parece la menos mala, es colocar la cátedra detrás del altar, pero en un plano más elevado, entre el retablo y el altar. Pero todos ven ese lugar detrás del altar demasiado lejano de los fieles.

Una solución a esta complicada cuestión podría ser que el obispo presida y se siente en la cátedra detrás del altar, pero que predique de pie (o sentado en un asiento sencillo) delante del altar, como hace el papa en el presbiterio del Vaticano. Asiento que se coloca y se retira. Pero es cierto que la cátedra suele estar muy lejos de los fieles. En cualquier caso, este asunto no tiene solución fácil visualmente hablando. Yo, desde luego, no veo una solución perfecta que satisfaga a todos.

lunes, junio 11, 2018

Más sobre cátedras episcopales



Ya os expuse por mi predilección por las cátedras de piedra. Pero en una catedral moderna, en un presbiterio completamente blanco, resaltaría con fuerza una cátedra como la del trono neogótico de la Cámara de los lores. Este trono fue diseñado por un arquitecto católico muy religioso, Pugin.

Por supuesto que para una cátedra episcopal habría que hacer algunos cambios, pero el colorido de una sede de este estilo sería impactante en un entorno completamente blanco con asientos blancos a sus lados.

Una sede neogótica de este estilo (insisto, con algunos cambios) me parece pequeña de tamaño, lo cual evita lo teatral, la fanfarria hueca. Si yo os contara lo que he visto en campo de las cátedras… sobre todo en algunas del siglo XIX. Sobre todo cuando el artista (o el clérigo más bien) quería hacer un falso barroco o un mezcla ecléctica de propia invención.

Mientras que una sede con las líneas del trono de Pugin es muy elegante. Es muy difícil crear una sede (real o episcopal) con unas líneas con más clase. Esta sede es a los tronos lo que el Partenon en la arquitectura.

domingo, junio 10, 2018

Más cátedras, todas ellas italianas otra vez



























Siempre he pensado que la cátedra del obispo debe ser de piedra, símbolo de estabilidad. La cátedra de piedra no ofrece el mismo sentido de permanencia. Ahora bien, he visto algunas cátedras de madera muy bonita.


Pero incluso las cátedras neogóticas de madera (casi todas inglesas) no ofrecen la misma sacra simplicidad que las antiguas cátedras italianas cuyas fotos he ofrecido estos días.

sábado, junio 09, 2018

La belleza de la cátedra


Aunque ya puse fotos sobre este tema hace tiempo, no me resisto a que veáis varias bellísimas cátedras de obispos, son de iglesias italianas. Y, ya de paso, os ofrezco este sermón que, en su momento, no pude daros el link por un problema técnico:

Sermón 1538 El miedo a los maleficios





viernes, junio 08, 2018

El mediocre














Una de las últimas obras que dictó Bach ya ciego:


Cuando uno escucha esta música tras comulgar en la misa y se recoge en la acción de gracias, es cuando uno se da cuenta de que esta música se acopla como anillo al dedo a ese tipo de oración, a ese momento sublime. Yo, siendo seminarista, había escuchado a Bach en varias misas, pero no me di cuenta de que Bach estaba allí, precisamente porque se ajustaba tan perfectamente al momento que se volvía imperceptible.

Fue después, cuando escuché otras músicas, muchas otras músicas, cuando me di cuenta de que la música de órgano de Bach como esa no era otra música más, sino La Música.

Curiosamente, en 1722, cuando Bach solicitó el puesto de director en Leipzig, había cinco músicos como posibles candidatos. El consejo de la ciudad ofreció el puesto a dos de esos cinco. Pero declinaron la oferta. Bach obtuvo el puesto. Pero como comentó un miembro del consejo municipal: Ya que no podemos conseguir al mejor, tenemos que contentarnos con el mediocre.


jueves, junio 07, 2018

Cuatro citas para este día




















Primera cita: Como ya un periodista escribió, citando a Roger Stone: “To use Stone’s “awesome” rating of powers, pardon authority is... well... the awesomest”. (Pido perdón por ponerla en inglés, pero era intraducible.)

Segunda cita: Esta es del Cardinal Müller: «La homofobia es un invento, un instrumento de dominio totalitario sobre la mente de otros»

Tercera cita: De El paraíso perdido de John Milton, frase con la que concuerdo totalmente: “La mente es su propio lugar, y en sí misma puede hacer un cielo del infierno, o un infierno del cielo”.

Cuarta cita: Atribuida a Winston Churchill, aunque ya no sabemos cuáles son de él realmente: “El político debe ser capaz de predecir lo que va a pasar mañana, el mes próximo y el año que viene, y de explicar después por qué no ha ocurrido”.

miércoles, junio 06, 2018

La posibilidad de que un presidente se conceda un autoindulto: más reflexiones



Continúo el post de ayer. La constitución estadounidense no precisa que se inicie un largo proceso para añadir una enmienda. Basta con que el Tribunal Supremo declare con todas las formalidades legales que la interpretación del pardon requiere alteridad. Este tema es tan importante que debería haber una declaración del Congreso y otra del Senado apoyando tal declaración. Así cualquier presidente del futuro evitará la tentación de usar tal medida.

Pero, a la larga, la república debería plantearse si el mismo concepto de indulto no es una vulneración de la separación de poderes. El indulto es siempre un abuso. Lo que todo ciudadano requiere es un juicio justo. El juez ya debe tener en cuenta las circunstancias. Lo repito: todo indulto es un atentado contra la Justicia.

Si no se retira esa posibilidad, cabe una triquiñuela con el actual texto legal. Aunque el presidente no tenga la posibilidad de autoindultarse, sí que puede renunciar al cargo un día antes de que acabe su mandato, habiendo pactado que el vicepresidente le indulte de todo.

Lo mejor es quitar esa puerta trasera que los políticos dejaron abierta en todas las constituciones.

Una última cosa, Trump ha dicho: I have the absolute right to PARDON myself. Donald no sabe mucho de Derecho Constitucional. Si supiera el Derecho que sustenta sus poderes, sabría que el poder de un presidente, en una determinada materia, puede ser pleno e incluso total, pero nunca absoluto. En una república con un Estado de Derecho, nadie tiene un poder absoluto en ningún campo.

martes, junio 05, 2018

¿Un presidente puede indultarse a sí mismo?


Estimado Trump: De verdad que te estimo. Cuando faltes va a ser muy difícil reemplazarte. Lo del autoindulto me encanta. Cuando lo leí, me dije: “Esto es genuino Trump al 100%, Donald en estado puro”. Solo veo tres pequeños problemas sin demasiada importancia.

Primero: El perdón jurídico siempre es a otro. En toda la historia del Derecho Constitucional, nunca ha habido ningún legislador, ningún padre constitucional que haya planteado la posibilidad del propio perdón. Ya que todo culpable si pudiera autoindultarse a sí mismo, lo haría. Siempre y en todos los casos, a cualquier nivel, todo culpable lo haría.

Segundo: Precisamente, porque el punto primero ha sido universalmente aceptado como lógico e indudable, los padres fundadores de la Constitución de Estados Unidos establecieron el proceso de impeachment. Para, acabado este en su segunda fase, la del Senado, el presidente pudiera ser acusado ante un tribunal ordinario y dar cuentas ante la Ley. Si el punto primero no hubiera estado en la mente de los padres fundadores, la Constitución establecería el proceso de impeachment y establecería que allí acaba todo. Pero, precisamente porque el punto primero se daba por supuesto, tras la fase senatorial del proceso de impeachment comienza el proceso judicial de liability. Me ahorro aquí las largas disquisiciones jurídicas acerca de si se puede iniciar un proceso de impeachment sin ninguna base delictiva.

Tercero: Si el perdón legal no requiriese alteridad, si esto no hubiera sido aceptado así por los redactores de la Constitución, cualquier presidente podría realizar los mayores crímenes, los mayores robos, a sabiendas, de que después se podría otorgar el perdón pleno. Y más sabiendo que el proceso de impeachment lleva su tiempo. Con lo cual, nunca le va a coger por sorpresa.

Mañana seguiré con el tema del indulto presidencial. Hoy no deseaba hacer un post largo.

Apasionantes cuestiones constitucionales



Nuestro queridísimo presidente Donald Trump, presidente de vuestros Estados Unidos, ha dicho que puede concederse a sí mismo el perdón presidencial por el tema de la trama rusa. Este tema resulta apasionante desde un punto de vista legal. Mañana un monográfico sobre el tema.

Cuánto voy a echar de menos a Donald cuando se retire o sea retirado. Este hombre es una mina para todos los blogs del mundo. Afirmar que el actual inquilino de la Casa Blanca ha colmado todas las expectativas de los bloggers del mundo es poco. 

En fin, mañana el post. si no fuera tan tarde, esta sería causa para un día con dos posts. Ya estoy deseando que amanezca.

lunes, junio 04, 2018

Otro post sobre los obispos y el carácter episcopal



El post de ayer sobre los obispos no ha sido un escrito de después de la cena de algo que se me ocurre en ese momento. Se trata de algo sobre lo que llevo meditando desde hace años. Y es que siempre me intrigó saber qué querían decir algunos predicadores cuando hablaban de los obispos como pastores verdaderos o predicadores principales y cosas por el estilo. Creo que mi opinión ha quedado ya bien expuesta.

Pero me gustaría añadir otro ejemplo, si alguien dijera que el obispo es el que tiene el sacramento del orden de forma verdadera estaría cometiendo un error. El diácono y el presbítero tienen el sacramento de forma tan verdadera como el obispo, cada uno lo tiene de forma verdadera en su grado.

Tampoco podríamos afirmar que el obispo es el que tiene el sacramento del orden por antonomasia. Porque el presbítero y el diácono tienen su grado del sacramento de forma tan auténtica y tan perfecta como el obispo lo tiene en su tercer grado. El presbítero es sacerdote de forma perfecta, no es una res imperfecta. Podemos decir que el obispo tiene ese sacramento en plenitud, de forma excelente y otros calificativos. Tampoco el diaconado es un grado imperfecto o incompleto. En sí mismo, ese grado es lo que ha querido que Dios sea, no le falta nada.

Tener en cuenta esta realidad sacramental nos hace entender de un modo recto las funciones que se derivan de la realidad. Yo venero el carácter episcopal en general, y a los obispos de forma concreta, de un modo muy intenso. Siempre ha sido así, desde que era seminarista. Pero algunos presbíteros pueden ir más allá y cuando alguien les hace reparar en ello, pueden responder con un “bueno, tú ya me entiendes”. Y hay que responderles con cara seria: “No, no te entiendo”.

Me acuerdo una vez de las cosas que decía un sacerdote joven respecto a las decisiones de cierto obispo, delante del mismo obispo. Cuando acabó de hablar, el ecónomo bajó la vista y concluyó: Fulanito, eres un botafumeiro. Todos rieron, incluido el culpable.

Además, el Destino es un poquito vengativo y después suele ser poco generoso con los botafumeiros.

Si hubiéramos estado en una piscina, aquel sacerdote cayó totalmente de tripa:


domingo, junio 03, 2018

Un post más relajado


Como el tema del post de hoy (el de abajo) me ha salido un poquito denso, dejo aquí para las almas sencillas una música de película que he escuchado muchas veces estos días:

Patton

Los siete magníficos

Perfilando algunas palabras de un documento de Pablo VI que es muy citado



Hoy he dedicado bastante tiempo a la revisión de un largo artículo mío, publicado en Ex Scriptorio, el artículo que trata de los obispos como maestros. La razón de esa revisión ha estado en la lectura del decreto Christus Dominus de Pablo VI, año 1965. Después de reflexionar sobre el tema durante años (y, por supuesto, aceptando todo el contenido de ese documento papal), me pregunto si no sería mejor cambiar tres términos de ese decreto. Con tres cambios quedarían mucho más claros algunos párrafos. Los comentarios que hago, lo repito, los voy a realizar dejando claro que comparto totalmente el contenido de Christus Dominus.

Dedico cierto tiempo a exponer esos cambios, porque esos tres conceptos del documento han sido repetidos muchas veces en otros escritos y me parece que son susceptibles de ser perfilados mejor. No es una crítica destructiva contra el documento. Solo reflexiones acerca de que el cambio de algunas palabras por otras términos hubieran dejado más nítidos algunos pensamientos.

El primer párrafo susceptible de un cambio pienso que es el que dice:

Por consiguiente, los Obispos han sido constituidos por el Espíritu Santo, que se les ha dado, verdaderos y auténticos maestros de la fe, pontífices y pastores.

Me pregunto si no prestaría mayor claridad afirmar que los obispos son “acreditados maestros de la fe”. La palabra auténtico se usa en teología con dos de los sentidos que da el Diccionario de la Real Academia:

-Acreditado como cierto y verdadero por los caracteres o requisitos que en ello concurren
-Certificación con que se testifica la identidad y verdad de algo.

No siempre coinciden los significados del diccionario de la Real Academia con los sentidos que, a veces, le da la teología. Pero, en este caso, sí.
Pero justo es reconocer que la palabra “auténtico” se presta a ciertas ambigüedades semánticas que no las tiene la palabra “acreditado”. 

Y suprimo un sinónimo para “verdadero”, porque el sentido en que se entiende que el obispo es “verdadero maestro” sería mucho más largo de explicar. Y es que si la palabra “auténtico” tiene un sentido preciso en teología, la palabra “verdaderos” en esa frase sí que es mucho más laberíntica de entender. En fin, para el que quiera más información sobre la palabra “verdadero” en este caso, ofrezco mi artículo.


Otro párrafo que creo que podría admitir una redacción más nítida y precisa es el siguiente:
La diócesis es una porción del Pueblo de Dios que se confía a un Obispo para que la apaciente con la cooperación del presbiterio.

Honestamente, creo que es más adecuado decir “que se confía a un obispo para que la apaciente con el presbiterio”. Cambia mucho eclesiológicamente afirmar que la diócesis es un rebaño que tiene como pastor al obispo, el cual tiene cooperadores, a decir que todos son pastores, aunque un pastor tenga autoridad sobre otros pastores. Los presbíteros son colaboradores del obispo, pero no son meramente colaboradores-delegados del único pastor de la diócesis.

El obispo da destinos a los presbíteros. El papa da destinos a los obispos. El esquema eclesiológico es exactamente el mismo a un nivel y a otro. El Papa no tiene a los obispos como colaboradores, los obispos son verdaderos pastores de sus diócesis, no delegados. En mi artículo explico por qué el obispo no tiene meros colaboradores, sino que es un pastor de pastores. El párroco que lleva treinta años en una parroquia y ha bautizado a sus habitantes, les ha dado la primera comunión y los ha casado, los conoce como la palma de la mano y le quieren como un padre, no es un mero delegado y el obispo es el verdadero pastor.

El obispo tiene verdadera autoridad sobre el pastor, pero el que realmente ejerce el oficio de pastor en esa comunidad es el párroco que está allí todos los días, que alimenta a sus ovejas y las cuida. Afirmar que el verdadero pastor es el obispo y que el que está allí todos los días es un mero colaborador es, cuando menos, confuso. Sería como que llegara el director de un hospital y le dijera al paciente: “Yo soy su verdadero médico. El médico del pueblo que le ha atendido a usted y a su padre y a sus hijos durante veinte años era un mero colaborador”.

El otro párrafo que pienso que podría perfilarse mejor es el siguiente:
Los Obispos (…) son los principales dispensadores de los misterios de Dios...

El obispo ejerce su ministerio, ante todo, ejerciendo su autoridad. La característica esencial del episcopado es el gobierno. Resulta evidente que son los presbíteros los que pueden dedicarse más a dispensar los sacramentos. El sentido del texto (y así lo han entendido todos los lectores) es que los obispos son dispensadores del sacramento del que dependerá después la otorgación de los misterios de Dios. Creo que la frase gana cambiándola por “los obispos son los dispensadores del sacramento fuente de los misterios de Dios”.

Hay otros sentidos para la palabra “principal”, pero me parece que el sentido que le quería dar Pablo VI es el que he dicho.

Este es el link al libro mío por si alguien quiere leer el artículo que he mencionado: