miércoles, mayo 25, 2016

Reflexiones sobre Neovaticano II: la Iglesia puede seguir muchos caminos


He releído mi post de ayer. Sus erratas ortográficas son la prueba de que, a veces, tengo poco tiempo y no puedo hacer ni una segunda lectura. En ese sentido, mis post sí que son verdaderamente pensamientos: espontáneos y no repasados.

 Pero volviendo al tema de ayer, en todo esto, veo una simetría muy notable con la biología. La cual crea ranitas pequeñas y encantadoras, aunque también colosales dinosaurios que son el asombro de hasta donde se puede llegar en el desarrollo de las leyes que rigen la anatomía. Dios ha creado la rosa y la secuoya, el faisán y el gorrión.

No tengo la menor duda de que la Iglesia no seguirá un camino único. También es curioso que una persona como yo, que llevo una vida nada encorsetada por el ritualismo, me complazca en crear ese tipo de construcciones inmateriales ceremoniales que tantas veces he expresado aquí.

Releyendo el post de ayer, puedo explicar más un punto. Yo no abogo por una Curia que va por libre, por una Curia autónoma, no. Pero la Curia no es un órgano al servicio del Santo Padre. La Curia está al servicio de la Iglesia bajo el gobierno del Santo Padre, que no es lo mismo.

Es decir, sin cambiar el estatus eclesiológico de la Curia, podemos tomar decisiones que le concedan una presencia más sustancial en la Iglesia (sin mandar más sin intervenir más), o hacer de ella un órgano casi invisible que apunta de forma casi exclusiva a la persona del Santo Padre.

Es decir, del mismo modo que no me gustaría una Iglesia centralizada, tampoco creo que lo ideal sea una curia vaticana centralizada. Honestamente, lo digo con sinceridad, no creo que ahora lo sea. Pero debemos profundizar más en una especie de eclesiología de la Santa Sede. Hay tenemos las excelentes declaraciones del Cardenal Müller cuando dijo con toda razón: No me eligieron para ser una copia servil del Papa.

Lo que he dicho en este post puede parecer innecesario. Pero de estar en ese puesto de Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe una persona u otra, cambiaría la actuación ante cuestiones verdaderamente esenciales.

¿La curia vaticana que tenemos ahora es la única curia posible? La respuesta es no. Se pueden hacer más cosas que simplemente elegir a las personas. Aquí quiero recordar modestamente mi libro El león y las llaves o una novela mía con cuya escritura disfruté mucho: Torres góticas. No creo que haya tampoco muchos sacerdotes que le han dado tantas vueltas al tema de la líneas teológicas que pueden regir el desarrollo de la Santa Sede. 


Aunque, lo reconozco, yo en eclesiología tiendo subconscientemente un poco al medievalismo y a un cierto arqueologismo.

martes, mayo 24, 2016

Reflexiones sobre Neovaticano: reimaginando la cabeza de la Iglesia


El post de ayer tuvo mucho éxito. Nunca volveré a dudar de vuestras aficiones funerarias. Vuestras perversiones de carácter pontificio, a veces, me preocupan. Aun así, me gustaría hacer algunas reflexiones posteriores. ¿Creo que la Iglesia en el futuro será ritualística, rígida y llena de formalidades? No.

Mi opinión es que la Iglesia será todo lo que pueda ser. Es decir, que desplegará todas las posibilidades de su ser, desde la sencillez más absoluta hasta la magnificencia más extrema, desde el mayor minimalismo posible dentro de la ortodoxia al barroquismo más desbordado pero todavía dentro del sentido común.

Y aunque creo esto, en mi obra Neovaticano exploro una posibilidad que no he leído en ningún otro autor. La posibilidad de diferenciar de forma clara algunos elementos eclesiales que ahora están mezclados, mezcla que les obliga a andar a la par y a mantenerse en un razonable término medio.

En mi libro quedaban diferenciados la persona del Santo Padre, la Curia Romana y el enclave del Celio. En Neovaticano la Curia no se agranda más en sus dimensiones ni atribuciones, pero sí que adquiere una presencia eclesial más clara, más sustancial. No manda más ni interviene más, pero queda más claro que la Curia no es una mera extensión del pontífice, es más como un órgano del cuerpo. Algo así como lo que ha dicho el cardenal Müller. Aunque no lo haya dicho tan claramente como yo sí que puedo decirlo.

Pero para acabar de hacer más interesante el panorama de lo posible, en mi obra la Curia está enclavada físicamente en el centro del Celio. Distinguiéndose completamente entre la Curia y el Celio.

De esta manera, proponía en Neovaticano una Curia que era un elemento estéticamente a medio camino entre el Papa (que puede optar por vivir del modo más sencillo posible en el Vaticano) y el Celio que por su naturaleza era el escenario planetario de grandes liturgias y un entorno propicio al desarrollo de rituales y protocolos.

Creo que la relación dinánica entre estos tres elementos sería apasionante. La persona del Papa que será lo que quiera ser con toda libertad: sencillo o barroco, ritual o espontáneo, tradicional o innovador. La Curia como organo de servicio a la Iglesia a través del seguimiento de las directrices de gobierno dadas por la persona del Santo Padre. Una Curisa cuyos miembros contarán con gran margen de libertad para seguir una línea estética u otra, una línea papal o una línea más célica. Y, finalmente, el Celio como entorno de la Curia y que tiene un encargo muy concreto dentro de la Iglesia, el encargo de formar un verdadero microcosmos cultual.

Estas diferencias estéticas pueden ser símbolo también de diferencias de aproximación a los problemas y cuestiones eclesiales. Por citar un ejemplo, la posibilidad de un Papa reformador, una curia más tradicional y un Celio totalmente conservador.


Neovaticano me pareció una obra de experimentación eclesial. La hipótesis de una compartimentación de la Cabeza de la Iglesia: la persona del Santo Padre, sus colaboradores que forman la Curia, y el escenario donde se desarrolla la actividad de esos dos primeros elementos. Escenario que en Neovaticano pasa a ser un elemento sustancial.

Este momento, pensando estas cosas tan importantes, es el momento perfecto para comerme una pizza mediana de pepperoni, aceitunas negras y pimiento morrón. Compruebo que el capítulo de Los Simpson es, lamentablemente, repetido. Muy repetido.

Protocolo a la muerte de un Papa






















Tres días atrás, hice una pequeña añadidura a la más loca de mis obras, la más excesiva: Neovaticano. Era el protocolo, dividido en diez pasos, que se seguía en ese libro cuando moría un sumo pontífice en el Celio. Os participo esos diez pasos. Tomaos esta orgía ritualística con cierta indulgencia, a partir de los 45 años mis neuronas comenzaron a ejercer sus funciones de un modo progresivamente más caprichoso.

Levantamiento del acta: En cuanto el médico advierte que el Romano Pontífice ha fallecido, se llama a un protonotario apostólico para que levante acta oficial de la muerte. El protonotario con dos testigos le golpeará con un martillito la frente llamándole tres veces por su nombre de pila. Si no contesta a la tercera vez, se levantará acta en el mismo dormitorio.

Toque de las campanas: Sólo una vez que el acta esté firmada por los tres y sellada, el protonotario dará orden para que las campanas del basilicarión tañan con el toque fúnebre. Éste será el modo de anunciar al mundo la muerte del obispo de Roma. Todas las campanas del Celio se le irán uniendo paulatinamente. Desde ese momento, la Guardia Romana irá cambiando sus uniformes por los de luto.

Traslado de los símbolos: Dada la orden de tocar las campanas, el protonotario recoge tres objetos que siempre deben hallarse en el apartamento papal: el Anillo del Pescador, las Llaves Petrinas y los sellos pontificios. El protonotario, escoltado por treinta soldados de la Guardia Romana, se dirigirá al archivo del Claustro Central con esos objetos.

Primer responso: Mientras tanto, se reza el primer responso en el dormitorio papal. Responso solemne en el que participan unos quince clérigos, y cuyas ceremonias y plegarias está especificadas en todos sus detalles en un bello ritual de grandes páginas. Ese primer responso queda a cargo de los sacerdotes más íntimos y los que están presentes en el palacio en ese momento.

Despliegue de los pendones negros: Acabado el primer responso, mientras suena el tañido fúnebre de las campanas, el Prefecto de la Casa Pontificia da orden de que se cuelguen los largos pendones negros de las ventanas del palacio. Acto seguido se hará lo mismo en las ventanas del edificio de la Curia y en los dos grandes arcos de la fachada del Basilicarión.

Anuncio desde el balcón: Tras extender los pendones, el Prefecto de la Casa Pontificia saldrá al balcón de la Archibasílica a dar la noticia al mundo de viva voz. La plaza del Basilicarión se ideó para dar avisos al orbe, por eso se da la noticia desde allí, comenzando el anuncio con las palabras latinas: Vere Papa mortuus est.

Destrucción de los sellos: En una sala del edificio de la Curia, ante testigos, el protonotario levantará acta de la destrucción de los sellos. Sobre el acta se sellará por última vez con el sello de tinta y con el sello seco, para que el acta muestre en el futuro que eran los sellos auténticos. Acto seguido, a la vista de todos, se destruirán allí mismo con el martillo ritual que se emplea para llamar a la puerta del Basilicarión.
Tras eso, en una cámara acorazada, se guardarán el anillo y las llaves petrinas. El anillo no se destruye, pues no sirve para sellar. El día previo al inicio del cónclave, tanto las llaves como el anillo se llevarán al Claustro Cardenalicio.
Acabado el primer responso, saldrán todos. Se quedarán las personas encargadas de limpiar el cuerpo del difunto y revestirlo con amito, alba y cíngulo.

Segundo responso: Cuando esté revestido con esa vestidura que simboliza su bautismo, interrumpirán la vestición para que entre el segundo grupo de clérigos que rezará el segundo responso. De este segundo responso se encarga la comunidad de frailes benedictinos del Claustro Central. Tras ello le revestirán con el resto de ornamentos pontificales.

Tercer responso: Al acabar la vestición, entra el tercer grupo de frailes que reza el tercer responso. De este responso se encargan los frailes cistercienses del Claustro Central. Finalizadas esas oraciones, se traslada el cuerpo al vestíbulo del Palacio.

Sellado de los apartamentos papales: En ese momento se sacan los elementos médicos del dormitorio así como las sábanas. Y sin más dilación, un protonotario sella las dos entradas a los apartamentos papales. Las dependencias papales de los tres palacios apostólicos del Celio sólo tienen cada uno de ellos dos puertas de entrada a las dependencias papales. Esas puertas son cerradas con llave, después se corre una cinta por los pomos de bronce y sus extremos se sellan con un sello metálico. Las llaves las custodiará un protonotario hasta que haga entrega de ellas al Camarlengo.
Acabados estos diez pasos, se considera finalizado el protocolo inmediato a la muerte de un pontífice y ya comienza el luto de los novemdiales.
        
Este protocolo tiene una particularidad, si el sumo pontífice muere entre las 00:00 y las 8:00, el anuncio del fallecimiento no tendrá lugar hasta las ocho de la mañana. La razón es que no tiene ningún sentido despertar a todos los habitantes del Celio con las campanas, ni tampoco privar del sueño a las numerosas personas necesarias para poner en marcha todo el protocolo explicado. Con el, así llamado, respeto del silencio de la noche se evita también que muchos periodistas tengan que estar haciendo guardia toda la noche para dar la noticia. Sin contar con que siempre hay personas en sus casas que sin duda irían retrasando un poco más el irse a la cama, por la curiosidad de esperar a ver si dan la noticia.

Para evitar todas estas cosas, si el Papa muere en ese intervalo de tiempo, los presentes rezarán un responso y se irán a dormir. A la mañana siguiente, el Prefecto de la Casa Pontificia avisará al protonotario apostólico para que levante acta de manera que el anuncio se pueda dar exactamente a las 8:00 en punto con el tañido de campanas. Ni siquiera hay razón para que el protonotario tenga que levantarse en mitad de la noche. No pasa nada por el hecho de que corran rumores por el Celio o el mundo antes de esa hora. Estos sólo se confirmarán o no a la hora determinada con el toque fúnebre de las campanas, seguido del despliegue de los pendones negros de las ventanas del Palacio.

lunes, mayo 23, 2016

Esos prejuicios posconciliares, cuando nos libraremos de ellos












































































Ayer hablaba de un modo jocoso de algo serio, los símbolos. Si me lee alguien del Vaticano, le pediría que reparara en un pequeño detalle: las fotos de las ceremonias papales en San Pedro del Vaticano nunca salen con el color, textura y definición con que aparecen las fotos, por ejemplo, de la ceremonia de apertura del parlamento británico.

Cualquier experto en fotografía podrá explicar la diferencia de calidad entre unas fotos y las otras. Desde hace años no deja de sorprenderme la dureza y frialdad de las fotos vaticanas, sin que vea que eso tenga visos de arreglarse. Sin contar con el carácter artístico de las fotos inglesas citadas como ejemplo no tiene nada que ver con el tono anodino de las fotos de las ceremonias papales.

Dejando aparte el tema de las fotos, después está el mismo uso de los símbolos. El uso de estos en el parlamento británico es magistral. En Roma, son muchos los fallos que he mencionado en este blog (y los que no he mencionado) que no resistirían una comparación.


Pero hay dos diferencias radicales entre la monarquía inglesa y los encargados de determinados asuntos pontificios. Una diferencia me la guardo en mi augusto pecho, la otra es que en Roma se tiene todavía la sensación de que como hay muchos pobres en el mundo, tampoco hay que pasarse en esto de la belleza, aunque eso suponga simplemente cambiar las texturas de las fotos.


sábado, mayo 21, 2016

Tarde feliz


Ah, que tarde tan agradable almorzando con una familia de amigos. La deliciosa tarta de calabacín con piñones recién sacada del horno, la tierna merluza con guarnición de almejas y la mejor tarta de manzana que he tomado en mi corta vida no son nada al lado de las placenteras horas que he pasado con ellos charlando y bromeando. Horas felices con su hija mediana de diez añitos (creo) sentada junto a mí en el sofá y reposando, de tanto en tanto, su cabecita sobre mi pecho mientras hablaba con sus padres. Sólo he echado de menos un gato ronroneante que acariciar mientras estábamos de sobremesa en ese sofá.

En un momento dado me han preguntado qué libro mío aconsejaría para una niña de esa edad: ¡Summa Daemoniaca!, he respondido sin dudar.

Como a mí no me gusta el vino, hasta han tenido el detalle de comprar una botella de Agua de Vichí que es el agua más rica de toda la península. Creo que como agradecimiento debería escribir alguna obrita corta para niños. No sé, una historia de cardenales o algo así. A los niños les encantan las personas vestidas con trajes raros. Los cardenales pueden servir.

Precisamente por eso he llevado mi sombrero, para que la niña jugara con él. A los infantes les gustan mucho los sombreros. A veces pienso que mi sombrero clerical lo he comprado más bien para solaz de los niños. Lo que les gusta.

Todos somos un poco niños. Por eso creo que el Papa Francisco se debería dejar de escrúpulos y ponerse todos los complementos papales. Como el Kent (de Barbie), todos los complementos. Debería hacerlo pensarlo en todos los niños del mundo que somos nosotros.

También es verdad que no le pega. Parecería puro teatro, un postizo. Hay personas a las que les pega una tiara y otras no. Como decía mi abuela: A fulano le pega eso como a un santo dos pistolas. No, ciertamente al Papa actual no le pega.

Post Data: ¿Se puede no querer a un cura con una cara tan tierna como el de la foto? Hasta Podemos se va a replantear su relación con la Iglesia tras ver la foto.

viernes, mayo 20, 2016

Heredarás el viento


Me alegro mucho, muchísimo, de que un juez haya permitido asistir al partido de mañana con la bandera independentista, la estelada. La Justicia no está para obligar a los demás a hacer lo que piensa la mayoría, sino para obligar a todos al imperio de la racionalidad. La Justicia sólo se debe a la razón, no al número de votos ni a la estadística ni a la defensa de los valores más ampliamente aceptados.

Estoy tan convencido de eso, que no tengo la menor duda de que nosotros los sacerdotes debemos ser los primeros en reconocer que gustosamente estamos sometidos a los tribunales. ¿Qué otra cosa podemos desear más que que se haga justicia, aunque sea condenándonos? Nadie está excluido de ello, ni los obispos ni los arzobispos ni los cardenales. El Papa sí porque vive en un país independiente. Así que a él, como excepción, desde un punto de vista meramente jurídico, sólo le juzgará una justicia que no es la de este mundo.

Pero el resto debemos enorgullecernos del sometimiento al Estado de Derecho. Y por eso sufro al ver cuando se hiere a la Justicia. Cosa que sucede en todos los países del mundo, en todas las épocas, porque la Justicia siempre ha estado y está amenazada.

El ciudadano medio de todas las naciones no suele amar la justicia de su país. Porque el ciudadano común piensa que los tribunales están ahí para darle la razón. Y si la propaganda les azuza sabiamente, si se les toca los resortes adecuados, a los ciudadanos lo que les gusta es la turbamulta, el linchamiento, ¡la mano dura!


El Pueblo ejerciendo como juez siempre ha sido una de las expresiones más deleznables del fascismo de izquierdas. Los dictadores siempre han estado encantados de esos tribunales populares. Nunca les han fallado. 

Sinceramente, me hubiera gustado ser juez. Nunca he deseado ser ni astronauta ni marino ni policía ni actor ni músico ni cantante ni buzo. Pero sí que hubiera disfrutado siendo juez. Sea dicho de paso, tengo una novela titulada El juicio que puede ser leída en Biblioteca Forteniana. Una novela muy bonita por cierto.

Qué bonito es cuando los curas nos reunimos todos juntos


Hoy hemos tenido una comida todos los sacerdotes de la diócesis por ser la fiesta de Jesucristo, sumo y eterno sacerdote. ¿Qué conclusión eclesiológica he sacado de este día? Pues la de que al clero nos persigue la tarta barata de bizcocho y nata vayamos al restaurante adonde vayamos. No importa en qué local de restauración nos refugiemos, allí nos estará esperando esa masa compacta de harina rellena de colesterol color blanco.

Pero ésa ha sido la única nube gris en medio del cielo azul primavera de este día. Primero de todo, celebro muchísimo el lugar donde nos hemos reunido: ha sido un acierto total. El clero se ha hecho lenguas de lo atinado de la elección. Son pocas las veces que nos reunimos para celebrar algo. Hacerlo donde lo hemos hecho, un lugar moderno y bonito, ha sido una magnífica elección llena de gusto. Un local sin lujos, pero agradabilísimo.

Además, nos hemos reunido bajo una carpa. La idea de tienda tenía para todos nosotros evidentes reminiscencias bíblicas. La comida, ¡otro acierto! Nada caro, nada que nos averguence ante nuestros feligreses. Pero sin ser caro el sitio ha suscitado la unánime aprobación de coadjutores y capellanes, de vicarios episcopales y canónigos, de los del Opus y de los del Camino. La dieta no era la del rey Baltasar: salmorejo de primero, y carne guisada de segundo. Todo presentado muy bien.

Ni un palabra puedo decir de lo que haya precedido a la comida, yo tenía guardia en el hospital. Pero al clero sencillo, noble, hecho a estrecheces, hoy, gracias a la comida, se le veía contento, se le veía reír y contar chistes. Desde este humilde post felicito a los que han tomado la decisión gastronómica. Pero el postre, ese postre, ¿qué hay que hacer desde este blog para que no vuelva a aparecer en el menú?

Hace cuatro días tomé un flan delicioso. No era un flan normal, era la Gioconda del mundo del flan. Otra posibilidad, humilde pero honrada, es el arroz con leche. Hasta preferiría una simple taza de chocolate marca Ram antes que esa tarta masónica de todos los años.

jueves, mayo 19, 2016

Tratar de ganar tiempo cuando el Destino ya viene a por ti










Hoy estamos en Venezuela. Este blog no podía no acompañar a todos esos millones de personas que están haciendo Historia. 

Debe ser una sensación muy intensa la de que las tablas del suelo se te están hundiendo bajo los pies. Que te mueves y mueves, pero todo se está viniendo abajo. Ese momento en que sabes que no hay ningún punto firme en el que te puedas apoyar, ninguno sobre el que te puedas mantener de pie.

Siempre puedo negociar, siempre puedo ceder en algo. Hasta que llega ese impresionante momento en que no hay nada que negociar, en que ya nadie pretende que cedas nada.

Esa hora del reloj en que ya no tienen demasiada importancia las órdenes que des, porque ya nadie obedece tus órdenes. Ese día en que te quedan pocos leales y esos pocos leales se han convertido en traidores. Vivir en un país en el que todos son traidores. Esa angustiosa sensación, nunca antes experimentada, de vivir en un país que se ha convertido en un gigantesco coto de caza con una sola presa.

Haber estado convencido de que siempre te quedan muchas puertas por las que escapar dignamente a otros lugares lejanos, y descubrir que esas puertas están cerradas por dentro. Todas las puertas de salida están cerradas porque vivo en un mundo de cobardes. Vivir en un mundo de cobardes sin poder salir de un país de traidores.

La experiencia de tantos bastiones inexpugnables caídos nos recuerda que las agonías de los regímenes nunca son largas. No importa las locuras que esté dispuesto a hacer un monstruo, no importa el baño que se quiera dar, la Historia señala lo fugaces que son los últimos momentos, como todo se precipita, como todo estaba más a la vuelta de la esquina de lo que parecía.

Siempre recordaré, hasta el menor de los detalles, a Ceausescu moviendo los dos brazos en su último discurso, tratando de hacer callar a la multitud. Sus gestos de impotencia, sus ojos que veían lo que jamás pensó que vería. Desde ese balcón fue directamente a un helicóptero. Pero ya era tarde. Después de tantos años era tarde. Pudo haber cambiado las cosas durante años, pero no en el último día.

Este tipo de gente siempre se refugia en un cuartel militar. Sin darse cuenta de que ya es demasiado tarde. 

miércoles, mayo 18, 2016

Historia del galero cardenalicio


Durante años he tratado de resolver una duda cuya respuesta no encontraba en ningún libro: ¿en qué posición iban las borlas cuando los cardenales portaban el galero? Año tras año he mirado pintura tras pintura de todas las épocas para resolver esta cuestión: ¿las cinco filas de borlas iban colgando en la espalda o sobre el pecho?

En los últimos años la respuesta a esta pregunta me iba quedando clara. Pero los cuadros y grabados no acababan de darme una prueba definitiva, pues los que mostraban con claridad donde iban las borlas eran demasiado tardíos. Mientras que las tablas e iluminaciones más antiguas mostraban bien el galero, pero no las borlas.

Pero, por fin, tras ver la tabla del siglo XV, atribuida a Diego de la Cruz, titulada Virgen de la Misericordia con los Reyes Católicos y su familia ya todo está claro. Esa tabla es la prueba definitiva. Así que paso a dar las conclusiones.

Primero se llevó el galero sin borlas como símbolo del cardenalato. Pero un sombrero con ala tan amplia tiene el inconveniente de que el viento lo echa a volar con facilidad. Eso sucede con incómoda frecuencia incluso con el saturno clerical que es mucho menos ancho. A poco viento que haga, los sacerdotes llevaban y llevan el saturno sobre la cabeza pero ligeramente sujeto con una mano.

Así que pronto el galero llevó un cordón en la parte delantera. No un cordón ceñido a la barbilla, lo cual es incómodo. Sino un cordón que colgaba del pecho. Con eso el sombrero quedaba sujeto si había un golpe de viento y nunca caía al suelo. A menos que la dirección del viento fuera exactamente desde las espaldas hacia delante. Pero si se desviaba un poco de esta dirección, la barbilla detenía el cordón, y el sombrero caía de nuevo sobre las espaldas.

Con el paso del tiempo, el cordón se embelleció con una borla. Sin duda, al principio, fue sólo una y grande. Era una mera cuestión ornamental. Después se añadieron algunas borlas más, sin establecerse un número fijo. La razón de que tuviera más borlas el galero se debía a que, al ser un sombrero grande, era preferible llevar algo que hiciera de contrapeso al galero si éste se echaba a la espalda. Ya que, de lo contrario, el sombrero se iba hacia abajo y el cordón quedaba incómodamente pegado a la barbilla y haciendo presión sobre ésta.

Pero si el número de borlas superaba al peso del galero, entonces el galero quedaba pegado al cogote de un modo estético,  un modo tantas veces reflejado en las pinturas. Pero el numero de franjas de borlas nunca debió superar las tres filas. ¿Por qué? Pues porque más allá de tres filas, las borlas ya no son distinguibles formando una melena única por mero efecto de la gravedad.

Además, el problema no es que las filas ya no sean distinguibles, sino que, además, esa melena de borlas acaba siendo demasiado larga. Por muy pequeñas que sean las borlas, esa ristra llegaría hasta las rodillas. El resultado es incómodo y nada estético. Sin contar con que una melena así acaba arrastrándose a menudo, sea porque el cardenal se arrodilla, sea al poner y quitar el galero de su cabeza.

Por eso, mientras el galero fue una prenda usada, los cardenales o llevaban un cordón acabado en una única borla o tres filas con seis borlas en total.

Pero alguien tuvo la idea de establecer una correlación heráldica entre las franjas de borlas y el rango eclesiástico. El simbolismo era ingenioso y bello, tuvo universal aceptación.

La solución más equilibrada para crear ese símbolo heráldico fue la de colocar las borlas alrededor del escudo en dos ristras. No hubiera sido lo mismo colocar una sola ristra a un lado. El resultado hubiera sido desequilibrado estéticamente hablando.

En el siglo XV, cuando el origen de todo esto ya estaba muy olvidado, fue cuando comenzaron a aparecer galeros que llevaban dos ristras de borlas. La realidad imitó a la heráldica. Pero si observamos los cuadros del siglo XV y posteriores, queda probado que cuando un cardenal llevaba puesto un galero éste tenía sólo un cordón sin borla, o con una borla o con tres filas como máximo. Las tablas en las que aparecen galeros con las cinco filas, son tablas que muestran el galero colgado de una pared o en otro lugar que no es la cabeza del purpurado.

Y es que el galero con dos ristras de borlas era inmanejable. Sencillamente se trataba de un objeto carente de equilibrio. Además, si las borlas hubieran caído por la espalda, las ristras hubieran ido arrastrando por el suelo. Si se ponían sobre el pecho, su peso inclinaría el galero hacia delante. El asunto, se mire como se mire, no tiene solución.

El galero en el siglo XX se había convertido en un símbolo usado únicamente en la imposición de ésta insignia al neocardenal. Pero en esa época ya no se usaba fuera de esa ceremonia. De hecho, la parte del capelo en la que se metía la cabeza era tan pequeña que sólo estando completamente quieto se mantenía ese sombrero en su sitio.


Otro aspecto curioso de todo este asunto es que la vida imitó de nuevo a la heráldica, y algún obispo italiano usó su galero episcopal. Debió pensar: si aparece en los escudos es que alguna vez se usó. Cuando, en realidad, los obispos y los arzobispos nunca habían usado un sombrero tan amplio como el capelo. El cual por su forma era una insignia cardenalicia, con o sin borlas. 

Pero no sólo eso, sino que los contados obispos que se animaron a usar alguna vez galero lo usaron con dos ristras de borlas. Afortunadamente, esta imitación de la heráldica totalmente inaudita en la Historia no tuvo apenas seguidores.



martes, mayo 17, 2016

He vuelto de Silos


He venido ayer de dar dos charlas en la abadía de Santo Domingo de Silos. Algunos leen El nombre de la rosa, a mi me toca, de tanto en tanto, recorrer esa novela en la realidad. Capítulos de edificios reales con monjes reales.

Una charla la di a los oblatos, la otra a los monjes de la comunidad. No es éste ni el lugar ni el momento de explicar que es un oblato.

Ha sido una estancia agradabilísima en medio de una comunidad de más de treinta monjes. Es curioso, en los rostros de algunos monjes se notaba de modo especial como brillaba la luz de la bondad y el recogimiento en Dios.  Una comunidad de almas moviéndose alrededor de un claustro que es una obra de arte perfecta. Un exponente de belleza tan admirable que me extraña que no haya sido derribada. Siempre hay algún progresista para el que el claustro se interpone entre él y sus sueños.

Pero si el claustro era una gran obra de arte, había algo más interesante que el claustro. Como le decía hoy a un amigo profesor de universidad: Lo más interesante de un monasterio es su comunidad. Cada comunidad de monjes es un microcosmos completamente único e irrepetible. 

También conocí a la gata de la comunidad. Encontrada por los montes cuando era una cachorra y recogida caritativamente. Ella se encarga, sobre todo, de patrullar la huerta.

domingo, mayo 15, 2016

Ayer repartimos cinco jamones en premios. Eso sí, en un universo paralelo.


La foto de hoy es para mi dentista. Siguiendo con el tema de ayer, lo que no me imaginé al escribir el artículo de La catedral de San Agustín era que, sin yo pretenderlo, ofrezco una bella visión de lo que eran las funciones de los diáconos en el siglo V.

Una de las razones por las que no me importó dedicar tanto tiempo a informarme de cómo era la vida eclesial del final del Imperio Romano, era que eso beneficiaba a la novela sobre San Pablo que sigo escribiendo. Reconozco que, al final, no ha sido tan útil. El siglo V está demasiado lejos de la generación apostólica.

Año tras año voy llenando huecos en mi deseo de saber cómo fueron esas primeras generaciones del cristianismo. Lo que ahora sé no tiene nada que ver con lo que sabía cuando tenía veinticinco años de edad. El único problema es que ahora veo con claridad que cuando por fin haya llenado sustancialmente los huecos más importantes, ya será el momento de morir. Cuántas veces ha pasado esto en la Historia. Por eso ahora valoro tanto la ciencia de los especialistas ancianos que han dedicado toda su vida a conocer algo. Y eso que en algunos ocurre una carrera en sentido inverso, una carrera con dos corredores: uno corre en el sentido de seguir aprendiendo, y otro corre en el sentido de ir olvidando.


Hay ancianos que llegan hasta el final con la vista de su intelecto claro. Otros, sin embargo, se hayan inmersos serenamente en esa doble carrera que siempre gana el segundo. También esto es una enseñanza acerca de la vanidad de las cosas, de la fugacidad de todo. Yo lo acepto. Es el orden de las cosas. Y en ese orden está Dios. La alternativa a la existencia de un orden divino es la selva, el caos como única regla, el azar como único timonel, el sufrimiento sin consuelo, sin esperanza.

sábado, mayo 14, 2016

Hoy hay un premio al que encuentre algo en la foto


La foto es de una concelebración en la catedral de Toledo. Hay un juego muy divertido que es encontrar a Wally. Podéis jugar a encontrarme en la foto. En un universo paralelo, regalo un jamón a cada uno que me encuentra. Lastima que yo no crea en universos paralelos. 

Hace más de un mes os dije que iba a escribir un post acerca de cómo era la catedral de San Agustín, el santo obispo del siglo V. Lo que en un primer momento no iba a pasar de tres o cuatro posts se ha transformado en un extenso artículo de 70 páginas que va a ser publicado en la Revista Augustiniana. Reconozco que llegó un momento que el interés que tenía por el asunto se transformó en fascinación: conocer la Iglesia en un lugar concreto y un momento determinado, ¡el norte de África en el siglo V!

Podéis descargaros como siempre el artículo en la Biblioteca Forteniana:



Debo insistir en que cualquier reclamación de un jamón como premio debe ser remitida a un universo paralelo.

Vicarius Christi




Por lo demás, hoy he leído varios artículos más sobre Amoris laetitia. La moda de este mes de mayo, seas panadero o fontanero, es escribir un comentario a la exhortación papal. En semanas pasadas he leído articulos valiosos de tipo técnico de gran peso teológico. Que precisamente por su tecnicidad no han tenido ninguna difusión. Pero no me resulta de igual interés escuchar a una legión cristianos molientes dando un sermón al Papa. 

Cuando un gran teólogo escribe, los años de conocimiento de la ciencia teológica se notan. Cuando la formación de un bloguero se reduce al Pan de San Antonio, todo se queda en un sermón. Nunca me imaginé que hubiera tantos jonases recorriendo la Nínive vaticana. Si todos esos hornos de celo se dedicasen a la misión ad gentes, evangelizariamos todas las islas de la Polinesia en un mes.

Pero no. Estos son misioneros de cardenales y curas, reconvertidos este mes a una nueva faceta de predicadores papales. Ahora el mundo que hay evangelizar es el Santo Padre. Menos mal que no leen con el mismo criterio el Evangelio, sino las consecuencias serían torquemadianas.

A ver, capullitos de alelí, cada vez que hay una frase que admite dos interpretaciones, ¿qué interpretación pensáis que le ha querido dar el Papa: la católica o la menonito-luterana? Espero que no hagáis lo mismo al leer a San Pablo.


Recordad que somos una familia, que tenemos que estar unidos, que el malrrollismo está condenado desde el Levítico a la Carta a Filemón.

jueves, mayo 12, 2016

¿De qué sirven vuestra ortodoxia y vuestros ritos si vuestro corazón respira agresividad?



















Cuando hace dos días escribí mi post acerca de ciertas declaraciones acerca del Camino Neocatecumenal, un comentarista (contrario a mi post) me dijo: Padre Fortea, trátese de elevarse más allá de lo eclesiásticamente correcto.

No, querido AC, no. El camino siempre es la Iglesia. No juzguéis y no seréis juzgados. Yo mismo, no pocas veces, he sido juzgado públicamente por comentaristas, por algún blog y hasta por algún sacerdote. Afortunadamente, mi vida no será juzgada por un comentarista de blogs, tampoco por ningún sacerdote.

Ay de mí si juzgara al más sencillo y humilde de los laicos. Incluso aunque lo hiciera dentro de las paredes de mi corazón sin que nada saliera por mi boca. Mucho peor si vierto sobre su persona juicios públicamente. Tendría que dar cuentas de ello algún día.

Yo no me preocupo de los que se erigen en jueces míos, tengo quien me defienda. 

miércoles, mayo 11, 2016

Esos cristianos enfadados


Hoy es un post pensado sobre todo para los párrocos que me puedan estar leyendo. Siempre me ha parecido mal el caso de los sacerdotes que, al acabar la misa dominical insisten una y otra vez con cajas destempladas en que no se puede hablar en el templo. Esta lucha está perdida desde el principio. Cualquier éxito en esta materia no durará más allá de unas pocas semanas, y eso tras mucho insistir.

Es cierto que el templo debe ser un lugar de silencio y recogimiento en el que resuena el sonido de la liturgia de las oraciones. ¿Pero sólo debe resonar eso? En mi opinión, no.

Es totalmente humano que, tras una misa dominical, los familiares se abracen, se besen, que los vecinos y amigos se saluden. Querer exigirles que salgan en perfecto silencio, unos al lado de otros, hasta la puerta es desconocer la naturaleza humana. Los cristianos se han saludado con naturalidad en las pequeñas iglesias de pueblo y en las catedrales, en la Edad Media, en el siglo XVIII y en todas las épocas.

Este aspecto social, familiar y humano debe ser aceptado por el pastor como una necesidad psicológica. No debe ser solamente permitido, sino aceptado como algo lógico tras una hora de silencio y oración.

La iglesia es lugar de adoración, pero también un lugar donde la comunidad se saluda y salen juntos afuera. Esto no es una corrupción, sino algo que se ha hecho desde los primeros tiempos. Dejar que se saluden, que se abracen, que pregunten por éste familiar o el otro, que la abuela haga arrumacos al niego, es seguir haciendo algo que proviene desde la época de los primerísimos cristianos.

Cierto que el sentido común indicará al párroco cuando ya va siendo el momento de ir sugiriendo con amabilidad que sería mejor continuar la conversación fuera. Pero, en general, sobre este punto hay que tener manga ancha. No se han visto durante toda la semana y ahora tienen ganas de saludarse. Insisto, eso no supone ningún desprecio del lugar santo.

El interior de la iglesia, desde siempre, ha sido el lugar donde se han dado las catequesis, donde el coro ha ensayado, donde el párroco ha enseñado a los visitantes las bellezas de ese templo.

Hace muchos años, en mi segunda parroquia, me acuerdo de una gran colaboradora que no me decía nada, ni una palabra, hasta salir fuera de la iglesia. Me di cuenta de que lo hacía por amor a Dios y respeté su idea sin decirle nunca nada en contra. Pero resultaba algo bastante artificial.

¿Hay alguien que vea innatural que el párroco y los fieles vayan comentando cosas mientras van saliendo de la iglesia? Lo natural es siempre lo mejor. Cuanto hagamos las cosas con la mayor naturalidad mucho mejor. Dios no suele estar en lo raro y artificioso.

Por otra parte, la experiencia de los sacerdotes es que la gente que viene a misa en los días de diario sí que suele guardar silencio antes y después de la misa sin necesidad de hacer la más mínima advertencia. Sobre esto no digo nada, porque es así en todas las parroquias. Las personas que vienen todos los días a misa, llegan antes para esperar en oración la misa y se quedan haciendo la acción de gracias. Incluso los que no vienen nunca a misa, se sienten sorprendidos por ese ambiente de oración y lo respetan.

Lo que sí que hay que cuidar los domingos es que la gente guarde silencio antes de la misa. Normalmente eso es así en todas partes con pocas, poquísimas, excepciones. Si no fuera así, aquello parecería un teatro. Pero esto no suele provocar problemas, el sentido común ya indica lo que se debe hacer.

Pero si alguna señora sorda está dale que te pego hablando con la vecina en una iglesia en silencio antes de la misa, nunca el sacerdote debe acercarse y regañarle: ¡¿es que no sabe que está en la iglesia?! No, esto sólo provoca acritud en el reprendido. No olvidará el episodio nunca, ni en veinte años. Lo que se debe hacer es indicarle con cierta sorna que todos nos hemos enterado de que a su hermana le han quitado un juanete del pie.

Si se le dice esto con una sonrisa, con afecto, la persona se limitará a preguntar: ¿lo ha oído? Y no se lo tomará a mal. Y dejará de hablar totalmente, de forma espontánea, sin haberla regañado. Es más, cuando esto me ha tocado hacerlo, hago el comentario sobre el juanete del familiar o la venta de un automóvil viejo de modo que me oyen los de los bancos de alrededor o toda la iglesia si es pequeña. De esta manera es como si hubiera dado una enseñanza para todos, pero una enseñanza agradable, no áspera. La gente no es tonta y capta el mensaje. Para qué decir las cosas amargamente, cuando logras el mismo resultado con bondad.

El resultado es que en mis tres iglesias este asunto nunca me ha dado ningún problema, manteniéndose un silencio que a mí mismo me sorprendía estando tan lleno el templo. Lo digo completamente en serio, andando por el pasillo central hacia la sacristía, varias veces me he sorprendido de cómo podía haber tanto silencio con el templo tan lleno.

De donde se comprueba, una vez más que el párroco debe conseguir las cosas con miel, no con hiel. Pasadles este post a algunos párrocos si veis que se sienten obligados por respeto a Dios a reñir a algunas ovejas de su rebaño. Ellos lo hacen con buena intención, pero es un error.


Y sirva este post para tantas cosas de la Iglesia universal. A muchos, les parece que la Iglesia no hace nada en muchos asuntos que requerirían un puñetazo sobre la mesa. Hay gente muy dada a arreglarlo todo con un grito y con un golpe sobre algo o alguien. Y siempre sacan a colación el pasaje de Jesús con el látigo. Ante esto, el párroco viejo suele sonreír benévolamente y ser comprensivo con este celo, con esta abundancia de celo.

martes, mayo 10, 2016

Declaraciones de mons. Schneider sobre el Camino Neocatecumenal: desde luego nunca llueve a gusto de todos


Ayer leí las declaraciones de monseñor Schneider contra el Camino Neocatecumenal. Unas declaraciones llamativas en las que los llega a calificar de caballo de Troya en la Iglesia así como dice de ellos otras cosas bastante lamentables. Mi primer movimiento fue no decir ni una palabra sobre el tema y que nadie se enterara de algo tan triste como es que un obispo ataque con la palabra a una parte de la Iglesia.

Pero después me di cuenta de que podemos aprender algo importante con ocasión de este hecho: no debemos responder con la misma moneda, no debemos devolver golpe por golpe. A ese obispo hay que quererle, respetarle y dejar que la Santa Madre Iglesia haga lo que tenga que hacer. 

Yo no deseo ninguna humillación ni ningún castigo para ese obispo, pero el Padre de los obispos, ciertamente, va a tener que hablar con él, amorosamente, como padre, porque algo pasa en su alma.

Pero debemos meditar sobre las palabras de ese obispo. Qué diferencia entre sus declaraciones y el tono amoroso de Juan Pablo II en el vídeo de ayer, cuando dice: No tengáis miedo. La dulzura de Dios, el acogimiento, la ternura, frente a otros discursos que no son los de las bondadosas palabras del Evangelio.

Yo sé muy bien cómo van a reaccionar las personas del Camino Neocatecumenal: con amor. Estoy seguro de que en sus comunidades no se permitirá criticar a la persona de ese obispo.

Resulta triste cuando uno trata de atacar para defender. Cuando uno piensa que la Iglesia no se da cuenta de algo y es uno mismo el que va a tener que arremangarse y hacer de salvador de la Iglesia. El yo, siempre el yo. Para algunas almas llega un momento, el final de un largo camino personal, en que uno ya no se siente un siervo indigno sino un héroe de la ortodoxia. Deja uno de ser un niño ante su Madre, para considerarse un sabio. Si alguno afirma saber algo todavía no tiene el conocimiento necesario (1 Cor 8, 2).

lunes, mayo 09, 2016

Una medusa gigantesca


Los comentarios que escribís a mis post los leo. Por ejemplo, dejo constancia de que, a partir de ahora, me queda claro que Borges es porteño, no bonaerense. Os leo, aunque, a veces sólo tengo tiempo para subir una pequeña parte de ellos. Pero a mi post sobre los yogures caídos en el supermercado hubo tres comentarios que merecen ser subidos al post:

Anónimo, 8:49 pm
Pobre padre.Con lo bueno que es.Manchas blancas como su alma.Dios le bendiga.

Anónimo, 10:29 pm
Me quedo con lo tierno de la imagen, las dos chicas de la caja intentando limpiar al padre.
Creo que el Señor quiso regalarle ese gesto de ternura.

Y un comentario de una tal Estuarda Visita de Benito:
Me temo que su atávico machismo no ha hecho sino atraer y crear una icónica imagen muy impregnada en el subconsciente de todos los machistas: las pobrecitas limpiando el pringue del señorito. Si llego a presenciar la escena, les suelto: pero niñas, que se quite el solito las manchas, que no es manco. Esta escena es icónica, Fortea, muy icónica.

El tono es muy parecido al de mi madre al de la intimidad. Pensaría que es ella, sino fuera porque ella nunca ha entrado en ninguna web de Internet. Incluso su teléfono móvil sigue siendo una tierra inexplorada de la que sólo sabe pulsar el botón para comenzar una conversación y cortarla.
Cambiando de tema, os pongo esta bonita canción del link de abajo. Pero lo más bonito es el tono de voz de Juan Pablo II de las primera palabras que aparecen en el vídeo:


No creo exagerar al afirmar que es uno de los tonos de voz más bellos que he escuchado nunca. Un último consejo: Si la señora que va delante de vosotros en la caja del supermercado, apila yogures sobre la cinta, unos encima de otros, ¡alejaos! Yo, instintivamente, en cualquier situación de la vida, ya doy un par de pasos hacia atrás en cuanto veo a una mujer con yogures naturales en sus manos.