jueves, octubre 30, 2014

El dulce Cristo en la tierra


En todo este proceso de reflexión sinodal nada ha habido de malo. Aunque donde de verdad se cortará el bacalao, si se me permite la expresión, será en la mesa de los teólogos. Es decir, serán las grandes mentes teológicas las que profundizarán en la fe, en esas líneas divisorias, en las fronteras, entre lo lícito y lo ilícito.

El Papa ha lanzado el impulso, los obispos determinarán líneas pastorales, pero será labor de los próximos años el hacer, sin prisa, una gran reflexión teológica sobre los puntos suscitados.


Yo estoy con el Papa en lo que ha dicho, en lo que ha sugerido; en lo que ha dicho y en lo que intuimos que nos quiere decir. El Espíritu nos obliga a entornar los ojos para atisbar que hay algo más en el horizonte. A mi entender, es el Espíritu el que nos está guiando a través del Papa. 

La diferencia de opiniones, el contraste razonado de posiciones, no me parecen mal. Pero qué triste es cuando alguien va más allá de las razones y descalifica al otro.

miércoles, octubre 29, 2014

Los hermanos nuestros que ven más allá de donde nosotros vemos


Ayer hablaba de los grandes teólogos. No es lo mismo ser teólogo que obispo, aunque, a veces, una gran figura teológica llegue al episcopado. San Pablo distingue entre los maestros y los pastores. La Iglesia les debe mucho a esos teólogos que descuellan como montañas, montañas de la ciencia de Dios.

Cierto que hemos tenido un cierto número de teólogos en los decenios pasados que han sido famosos y no han guardado la regla de la ortodoxia. Pero me refiero a los que han sigo grandes y fieles, innovadores y ortodoxos. 

Aunque la innovación no necesariamente tiene que ser una de las características del gran teólogo. Uno puede ser grande en la profundización.
Sin esos grandes maestros de la ciencia divina, hoy no tendríamos ni el ecumenismo, ni la paternidad responsable, ni los matrimonios de mixta religión, ni los divorciados podrían vivir juntos como hermanos y comulgar (esa opción no se contemplaba hace doscientos años), ni otras muchas cosas que hoy día damos por supuestas, pero que un día a algunos les parecieron alejarse de los enunciados hasta entonces oídos.

La fe es inmutable, pétrea. La Tradición no puede cambiar. Pero de la Tradición nacen las verdes ramas de la Teología. Los teólogos profundizan en la raya de lo lícito y lo ilícito. Estudiando con cuidado hasta donde se puede llegar, hasta donde conviene llegar, hasta donde Jesús querría que llegásemos.

martes, octubre 28, 2014

Teólogos, cultivad la calidad





























Durante los pasados posts, me hizo muchísima gracia cuando una persona (no sé quien es) me envió un mensaje al móvil en el que me decía:
Padre Fortea, a este paso hasta la familia Pujol nos va a preceder en el Reino de los Cielos.

Me arrancó una sonora carcajada. Y es que en todo este asunto no podemos perder la sonrisa y el buen humor. Pero así como le agradecí a este lector que se tomara la molestia de enviarme este gracioso mensaje, no puedo decir lo mismo de otros.


Hay una persona, llamémosla Laura, con la que he hablado infinidad de veces, horas, resolviendo sus dudas de moral y de diversos tipos. Y cuando leyó mis posts, me envío un email en el que me manifestaba su desacuerdo.
Estar en desacuerdo conmigo, no tiene nada de malo. Yo no obligo a estar de acuerdo conmigo. Valoro mucho cuando puedo dar un paseo y charlar con alguien que argumenta los puntos en los que diverge de mis opiniones. Nunca me ha ofendido que alguien no opine como yo.

Pero este caso me dio tristeza. Porque las palabras de Laura, después de tantos años de conversaciones, venían a decir: No tengo nada de lo que hablar contigo sobre este tema. Ya no puedo confiar en ti como alguien a quien le consultaba las cosas.

Por supuesto que no me lo dijo así, fue más caritativa y diplomática. Pero percibí ese mensaje.

Insisto en el hecho de que tenemos que admitir la licitud de que alguien no esté de acuerdo con nuestras ideas. Pero también resulta inevitable que una situación de pérdida de confianza, como la que he descrito, siempre deja un poso de dolor. Las dos cosas son razonables: que alguien disienta, que la pérdida de confianza produzca tristeza.

El remedio a todo esto no está, en mi opinión, en la repetición exacta de las mismas fórmulas, en el acantonamiento en las posiciones más seguras. El rigor siempre ofrece sensación de seguridad al que habla y al que escucha.
Yo tengo muy comprobado en mis conferencias, que el conferenciante que más grita, el más exaltado, el que obliga al oyente a un todo o nada, es el que arranca los aplausos más estruendosos. A las masas no le gustan los matices. Sus mentes quieren un mensaje claro, confirmador.

En mi especialidad, delante públicos sacerdotales, en seminarios, con obispos escuchando a veces, he comprobado como ante ciertas cuestiones delicadas (insisto, de mi especialidad) algunos oyentes meneaban la cabeza. Les parecía que mi discurso admitía componendas, que no era puro. 

Pero he hablado en la confianza de que quizá, entre todos esos oyentes, había un pequeño número de personas que sí que entendían de qué estaba hablando. Y ese pequeño número, algún día, sería el que guiaría a los demás desde sus puestos. Porque las personas que son capaces de ir más allá de los enunciados primarios, del blanco o negro, son los que en el futuro escribirán libros o tendrán cátedras en la universidad.

lunes, octubre 27, 2014

Edifiquemos una religión de la comprensión


(Sigue del post de ayer.) Además, Félix, no te has parado a reflexionar que las palabras del Espíritu en el versículo que me citas de que los sodomitas no entrarán en el Reino de los Cielos, se pueden referir más bien al que se deja arrastrar por el vicio y las pasiones desenfrenadas, y no al que naciendo con esa tendencia trata de llevar una vida lo más de acuerdo que puede a los mandamientos de Dios. 

No toda caída de lujuria es un vicio y una pasión desenfrenada. Hay caídas de lujuria que, aunque sean actos desordenados, son bien comprensibles.

Jamás he enseñado (ni en la más estricta privacidad) que esté bien lo que el orden moral de nuestra amada Iglesia no enseña que esté bien. Pero ante ciertas caídas, pongo mi mano en la espalda del prójimo y le digo: Miremos a Jesús y sigamos caminando.

domingo, octubre 26, 2014

La ley eclesiástica, la del Antiguo Testamento, la del amor, la ley moral


(Sigue del post de ayer.) Quédate tranquilo, Félix, creo en la verdad del versículo que me has mencionado. Pero en 1 Cor 6, 9-10 también se dice que los inmorales o los maledicentes no heredarán el Reino de Dios. ¿Nunca has sido inmoral? ¿Nunca has hablado mal del prójimo?

Hay que tener cuidado, porque al lanzar la piedra contra ellos, puedes estar lanzándola contra ti. ¿Crees, Félix, que mereces más el Reino de los Cielos que ellos? ¿Consideras que el cielo se merece? ¿Crees que el hermano mayor de la Parábola del Hijo Pródigo hacía bien cerrando la puerta ante el hijo pecador para que entrara en la casa del Padre? ¿No crees que tú (y también yo) no somos ese hermano mayor?

En ningún momento he afirmado que la lujuria sea un acto indiferente; pero no lo es ni la lujuria homosexual ni la heterosexual. Mis palabras en anteriores posts han llegado hasta donde, a mi buen entender, me parece que puede llegar la misericordia de Jesús. Pero no más allá. Yo no quiero ser más estricto que Jesús, pero me cuido de no ser tampoco más misericordioso que Él.

Por eso en la balanza de mi pobre entendimiento peso mis palabras; intento hacer ese pesaje con cuidado, porque daré cuentas de ello al que me encargó ser pastor en su Pueblo. Por eso no sólo peso mis palabras, sino también mis pensamientos. Y, en materia de fe, mis palabras son reflejo de mis pensamientos.


sábado, octubre 25, 2014

Defendiendo las palabras del Papa en la entrevista de aquel avión


Un lector, llamado Félix, me escribía tras leer mi último post: 

La pregunta que yo me hago es la siguiente: ¿los sodomitas heredarán el Reino de los cielos, o no? ¿El Espíritu Santo miente?

Estimado Félix, si lees la Biblia, verás que ésta se halla llena de matices. Cierto es que algunos lectores gustan de recoger versículos para arrojarlos como piedras contra alguien. Pero la lectura paciente que busca, ante todo, la conversión personal, lleva a escuchar la voz de un Dios escandalosamente misericordioso.

Parafraseando a la Escritura, te digo, no como amenaza, no como reprimenda que algunos homosexuales y budistas te adelantarán en el Reino de los Cielos.

Pero ya que usas la Palabra de Dios para confrontarme haciéndome una pregunta, respondo a tu pregunta con otra pregunta. ¿Acaso miente el Espíritu Santo cuando afirma?:

Si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo (Rom 10, 9).

jueves, octubre 23, 2014

De lo bueno, lo malo, lo abominable y lo comprensible


Sigo con mis consideraciones acerca del post de ayer sobre la homosexualidad. La doctrina ha sido dejada clara. La doctrina ha sido repetida, remarcada, profundizada y recordada una y otra vez. ¿No habrá llegado el momento de fijarnos en otros aspectos? ¿Existe el verdadero amor entre homosexuales? ¿Tiene algún valor la fidelidad entre ellos? ¿Da lo mismo la promiscuidad que la unión en el cariño entre gays?

Creo que son muchos los católicos que, de buena fe, creen sentirse en la obligación moral de responder a todo con un NO absoluto. Como si ese campo fuera el único campo en el que no caben matices, el único campo en el que nada bueno puede crecer.

Hace dos siglos, nuestra práctica ecuménica hubiera sido vista como una traición a la ortodoxia. Hoy día sabemos que eso no es así. Podemos ser ecuménicos y no traicionar la sagrada tradición que hemos recibido. Estoy convencido de que debemos empeñarnos en un esfuerzo para lograr un abrazo universal a todos sin negar la doctrina. Al final, todo se reduce a algo muy sencillo: la Iglesia que enseña pero que abraza a todos.

miércoles, octubre 22, 2014

El sínodo y las cosas complicadas


Durante los últimos días, muchos me han preguntado por el sínodo, por sus conclusiones finales, por las transitorias, por el Papa y tales o cuales cardenales.

Dejando lo obvio y sin ánimo de ser ni ordenado ni exhaustivo, permítaseme dar algunas opiniones con humildad. Con humildad, porque nadie me ha dado la función de maestro y porque ya desearía yo tener la respuesta a todas las preguntas.

Hace una semana reflexionaba sobre la homosexualidad en la Biblia. No se habla tanto de ella en las Escrituras como la gente podría pensar. Más bien se habla poquísimo. Me puedo equivocar, pero creo que sólo cinco veces. Y en el Nuevo Testamento, desde luego, los versículos permiten exégesis que no son precisamente las del azufre y el fuego.

Mi opinión es que el cristianismo enseña que la homosexualidad no es algo natural ni algo que se deba fomentar ni una opción más ni un acto indiferente. Ahora bien, tampoco veo que la Biblia insista mucho en ese tema. Más bien muy poco. Casi podríamos decir que se limita a mencionarlo. La Palabra de Dios insiste más en infinidad de otros temas.
Las palabras del Papa dichas en una entrevista en un avión, siguen resonando en el mundo: ¿quién soy yo para juzgarlo?

La labor de la Iglesia no es juzgar y, de hecho, no juzga. La labor de los seguidores de Cristo consiste en recordar las enseñanzas bíblicas y, después, en dejar que cada uno siga su camino. Y creo que los sacerdotes, de forma casi unánime, así lo hacen. Ninguno de los homosexuales que han ido a mi parroquia buscando consejo, buscando oración, se ha quejado nunca de que un sacerdote les trató mal. Al revés, todos los presbíteros fueron con ellos verdaderos padres.

Yo creo que la Iglesia después de dejar claras las verdades bíblicas con una exégesis profunda, podría a partir de ahora empeñarse en la construcción de una nueva visión acerca de la homosexualidad. El Magisterio va a ser el mismo, que nadie tema por eso. Pero creo que hay toda una teología por construir. Una teología que no es la de la condenación y la exclusión. 

El jefe de milicianos

-Yo te puedo matar ahora mismo –y le apuntó con su pistola.
-No, no puedes.
-Te aseguro que sólo tengo que apretar este gatillo.


Negó con un gesto de la cabeza que tuviese tal posibilidad. Esa fue la gota que colmó el vaso. El miliciano apretó el gatillo. El percutor se encasquilló. Miguel estaba tranquilo. Tres veces más lo intentó y tres veces se encasquilló. Ninguna de las tres veces Miguel se alteró lo más mínimo.

-Esto no es un milagro. Simplemente mi revolver tiene un problema. Eso es todo.
-Claro, claro. No tengo la menor duda. Pero mira, para que tú tampoco tengas ninguna duda, te digo que pasado mañana morirás antes del mediodía. Tú dices que puedes matar a quien quieras, pero no me has podido matar a mí. Yo te digo que pasado mañana morirás.

-Estás loco. Rematadamente loco. No necesito un arma para acabar contigo.

Y agarrando un martillo quiso abalanzarse sobre Miguel. Pero con tal mala suerte, quizá porque estaba fuera de sí, que en la violencia de la acometida no se dio cuenta de que su macuto estaba en el suelo, junto a la mesa. 

Tropezó golpeándose el hombro izquierdo en el borde de otra mesa-aparador. No sólo la mesa, todos los papeles de la mesa le cayeron encima. Hubo quejidos en el suelo. El golpe había sido tan violento que se había roto el hombro. Miguel no se había movido ni un centímetro, ni había parpadeado durante el intento de ataque.

Miguel, sin decir nada, moviendo la cabeza, se dirigió a la puerta para salir. Hector con rabia, retorciéndose de dolor en el suelo, se dirigió a él:

-¿No puedo matar? ¡Te equivocas! Mañana mandaré fusilar a más de cien detenidos.

Miguel se volvió:
-Sí, podrás matar. No a todos los que quieres, ni siquiera ese número. Pero podrás hacerlo. No a cien, por más que te empeñes. Únicamente podrás asesinar a veintinueve. Ni a uno más.

Riéndose, Hector dijo:
-¡He ganado!
-Desdichado. No les matas a ellos, te asesinas a ti definitivamente.

-Qué tontería. Tonterías. Lo único cierto en este mundo es que yo podré dar el paseo a esas veintinueve personas.
-Para ellas ha llegado su hora. Dios les llama. Con esta guerra o sin ella, sus vidas han llegado a su fin. El modo es lo de menos.

-Ya, ya. Me haces reír –murmuró entre dientes mientras se levantaba entre maldiciones-. ¿Entonces por qué permite que sea yo el que dé la orden?

-Para que se consume tu transformación. Dado que has decidido, Dios, en los cielos, ha decretado: Hágase.

martes, octubre 21, 2014

Retrato de tres pontífices



Me gustaría continuar ese agradable post en el que hablaba de los tres últimos Papas que la Iglesia ha tenido. ¿Qué música definiría a cada Sumo Pontífice?

Sin duda, al Papa Francisco le definiría la Salve de La Misión de Ennio Morricone. Esta música refleja tanto a nuestro Papa que considero innecesaria cualquier explicación:


Mientras que a la mentalidad y psicología de Benedicto XVI le define perfectamente la música de Mozart: pulcra, música de método, expresión de una vida ordenada dentro de una teología ordenada. Encontrar cuál era exactamente la pieza de Mozart que más definía la vida del cardenal alemán, fue más difícil. Después de mucho pensar, me decidí por este concierto para flauta, arpa y orquesta es la que me parece perfecta, una música tan serena y discreta como él mismo, casi una partitura tímida:


¿Y qué música definiría a nuestro querido Juan Pablo II? Desde luego tenía que ser una música dinámica, llena de fuerza, pero al mismo tiempo llena de espiritualidad. Por eso una buena opción me pareció el Gloria de Wojciech Kilar, un autor que me entusiasma.  Pero esa obra carece del lirismo y ternura que impregno la vida espiritual de ese Papa. La obra que reflejaba bien su personalidad era la banda sonora de Retrato de una dama del mismo compositor. La vida del Papa Wojtyla fue un verdadero poema de amor, por eso esta música:


Por supuesto que el hecho de que los compositores sean un italiano, un alemán y un polaco es pura casualidad.

domingo, octubre 19, 2014

Los escritores del siglo XXI


Hoy os pongo el link a mis sermones. Hay uno que os puede resultar especialmente interesante: se trata de una larga charla para una parroquia luterana.


La fotografía de hoy es de los libros de la biblioteca de un hotel de lujo apilados en un ático y abandonados durante decenios.

Hablando de libros, en el link que os pongo, podéis ver el número de descargas de mis libros desde que los subí todos a un servidor de Internet. Sin duda, éste es el futuro de los escritores. Crearse un grupo de lectores y que ellos se los puedan descargar gratis. El link de estadísticas es el siguiente:



Allí puedo ver el número de descargas hora a hora. Y no sólo eso, también el país de los lectores. Cuando me quedo mirando a ese link de estadísticas, compruebo que estamos en el siglo XXI.

Sigo con los pensamientos del post de ayer


Curiosamente, era al final de día cuando solía dedicar unos minutos a este recorrido mental, al acostarme, en la oscuridad y silencio de mi habitación. (Hablo de mi libro Neovaticano.) Era entonces, dentro de mi cama, con los ojos cerrados y mi cabeza sobre la almohada, cuando me internaba en el edificio, cuando resolvía los problemas prácticos que mi misma creación me planteaba. Un edificio cuya naturaleza me llegó a plantear ciertos interrogantes teológicos, porque ese edificio suponía toda una concepción eclesiológica.

En una fase posterior, a la que llegué varios años después de empezar a acumular anotaciones, me di cuenta de las implicaciones filosóficas del edificio descrito. Esta obra arquitectónica me llevó a releer las tesis del idealismo hegeliano. Ahora, ya por fin, descanso satisfecho: la obra está acabada. Otros han levantado catedrales y basílicas. Yo he levantado ese libro-edificio, y no me cambiaría por ellos. 

La foto, cuanto me gusta, es de una biblioteca (parece de la India) que archiva obras escritas en el soporte que era habitual en el Tibet. Libros, la belleza de los libros.

viernes, octubre 17, 2014

Apuntes de un escritor sobre su último libro


Me gustaría decir algunas cosas más acerca de la obra que publiqué ayer en Internet. Soy consciente de que muy pocas personas leerán ese extenso libro de cabo a rabo. Pero estoy seguro de que es una obra que obtendrá lectores entusiastas. Lograr una obra para pocos lectores es una tentación para cualquier escritor.

Escribir un libro que es un edificio. Identificar libro y edificio. El libro es un edificio, y el edificio es un libro. Qué gran reto. Un reto que nació como unos apuntes personales. Y que acabó dibujando toda una forma distinta de concebir el Vaticano.

Los que lo leáis, por favor, no dejéis de enviarme vuestras opiniones al correo habitual fort939@gmail.com


Si recogiéramos todos los momentos perdidos en que mentalmente me he adentrado en este edificio, no tengo ni idea de cuantos días y semanas saldrían como suma final. Daos cuenta de que sólo escribir tantos centenares de páginas ya supone labor de medio mes. Pero ahora, al daros el libro, os puedo decir que ha sido un recorrido fascinante. 

jueves, octubre 16, 2014

Neovaticano o los laberintos de la mente


Una noche, cuando todavía estaba en Roma, se me ocurrió esta idea: qué interesante sería si se reunieran en un solo edificio las oficinas de todas las congregaciones romanas y de los consejos pontificios.

Me pregunté cómo podría ser ese edificio. La arquitectura siempre ha sido una de mis pasiones. Le fui dando vueltas a la idea a ratos libres. Días y más días de cavilaciones tras la cena: ¡construir un edificio para toda la curia romana! El tema me parecía fascinante como entretenimiento mental. ¿Cómo debería ser ese edificio? ¿Qué estética sería la más conveniente?

La idea fue madurando en mi mente, fue cobrando forma, completándose poco a poco. Al cabo de unas semanas, se me ocurrió que sería bueno poner por escrito algunas de las cosas que se me habían ocurrido para que no se me olvidasen. Porque, al cabo de tanto tiempo, esa idea tenía ya muchos detalles, los cuales no resistirían frente al olvido. Pero esos apuntes eran sólo para mí. Nunca se me ocurrió que alguien los vería.

Pero conforme más aspectos eran puestos sobre el papel, nuevas ideas me venían a la mente. Y así, semana tras semana, las cuatro o cinco hojas iniciales se fueron convirtiendo en una extensa colección de apuntes. Esta colección de apuntes es la que hoy pongo a disposición de todos los lectores bajo el título de Neovaticano.

Esta obra es un conjunto de apuntes personales, de anotaciones reunidas durante cinco años. Me siento muy orgullosa de esta obra, porque por fin he creado una obra completamente loca. Una obra justo en el margen de la razón como verán aquellos que se asomen a ella.

La podréis descargar gratuitamente en este link si tenéis una cuenta gmail:

Si carecéis de una cuenta en gmail para acceder a Google Drive, lo podéis descargar en este otro link:

miércoles, octubre 15, 2014

Mi opinión sobre la relatio del sínodo de obispos: la Gymnopedie.


Hoy he leído la relatio del sínodo. ¿Qué me ha parecido? Bien, comencemos por decir que, desde hace muchos años, pienso sería conveniente que los sínodos cambiaran radicalmente los modos de elaborar sus comunicados finales. Pienso que este comunicado final adolece de los mismos defectos que todos los anteriores. 

Los señores obispos harían bien en escuchar el arte esencial de la maravillosa Gymnopedie de Eric Satie y sacar valiosas conclusiones. La primera de esas conclusiones es que las cosas se pueden decir de un modo muchísimo más breve no sólo sin perder nada, sino ganando mucho. Para ofrecer cuatro párrafos esenciales, no hace falta un prólogo de veinte páginas.

Todas las páginas las he leído cuidadosamente con mucha lentitud porque muchos curas me iban a preguntar en las semanas siguientes, pero se me ha hecho cuesta arriba. Cualquier lector fervoroso y católico no hará mal en saltarse la paja de ese comunicado con una lectura diagonal.

Por supuesto que nada hay en el texto contrario al Magisterio de la Iglesia. Todo es católico. Ni Carlos V le hubiera puesto reparos. Carlos V no era nada rigorista, aunque tuviera ciertas manías pirómanas. Por otra parte, ya lo he dicho más veces, estoy totalmente a favor del movimiento de reforma que pretende llevar adelante el Papa Francisco. Por eso, mis filiales críticas véanse como fuego amigo y no de otra manera.

En la relatio se dicen cosas muy valiosas, muy novedosas para lo que nos tiene acostumbrado el lenguaje sinodal. Pero la redacción comunal del texto, la exigencia de continuos matices consensuados, le han conferido un tono frío de común denominador entre los padres sinodales. O mejor dicho, de mínimo común demoninador.

Alguien me dirá que lo conseguido en la relatio ya es mucho, que es un paso en la dirección correcta. Sí, sin duda es un paso. Pero pienso que se podría haber dado ese paso con mucho más garbo, diciendo lo mismo pero de otro modo. Y me estoy refiriendo, ante todo, a una cuestión redaccional. Decir grandes cosas, cosas nuevas, cosas de gran trascendencia, con un consensuado lenguaje expresando lo que todos sabemos y con extremo cuidado de donde se pone el pie, es la receta perfecta parea no entusiasmar a nadie.

Con humildad, manifiesto mi opinión, de que hubiera sido mejor señalar con toda fidelidad la real confrontación teológica sintetizándola en cinco páginas magistrales, dejando inconclusa la lícita disputa existente y pedir al Pueblo Fiel que orara para que el Espíritu Santo les ilumine a los padres sinodales. Eso hubiera sido mejor que buscar el mínimo denominador común y expresarlo del modo que se ha hecho.

Hubiera sido mejor crear-construir-elaborar un texto en el que las distintas formas de pensar se sintieran perfectamente retratadas y pedir a los laicos, presbíteros y a los obispos que prosigamos en este camino de oración, de invocación del Espíritu Santo y de reflexión para llegar a saber lo que Dios quiere en nuestro tiempo. Ésta es una cuestión ante todo de teología, no de misericordia. Debemos ir al núcleo de la cuestión con prudencia, sin salirnos del Magisterio y sabiendo que todos tenemos el mayor deseo de ser fieles a Dios.

Estoy totalmente a favor de la reforma del Papa Francisco y esta relatio simplemente es el resultado lógico del método de trabajo en la redacción de textos. La discusión entre todos ha sido muy buena, pero la síntesis considero que es mejorable.

Dos días visitando a la familia


De mi estancia en Zaragoza, muchas cosas podría decir. Mi madre ha estado bastante sermoneadora. Los sermones del desayuno, la comida y la cena ya los tengo previstos en mi agenda. Pero ahora va incorporando la costumbre de añadir el sermón de las 4.30 de la tarde.

En el viaje en el AVE, leí un libro. Me encantó cuando Borges me habló del polvo de imperios que hay en la Historia. El polvo de imperios y el rumor de hexámetros. Qué expresiones tan sencillas y tan sugerentes. Desprovistas de barroquismo, de ornatos efectistas, y, sin embargo, de una belleza tan elegante.


Los dos días que estuve en Zaragoza me fui a rezar a La Seo, la catedral de esa ciudad. Qué magnifico templo episcopal. Dos grandes placeres de mi existencia son pasear por un bosque y pasear por una catedral. O de forma más precisa, pasear por un bosque húmedo y espeso, pasear por una catedral gótica de planta exuberante en capillas.

martes, octubre 14, 2014

Ya he vuelto


Acabo de llegar de viaje. Me había ido a Zaragoza, dos días, a visitar a mis padres. Tengo muchos emails que contestar, también quiero leer la relatio del sínodo.

En los próximos emails hablaré de Zaragoza quizá y de la relatio tal vez, aunque esto sinceramente no lo sé. Resulta muy aleatorio el tema del que voy a hablar tras la cena. Una mala digestión puede provocar un post terrible.

Pero sí que hay una cosa que quiero completar de mis pasados posts sobre el ébola. Afirmar que las guerras, enfermedades, crisis económicas y disturbios sociales tienen una íntima conexión con la vida moral de los pueblos, es algo repetido infinidad de veces por las Escrituras.

Ahora bien, cosa muy distinta es afirmar que los que mueren y sufren por todas esas causas y otras son culpables. Una cosa es afirmar esa conexión de forma genérica y abstracta, y otra muy distinta juzgar a alguien en particular. Las Escrituras repiten en muchos pasajes como sucede tantas veces que el inocente sufre y muere, y el culpable y el pecador parecen prosperar y estar por encima de todo sufrimiento.


Los sufrimientos personales y colectivos deben ser juzgados a través de los profetas, de Job, de los libros sapienciales, de los salmos y de todo el Nuevo Testamento. Únicamente leyendo la Biblia como una unidad, entenderemos el sentido del sufrimiento y qué nos quiere decir nuestro Padre al permitir la guerra y la peste, el hambre y la persecución.

Nuestra sociedad europea del siglo XXI, sobre todo la europea, ha perdido la capacidad de hacer una lectura teológica de los hechos del mundo. Muchos cristianos han logrado desconectar a Dios del sufrimiento del hombre de un modo teológicamente incorrecto. 

lunes, octubre 13, 2014

Pasó mi cumpleaños





























Tomar un té con pastas, dar un paseo por un bosque, apoyar la cabeza en el sillón mientras uno escucha a Bach con los ojos cerrados, ser invitado a una comida en un buen restaurante, preparar una cena para un selecto grupo de amigos con los que quiero pasar unas horas agradables. Todas estas cosas son las que valen la pena. El resto son espejismos.

 Después está la faceta del alma, de la cual no me gusta hablar. Cada uno tiene su intimidad. No meto a todo el mundo en el santuario de mi alma. Santuario, por otra parte, eso sí que no me importa decirlo, en el que reina una gran placidez. Dios me ha dado el don de la paz. Y el de la felicidad. No me importa que parezca que peco de presuntuoso.Soy feliz y sólo querría la perpetuación de esta maravillosa rutina que es mi vida.

domingo, octubre 12, 2014

Ayer fue mi cumpleaños



Soy yo visto por detrás en mi último viaje a Israel. Ayer fue mi cumpleaños. 46 años. Voy a dejar aparte cuestiones personales para centrarme en las más superficiales. ¿Me siento feliz como escritor? ¿Satisfecho de la obra realizada?

La verdad es que siento toda la obra escrita hasta ahora, como un mero prólogo para alguna obra futura que me satisfará plenamente. Pero dada la edad que tengo, comienzo a pensar que toda mi vida va a convertirse en ese largo prólogo.

¿Me siento satisfecho de mi obra? Ésa es una pregunta que me hago una vez cada tres o cuatro meses. En cierto modo, me siento más satisfecho de mi vida que de mi obra. Quizá si me atormentara más esta cuestión, me autoflagelaría más y las uvas literarias que recojo en la viña de mi vida serían exprimidas hasta la saciedad y producirían un mejor vino. Pero, francamente, prefiero vivir más tranquilo, más relajado.

Ahora mismo me siento como un hombre de ochenta años en un cuerpo de 46 años. Un hombre anciano en una civilización anciana abocada a su final. No estoy desmoralizado, no estoy triste, simplemente paseo por la cubierta del trasatlántico consciente de la cuenta atrás. La maquinaria del Ébola se ha puesto en marcha. El primer resorte de una lista de mecanismos ineluctables. Quizá por eso vivo tan plácidamente, porque estoy resignado a nuestro destino, del cual soy una ínfima parte.

sábado, octubre 11, 2014

El Ébola y la íntima conexión de todo con todo


Recordemos, una vez más, la iniquidad de los hombres, el pecado, tiene su repercusión en la naturaleza. Desde la perspectiva cristiana, nuestras acciones no están desligadas respecto a lo que sucede en la naturaleza. Hay acciones que atraen la bendición de Dios, hay acciones que atraen su castigo.


En el mundo en el que vivimos, un mundo de almas, ángeles y santos, la aparición o no de un virus mortal que segará la vida de millones de seres humanos no es un evento dejado en manos del azar. A pesar de que los ateos nos hayan intentado inculcar (con gran éxito) que este tipo de catástrofes nada tienen que ver con nuestras almas. El mensaje de la Biblia es el contrario: todo, absolutamente todo, tiene que ver con nuestra alma.

El Ébola y la economía


Dejando aparte la tragedia humana, la gente todavía no es consciente del impacto económico que va a tener el virus del Ébola a nivel mundial. Resulta impresionante pensar en la cantidad de miles de millones de euros que se van a sustraer al sistema productivo, para dedicarlo simplemente a contener la enfermedad. No es lo mismo dedicar ese río de oro a crear riqueza, que el que esos miles de millones se evaporen para intentar dejar las cosas tal como estaban antes de la pandemia.

Pero no es sólo eso. La incertidumbre que va a crear en los mercados va a ser de primer orden. Muchísimos negocios van a quedar paralizados ante el temor de lo que pueda pasar a nivel regional y global. Este virus tiene la capacidad de desestabilizar naciones enteras creando disturbios, pánico, protestas masivas contra los gobernantes.

La mera presencia del virus cuando se extienda a todos los continentes, creará falta de confianza, miedo en las sociedades. Los inversores preferirán esperar. Este virus es creador de más miseria. Este virus es como si hubiera hecho más pobre al planeta entero. Y ya las cosas no estaban precisamente bien.

jueves, octubre 09, 2014

Parte médico de hoy


Hace cuatro días, en un recodo mal iluminado de mis arterias, dos grumos matones de colesterol dieron una paliza mortal a un virus de ébola. Cuando llegó al lugar un glóbulo blanco comentó: Estos grumos nos van a matar a todos.

Según mi médico no tengo nada que temer. Si llego a contagiarme, en mi sangre se produciría una gran batalla de Trafalgar entre el virus del ébola y mi colesterol.

O sea, que no me preocupo. Además, estudios muy contrastados demuestran que lo que más protege contra él ébola es ingerir mucho chocolate y usar Times New Roman.

Otros estudios indican que los gallegos se contagian menos de ébola. Parece ser que incluir un poco de pulpo en la dieta protege.

miércoles, octubre 08, 2014

La serie El Cardenal Tarancón o el encanto de lo políticamente correcto



















Hoy he visto un trocito de la serie Tarancón. Todas las demasiadas horas que dura esa serie se resumen en darle vueltas, una y otra vez, cansina, machaconamente, a la típica confrontación entre iglesia progresista e iglesia conservadora.

Los guionistas llegaron a la conclusión de que una vez que tienes esa idea central, sólo necesitas un par de bidones de tópicos para echarlos encima.
Lo interesante es que ese sermón sobre la iglesia progresista lo hemos pagado entre todos. Ya en vida, Tarancón fue una figura muy contestada. Después, el Tiempo se encargó de empequeñecer cada vez más su figura. Sólo hay que leer sus memorias, publicadas poco después de morir, para darse cuenta hasta qué punto él mismo se dio cuenta de todos sus propios puntos débiles.

Por eso, me parece inaceptable que nuestro querido PP (al que ya nunca volveremos a votar) haya pagado tres millones de euros para producir este sermón sobre la religión que no aceptamos muchos ciudadanos y que tenemos todo el derecho a que no se pague con nuestro dinero. Los poderes públicos no pueden producir este tipo de productos que atentan contra los modos lícitos de pensar de parte de los contribuyentes.


¿Aceptaríamos una serie contra el budismo pagada por la televisión pública? ¿Por qué tenemos que aceptar que nos quieran imponer una visión acerca de cómo tiene que ser la Iglesia? El Estado, una vez más, nos adoctrina: iglesia buena, iglesia mala, obispos progresistas, obispos inquisidores. Amos, hombre, como si fuéramos críos.

martes, octubre 07, 2014

Obsérvese la sonrisa maléfica de ese angelito mientras sostiene el pomo


Hoy ya no he aguantado más y me he ido a comprar tres pantalones negros. Mi madre hace años se negó a ensancharme la cintura de los pantalones: Así perderás. Si te los retocó no te esforzarás. Bueno, pues así he ido varios años, esforzándome. Pero ha llegado un punto en que ya no podía cerrar el botón superior ni con la mejor de las voluntades. 

Ante esa tesitura, opté por dejar abierto el botón y apretar un poco más arriba el cinturón. Como la camisa que uso es negra (de clergyman) no se notaba. Todo formaba una unidad negra.

Pero en esta vida todo tiene sus límites. Y llegó un día en que este sistema empezó a mostrar sus puntos débiles. Le dejé un pantalón a la madre de una amiga que sabe mucho de costura, católica progresista, pero buena con la aguja. Sin embargo, su ojo experto me dijo que la cintura del pantalón ya no podía ser alargada tanto. El tiempo de los ajustes había pasado ya definitivamente. 

Así que he ido a un supermercado donde me he provisto de pantalones hasta que lleguen los años de las vacas flacas.A veces me consuelo pensando que si cae sobre nosotros una hambruna imprevista, yo sería de los que sobrevivirían. También me consuelo pensando que éste es un estado corporal de naturaleza transitoria.

Cada Papa tiene su mirada




































Ya he hablado en pasados posts, en varios, acerca de los últimos sumos pontífices, pero me gustaría añadir unas pinceladas más en razón de estas fotos. No me voy a repetir respecto a lo que ya he escrito, van a ser añadiduras.


Esta mirada de Juan Pablo II en la foto le define plenamente. Es una mirada inteligente. Su cultura teológica era vasta y de gran calidad. Pero su mirada no es la de un hombre de biblioteca, es la mirada de un general: analiza, evalúa a los hombres, sabe trazar planes para ganar batallas eclesiales sin prisa. Detrás de esa mirada se aprecia una voluntad de acero que puede atravesar mares y montañas. Se nota que no le va a vacilar la mano a la hora de tomar decisiones.

Detrás de la mirada de Benedicto XVI, vemos un hombre frágil. Siempre dio esa impresión, incluso como joven obispo. Se nota que es tímido, que le cuesta abordar a la multitud. Si Juan Pablo II es un general romano que gallardamente pasa revista a las cohortes, Benedicto es un Papa amante de los libros, gustoso de tomar un té con pastas en un entorno tranquilo, rodeado de amigos. Benedicto es un hombre que escucha, que sabe disfrutar de un paseo por el jardín. Benedicto a diferencia de Juan Pablo es un hombre de serenidades, no de vehemencias.

Benedicto sí que es un teólogo profesional, una mente habituada a discurrir por los caminos del entendimiento humano. Si hubiera sido emperador romano, hubiera tenido reuniones con sus generales, senadores y tribunos, pero hubiera dejado hacer. Y, desde luego, nunca se hubiera precipitado, siempre hubiera buscado la serena decisión justa. Aun desesperando a unos por sus esperas, y a otros por sus aparentes decisiones tibias.

La mirada del Papa Francisco refleja sencillez y bondad. No es el brillo férreo de la mirada del general de acero, no es la luz de inteligencia que brillaba en los ojos del Papa-teólogo. Los ojos del Papa Francisco son los más transparentes de los tres, diáfanos, llenos de bondad: él busca el amor.

En los ojos del primero vemos los ojos del acostumbrado a batallas, le hubiera encarnado en la pantalla magníficamente el Rex Harrison de Cleopatra. Los ojos del segundo eran los ojos acostumbrados a un mundo de arquitecturas teológicas, le hubiera encarnado muy bien un sereno John Gielgud. Los ojos del Papa Francisco llevan años dedicados a los seres humanos concretos sin planes ni libros. Honestamente, no tengo claro cual sería el mejor actor para representarlo en la pantalla, lo digo sinceramente. Anthony Quinn (en Las sandalias del pescador) tiene algo de esa mirada humana, sensible, pero no refleja ni la alegría, ni la vitalidad, ni la espontaneidad de nuestro actual pontífice.

A mí me gustan los tres Papas. Si tuviera que decirme por uno, estaría en un brete. Pero me parece que el hombre de más oración y mortificación era Juan Pablo II. La profundidad de su alma era insondable. Soy devoto de él. Sin embargo, mi vida y carácter se parecen muchísimo a los de Benedicto, aunque yo ejerza en un puesto incomparablemente más humilde de la Iglesia. Pero si tuviera que pasar un rato agradable charlando o de viaje, sin duda, de los tres escogería al Papa Francisco, aunque no fuera Papa, aunque fuera un simple sacerdote. Sí, como amigo, Francisco.