martes, diciembre 06, 2016

Proyectos (literarios) de futuro


Hoy, 3 de diciembre de 2016, comienzo a trabajar en una nueva novela, una novela sobre el Apocalipsis. Hace veinte años escribí la primera novela de mi vida, Cyclus Apocalypticus. Publicada primero en México y años después en España, con bastante poco éxito por cierto en ambos países. La verdad es que se nota en sus páginas que yo comenzaba en esto de escribir.

Mi Cyclus colocaba los hechos en un futuro lejano. El siglo XXII me pareció demasiado cercano, pero no quería describir el final del mundo en una época más lejana, porque nadie puede tener ni la más mínima idea de cómo será la Humanidad en épocas más futuras. Así que escribí un fin del mundo en ese siglo (para mi gusto, demasiado cercano), un fin del mundo muy de ciencia-ficción, es decir, en una sociedad totalmente futurista tanto políticos como de “escenarios”.

Mi nueva novela (ya veremos cuando la acabo) será totalmente distinta: una novela cercana, lo más realista posible en cuanto a geopolítica, ambientada en nuestra época, en nuestra sociedad. No ahora mismo, sino de aquí a unos veinte años.

¿Por qué escribo esta novela? Será mi contribución frente a tantos pseudovidentes que están agitando en vano las conciencias de miles de fieles. Si el fin de este mundo viene, seguirá las fases muy concretas y definidas que se describen en el último libro de la Biblia, no las fantasías de cada pseudovidente.

Es decir, yo creo en el fin del mundo, pero cuando este venga, será como lo describe la Biblia. La Biblia ofrece signos, esos signos deben cumplirse. Hoy día no se cumplen; no se cumplen para nada. Por eso pongo el fin del mundo en mi novela de aquí a veinte años. Es difícil que todo ese ciclo de signos se produzcan en un tiempo menor por muy rápidos que se sucedieran, ya que muchos signos son políticos: las dos Bestias con todos los procesos que la Biblia afirma que ellas llevarán a cabo.

La otra razón por la que escribo este libro es porque ciertamente la Iglesia, primero en España y después en toda Europa, va a afrontar una serie de ataques jurídicos progresivos que, en mi opinión, la van a poner contra las cuerdas. En unos países antes, en otros después.

Así que mi novela a unos les dará paz (a los que creen a los falsos profetas) y a otros les consolará al entender que incluso tras las más terribles persecuciones contra la Iglesia, las que serán las últimas, el triunfo de Dios está asegurado.

Todo esto unido a que ahora (ahora sí) pienso que vamos camino de una purificación planetaria que va a ser un verdadero apocalipsis. La Historia seguirá, no es la segunda venida de Jesús. Pero los signos de los tiempos indican que vamos hacia algo muy grande.

Os pido a todos oraciones para hacer bien a las almas con mi novela. Equivocaciones habrá, claro. Para empezar es una ficción. Desde luego, lo mismo que en mi primera novela, no voy a seguir ninguna revelación particular de nadie. Suspendo juicio respecto a unas y otras no las creo. Pero aunque sea una interpretación del Apocalipsis, una más, no deseo con mis errores (nadie es consciente de sus propios errores) desviar a nadie de la verdad. Por eso será una novela muy pegada a los versículos de la Biblia.

Rezad por mí. Inicio un trabajo que me llevará meses. Y sólo serán meses, porque éste es un tema sobre el que llevo leyendo y meditando tantos años. Podéis escribirme y darme sugerencias. Aunque el libro lo tengo pergeñado ya en mi mente. Ya hace años que pensaba que tras escribir un apocalipsis futurista, convendría reescribir la misma historia como un apocalipsis contemporáneo. Entonces, todo está ya bastante meditado.

lunes, diciembre 05, 2016

Fortumberto Eco en el Cucurull de la Rosa


Del post de ayer, recibí el siguiente correo que me dejó admirado. Ya se ve que tengo lectores fascinantes. Me señala que en la anotación bajo la línea aparece “delectationis”. No sé como no lo vi. En fin, os ofrezco el texto que este lector me envío:
Es una copia casi renacentista, le diría por su letra humanística redonda (1400 largos) de la Epistula ad Pisones (el arte poético) de Horacio con glosas. Ay, lo que debe a los cristianos lo que hoy llamamos cultura clásica, a su pasado pagano. A los más silenciosos de todos –y, al tiempo, los más locuaces, como demuestra ese texto-: los religiosos. Son los vv. 333-344: Aut prodesse uolunt aut delectare poetae [...] lectorem delectando pariterque monendo. Supongo que no los ha escogido al azar: condensan aquello en lo que el arte cristiano puso el acento al interpretar al de Venusia: el poeta como maestro de vida (y no otro fue el afán de la mejor poesía moral cristiana, complemento de la hímnica, ya poesía divina) enseña sus caminos deleitando; y, por eso, como recomienda, con frases como saetas, cortas para alcanzar el corazón, y temas próximos a la verdad.
En cuanto a lo de los dos copistas, no me apostaría nada. Sí creo, sin embargo, que hay dos glosadores. Separados por cierta distancia temporal entre sí. Así lo me lo parece a la luz de la glosa interlineal al v. 338 (Fictaque uoluptatis causa [sint proxima ueris]) que usted señala. Ahí se lee “delectationis” por una mano y, al lado, por otra mano y tinta, la abreviatura de “per”. Delectationis va como sinónimo de uoluptatis, mientras que el per ayuda al lector a la hora de traducir: “sean las ficcionespor causa de deleite cercanas a la verdad”.
La manícula es del glosador del per. Se ve que la tinta es la misma, que anota encima: “Hic dicit Oratius quod --- quando loquitur superflue omnibus fastidit et ideo --- debet bene loquere et breviter.” Y bajo la manícula: “Dicit ergo Oratius quia ille non simul tractat ------ omnem laudem.” Los guiones van por lo que se me escapa, por las abreviaturas o lo castigado del pergamino. Que no está mal para tener unos seiscientos años.

A ver si este lector se anima a leer mi Obra Férrea.  Este tipo de lectores son los que son un placer para los autores. No pocas veces, el lector vale más que el autor. Y el comentario del lector vale más que la obra del escritor. Lo digo con toda sinceridad. A veces, como el texto del pergamino reza, tengo la tentación (y no sé si es tentación) de lo que dice Horacio: Loquitur superflue ómnibus fastidit.

Me gustaría pensar que no acabaré como un escritor-replicante, contemplando que mis obras se pierden como lágrimas en la lluvia.Al menos, vosotros me habéis disfrutado por un momento durante un tiempo durante un siglo que es éste.

domingo, diciembre 04, 2016

Los pergaminos medievales son un mundo


Hoy pongo ante vuestros ojos este magnífico fragmento de un pergamino. Lo interesante es la manicula que señala a una línea en concreto. Una línea escrita con una impecable letra uncial. Paradójicamente, las letras iniciales rojas muestran estar escritas por otra mano. Nada tiene que ver el trazo seguro y nítido de las unciales, con el trazo inseguro, casi pintado, de las iniciales

Después están las anotaciones marginales, verdaderamente encantadoras, y las anotaciones bajo las líneas. Una de ellas parece decir delectarioms.

Una curiosidad para acabar, todos los lectores de mi blog han tenido la sospecha de que un anónimo  que comentaba en los últimos posts era alguien a sueldo del régimen cubano. ¿Por qué? Primero porque no hay castristas fuera de Cuba. En Cuba sí que hay algunos, pero la población carece de Internet. Así que la conclusión es clara.

La otra razón por la que sospechamos todos que era alguien a sueldo del régimen para intervenir en las redes sociales era que su labor consistía en dar falsas noticias acerca de mi persona. En los años que llevo, algunos lectores han sido muy contrarios a mi persona, pero siempre se  mantenían dentro de ciertos límites de decencia. Mientras que éste se tomaba un tiempo llamativamente grande en esparcir infundios.


Lo mismo me pasó hace un año, cuando intervine en una televisión de México para defender a un obispo al que una cadena local denigraba. Inmediatamente, aparecieron cosas falsas acerca de mí en facebook. Dos personas que no conocía de nada afirmaban calumnias concretas contra mí. Soltaron la pelota para que rodara y dos días después sus cuentas desaparecieron.

sábado, diciembre 03, 2016

Qué belleza de puerta


Algunas personas han planteado la cuestión de que si alguien ofrece una indulgencia plenaria por Fidel Castro, podría entrar en el cielo de forma inmediata. Bien, pues lamento decirles que no.

En mi libro Tratado de las almas perdidas trato el tema del purgatorio todo lo profundamente que he podido. Si uno lee ese libro, comprenderá que (desde la teología del purgatorio que desarrollo allí) las indulgencias plenarias sacan del purgatorio a la inmensa mayoría de la gente, pero que éstas no actúan de forma automática e inmediata para todos a la hora de poner fin al tiempo de purificación. La doctrina católica sobre las indulgencias es completamente correcta, pero sin negar nada de lo afirmativo de esa doctrina, hay más elementos que añadir a ella.

Conclusión, en mi modesta opinión, si Hitler muere y alguien ofrece una indulgencia plenaria por él ese día, eso no significa que va a entrar al cielo al día siguiente.


Un último comentario, en tres de los subtítulos de mis posts, puse citas de Macbeth. Como ya he dicho muchas veces, lo que me impresionó la versión de Polansky cuando era niño y la ví en Sábado Cine. La versión de Orson Wells creo que la vi en el programa La Clave.

viernes, diciembre 02, 2016

Todavía a vueltas con salida del alma de Castro de su cuerpo: Lo que está hecho no puede ser deshecho (Macbeth)


No tengo duda de que no pocos habrán captado el sentido de la música que puse todos estos días. Casualmente la descubrí el mismo día que escribí la Elegía a Fidel. Es una música que para mí tiene un sentido clarísimo: el triunfo de Dios.

Me imaginaba a Fidel muriendo y yendo a su oscuro destino desconocido, y a los coros angélicos desde lo alto contemplando, desde lo alto, la escena y cantando esta canción. Ya sea que haya ido a una morada u otra, los coros cantaban con un vigor indescriptible, con una alegría plena, la victoria de Dios.


Fidel, en cierto modo, es como si hubiera retado a Dios con su vida. Y ahora, una vez más, los coros ensalzaban extasiados la gloria del Omnipotente: bien por su salvación, bien por su condenación. 

Hay sentimientos que sólo se pueden expresar con música. ¿Cómo expresar que Dios siempre gana, que no puede hacer otra cosa que ganar, que nunca hubo el más mínimo riesgo de no ganar?

Dios puede callar, Dios puede dar tiempo, otorgar oportunidades, retener por un tiempo el castigo, escuchar la intercesión... Pero hay una cosa que no puede ser Dios: ser débil. Dios es Dios. Y a la hora marcada, el día determinado, el año que Él conocía perfectamente, su Justicia actúa de forma inexorable.

La misma Voz que dijo hágase, y aparecieron los cielos, el Universo, las estrellas, dice ahora hágase, y su Justicia se hace. Es la misma Voz y es el mismo poder. Su Justicia tiene una característica: es inexorable. Ante ella no cabe apelación alguna. Su sentencia es el espanto de los réprobos. ¿Cómo debe ser escuchar de la boca de Dios las palabras: YO te abomino?

miércoles, noviembre 30, 2016

Reflexiones a la Elegía a Fidel Castro: Si tú pudieras mirar dentro de las semillas del Tiempo (Macbeth).


Pocos escritos me han producido más alegría que mis dos posts de elegía a Fidel Castro. ¿Por qué? Pues porque he sentido la emoción de las víctimas que se han puesto en contacto conmigo para agradecerme mis reflexiones. Os aseguro que he sentido, de verdad, esa emoción agradecida.

Sea dicho de paso, la Elegía a Fidel Castro (I parte) ha sido el segundo post más leído de toda la historia del blog desde el año 2006: de momento, a esta hora, 50.341 visitas.

He leído las declaraciones de los obispos acerca de su óbito. Me parecen perfectas. No pienso que ellos sean menos valientes, sino que ellos deben ser más prudentes. Mi post quería ser el desahogo de tantos cubanos que sólo pueden aspirar a una justicia supraterrena.

En realidad, no es que los obispos sean más prudentes. Ellos se adecuan a la situación de una iglesia rehén. Y yo me adecuo a consolar a las víctimas.

Por otra parte, mis palabras estaban medidas milimétricamente, cada palabra había sido pesada. Aunque si de nunciatura o un obispo cubano me hubieran pedido que las sacara de mi blog para evitar problemas con el régimen, lo hubiera hecho al momento. Ya lo he dicho antes, se trata de una iglesia rehén.

No hace falta decir que desconozco cuál ha sido el destino ultraterreno concreto de Fidel Castro. Ni lo sé ni lo supongo. Tampoco me alegraría su condenación, para nada. Pero sí que quiero hacer notar que los manuales católicos de moral recuerdan que sobre los primeros principios morales no cabe la ignorancia inculpable más que, en todo caso, como máximo, durante un muy breve tiempo. Después resulta imposible cometer esos actos con ignorancia inculpable.

Fidel Castro cometió de forma pública, reiterada e impenitente innumerables actos que por su misma naturaleza resultan incompatibles con la salvación eterna de su espíritu: fueron actos que conllevan la muerte espiritual del alma.

Ante esos actos, la única solución para revertir tal situación de muerte espiritual radicaría sólo en una intervención directa de Dios. Si se arrepintió o no es algo que sólo saben ahora los moradores del cielo y del infierno.

Según una errada interpretación de Amoris Laetitia, Castro podría decidir privadamente con su capellán si conculcar los más básicos derechos de los hijos de Dios sería lícito, siempre que se realice bajo la condición de hacerlo bajo una convicción muy fuerte. La respuesta de San Juan Bautista, de San Agustín, de Santo Tomás de Aquino, de Santo Tomás Moro y de Juan Pablo II sería tajante: hay actos que son irreconciliables con la salvación eterna del alma. Es decir, el sujeto debe elegir si prefiere realizar ese acto (uno solo basta) o salvar su alma.

Una vez hecha la elección el paso de los años, la vejez u otros actos buenos no anulan el hecho de la muerte del alma. En verdad, en verdad lo digo, que Dios se haya apiadado de su desdichada alma.

La situación de los 11 millones de hijos de Dios que viven en Cuba es triste y cruel. Y esos 11 millones de historias se concentran todas en la responsabilidad de una sola alma que hace tres días fue juzgado por Dios.

Algunos han dicho que le espera el juicio misericordioso de Dios. La afirmación es correcta, pero me permito matizar esa afirmación, y lo hago con toda seguridad: a Fidel Castro le esperaba únicamente el juicio de Dios. Hay un tiempo para la misericordia y hay un tiempo para el juicio. O se logra misericordia antes del juicio o ya no se logra después. Hay un momento en que, en verdad, los demonios dicen con tono severo: ya es tarde. Hay un momento en que los ángeles callan y dan la espalda. Hay un momento en que el Dios Amor da la espalda.

Yo mismo cité el versículo de Santiago 2, 13: Porque el juicio será sin misericordia para el que no ha mostrado misericordia.
Es decir, la Palabra de Dios nos asegura con su autoridad que hay juicios sin misericordia. Lo repito: Dios nos ha asegurado que a algunos los juzgará sin misericordia. Dicho lo cual, en esa tierra de siervos que es Cuba, pueden realizar todos los homenajes que deseen. He escuchado esta noche en las noticias que explicaban el recorrido que iban a hacer sus cenizas por la isla. El único recorrido que me interesa es el que ha hecho su alma hace tres días.

Hay un recorrido larguísimo que puede durar siglos antes de que con toda humildad, dolor y lágrimas se presente para postrarse ante el Trono que hay en medio de los salvos. Hay otro recorrido brevísimo, directo y que es la caída horrorizada al Abismo.

¿Cómo acabar este post? ¿Qué palabras pueden poner punto final a una situación personal que quizá no tenga fin? Voy a acabar con dos versículos. Dos versículos que no afirmo (ni niego) que se apliquen a Fidel Castro. Pero sea cual sea la sentencia dada sobre Fidel, la Palabra de Dios siempre es la verdad:


Porque, en verdad, es justo para Dios pagar con aflicción a aquellos que os afligen. (...) Estos sufrirán el castigo de la eterna destrucción, separados de la presencia del Señor y la gloria de su poder (2 Tesalonicenses 1, 6 y 9).

martes, noviembre 29, 2016

Elegía a Fidel Castro (II parte): cuando el Destino nos alcance












Si matando, persiguiendo a la Iglesia, torturando, robando y oprimiendo la posibilidad de que se nos otorgue la salvación eterna fuera exactamente la misma que orando, ayunando, sacrificándose y viviendo en pobreza, entonces el camino del Bien y la virtud sería un camino que llevaría al Cielo lo mismo que el camino del mal y del vicio.

O dicho de otra manera, a la inversa, el camino del Bien y la virtud conduciría al infierno exactamente lo mismo que el camino del Mal y del vicio.

No sé, pero tengo la sospecha de que la Biblia no dice exactamente eso, ni algo parecido, ni algo que lejanamente suene a eso. Si no recuerdo mal, ¿Jesús no nos habló de dos caminos, uno de los cuales llevaba a la salvación y el otro a la condenación?

Si todo da lo mismo, como pretenden algunos, prefiero llegar al Cielo por el camino más cómodo posible. Pero no, no es así. Las cosas no son así, porque Dios no es así. Yo creo en el Dios de la Biblia, no en el Dios del buenismo. A los buenistas les da lo mismo todo, porque a su dios le da lo mismo todo.

Sin embargo, os aseguro que al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob NO le da lo mismo todo. Cada acción tiene sus consecuencias. Y hay acciones que tienen consecuencias eternas. Hay acciones que matan el alma. Hay actos que llevan al infierno.

Jamás he afirmado que Fidel Castro esté en el infierno. Ni lo he dicho ni lo he escrito ni lo pienso. Sólo digo que Fidel Castro, después de toda una vida repleta de acciones gravísimas, acciones que llevan a la condenación eterna, sin que nos conste su arrepentimiento en ningún momento de su larga vejez, ha afrontado el juicio inapelable y riguroso de Dios. Sólo he dicho eso y nada más que eso. Nada sé del juicio divino acerca de esa alma en concreto. Pero del juicio en general sé lo que nos ha dicho Dios: porque el juicio será sin misericordia para el que no ha mostrado misericordia (Santiago 2, 13).

¿Dónde está Fidel Castro ahora? Os lo voy a decir, porque os aseguro que lo sé: o está en el lugar donde hará penitencia y no saldrá hasta pagar incluso la última pequeña moneda (Lucas 12, 59), o está en el lugar donde ya no tiene que hacer ninguna penitencia, porque la sangre de Cristo no fue derramada por él y su nombre no se encontró en el Libro de la Vida.

lunes, noviembre 28, 2016

Elegía a Fidel Castro (I parte): Salve, thane de Cadwor


Dios le dio 90 años a su alma para cambiar, para entender, para pedir perdón. Pedir perdón a sus millares de víctimas, a sus millones de oprimidos, pedir perdón a Dios, a sí mismo... Perdonarse a sí mismo para seguir viviendo con dignidad, para no vivir bajo el remordimiento, bajo el peso de una culpa abrumadora, para no vivir como Macbeth, como un animal acorralado, acorralado y mordido por su propia conciencia.

Ahora el tiempo se ha acabado para Fidel Castro. Ahora ya no hay poder sobre la tierra ni santo ni ángel que pueda otorgarle el perdón. Él, que sentenció a tantos, si ahora está sentenciado, ya no encontrará perdón ni en este mundo ni en el cielo.

Castro, que no tuvo piedad de tantos que suplicaron misericordia, si ya no ha encontrado perdón, ya no lo encontrará nunca. Él que hizo un infierno de la vida de muchos, si ha entrado en el infierno, ahora sufre con los ojos abiertos. Él que siempre tuvo los ojos de su conciencia cerrados ahora ve. En el infierno o en las espantosas moradas de la purificación destinadas a monstruos como él, ahora ve, sufriendo... pero, por fin, ve.

Ahora no le son de ninguna ayuda ni todas las manifestaciones multitudinarias en la Plaza de la Revolución que se puedan convocar en su honor ni todos los artículos que el diario Gramma escriba loándol ni todos los discursos del Partido que lo ensalcen hasta las nubes. Todo eso... ya no sirve. Ahora está solo, con su alma. Encerrado en la terrible prisión de su alma. En el reino oscuro de Satanás o en las prisiones inmateriales del lugar de purificación su destino le estaba esperando. Durante 90 años, su destino eterno le estaba esperando.

Pero sea que ahora esté en una morada o en otra, lo que no os queda ninguna duda es que la Justicia ha recaído sobre su pequeña y miserable alma. La única duda, la única, es si su espantosa situación durará siglos, o siglos sin fin.

El Papa no puede ser hereje (IV parte)


He estado fuera un día entero en una preciosa casa al lado de unos bosques de robles. Gracias a Dios que me ha concedido pasar un día en un lugar tan bello y con dos matrimonios (y cuatro perros) tan agradables. Sea dicho de paso, había lobos en esos bosques. Los oímos bien cerca atacar a una presa. Todo el día ha estado lloviendo y la máxima de la temperatura creo que era de siete grados. Las laderas del valle en el que estábamos aparecían nevadas antes de alcanzar sus cimas pétreas desnudas. Pero el frío es menos frío cuando se ha nacido en Huesca.

Al llegar a mi casa, he leído parte de los comentarios que habéis hecho a mis últimos posts. Muchos me han parecido verdaderamente brillantes. Un comentarista anónimo había escrito lo siguiente, aunque lo he cambiado un poco en su redacción:

El Señor hizo una promesa: las puertas del Hades no prevalecerán contra nuestra Iglesia. No es que se diga que el Papa tiene la razón cuando no tiene razón. Sino que el Señor no permitirá que el Papa se equivoque.

Un magnífico comentario a la altura del post. Hay otra comentarista que conozco, pero que desea el anonimato, que ha señalado algo sumamente inteligente, también he hecho unos cambios en la redacción:

El Papa porta una corona de diamantes. No importa que el Papa se consuma bajo el peso de gravísimos pecados deliberadamente cometidos, su corona de diamantes permanecería intacta. Aun el Santo Padre carece de poder para destruir esa corona. La fuerza del Espíritu Santo es superior.

Otro comentarista ha escrito algo que en su brevedad resulta contundente, la respuesta sencilla y breve a toda esta cuestión:

Prima sedes a nemine iudicatur.

Ése es el canon 1404 del Código de Derecho Canónico: La primera sede no es juzgada por nadie. Frente a estos argumentos sólidos caen por su propio peso comentarios vacuos de otros comentaristas, como los que dicen que uno puede deja de ser Papa si dice algo contra la fe. Es decir, tengo que obedecer al Papa, pero yo decido si él sigue siendo Papa. Por favor, un poco de seriedad.

Con todo respeto hacia los comentaristas agresivos que están gestando odio contra el Vicario de Cristo, con respeto pero respondiéndoles con firmeza: por la teología (la teología hecha con serenidad en tiempos de Juan Pablo II) tengo muy claro cuándo se puede equivocar un Papa y cuándo no puede ser una fuente de error. Tengo muy claro cuando el ser humano que es un Papa puede meter la pata, y cuando no. Y entre estas dos posibilidades, cierto es que hay muchos matices, cierto que hay muchos campos intermedios, un área que parece estar justo en mitad de la declaración ex cathedra y de la opinión personal. Un área que está justo en medio entre el magisterio ordinario papal y la ocurrencia personal. Cuando el Papa Benedicto escribió su libro sobre Jesucristo siendo Papa, dejó claro que no era magisterio papal.

Ahora bien, sin entrar en una casuística interminable (en la que no hallarán la paz aquellos que no buscan la paz), quede claro que todo lo que ha dicho el actual Papa, el único y legítimo Papa Francisco, se puede leer de un modo ortodoxo.


Yo tengo muy claro que le diría al capitán de un barco al comunicarme el rumbo del timonel. Pero también tengo claro lo que le diría a la marinería. Y entre ambas cosas no hay contradicción, ni falsedad por mi parte, ni idolatría hacia el capitán. Dios está queriendo decir algo a los teólogos a través del Papa Francisco.

Mi mensaje a todos los católicos es keep calm and carry on.

viernes, noviembre 25, 2016

El Papa no puede ser hereje (III parte)








Ahora bien, si aplicáramos las prerrogativas papales sólo a los Papas virtuosos, entonces entraríamos en una contradicción lógica. Me explico, ya dediqué otro post el camino ordinario por el que se conserva el Depósito de la Fe en la Iglesia, desde las instancias más pequeñas a las más altas: párroco, obispo, congregaciones romanas, Sumo Pontífice. Obvio otras estructuras sinodales por simplificar. Si el Papa es la salvaguarda última del Depósito de la Fe en la estructura eclesial, no podemos decir: en el caso de que el Papa no sea virtuoso (o prudente o lo que cualquier otra cosa) entonces no constituye esa salvaguarda última.

Eso es una contradicción, porque no puede ser que él constituya sobre la tierra el criterio último de verdad cuando los obispos se dividan, pero que eso quede supeditado al criterio mío que le juzga si es portador o no de esa prerrogativa. Claramente, eso es una contradicción. Ya que el Vicario de Cristo juzgaría sobre las cuestiones, pero cualquiera juzgaría si se somete a él o no. El mismo Papa que juzga quedaría sometido a juicio. Desde un punto de vista meramente lógico entraríamos en un círculo vicioso.


Así que, al menos, debemos movernos en el terreno de los mínimos. Sabiendo que la estructura lógica de la Iglesia ha sido magistralmente ideada por la Trinidad. El Santo Padre no puede proclamar como verdad el error a toda la Iglesia. No lo ha hecho, no lo va a hacer y no lo puede hacer. Aquí se aplica a los cristianos zarandeados por tantos blogs, otro tópico muy británico: Keep calm and carry on.

El Papa no puede ser hereje (II parte)











Las 4.300 visitas que en blogspot han visitado mi último blog han provocado una abundante cantidad de comentarios, como pocas veces. Ya se ve que éste es un tema candente en los blogs eclesiales: unos muy a favor, otros muy en contra. Así que he optado por aportar algunas reflexiones más y así satisfacer tantas peticiones de aclaraciones. Mañana, probablemente, hablaré de tonterías de mi vida diaria, pero hoy no. Hoy hablemos de cosas serias.

Si para afirmar un gozoso y entusiasta Tu es Petrus, debiéramos esperar a tener una persona perfecta que encarnara magníficamente al Vicario de Cristo, francamente, al menos una vez por siglo nos hubiéramos refugiado en el cisma. Cierto es que hay obispos que, una vez llegados al solio pontificio han encarnado de manera dignísima la figura del Vicario del Maestro. Pero otros muchos se han quedado por debajo de las condiciones personales, de la nobleza, de la virtud mínima que se esperan de alguien que asume su cabeza la triple corona, coronas que expresan una triple autoridad divina. Sobre la tiara ya hablé en otro post.

Con lo cual, unos Papas encarnan dignamente esa figura del Vicarius, en su sentido romano clásico, y otros no. Es triste, pero ni siquiera todos los obispos de la Iglesia son dignos de esa autoridad sobre sus rebaños. Por piedad, pedidme lo que queráis, menos una estadística aproximada. En cualquier caso, los Papas dignos y los Papas indignos tienen su cabeza ornada de esa autoridad.

Por lo tanto, en mi anterior post, yo hablaba de mínimos. En ningún momento afirmé: este Papa es admirable, este Papa es un santo, este Papa debe ser encumbrado en lo más alto de nuestra opinión, este Papa es uno de los más grandes, compadezco al que no bese donde ha pisado, y cosas por el estilo. No, no dije eso. Ni dije ningún “entusiasmo” de ese tipo. Yo hablé de mínimos. Me conformo con que todo hijo de la Iglesia respete los mínimos. Y después que cada uno añada lo que sienta que debe añadir si siente tal entusiasmo por este o por otro Papa, que en la Iglesia nadie le va a forzar a ello ni tampoco se lo va a impedir. 

¿Qué se espera de cada uno de vosotros? Pues como Chamberlain en su famosa alocución radiofónica: I know that all you will play your part.

jueves, noviembre 24, 2016

¿Un Papa puede ser hereje?















Una pregunta que insistentemente me hacen distintos lectores de mis posts es si la ruptura con el dogma se podría hacer desde el mismo papado. La respuesta es no.

Un Papa puede ser pecador, puede tener mala formación teológica, puede ser un miserable, puede callar ante eclesiásticos que esparcen mala doctrina, puede escribir una encíclica ambigua, puede decir una cosa y tener otra intención, puede formular frases de doble sentido, puede promover a indeseables a los más altos cargos, puede poner como ejemplo a hombres que no son ejemplares. La lista podría continuar. Un Papa podría querer acabar con puntos de la Tradición que son irreformables, podría querer acabar con lo más bello de la liturgia, podría querer malvender los más bellos cálices y templos de la Iglesia. La lista podría extenderse a más aspectos.

Ahora bien, Dios siempre intervendrá para que ningún Papa proclame como verdad de fe lo que es un error. Por eso ningún Papa nunca podrá ser un hereje. Podrá equivocarse en sus pensamientos, en sus conversaciones privadas, en lo que afirma en un libro que no pretende ser magisterio (aunque lo escriba siendo obispo de Roma), en un borrador de una encíclica, en un sermón que no pretende ser magisterio para toda la Iglesia.

No sólo eso, sino que a otro nivel más profundo, podrá, incluso, equivocarse en sus enseñanzas personales, es decir, aquellas que no presenta como definitivas, sea el medio que sea el que use para expresar sus opiniones personales. (Cuando un Papa quiere enseñar como Maestro Universal lo deja claro.) Podrá equivocarse en todo aquello que sea enseñanza que no se propone como magisterio para toda la Iglesia.

Técnicamente hablando podría cometer errores en cualquier ámbito que no comprometa su magisterio como Vicario de Cristo. Aunque, como es lógico, esto no sucederá porque cualquier Papa se cuidará muy mucho de hablar como maestro de la fe si no está seguro de lo que va a decir. Insisto, esto no sucederá en la práctica, pero en teoría podría suceder. Hay dos casos en la Historia que se estudiaron mucho cuando se sometió a estudio la posibilidad de declarar el dogma de la infalibilidad papal. No voy a entrar en esos dos episodios, porque esto ya no sería un post, sino un artículo.

Pero baste decir que el Papa no puede ser hereje, que el Papa no puede declarar solemnemente como verdadero lo que es falso. Su magisterio ordinario debe ser acogido con respeto y con la conciencia de estar escuchando a aquél que tiene el encargo de ser maestro de la Iglesia, incluso cuando no habla de forma infalible.

¿Se pudo equivocar en Amoris Laetitia? Vamos a ver, estaríamos, en todo caso, hablando de interpretaciones. ¿En qué sentido tal o cual frase es acorde a la tradición católica y en qué sentido no lo es? Dado que es el Papa, debemos leer su exhortación en un sentido católico.

Espero que estas palabras calmen las inquietudes que algunos hijos fieles a la Iglesia albergan. Tienen todo el derecho a que les guste o no este Papa. Pero, hoy por hoy, no ha dicho nada incompatible con la fe católica, aunque varias de sus frases tengan diversas interpretaciones. 

Hoy por hoy no lo ha dicho y espero, que tras leer este post, todos se queden con la seguridad de que no va a decir nada heterodoxo, porque no puede decirlo. Su magisterio para toda la Iglesia siempre será expresión de la verdad. Recordemos que Dios cuida a su Pueblo, que Dios está presente en medio de su Pueblo, y no está presente como un mero espectador.

En todo esto, al final, hay toda una estructura lógica de la conservación de la Verdad que Dios ha tenido en cuenta a la hora de organizar la comunidad de creyentes que iba a custodiar su mensaje, el Mensaje de Dios. Si tuviéramos que confiar en la bondad de las personas para quedarnos tranquilos, en dos mil años estaríamos listos. 

Conclusión: paz y unión con el Vicario de Cristo.

miércoles, noviembre 23, 2016

Nunca más los mismos errores del pasado


Os confieso que la última cosa de la que hoy quería hablar era del discurso de Chamberlain que hace dos días puse:


Pero no me canso de escucharlo. Tiene un poder casi hipnótico sobre mí. Ese Primer Ministro derrumbado, infinitamente entristecido, qué lejos estaba de pensar que en el siglo XXI un ciudadano de una democracia, en el sur de Europa, le escucharía emocionado. Y que solamente en ese link (hay muchísimos otros) le escucharían 300.000 personas más.

Le escucho y hay dos palabras que me llaman la atención hablando de Hitler: fuerza y voluntad. Y acaba concluyendo: He can only be stopped by force. Una conclusión de 60 millones de muertos.

Lo fascinante de ese discurso es que no hay en él ninguna figura retórica, no se encuentra en él ningún recurso oratorio. Su tono no tiene nada de heroico. Cualquier psicólogo puede corroborar que son las palabras de un hombre triste que se siente derrotado. Y, sin embargo, sus palabras siguen resonando con la misma honradez, fuerza y nitidez con que lo hicieron esa lejana noche de septiembre de 1939. La noche en que comenzó la contabilidad de la muerte.


Después he escuchado un discurso de Hitler. Realmente es Saruman dirigiéndose a las fuerzas de Mordor. No necesita maquillaje, ni parafernalia demoniaca. Su rostro es el del Mal. No necesita accesorios. Los aullidos de los que le jalean son gritos de esclavos.

Nunca más la guerra. Nunca más. Aunque todos sepamos que volveremos a cometer los mismos errores.

martes, noviembre 22, 2016

En el Papa Francisco debemos esforzarnos por ver el oficio sagrado, no la persona humana


Hoy he vuelto a escuchar el audio de Neville Chamberlain. Me impresiona siempre que lo escucho. Un comentarista de mi post me escribía que las cosas que digo valen para las naciones y para la Iglesia. Efectivamente. Era yo totalmente consciente de ello al escribir ese post.

La acumulación de decisiones imprime direcciones tanto en un reino humano como en el Reino de Dios sobre la tierra. La acumulación de pequeñas decisiones erróneas provoca finalmente la aparición de decisiones mucho peores. Son las decisiones peores las que arrastran a los futuros gobernantes a decisiones verdaderamente épicas para enmendar el rumbo.

Yo creo que, al final, habrá un cisma en la Iglesia. Por muy bueno que sea el gobierno eclesiástico, veo inevitable ese resultado final. El barco está escorado y el agua sigue entrando. Al final, una iglesia moderna se separará de la obediencia de la Iglesia de los dogmas. En ese futuro conflicto, la fidelidad a Pedro será la clave para saber en qué lado debemos estar. Las mentes más preclaras observaban cómo se aproximaba el conflicto de 1939. El futuro conflicto eclesiástico tiene el carácter de lo inevitable.

Fidelidad al papado. Otros atravesarán la frontera. Otros pondrán su pie en lo que no es lícito. Nosotros debemos ser fieles a Pedro y sus sucesores. No tengamos una visión humana del Papa, sería equivocada. Por encima de cuestiones de tiaras y capas pluviales, veamos las cosas al modo de Dios. 

Un Papa como Francisco dificulta mucho una rebelión de los ultraprogresistas. En ese sentido, creo que es un Papa óptimo para evitar ese inmenso mal. Aun así, considero inevitable que esa ruptura de la comunión se produzca. Es una cuestión de tiempo.

domingo, noviembre 20, 2016

La arquitectura moral de la Iglesia: decisiones, decisiones, decisiones


Los sacerdotes aconsejamos a la gente a la hora de tomar decisiones trascendentales si así nos lo piden. Siguiendo el post de ayer, hay que reconocer que no tiene mucho que ver un consejo sobre una herencia o sobre una cuestión matrimonial, frente a una cuestión en la que estaban en juego la muerte o la vida de 60 millones de personas. Por eso, considero que Neville Chamberlain hizo lo correcto al no iniciar una guerra paneuropea cuando Hiltler se hace con el control de toda Checoslovaquia.

¿Quién sabía que Hitler iba a seguir adelante en su idea de conquistar más países? Nadie. Ahora lo sabemos. Entonces, no. Lo lógico era pensar que iba a parar allí. Por más que hubiera escrito las cosas que escribió en Mein Kampf, ¿quién iba a imaginar que era tan insensato como para seguir fagocitando países?

Callar ante la invasión de toda Checoslovaquia (y no sólo de los Sudetes) era la opción más razonable. Cualquier precio era razonable antes que iniciar una carnicería de las proporciones que veían que iba a venir. Si evitaban la guerra, en tres años, en cinco años, en diez, el régimen nazi podía debilitarse, caer, fragmentar su fuerza por luchas de poder internas. Hitler se podía morir de una enfermedad, de un atentado anarquista. Podían pasar mil cosas. Checoslovaquia era el precio. No era un precio barato, pero la razón indicaba que valía la pena intentar la paz.

El que tomó la decisión fue Neville Chamberlain. ¿Dormiría bien los días previos a tomar la decisión? ¿Tendría dudas? Si Neville hubiera sido Carlos V, esta cuestión hubiera sido consultada con su confesor. Impresionante cuestión en manos de un fraile. Un pobre fraile que toma una decisión de millones de vidas. Callar ante la invasión de Checoslovaquia suponía callar ante torturas, interrogatorios, calabozos, fusilamientos y una inmensa cantidad de sufrimiento.

Hoy día la inmensa mayoría de los que conocen la existencia de Neville Chamberlain consideran que fue débil, que no tuvo poca visión del futuro, que cayó en el deshonor. Pero, realmente, él sí que supo ver el futuro y quiso evitarlo lo que mejor que fue posible en ese momento.

La gente olvida, además, que, mientras deseaba con todo su corazón mantener la paz, inició el más ambicioso que pudo programa de rearmamento de Gran Bretaña.

Coloco arriba una foto que ya puse en este blog hace años. Es una foto que me impresiona sobremanera. El momento justo en que Chamberlain el 3 de septiembre de 1939 declara la guerra a Alemania. Podéis escuchar la declaración aquí:

La voz lo dice todo. Su tono es un espejo de su alma. Justo después de la declaración de guerra (minuto 00:51) hay un momento de pausa... impresionante. Cinco segundos im-pre-sio-nan-tes.

Resulta interesante comparar la tristeza infinita de este buen hombre frente a los chillidos histéricos de Hitler. La comparación del hombre que habla con serenidad, frente a un espíritu lleno de odio como Hitler.


Lo tremendo es que, en ocasiones, los hombres serenos, los estadistas amantes de las libertades de las polis atenienses, tienen que elegir entre el régimen dictatorial de Franco o un régimen comunista, entre empezar una guerra europea en 1947 contra la ocupación soviética o dejar las cosas como estaban, entre seguir luchando en Vietnam o retirarse. Decisiones, decisiones, decisiones. Millones de vidas en esas decisiones. 

A veces, entre dos terribles opciones hay una tercera. Pero no siempre. En ocasiones, sólo hay dos posibilidades y no hacer nada ya supone una decisión.

Cuando gobernar supone elegir cómo se reparte el dolor












Lo interesante del gobernante, del que tiene el Poder, es que a veces hay que hacer elecciones entre lo malo y lo peor. En ocasiones, pocas, el que tiene un gran poder tiene la posibilidad de debilitar un mal muy grande a costa de permitir otro mal menor.

He tenido largas conversaciones con un amigo mío, profesor de universidad, acerca de mi opinión (llena de matices) respecto a cierto régimen autoritario de carácter hispano dominado por un gallego. Mi postura se resume en que cuando le preguntaron a Churchill por qué apoyaba (con armas y recursos) a la Unión Soviética frente a Alemania cuando la segunda atacó a la primera. La respuesta de Churchill fue: Si Hitler atacara al infierno, me aliaría con el Diablo para acabar con Hitler.

Imaginemos ahora que tenemos que elegir entre dos posibilidades dejar que Europa sea dominada entera por la Unión Soviética tal como era en 1940, o dejar que sea dominada por Alemania tal como era en esa misma época.

¿Los dos eran igual de malos? ¿Alguno era menos malo? ¿Alguno era más perverso pero, de hecho, hizo menos mal? Lanzo la pregunta. Yo me la llevo haciendo durante muchos años. Al final, no he llegado a una conclusión clara. Aunque sí que parece que, en términos tanto absolutos como relativos (muertes, torturas, represión) el régimen soviético fue peor, incluso incluyendo los campos de concentración, aunque descontando las muertes por la guerra. Insisto, parece que es así. Tampoco pongo mi mano en el fuego.

Lo interesante es eso: si hubiera que elegir, pero no se puede ir contra los dos, sino sólo contra uno, ¿qué monstruo nos parecería preferible con independencia de su perversidad, digamos, inherente? Yo sólo lanzo la pregunta. No tengo clara la respuesta.  

En la foto, Neville Chamberlain: un buen hombre que tuvo que tomar decisiones. En mi opinión, acertadas. 

sábado, noviembre 19, 2016

Amoris Laetitia y la paz de saber el lugar que ocupo en la Iglesia (III parte)


Pocas cosas me han hecho tan feliz en los últimos días, como recibir unos comentarios en mis posts sobre Amoris Laetitia en los que algunas almas de Dios me escribían cosas del tipo: padre, gracias, he recuperado la paz; le quedo agradecido porque vuelvo a amar a la Iglesia y el Papa; sus palabras me han devuelto la luz y la calma; y cosas por el estilo. No sabéis la satisfacción que me produce saber que he restaurado, que he sanado, que he unido.

Es cierto que otros me han descalificado como persona por tratar de hacer eso. Pero eso lo daba por descontado y en ningún momento me he sentido ofendido. A ellos les digo: si creer en la Palabra de Dios, si dar mi sincero asentimiento a todos y cada uno de los dogmas de la Iglesia y a su entero Magisterio, si estar unido por la obediencia a mi obispo y al Papa no bastan para no ser un hereje, entonces, hijos míos, ya no sé qué bastaría para estar en la ortodoxia. ¿Quizá hacer caso a algunos blogs?

Alguno me acusará de que mi visión es muy cándida. ¡Ojalá fuera totalmente angélica! Ojalá la candidez y blancura de mis ojos al examinar al Vicario de Cristo fuera como la de Santa Teresa de Lisieux o la Madre Teresa de Calcuta.

Ha habido cuatro cardenales que han pedido la aclaración de algunos puntos de Amoris Laetitia. Ya he dicho que no voy a defender la exhortación criticando a nadie. Pero permitidme esta reflexión: estoy totalmente de acuerdo con la forma en que esos cuatro cardenales están convencidos en que los puntos dudosos deberían ser aclarados. Antes de leer el modo en que los cuatro cardenales aclararían esos puntos imprecisos, ya os digo que estoy seguro de que su postura expresa lo que yo hago en el confesonario.

Si ellos ya saben cómo aclarar esos puntos antes de recibir la aclaración: entonces, ¡haya paz! Saben la aclaración antes de recibirla. Cuánto me alegro, lo digo con sinceridad, de que esos príncipes de la Iglesia tengan luz (y la tengan abundante) a las respuestas aun antes de recibirlas. San Francisco de Asís diría: Bendita la hermana exhortación que nos enseña comprensión, bendita la hermana carta de los cuatro cardenales que nos enseña la tradición.


Esos cuatro cardenales llevan interpretando Amoris Laetitia de acuerdo a la tradición que supone el magisterio de la Iglesia. Lo han hecho públicamente, de forma abierta y clara. ¿Alguien les ha llamado la atención? Por supuesto que no. Pues no necesitamos más para sentarnos juntos a la mesa a cenar y charlar amigablemente y ver cómo vamos desarrollando la reflexión teológica acerca de la nueva situación eclesial que estamos viviendo a nivel mundial. Lo repito, no necesitamos más para tener paz.

viernes, noviembre 18, 2016

Amoris Laetitia y los remolinos en las aguas (II parte)


¿Cómo se debe leer Amoris Laetitia? Pues con una lectura benigna. El Papa es nuestro padre espiritual. Somos una familia. Esto no es una empresa. Esto no es un juicio contra alguien o contra algo que se presenta a nuestro veredicto. Hay que leer con paz y desde la paz. Hacerlo así genera paz. Paz en la persona y en la Iglesia. Debemos hacer así con todos, y más con el Papa.

Los grandes teólogos esos sí que pueden hacer un estudio profundo y presentarlo filialmente a los pastores de los pastores (los obispos). A ellos, porque en la Iglesia no debe existir la presión como modo para conseguir las cosas.

Un gran estudio, profundo, meticuloso, erudito, lo hace el que puede, no el que quiere. Vuelvo a insistir en lo que me gustaron mucho los artículos del padre Iraburu. Pero él mismo tejió sus argumentaciones desde un impecable sentido eclesial. Sus palabras no eran un mitin contra nadie. Destilaban amor a la verdad y deseos de construir. Otros, que sabían mil veces menos, croaron desde sus blogs, creyendo que estaban escribiendo el De Trinitate de Tertuliano. Algunos hasta ladraron.

Creo que un pobre sacerdote como yo (mi posición en la Iglesia es mínima) debe recordar como pastor que debemos tener humildad. No debemos creernos más de lo que somos. Se ha hablado mucho, muchísimo, de esa exhortación. Pero creo que también es un buen momento para hablar de la humildad.

No oiréis ni una palabra mala respecto a los cardenales que se han mostrado críticos contra la exhortación. ¿Por qué? Pues porque no debemos usar Amoris Laetitia como un campo de piedras para liarnos a pedradas entre los seguidores de Jesús. Lo repito, debemos construir.

El amor a la verdad en nada se resiente de leer benignamente los textos de los pastores: mi obispo, el Papa, otros cardenales... Soy benigno con el Papa y con los cardenales críticos a la exhortación. ¿Qué haría San Francisco en una situación así? ¿Qué haría Santa Teresa de Liseaux? ¿No encontramos una luz para esta situación en el espíritu de estos santos?

Amo la verdad tanto ahora como cuando era un joven seminarista abrumado por la grandeza de la Summa Theologica. La única diferencia es que los años me han hecho más sereno, más comprensivo. Defender la ortodoxia desde la serenidad. He necesitado años para eso.

Es cierto que desde mi pequeña posición como capellán me dedico a escribir libros. Pero hago lo posible por no creerme más de lo que soy: miro con respeto a los grandes teólogos, admiro a los grandes expertos de las universidades; incluso a varios que conozco en San Dámaso. No quiero saber de todo, aunque lo que aprendo os lo comunico aquí, aunque os comparta mis reflexiones en mis posts. Pero soy consciente de mis limitaciones. No tengo la última palabra de todo.


Puedo hablar de un modo jocoso muchas veces. Pero me tomo a mí mismo con ese mismo sentido del humor. Por favor, paz, paz. Amar a la verdad y no dañar a la Iglesia son realidades no contradictorias, aunque algunos prediquen lo contrario. Pero incluso para ellos, sólo tengo amor y comprensión.

jueves, noviembre 17, 2016

Amoris Laetitia: aguas revueltas, algunas reflexiones ulteriores tras reposar el texto


Estos días baja el río un poco revuelto con respecto a Amoris Laetitia. No pensaba yo decir nada, pero últimamente las aguas comienzan a agitarse algo más. Por si mi palabra puede servir de luz y guía alguien, aquí van algunas reflexiones. Pero hablo desde la humildad, no queriendo decir la última palabra, ni queriéndome erigir en criterio que hay que seguir.

La exhortación apostólica no cambia nada y lo cambia todo, como dijo el cardenal Kasper. Lo que era pecado sigue siendo pecado. Pero, qué duda cabe, que debemos realizar una aproximación pastoral nueva a la realidad de los divorciados, de los que viven en uniones de hecho, de los homosexuales y también, como nó, con los hermanos cristianos separados.

Esto no es relativismo. El padre de la Parábola del hijo pródigo no promueve el relativismo al abrazar a su hijo. Pidió perdón. Sí, pero le hubiera abrazado igualmente si hubiera venido y no hubiera dicho nada. Al menos se acercaba a su padre. Otros se acercan a la verdad, se acercan a la Iglesia. Jesús comió con pecadores y no por eso estaba promoviendo el relativismo.

Por otra parte, no parece mal un estudio pormenorizado (y hasta crítico) de la exhortación hecho por los grandes teólogos. Un estudio hecho por parte del ignorante fanatizado resulta completamente inútil. Leer ese tipo de cosas es una pérdida de tiempo.

Pero análisis como los del padre Iraburu (es el que más me ha gustado) y otros autores son, sin duda, un enriquecimiento, un diálogo como el texto pontificio. Nada de malo hay en una confrontación eclesialmente sana de ideas y argumentos. Eso es un ejercicio muy sano, no hay que tener ningún temor a ello y el Papa Francisco sería el primero en estar interesado en escucharlos.

Ahora bien, también hay otro tipo de críticas que son agrias. ¿Que se puede hacer una lectura negativa y sólo negativa de la exhortación? Por supuesto. Cuando un texto se lee por parte de alguien a ver por donde se puede “pillar” al autor, el diálogo con esa persona resulta extenuante. ¿Por qué? Porque la mayor parte de “peros” son de primer curso de teología.


Podemos leer Amoris Laetitia a “pillar” a su autor, o podemos leerla a ver si su discurso nos aporta algo, a ver si nos ayuda a abrir nuestra mente a nuevas perspectivas. Debemos sobrenaturalizar la recepción de esta exhortación. Debemos espiritualizar su lectura.

 La lectura debe sacar lo mejor de nosotros (fe y humildad de la recepción), no lo peor. Debe ser acicate para una mejor reflexión teológica por parte de los grandes teólogos, pero el texto no puede ser visto como una diana por parte de un pobre infeliz que no sabe nada, pero cree ser un Atanasio redivivo. 

Sí, entre los peones del tablero, sobran los atanasios y faltan los lectores humildes. Hay que intentar leer la exhortación con Jesús, en su presencia. Entonces, uno se fija en lo positivo de ese texto. Esta exhortación apostólica (como todas) no es Palabra de Dios. Sólo se nos pide bondad en la lectura, por lo menos a ti y a mí que somos hijos pequeños de la Iglesia.

miércoles, noviembre 16, 2016

Castillo sobre elefante, soldado hiriéndole en el vientre



















Esta noche estoy triste. Hay una persona a la que conozco desde hace muchos años. Esta semana se enfadó conmigo muchísimo por la cosa más tonta del mundo. Se puso muy nerviosa y actuó de un modo sorprendente. Pensé que ese mismo día, un par de horas después, me llamaría para excusarse, pero no.

Me da pena, porque, aunque nunca ha habido realmente amistad, sí que nos conocíamos hace muchísimo tiempo. Ahora sé que algo se ha roto de forma definitiva e irrecomponible. Y lo lamento mucho.


No deja de sorprenderme que en cualquier momento, por cualquier tontería, sin ningún aviso, cualquier cosa puede romperse, cualquier situación pacífica puede entrar de golpe en una situación de no retorno, cualquier situación amigable puede acabar, así, de golpe.