domingo, septiembre 22, 2019

Arqueologizando los sedimentos de la memoria



El señor Francisco, comentarista habitual, escribió ayer a mi post: ¿Tanto ha cambiado Vd. padre Fortea, o más bien son las circunstancias las que lo han hecho?

Pues sí, Francisco, he cambiado mucho. Verás. Cuando me ordené, no pensaba otra cosa que en mi parroquia o futuros destinos pastorales.

Después, muy poco después, me di cuenta de que mi trabajo pastoral no llenaba mi día, comencé a escribir. Mi labor era en un pueblo pequeño lejos de las grandes ciudades de la diócesis. yo estaba en un extremo. El párroco de Brea tenía 500 habitantes, menos que yo. Y lo mismo el de Valdaracete. Menos mal que comencé a escribir para llenar las horas libres.

Y, con el tiempo, pensé que mi destino era ese: ser párroco escritor. En una tercera fase, sobrevino todo el tema del exorcismo. Desde que vine de Roma estoy en una cuarta fase. Pero ahora ya no tengo la perspectiva de futuro que tenía con 28 o 30 años. Yo no aspiraba a convertirme en un escritor best seller de primera categoría, pero sí en un escritor de tamaño medio. O, al menos, de tercera categoría, pero con suficiente peso como para que valiera la pena continuar trabajando horas cada día en ese campo.

Todo ese mundo se hundió, incluso para los grandes escritores. Ese mundo de trabajadores de la literatura ya no existe. Ahora vivimos en unos Reinos de Taifas. Sigue habiendo una primera división. Pero ya nada tiene que ver con la primera división de los años 70 y 80. Los grandes autores de mi juventud nada hubieran podido hacer en nuestra época. En la época dorada que conocí, la calidad se valoraba. El público buscaba la calidad. Por supuesto, había malos autores en la primera división. Pero la calidad se habría paso por sí misma. Era muy difícil que una editorial quebrara. Los escritores podían vivir de su trabajo.

Ahora los escritores vivimos en unos pequeños reinos. Con una total inseguridad respecto al futuro. La laboriosidad para consolidar un nombre ya no tiene mucho sentido. Cualquier joven contando lo que le pasa a su gato en un vídeo tendrá un público mil veces mayor que un erudito que se ha pasado diez años creando la novela de su vida.

Yo busco el bien de las almas. Escribo pensando no en el número, sino en esa otra dimensión, sean muchos o pocos. Pero es verdad que el ambiente en el que trabajamos es muy decepcionante, muy carente de satisfacciones, los alicientes han desaparecido. Escribir se ha convertido en un acto de fe.

Eso es lo que recordé ayer, en mi sillón, viendo el final de A.I. Me vi a mí mismo. Recordé las ilusiones de una etapa de mi vida. Recordé la confianza en mí mismo, el espejismo de creer que uno poseía su futuro, la seguridad de que el trabajo y el entusiasmo obtendrían sus frutos; mayores o menores, pero suficientes.

El mundo literario que permitía que emergieran grandes nombres no es que se haya transformado, ha desaparecido. Ahora todos flotan como náufragos. Nadie escribe Madame Bovary para ochenta personas. Madame Bovary, ya escrita e inédita, hoy día, no se abriría camino por sí misma. No es posible encontrar un anillo de diamantes en medio de un pajar muy grande. Con Internet, el pajar se ha hecho mil veces más grande, diez mil veces más grande.

Seguí los comienzos de un gran literato, de un formidable literato, jovencísimo. Tras luchar y luchar durante más de un decenio, tiró la toalla. Se puso a estudiar una carrera. Ahora es médico. Debería haberse dedicado a la literatura, pero de algo tenía que vivir. Ahora escribe en su tiempo libre solamente.

Bueno, solo he querido explicar, y ya me he alargado, la sensación que tuve ayer, tan vívida, tan intensa, de asomarme a a aquella época. ¿Os acordáis cuando el mejor buscador era Altavista?

Arqueología de los recuerdos



Hoy, antes de irme a la cama, he visto el final de Inteligencia artificial, esa película totalmente fallida de Steven Spielberg. Es una película cuyo final no se sabe muy bien adónde quiere ir. Aunque, en realidad, toda la historia, desde el principio va dando tumbos argumentales. Los críticos, en su día, tuvieron menos misericordia que yo.

Pero ha habido una escena que me ha impactado de forma impresionante. Ha sido cuando, hacia el final de la película, aparecen las Torres Gemelas (supuestamente dentro de 2.000 años) emergiendo del hielo del mar.

Ese fotograma me ha dejado petrificado; porque, al momento, me ha venido a la mente que yo vi esa película en el año 2001. Y lo siguiente que me ha venido a la memoria es a mí mismo visionando esa película una noche de un día de diario. Por alguna extraña razón, me he recordado a mí mismo con todo detalle en ese momento de mi existencia, cuando pensaba que toda mi vida sería la de un párroco escritor. He recordado la ilusión que tenía en ese momento en mi carrera literaria, mi pelo negro, mi vientre plano y una serie de detalles que me han ofrecido la sensación de sumergirme en mi yo en ese momento de mi historia, hace dieciocho años.

Desde que yo vi esa escena, han pasado dieciocho años. Pero tengo la impresión de que ha pasado media vida entera. Ha sido como un sobresalto al ver un reflejo en el espejo, un reflejo de un pasado remoto, un reflejo no de imágenes solamente, sino también el reflejo de mis ilusiones y de lo que yo esperaba de la vida.

sábado, septiembre 21, 2019

Qué agradable es, todos los años, el cambio de temperatura en septiembre



Mañana sábado voy a celebrar una boda. Me gustaría recibir sugerencias en la sección de comentarios. Tengo miedo, sobre todo en una boda, a limitarme a repetir ideas y conceptos de otros sermones míos. Existe una tendencia en todo predicador a repetirse. ¿Qué diríais vosotros a los novios?


Me ha llamado la atención que Lily haya visto, gracias a mi sugerencia, el documental de O.J. Simpson del que hable hace unos días. Esto demuestra que vivimos en el siglo XXI. Qué impresionante capacidad para la circulación de ideas.

Ella también dice una cosa que es una gran verdad. En las grandes bibliotecas ultramodernas de Asia se hacen edificios que son monumentos a los libros. Pero, precisamente, porque ya no se leen.

Sí, he visto esos grandes proyectos. La Biblioteca pasa a ser el cementerio del libro de papel, el cual pasa a ejercer de elemento decorativo.

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Ah, hoy he acabado el libro sobre el obispo francés. Lo tendréis en pocos días. No se lo voy a pasar a mi queridísimo corrector que todavía está empeñado en mi largo libro sobre el infierno.

jueves, septiembre 19, 2019

Fortea Publising Company



Este año he tenido la alegría de que se publiquen mis libros en Croacia, Hungría y Rumanía. Ya son diez las lenguas en las que se han impreso mis obras. Hace poco he recibido una petición de una persona que publica mis libros en Estados Unidos, y quiero hacer una declaración para que la pueda usar:

Dadas algunas acusaciones personales que ha recibido Martín Zavala (Arizona, USA), quiero atestiguar aquí que hace años que le di permiso para publicar algunos libros míos. Mientras se cumplan las condiciones de las que hablamos, ese permiso continúa vigente a día de hoy. Para que conste donde convenga, lo atestiguo aquí a fecha de 19 de septiembre de 2019.

El tema de los libros ha sido superado por elementos que eran impensables hace quince años. Por ejemplo, un solo sermón mío de youtube tiene más audiencia que 40 libros míos de las 47 obras publicadas hasta el día de hoy. Esto es sorprendente para alguien dedicado a escribir: un solo sermón tiene más oyentes que lectores han tenido el 90% de mis libros.

Muchos escritores tenemos una cierta sensación de vivir en la época del fin de los libros. Las obras larguísimas como Guerra y Paz o Ana Karenina son ya impensables hoy día. El asunto ha ido evolucionando hacia la novela breve. Pero hoy día hasta la novela breve es demasiado larga. Se siguen publicando novelas de 300 y 400 páginas, pero solo y exclusivamente porque las editoriales están interesadas en lanzar un producto y que ese producto sea caro para cobrar mayor tanto por ciento de beneficio.

Hoy día la población se ha lanzado hacia los textos breves de Internet y esto no es una moda pasajera, ni mucho menos. Es una tendencia muy marcada. Con algunos editores he tenido relaciones magníficas que han llegado a la más perfecta sintonía personal. Y con otros editores (alguno de ellos muy católico) he sufrido zancadillas que jamás me hubiera podido imaginar. Zancadillas que llegan a la calificación de puñalada trapera.

miércoles, septiembre 18, 2019

He cambiado las fotos de los últimos posts



Hoy un poco de nostalgia, nostalgia de la buena, de la que habría que envasar. Cuando los críticos hablan del programa (de TVE) “Sábado cine” de los años 70, uno de los adjetivos más repetidos es “mítico”. Sin duda, fue un programa mítico. Podríamos también hablar del teatro que había cada semana en horario de máxima audiencia. Y a eso hay que añadir que los documentales de esa época eran producidos lo mejor que podían hacerse. Cuesta creer que, en los documentales, ¡no había reconstrucciones históricas con malos actores y escenarios de pena!

Ahora hay más canales. Pero, cuando comenzaron los canales privados, se sabía que “más” no iba significar “mejor”. Ahora disponemos de más canales, de peores programas, y de más de lo mismo.

Si los españoles que veíamos excelente teatro en los años 70, una magnífica película semanal y buenos documentales, hubiéramos podido ver la calidad intelectual de los programas de máxima audiencia de hoy día, nos hubiéramos quedado atónitos.

Además, la película de la semana se veía en familia, se comentaba todos juntos. Con esa película, todos reían o lloraban. La televisión ¡era un factor de unidad! Increíble. Resulta increíble si no lo hubiera visto con mis propios ojos.

Todo ese mundo se disgregaría moralmente en los decenios posteriores. Si alguien cree que soy demasiado negativo en mis conclusiones, lo que vendría después es un hecho objetivo: la disgregación de las familias (disgregación literal), la depresión que se hizo epidémica, la droga fue un verdadero caballo del apocalipsis; los hijos, afectivamente, se separaron totalmente de los padres, etc.

En fin, aquí os dejo algunas sintonías para el recuerdo:

martes, septiembre 17, 2019

Vuelvo a sugerir la reintroducción de las órdenes menores



Una sugerencia por si me lee algún formador de un seminario. Las órdenes menores no están prohibidas en la Iglesia. Si un obispo decide restaurarlas en su diócesis, basta que escriba una carta a la Congregación del Culto. Estoy convencido que la respuesta será favorable y rápida, otorgando el permiso.

Tonsura al ingresar
Yo creo que los seminaristas, al entrar al seminario, podrían recibir la tonsura. El obispo cortaría unos mechones en la ceremonia de la misa de apertura del curso. Esa mañana se cortaría el pelo con máquina, al 2 o al 3, a los seminaristas recién llegados. No llevarán tonsura, pero, desde ese día, todos los seminaristas llevarían el pelo corto. Cada dos meses, todos pasarían por la máquina. Así se evitaría la vanidad. No llevarían tonsura, pero quedarían totalmente prohibidos los bigotes, perillas, barbas y patillas largas.

Ostiario, curso 1º
En una solemnidad del primer curso se recibiría esta orden menor. Conviene que sea al principio del curso, para que así puedan ejercer su grado. El ostiario puede encargarse de las velas del altar.

Lector, 2º curso
Se encargarán de las lecturas de la misa.

Exorcista, 3º curso
Los seminaristas que hayan recibido este grado pueden rezar privadamente alguna oración cada día para pedir a Dios la protección de la diócesis frente a las asechanzas del Maligno.

Acólito, 4º curso
Acolitarán en la misa, llevando los vasos sagrados y ayudando en la liturgia.

Subdiácono, 5º curso
Ayudarán en la misa, revestidos con la dalmática. Si reciben este grado justo al comienzo del curso, todas las misas contarán con su presencia que, realza mucho las ceremonias. Y me estoy refiriendo a las misa del Vaticano II.

Diácono, primer año de pastoral
Es bueno que el diácono viva fuera del seminario, porque la vida parroquial es muy distinta de la del seminario.

Presbiterado, al final del segundo año de pastoral.

lunes, septiembre 16, 2019

Un zarpazo de los "amantes de la tolerancia" al sacramento de la confesión: una nueva ley en Australia



Sinceramente, nunca pensé que esto llegaría a suceder: el Estado de Victoria, en Australia, ha aprobado una ley por la que los sacerdotes tendrán que avisar a las autoridades civiles si alguien se confiesa con ellos de un abuso de menores. No hacerlo conllevará una pena que puede llegar a los tres años de prisión.

Coloco este link, pero la noticia se puede comprobar en infinidad de otras webs de la prensa australiana:

Siempre creí que un despropósito como este no pasaría de una propuesta. ¡Ha sido aprobada la ley con el apoyo de los dos partidos de la cámara!

Esta ley resulta nefasta y triste en los anales de la Historia del Derecho. Nefasta porque si una persona es testigo de un delito, es lógico que esté obligada penalmente a denunciar el hecho delictivo que ha presenciado.

Ahora bien, si un delincuente solicita consejo a un sacerdote (fuera o dentro del sacramento de la confesión) es porque está pidiendo ayuda para no volver a cometer ese delito.

Puede ser pequeña o grande la llamita de su arrepentimiento. ¿Pero qué sentido tiene dejar que se extinga? Sea como sea esa llama de deseo de no volver a delinquir, el sacerdote dará los consejos más adecuados para que el delito no se vuelva a cometer. El sacerdote puede, incluso, obligarle, en conciencia, a recibir ayuda psiquiátrica.

El sacerdote con sus consejos siempre va a ser un elemento útil para que ese delincuente no vuelva a reincidir. Y eso vale para cualquier delito: el sacerdote será un elemento esencial para que  el asesino, el ladrón, el maltratador de una esposa, deje ese tipo de acciones.

Ahora bien, si el delincuente sabe que el sacerdote está obligado por ley a denunciarle, ¿qué diferencia hay entre ir a él o ir a una comisaría de policía a entregarse?

Si esta lamentable ley se cumpliera, es decir, si los sacerdotes comunicaran este tipo de delitos oídos en confesión, entonces ya ningún delincuente los confesaría. Resultado: las personas que quieren salir de esa situación ya no recibirán los buenos consejos dados para no reincidir.

Con lo cual, esta nueva norma jurídica no evita los delitos y, por el contrario, remueve unos medios que podían evitar nuevos delitos.

¿Qué puede hacer la Iglesia en una situación así? Voy a hacer una sugerencia. Como es lógico, ya de antemano, me someto y acepto lo que dictamine la Curia Romana, porque es una propuesta muy delicada la que voy a hacer. Aun así, mi opinión es la que sigue.

Cada obispo (incluso sin el acuerdo de sus hermanos en el episcopado pertenecientes al Estado de Victoria) puede, en una reunión del clero, advertir a sus sacerdotes lo siguiente:

Dada la situación legal creada en la que confesar ese pecado de abuso a menores implica la obligación del confesor de notificarlo a las autoridades, a partir de ahora, y por mi autoridad episcopal, decreto:
Primero. Relevo a los que cometan ese tipo de pecado de la obligación de especificar que fue con menores de edad. A partir de ahora, en este territorio, ese tipo de delitos deberán ser confesados como “pecados contra el sexto mandamiento con otra persona” sin entrar en otras especificaciones ni siquiera sugerirlas”. Se confesará el número u otras especies agravantes, pero no la edad de la persona con la que se pecó. Valga esto mismo para los pecados de pornografía.
Segundo. Si tras una pregunta genérica e hipotética del penitente, el confesor sobreentiende y le deja claro que está dispuesto a escuchar su consulta o su pecado siendo este determinado con claridad, podrán hablar del tema a sabiendas uno y otro de las consecuencias penales que eso puede conllevar para el confesor; el cual, en ningún caso, podrá romper el secreto de confesión.
Tercero. Si tras la pregunta genérica e hipotética, el sacerdote manifiesta que desearía (en ese caso hipotético) una confesión genérica, el penitente deberá confesar su pecado de forma genérica, como un pecado contra el sexto mandamiento.

Yo sugiero que esta medida fuera aprobada por cada obispo de forma individual y bajo su propia responsabilidad. Quedando la medida, por supuesto, sometida a lo que la Santa Sede pueda determinar a posteriori.

¿Por qué digo a posteriori y no que consulte antes?
Primero. Porque hay que evitar implicar a la Sede Romana en una cuestión de esta naturaleza. Que puede llevar a posteriores medidas legislativas o judiciales. Se le puede llegar a acusar de conspiración para ocultar delitos. Es mejor no implicarla y dejar claro que es una medida de un obispo en su diócesis.

Segundo. Tal decreto se trata de una medida defensiva, con graves consecuencias si no se pone en efecto de forma inmediata. Todo ser humano tiene derecho a defenderse. Es un derecho natural. No hay que consultar a la Santa Sede si uno puede defenderse. La defensa es lícita siempre y cuando la medida no atente a la fe o la doctrina inmutable del sacramento.

Tercero. ¿Atenta contra la doctrina del sacramento? La confesión de los pecados debe hacerse, no es un consejo, eso es obligatorio por voluntad de Nuestro Señor Jesucristo. Ahora bien, si hay razones suficientes, no es necesaria hacer la confesión de los pecados con su número y especie. Los libros de moral traen infinidad de ejemplos desde hace siglos.

Si uno confiesa a un enfermo en una habitación doble de un hospital, el paciente que no se puede mover puede recibir la absolución manifestando al sacerdote un arrepentimiento genérico, dejando la confesión de los pecados para cuando estén a solas.

Otro ejemplo es cuando no hay tiempo para confesar los pecados porque se muere. Otro es en el caso de los muy escrupulosos que se enredan de forma increíble. Para ciertos sujetos que padecen esta confusión mental, el confesor puede ordenar una confesión sin especies agravantes o, incluso, totalmente genérica.

Por lo tanto, lo que sugiero no es una doctrina nueva. Para recibir el sacramento, siempre ha existido la cesación de esa obligación de la confesión de los pecados si había razones suficientes. Los manuales antiguos siempre traían ejemplos. Y la situación expuesta, tres años de cárcel, no cabe duda es una razón suficiente.

domingo, septiembre 15, 2019

En Madrid no deja de llover desde hace dos días. Llueve, llueve y vuelve a llover.



He visionado solo los dos primeros minutos de este documental. Pero me basta ese tiempo para comprobar, una vez más, que, en materia de documentales, primero está la BBC y después vienen todos los demás, pero vienen detrás con humildad. Se trata de un documental sobre la Ley.

No he buscado para nada ese documental. Pero ya se ve que Google, ese Gran Hermano Orwelliano, va viendo por donde van las cosas en mi casa en materia de gustos. Curiosamente, nunca me sugiere vídeos de fútbol o beisbol.

Basta ver un poco de ese documental para entender lo que es “tener clase”. Sí, la BBC hace documentales con clase, elegantes. Además, no rehúye las temáticas complicadas. 

Por otra parte, el inglés británico culto con su pronunciación de todas las consonantes, con su entonación peculiar, es una delicia para los oídos. Sí, lo siento para los amantes del relativismo, pero no todos los idiomas suenan igual. Y no suenan igual todos los distintos modos de pronunciar una misma lengua.

En fin, para que os divirtáis un poco, os dejo un vídeo que reúne los vídeos virales del pasado mes. Parece increíble que pasen tantas cosas llamativas en el mundo en un solo mes.


Post Scriptum: Los relativistas creen (pobres ilusos) que todo es relativo, hasta los dogmas. Yo no creo que sea relativo ni la calidad con que se pronuncia una lengua. 

En materia de liturgia, le decía una persona culta a otra de gustos dudosos: Your taste it doesn´t matter.

Ja, ja, ja, ja. Muy bueno.

sábado, septiembre 14, 2019

Libros, jueces y dos almas



El libro sobre las plagas, dado que no ha se ha sentido interesada ninguna editorial, lo espero publicar en dos semanas, más o menos. El libro sobre el infierno: En cuanto acabe la obrita sobre el obispo francés, me pondré manos a la obra con las erratas. En otras dos semanas, espero que esté publicado. Las plagas en un par de semanas. En un mes el otro.

El libro sobre el caso de Marta, pensaba dejarlo descansar unos años más. Pero el comentario que he leído me ha hecho recapacitar. Lo voy a meditar.

Añadidura posterior: Lo he pensado y debo dejar pasar unos años más. La razón es la fama de un sacerdote ya fallecido y cuya historia resulta esencial para entender los hechos de este caso. Y eso que, por razones que cuento en el libro, estoy completamente exonerado de cualquier obligación para no contar lo que pasó. 

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Respecto a los jueces en España os aseguro que no existe ni la más mínima corrupción. El sistema puede ser lento, pero los jueces son independientes y, en general, muy buenos. De vez en cuando, te encuentras con una noticia de alguien que no debió llegar a ese puesto, son casos excepcionales. Pero eso sucede también con los sacerdotes.

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En el Canal del padre Fortea he encontrado estos dos comentarios. Son reflejo de dos almas:
Por nuestros pecados... por los de nuestros padres, amigos y por los del mundo entero... Perdón, Señor... Perdón. Por las infidelidades y sacrilegios... por los odios y rencores... Perdón, Señor, perdón.

Mientras que otro comentarista escribió:
Bueno, depende de cómo sea el papa. Porque santo padre solo es Dios. Y si es como el papa Borgia pues no sé quién le va a obedecer. ¿Príncipes de la Iglesia?  ¿El cielo está en el Vaticano? Yo soy católica, pero no corta mental.

Qué diferencia entre lo que hay dentro de un alma y la otra. A la segunda comentarista, le diría que yo obedecería con la misma obediencia a un papa corrupto que a un papa santo.

Los cardenales son príncipes del reino de Dios sobre este mundo. Es decir, son los primeros en la jerarquía de la Iglesia. Son los más grandes entre los grandes. Dios les ha puesto en un rango glorioso.

Por último, pregunta si el cielo está en el Vaticano. ¡Yo he sentido tan fuerte allí la santidad del lugar! Allí confluyen todas las líneas del mapamundi, allí confluyen las iglesias del orbe, las multitudes desde los extremos de la tierra.

viernes, septiembre 13, 2019

La injusticia es siempre una amenaza para todos



Si algún juez me lee, no se imagina el respeto que tengo por su trabajo. Durante el alumerzo, he estado viendo parte del 5º episodio del documental titulado O.J. Simpson, made in America. Un documental de cinco horas de duración dedicado al juicio de este famoso deportista. Quizá los más jóvenes no sepáis nada de él, pero fue uno de los más famosos de Estados Unidos en los años 80.

¡Cinco horas de documental! para contar, esencialmente, un juicio. Pero os aseguro que, conforme avanzaban los capítulos, me metía más y más en la historia. Este, sin duda, es el documental estrella de los que he visto este año. Sencillamente, impresionante: muy profundo, totalmente neutral.

Ya sabéis la cantidad de posts que he dedicado a la Justicia. Sabéis lo que amo la capacidad que tiene una república de hombres libres para realizar esa cosa inmaterial que es la Justicia. Pues bien, el juicio de Simpson es un ejemplo perfecto para explicar lo que es la prostitución de la Justicia durante nueve largos meses de proceso. Ese juicio nos muestra cómo algo tan noble, tan grandioso, algo de lo que sentirnos orgullosos, puede ser mancillado ante los ojos de todos los ciudadanos libres.

Lo que falló, realmente, no es el juicio, sino el sistema. Los juicios con jurado, allí está el problema. Esa vieja e inútil institución del jurado es el gran obstáculo para hacer justicia.

Todos los que tenemos cierta edad nos acordamos de aquella aberración de sentencia que produjo el juicio por una paliza a Rodney King. Esa sentencia infame tuvo lugar en 1992. Me acuerdo perfectamente, yo era tan joven.

En 1995 tuvo lugar la inadmisible sentencia de inocencia de O. J. Simpson. Todo sigue igual desde entonces. Dos casos famosos. ¿Cuántos miles habrá que no salen en la televisión?

La Justicia es un asunto de todos que repercute sobre todos. Todos nos sentimos interpelados ante un culpable que es declarado inocente a pesar de todas las pruebas. Todos nos sentimos involucrados ante un inocente que es declarado culpable injustamente.

La institución del jurado es la parte aleatoria del sistema judicial. No importa cuántas sean las pruebas: al final, siempre se echan los dados a la vista de todos, en medio del tribunal. El jurado es la parte más manipulable, más injusta, de todo el sistema.

La subjetividad de un jurado no se arregla con parches de leyes o de procedimientos forenses. Es el jurado el problema.

Pero, para una sociedad enferma, el jurado es perfecto. Da la posibilidad de hacer circo. Porque los abogados y los fiscales se ven obligados a enfocar sus intervenciones de otra manera: el circo. Por eso, auguro un éxito cada vez mayor a esa institución en nuestra nación. 

Éxito solo por algún timepo, hasta que, algún día, Podemos proponga directamente los juicios populares. Reunidos en la plaza podemos acabar con las largas listas de espera en los juzgados. Los partidos de extrema izquierda siempre han sentido un gran frenesí ante la imagen de una plaza llena de gente donde el Pueblo, sano y fuerte, honesto, juzgue a los enemigos del bien común.

Si eso vuelve a suceder, exijo que haya unas cuantas mujeres tricotando y comentando la escena. Para un alma de cineasta como yo, esas mujeres son, sencillamente, imprescindibles: con su cofia blanca, con sus comentarios sarcásticos y sus medias risitas de hiena.

Pero esto ya es imposible. ¡Hasta esto es imposible! Ahora serían jóvenes tatuadas, con maquillaje siniestro, que no dejan de enviar whatsapps. Hasta en eso hemos descendido. Respecto a la futura represión, prefiero la vieja escuela.

jueves, septiembre 12, 2019

Último post sobre la reforma de las facultades de teología



La foto es de un pergamino usado, siglos después, para reforzar el lomo interno de un volumen. En una parroquia mía, me encontré un caso así de reutilización.

Para acabar este tema de cómo serie el modo óptimo de estudiar la teología, me gustaría añadir un ejemplo. En muchas universidades, llega el profesor al aula, da su clase y se marcha. La tutoría solo es una palabra sin realidad alguna que le dé contenido alguno. Peor todavía si el profesor se limita a leer lo que lleva escrito.

Muy frecuentemente una clase es un grupo de estudiantes que copian. Por supuesto que hay materias que no se prestan a este modo funcionarial, aburrido, de dar una clase. Pero en la teología esto lo he visto en diversos lugares, en diversas universidades, con distintos profesores.

Ahora bien, imaginemos que se dan bien las clases: que hay amenidad, participación, que pone interés el profesor. Incluso así, se puede dar un paso adelante: es el modo, por ejemplo, de los colleges de de Oxford. Es otro modo distinto de ejercer la docencia, un paso adelante. Dejando aparte el modo de proceder de esos tutores oxonienses, es que los mismos colleges ya, de por sí, implican un modo distinto de vivir el tiempo de universidad.  

Lo mismo debería existir con el estudio de la teología. No puede ser que algo tan grande se reduzca a leer durante cincuenta minutos mientras los alumnos copian. Pero es muy difícil que se consiga para lo teológico lo que se ha conseguido en Cambridge u Oxford, porque siempre se alegará una intromisión en la vida personal de los alumnos. Todo lo que vaya más allá de dictar una clase será denunciado como una invasión del campo personal.

Cualquier reforma, en este sentido integral, contará con una tensión entre un perfecto laissez faire y la acusación de hacer monjes de los estudiantes, las reformas se moverán en la acusación de confundir el fuero externo y el interno, entre el respeto a la libertad y de mantener el sistema consagrando el individualismo.

No, no estoy pensando que haya que hacer monjes de los estudiantes de bachillerato de teología, de licenciatura o de doctorado. Ya me gustaría conseguir algo parecido al sistema de Oxford.

Voy a poner un ejemplo que solo tiene similitudes. Si un occidental quiere aprender budismo en un monasterio zen durante un año, no puede limitarse a llegar, escuchar a un maestro y tomar notas. Con toda razón, le dirán que si quiere aprender el budismo tiene meditar con los monjes, comer con ellos, trabajar allí en labores humildes. Y solo viviendo y practicando el budismo podrá aprender la doctrina del maestro que le enseñe. Le dirán eso y con toda razón.

El estudio de la teología se ha transformado, en esencia, en una cuestión de libros. No era así al principio, en los primeros siglos. Pero ahora se estudia en el día del Señor, hay estudiantes que se acuestan tarde, que pasan nervios en el examen y el estudio se convierte (sobre todo en la licenciatura y doctorado) en una actividad que, a no pocos, les cansa y que les obliga a tomar un descanso total durante un tiempo. No es un placer, no es un gozo, es un trabajo en muchos casos estresante.

La ruptura entre oración y estudio, en muchos casos --lo he visto--, pasa de ser una división a ser una pugna. El tiempo dedicado a la oración lo saco del estudio, y viceversa. Hay excepciones a todo esto, sí. Pero la desviación esencial del modo de estudiar es lo normal. Y ya he dedicado varios posts a denunciar que hay no pocos trabajos de licenciatura y doctorado en teología que se pueden calificar tan solo de desecantes e inútiles. Tan nulos de provecho alguno para la teología, como un verdadero desierto para el que lo realiza.

Pondré dos ejemplos, de entre muchos y de distintos tipos que se podrían poner. ¿Qué sentido tiene encerrar en un extenso archivo de un monasterio frnacés del siglo XVI a un estudiante que va a dar clases de Historia de la Iglesia en unos jóvenes seminaristas de Nigeria? Años de trabajo, para hacer una obra monumental que no va a suponer mejora alguna en su futura labor. Miles y miles de horas empleadas para producir otro libro para otro archivo.

¿Qué sentido tiene que un doctorando que se va a dedicar a dar clases de patrística a un grupito de seminaristas en Cuzco (ejemplo hipotético) dedique años de trabajo, miles de horas, a realizar un estudio sobre una palabra griega (sin ninguna importancia) en Firmiliano de Cesárea, que lleva muerto desde el siglo III? Evidentemente, no tiene ningún sentido.

Son meros ejemplos de cómo las facultades, en muchos casos --no siempre, por supuesto--, se han convertido en maquinarias con una dinámica propia cuyos fines no son los de la Iglesia, en general, o los de los estudiantes, en particular.

miércoles, septiembre 11, 2019

Hay que reformar las facultades de teología




En la imagen se ve un remiendo medieval en un agujero del pergamino. Si os fijais, parece que el remiendo se hizo antes de escribir. Porque las palabras esquivan el agujero.

Sigo con los apuntes de las ideas sobre el tema de ayer. Las facultades de teología siguen buscando profesores que sepan mucho sobre la materia. No pocos de esos profesores no tienen buena capacidad para comunicar. Recuerdo unos cuantos de los eruditos que me dieron clase, nadie negó nunca su saber, pero lo cierto es que había una unanimidad en lo malos profesores que eran unos cuantos. No les faltaba conocimiento de la materia. Pero una cosa es saber y otra comunicar.

Fue llamativo que una asignatura la dieron dos profesores, la misma asignatura. Un profesor transmitía calor a las clases, sus explicaciones aparecían llenas de vida, nos entusiasmaba a todos. El otro profesor era frío, distante, muy exigente, y, sobre todo, aburrido. Este segundo siguió dando clases a futuros sacerdotes toda la vida.

Las facultades de teología, os lo puedo asegurar, aunque digan lo contrario, siguen sin haber descubierto, después de veinte siglos, la diferencia entre acumular erudición y saber comunicar.

El estudio de la teología, por parte de los clérigos, debería hacerse viviendo en un lugar que ofreciera una unidad de vida perfecta entre oración, descanso y trabajo. Un lugar que mostrara (incluso de un modo arquitectónico, visual) que el estudio de la ciencia sagrada, si se realiza de un modo óptimo, implica entrar en un nuevo estado: entrar en un tiempo de escucha. No unos años de acumulación de conocimientos y realización de exámenes. Sino entrar en un tiempo de escucha del Señor a través de la teología. La teología como una profundización en el misterio de Dios a través de la patrística, de la moral, de la historia de la Iglesia o de cualquier materia.

Allí está el arte del profesor (un hombre que debe estar lleno de Dios) para hacer entender a sus alumnos la conexión entre Dios y las clases de, por ejemplo, Lógica. Si el profesor enseña griego, será su labor que esas clases se conviertan en un camino de acercamiento a Dios. Y, por supuesto, que se puede hacer.

Tuvimos un profesor, don Manuel Guerra, que era un ejemplo de esto que estoy diciendo. No hacía falta hacer ninguna encuesta: era el profesor favorito de todos nosotros.

Sus clases eran profundísimas a nivel teológico. Todavía me acuerdo de todas sus enseñanzas. Son las que más vivamente recuerdo de aquellos cinco años. Pero, al mismo tiempo, estaban transidas de amor de Dios. Y, encima, eran entretenidísimas.

Ese el caso óptimo. Otro profesor, no daré detalle alguno que permita reconocerlo, daba una asignatura entretenidísima: logró que a todos se nos atragantara su asignatura. Y me acabo de acordar de otro que tenía una materia que era imposible pensar en una que fuera más amena. Puso la mejor voluntad, de eso no hay duda, pero escogió todos los temas más aburridos posibles. ¿Era posible hacer una peor selección que la que hizo? No lo creo.

Pues esto, señores míos, no sé quién me estará leyendo, es lo que hay que remediar.

martes, septiembre 10, 2019

Cómo sería el modo ideal de estudiar la teología



El otro día, antes de acostarme se me ocurrió ofrecer algunas líneas acerca de cómo enfocar los estudios de teología. No son consejos para los estudiantes, sino para algún obispo que decidiera reformar la facultad de teología de su diócesis.

Para empezar, el edificio donde se contiene la ciencia teológica no debería ser como el resto de edificios civiles, como otras facultades de ciencias profanas. El continente debería mostrar la grandeza de esa ciencia divina. Su austeridad, su sencillez, sus espacios deberían constituir, por sí mismos, una predicación. La arquitectura como plasmación de la teología. Por supuesto, desterrando toda apariencia mundana. La belleza de su sobriedad debería mostrar al edificio como un arca de la ciencia de Dios.

Cada aula, la biblioteca, los pasillos, todos los elementos deberían fomentar ese trabajo del estudio como adoración. No digo que sea fácil conseguirlo, pero habría que esforzarse en crear una arquitectura docente para algo tan grandioso como enseñar el conocimiento acerca de Dios.

El primer año de estudios debería insistirse mucho en la formación espiritual de los que entran a ese nuevo estado personal que es el estado, trabajo y actitud del que inicia esos estudios sagrados. El primer año, por supuesto, se estudiarán algunas asignaturas, pero insistiendo en las más espirituales, en las más agradables de tipo general.

El primer año se atraviesa el atrio de esos estudios: se debe poner empeño en formar a los estudiantes acerca de cómo estudiar. Me refiero con ello no a enseñar técnicas de estudio, sino a que entiendan que la teología no es una ciencia profana; y que, por tanto, requiere de una actitud distinta, de una disposición del alma diversa de la que se requiere en otras carreras. No importa tanto conseguir conocimientos, como que esa ciencia divina transforme al alma. El estudiante debe emprender el estudio como un medio para adorar, para unirse más a Dios.

Se explicará cómo armonizar oración y estudio, presencia de Dios y clases. Se enseñará el respeto al día del Señor unido a una cierta práctica de la pastoral. Cada estudiante debería dedicar un día a la pastoral en una parroquia: visita de enfermos o de presos, ayuda a los necesitados, etc. No debería existir la figura del estudiante que estudia, estudia y solo estudia.

Hoy día existe la mentalidad del que dice: “Ahora estudio, ya me dedicaré a la pastoral al acabar los estudios”. Cuando eso se realiza durante muchos años, se produce una deformación. Desde el principio, es preferible realizar este proceso de aprendizaje de la teología en una saludable armonía de oración y pastoral.

Hasta ahora, las facultades se han preocupado en ofrecer magníficos, profundos y variados programas de estudios. Dejando la práctica de la oración, de la vida comunitaria, del descanso, de la pastoral, al buen entender de cada uno. Lo cierto es que también no pocos profesores viven esa distorsión entre teología y vida, centrándose muchos solo en la teología. Si un profesor está personalmente distorsionado (no digo corrompido), fácilmente comunica esa distorsión.

La facultad de teología, el seminario, el lugar de residencia de los estudiantes de licenciatura, el tiempo de oración y descanso, todo, debería conformar un conjunto unitario. No un conjunto opresivo, tiránico, sino una unidad armónica centrada en la persona, no en los conocimientos.

No estoy defendiendo que la facultad de teología se tenga que convertir en un monasterio. Pero sí que ahora existe una codicia por la teología. No estoy diciendo que ahora se hagan las cosas mal. Solo digo que se pueden hacer mejor. No estoy diciendo algo que se limita a unir estudios y oración, lo que propongo es algo más ambicioso. Es cambiar la mentalidad porque, en el fondo, estamos enseñando la teología de modo prácticamente igual a cómo enseñaríamos cualquier ciencia profana. 

Hemos perpetuado un modo de enseñar la teología que no era el modo en que la aprendían en la Escuela de Antioquía en el siglo IV, o el modo en que la aprendían los que se formaban con san Agustín en el siglo V. ¿Hemos mejorado en conocimientos? Sí. ¿Hemos perdido la savia que llenaba esos estudios? Sin duda.

Nuestros estudios actuales derivan de un árido método escolástico que se forjó en una época en que la Iglesia no pasó por su mejor momento. Las cosas han cambiado mucho desde entonces. Pero muchos malos usos se han perpetuado. Esos usos se han mejorado desde entonces, pero se puede avanzar mucho todavía en la espiritualización de las facultades.

lunes, septiembre 09, 2019

Partes de la Biblia menos transitadas



Hay dos versículos que no descarto comentar en algún sermón. Tres líneas de Hechos de los Apóstoles bastantes desconocidas incluso para los sacerdotes. Y es que la Biblia cuenta este último detalle acerca de Judas Iscariote:

Porque fue contando entre nosotros y se le asignó su porción en este ministerio. Ahora este hombre adquirió un campo con la recompensa de su maldad. Y, cayendo de cabeza, estalló en la mitad y todas sus entrañas se derramaron (Hechos 1, 17-18).

Hay una insistencia en dos verbos griegos en afirmar que reventó. He traído aquí este pasaje porque en una cena con unos amigos estábamos hablando de cómo hay muertes cuyos signos en el cuerpo parecen indicar la grandeza del alma que allí habitó. Y otras muertes que parecen manifestar la podredumbre del espíritu que estuvo dentro.

Acordaos del precioso vídeo que os puse aquí de un funeral por un obispo en el que, en mitad de la ceremonia, una paloma se posó sobre el ataúd y no se movió de su lado, a pesar de toda la gente que había allí. Mientras que hay otros casos en que los signos son diametralmente los opuestos. Y podría poner un ejemplo muy concreto de una persona conocida. Os ahorraré detalles y, piadosamente, dejaré el hecho en la oscuridad. 

Pero sí, el Bien y el Mal, a veces, dan impresionantes signos incluso en este mundo.

domingo, septiembre 08, 2019

Declaraciones de monseñor Novell



El obispo de Solsona, Xavier Novell, ha escrito en la “Hoja Diocesana” algunas reflexiones. No le molestará que ofrezca unas reflexiones a sus reflexiones.

No estoy para nada mal dispuesto hacia ese obispo. Aquí no hay enemigos. Él tiene sus ideas y yo las mías. Después de expresarlas, le besaría el anillo con toda reverencia, daría un paseo con él, etc. Aquí, lo repito, no hay enemigos. Pero sí conclusiones distintas a un problema, a un gran problema. En rojo las palabras del obispo.

És evident que el projecte d’assolir la independència a través d’un procés polític que culminés amb un referèndum no ha reeixit.
Reconocer esto ya es muy importante. Porque, hasta hace no mucho, algunos secesionistas han intentado convencer a los ciudadanos españoles que había ya una independencia (cuando no la había) o, al menos, que había habido un referéndum válido, cuando ese referéndum ilegal no había sido aceptado por una de las partes.

Esto gustará o no gustará, pero, de hecho, lo repito, ni siquiera ha habido una consulta válida, es decir, una votación que aceptaran las dos partes. Sin esta condición, aquellas urnas no arreglaban nada. La misma cuestión del referéndum era ya otro motivo de división.

No hi ha ni el primer element bàsic: la majoria social a Catalunya.
De nuevo, esta declaración resulta importantísima. Con referéndum o sin él, era y es algo evidente.

... hem d’acceptar que vivim en una societat dividida...
Por lo tanto, resulta inaceptable que haya elementos del clero que traten a sus feligreses desde una sola posición. Y que los que no acepten esa posición es que no entienden la idiosincracia del país.

Mentrestant s’ha evidenciat que la nostra societat està dividida en aquest tema.
La cuestión es que ha habido parte del clero que ha fomentado esa división. Muchos sacerdotes no han sido elementos de unión, sino elementos partidistas en una cuestión debatida.

Ha de ser possible conviure tot i pensar diferent. A l’Església hi ha fidels independentistes i unionistes i tenen tot el dret a defensar en la vida social i política la seva posició.
A ver si eso comienza a ser posible en muchos lugares. Porque la realidad estadística que se ha reflejado en las últimas elecciones catalanas muestra un hecho objetivo que no tiene su reflejo en muchas parroquias catalanas. Los fieles están hartos de ver un párroco independentista en sus sermones y gestos públicos (dentro de las mismas dependencias parroquiales) cuando la mitad de su feligresía no está a favor. Podría poner ejemplos inaceptables. Alguno vivido por mí en primera persona. Cuando me pasó, por educación me callé y no dije nada, como hacen los feligreses. Pero ya está bien, ya está bien.

Tots, però, som germans i aquesta diferència no ens separa, no fa que ens estimem menys i que ens ajudem menys. I si passa, vol dir que la nostra fe no és prou madura i que està ideologitzada.
Exactamente, exactamente. No tengo ni una palabra que añadir.

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Conclusión final mía: Los obispos españoles han callado durante años intentando que esta cuestión se solucionara por sí misma. Pero ha llegado un momento en que la necesidad de ofrecer un criterio moral ha resultado ya necesaria, ineludible. 

Y cuando los obispos han hablado, lo han hecho claramente. No ha habido ambigüedad en sus palabras. Algo lógico porque lo que aquí está en juego es si se están reprimiendo o no los derechos de todo un Pueblo.

Cualquier error en el enfoque de esta cuestión moral después va a tener consecuencias. Durante años, sin entrar en la cuestión de fondo (moral) yo he estado a favor de una solución pragmática. Pero ahora me doy cuenta de que los imperativos de los tratados de moral nos muestran el mejor camino. 

Tengo la sensación de que los obispos de España han seguido este mismo camino que es el mío personal. Para ellos y para mí, hubiera sido lo mejor que un 70% de la población se decantase a favor de la secesión o a favor de la unión. De esa manera, todo hubiera sido muy fácil. Pero, nos guste o no, la sociedad está dividida profundamente y al 50%. 

En una situación así, con un choque constitucional entre un poder regional y el poder nacional, se hacía necesaria una palabra de los obispos: y la dieron. Y yo me uno a su palabra.

La moral se sustenta en unas estructuras férreas. Después, encima, se construye. Este asunto se debe afrontar con las reglas de los tratados de moral. Si caemos en el error de dar respuestas con el sentimiento, después recogeremos los frutos. Puedo aseguraros que, para nada, (en la medida que me es dado saberlo), me he dejado llevar de sentimientos personales o prejuicios. Si estoy equivocado, lo estoy de buena fe.

sábado, septiembre 07, 2019

Erasmo, ruega por mí para que la pureza de la entrega de mi sacerdocio sea si no perfecta, al menos humildemente razonable



Ya he acabado la primera redacción de mi obrita sobre el obispo del siglo XVII. La próxima semana comenzaré su revisión. Son poco más de cincuenta páginas sin pretensiones. En una semana más, creo que estará online. Si no fuera una historia novela, diría que es un artículo. En el fondo, es un artículo novelado. Datos y más datos reunidos en una historia.

He escuchado dos conferencias sobre Erasmo. Dos conferencias de entusiastas de ese escritor renacentista. Ahora que conozco un poco más su vida sí que me parece un ejemplo: un ejemplo de desviación del sacerdocio. Siguió siendo sacerdote, pero desviado de lo que debe ser una verdadera alma sacerdotal.

Ayer me di un paseo de una hora, tras la cena, con un buen amigo. Qué agradable es, por fin, pasear con un aire fresquito, dormir sin los agobios de la canícula. A ver si el próximo año me decido a comprar un aparato de aire acondicionado que me provea de agradables noches noruegas en medio de esta llanura castellana.

He hablado del Sínodo de la Amazonia y mucho más se va a hablar. Pero el recuerdo de Erasmo (tan hiriente en sus críticas) nos debe recordar que hay que hablar con caridad, con amor a la Iglesia, con respeto a los obispos. La defensa de la Verdad se puede hacer de un modo malo o de un modo bueno, la cuestión no es solo el objeto, sino también el modo.

Yo no me sitúo equidistantemente en el centro, me veo amante del Magisterio, de las encíclicas, defendiendo que no puede cambiar lo que la Biblia afirme que no puede cambiar. De esta manera, soy considerado tradicional. Pero, sin querer caer bien a los dos lados, me debo esforzar por ver qué hay de verdad en lo que me dice el otro: y escuchado con amor, veré que hay mucho de verdad, propuestas que deben ser debatidas (desde la ortodoxia) con ánimo sereno. Esforcémonos por evitar la descalificación.

Debe ser cosa de la edad, pero me veo cada vez con más amor a todos. Y no solo en el ámbito teológico, también en el ámbito de la fraternidad sacerdotal. Y el Señor me ha otorgado un gran amor a los obispos, a todos los obispos. Precisamente esta obrita de la que os hablaba, la del obispo francés, es un gran sermón (en cierto modo, una conferencia) sobre lo bueno del episcopado actual. Porque incluso me esfuerzo en ver lo bueno que había en esos obispos mundanos del siglo XVII, por más que ellos mismos fueran víctimas de la pasión de la codicia.

viernes, septiembre 06, 2019

La labor de los pastores de denunciar



Se ha criticado del instrumentum laboris el que se meta a defender cuestiones de ecología. ¿Pero cómo va a ser un error el que los pastores defiendan la creación de Dios? Cómo los pastores no van a criticar la iniciativa de algunos empresarios chinos de que se quiten las restricciones legales para que los trabajadores puedan entrar a las 9 de la mañana y salir a las 9 de la noche, durante seis días a la semana. Es la famosa iniciativa 996 que defienden empresarios de la talla del fundador de Alibabá.

¿Cómo la Iglesia puede callar ante cosas así? La esclavitud sigue existiendo hoy día, bajo otros nombres, bajo otros marcos legales. Todo lo que podía esperar un romano de la época de Catón lo puede conseguir en 2019 de un solo esclavo o de varios combinados si se trata de realizar penosas labores especializadas.

Más delicado es cuando los pastores se encuentran ante la cuestión de callar o no por los desmanes de políticos apoyados por buena parte del Pueblo. Hoy he leído varios informes acerca de lo que le costó, al final, a Argentina la privatización de Repsol por parte de Kristina Fernández de Kirchner. Sí, esa señora que tuvo cierto problema con un fiscal que le investigaba y al que suicidaron. (Con esto, por supuesto, no quiero decir nada.) La privatización acabó en los tribunales internacionales. Al final, la inversión extranjera en Argentina se detuvo totalmente y el Estado, al final, tuvo que pagar.

¿Los pastores deben callar ante semejantes desmanes? ¿La defensa del pobre no forma parte de la misión del pastor? El pastor debe ayudar directamente al necesitado, ¿pero no debe también clamar contra el opresor? Hay gobernantes que son meramente unos ladrones. Juan el Bautista, clamó contra el adulterio de Herodes. ¿Pero es que robar el pan de los pobres es menos malo que lo que ocurra entre las sábanas de una cama?

jueves, septiembre 05, 2019

Cuando el camino es el problema para andar



Acojo la petición para que hable algo acerca del Sínodo de la Amazonia. Aunque sobre este tema ya he dedicado un post, diré algunas cosas más para los que me quieran escuchar.

No importa si el sínodo es sobre la Amazonia o sobre la jungla tropical africana, lo que realmente está sobre la mesa es que ahora mismo hay dos posturas eclesiales en pugna por el alma de la Iglesia. Y ese es el asunto, el gran asunto. Y lo demás son ramificaciones menores.

Y está claro que el tema que afecta al núcleo no se va a dirimir en ese sínodo. Estoy cierto de ello porque el instrumentum laboris es, además, increíblemente largo. Todos los que hemos estado en reuniones del clero bien sabemos que si se quiere que los curas no saquen los pies del tiesto lo que hay que hacer es darles muchas páginas de trabajo para la reunión, muchos puntos. La discusión morirá tanto por la prisa como por la necesidad por acabar con tantos puntos.

En este futuro sínodo, más que reunirse a dialogar, van a reunirse a producir y producir matices y más matices a un camino ya fijado de antemano sobre temas accesorios, sin tomar el toro por los cuernos. Lo que va a haber es ruido de sables y de más sables chocando. No un diálogo fructífero, sino un mero choque de sables porque el modo en que se ha planteado la reunión no favorece el diálogo, sino un mero enfrentamiento en cuestiones menores.

Justo es decir que el instrumentum (el carril) no ha sido fijado de modo, precisamente, aséptico y neutral. El encuentro ya nace descarrilado porque la vía férrea es precisamente el obstáculo para el encuentro de las mentes. Un instrumentum inmenso (en tamaño) que no aborda el asunto nuclear, que se parece más a un ring de boxeo. Si lo que se quería era crear un laberinto donde perderse, el resultado ha sido óptimo.

Alguien dirá que la acción del Espíritu Santo puede sorprender. Sí, sin duda. Pero no favorece esa acción divina el reunir a muchos individuos y apabullarlos con tantas páginas de trabajo, con páginas que favorecen la lucha esquivando el alma profunda que ha producido el texto y que, encima, no han sido redactadas de modo neutral. El resultado de ese encuentro resulta previsible. Como ya dije, en mi primer post, lo que hay que replantearse es el entero método para conformar cualquier sínodo futuro.

Sí, sería bueno, sin ninguna duda, una sana, productiva y caritativa discusión de las dos grandes posturas eclesiales sobre los grandes temas. Pero lo que no conviene hacer es sortear los problemas eclesiales y encima reunir a los integrantes en un pequeño campo preparado para favorecer una batalla. Y que conste que me parece muy bien que se discuta cómo defender la ecología o qué papel tiene la religión natural no revelada o cuestiones sociales. Nada de eso me parece mal que se discuta. Pero, con toda humildad, este sínodo, tal como está planteado, solo va a favorecer la crispación.

Los que han producido el instrumentum hablando de inculturación ¿es que desconocen qué van a hacer los medios de comunicación televisivos, los blogs y las webs? Incluso Caperucita probablemente debió tener más reparos antes de adentrarse en el bosque del lobo que los redactores del instrumentum al lanzarse a una batalla campal amazonico-universal. Esto va a ser algo parecido a Viernes 13 pero con peritos, obispos y tal.

Pero estos que hablan de inculturación parece que desconocen que estamos en este momento concreto del siglo XXI. ¿A quién se le ocurre echar cien litros de sangre de buey en aguas infestadas de tiburones? Pero no sé, a lo mejor ahora se incultura así.