jueves, febrero 28, 2019

Que conste que a mí me gustan más los perros.


Pero reconozco que los gatos son más graciosos para Internet. Internet parece creado para lucimiento de estos seres egoístas.

Pongo esta foto graciosa, porque la historia de abajo ya es suficientemente triste. No prejuzgo la falsedad del único acusador de Pell. Por supuesto que no. No he estado en el juicio. Pero, para mí, sigue siendo inocente el arzobispo.

El rostro lo dice todo



El caso del cardenal Pell sigue siendo un recordatorio de que nadie está libre de las verdaderas y falsas acusaciones. ¿Si cuatro personas se pusieran de acuerdo para acusar al papa, se aplicaría la misma medida, los mismos criterios, para uno que para otro? ¿Podemos imaginarnos a un papa sometido a un jurado, ingresando en prisión como medida cautelar? No ha pasado, pero puede suceder.

No cabe ninguna duda de que, en una situación de este tipo, lo lógico es que una pequeña comisión de cardenales expertos examinase lo razonables o no que resultan los cargos y que sea ese grupo de purpurados el que aconseje al santo padre si someterse o no a ese juicio.

¿Esto podría ser aplicable a cualquier obispo o cardenal? ¿En caso de que la única acusación existente sea totalmente endeble, se debe inmolar a un ser humano por bien de la imagen de la Iglesia? ¿Alguien que se ha pasado toda la vida trabajando para la Iglesia debe ser abandonado por esta en un caso así? ¿Cuántos viajes hizo el cardenal Pell a Roma para trabajar por el bien de la Iglesia? ¿Sería ilícito (antes de que le sea prohibido por un juez) un postrer viaje para vivir sus últimos años como un hombre libre? Son solo preguntas, no prejuzguéis mis respuestas. Tranquilos, yo busco la Justicia, como vosotros. No busco exenciones injustas ni  privilegios. Pero podría continuar haciendo preguntas, cada vez más embarazosas, pero cuyo planteamiento, su mero planteamiento, se basa en la razón y en la misma libertad de actuación dentro de la ley internacional. Esa ley que permitía que Gadafi (apoyo probado al terrorismo) se pasease por las capitales Europeas (yo lo vi en Roma, en persona), mientras que un obispo acabe en la cárcel por un discurso emotivo de un abogado ante un jurado.

Está claro que el Estado Vaticano no puede convertirse en un espacio de refugio para obispos y cardenales perseguidos. Está claro que, en la mayoría de los casos, el sistema judicial civil es el mejor modo para saber si alguien es culpable o no. Está fuera de toda duda que la Iglesia debe colaborar para que un culpable, sea quien sea, reciba el castigo penal merecido.

Ahora bien, hay casos y países en los que el sistema judicial puede ser tan fiable como la ruleta de un casino. ¿Es lo ideal someter a alguien a un proceso tan seguro como la lotería o hay alguna alternativa? Por supuesto que, cuando critico sistemas judiciales, no me refiero a Rusia o China o Venezuela, cuyos tribunales son modélicos e impecables.

El Vaticano podría promover un grupo internacional de expertos que comenzaran una gran reflexión que llevara a establecer una serie de criterios claros que deben regir un proceso justo. Hemos de pasar de la fase de la tolerancia cero a la segunda fase en la que se promuevan criterios acerca de cuándo una sentencia es razonable y cuándo no.

Es razonable condenar a alguien que es acusado por un niño pequeño cuya declaración no ha sido viciada. Un solo testimonio puede ser más que suficiente. Aunque, justo es recordar, que aquí, en España, se demostró que un padre estuvo un año en la cárcel a causa del encauzamiento que realizó una psicóloga sobre una adolescente, hija del acusado.

No es razonable condenar a alguien por una sola acusación de un adulto de cincuenta años por hechos sucedidos cuarenta años después. Si solo existe una sola, una única acusación, no es justo condenarlo; salvo, claro está, que queramos convertir el sistema judicial en una caza de brujas como los Juicios de Salem.

No olvidemos que los indicios no son pruebas. Eso que, en las películas, se llaman “pruebas circunstanciales” no son pruebas. Un indicio no es una prueba. Todo ser humano, todo, merece ser condenado por una prueba, pero nunca por indicios. Y menos cuando, sin indicios, es la palabra de uno contra la de otro.

El comité de expertos podría aportar más criterios, a mí se me ocurren varios adicionales. Los que he dicho son muy sencillos y los entienden hasta los que no saben nada de procesos.

Hay que establecer un sistema procesal óptimo, al menos sobre el papel, y criterios basados en la razón que deben llevar a una mejora del sistema de enjuiciamiento en este tipo de casos. Porque hay que reconocer que son delitos tan sui generis que requieren de un tratamiento específico. No es lo mismo robar en un banco que un acto que supuestamente ocurre en la más estricta intimidad, sin testigos.

Se debe promover una mejora de este tipo de procesos, basándose en la razón, en la justicia, en la búsqueda de la verdad. Solo un fin debe movernos: que sean condenados los culpables, que sean exonerados los inocentes. Y lo uno y lo otro debe ser nuestro empeño a sabiendas de que hay países en que el sistema judicial (sobre todo con jurado) lleva a innumerables errores. Es la hora de abordar esto de un modo decidido, sin temores al qué dirán. La Santa Sede tiene capacidad para movilizar a políticos y juristas.

Esa movilización, ya de por sí, es beneficiosa (aunque no se consiguiera el fin principal), porque sería un modo de explicar a la gente que el mismo sistema judicial tiene vicios, agujeros y defectos. Y que ninguno de ellos no se puede solucionar si hay voluntad de hacerlo. De momento, en muchos lugares, no hay voluntad.

miércoles, febrero 27, 2019

Hay un proyecto de ley en California que prohibirá compadecer o sentir lástima por los cardenales condenados



Me he enterado más en profundidad del único acusador del cardenal Pell. Si antes ya pensaba que era inocente, después de conocer todos los detalles de la acusación, ahora todavía estoy más convencido. Hago notar que ha sido declarado culpable por un jurado.

Como una vez le escuché a un abogado: Si soy inocente, prefiero ser juzgado por un juez. Si soy culpable, prefiero ser juzgado por un jurado.

Qué duda cabe que los jurados son, en todos los países, la más grande fuente de sentencias erradas. ¿Cómo va a jurar un señor de la calle el valor probativo de un argumento? Para eso se necesitan años de ejercicio de la judicatura.

Cuando juzga un juez, se exponen los argumentos y solamente los argumentos. Cuando la declaración de culpabilidad depende de un jurado, todos se dedican a convencer a un grupo de sujetos que no tienen ni idea de nada.

No sé, si las cosas avanzan por este camino, no me extrañaría que, en el futuro, algunos supuestos, sean juzgados por jurados compuestos por feministas.

Pero no todo es negativo. El vídeo que pongo debajo de gatos es la prueba de que queda esperanza. Aunque el vídeo es la demostración de la atracción que las bolsas de plástico de la compra ejercen sobre los gatos. 

Pero también comprobamos que si el gato se enreda con una de las asas, no sabe hacer otra cosa que correr y correr y seguir corriendo despavorido como si la vida le fuera en ello.

martes, febrero 26, 2019

La comisión mixta



Respecto a la condena del cardenal Pell por abusos.Nunca jamás he defendido al eclesiástico por ser eclesiástico cuando un laico le acusaba de algo: robo, mentira, lo que sea. Lo que hay que buscar es la verdad por parte del que tiene obligación de hacerlo. Ahora bien, para mí Pell sigue siendo tan inocente como cuando comenzó el juicio.

Sé que hay una sentencia, pero sé muy bien cómo en un juicio no siempre la sentencia es expresión de la verdad. No prejuzgo nada. No pienso que fue acusado falsamente. Simplemente, yo no he estado en el juicio escuchando a ambas partes, así que suspendo mi juicio personal acerca de la persona de ese cardenal. Eso significa que para mí sigue siendo tan inocente como cuando oí, por primera vez, la noticia de su acusación.

Lo que sí que me preocupa es que, en varios países, se está presionando en los medios de comunicación para que se produzca un cambio legislativo específico para la Iglesia.

En un matrimonio, en las acusaciones por maltrato, siempre me he opuesto a que la palabra de una mujer valga más que la palabra de un hombre. Condenar a un hombre, cuando la única prueba es la declaración de su esposa, siempre me ha parecido un acto contra la justicia realizado por la Justicia. Cuando un niño acusa a un sacerdote, es mucho más fácil suponer si dice la verdad si uno es de los primeros en escucharle. Ahora bien, cuando ese niño ha pasado por abogados y psicólogos durante meses, la cosa puede complicarse.

No es el caso de Pell, pero cuando la acusación se reduce a una sola persona que ya tiene cincuenta años y apela a hechos sucedidos cuarenta años antes, entonces considero que los medios de comunicación están haciendo una mala labor lanzando determinadas “noticias”, por llamarlo de alguna manera. Y más cuando la víctima, pongamos por caso, se ha reunido antes con los abogados de la diócesis y les ha dicho: “Sucedió esto. Denme 100.000 euros o voy a pasearme por todas las televisiones contando con todo detalle cosas muy feas”.

¿Hay algún remedio a esto? El remedio ideal, pienso, sería que en cada país se creara una comisión mixta de periodistas y juristas cristianos, podría estar formada por una decena de personas.

Cada persona que quisiese contar su caso a los periodistas podría hacerlo primero a esta comisión, la cual se limitaría a otorgarle una calificación: creíble, no creíble, relato con algunas dudas, suspensión de juicio mientras no aparezcan más casos, etc. Por supuesto que cada ciudadano tendría el derecho de ir a los periodistas con o sin ese sello.

Pero, si la comisión funcionara bien, los mismos lectores confiarían en la impresión de un grupo de hombres honestos; cuyo juicio, por supuesto, siempre va a ser más profundo que el de un solo periodista que tiene interés en un gran titular y en las historias escabrosas.

Además, esta comisión podría hacer comentarios a posteriori sobre historias que ya han aparecido en los medios. Los periodistas se tomarían más en serio su labor si supieran que la comisión puede aportar datos (a veces, muy fáciles de conseguir) acerca de la poca credibilidad del que le ha contado la historia escabrosa.

La comisión mixta no tendría como fin defender a los eclesiásticos, de ninguna manera. Su tarea sería escuchar a las dos partes para, simplemente, dar su impresión. Por supuesto que, además de los periodistas, también está la vía judicial. Pero, para cuando el fallo se produzca, la fama de la persona acusada ya está completamente destruida años antes. La vía penal no sirve a efectos de lo que aquí trato, porque la mera condena ya implica su muerte social, además de la eclesiástica.

La comisión no juzgaría si algo es verdad, solo si algo es creíble. Su mera existencia ya haría que algunos periodistas realizaran mejor su labor. Porque los comentarios de esta comisión, por sí mismos, ya serían una guía para los periodistas acerca de los fallos que suelen cometer más frecuentemente.

Sería tan sencillo como que diez personas escucharan al acusador, al acusado, y les permitieran después confrontar sus dos versiones. En la mayoría de los casos, tendríamos un buen juicio en un par de horas. Esta comisión estaría elegida por la Iglesia con el encargo de ser justos, de ser imparciales.

Después de su actuación, que los medios y la Justicia hicieran lo que quisieran. Ellos ya habrían dado su parecer y las razones que avalan su parecer.

lunes, febrero 25, 2019

Seguimos con la política de poner gatos



Hace un par de semanas, vi Life Acuatic, una buena película de humor inteligente. Aunque, en ese género, es mejor Mortdecai. Y, ya puestos, es mucho mejor que esta última la deliciosa Hotel Budapest, cuya grabación hoy he programado en el vídeo. Todas las anteriores películas que he citado parecen ensayos para hacer la película final buena, la del hotel.

De La cosa hay tres versiones. La primera, en blanco y negro, es genial. La segunda de Carpentier es fabulosa. La tercera versión nació del deseo de contar la misma historia, exactamente la misma, solo que peor: y lo consiguieron plenamente. Menuda pérdida de cinta y de electricidad.

Ahora estoy viendo, creo que es la tercera vez, la Blancanieves de Berger. Sencillamente, imprescindible. Eso sí que es cine con mayúsculas.

También he visto por segunda vez ayer, Rogue One. ¿En qué se ha convertido La Guerra de las Galaxias? En la versión cinematográfica del eterno retorno de Heráclito: parece ser que, en el universo, siempre hay alguien construyendo una nueva Estrella de la Muerte.

Pero no os preocupéis, tiene un punto débil. Entre el asombroso poder del Imperio y la explosión final, una historia de amor y unas cuantas escenas étnicas en algún país exótico. Esa es la eterna historia de Star Wars. La única diferencia es que cada Estrella de la Muerte siempre es, por lo menos, el doble de grande que la anterior. Y esta vez sí, esta vez es el arma de dominación definitiva.

También vi, la semana pasada, Life. Esta película es la película Alien visitada de nuevo, solo cambia el monstruo. La misma historia solo que con mucho menos interés. Volví a ver Lost in translation, me aburrió más que la primera vez.

He citado películas magistrales de los últimos años, incluso en esta lista de lo que he visto en las últimas semanas. No hay crisis de ideas. Se están produciendo películas sublimes. Lo sorprendente es porqué se siguen tirando tantos millones de euros a la basura en filmar esperpentos. Lo entiendo respecto al cine comercial. Pero, con frecuencia, esos millones van destinados a obras que se pretende que sean cine artístico; y que no son otra cosa que productos averiados desde el mismo guion.

Lo que sí que es cierto, y con esto acabo mi sermón sobre el 7º arte, es que si os queréis reír, en vez de meter una película en vuestro viejo VHS, es mejor que vayáis a Youtube.

Por ejemplo, aquí tenéis un gato oliendo el pie de su compañero de piso, imprescindible:




domingo, febrero 24, 2019

¡Mamma mia! Menudo día.



Para rebajar el tema solemne de los últimos posts he puesto hoy esta foto del gato. Encima, después de tanto Franco, se me ocurre hablar de un tema tan desagradable como el overbooking. Ya no me faltaba más que volver a hablar de la pederastia.

Sí, no descarto poner más fotos de gatos. Aun así, no quiero dejar de contestar a Lucía. Pero la contestación es un segundo post, el que está debajo, que lo lea el que quiera. Lo dejo a la responsabilidad de cada uno.

En este día tan soleado, tan primaveral, en que vengo de darme un agradable paseo con un amigo, quiero imaginar que, en el cielo, el alma de Franco pasea con el alma de La Pasionaria.

Seguiré poniendo fotos graciosas de gatos hasta que algún grupo feminista consiga aprobar alguna ley que lo persiga por considerarlo un atentado contra la dignidad de esos seres. Pero, mientras siga siendo legal, las seguiré poniendo.

Mi contestación a Lucía



Me escribió Lucía:
“P.Fortea está en su derecho de definirse como un cura franquista pero también muchos católicos tenemos derecho a considerarnos antifranquistas totales, y comprenderá que tantos post lisonjeros sobre Franco nos deja desconcertados y nos retrotrae a la época del nacional catolicismo que creíamos superada. Bien, es cierto, que buena parte del clero español de hoy, no coincide con su visión”.

A continuación, mi contestación a esta buena persona:
Durante años, me he callado. Pero ahora quiero defender en voz alta la memoria de aquellos que lucharon por el honor de Dios. Sabéis lo que para mí significó la película Becket. Es muy fácil elogiar a un santo de una época lejana, y callar ante la calumnia contra aquellos que incluso dieron la vida para yo poder nacer libre en un país libre, y nacer cristiano en un reino cristiano.

El haber hablado con claridad acerca de mi postura ante el separatismo, el feminismo radical, los lobbies LGTB y ante la Guerra Civil se basan en el deber que siento de expresar la verdad. Los que creemos en una moral objetiva, los que nos basamos en los antiguos tratados de moral, creemos (no soy yo solo) que ya ha llegado el momento de decir las cosas claras. Ya ha pasado el tiempo de la prudencia: van a por nosotros. Al menos, el tiempo que nos quede digamos la verdad plena y con la cara bien alta.

Pero eso sí, a muchos en la ciudad en la que vives, sí que les parecía lo más normal del mundo escuchar homilías en euskera en las que se hablaba del derecho a la autodeterminación et alia quae praetereo. También parecía lo más normal del mundo que el coadjutor de mi parroquia de san Francisco dejara libros (de lectura espiritual) en los que se hablaba de la lucha por los pobres en Nicaragua. También estaba muy mal visto que un confesor le dijera a un penitente que un católico no puede votar al partido socialista.

Cuando el error se ha extendido de tal manera, hasta parece aberrante que defendamos la memoria de aquellos que en 1936 salieron a hacer frente a los que mataban en nombre del error. Parece aberrante luchar con los medios necesarios frente a la violencia del error. Parece aberrante luchar frente a la violencia. Parece inaceptable defender que un hombre y una mujer deban tener los mismos derechos ante un juez.

Querida Lucía, tú abraza los dogmas (que es lo importante) y piensa lo que quieras sobre lo opinable. Pero yo estoy del lado de monseñor Garcia Lahiguera, monseñor Guerra Campos y monseñor Marcelo González Martín.

sábado, febrero 23, 2019

La verdad no tiene prisa



Desde esa experiencia que conté ayer, mi visión de esa época cambió totalmente. Leí y leí muchísimo para construir esa novela titulada La tempestad de Dios. Y, en el último año, con toda sinceridad, todavía ha cambiado más mi comprensión de la sencillez de la vida espiritual del Caudillo, un hombre que se hizo un niño ante Dios, y de su hondura. Su relación con Dios fue la cosa más importante de su vida.

Resulta llamativas las declaraciones unánimes de obispos que tanto admiro con monseñor José María García Lahiguera o monseñor Guerra Campos, solo por citar a dos obispos santos. No hace falta hacer una lista de elogios después de su muerte. Otros la han hecho:

Pero sí que llamo la atención de un hecho rescatado por Luís Suárez en la documentación que ha puesto a la luz: cuando Pablo VI llega al solio pontificio, su prioridad es cambiar al episcopado de España, porque reconoce que todos los obispos de España se deshacen en elogios hacia el Jefe del Estado y forman una piña inquebrantable con él.

Cuando Pablo VI de forma directa, insisto, de forma directa y personal, (y de forma cada vez menos disimulada) comenzó a dejar claro que había premios para los que se desligasen del régimen, se encontró con que los obispos cerraron filas con el Jefe del Estado. Hubo premios y pequeñas venganzas. Se le dejó muy claro al, entonces, arzobispo de Madrid que por eso no se concedió el cardenalato. 

Lo más triste de todo esto fue que Franco lo supo. Jamás, ni los más íntimos le escucharon una crítica ni respecto al papa ni respecto a los nuevos jóvenes obispos. Basta leer las memorias del cardenal Tarancón. Se pueden leer otras muchas memorias. Con razón, con toda razón, que Dalí dijera es “un santo, un místico”. Obsérvese, en esta foto, la mirada de Dalí y la de Franco.

Dalí, con esos ojos que manifiestan todos sus problemas sexuales y sus complicaciones internas. La mirada de Franco, serena, paternal. Dalí no puede resistir esa mirada que profundiza en su alma, siente pudor, se siente nervioso. Pocas veces una foto es una radiografía abierta de dos miradas detrás de las cuales hay dos vidas: la vida en desorden moral, la vida en el orden de Dios.

Libre, la libertad de poder decir lo que quiera



Voy a contar algo que nunca había contado. No es fácil revelaros algo realmente nuevo que, de ningún modo, había desvelado nunca. Hoy lo voy a hacer.

Mi familia era totalmente apolítica y yo salí a mi familia, en eso como en tantos otros aspectos. De Franco o el franquismo no se hablaba nunca.

Con los años me forjé una idea distinta de lo que había sido la Guerra Civil, pero no tuve una impresión especialmente favorable por aquel general rebelde. Eso sí, entendí (los datos eran abrumadores) que el alzamiento había sido no solo un mal menor, sino un acto justificado.

Pero el asunto, todo ese asunto, no me atraía para nada. Cualquier época histórica suscitaba más interés para mis lecturas.

Pero la Ley de Memoria Histórica me sacó del letargo. Leí bastante sobre esa época histórica. Ante mis ojos se abrió en todas sus dimensiones lo que fue esa tragedia. ¿Cómo se podían haber silenciado tantos y tantos hechos? No solo lo luctuoso, el carácter épico de la Cruzada apareció en toda su grandeza.

Puedo decir que fui una víctima de esa Ley de Memoria Histórica. Puedo asegurar que Zapatero me hizo franquista. Nunca antes lo había sido.

Se me ocurrió la idea de escribir un ensayo acerca de la religiosidad de Franco. Entonces todavía no conocía las obras de Manuel Garrido ni la de Luís Suárez. Hubiera sido, por mi parte, una reiteración de lo que otros habían escrito mejor y con más conocimiento.

Abandoné la idea. Pero la abandoné, sobre todo, porque no me apetecía ser clasificado, para toda mi vida, como un cura franquista. Solo la posibilidad de ser encasillado de esa manera me repelía. Esa fue la gran razón. A pesar de que un libro así, probablemente, lo hubiera podido publicar con cierta facilidad en una editorial grande. Esos años había publicado dos libros con La Esfera de los Libros.

Ya había tomado la decisión de forma definitiva: ningún libro sobre Franco. Me mantuve en esta postura durante varios años. Y entonces ocurrió lo inesperado: una de esas cosas que para nada estaba en mis planes, pero que supuso un cambio radical.

Era una noche de verano calurosísima. Zapatero estaba en La Moncloa. Pero no recuerdo el año. Yo había cenado, me encontraba empapado de sudor, debíamos estar a casi 30º. Se me ocurrieron una serie de pensamientos por si alguna vez escribía una novela sobre Franco. Días antes había tenido una ocurrencia: escribir una vida de Franco al estilo de Memorias de Adriano. Pero esa idea, la de una novela sobre ese personaje, al momento, la deseché; y me mantuve firme.

El caso es que, a pesar de todo, la mencionada noche de verano me vino a la mente un enfoque sobre la Guerra Civil que me pareció, en esa época, muy novedoso. Tras un rato de darle vueltas, pensé: “Voy a escribir a grandes rasgos esta idea que me ha venido a la mente, para que no se me olvide”. Mi idea era escribir una página y archivarla.

Pero, en cuanto empecé a escribir, más ideas me venían a la cabeza, ideas y más ideas. Fue como un aluvión de inspiraciones. Me acuerdo que estuve escribiendo durante algo más de una hora a una velocidad increíble. Hasta yo mismo me sorprendía. Yo escribo muy rápido en un teclado. Pero aquella noche es que mis dedos volaban sobre las teclas.

Algo más de una hora de escritura ininterrumpida, sin ningún descanso. Literalmente empapado de sudor. Fue necesario ducharme antes de ir a la cama.
Mientras escribía sentí la inspiración como pocas veces la he sentido. Yo llevaba años dedicado a la escritura profesional, pero lo de esa noche fue toda una experiencia, algo que nunca había experimentado. La inspiración como tormenta, como huracán. Lo que escribía me emocionaba tanto que no dejé de llorar a lágrima vida durante todo ese tiempo: escribía y lloraba, escribía con intensidad, tenía mi cara empapada de las lágrimas que caían por mi barbilla.

En ese momento, no lo pensé. Pero ahora estoy convencido de que un ángel debió ponerse a mi lado. Nunca había sentido eso al escribir.

Cuando acabé, tenía alrededor de treinta páginas escritas. Al escribir el último punto final, no recuerdo lo que hice por el salón. Después de escribir esa parte del primer capítulo, ya no tenía ninguna duda: No había marcha atrás. La novela tenía que escribirla.

Las páginas que escribí esa noche de un tirón son las del primer capítulo, entre la página 47 y la 81. Si bien, en la versión final, hubo posteriores añadiduras temáticas.

No sospeché en ese momento nada angélico. Pero debí recibir algún tipo de gracia espiritual que tuvo un curioso resultado: y es que, desde esa noche, cada vez que hablaba de Franco me daban ganas de llorar de emoción. Por alguna razón, después de esa experiencia, sentí un cariño por Franco que no dudo de calificar de inexplicable.

Sé que suena un poco ridículo y me siento ridículo al contarlo, pero es así. Hasta entonces, había sido un personaje para mí, bastante anodino, por el que no sentía ni admiración ni ningún sentimiento especial. Pero, desde esa noche, pasé mucha vergüenza, porque, al hablar del tema, tenía que hacer grandes esfuerzos para contener mis lágrimas de emoción.

Aun a riesgo de que algunos piensen que ahora quiero hacerme propaganda, os diré que los que deseen descargar el libro, lo pueden hacer aquí:


Bien, ya he contado lo que tenía bien guardado. Y que me avergonzaba mucho decirlo. Pero las cosas fueron así. Por supuesto que algunos dirán que fue mi subconsciente. No lo descarto, lo digo en serio. Pero me inclino a pensar que esa noche me parece que se me concedió de lo alto comprender lo que fue la Cruzada desde un punto de vista no de los meros episodios, sino desde el punto de vista cómo se vio desde el cielo.

jueves, febrero 21, 2019

La cuestión del overbooking


Habréis escuchado muchas veces que el overbooking se debe a que estadísticamente hay un número de pasajeros que no toma un vuelo. La compañía llora por tu sufrimiento… pero no tiene otra alternativa. Ese hecho ocurre, sí, pero esa ¡no es la razón esencial que está en la causa de que la compañía venda más billetes! Ni mucho menos.

Para entender lo que realmente sucede hay que entender por qué es más barato comprar un billete de ida y vuelta que dos billetes separados. Si tu vendes un billete para el regreso, no solo consigues un beneficio, sino que también le quitas dinero a la compañía que compite contigo en ese tramo. Eso multiplicado por miles de veces es mucho dinero. Por eso las compañías han llegado, a menudo, a ofrecer un billete de ida y vuelta más barato que solo el billete de ida. De eso he sido testigo bastantes veces, cuando no tendría que tener ningún sentido.

Esa es la razón de que mucha gente compre billetes de ida y vuelta que no va a usar. Y eso hace que el índice de billetes comprados y no usados sea bastante más alto que lo que tendría que ser. Si una compañía decidiera ser honesta, se encontraría con que está regalando dinero a los competidores.

El resultado de la codicia de las compañías es que el número de asientos comprados, pero no usados, para nada tiene que ver con el número real de individuos que llegaron tarde al aeropuerto, se pusieron enfermos o cambiaron de opinión.

Una vez que acostumbraron a la población (con el consentimiento de los políticos) de que el hecho de vender más billetes que asientos era algo totalmente lícito fue cuando vino la segunda parte del negocio. Esta segunda parte consiste en que se sacan más beneficios llevando la política de venta de asientos al máximo de la estadística. Por no perjudicar al cliente, se podría vender con un margen de ocupación más razonable, pero se sacaría menos beneficio al mismo avión.

Entendamos que a la compañía no le cuesta nada recolocar a un individuo en el siguiente vuelo. Si en cada vuelo de Madrid a París, por llevar el margen al límite, vendes diez o cuatro billetes más: eso al cabo del año es mucho dinero.

Iberia tiene ocho vuelos diarios directos a París, con escala bastantes más. Si un precio medio son 250 euros, lo acabo de comprobar, entendemos que si vende diez billetes más (ejemplo ficticio), en un pasaje de 150 a 200 asientos, estamos hablando 2.500 euros por vuelo. Por diez vuelos, 20.500 euros. Multiplicado por 300 días, son 6.000.000 euros.

¿Comenzáis a entender que hay detrás del overbooking? Ponerte en el siguiente vuelo no les cuesta nada. Llevar la estadística al margen es mucho dinero. Pura codicia sin importarles los perjuicios personales. Al miembro del consejo de dirección que juega al golf en Marbella le importa un bledo que tú hayas pagado y que eso te provoque grandísimos problemas. Él almuerza en restaurantes de cien euros el menú con tu dinero y mientras sus lobbies puedan reunirse en un despacho de un congresista, tú seguirás pagando y él seguirá probando nuevos restaurantes de lujo.

Post Data: Si la compañía te paga un hotel, solo en el caso de vuelos transatlánticos, que sepas que ese hotel del extrarradio le cuesta a la gran compañía una cantidad mucho menor que a ti. Lo mismo que al autobús de la compañía que te recogerá. Siguen ganando dinero, aunque tenga que pagar 40 euros por pasajero dejado en tierra después de haber vendido diez pasajes a 800 euros cada uno. Los números salen y, por eso, han llevado la codicia al extremo.

Cuando la Unión Europea aprobó un exiguo (bastante ridículo) listado de derechos de los pasajeros, lo hizo por razones meramente de imagen, para dar la impresión de que se hacía algo. Pero el mundo de los billetes de avión y sus asientos estrechos y la comida espantosa es el salvaje reino del capitalismo más infame.

Pero, ojo, esta práctica se puede extender a habitaciones de hotel y a cualquier otro producto por el que hayas pagado. La avidez de los poderosos frente a los débiles no tiene límites. Como bien se vio en la estafa de las acciones preferentes en España. Una estafa en toda regla y generalizada por la que muy pocos fueron llevados a un tribunal.

miércoles, febrero 20, 2019

Hoy dos posts. La foto es de una villa romana de Mérida



Estoy leyendo el libro del médico que atendió a Franco en la etapa final de su vida. Y quiero copiar estos párrafos. Los subrayados en granate son míos. Un médico de la Seguridad Social que no tenía ninguna adscripción política y que, por una serie de razones (que él explica en el libro) acabó encargándose de su atención sanitaria:

"Hasta ahora he callado, de una manera sistemática, todo lo que significó mi asistencia personal al Generalísimo. Las circunstancias externas, con las que se está manipulando de una manera clara y terminante a la opinión pública, en el sentido de crear un ambiente negativo para el hombre que llevaba dentro Francisco Franco, me obligan a cumplir con un deber de conciencia. Por eso se escribe este libro.

Deber de conciencia es defender la memoria humana del hombre que he conocido, un hombre que no hizo más que demostrar de una manera constante su entrega total al servicio de los españoles, de España, de su concepto de la grandeza, de la nobleza y de la religión católica.

Si me callo y me sorprende la muerte antes de contar lo que he vivido, creo que estaría en pecado de omisión. Una cosa es callar por discreción y otra callar por cobardía en la defensa de los hombres que depositaron su confianza en nosotros como personas de conciencia".

Después de comer sushi



En las normas de la Real Academia ha habido ciertos cambios. Los cambios eran de hace pocos años, pero yo los conocí hace un año o dos; de manera que en mis posts hay cosas escritas según las antiguas reglas. Las palabras “solo” o “este, ese, aquel” ya nunca se atildan. Otro ejemplo, la palabra “ministro”, “presidente”, “secretario general de la ONU”, “rey” o “papa” van en minúscula. Antes no era así. Pero ahora sí.

El “san” de santo va con minúscula. También se escribe “la Iglesia católica”, con ce minúscula. La Fundeu explica: Aunque el sustantivo Iglesia se escribe con mayúscula inicial cuando alude a la institución, los adjetivos que lo acompañan se escriben con minúscula.

La cuestión de la tilde en las formas del verbo “reír” me superan. Pero sabed que lo correcto es escribir “Él se rio” y “el río Ebro”. La cuestión de las comas es un asunto sencillamente martirial. He tenido larga correspondencia con mi querido corrector favorito (chileno) con argumentos y contraargumentos acerca de si había que poner una coma o no.

Mi consejo a todos es: Haced lo que podáis.

martes, febrero 19, 2019

Crítica constructiva como hijo de la Iglesia que tengo derecho a dar mi opinión


El post de hoy no lo escribiría si no pensase que lo puede leer alguien en Roma que puede poner remedio: y es la cuestión de la estética de los despachos del Vaticano.

Ya va siendo hora de que alguien tome cartas en el asunto de la decoración global de esos lugares por donde pasan cardenales y obispos de todo el mundo.

La fotografía que pongo hoy lo dice todo. ¿A quién se le ocurre poner un coqueto reloj de mesa entre dos candelabros que en vez de luz dan pena?

Para reforzar esta impresión de miseria decorativa colocan una ramplona fotografía del actual papa junto a un desbordantemente bello óleo de Pío XI. El que se encargó de esa sala no sabía de minimalismo, de la noble austeridad, pero hermosa, que debería respirar un lugar de trabajo como ese.

Si a eso añadimos que, a simple golpe de vista, resulta evidente lo incómodas que resultan las sillas de esa mesa de juntas, pues ya miel sobre hojuelas. Nada más verlos, me resultó patente que los que asisten a largas reuniones no pueden apoyar la espalda en el respaldo sin irse hacia atrás.

Parece mayor difícil tan gran concentración de desatinos estéticos en tan poco espacio. Pero quien sea lo ha logrado.

Alguien me dirá que todo esto son tonterías, detalles sin ninguna importancia, que lo que realmente importa es la esencia. Pero le contestaré que es en los pequeños detalles donde se ve cómo se trata a la esencia. Basta ver unos cuantos despachos de la sede central de cualquier empresa para saber si esa marca es decadente o no, si hay ilusión. Los despachos de una empresa nos indican, incluso, la alta o baja estima que tiene la empresa de sí misma. Eso ya hace mucho que lo descubrieron, hace más de dos siglos, y se cuida muchísimo.

En Madrid me ha admirado ver cómo los despachos son un reflejo del que trabaja allí y ver el nivel de inteligencia con que estaban elegidos y dispuestos los elementos más insignificantes. Lo que veo en ese despacho vaticano no es una decoración antigua, de ninguna manera, sino una disposición nefasta de elementos que es signo de otras disposiciones nefastas y estas ya no estéticas.

Mi humilde voz repite, una vez más, que el Vaticano requiere de una reforma profunda. No porque los que están en esas salas sean malos, sino porque ellos mismos tienen que ser conscientes de que allí nunca ha reinado la meritocracia, sino un cúmulo de relaciones humanas que nada tiene que ver con la paciente y meticulosa búsqueda de las perlas.

lunes, febrero 18, 2019

Tres cosas breves



Desde mi casa, llamo a una amiga de Barcelona para consultarle un asunto de editoriales y nada más descolgarme el teléfono, me pregunta: ¿Ya estás aquí?

Al momento, sin dudarlo, le respondí: Sí, te aseguro que estoy aquí. Si de algo estoy seguro es de que estoy aquí.

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Estáis a un paso de que publique online mi novela sobre Moisés. Al final, todos mis intentos con las editoriales han resultado infructuosos. 

Ah, la foto es de ese lugar precioso, pero precioso de verdad, que es Burgo de Osma; donde fui hace un par de semanas con unos amigos, en un día en el que se helaban hasta los pingüinos.

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Pensaba no escribir ni una línea más sobre Franco. Pero ayer me encontré con este pequeño hecho que no conocía. Está tomado del libro Las extrañas amistades del genio, de Antonio D. Olano. Los subrayados en granate son míos:

«Dalí estaba tremendamente afectado por la noticia de la enfermedad de Franco. Se encontraba en Nueva York, como siempre ocupaba varias habitaciones del hotel St. Regis.

Le llamé por unas cuestiones relacionadas con el teatro y me saludó con esta pregunta: «¿Es cierto que Franco está muy grave?».

Todos los días se ponía en comunicación con el palacio de la Zarzuela, en donde le informaban puntualmente.

Dalí, apartado de la práctica de la Religión desde hacía muchos años, decidió trasladarse todas las mañanas a la catedral de San Patricio. Se arrodillaba, hacía la señal de la cruz y oraba con gran recogimiento.

El 20 de noviembre fue informado, en el hotel, de la muerte de Franco. Pidió que le dejasen solo. Y lloró, lloró durante mucho tiempo, como no lo había hecho desde la muerte de su madre, como no lo volvería a hacer hasta la muerte de Gala».

domingo, febrero 17, 2019

La evacuación de las obras del Museo del Prado


Varias veces me he referido en este blog a la manipulación progresista de la Historia que sufrimos los españoles: la Transición, el modo en que se redactó la constitución y tantas otras cosas.

Pío Moa me ha abierto los ojos, con todo lujo de datos, sobre otro episodio sobre el que no tenía ni idea. Yo había creído acríticamente a los que, en tantos documentales, me habían hablado del salvamento de las obras del Museo del Prado durante la Guerra Civil. Nos habían dicho que, por orden de las autoridades republicanas, las obras fueron evacuadas para ponerlas a salvo.

Siendo este un hecho que me han explicado con detalle en tantos documentales de historia, sorprende que ninguno de ellos hiciera la más mínima referencia a que fueron prominentes republicanos los que pusieron el grito en el cielo ante tal decisión. La verdad era que las obras pudieron estar perfectamente protegidas en infinidad de lugares de Madrid. Insisto, perfectamente protegidas sin riesgo alguno.

Lo que sí que era un riesgo era llevarlas en un convoy por las carreteras de la España republicana en mitad de los ataques de la guerra. Pero los rojos querían venderlas y no les importó. Tampoco les importó almacenarlas al lado de polvorines y objetivos militares.

Los españoles desconocemos que hubo un verdadero riesgo de que todo el Museo del Prado hubiera podido haber acabado en Moscú. Y encima se nos presenta esto como un salvamento.

Pero este es solo un ejemplo más para los que vamos comprobando cómo la mentalidad progresista va penetrando en todos los campos de la sociedad y la vida personal, en la Historia, en la mentalidad religiosa, en los colegios. No importa qué retorcido sea el error y la deformación, estos siguen prevaleciendo triunfadores año tras año. Muchos se animan considerando que el error caerá pronto por su propio peso, porque hay tantas cosas que son demostrables. Pero el error no da muestras de debilitarse, al contrario.

Si Dios no existiera, la mentira no tendría límites, podría prevalecer de forma definitiva.

sábado, febrero 16, 2019

Todos nosotros tuvimos en siglos pasados sujetos con la misma personalidad, psicología y carácter


Si quieres ser viejo mucho tiempo, hazte viejo pronto (Cicerón).
Los funerales siempre han sido momentos predilectos para los cineastas. Además, sea dicho de paso, así como los hombres las prefieren rubias, los directores prefieren los funerales católicos. No voy a explicar las razones porque son obvias.

Pero, de todos los funerales que he visto en el 7º arte, ninguno es tan magistral como el que aparece en La gran belleza. Sí, es cuarta vez que la estoy viendo.

Si Petronio (Caius Petronius Arbiter) nos explicara el ambiente y la atmósfera de los palacios romanos de la época neroniana, de ningún modo lo haría con la sutileza, la ironía, del protagonista de la obra de Paolo Sorrentino.

Desde la primera vez que vi la película, la entendí de esa manera: nuestra sociedad imperial repite los errores de los césares. La obra, por supuesto, está centrada en la cúpula de los patricios, en sus fiestas, en sus casas. El retrato interno de toda esa clase de privilegiados es imposible realizarlo mejor.


Post Data: Agradezco el comunicado conjunto de las abadesas catalanas que me han dicho: Estamos tan agradecidas. Avui vemos claro. Por fin se han disipat las nieblas. Qué ciegas hemos estado. Es usted faro y luz de estas tierras.

viernes, febrero 15, 2019

Desdramatizando un poco


 
Aunque se les ha olvidado poner la fecha en la página web de estas buenas religiosas, ayer me ha llegado el Manifest conjunt de les abadesses i priores benedictines i cistercenques de Catalunya.

Como puro ejercicio lúdico, me he atrevido a escribir unas glosas, mientras lo leía. También lo he hecho por desdramatizar un poco. Os pongo el texto de manifiesto y en negro mi comentario:

Davant la situació tan greu del nostre poble, les abadesses i priores dels monestirs femenins catalans de Sant Pere de les Puel·les, Sant Daniel de Girona, Sant Benet de Montserrat, Santa Maria de Vallbona de les Monges i Santa Maria de Valldonzella, com a deixebles (discípulas en castellano) de Jesucrist i compromeses amb el nostre poble:

Solo por poner en situación hago notar que todas las monjas juntas de estos monasterios son menos de la mitad de las monjas de Alcalá de henares, una ciudad a las afueras de Madrid.

Es un mero comentario respecto a la cantidad que en nada prejuzga la calidad, seguro que altísima, de estas monjas. Estoy seguro de que la monja catalana cuando reza, reza de verdad.

Me tomé la molestia de contar todas las monjas en las dos únicas fotos en las que aparece toda la comunidad del primer monasterio de la lista. Y los efectivos de esa comunidad son la mitad que el monasterio más poblado de Alcalá.

Insisto, es un comentario respecto al número y solo respecto a eso. Estoy seguro de que todas ellas rezan por España todos los días y piden por el bien de nuestro querido y bienamado presidente Sánchez o lo que queda de él.

Expressem el nostre rebuig a l’ús de la força i a la vulneració dels drets del govern i del poble catalans.

Qué raro, la Santa Sede no se ha quejado de nada de todo eso. Aunque yo creo que ni los monseñores romanos ni los canónigos de las basílicas les van a apoyar, porque imagínense, hermanas, que, dentro de cinco años, un grupo de cincuenta trabajadores y veinte nuncios retirados que vivan en el Estado Vaticano decidan que tienen el derecho a la secesión. Podríamos tener varios procesos de autodeterminación dentro del perímetro vaticano. Todo esto podría dar lugar, por ejemplo, al nacimiento del Estado Romano del Collegio Germanico o la República de L´Osservatore Romano.

Por otra parte, permítanme que les diga, hermanas, que no hay un pueblo catalán, hay catalanes viviendo esa parte de España. Después de toda la inmigración masiva que han experimentado esas provincias, hablar en términos de tribus prerromanas demuestra en qué estado mental se hallan los que les inculcaron esas ideas más propias de Obélix que del mundo globalizado del siglo XXI.

Donem suport a totes les persones que defensen els drets legítims de la llibertat d’expressió, de la democracia i de l’autodeterminació perquè totes les veus del poble català puguin ser escoltades.

Ni siquiera los independentistas se han quejado de que se halla vulnerado la libertad de expresión. Por eso me sorprende un poco la mención de este mito callejero parecido al de la Tierra plana.

Respecto al derecho de autodeterminación se aplica a Cataluña exactamente igual que el derecho a la legítima defensa cuando el revisor del gas vino hace dos días a mi casa a revisar la caldera. El pobre hombre hizo su trabajo y se fue.

Todas las voces han sido escuchadas. Así que no sé a qué se refiere cuando pide que todos sean escuchados. Si lo que es escuchar, los escuchamos a todos. Es más, no se habla de otra cosa.

A lo mejor no es un problema de libertad de expresión y lo que pasa es que al convento no llegan todas las cadenas de televisión y radio. A lo mejor siguen con el VHF y el UHF. Comprueben, girando con tacto la ruedecita, a ver si se ve Intereconomía y se escucha a Federico Jiménez Losantos.

Preguem per tot el que estem vivint, amb el desig que prevalgui la serenitat, el respecte i la pau.

Toda la serenitat que quieran, pero ya sabe que si no se respeta la Ley vienen unos señores muy amables vestidos de negro y casco que te hacen un masaje en la espalda con una varita mágica que llevan en la mano.
El respeto a la pau siempre ha pasado por someterse a lo que digan la mitad de los diputados autonómicos. Ahora vivimos en tiempos modernos. Pero no se preocupe, que donde no haya pau, ya la pondrán los antidisturbios.

Consejos finales
Me despido deseándoles que sigan dedicadas a rezar por España y su destino universal. Hay voces, peor que malas, que piensan que dentro de un siglo Franco puede ser canonizado. Si algún fraile llama a la puerta y se hace pasar por un relator, tengan cuidado. Puede ser una estratagema con el objetivo de lograr sus firmas para el proceso de Franco, ustedes den largas con la excusa de que lo tienen que consultar con el abad de Montserrat.