domingo, abril 30, 2017

Fijaos en el obispo al que saluda el Papa


Una de las personas a las que he escuchado con grandísimo placer siempre es al obispo ortodoxo Kallistos Ware. Es obispo de una diócesis titular y está bajo el patriarca de Constantinopla.

Ha sido profesor en Oxford y eso se le nota, para bien. Su teología se echa de ver en cada una de sus charlas. Mejor dicho, su gran conocimiento teológico se ve bien claro cada vez que abre la boca. Si a eso se añade su mesura y su bondad, queda claro que la unión de las iglesias, tantas veces añorada, puede estar más cerca de lo que pensamos. Porque las grandes personas atraen no a millones de personas, pero sí a los mejores pastores de ambos bandos. Y cuando la bola de nieve se haga suficientemente grande no habrá quien la pare.

Habrá quien quiera pararla, por supuesto. Y esos estarán dispuestos a hacer cosas malas (esparcir la división por medios no sanos) con tal de detener lo que les parece que sería una traición a la verdadera fe.

Pero cuando el Espíritu Santo sople, nada podrá detener su soplo.

Aquí podemos escuchar a este ortodoxo hablando de la unión a los católicos y en otro vídeo hablando de lo mismo a los evangélicos.

Hablando a católicos

Hablando a evangélicos

Soy entusiasta de la áurea y tan espiritual palabra de este obispo ortodoxo desde hace años, como lo soy de la inteligentísima palabra y tan llena de matices del arzobispo anglicano Rowan Willians.

También soy rendido admirador de un predicador evangélico cuyo nombre callo. Y callo este último nombre por dos razones: porque es profundamente anticatólico y porque en unos pocos temas sostiene tesis descabelladas. Pero de la boca de ese predicador sale una exégesis bíblica que me parece de las mejores que se pueden escuchar en el mundo. Es un gigante al lado de los otros, pero en un estilo totalmente distinto. Cada uno de estos tres es colosal y, sin embargo, son tan radicalmente distintos en su modo de hacer teología.

Ah, la unión de los cristianos. Roguemos, roguemos, roguemos por ella. Jesús la quería. Es imposible para nosotros, pero Dios puede hacer un milagro. Estoy seguro de que a lo largo de mi vida veré no una unión de todas las confesiones, pero sí muchas uniones. Será como la gran caída del Muro de Berlín. Una vez que empiece el dominó, quién podrá pararlo.

El santo rostro de Jesús de Nazaret


Así me imagino yo el rostro de Jesús, más o menos. No sé por qué pero esta estatua no me entusiasma. Pero desde un punto de vista formal, así me imagino yo su rostro.

Estoy a treinta páginas de finalizar la revisión de mi estudio sobre el Apocalipsis. Tengo que releer todavía ese capítulo en la magna obra Michael Schmaus. Si algún lector me quiere aconsejar otro teólogo que haya escrito algo relevante sobre el libro de san Juan, se lo agradeceré. Aunque sólo haya escrito un artículo. Pero algo relevante, no una mera repetición de “lo de siempre”.


Hoy he estado pensando qué libro emprender en mayo. Una posibilidad era revisar mi novela sobre san Pablo. La otra escribir un Cyclus Apocalypticus revisited. Os pido oraciones para que el Señor me ayude. Pero, aunque le voy a dar más vueltas, ahora estoy más ilusionado con la novela del fin del mundo. Quizá sea mejor cerrar este capítulo literario comenzado por mi estudio exegético. En fin, orad para que se haga lo que Dios quiera.

Mañana a las doce, hace sus votos temporales una novicia de mi convento. Vendrá el obispo. Será una solemne y gozosa celebración.

viernes, abril 28, 2017

Comentario a un comentarista


Ayer, Luis en los comentarios, ponía como estupendo ejemplo de película que cuya historia fluye Regreso al futuro. Te doy toda la razón: esa película ¡fluye! No hay rellenos, no hay momentos de aburrimiento. Es una historia que hay que contar y se necesita ese tiempo para contarla. Por la historia, sobre todo por la historia, para los críticos fue un universal acclaim. ¿Hubo un solo habitante del planeta que no considerara muy bien gastadas las 200 pesetas que costaba ir a cine entonces?

Y así el pequeño José Antonio de estar vestido con pantalones cortos y viendo Las aventuras de la abeja Maya (siempre interesantes por cierto) pasó casi sin darse cuenta a ver Regreso al futuro, Fright Night y Coocon. Además, había aparecido el VHS y los amigos nos reuníamos a ver películas juntos los fines de semana. Mi familia fue convencida muy erróneamente de que el futuro era el Beta.

Mi pelo de niño era castaño y lacio. Lejos estuve de darme cuenta en mi adolescencia de que esas pequeñísimas entradas en mi pelo no presagiaban nada bueno. Seguía luciendo un encantador flequillo.

Seguía leyendo muchos comics, paseaba con mis amigos, comencé a ir a un club del Opus Dei (algo que cambió mi vida), odiaba las matemáticas, me encantaba bañarme en la piscina que teníamos a dos kilómetros de Barbastro y en el río Cinca, me reía mucho, y pensaba (comencé a pensar) en lo feliz que sería fundando una familia. Eran los tiempos en que pensaba que estudiaría Derecho.

Era 1982 y la palabra “blog” no significaba nada. “Internet” no aparecía ni en las películas de ciencia-ficción. A diferencia de los coches voladores o las pistolas láser. El futuro ha resultado un poquito defraudante a este respecto. Marte sigue sin colonizar. Plutón todavía era un planeta.


En esos tiempos todavía no había visto El exorcista. Y cuando vi El cardenal tampoco sentí la más mínima atracción al sacerdocio. Sentí más fascinación por Dart Vader que por ese cardenal. Un amigo nos puso Hermano Sol y hermana Luna de Zefirelli. Lo único que saqué claro de esa película es que yo no tenía la menor vocación franciscana. 

jueves, abril 27, 2017

Hitler, mi dentista y yo (segunda parte)


Hoy iba a hablar sobre el apasionante tema de Hitler y los dentistas. Pero he descubierto este tráiler:


Vosotros, queridos lectores, no sabéis lo que significó para mi toda la saga de Valerián. Sin ninguna duda, fue mi cómic favorito de la adolescencia. (Así es, yo también fui adolescente.) Devoré cada uno de sus números. Cuando iba con mis padres a Zaragoza, rebuscaba entre los anaqueles de la librería del Corte Inglés en busca de algún número nuevo.
Tintín siempre me aburrió. Lo leía, pero sin entusiasmo. Prefería a Los pitufos antes que a ese sujeto anodino. Por supuesto que pasé por todas las fases: Colección Dumbo, TBO, Don Miki, Mortadelo y Filemón, Astérix, Superlópez y, por fin, Valerián.

En el tercer año de seminario descubrí el primer número de Las ciudades oscuras, que es la culminación suprema de todo esto. Dejo sin comentar a Blacksad, Moebius, Lucky Luke, 13 Rue del Percebe y tantos otros, sino no acabaría nunca.

Reconozco que el cómic ahora ha sido desplazado (con razón) por comics cinematográficos, El Quinto Elemento es un extraordinario ejemplo. La obra de un artista solitario ha cedido terreno ante la labor de equipo dirigida por uno o varios genios.


Los que vivimos aquellos años 70 y 80 sentimos que fue una época dorada en muchos aspectos. Lo mismo que el mundo de muchas pequeñas poblaciones rurales de los Estados Unidos que reflejan películas como Regreso al Futuro tenían un encanto, una sencillez y una humanidad que después se perdió. Son realmente mundos perdidos. 

Como el pequeño José Antonio (Fortea) comiéndose una rebanada de pan de pueblo con nocilla, mientras leía la última aventura del Pato Donald y esperaba la hora de la noche en que vería a Los Roper junto a mis padres 

miércoles, abril 26, 2017

Hitler, mi dentista y yo (primera parte)


Hace años, para mí, ir al dentista era una tortura psicológica. Todo en la consulta me recordaba a los amigotes de Mengele, a largas agujas afiladísimas, a la Santa Inquisición, a bisturís que no veía (pero que imaginaba), a Hannibal Lecter.

Pero todo cambió con mi nuevo dentista que es el Robin Hood de los dentistas, la Madre Teresa de la odontología. Me pongo en sus manos como el conejo Tambor se ponía en manos de Bambi. Lo digo en serio: ya no tengo miedo, tengo confianza. Este dentista me infunde la confianza que inspiraba Franklin D. Roosewelt al Pueblo: ahora ¡tengo optimismo en mis dientes!


Eso sí, la alegría nunca es completa. Ahora tengo miedo a olvidarme en uno de mis viajes la funda para el bruxismo y despertarme con la boca como una de las brujas del acto I de Macbeth.

Pueblo de Venezuela, ¡animo!


Hoy mi post va a ser este vídeo, sobre el fuego santo. El fuego que aparece en el edículo de la Basílica del Santo Sepulcro, el día de la Resurrección, al mediodía. Todos los años entra el patriarca griego de Jerusalén (ortodoxo) con unas velas y se forma un fuego azul sobre la losa que se eleva y le enciende las velas. 

Este milagro sucede cada año, como en Madrid el milagro de san Genaro y en Italia el de san Pantaleón. Como para dudar del milagro del ángel en la piscina probática que aparece en el Evangelio. Aquí os pongo el vídeo de este hecho tan bonito como impresionante:


Y acabo con una frase de Churchill: Los fascistas del futuro, se llamarán a sí mismos antifascistas.

lunes, abril 24, 2017

Calenturientas mentes de clérigos ociosos o creadores que también podrían (como excepción) recibir algún mimo


Hoy me ha escrito mi amiga Marguerite Cantueriense, el nombre tal vez no sea del todo exacto. Su versada pluma me ha dicho:

No te gustará, pero en el caso de los literatos, los que más se han acercado a acertar en, términos visionarios, con lo que sería hoy la sociedad, son los que escribieron distopías.

Así que el "Apocalipsis" va a ser algo muy vulgar y predecible. No creo que te guste.

Le he contestado enfurecido por años de novelas sobre el tema:

¡No! El apocalipsis es épico como mi grandioso Cyclus Apocalypticus, digno de Cecil B. de Mille.
Distópicos son los críticos que no han sabido ver la grandeza de mi primera obra.

Poco después le he enviado otro correo añadiendo:

Compara a un anticristo que fuera el Anticristo con mi Vinicianus conversando con el último pontífice en su despacho, prisionero ya del régimen; o con su entronización sobre el altar de San Pedro del Vaticano.

No, no, los distópicos son esos críticos malvados.

Pero mis obligaciones han puesto punto final a lo que se preveía un largo cruce de acusaciones apocalípticas:

Querida Marguerite, me tengo que marchar a la catedral. Alli pensaré sobre tu fin del mundo.

Un abrazo.

domingo, abril 23, 2017

Acabando un nuevo libro


Bueno, cosas varias. Estoy ya a punto de acabar la revisión de mi libro sobre el Apocalipsis, un libro de comentario teológico a las plagas. Quedará acabado en esta próxima semana como máximo. Pensé en publicarlo en papel con una editorial, como excepción. Pero estoy pensando, como siempre, en ponerlo en Internet gratis. La razón es que algunos emails de lectores justamente de estos últimos días me han hecho entender que los libros son semillas lanzadas al aire que germinan donde uno menos se lo imagina, que la escritura produce fruto, que la palabra escrita en mi pequeño pisito de Alcalá puede resonar en cualquier esquina del mundo, en un obispo, en un vicario general, en un monje, en un empresario, en un adolescente de dieciséis años.

Las preguntas que me hice hace varios meses siguen sin ser respondidas en mi mente: no veo por ningún lado quién puede ser la Bestia si tuviera que hacer una novela contemporánea del Apocalipsis. Y eso que tal es mi propósito, sin fecha fija todavía. Si lo hago será una novela con una ambientación formidable. Pero en ese punto de la Bestia tendré que hacerme violencia.

La otra cuestión a la que no veo salida desde un punto literario es que un apocalipsis por rápido que vaya me parece que precisaría de unos treinta años para formarse de un modo razonable. Y eso acortando plazos. Son muchas las cosas que dice el Libro de san Juan y buena parte de ellas meramente humanas, o mejor dicho: políticas.

Con lo cual el propósito inicial de escribir un fin del mundo ambientado en la época actual queda algo desvirtuado. ¿Cómo será el mundo en más de treinta años? ¿Razonablemente podemos deducirlo? 

Por supuesto que si escribo esa novela esa descripción de “lo razonable” será a grandes líneas, con trazos amplios. Pero, aun así, la novela que iba a ser inicialmente una novela que pintase un apocalipsis razonable, cómo sería si sucediese tal cosa en un decenio o algo más, pasará a ser un ejercicio mental fundado en un escenario poco previsible.

Puedo acercar el apocalipsis en el tiempo, pero a costa de un precio impagable: saltarme varios versículos de la Biblia. Puedo alejarlo, pero a costa de sacrificar también mi deseo inicial de escribir un drama en un escenario conocido. Y eso para mí, como escritor de novelas, era algo muy importante.


Al menos, mi libro teológico sí que está ya casi revisado. Soy consciente de que estos pensamientos (muy parecidos) ya os los transmití hace meses. Pero, al final, me encuentro como en el punto de partida respecto a lo dicho. 

Algunos afirman que Trump es el Anticristo. No, seguro que Trumpo y el Pato Donald no.

viernes, abril 21, 2017

Es primavera


¿Cuánto dinero necesita alguien para llevar una vida plena, placentera, agradable? Indudablemente, no mucho. E incluso si falta el dinero, los más grandes gozos de la vida no cuestan nada o son totalmente baratos: como la crema de arroz a las especias con caldo de mejillones que he tomado hoy en el almuerzo. Estaba deliciosa, digna de un gran restaurante. Y ni siquiera me ha costado casi nada de tiempo hacerla. Y encima ayer encontré en el supermercado crema de leche sin colesterol. Esta crema de arroz lleva entre sus ingredientes crema de leche. Le ha faltado el vino blanco.

Aprender a cocinar bien es una de las condiciones para llevar una vida feliz. La otra sería cultivar un huertecito pequeño. Visitar a otros romanos de las villas vecinas. Tomar el té un par de veces a la semana en casa de familias tipo C.S. Lewis (véase Tierras de Penumbra) cuya conversación sea un placer. En casas de señoras rollizas que te pasan una bandeja de galletas danesas de mantequilla. Paseos por el bosque. Una partida de ajedrez tras la cena. Una buena película los sábados por la noche con los amigos mientras oyes a tus hijos corretear por la casa. Aprender a cocinar es esencial para ser feliz; aprender a coser, no tanto.

El mundo que creó Dios es bellísimo. Y la felicidad natural no es tan difícil. A esto se añade lo sobrenatural. Pero cuando estás hablando de lo bella que es la vida, siempre hay alguna viejecita que con gesto agrio te recuerda con aire enfadado: ¡Aquí venimos a sufrir!


Yo siempre respondo: Por supuesto, por supuesto. 

jueves, abril 20, 2017

Trump, Isa y Putin: historia de los que llegan tarde a las citas en el Vaticano


Tres han sido los jefes de Estado que han tenido algún detalle feo con el Papa. El primero fue Putín que las dos veces que ha visto al Papa, las dos ha llegado tarde. La última vez, una hora. Evidentemente, esto no fue porque hubo mucho tráfico. Fue algo querido. Un detalle del ultranacionalista. ¿Qué decir de Putin? Putin se define a sí mismo. Ya no hay nada que añadir.

No me imagino a Putin echando con cuidado como Nerón una lágrima suya en una lacrimario por la muerte de Petronio. Primero, porque no hay ningún Petronio en los alrededores de Putin. El Putin Russicus es una especie que no deja crecer ningún Petronio a su alrededor. Segundo, si tuviéramos que buscar una película que definiera a este hombre no sería precisamente Quo Vadis la escogida, sino alguna de Coppola. (Si me está leyendo alguien de la embajada rusa, me refiero a Lost in translation.)

La otra que llegó tarde fue la Reina de Inglaterra. Fue un episodio bien conocido de todos que llegó tarde, porque así lo quiso. Un ayudante le advirtió que era la hora de marchar, cuando ya estaban en la sobremesa del almuerzo con el presidente italiano. Y ella quiso quedarse. Algo lógico en un personaje llevado entre algodones desde que nació. Ese tipo de ambientes son óptimos para acabar convenciéndose de que el mundo gira alrededor de uno mismo. Curiosamente, ella es bien conocida por no admitir este tipo de “descortesías” cuando se refieren a ella misma. Su ultraexigencia respecto al honor que considera que le deben los demás choca con ese detalle respecto a lo que ella considera “un igual”. Y no nos olvidemos, la descortesía deshonra al que la hace, por grande que sea.

El último en sumarse a la lista ha sido Trump, pidiendo bien tarde (en un acto deliberado) una audiencia con el Papa. El viejete millonario debió pensar que así “castigaba” al Papa. Hagámosle un feo, debió indicar Trumpo al Secretario de Estado. Puro estilo Donald.

Frente a este tipo de detalles, la elegancia es no darse por aludido. Un detalle descortés sólo infama al que lo hace.

Pocas veces, muy pocas, y no al nivel de jefes de Estado, se puede responder con humor a la descortesía, como en la (falsa) anécdota de Lady Astor cuando le dijo a Churchill: 

Si yo fuera su esposa, le pondría veneno en su café.

A lo que respondió Churchill: 
Nancy, si yo fuera su marido, me lo bebería.

El ritual de la missa sicut coena


Me encanta que en la Iglesia haya tantas antiguas y venerables familias litúrgicas. También creo que no es casualidad que el rito que más se haya extendido sea el Rito Romano, sino que en ello veo una providencia divina. También me parece que es preferible que el Rito Romano sea por su mayor extensión un factor de unidad. Dicho de otro modo, no creo que fuera una situación mejor el que en todas las diócesis del mundo se produjese una fragmentación de reinos de Taifas a nivel celebrativo.

Dicho lo cual, llevo años pensando que sería interesante que, en ciertos lugares especiales (Jerusalén podría ser un lugar), alguna vez se pudiera celebrar la misa de un modo lo más parecido posible a la Última Cena de Jesús con los apóstoles.

Es decir, en una sala acondicionada en todo como en la época de Jesús, algo que te metiera por los ojos la idea de que estás en un lugar como el de esa última cena. Y que los participantes (lo ideal es que fueran doce y un sacerdote) se sentaran o reclinaran en grandes cojines y esteras, con una mesa baja en el centro, de un palmo de alto.

El celebrante iría vestido con alba, o incluso con estola. Los ritos iniciales y los ritos conclusivos se harían con todos de pie. Toda la Liturgia de la Palabra se haría con todos sentados, incluido el que lee. El resto de la misa se haría con el celebrante sentado, con el misal delante.

Todo a la luz de las lámparas de aceite, en un ambiente de perfecta recreación histórica. Pudiendo cenar allí mismo (aceitunas, queso, frutos secos, pan, frutas) tras la misa que incluiría un tiempo en silencio de acción de gracias.

Soy amante de las grandes celebraciones, de los magníficos pontificales. Pero abogaría a favor de que la Congregación para el Culto (a la que nos sometemos con gusto) incluyera esta versión de la misa. El ritual de la missa sicut coena, el ritual de la misa como cena.

Es más, en viajes en grupo, en peregrinaciones, este tipo de misa se podría celebrar en la habitación de un hotel, en cualquier lugar digno. Para viajes con grupos pequeños, me parece un modo que se adapta mucho a la realidad de un grupo pequeño en un lugar que no es una iglesia.

Nunca he hecho una cosa como la descrita, porque en materia litúrgica siempre me someto a lo prescrito. Pero hace años que pienso que el “ritual de la missa sicut coena” es el único que falta en nuestra época tan enriquecida con tantos rituales.


Es por este pensamiento que siempre he visto con buenos ojos las misas de los neocatecumenales, porque está claro que sus celebraciones van en esta dirección de sentirse en la situación que he descrito, en ese tipo de ambiente.

En cualquier caso, la liturgia de la entera Iglesia pienso que conviene que contenga todo: lo pontifical y lo simple, lo grandioso y lo sencillo. Pero todo dentro de la obediencia. Pues los ritos son de la Iglesia. Yo no soy dueño de los ritos. Por eso debo someterme a lo atado. Aunque soy libre de dar sugerencias.

miércoles, abril 19, 2017

Sugerencias para el lapso de tiempo entre la liturgia del Jueves Santo y la del Viernes Santo


La otra cosa que quería añadir desde los días de la Semana Santa es que sería bonito que en una catedral se dispusieran distintas estaciones según el reloj de la Pasión para el jueves santo por la noche y el viernes. Y que se trasladase una figura del Ecce Homo con la Eucaristía en su pecho. Las dos naves laterales, las capillas, el ábside harían de reloj en el que se vería en qué momento de la Pasión se está. En cada estación habría un icono y una cartela que explicaría que, por ejemplo, era el momento de ser llevado ante Pilato o que era el momento de la flagelación. Aquí está el reloj:


De esta manera, la catedral se transformaría en un gran via crucis. Sin que eso sea óbice para que, en una capilla aparte de ese templo, haya un monumento fijo.

Esta duplicidad sería necesaria. Porque en la imagen del Ecce Homo sólo podría haber el viril de una custodia en el pecho, y este viril oculto a la vista tras una puertecita. Así se podría trasladar sin que se cayera. Mientras que en el otro monumento, estarían guardados varios copones para la comunión en la liturgia del Viernes Santo.

El Ecce Homo sólo tendría unas pocas velas alrededor, por ejemplo dieciocho velas, en recuerdo de las dieciocho horas de su Pasión. La gente se sentaría en sillas colocadas alrededor de este Ecce Homo. Sillas que se llevarían a la siguiente estación.

lunes, abril 17, 2017

Sacerdocio femenino, un pequeño apunte


Hay un hecho del que querría dejar constancia aquí. Los que lleven escuchando mis sermones desde hace un decenio habrán observado la evolución de mi teología mariológica.

Las razones negativas para no admitir la ordenación de mujeres siempre me habían parecido insuficientes. Me limité a aceptar la Tradición. Lo cual hice sin restricciones internas.

Ahora bien, hace una semana me di cuenta de un pequeño detalle. Si la Virgen María es lo que yo he llegado a barruntar que es --es decir, si la santidad que se contiene en ella es de tales proporciones como ahora lo creo--, entonces, el hecho de que María no haya sido ordenada sí que pasa a ser un hecho sustancial.

El hecho de que se dejara fuera del sacerdocio ministerial a una persona que valía más que la Iglesia entera, pasa a ser un hecho afirmativo, no meramente histórico. De forma expresa se quiso dejar sin sacerdocio a la persona que por su cristificación hubiera sido no sólo la más digna de recibir esa potestad, sino más digna que la dignidad sumada de todos los apóstoles y obispos de la Historia: eso no es un mero argumento negativo.


En una visión teológica en la que la Iglesia es pedestal de María, entonces el que la Madre de Dios fuera excluida de la Última Cena implica un expreso designio acerca de todas las mujeres. No sé cuáles puedan ser las razones de la exclusión de la mujer al sacerdocio, pero no me cabe duda de cuál es la voluntad de Cristo.

domingo, abril 16, 2017

Cómo organizar una esplendorosa liturgia de Viernes Santo en una gran catedral: sugerencias

Como acabamos de vivir el Viernes Santo, quiero sugerir al clero que me pueda estar leyendo cómo organizaría yo la liturgia del Viernes Santo en una gran catedral. Nunca se sabe quién te lee y si a alguien le pueden ser útiles estas líneas. 

Toda esta ceremonia catedralicia que voy a describir no requiere del cambio ritual de ningún rito respecto a la normal que se hace en cualquier iglesia. Lo único que tendría que consultar el obispo a la Congregación del Culto es el cambio sugerido de las vestimentas y la inserción de la representación histórica de la que hablo en la procesión final. Ambas cosas las explico después. El resto de esta liturgia es la misma ceremonia de cualquier iglesia con los mismos ritos.

El obispo y los celebrantes se dirigen en procesión hacia el presbiterio. Delante del altar se postran un tiempo. Después continúan procesionalmente hacia el coro de los canónigos. Allí tiene lugar la Liturgia de Palabra y el sermón. Si no hubiera un gran coro de canónigos, se colocarán en el mismo centro de la nave central varios bancos de forma coral con la cátedra presidiendo un extremo.

Después de la Liturgia de la Palabra se dirigen en procesión ante la representación de la Cruz y el Crucificado que, a tamaño natural, se habrá colocado a la entrada de la catedral, dentro de esta, cerca de la puerta.

Delante de la cruz se coloca el obispo flanqueado de dos presbíteros. Dos acólitos se colocan delante de esos dos presbíteros, entre los dos harán la oración universal. El resto del clero y acólitos se colocarán detrás del obispo y los dos presbíteros. Parte del pueblo fiel rodeará a los celebrantes y la cruz. Sólo una parte, porque todos no cabrían en el atrio. Será muy bello hacer esas plegarias ante el Crucificado.

Acto seguido un diácono tomará una cruz realmente preciosa, mejor si es de plata y cuajada con piedras semipreciosas e inscripciones (la voy a llamar aquí la “cruz de plata”) y la llevará desde el atrio hasta el altar, cantando en tres lugares distintos Mirad el árbol de la Cruz

La Cruz de Plata será depositada sobre el altar en forma horizontal, porque varios hombres (revestidos con túnicas) traerán una cruz de tamaño natural y las sostendrán al comienzo de los escalones del presbiterio. Allí será besada por cien personas previamente designadas. Dada la magnitud de asistentes, los demás contemplarán la escena desde sus lugares.

Acabada la veneración de la cruz, ésta será colocada en posición vertical ante el altar. El altar será revestido. Se colocarán las velas y finalmente la Cruz de Plata se colocará de nuevo, horizontalmente, sobre el altar.

En ese momento los tres celebrantes principales, se sacarán las capas pluviales rojas y se colocarán las casullas rojas.

Todo estará calculado para que la procesión con los copones conteniendo la Eucaristía lleguen al altar desde el monumento. Se realizarán las oraciones previas a la comunión.

Acabada la comunión de los fieles, los celebrantes principales se colocarán capas pluviales negras y el resto de los sacerdotes estolas negras. Los diáconos se colocarán dalmáticas negras.

En procesión, se llevará la Eucaristía a la reproducción del sepulcro de Jesús.

La procesión la abrirá un diácono con la Cruz de Plata rodeado de dos ciriales y seguido de cuatro acólitos con alba. A ellos les seguirán tres hombres (vestidos de época) que representarán a san Juan, Nicodemo y José de Arimatea y tres mujeres, representando a las tres marías. Seis hombres más portarán una sábana con un bulto dentro con forma de hombre. A ellos les seguirán el clero portando la Eucaristía.

Esta procesión, única en toda la diócesis, combinará la posibilidad de ver una representación histórica con la realidad teológica. En una sola procesión solemne se tendrán ambas cosas.

Al llegar al sepulcro, se colocarán los copones sobre la losa, se correrá la piedra que cierra la entrada y se sellará la piedra.


Allí, ante la puerta del sepulcro, el obispo hará la oración conclusiva.

Por si a alguien le interesan: todos mis sermones de la Semana Santa en el convento

Semana Santa 2017
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Archivo 1325
Entrada de Jesús en Jerusalén
Domingo de Ramos

Archivo 1326
Lunes Santo
Dios Padre puso el Espíritu Santo sobre Jesús

Archivo 1327
Martes Santo
Judas Iscariote está simbolizado en la tribu de Dan

Archivo 1328
Miércoles Santo
Más le valiera no haber nacido a Judas Iscariote

Archivo 1329
Jueves Santo

Archivo 1330
Viernes Santo
La Última Cena II

Archivo 1331
Vigilia Pascual
La Última Cena III

sábado, abril 15, 2017

Sellando el sepulcro de Cristo como hicieron los sumos sacerdotes con el Cuerpo de Jesús


























Os pongo las fotos del sello que cierra la estancia (situada dentro de la clausura del convento) que simboliza el sepulcro de Jesús. Os confieso que hoy he tenido una mala noticia que me ha entristecido. Como tantas veces, este tipo de tristezas provienen de cuestiones personales. Con gusto contaría aquí este tipo de espinas que se clavan en nuestra alma, no son cosas del otro mundo, pequeñeces: a veces la ingratitud, a veces sentimientos más lamentables. Pero por respeto a las personas involucradas, este tipo de asuntos no los comento.

Pero me pregunto por qué las personas no podemos hacernos la vida si no más agradable, al menos sin el vinagre de lo desagradable. ¿Qué lector de los míos no ha probado ese vinagre? Es algo inherente a la vida humana, a las relaciones entre nosotros: celos, envidia, maledicencia, juicios, odio.

Aunque me gustaría contároslo, me limitaré a decir que mi último mes ha estado jalonado de muchas de estas dolorosas espinas. Y en el fondo de todo, como siempre, tonterías, cuestiones de ninguna importancia. También la I Guerra Mundial comenzó porque Serbia no permitió a oficiales austriacos que fueran ellos los que llevaran la investigación del archiduque. Lo que sucede entre las naciones tiene su equivalente entre los humanos de a pie.

Cuando me muera y me presente ante Dios, desde luego no se me ocurrirá presentar mis buenas obras: todas me parecen modestas. Tantos las hacen mayores y hasta heroicas. Lo único que sí que me atreveré a decir es: No he querido hacer sufrir a nadie en mi vida.

viernes, abril 14, 2017

Una foto del Jueves Santo en mi capilla













Esta foto es del lavatorio del Viernes Santo de este año en el convento del que soy capellán. Si comienzo el post diciendo: un español, un francés y un polaco fueron al lavatorio de Jueves Santo… parecería el comienzo de un chiste. Pero eso fue exactamente lo que sucedió.

Hoy cuando retiremos el Santísimo Sacramento del monumento, lo llevaré a una estancia dentro de la clausura. Y allí, como en los años anteriores, cerraré con llave la puerta, las religiosas moverán un baúl delante (simbolizando la piedra a la entrada del sepulcro) y sellaré la puerta con un sello de “lacre”.


En realidad, no es lacre, es otra materia. Pero el sello en relieve que mandé hacer (hace dos años) es grande y bonito. Si puedo indicaré a alguien que haga fotos del sello. Ahora me despido de vosotros, me voy a hacer otro rato de oración ante el monumento.

jueves, abril 13, 2017

Aquí tomando el sol


Hace años, en un día como hoy, os hubiera echado un sermoncito. Pero a estas alturas, el sermón lo subo a mi sermonario


y aquí os pongo unas líneas que os distraigan. Porque, pobrecillos, a veces estáis cansados, necesitáis distraeros y los que os rodean, de tanto en tanto, son como rosas como espinas. Y alguno es, más bien, un cactus. Si este blog os pudiera pasar la mano por la cabeza como hago con los gatos, lo haría.

Se me olvidó deciros que ayer estábamos cinco curas con sotana: tres del clero secular y dos del regular.


Ahora sólo deseo sumergirme en este triduo lo más intensamente que pueda. Vivir esta parte del Evangelio como si ocurriera hoy, en mi ciudad.

Ah, una comentarista ya se dio cuenta de que mis zapatos no eran precisamente de alto diseño. Ando mucho, así que hace años que ya tomé la decisión de escoger los zapatos en función de dos únicas razones: su comodidad y que fueran negros.

miércoles, abril 12, 2017

Comida de curas



















Hoy se ha celebrado la misa crismal en la diócesis de Alcalá. Nada puedo decir de la misa ni de la predicación episcopal, porque he tenido que atender a varias personas en el hospital. Pero el almuerzo fraternal, como siempre, ha sido agradabilísimo. Hemos reído, bromeado y sí, también hemos comido muy satisfactoriamente.

Mientras la diócesis siga poniendo una carne tan buena de segundo plato, las mesas se llenarán de clérigos hambrientos año tras año, como hasta ahora. Es de las mejores carnes que como en todo el año.

Eso sí, de primero, como siempre, un poco de jamón y lomo embuchado y dos triángulos de queso. El primer plato me recuerda un poco al “León come gamba” de Master Cheff. No voy a hacer más comentarios del primer plato propter caritatem.


Y después está ese clásico que es el postre de bizcocho y nata: allí permanece perseverante, atormentando al clero reunido. Esta nata no le gusta ni a los canónigos ni a los arciprestes, ni a los coadjutores ni a los defensores del vínculo: ¡pero allí sigue!

martes, abril 11, 2017

Florencia bajo el sol de primavera


Pero no todo el Florencia eran turistas. Debajo de la gruesa capa de turistas, yacía una ciudad. Admirable el monasterio de Santa María Novella. Lo disfrute en cada uno de sus rincones.

Recorriendo sus claustros, trataba de imaginarme a más de un centenar de franciscanos yendo y viniendo dedicados a sus tareas, trabajando o paseando. Ese monasterio cuando tuvo vida debió ser todo un mundo. Cualquiera que entrase en ese mundo debía quedar extasiado ante una clausura que parecía una pequeña ciudad. Una ciudad de ciencia teológica, práctica de la virtud y oración. ¿Cuántos frailes de hábitos pardos debieron congregarse en su sala capitular? ¿Doscientos?

En el otro extremo de la ciudad estaba la Iglesia de la Santa Croce, otro emporio conventual. Claustros en los que pululaban los hábitos blancos de los dominicos. En invierno todos cubiertos con sus capas negras. La iglesia más bonita de la ciudad considero que es la de la Santa Croce. Qué acumulación de belleza entre sus muros. Belleza, no lujo. La belleza es algo distinto al lujo, a veces muy distintos. Ninguno de esos dos conventos contenía lujo alguno.

Lo mismo que hoy ya no existen los dinosaurios, tampoco existen estos colosos conventuales. Únicamente unas condiciones muy concretas permitieron que aparecieran estos prodigios arquitectónicos y humanos.

En la foto se me ve en el claustro del convento dominico de San Marcos. Lo que llevo en la cabeza es mi birreta. Esta prenda tiene varias funciones:

-se me quema la calva

-me duele la cabeza

-me protege de golpes en el cráneo cuando atravieso puertas pequeñas en edificios antiguos, franciscanos, por ejemplo

-me da una pátina de tradicionalismo, algo necesario después de algunos posts


Cuando hace sol, siempre salgo con ella plegada en mi bolsillo. El tercer uso, protector de golpes, no debe ser desdeñado. El cuarto uso tampoco. A veces se logra más con una birreta que con muchos razonamientos.