sábado, julio 21, 2018

Después del análisis, unas palabras para las víctimas



Continuo desde el post de ayer. Me iba a callar, no iba a decir nada respecto a esa negra época. Pero como algunos, bien pocos, hacen apologías de todo aquello, yo os digo a los más radicales de ese tiempo de infamia: “Fuisteis unos maltratadores de las almas. No tuvisteis piedad de las personas sencillas que veían en vosotros personas sagradas. Manchasteis vuestras almas sacerdotales con una verdadera idolatría. Y en altares que no eran el sacrosanto altar de Dios, se vertió sangre con vuestra anuencia, con vuestro silencio, con vuestra comprensión”. ¡El sacerdote cómplice de Caín!

Lo repito: No fueron todos los sacerdotes de esa diócesis. Los radicales fueron unos pocos. Muchos otros no pecaron. Algunos, incluso, fueron heroicos en su clamor de que lo que se estaba produciendo era una aberración. Vergüenza y remordimiento para los que callaron y transigieron.

Pocas veces una desviación teológica produjo frutos tan abominables. Frutos de Mal mezclados con religión. Vosotros, los más radicales de esa época, habéis sido el escándalo de las ovejas y de los buenos compañeros sacerdotes. Porque sí, vosotros, nunca tuvisteis el apoyo de vuestros compañeros sacerdotes razonables.

Ahora, a estas alturas, ante unos pocos irreductibles que defienden lo indefendible, ha llegado la hora de que oigáis las cosas alto y claro.

No estoy criticando, ni mucho menos, a todo el clero de esa diócesis desgraciada y azotada, donde la oscuridad ha reinado demasiado tiempo. Yo solo levanto mi dedo contra aquellos que hicieron lo que da vergüenza nombrar. Solo a aquellos que apoyaron al Mal. Afortunadamente, no todos los sacerdotes en esa diócesis fueron como vosotros, malos pastores.

A vosotros, los radicales, los idólatras, os digo: “Arrepentíos, pedid perdón, haced penitencia. No, no es que no os comprendamos. Estáis tan ciegos que creéis que los que estamos fuera de vuestro culto a Baal no os podemos comprender”.

Menos mal, menos mal, que esos radicales ya van siendo muy pocos. Lentamente esos lobos han ido cayendo en manos de una Justicia definitiva cuyo veredicto es absolutamente inapelable. Ellos, los causantes, han tenido que escuchar de labios de un airado Jesucristo, Rey de la Historia: “Al menos, Judas Iscariote me dejó. Vosotros os quedasteis dentro de la Iglesia para hacer daño”.

Unas palabras de análisis eclesial, porque puede hacer bien a algunos



Una persona a la que conozco desde hace años me escribió hoy:

He echado de menos un comentario o una fugaz alusión de la muerte de X [un obispo cuyo nombre omitiré]. Sé que fue un hombre controvertido entre (…) pero para nosotros (…) fue un referente en aquellos difíciles años.

Tras meditarlo un par de minutos, escribí esta contestación:

Cuando no se puede hablar bien, es mejor callar. De monseñor Tarancón hablé porque ya es un personaje lejano, histórico.

Pero después me di cuenta de que puede haber un cierto número de personas (quizá pequeño) que esperen una palabra de mí. No voy a decir el nombre del obispo por caridad, para que queden ocultos tantos asuntos en quienes no saben nada.

De ese obispo nada voy a decir respecto a su actuación en temas de este mundo, porque sobre ese campo prefiero callar, para que no salga lo peor de mí. Solo quiero comentar alguna cosa respecto a su actuación eclesial, pues su gobierno al frente de la diócesis fue decididamente progresista, extremadamente progresista.

Durante los años de su largo pontificado, solo se ordenaba el que siguiera una muy determinada línea teológica y pastoral. Para cualquier otra posición opinable y lícita dentro de la Iglesia no había lugar. Su tiempo fue una verdadera dictadura teológica.

Los resultados hablan por sí mismos. Si miramos varios indicadores, yo lo he hecho, descubrimos que su diócesis está prácticamente a la cola de la religiosidad de esa nación. Curiosamente, ese obispo recibió una diócesis que era de las más religiosas de ese país y dejó una de las diócesis a la cola en cualquier parámetro que analicemos. Justamente al revés que un monseñor Guerra Campos o un don Marcelo. El obispo del que hablo, pero cuyo nombre callo, fue la antítesis de estas grandes figuras episcopales.

Cuando observamos la lucha infatigable de un san Agustín contra los donatistas, o la denodada lucha de san Atanasio contra el arrianismo, o la lucha, hasta la muerte, de santo Tomás Becket contra el regalismo, observamos que dentro de la Iglesia no cabe todo, que no todo da lo mismo. Seguir un camino u otro tiene consecuencias.

Quizá sea pequeño el número de lectores míos que esperaban una palabra mía sobre este obispo, pero para todos debe quedar claro que no da lo mismo que una diócesis se gobierne en una dirección u otra. ¿Quién es el obispo, como si fuera un señor feudal, para decidir de forma arbitraria quién se ordena y quién no, basándose solo en sus personales posiciones teológicas? 

La objetividad acerca de la validez de alguien para el servicio al Señor jamás puede ser sustituida por un subjetivo: “Es que no encajas en la línea pastoral que seguimos en esta diócesis. Márchate”.

Esa línea seguida durante años, durante decenios, produjo los resultados que cabía esperar.

viernes, julio 20, 2018

Número de lectores


Con 29.500 visitas, solo contando las directas a mi blog, la “Carta a Ortega” se ha convertido en el cuarto post más leído de la historia de este blog. El post más leído ha sido la "Carta a Maduro" y la "Elegía a Fidel Castro".

Sigo pasando revista a las catedrales de España y de fuera



Ayer tuve un día de lo más agradable, se casaba un amigo. Muchas cosas podría decir de ese día, pero me voy a centrar en una crítica de la Catedral de Toledo que visité por tercera o cuarta vez en mi vida, más o menos.

El retablo gótico no me entusiasma para nada. Mucho más bonito es el de El Pilar, el de la Catedral de Huesca o el de El Paular, por citar unos pocos. No sé por qué, pero el de Toledo tiene un algo que no convence. En realidad, son los colores (que parecen modernos, aunque no lo son), la disposición de los elementos (sin gracia) y el modelado de las figuras (muy desafortunado).

A eso se añade un altar y una cátedra de las que, por caridad, no voy a decir nada. Las capillas del ábside están cerradas. No digo que no haya que cerrarlas, pero eso no favorece la visita. La cripta también está cerrada. No digo yo que no tenga que ser así, pero en fin… El altar del coro merecería un capítulo aparte por lo impresionantemente feo que es. Incluso no sé si es un altar o un sepulcro, porque traté de apartar la vista de él.

La catedral tiene elementos formidables (el coro, el claustro, los sepulcros, etc, etc), pero no sé, forma un conjunto que tiene menos encanto que otras catedrales más pequeñas. Es un templo grande, es rico, es variado… y tiene menos encanto.

Es un espacio que parece totalmente tomado por los turistas, me costaba sentir el menor atisbo de sacralidad en él. Ya he dicho en otros posts qué soluciones se me ocurren y que se podrían intentar para lugares turísticos como esa catedral. 

De momento, es un espacio que parece vacío, mundano, museístico. Y eso no es culpa de los que la gestionan. Realmente es complicado solucionar una invasión de este tipo. A veces, los sacerdotes tenemos la sensación de que no se puede hacer nada. Que conste que considero a Toledo como la diócesis con el mejor clero de España. Toledo, por los sacerdotes, son palabras mayores. Conocí esa catedral el día de Pascua y era otra cosa, era totalmente otra cosa.

Podría enumerar los muchos elementos que me gustan de esa catedral. Pero el conjunto no me gusta. Es el conjunto, no los elementos sueltos.

miércoles, julio 18, 2018

Firmando el final de toda una época, firmando el final de una pesadilla perfecta



Ayer por la noche vi un reportaje sobre la rendición de Alemania en la Segunda Guerra Mundial. A mi edad ya es raro ver un documental en el que se digan cosas nuevas sobre esa guerra. Digo esto no porque yo lo sepa todo de esa contienda, sino porque los directores de documentales se empeñan en repetirnos siempre lo mismo, exactamente lo mismo y, la mayor parte de las veces, de la misma manera. Pero esta vez no.

Vi la filmación del general Jodl firmando la rendición que nunca la había visto. La delegación alemana llegó con los generales aliados ya sentados, firmaron y Jodl pidió decir unas últimas palabras, que las dijo en inglés: En esta hora, solo puedo expresar la esperanza de que el vencedor los tratará [a los alemanes] con generosidad.

A esas palabras siguió el silencio de los generales del otro lado de la mesa. Nadie les respondió, nadie les sonrió por cortesía. Ni siquiera unas palabras de despedida. Solo silencio. Impresionante. Qué momento tan impresionante.

La delegación alemana fue conducida a una prisión. Los militares aliados, entonces, brindaron con champán y festejaron la rendición. El cuerpo de Jodl, al año siguiente, colgaría de una horca.

Al ver el documental, no he podido evitar cierta conversación con cierto escritor catalán. Lo tremendo de los sacerdotes es, a veces, tener que aconsejar al que nos pide consejo, y tener que escoger el mal menor entre dos males. No he tenido que aconsejar a muchos generales en medio de una guerra mundial, pero a veces no hay más remedio que escoger entre un mal y otro mal. Eso sí, nadie puede hacer nada intrínsecamente malo, jamás.
¿Da exactamente lo mismo la dictadura represiva y llena de torturas de Pinochet que la de Mao? Evidentemente, no. ¿Prefiere usted vivir bajo la dictadura de Hitler o bajo la dictadura de Stalin? Si en una guerra hubiera que elegir entre unas omisiones o acciones, y con unas ganara Isis y con otras ganara un régimen como el de Breznev, ¿qué sería preferible? Si soy un comisario de policía, puedo dejar que asesinen a Hitler, sabiendo que hay una conjura para que le suceda Goering.

Nunca hay que hacer un solo acto intrínsecamente malo. El problema es que, a veces, sin hacer nada malo, hay que optar. 

Muchísimas veces la mejor opción es retirarse, inhibirse, no participar en nada. Pero, otras veces, la conciencia urge a favorecer el mal menor. Cuando están en juego millares de personas torturadas, decenas de miles de personas encarceladas, hay que comprender que inhibirse no siempre es lo mejor.

Una de las grandes decisiones morales que hubo que tomar por parte de la Unión Europea y Estados Unidos fue si dejar al presidente de Siria en el poder o no. Derribarlo del poder hubiera significado una cantidad de males tan impresionante que, hoy día, todos están de acuerdo en que, dadas las complejas circunstancias, lo mejor fue dejarlo en el poder. Pero hubo que pesar en la balanza males frente a males. Fue una decisión muy compleja. Pero incluso inhibirse supuso una decisión.

Aunque estas cosas parezcan episodios del pasado, también ahora, este año, hay personas importantísimas que tienen que tomar decisiones económicas, políticas, sociales, que afectarán a millones de personas y tienen que elegir entre dos males. Este tipo de decisiones si son consultadas a un sacerdote, deben ser abordadas con el mayor cuidado posible, nunca a la ligera.

Las entrañas de la tierra


Saludo a Enric Macià, porque me ha alegrado saber que tenemos un espeleólogo en el blog. Los reinos subterráneos, sin ninguna duda, son fascinantes y solo abiertos para las almas intrépidas. Ningún pusilánime jamás descenderá a esas simas. Un saludo.

martes, julio 17, 2018

Más pensamientos constructivos



Como este es un blog de impresiones, sentimientos, anécdotas, episodios y pensamientos (y algunas cosas más), dejadme compartir mis opiniones sobre el tema iniciado ayer. Opiniones sueltas, nada estructurado.

El Palacio de Buckingham siempre me ha parecido, arquitectónicamente, una masa gris anodina. Que siglos después de Andrea Palladio se sigan construyendo ese tipo de obras insulsas me parece incroyable; o como dirían los alemanes, unglaublich.
La Casa Blanca no es para echar cohetes. Nueva York tiene mansiones en Manhattan que son obras maestras. Pero justamente un edificio tan icónico como la Casa Blanca es decididamente insulso. Estados Unidos tiene unas casas señoriales sureñas tan bonitas; y, en general, considero que tiene las casas familiares más bonitas del mundo. Pero la Casa Blanca, no.

Ya que ayer toqué el tema de los proyectos arquitectónicos de Hitler, diré algo más. Hitler como arquitecto era un cero a la izquierda. Todas esas maquetas que vemos en los documentales eran obra de Albert Speer y solo de Albert Speer. Y si lo hubiera llevado a cabo, el centro de Berlín se hubiera parecido a un barrio soviético de oficinas: ni hubiera sido impresionante ni colosal. Hubiera sido una mera sucesión de edificios como el edificio del Ministerio del Aire de Goebbels. En Estados Unidos se llevaba mucho tiempo construyendo de un modo moderno y bellísimo. Pero Albert Speer o no lo sabía o no supo imitarlo.

Respecto a París, tanto el Louvre, como Versalles, Los Inválidos y tantos otros edificios del mismo estilo padecen de la misma enfermedad: algo no por ser más grande es más bonito. Cosa que ya que descubrieron los griegos en la época de Pericles.

Esos edificios del llamado “estilo clásico francés” no entusiasman a nadie. Una obra es muy buena cuando todo el mundo hace versiones de ella, aunque sean pésimas versiones: da lo mismo si es El Guernica, el Partenón, la Gioconda, el Coliseo, el David de Miguel Ángel, lo que sea. De los edificios franceses de ese tipo nadie ha hecho imitación alguna. Uno los mira y tiene la impresión de encontrarse ante un estilo indefinido. Es un estilo identificable, pero indefinido.

El Panteón de Roma es perfecto. Mientras que al Palacio del Presidente de Francia le puedes añadir otro patio, otra ala, otro piso de altura, lo que quieras, nadie va a notar que es una añadidura.

Todos coincidimos en la belleza suprema del Castillo de Osaka, del Alcázar de Segovia, de Neuchwanstein, del Alcázar de Granada; incluso, en su estilo, La Ciudad Prohibida es magistral. ¿Por qué los grandes edificios icónicos del Poder suelen ser tan poco relevantes en casi todos los países? Es un misterio.

Yo siempre he sido un demócrata. Pero la única razón que haría que yo tomara en mis manos el poder absoluto oprimiendo a un pueblo sería por razones arquitectónicas. 

Sería implacable. Especialmente con el clero.

lunes, julio 16, 2018

Cuando la soberanía y el Poder se plasman en piedra



Ayer hablaba de grandes proyectos arquitectónicos, y concretamente de la arquitectura del Poder. El país más afortunado de todos, en mi opinión, es el Reino Unido. Su edificio del Parlamento es soberbio. Gran Bretaña es una nación de la que sentirse orgulloso y la representación de la soberanía que desprende esa construcción es magnífica. Si a eso añadimos, enfrente, la Abadía de Westminster, ¿qué más se puede pedir?

Estados Unidos tiene su magnífico Edificio del Congreso, elegante, sobrio. Pero mucho más impresionante es el Monumento a Lincoln. Es una obra más rotunda. Pero esas edificaciones no conforman una real unidad con el Monumento a Jefferson, el Tribunal Supremo, la Casa Blanca y la Biblioteca del Congreso. Son obras realmente muy buenas, pero muy dispersas. No forman una unidad. La mayor parte de los turistas solo visitan dos o tres de ellas.

Los arquitectos fracasaron en su intento de conformar un conjunto. Se trata de obras aisladas, rodeadas de entornos urbanos que no las favorecen para nada. El centro de Washington supone un fracaso total. Ni un solo turista vuelve a su casa diciendo: “Qué bonito es Washington”. Si hubieran agrupado esos cinco elementos mencionados formando un pequeño foro romano, en un espacio reducido y peatonal, el resultado hubiera sido óptimo. Y ya no digamos nada si justo en ese agrupamiento se hubiera colocado la Catedral Nacional y el Santuario Nacional. Washington hubiera sido considerada una de las ciudades más bonitas del mundo, y con los mismos elementos, sin añadir nada.

Paris sufre el mismo mal que Washington en sus edificios del poder: lejanía, dispersión, dimensiones no humanas. Sufren el mismo mal, porque sus edificios del Poder son de la misma época y de las mismas malas decisiones. En París, el palacio presidencial y las otras instituciones del Estados son macroedificios lejanos, separados, que no conforman un conjunto unitario. Los turistas lo que visitan es el París medieval y solo el París medieval, también pasan por las grandes avenidas. Pero nadie sabe dónde están esas instituciones del Estado que he mencionado. Son invisibles.

Hitler y su arquitecto pensaron levantar un barrio de los ministerios que hubiera sido frío, muy frío. El mismo arquitecto de Hitler, Albert Speer, lo reconoció muchos años después de la guerra. Hubiera sido un barrio sin vida. Un lugar de oficinas y más oficinas. Y los edificios no hubieran sido ni siquiera especialmente bonitos. Para nada.

La república y el imperio romano tuvieron su foro. Y fue un conjunto tan insuperable que, incluso desaparecido, ha sido algo que todos han anhelado y algunos han intentado revivir siglo tras siglo.

domingo, julio 15, 2018

Los ratos libres de un sacerdote escritor



En esta foto se me ve cuando yo era un niño y todavía no pensaba en llevar sotana. (Es broma.) Una de las grandes aficiones de mi vida es la arquitectura. Curiosamente, jamás de los jamases me hubiera dedicado a la arquitectura si yo hubiera sido laico.

En mis ratos libres, he volcado esta afición creativa en proyectos de catedrales. Allí están, a disposición de todos, Templo Isidoriano y otras dos obras más. Allí significa Biblioteca Forteniana, que es un “lugar” de la Red.
Un reto personal al que dediqué mucho tiempo libre hace años fue la creación de un complejo gubernamental que agrupara los ministerios de España en un solo sector. Fue una idea que perfeccioné año tras año, y de la que me siento orgulloso, de la que guardo infinidad de dibujos, planos y croquis. En su versión de hace años, esta idea aparece en mi novela Edipo Vasco.

Desde hace un año, decidí hacer un proyecto totalmente distinto. Esta vez no sería un sector para albergar todos los ministerios, sino un sector para albergar las altas instituciones del Estado: Congreso, Senado, Tribunal Supremo… en realidad, las instituciones de las que hablo en mi La decadencia de las columnas jónicas. En ese libro dejo constancia de lo interesante que sería un conjunto constructivo que plasmara visualmente los altos poderes de la nación: la Constitución hecha arquitectura.

Con el tiempo me decidí porque ese proyecto tuviera un aspecto Acrópolis, que, poco a poco, fue derivando en algo parecido a un foro como el romano. Por supuesto, no se trataba de una réplica del foro primitivo, sino de un proyecto radicalmente nuevo, pero con ese estilo clásico grecolatino.
En fin, hoy, a mis lectores, os he querido participar esta afición mía, de la que algunos se reirán, pero que me ha hecho pasar muy buenos momentos.
Esta “acrópolis” es una idea que llevo un año dándole vueltas, perfeccionándola en mi mente detalle a detalle. 

Por favor, si me lee algún dictador que domine completamente alguna nación de Asia Central que se ponga en contacto conmigo y podemos ir hablando acerca de este tipo de ideas. Por favor, si es posible, que no sea Ortega o Evo.

viernes, julio 13, 2018

La importancia del uso de la autoridad episcopal... y papal



Me alegro de que mis últimos posts hayan tenido tan buena acogida. Sinceramente, más de la que me esperaba. Y me alegro porque los tres exorcismos magnos que se han celebrado hasta ahora han tenido lugar por el empeño de los laicos. No por vía de presión, que no hubiera servido de nada, al revés; sino por la vía de que un laico (en cada uno de los tres casos) se lo ha dicho a alguien que tenía contactos con un obispo. Y muchas veces en la vida se logran las cosas (tanto buenas como malas) gracias a los contactos.

Alguien se preguntará si una ceremonia como la que propongo es necesaria. La respuesta es no. Necesaria no es. Pero si se hace, tiene efectos. Por eso Jesús nos enseñó al final del Padrenuestro a pedir: Líbranos del Maligno.

Alguien me comentaba si no sería mejor poner como obligatoria la oración de san Miguel al final de la misa. La verdad es que no me gusta que se pongan obligaciones. Si algo se quiere que se torne odioso, solo hay que hacerlo obligatorio. Además, después de la misa a mí me gusta dedicarme a la acción de gracias y solo a eso. Es decir, a la adoración de la Eucaristía dentro de uno, a la conversación con Jesús. No me gusta tener que hacer oraciones vocales en ese momento de intimidad entre el alma y el Misterio de la Presencia Real.

¿Bastaría con las oraciones a san Miguel, aunque se hicieran en otro momento? Las oraciones a ese arcángel son utilísimas y llenas de beneficios. Pero eso no significa que ya sea superfluo un gran exorcismo nacional en algunos casos. Pensemos que si Jesús nos enseñó la importancia de que dos personas se reúnan para pedirle algo al Padre, cuánta más trascendencia tendrá una reunión del obispo, el clero y los fieles para pedir la protección frente a los lobos. Y cuánto más si son varios obispos los que se reúnen con ese propósito. Ya no digo nada si la reunión es del Papa con sus cardenales en la tumba de Pedro, centro de la Iglesia.

¿Esta ceremonia de un exorcismo magno es necesaria? Rotundamente, no. Pero si se hace tendrá efecto. Si no se hace, no se obtendrán esos beneficios.

Además, el Papa ha tomado el nombre de Francisco. Y san Francisco ordenó a uno de sus frailes que exorcizara a todos los demonios que se habían concentrado en la ciudad de Arezzo.

Hace cien años, la Virgen pidió la consagración del mundo. Ahora se hace necesario un exorcismo solemne y universal. Antes de un cuarto de siglo, la siguiente ceremonia será la huida de Roma. El mundo se va hundiendo en las tinieblas postcristianas. Los huevos pronto irán eclosionando y lo que ahora nos parece impensable será titular de los periódicos.

jueves, julio 12, 2018

La batalla espiritual y los conflictos de la tierra



No solo considero que Venezuela o Nicaragua requerirían la realización, por parte de los obispos, de un exorcismo magno; sino que sería muy bueno hacer ese ritual en la Basílica Vaticana para toda la Iglesia.

Un exorcismo con cardenales, arzobispos, obispos, monseñores, sacerdotes, diáconos y laicos. Todos unidos en una gran oración dirigida al Padre Celestial para que aleje las fuerzas demoniacas de la Iglesia y el orbe. Un exorcismo con participación ecuménica, tanto de anglicanos, protestantes, ortodoxos y coptos.

Una ceremonia realizada a puerta cerrada que se convertiría, además, en un recordatorio de que nuestra lucha no es solo con el secularismo o los lobbys del género o los populismos, sino también contra el Adversario de Dios, el adversario por antonomasia. Ese enemigo de la Iglesia que es el Enemigo cuyo odio proviene de las profundidades del Tiempo.

El cuento de la Criada, Evo Morales, la ley del aborto en Argentina… son elementos menores en el tablero de ajedrez. Lo que resulta evidente es que las fichas del bando de Dios están retrocediendo en ese tablero.

Los pastores de la Iglesia pueden conjurar a las turbas del Abismo. Hagámoslo, y hagámoslo del modo más bello y solemne que podamos. Hagamos ese rito como si pudiéramos ver con los ojos de la carne, delante de nosotros, a esos monstruos espirituales.

Ojalá que cada diócesis del mundo tuviera su exorcista. Pero ya que eso ahora no lo tenemos, al menos, que se hagan aquí y allí estos exorcismos solemnes, generales, que, sin ninguna duda, están llenos de poder.

miércoles, julio 11, 2018

Los huevos que van madurando



Por si me lee algún sacerdote de Nicaragua, me atrevo a sugerir que los obispos hagan un exorcismo magno sobre su país. Bien sea algún obispo en su catedral, bien sean varios obispos reunidos en algún gran templo. El ritual se encuentra para ser descargado gratis en Biblioteca Forteniana.

Sugiero esto porque los problemas que hay en Nicaragua (como los que hay en Venezuela, México, Bolivia y otros lugares) no son meramente materiales, políticos o económicos. La raíz más profunda de todo mal es siempre espiritual. Un gran exorcismo nacional no va a acabar con todos los males; pero, al menos, se alejará a parte de los demonios de esas tierras. Y eso no es poca cosa. Sería una gran ayuda en esa situación de conmoción nacional.

Además, y esto no es lo más importante, la gente tendrá la sensación de que los obispos y sus sacerdotes se unen para hacer algo específico para una situación peculiar. Un ritual inusual para una desgracia inusual. Este aspecto psicológico no es, ni mucho menos, lo más importante. Pero tampoco hay que despreciarlo: la gente precisa de rituales, de ceremonias. De ceremonias gozosas, como la coronación de un rey. De ceremonias luctuosas, como todo el ritual de los novendiales por la muerte de un sumo pontífice. En Fátima, no lo olvidemos, la Virgen una de las cosas que pidió fue una procesión. Algo que puede parecer humilde, pero no le debió parecer tan poco importante, pues lo pidió.

Pero si sugiero esto, es porque estoy seguro de que un exorcismo nacional tendría efecto en el mundo invisible de los malos espíritus. Me sorprende ver cómo el Mal se ha extendido por toda Latinoamérica en los últimos veinte años. Es algo evidente. Algo que está sucediendo en cada vez más países: criminalidad desatada, países que pierden sus libertades, corrupción creciente en otras naciones, las ideas neocomunistas que regresan. Sin contar con todo el secularismo de Europa que ha desembarcado y ya ha contaminado a grandes partes de la población. Con lo cual, toda la lucha de género se reproduce allí.

Hoy tenemos en la televisión El cuento de la criada. Mañana tendremos series y películas en las que la Iglesia Católica será la responsable futuros fascismos, de venideros campos de concentración. En las películas actuales, ya se acusa a la Iglesia de haber hecho en el pasado las cosas más increíblemente perversas. En Hollywood, los cristianos ya hemos perdido el pasado. Ahora queda que se nos acuse de ser la perdición del futuro.

Un exorcismo magno en un país puede ayudar muchísimo. Pero solo será un respiro. Porque es todo Occidente el que se mueve contra el cristianismo. Primero fue un apartarse de la Iglesia. Ahora ya se mueve, lentamente, contra ella. La vida monástica se fue marchitando en los últimos cuarenta años. Ahora va, simplemente, desapareciendo.

Por eso el Mal va floreciendo cada vez con más vigor.

martes, julio 10, 2018

¿Notáis alguna diferencia entre los dos rostros?

¿Notáis alguna alguna diferencia entre el rostro de cierto millonario centroamericano y el santo obispo Helder Cámara? Una faz respira oscuridad. La otra, luz y amor. A ver si adivináis quién es el uno y quién es el otro.






Más reflexiones sobre el sufrimiento de pueblos enteros



Lo que sucede en Venezuela me hace preguntarme por qué el Mal puede ser tan resistente, tan exitoso, tan duradero. ¿Por qué Stalin murió sin demasiados dolores ya anciano? ¿Por qué Mao Tse Tung murió de parecida manera?

La respuesta la encontramos en la Biblia. Sinceramente, está allí. A veces, los hombres encuentran justicia (para bien o para mal) en su camino sobre la tierra. En otras ocasiones, la retribución es ultraterrena. Es tan sencillo como eso.

No me causa ninguna alegría que espere un castigo eterno a los que no están inscritos en el Libro de la Vida. Pero, ciertamente, Dios nos habla de ese tremendo abismo de dolor que es la Gehenna del fuego inextinguible.

Maduro, Evo, Correa, Ortega, Castro, los que fueron dictadores de Argentina y Chile, todos, de derechas y de izquierdas, tendrán su juicio. Un juicio sin fiscales ni abogados. Dios ya lo sabe todo. Nadie hay más bueno que Dios. No sé qué sentencia recibirán. Pero cada uno de ellos tendrá su sentencia.

Pero debe ser tremendo mirar el Libro de la Vida, volverlo a mirar, y darse cuenta de que el nombre de uno no está inscrito allí.

A los que ahora sufren les parece que el castigo de Dios es pequeño. Pero a los réprobos les parecerá increíble que, en tan pocos años, ellos pudieran caer en la condenación eterna. Y los que se salven comprobarán el peso, dureza y acritud de sus pecados. Nuestro Maestro nos enseñó una parábola en la que se dice:

Pero Abraham le contestó: “Hijo, acuérdate que en vida tú recibiste tu parte de bienes, y Lázaro su parte de males. Ahora él recibe consuelo aquí, y tú sufres".

Carta a Daniel Ortega, dictador de Nicaragua



Estimado Daniel Ortega, dictador de Nicaragua:

Usted ha lanzado a la turba contra los obispos. Una turba bastante exigua, pero que compensaba con violencia la pequeñez de su número. Los obispos han intentado hablar a la turba. Inútil intento. Nunca se puede razonar con una turba que vocifera.

Nuestro Maestro nos dijo, hace ya casi dos mil años: Quien a hierro mata a hierro muere.

Tenga, Daniel, cuidado. Porque quien lanza turbas contra los obispos, algún día puede encontrarse de cara a cara frente al Pueblo ya totalmente descontrolado. Y le aseguro que no podrá hablar ni razonar con una turba. La Historia nos ha demostrado que si existe una bestia insaciable en su crueldad es una masa humana llena de furia.

Usted es un dictador y lo sabe. Nadie lo sabe mejor que usted. Nadie sabe cómo usted ha acabado con la democracia en su país. ¿Quién mejor que usted nos podría explicar cómo logró acaparar todos los poderes, cómo logró derribar todas las barreras constitucionales?

Márchese a casa. A la casa que tiene fuera de la que llama su patria. Es cierto que si se va, perderá una fortuna. Ya tiene una gran fortuna. ¿Por qué tanta ambición? Si se aferra a su fuente de ganancias personales, algún día puede comprobar que un pueblo oprimido resulta imprevisible. Y en un solo día se puede pasar del despacho presidencial a un calabozo militar.

Cierto que usted piensa que puede hacer como Maduro en Venezuela. Pero no dude de que hay designios desconocidos por los que el Señor ha permitido tal aberración en Venezuela. Tal aberración se ha permitido y se sigue permitiendo. Pero los designios del Señor siguen adelante. No le deseo a usted enfrentarse a la ira divina. Deje a su pueblo libre. Libere a toda una nación.

Me despido de usted, deseándole que no se arroje usted mismo a un abismo de poder y represión, cuyas llamas le perseguirán en este mundo y en el otro.

lunes, julio 09, 2018

La saturación de los espacios sacros














Estimado Arístides: Sí, los de Santiago deberíais poder ir a vuestra catedral a poder orar un rato con tranquilidad. Con la reorganización que propuse, podríais recuperar para la oración tranquila, en silencio, ese magnífico espacio sagrado. Pero yo creo que será mejor que le pases al arzobispo mi libro Templo isidoriano para ver si se anima a construir algo parecido a la Catedral de san Abán en las afueras de Santiago. Así los peregrinos podrían ir a la Catedral Antigua y a la Nueva. Otro aliciente más para ir a Santiago.

Pero, en realidad, bromeo. Las posibilidades de que se construya un “templo isidoriano” en Santiago son -300,87. No me hago ilusiones. Pero Santiago es un ejemplo de cómo hay recursos materiales y afluencia de peregrinos suficientes como para que un templo isidoriano se construyese en no demasiados años. Pero lo dicho: no me hago ni la más mínima ilusión.

Y eso que hace pocos días me pasaron el proyecto de una nueva catedral que se quiere construir en cierta diócesis. Y observo que muchos clérigos en las curias siguen pensando que una catedral no es otra cosa que una iglesia grande. No se les ocurre que pueda ser un espacio con necesidades y fines peculiares. A lo que hay que añadir que la mayoría de los arquitectos de templos tienen una clara predisposición a diseñar cosas parecidas las catedrales como si fueran naves espaciales.

La repetición de desastres es tan notable que la Santa Sede debería sacar un documento pidiendo encarecidamente que cada proyecto de nueva catedral sea remitido a Roma, solo para ofrecerles asesoramiento. Porque la libertad ha sido usada muy mal. Las catedrales sufren.


En este tema sí que estoy a favor de la dictadura. Si yo pudiera castigaría con penas distintas a los arquitectos culpables, con penas de acuerdo a su culpabilidad. Todos sufrirían, pero cada uno según su responsabilidad. El Vaticano debería crear un gulag donde esos arquitectos se reformaran. Sus catedrales ya no se podrían remediar; pero, al menos, ellos sí.

Sermones 1563-1568


 

Sermón 1559
Lo santo, la Eucaristía, los no creyentes, los pecadores

Sermón 1560
Solemnidad de la Santísima Trinidad, I parte

Sermón 1561
Solemnidad de la Santísima Trinidad, II parte

Sermón 1562
Solemnidad de la Santísima Trinidad, III parte

Sermón 1563
Solemnidad de la Santísima Trinidad, IV parte

Sermón 1564
La Iglesia como misterio de comunión

Sermón 1565
La misa como conmemoración de la Pasión de Cristo

Sermón 1566
El retoño plantado por Dios en lo alto de la montaña, I parte

Sermón 1567
El retoño plantado por Dios en lo alto de la montaña, II parte

Sermón 1568
El retoño plantado por Dios en lo alto de la montaña, III parte

Monjes de Norcia



Hoy he visitado al sacerdote ortodoxo de los rumanos en Alcalá. La iglesia que han construido le ha quedado muy bien. Ir con la sotana y la teja bajo el sol de julio a la gente le debía parecer que era agobiante. Pero, aunque su iglesia estaba a media hora de distancia andando, la verdad es que no he sentido calor ninguno. Para los sacerdotes que me lean, he ido con una sotana de algodón (95% de algodón) y muy amplia de mangas y de ruedo. Debajo de la sotana llevo una camisa de manga corta, también de algodón.

El pobre cura ortodoxo llevaba desde las 8:00 de la mañana rezando y cantando sus oraciones. Ha acabado a eso de la 1:00 de la tarde. Les ha quedado muy bien el templo. Al llegar me he sentado en la última fila y he esperado a que el párroco acabara sus oraciones por los difuntos. Después, le he dado mi enhorabuena por la iglesia.

Este domingo ha estado lleno de cosas. No he podido leer ni un minuto. Tampoco escuchar misa. Dios lo ha llenado de gratísimas visitas. Gratísimas. Eso sí, he andado mucho.

En Alcalá hay muchos sacerdotes. Pero, sin duda, soy el que más anda por la ciudad. Todo el que quiere hablar conmigo, le digo: hablamos dando un paseo. Si todos los curas andaran tanto como yo, cada día, y lo hicieran con sotana, los ciudadanos de esta ciudad pensarían que el clero ha invadido la ciudad.

Por la tarde me han venido a visitar dos sacerdotes y un seminarista, con lo cual he tenido una misa de esas que tanto me gustan con tres celebrantes y dos acólitos, incienso, oraciones cantadas.

He rezado muy a gusto hoy. Y tanta espiritualidad ha estado coronada por una buena cena al final del día. ¿Qué más se puede pedir? Hoy he estado especialmente feliz y sigo feliz. Y voy a seguir pidiendo al Señor que me instruya en los próximos días acerca de cómo santificar el próximo domingo.

Un buen padre marista de Madrid, hace pocos días, me hizo una entrevista para su canal, aquí pongo el link:

domingo, julio 08, 2018

El descanso dominical de los sacerdotes



Una de las cosas que me he preguntado muchas veces es cómo puede un párroco santificar el domingo. El descanso del día del Señor no es un asunto sin importancia. No lo enfoco esto desde un punto de vista legal-bíblico, sino de sus beneficios para el alma.

El párroco de un pueblo pequeño puede confesar media hora y celebrar misa, exponer el Santísimo Sacramento por la tarde, y dedicar el resto del día al descanso, a sus aficiones, a la oración.

Pero lo normal es que un sacerdote tenga varios pueblos pequeños y como mínimo tenga medio día enteramente ocupado. En ese caso, puede dedicarse al descanso por la tarde, medio día.

El problema es el sacerdote (párroco o coadjutor) de una parroquia grande. En esos casos, el domingo tendrá más trabajo que ningún día de la semana.

Mi consejo es que si un sacerdote no puede dedicar al descanso el domingo, dedique un día de la semana, el que sea, al descanso, sus aficiones y la oración. Pero todo ser humano tiene que tener un día entero dedicado a cumplir este precepto del Antiguo Testamento, que la Iglesia asumió, eso sí, desde el espíritu del Nuevo Testamento.

No aconsejo a los párrocos el poner reuniones los domingos. El domingo es un día para estar en familia, para dedicarlo a la oración. 

Yo mañana sí que voy a tener el día libre. Pienso leer mucho, escuchar música, ir a visitar a un sacerdote ortodoxo rumano y rezar, tal vez no mucho más tiempo que los días de diario (ya veremos), pero sí mejor que el resto de los días de la semana que ha pasado. Me propongo santificar lo mejor que pueda el domingo. Honrar a Dios haciendo que un día sea santo. Santificar a través de la oración y el descanso.

Me he dado cuenta, meditando ayer la Biblia, que descuido este serio mandato salido de la Boca del Altísimo, que tengo que hacerlo mejor. Y en este caso “hacerlo” implica algo peculiar, algo que tiene mucho que ver con la fe en el Señor del Tiempo.

























Si alguien piensa que lo del descanso es cosa de los judíos, le animo a leer el Catecismo de la Iglesia Católica, o el documento de la Santa Sede titulado Dies Domini. Nosotros los católicos también descansamos, también santificamos nuestro día sagrado.




viernes, julio 06, 2018

Propuesta de reforma de la Catedral de Santiago de Compostela



Hace unas semanas estuve en Santiago de Compostela. Resulta evidente que la catedral está al límite de saturación. ¿Qué significa eso? Significa que si se incrementa algo más la afluencia de peregrinos, la gente ya no podrá avanzar por el templo: todo el espacio estará ocupado por personas tratando de recorrerlo. Eso ya ha pasado en más iglesias del mundo. La solución consiste en formar una cola y permitir la entrada de la gente solo en la medida que vaya saliendo. Así es en el Vaticano. La media de espera en verano para entrar es de hora y media.

Yo propongo una solución. Habría dos puertas de ingreso. La nave central quedaría solo para la oración. La gente que entrara por la puerta de la oración sería dirigida hacia la nave central. La cual estaría separada de las naves laterales por un cortinaje de tres metros de altura.

La nave central estaría iluminada sólo por la luz natural y la de las velas, hasta la noche. Sería un lugar de silencio y meditación.

La cola de los que quieren recorrer la catedral solo podría recorrer el entero perímetro interno de la catedral: naves laterales, girola, crucero. Lo recorrerán en una sola dirección, sin detenerse. Si hubiera poca afluencia de peregrinos, podrían detenerse y hasta hacerse fotos si quieren. Pero lo normal será que la afluencia de peregrinos y turistas crezca, así que será un recorrido pensado para recorrer el espacio sin obligar a los de afuera a esperar largo tiempo para entrar. Y, en muchos meses invernales, podrán recorrer la catedral sin prisa alguna, deteniéndose donde lo deseen.

Como muchos peregrinos vienen en grupo con un sacerdote, los grupos podrán apuntarse para ser llevados a una de las varias capillas: bien para escuchar una predicación, bien para celebrar misa.

Lo ideal es que cada día se celebrara una gran magnífica misa, con toda solemnidad, en la plaza. Habilitando en su centro un espacio elevado. Con la gente sentada en el suelo. Ahora mismo no caben en la estrecha nave central. Pero no podemos esperar ninguna colaboración de las autoridades para esto. Así que sería mejor celebrar esa misa en el claustro de la catedral. El botafumeiro se encendería todos los días a una hora determinada. Pero la misa se celebraría en un lugar donde cupieran todos y todos pudieran ver el altar. El claustro es una buena solución.

La visita a la imagen del santo y su cripta podría regirse de un modo que evitara la formación de colas excesivamente largas. Pero, de momento, esas colas parecen asumibles. Aunque yo soy partidario de que la buena organización debe evitar cualquier cola, aunque solo sea de veinte minutos. Pero no lo voy a explicar aquí por no alargar este post.

Solo acabaré diciendo que, en mi propuesta, la Catedral de Santiago tendría varios espacios completamente diferenciados: un lugar para solo orar (la nave central) aislada por un grueso cortinaje, un espacio dedicado para poder recorrer la catedral (naves laterales, girola, crucero), un espacio para los grupos (capillas) y un espacio para la Misa del Peregrino (el claustro).

Si no se hace nada, cada vez será más difícil orar en esa catedral; cada vez parecerá más un museo lleno de gente. Con esta reforma propuesta se evitaría la saturación, las colas, el corazón de la catedral se dedicaría solo a la oración, y la Misa del peregrino se realzaría al no estar tan limitado el número de los que pueden asistir a ella.