martes, julio 31, 2018

La guerra taxística del Imperio Taxiprusiano





















Como bien saben todos los lectores de este blog que viven en España, los taxistas están en huelga y están bloqueando varias ciudades para evitar que el Estado otorgue más licencias a los VTC (Uber, Cabify, etc).

No es propósito de este blog inmiscuirse en contiendas acerca de asuntos contingentes. Mi blog está más centrado en cuestiones clericales, cinéfilas, locuras arquitectónicas, nimiedades de mi día a día y cosas similares. Pero este conflicto tiene implicaciones morales que sí que pienso que es justo abordarlas; porque aquí está en juego lo justo. No voy a hacer una larga argumentación, sino que paso directamente a las conclusiones, por lo menos, mis conclusiones. Ya advierto que no este post no es una fría página de un manual de moral, sino unos comentarios con sal y pimienta.

Nota de descargo: Que me perdonen los buenos taxistas que he conocido por este post que hoy publico. Hay magníficos taxistas. Los he conocido. Este no es un post contra los taxistas, sino un escrito respecto a ese sector tomado en general. Esto es lo mismo que en mis posts sobre la II Guerra Mundial: muchos pobres granjeros alemanes no tenían ninguna culpa de que se les diera un casco y un fusil.

El sector del taxi en España (y no solo en España) se ha caracterizado por dar muy mal servicio. En eso todos estamos de acuerdo. Podría contar muchas anécdotas, pero alargaría mucho este post. Los engaños no son algo excepcional, sino algo más usual de lo deseable. Yo, en mi corta vida, ya he sufrido varios de estos timos. Como me dijo un taxista, al volver esa mañana de América: Es que hace poco han cambiado las tasas.

Ya es mal signo ver que la identificación del taxista (pegada en el parabrisas) está, casualmente, boca abajo en su funda plastificada, o situada en la esquina del lado del conductor detrás de objetos que hacen imposible leerla.

A eso se  une la inveterada costumbre de que los taxistas siempre han atendido las mejores zonas de la ciudad, dejando otras desatendidas. Y no puedes decir nada, porque para lo que no les interesa es un servicio público, y para lo que no les interesa son libres porque es un negocio privado. Resumo y no me alargo, porque podría alargarme en esta dicotomía siempre usada a su favor.

Los taxistas siempre han exigido aumento de tasas, con lo cual menos gente tomaba el taxi. Como ganaban menos, reaccionaban subiendo las tasas para así poder vivir. El resultado es que, hoy día, solo toma el taxi el que no tiene otro remedio.

Ningún gobierno ha querido reformar este sector porque los taxistas están muy unidos y pueden paralizar las ciudades y lo han hecho cada vez que han exigido algún cambio. Los taxistas y los mineros tienen algún gen común, los gobiernos lo saben. Y, por no crearse problemas, los ayuntamientos siempre han acabado cediendo.

El Poder Ejecutivo sabía que este monopolio del taxi evitaba que pudieran aparecer alternativas privadas. Pero un monopolio es un monopolio, y lo único que quiere un monopolio es que no acabe el monopolio. He aquí la clave de toda esta cuestión.

Cuando aparecieron las VTC, los taxistas lo tuvieron muy claro: era su final. ¿Quién escogería un servicio caro y que te llevaba a los lugares si quería, solo si quería, y que pone la música a todo volumen, aunque el conductor vea que estás atendiendo el teléfono; frente a un servicio con un coche mejor, un conductor amable, más barato y que te dejaba estar en el asiento delantero en viajes largos? ¡Encima podías calificar en Internet el trato del conductor! ¡Y no te engañaban! Lo sabían, era como la canción: This is the end, my only friend. El “friend” era el gobierno de turno, amigo de ceder para no crearse problemas.

Los que hemos viajado en otras ciudades del extranjero, hemos comparado entre el servicio amable, barato y de calidad de las VTC y el servicio prehistórico de los amantes de ambientador en forma de pino. No hay punto de comparación.

¿Cómo pienso que acabará este conflicto? Por supuesto que acabará en que el gobierno cederá ante los taxistas, vaya que si cederá. Todos seguiremos disfrutando de un mal servicio y caro, pero el monopolio seguirá.

Porque no nos olvidemos que detrás de todas esas barricadas de taxis lo único que se dirime es si los ciudadanos tienen derecho a escoger el servicio que deseen, o tienen que seguir en manos unos cuantos miles de taxistas que no quieren perder su monopolio. Es eso, solo eso. Es como si Telepizza fuera un servicio nacional monopolístico y paralizara la nación porque no quiere permitir que haya otras compañías de pizzas.

¿El gobierno cederá? Por supuesto que cederá. Y dirá, ya lo veréis, que después de muchas negociaciones se ha logrado LA SOLUCIÓN MÁS JUSTA.

Qué bonito. La solución más justa. Me encanta. A ver si logramos la “solución más justa”, ya puestos, con Telepizza, con Burger King, con las eléctricas y con las distribuidoras de hidrocarburos. Perdón, con estas dos últimas ya han llegado a la “solución más justa”. Tan justa como la de los taxistas.

Lo malo es que así ocurre en infinidad de cuestiones que afectan al bien común, pero que no saltan a la prensa. La mayoría de los políticos no suelen tener demasiada estima por el bien de la mayoría. Y, bajo la mesa, se toman cada año centenares de pequeñas y grandes decisiones que tienen repercusión en nuestras vidas. No estoy hablando de corrupción, sino de un afán por evitarse problemas en la propia carrera política. Afán que se resume en la frase que concluye este tipo de discusiones entre lo justo y lo injusto: Si hay que ceder, se cede.

lunes, julio 30, 2018

Esos "salvadores" de la Iglesia













Van apareciendo condenas de sacerdotes pedófilos y algunas páginas religiosas, cuyo nombre omitiré para que no os acerquéis a sus artículos, afirman que todo esto se sabía por parte de la mayoría de los clérigos y que hay que castigar a los pastores quitando suscripciones y donativos. En teoría, dicen, es para forzar a que la jerarquía se purifique.

A eso quiero decir lo siguiente: Hasta que los casos de pedofilia no saltaron a la prensa después del año 2000, ninguno sabíamos lo que estaba sucediendo en Estados Unidos. Cierto que después se ha sabido que hubo más países, pero otras naciones apenas han tenido casos de este tipo.

En las conversaciones entre sacerdotes, privadas o de arciprestazgo, este tema no salió ni una sola vez, ni una. Para todos fue una sorpresa cuando el tema explotó.

Algunos católicos tenían, ya antes del año 2000, su particular cruzada contra el Vaticano II, contra la Curia Romana y contra el Papa. Estas noticias supusieron más munición para sus ataques.

Fijaos cómo en el Concilio Vaticano II, en el que todos se reúnen para afrontar los problemas del tiempo moderno y ver qué respuesta, por parte de todos, se puede dar. Y ahora fijaos en esos católicos sueltos que atacan a la Iglesia con la excusa de ayudar a la Iglesia. Ellos afirman que únicamente atacan a los malos pastores, pero están atacando al Cuerpo Místico.

La única razón por la que no menciono sus páginas webs es para que no os acerquéis a sus aguas tóxicas. Ahora, cuando una gran tempestad se acerca, cuando más unidos tenemos que estar, ellos hacen su guerra particular. He comprobado en distintas personas con las que hablo el daño que esas páginas hacen. Son daños reales, muy graves. Después de ingerir el veneno, muchos ya no vuelven a mirar a la Iglesia de la misma manera. El mal es para la Iglesia, no para los pastores.

Sí, hay una tempestad que se acerca, una tempestad que surge en las aguas de la sociedad postcristiana. Desgraciadamente, sobre cubierta hay pirómanos que creen que hay que quemar partes del barco para salvar la embarcación.

domingo, julio 29, 2018

Segundo capítulo de mi historia con Europcar




















Os dije que os diría cómo siguen las cosas con Europcar: esa compañía que me cobró lo que quiso (un despropósito) por un arañazo de 10 cms. en el coche. Arañazo que yo no hice. Hoy viene la siguiente actualización de esta historia.

La compañía me proporcionó en su carta un email para manifestar cualquier alegación. El email da error. Es un error de su servidor, el típico mensaje que al día siguiente, diciendo que tu email no ha logrado llegar al receptor.
Pero al poner esta historia en mi blog, la persona al cargo de la compañía en Twitter sí que me respondió y lo hizo de un modo amable. Ya os contaré cómo sigue la historia.

Pero me parece increíble que una empresa grande pueda hacer este tipo de abusos con plena conciencia: enviarte la carta muy tarde, para que no puedas dar orden de no pagar al banco ese recargo, cobrarte lo que quieran por un recargo, darte un email para alegaciones que no funciona, otro recargo ¡por no declararte culpable del arañazo! (79 euro). Sí, sí, parece increíble pero así es. Si me declaro culpable, me hubieran cobrado 79 euros menos.

Bueno, toda mi confianza ahora radica en el joven que maneje Twitter.
Es curioso, sois dos las personas que me habéis enviado una escena de Don erre que erre.

sábado, julio 28, 2018

Cuestiones jurídicas muy interesantes (para los curas), III parte




















Prosigo el post donde lo dejé el último día. Imaginemos que, en el desarrollo de un proceso eclesiástico, uno tiene la sospecha de que un fiscal de la justicia civil puede exigir (y hasta requisar) las actas del proceso canónico. Desde el momento en que cabe una verdadera posibilidad de que eso suceda, el imputado es consciente de que toda su declaración ante la Santa Madre Iglesia puede acabar en manos de los jueces civiles para ser usado en su contra. ¿Qué hacer en un caso así?

¿Cómo declarar la verdad ante tres jueces eclesiásticos si uno es culpable, pero ha sido declarado inocente previamente por la justicia civil? Lo que declare puede tener efectos retroactivos. De esto ya ha habido un precedente en esa línea que no voy a explicar aquí.

Otra posibilidad es que de ningún modo la justicia civil sospeche de alguien y que, requisando los informes de un obispado, descubra que alguien se ha incriminado de un delito, confiando en el carácter eclesiástico de ese proceso.

Sé que un proceso eclesiástico se detiene a la espera de los resultados de un proceso civil, pero no deja de haber, en este tablero en el que se producen numerosas combinaciones, casos en los que actuar transparentemente en el foro eclesiástico puede tener evidentes y graves consecuencias en el foro civil.

Razón por la cual me atrevo a sugerir que nunca se pida juramento al imputado en un proceso eclesiástico. Ya he manifestado (y con total claridad) mi opinión sobre el tema de la mentira en cualquier ámbito. Pero considero que hay razones no despreciables para considerar que el acusado en un proceso eclesiástico merece los mismos derechos que en un proceso civil penal. Los testigos sí que deben jurar, pero al imputado es mejor que no se le pida tal cosa. No digo que no se le exija, es preferible ni pedírsela.


Post Data para los simples: Puede parecer que soy benigno hacia el culpable. Pero todo culpable tiene derecho a buscar que no se le condene en un tribunal o a que se le condene con la menor pena. No importa si es un terrorista, un asesino o un ladrón, todo ser humano tiene ese derecho. 

Hasta a Hitler, presentado ante un tribunal, le otorgaría todos los derechos procesales.


Aquí hay que traer a colación la Película (con mayúscula) Un hombre para la eternidad:

Roper: Pero, ¿concederías al diablo el beneficio de la ley?.

Moro: Sí.


Me encanta el rostro flemático y feliz de este eclesiástico



Hoy tengo que interrumpir los posts sobre cuestiones jurídicas, y esta cuestión que expuse en días pasados me resulta apasionante, pero es que he venido de ver la luna de sangre provocada por el eclipse solar. Eso y una pizza con pepperoni con unos amigos han hecho que ahora me vaya a la cama a dormir, de inmediato.

Hubiera escrito el post al mediodía, pero hoy tenía guardia en el hospital. Hospital-eclipse solar-pizza-dos misas… todo se ha confabulado.

Sea dicho de paso, gracias Joan, no sabía que Europcar me había respondido vía Twitter. Mañana escribiré a esa compañía y el lunes os informaré cómo va la cosa.

Otra cosa, gracias al eclipse, nunca había visto Marte tan bien ni tan rojo.

Os dejo un vídeo que demuestra cómo se puede hacer reír con tanta clase como inteligencia:

jueves, julio 26, 2018

Cuestiones jurídicas muy interesantes (para los curas), II parte




















Existe una cuestión teórica de tipo moral y legal acerca de si el imputado puede declararse no culpable en un proceso canónico, aun siéndolo. No voy a alargarme en este asunto dando todas las razones, sobrevolaré esta cuestión solo diciendo algunas cosas. Quede claro que todo el tiempo me refiero al imputado y en aquellos países en los que la Ley permite declararse inocente, aunque no sea verdad.

Parto del hecho de que, incluso en el campo civil, no se podría moralmente mentir, se podría callar. La razón es el mandato de Jesucristo, el carácter santo de los Mandamientos de Dios.

Pero reconozco que las razones a favor de que el imputado pudiera lícitamente decir que no es culpable son de peso. El juicio civil tiene un carácter legal. Y legalmente el imputado tiene derecho, en muchos países, a decir que no hizo algo. Si el juicio es de naturaleza legal y la ley lo permite, nadie queda engañador por el hecho de que el culpable se declare inocente.

Como se dice entre los juristas: el Estado de Derecho tiene la capacidad de ahorcar a una persona, pero no se le puede dar al culpable la cuerda y obligarle a él mismo a colgarse.

Se miente, cuando se engaña. En el foro civil, afirmar que uno es inocente sin serlo es un derecho legal.

Ya he dicho que mi opinión es que no es lícito en el foro civil, luego tampoco en el eclesiástico. Ahora bien, si fuera lícito en el civil, idénticas razones morales asistirían para hacer lo mismo en el foro eclesiástico.

Paro aquí el post, para leer vuestras opiniones. Porque mañana seguiré con el asunto.

¿Es eso así tanto en el campo moral como en el meramente legal? Yo pienso que no. Podemos dudar de que sea lícito cuando no hay que resarcir a ninguna persona en concreta de un perjuicio cometido. Pero, incluso en ese caso, pienso que el mandato del Señor de no mentir es absoluto. Incluso, aunque el juez reconozca que uno sabe que puede negar su culpabilidad y lo tenga presente. Moralmente, uno tiene derecho a no declarar, a callar, a no responder a ciertas preguntas.

Si respondo que no es lícito en lo civil, queda respondida la cuestión de si se puede negar la culpabilidad en un proceso penal eclesiástico. Ojo, una cosa es no mentir, y otra muy distinta es que el propio abogado haga lo posible para demostrar que no queda probado el hecho del que se acusa. Eso vale tanto para lo civil como para lo eclesiástico.

Tal como es este asunto, y no mediando juramento, me atrevo a sugerir (no estoy del todo seguro) que el pecado que comete el imputado sería venial. La cosa puede parecer que es distinta si hay que resarcir daños. Pero el imputado puede hacer sincero y auténtico propósito de resarcir los perjuicios cometidos, aunque sea declarado culpable. El asesino puede hacer lo posible para ser declarado inocente, pero después (de manera oculta) darle a la viuda o a los huérfanos el mismo dinero al que hubiera sido obligado por el juez.

Sinceramente, después de darle vueltas al tema, creo que el hecho de que el culpable se declare inocente sería pecado venial. Inmolarse por la Verdad sería un acto heroico. Eso sí, los perjuicios obligarían en conciencia y de forma grave a ser resarcidos.

Pero este tema seguirá mañana, porque estas cuestiones judiciales, pueden seguir retorciéndose.

Post Data: El Partido Comunista de Banania me ha pedido que no pare de escribir posts sobre este tema, porque afirman que resulta muy esclarecedor para el proletariado, si bien reconocen que "les distrae de pensar en los asuntos reales tocantes a la lucha de clases".

miércoles, julio 25, 2018

Cuestiones jurídicas muy interesantes (para los curas), I parte




















Sabéis que me gustan las cuestiones jurídicas interesantes y complejas. Hace tiempo un sacerdote de cierto lugar de España me planteó una cuestión moral apasionante: “¿Tengo que decir toda la verdad a mi obispo si me pregunta?”. No se trataba de un caso de pedofilia. Pero sí que su obispo le podía preguntar acerca de una cuestión de pública honestidad.

El asunto lo consulté a dos canonistas, dos buenos canonistas, y le di mi respuesta. Le dije al atribulado presbítero que publicaría la respuesta en mi blog, por si a alguien más del gremio le podía servir. No sabía dónde me metía yo, porque ese buen párroco me planteó en infinidad de llamadas todas las posibilidades que se podían dar en todo el universo. La casuística jurídica que se le ocurría era inacabable. Pero todo aquello tuvo de bueno que me llevó a reflexionar durante semanas acerca de todo este campo de la culpabilidad presbiteral y la obligación de decir la verdad.

Voy a exponer mi opinión, reflexionada, consultada y madurada. Pero si algún experto tiene alguna corrección que hacerme, que me la comunique a mi correo. Si su corrección está fundada, corregiré este post y los posteriores sobre el asunto, para que en Internet quede la doctrina correcta.

El sacerdote que ha cometido un pecado grave tiene tres ámbitos eclesiásticos en los que puede tener que responder preguntas:

En la confesión: Siempre debe decir la verdad y toda la verdad.

En una conversación con el obispo: Se le recomienda vivísimamente decir toda la verdad, comportándose como un hijo que habla con su padre. El mejor modo de abordar esa situación es desde la sencillez y la confianza en Dios. Sin recovecos ni dobleces, dejándolo todo en manos del Señor. Pero se le reconoce el derecho a callar, el derecho a responder: “Por favor, monseñor, no me pregunte eso” o “Le pido que no me haga tener que responder a esa pregunta”. Un cristiano no debe mentir nunca. Pero puede callar. También sería lícito esquivar la pregunta con algún rodeo. Lo mejor siempre es abrirse, pero tiene derecho a dar un rodeo a la pregunta para esquivarla.

En un juicio eclesiástico: El sacerdote no debe mentir, porque ningún cristiano debe mentir. Pero puede callar todo lo no quiera que se sepa. No está obligado a hacer una confesión ante los hombres, como la que se hace ante Dios en el sacramento del perdón. Una cosa es la búsqueda del perdón divino y otra la búsqueda de la verdad en el foro externo. Ahora bien, lo ideal es comportarse en el foro externo de un juicio eclesiástico con la sencillez de la que hablaba antes al tratar el tema de una conversación con el obispo. La sencillez siempre tiene recompensa de parte de Dios. Esa sencillez y apertura tiene recompensa por parte de Dios. El proceso eclesiástico debería realizarse con la mayor caridad hacia el imputado, y este debería responder con la misma moneda. Pero si se me pregunta dónde está el límite de lo lícito, debo exponerlo.

Y debo exponerlo porque en ocasiones, como se verá en el siguiente post, las cosas pueden complicarse por intervención del foro civil. Seguirá mañana. Esto es como la película Yo confieso, solo que más complicado. Los problemas morales que plantea esa película son de una complejidad como la del parchís, frente a lo que continuaré diciendo que se parece a un ajedrez con un tablero tridimensional.

Con razón que hasta los comunistas digan: “No creo en la Iglesia, pero me interesan los juegos de ajedrez eclesiástico del blog de ese tal padre Fortea”. Sí, queridos amigos, tres de cada cuatro comunistas españoles prefieren El blog del padre Fortea a la publicación A las barricadas.

Pequeños consejos sin importancia a los obispos



Un pequeño consejo para los obispos. Realmente, es un consejo en verdad minúsculo. Me atrevo a sugerirles que no prediquen sentados con el báculo en la mano. El báculo está hecho para andar, es un instrumento procesional o para apoyarse cuando uno está de pie. Pero un báculo no tiene sentido como instrumento si un está sentado. De hecho, surge un problema irresoluble si uno lo hace: su inestabilidad. Es muy difícil sostener un báculo si uno está sentado. El pobre obispo que lo intente descubrirá que, en esa posición, no puede cambiar de mano, no puede descansar.

La primera vez que vi tal cosa me resultó chocante. Pero como lo he visto hacer más veces (pocas, pero unas cuantas), quiero desaconsejar tal práctica. El báculo no es un instrumento para ser sostenido cuando uno está sentado.

¿Es recomendable predicar con el báculo en la mano si se predica de pie? Por supuesto que, en tal asunto, cada obispo obre con libertad. La belleza del sermón no se verá afectado para nada por seguir o no tal práctica. Ahora bien, no aconsejo predicar todo el rato sosteniendo el báculo. Resta mucha expresividad a la comunicación no poder usar más que una mano.

El pectoral, según las normas actuales, durante la misa, se puede llevar sobre la casulla o debajo de esta. Ahora bien, la tradición (hasta la época del Concilio Vaticano II) fue llevarlo bajo la casulla. Pienso que lo mejor es tener un magnífico crucifijo sobre el altar, un gran crucifijo que sea muy bello. Y, por esa razón, colocar el pectoral bajo la casulla. Así se remarca la realidad de que en el presbiterio únicamente hay una sola cruz: la del altar. Los papas siguen llevándolo así, sin romper la tradición. Benedicto XVI y el papa Francisco han seguido esta tradición que lo era de todos los obispos.

La tradición de los pectorales episcopales siempre ha sido que no tuvieran crucificado. La inmensa mayoría de los obispos siguen respetando esa costumbre. En esto también soy claramente favorable a seguir la tradición. No sé por qué, pero me parece que estéticamente queda mejor.

Y una última cosa, el pectoral no se lleva sobre el pecho, sino por debajo de este. Queda muy simbólico eso de llevarlo sobre el corazón, pero por razones visuales queda mejor que cuelgue más abajo. Afortunadamente, así lo hace la abrumadora mayoría de los obispos. Solo algún que otro obispo joven recién ordenado, con gran idealismo por su parte, da instrucciones al joyero de que la cadena sea de una longitud tal que le caiga sobre el pecho. Pero este tipo de razones teóricas suelen ser abandonadas bastante pronto.

Ah, una última indicación. Hay obispos que cuando caminan con el báculo en la mano lo sostienen todo el tiempo unos centímetros sobre el suelo. Alguien de confianza debería aconsejarles que practiquen en el pasillo de casa. El báculo debe usarse para caminar, no sostenerlo disimuladamente sobre el suelo. A cada paso, hay que apoyarlo, haciéndolo esto de un modo natural y cómodo. Y esto incluso cuando se suben las gradas del presbiterio, tramo en el que algunos sucesores de los apóstoles se hacen un poco de lío entre los pasos y el báculo. Si yo fuera el secretario de algún obispo le diría a puerta cerrada: “Muy bien, mucho mejor, pero vamos a ensayarlo otra vez”.

Post Data: Se recomienda la difusión de este post entre la población episcopal del orbe católico. Enviarle este post puede ser una buena excusa para añadir al final, como quien no quiere la cosa: "¿Se acuerda que me dijo que me cambiaría de parroquia? Estamos en julio y no he tenido noticias suyas".

martes, julio 24, 2018

Primer capítulo de mi batalla con Europcar



Hace unas semanas os conté mi viaje a Barbastro. Un viaje entrañable. Eso sí, hubo un pequeño detalle no tan agradable en esos días. Alquilé un coche para ir a Barcelona. No me importa decir el nombre de la compañía Europcar.

Cuando llego a la Ciudad Condal, me dice el chico que me recibe el coche en nombre de la compañía que el vehículo tiene un arañazo. Me fijo y veo que en el parachoques observo que es así. Tiene un arañazo (sin abolladura) de unos diez centímetros.

Me comunica que tendré que pagar ese desperfecto. Yo no sabía que esa era la norma. Lo cierto es que yo no le hice yo mínimo desperfecto. Tampoco estoy seguro si ya tenía ese problema y se le pasó al que me revisó el coche, cuando yo lo recogí. Estamos hablando de un arañazo muy pequeño. En ningún momento me rocé con ningún coche, pero soy realista y, en ese momento, di por perdido el dinero que costase la reparación.

El problema es que me llega una factura por 286 euros. ¡286 euros! Increíble. 286 euros con 60 céntimos.

Entonces me di cuenta de que las compañías te pasan la factura que quieren, a sabiendas de que casi nadie va a emprender el proceso judicial para demostrar que esa cantidad es una barbaridad. Yo vivo al lado de los juzgados y tengo un amigo abogado. En cuanto él vuelva de vacaciones, voy a ver qué me aconseja. Pero voy a luchar hasta por el último euro.

No me importa dar dinero en donaciones a las Misioneras de la Caridad, pero sí que me importa que en una factura pongan lo que les dé la gana. Y la compañía lo hace porque tiene tu número de tarjeta de crédito y un depósito de mil euros que tienes que hacer al emprender el viaje. Es lo que se llama “tener la sartén por el mango”. 

Pero, bueno, veremos cómo acaba esta historia. No saben lo tozudo que puede llegar a ser un aragonés. Y, sobre todo, cuando hay dinero de por medio.

domingo, julio 22, 2018

Retorno a Brideshead, película de 2008



Ayer acabé de ver la película Retorno a Brideshead. Me ha gustado mucho la película. Hay películas que son un verdadero ejercicio de elegancia. Esta es una de ellas.

Los personajes están soberbiamente delineados. Por alguna razón extraña, el personaje que más me interesó era el de Lord Marchmain, el padre y dueño de la casa. Me hubiera gustado escucharlo y verlo más.

Ese interés se deba a tratar de imaginar la vida de alguien que está en una época del final de su vida en que no tiene que dedicarse a otra cosa que a viajar, a las relaciones sociales, a la lectura, y disponiendo de todo el dinero que uno desee. Ese tipo de vidas, si son elegantes, me resultan literariamente muy interesantes.

El personaje de su esposa, la católica intransigente que amarga con su rigorismo la vida de sus dos hijos, me resultó poco creíble. Como es un lugar común, algo tan manido, me resultaba un personaje de cartón piedra. Pero el del marido, el del millonario de buen humor, relajado, que se levanta cada mañana sin tener que dedicarse a otra cosa que a sus ocios, ese sí que me resulta creíble y me daban ganas de sumergirme en su día a día.

La Mansión Howard que aparece en la película es ya de por sí un personaje y no un mero entorno. Esa casa es increíble. ¡Cuál tiene que ser la riqueza de una familia para construir semejante palacio digno de un rey! Mejor que el de muchos reyes.

Aunque en la película no aparece el mausoleo de esa finca, es sencillamente impresionante. De nuevo, perdonad la comparación, hay muchas dinastías reinantes en Europa que carecen de un panteón así.

En esto de las mansiones y de familias de este tipo, los ingleses son únicos, hay que reconocerlo. También es cierto que la campiña inglesa viste mucho. No es lo mismo si esa mansión estuviera en medio de un desierto.

sábado, julio 21, 2018

Después del análisis, unas palabras para las víctimas



Continuo desde el post de ayer. Me iba a callar, no iba a decir nada respecto a esa negra época. Pero como algunos, bien pocos, hacen apologías de todo aquello, yo os digo a los más radicales de ese tiempo de infamia: “Fuisteis unos maltratadores de las almas. No tuvisteis piedad de las personas sencillas que veían en vosotros personas sagradas. Manchasteis vuestras almas sacerdotales con una verdadera idolatría. Y en altares que no eran el sacrosanto altar de Dios, se vertió sangre con vuestra anuencia, con vuestro silencio, con vuestra comprensión”. ¡El sacerdote cómplice de Caín!

Lo repito: No fueron todos los sacerdotes de esa diócesis. Los radicales fueron unos pocos. Muchos otros no pecaron. Algunos, incluso, fueron heroicos en su clamor de que lo que se estaba produciendo era una aberración. Vergüenza y remordimiento para los que callaron y transigieron.

Pocas veces una desviación teológica produjo frutos tan abominables. Frutos de Mal mezclados con religión. Vosotros, los más radicales de esa época, habéis sido el escándalo de las ovejas y de los buenos compañeros sacerdotes. Porque sí, vosotros, nunca tuvisteis el apoyo de vuestros compañeros sacerdotes razonables.

Ahora, a estas alturas, ante unos pocos irreductibles que defienden lo indefendible, ha llegado la hora de que oigáis las cosas alto y claro.

No estoy criticando, ni mucho menos, a todo el clero de esa diócesis desgraciada y azotada, donde la oscuridad ha reinado demasiado tiempo. Yo solo levanto mi dedo contra aquellos que hicieron lo que da vergüenza nombrar. Solo a aquellos que apoyaron al Mal. Afortunadamente, no todos los sacerdotes en esa diócesis fueron como vosotros, malos pastores.

A vosotros, los radicales, los idólatras, os digo: “Arrepentíos, pedid perdón, haced penitencia. No, no es que no os comprendamos. Estáis tan ciegos que creéis que los que estamos fuera de vuestro culto a Baal no os podemos comprender”.

Menos mal, menos mal, que esos radicales ya van siendo muy pocos. Lentamente esos lobos han ido cayendo en manos de una Justicia definitiva cuyo veredicto es absolutamente inapelable. Ellos, los causantes, han tenido que escuchar de labios de un airado Jesucristo, Rey de la Historia: “Al menos, Judas Iscariote me dejó. Vosotros os quedasteis dentro de la Iglesia para hacer daño”.

Unas palabras de análisis eclesial, porque puede hacer bien a algunos



Una persona a la que conozco desde hace años me escribió hoy:

He echado de menos un comentario o una fugaz alusión de la muerte de X [un obispo cuyo nombre omitiré]. Sé que fue un hombre controvertido entre (…) pero para nosotros (…) fue un referente en aquellos difíciles años.

Tras meditarlo un par de minutos, escribí esta contestación:

Cuando no se puede hablar bien, es mejor callar. De monseñor Tarancón hablé porque ya es un personaje lejano, histórico.

Pero después me di cuenta de que puede haber un cierto número de personas (quizá pequeño) que esperen una palabra de mí. No voy a decir el nombre del obispo por caridad, para que queden ocultos tantos asuntos en quienes no saben nada.

De ese obispo nada voy a decir respecto a su actuación en temas de este mundo, porque sobre ese campo prefiero callar, para que no salga lo peor de mí. Solo quiero comentar alguna cosa respecto a su actuación eclesial, pues su gobierno al frente de la diócesis fue decididamente progresista, extremadamente progresista.

Durante los años de su largo pontificado, solo se ordenaba el que siguiera una muy determinada línea teológica y pastoral. Para cualquier otra posición opinable y lícita dentro de la Iglesia no había lugar. Su tiempo fue una verdadera dictadura teológica.

Los resultados hablan por sí mismos. Si miramos varios indicadores, yo lo he hecho, descubrimos que su diócesis está prácticamente a la cola de la religiosidad de esa nación. Curiosamente, ese obispo recibió una diócesis que era de las más religiosas de ese país y dejó una de las diócesis a la cola en cualquier parámetro que analicemos. Justamente al revés que un monseñor Guerra Campos o un don Marcelo. El obispo del que hablo, pero cuyo nombre callo, fue la antítesis de estas grandes figuras episcopales.

Cuando observamos la lucha infatigable de un san Agustín contra los donatistas, o la denodada lucha de san Atanasio contra el arrianismo, o la lucha, hasta la muerte, de santo Tomás Becket contra el regalismo, observamos que dentro de la Iglesia no cabe todo, que no todo da lo mismo. Seguir un camino u otro tiene consecuencias.

Quizá sea pequeño el número de lectores míos que esperaban una palabra mía sobre este obispo, pero para todos debe quedar claro que no da lo mismo que una diócesis se gobierne en una dirección u otra. ¿Quién es el obispo, como si fuera un señor feudal, para decidir de forma arbitraria quién se ordena y quién no, basándose solo en sus personales posiciones teológicas? 

La objetividad acerca de la validez de alguien para el servicio al Señor jamás puede ser sustituida por un subjetivo: “Es que no encajas en la línea pastoral que seguimos en esta diócesis. Márchate”.

Esa línea seguida durante años, durante decenios, produjo los resultados que cabía esperar.

viernes, julio 20, 2018

Número de lectores


Con 29.500 visitas, solo contando las directas a mi blog, la “Carta a Ortega” se ha convertido en el cuarto post más leído de la historia de este blog. El post más leído ha sido la "Carta a Maduro" y la "Elegía a Fidel Castro".

Sigo pasando revista a las catedrales de España y de fuera



Ayer tuve un día de lo más agradable, se casaba un amigo. Muchas cosas podría decir de ese día, pero me voy a centrar en una crítica de la Catedral de Toledo que visité por tercera o cuarta vez en mi vida, más o menos.

El retablo gótico no me entusiasma para nada. Mucho más bonito es el de El Pilar, el de la Catedral de Huesca o el de El Paular, por citar unos pocos. No sé por qué, pero el de Toledo tiene un algo que no convence. En realidad, son los colores (que parecen modernos, aunque no lo son), la disposición de los elementos (sin gracia) y el modelado de las figuras (muy desafortunado).

A eso se añade un altar y una cátedra de las que, por caridad, no voy a decir nada. Las capillas del ábside están cerradas. No digo que no haya que cerrarlas, pero eso no favorece la visita. La cripta también está cerrada. No digo yo que no tenga que ser así, pero en fin… El altar del coro merecería un capítulo aparte por lo impresionantemente feo que es. Incluso no sé si es un altar o un sepulcro, porque traté de apartar la vista de él.

La catedral tiene elementos formidables (el coro, el claustro, los sepulcros, etc, etc), pero no sé, forma un conjunto que tiene menos encanto que otras catedrales más pequeñas. Es un templo grande, es rico, es variado… y tiene menos encanto.

Es un espacio que parece totalmente tomado por los turistas, me costaba sentir el menor atisbo de sacralidad en él. Ya he dicho en otros posts qué soluciones se me ocurren y que se podrían intentar para lugares turísticos como esa catedral. 

De momento, es un espacio que parece vacío, mundano, museístico. Y eso no es culpa de los que la gestionan. Realmente es complicado solucionar una invasión de este tipo. A veces, los sacerdotes tenemos la sensación de que no se puede hacer nada. Que conste que considero a Toledo como la diócesis con el mejor clero de España. Toledo, por los sacerdotes, son palabras mayores. Conocí esa catedral el día de Pascua y era otra cosa, era totalmente otra cosa.

Podría enumerar los muchos elementos que me gustan de esa catedral. Pero el conjunto no me gusta. Es el conjunto, no los elementos sueltos.

miércoles, julio 18, 2018

Firmando el final de toda una época, firmando el final de una pesadilla perfecta



Ayer por la noche vi un reportaje sobre la rendición de Alemania en la Segunda Guerra Mundial. A mi edad ya es raro ver un documental en el que se digan cosas nuevas sobre esa guerra. Digo esto no porque yo lo sepa todo de esa contienda, sino porque los directores de documentales se empeñan en repetirnos siempre lo mismo, exactamente lo mismo y, la mayor parte de las veces, de la misma manera. Pero esta vez no.

Vi la filmación del general Jodl firmando la rendición que nunca la había visto. La delegación alemana llegó con los generales aliados ya sentados, firmaron y Jodl pidió decir unas últimas palabras, que las dijo en inglés: En esta hora, solo puedo expresar la esperanza de que el vencedor los tratará [a los alemanes] con generosidad.

A esas palabras siguió el silencio de los generales del otro lado de la mesa. Nadie les respondió, nadie les sonrió por cortesía. Ni siquiera unas palabras de despedida. Solo silencio. Impresionante. Qué momento tan impresionante.

La delegación alemana fue conducida a una prisión. Los militares aliados, entonces, brindaron con champán y festejaron la rendición. El cuerpo de Jodl, al año siguiente, colgaría de una horca.

Al ver el documental, no he podido evitar cierta conversación con cierto escritor catalán. Lo tremendo de los sacerdotes es, a veces, tener que aconsejar al que nos pide consejo, y tener que escoger el mal menor entre dos males. No he tenido que aconsejar a muchos generales en medio de una guerra mundial, pero a veces no hay más remedio que escoger entre un mal y otro mal. Eso sí, nadie puede hacer nada intrínsecamente malo, jamás.
¿Da exactamente lo mismo la dictadura represiva y llena de torturas de Pinochet que la de Mao? Evidentemente, no. ¿Prefiere usted vivir bajo la dictadura de Hitler o bajo la dictadura de Stalin? Si en una guerra hubiera que elegir entre unas omisiones o acciones, y con unas ganara Isis y con otras ganara un régimen como el de Breznev, ¿qué sería preferible? Si soy un comisario de policía, puedo dejar que asesinen a Hitler, sabiendo que hay una conjura para que le suceda Goering.

Nunca hay que hacer un solo acto intrínsecamente malo. El problema es que, a veces, sin hacer nada malo, hay que optar. 

Muchísimas veces la mejor opción es retirarse, inhibirse, no participar en nada. Pero, otras veces, la conciencia urge a favorecer el mal menor. Cuando están en juego millares de personas torturadas, decenas de miles de personas encarceladas, hay que comprender que inhibirse no siempre es lo mejor.

Una de las grandes decisiones morales que hubo que tomar por parte de la Unión Europea y Estados Unidos fue si dejar al presidente de Siria en el poder o no. Derribarlo del poder hubiera significado una cantidad de males tan impresionante que, hoy día, todos están de acuerdo en que, dadas las complejas circunstancias, lo mejor fue dejarlo en el poder. Pero hubo que pesar en la balanza males frente a males. Fue una decisión muy compleja. Pero incluso inhibirse supuso una decisión.

Aunque estas cosas parezcan episodios del pasado, también ahora, este año, hay personas importantísimas que tienen que tomar decisiones económicas, políticas, sociales, que afectarán a millones de personas y tienen que elegir entre dos males. Este tipo de decisiones si son consultadas a un sacerdote, deben ser abordadas con el mayor cuidado posible, nunca a la ligera.

Las entrañas de la tierra


Saludo a Enric Macià, porque me ha alegrado saber que tenemos un espeleólogo en el blog. Los reinos subterráneos, sin ninguna duda, son fascinantes y solo abiertos para las almas intrépidas. Ningún pusilánime jamás descenderá a esas simas. Un saludo.

martes, julio 17, 2018

Más pensamientos constructivos



Como este es un blog de impresiones, sentimientos, anécdotas, episodios y pensamientos (y algunas cosas más), dejadme compartir mis opiniones sobre el tema iniciado ayer. Opiniones sueltas, nada estructurado.

El Palacio de Buckingham siempre me ha parecido, arquitectónicamente, una masa gris anodina. Que siglos después de Andrea Palladio se sigan construyendo ese tipo de obras insulsas me parece incroyable; o como dirían los alemanes, unglaublich.
La Casa Blanca no es para echar cohetes. Nueva York tiene mansiones en Manhattan que son obras maestras. Pero justamente un edificio tan icónico como la Casa Blanca es decididamente insulso. Estados Unidos tiene unas casas señoriales sureñas tan bonitas; y, en general, considero que tiene las casas familiares más bonitas del mundo. Pero la Casa Blanca, no.

Ya que ayer toqué el tema de los proyectos arquitectónicos de Hitler, diré algo más. Hitler como arquitecto era un cero a la izquierda. Todas esas maquetas que vemos en los documentales eran obra de Albert Speer y solo de Albert Speer. Y si lo hubiera llevado a cabo, el centro de Berlín se hubiera parecido a un barrio soviético de oficinas: ni hubiera sido impresionante ni colosal. Hubiera sido una mera sucesión de edificios como el edificio del Ministerio del Aire de Goebbels. En Estados Unidos se llevaba mucho tiempo construyendo de un modo moderno y bellísimo. Pero Albert Speer o no lo sabía o no supo imitarlo.

Respecto a París, tanto el Louvre, como Versalles, Los Inválidos y tantos otros edificios del mismo estilo padecen de la misma enfermedad: algo no por ser más grande es más bonito. Cosa que ya que descubrieron los griegos en la época de Pericles.

Esos edificios del llamado “estilo clásico francés” no entusiasman a nadie. Una obra es muy buena cuando todo el mundo hace versiones de ella, aunque sean pésimas versiones: da lo mismo si es El Guernica, el Partenón, la Gioconda, el Coliseo, el David de Miguel Ángel, lo que sea. De los edificios franceses de ese tipo nadie ha hecho imitación alguna. Uno los mira y tiene la impresión de encontrarse ante un estilo indefinido. Es un estilo identificable, pero indefinido.

El Panteón de Roma es perfecto. Mientras que al Palacio del Presidente de Francia le puedes añadir otro patio, otra ala, otro piso de altura, lo que quieras, nadie va a notar que es una añadidura.

Todos coincidimos en la belleza suprema del Castillo de Osaka, del Alcázar de Segovia, de Neuchwanstein, del Alcázar de Granada; incluso, en su estilo, La Ciudad Prohibida es magistral. ¿Por qué los grandes edificios icónicos del Poder suelen ser tan poco relevantes en casi todos los países? Es un misterio.

Yo siempre he sido un demócrata. Pero la única razón que haría que yo tomara en mis manos el poder absoluto oprimiendo a un pueblo sería por razones arquitectónicas. 

Sería implacable. Especialmente con el clero.