viernes, noviembre 30, 2018

Sermones desde el 1658 en adelante






















Aquí están los sermones de los últimos días:

Sermón 1658
No llevéis nada para el camino

Sermón 1659
El obispo es el que reparte las porciones

Sermón 1660
He venido a traer fuego al mundo

Sermón 1661
San Judas Tadeo, I parte

Sermón 1662
San Judas Tadeo, II parte

Sermón 1663
Distintos tipos de templo, distintos tipos de culto

Sermón 1664
Los 24 ancianos coronados del Apocalipsis, I parte

Sermón 1665
Los 24 ancianos coronados del Apocalipsis, II parte

Sermón 1666
El mar de cristal del Apocalipsis, I parte

Sermón 1667
El mar de cristal del Apocalipsis, II parte

Sermón 1668
La obediencia monástica

Jesús tenía los sentimientos de María

Sermón 1670
Las 99 ovejas abandonadas

Sermón 1671


Sermón 1672
La cátedra de la Basílica de san Juan de Letrán, II parte

Sermón 1673
La cátedra de la Basílica de san Juan de Letrán, III parte

Sermón 1674


Sermón 1675
La gracia, II parte

Sermón 1676
La gracia, III parte

Sermón 1677
La gracia, IV parte

jueves, noviembre 29, 2018

Santa Margarita de Escocia, ruega por nosotros


Debo añadir al post de ayer que algunas personas me han ofrecido su amistad a distancia. Pero, con afabilidad, les he respondido que una amistad por email... no es lo mismo. Y, de verdad, que lo siento, porque algunas de esas personas que me han ofrecido eso estos años pasados parecían personas con las que sí que hubiera podido llegar a cultivar una bella amistad.

Ayer recibí la llamada de un profesor de latín. Los profesores de latín siempre me caen especialmente bien.  La larga e interesante conversación me llevó a apuntar temas que él me señaló como interesantes para futuros sermones:

-el comentario de Jesús de que era suficiente la espada que le mostraron en la Última Cena los apóstoles

-así como que llevaran espada cuando fueran a predicar

-la idea de algunos judíos de que tiene que venir un mesías sufriente y otro glorioso

-la interpretación de la doncella y el Enmanuel respecto al rey al que se la hace la profecía

En fin, todos vosotros, podéis proponer temas para predicaciones en los comentarios. Si alguno lo veo muy bueno, os aseguro que lo intentaré asumir.

Ayer vi otro niño suelto en una audiencia con el papa. Evidentemente, los niños no se van diez metros hacia delante sin que los padres expresamente no quieran evitarlo. Si ahora el índice de niños irruptores ha aumentado, ha sido porque les animan los padres.

Yo si fuera papa (un papa al estilo de Julio II o algo así) no lo permitiría, porque si estoy hablando es porque quiero decir algo. Hay momentos para acariciar niños y hay momentos para enseñar, como diría el Eclesiastés.

Me encanta jugar con los niños. Los que me conocen, lo saben. Me encanta jugar con los hijos cuando me invitan a las casas. Pero si yo fuera un papa y alguien me lanza un niño irruptor, preguntaría: “¿Esto es suyo? Pues recójalo”.


miércoles, noviembre 28, 2018

Qué bonitas eran las vidrieras antiguas. Las modernas son horriblemente espantosas.



La vidriera que he puesto es de Santa Margarita de Escocia. La última monarca de ese reino fue católica.

Dios ha puesto siempre personas a mi lado que han sido manifestación de su amor por mí. En mi primera parroquia, sobre todo puso a un matrimonio que me trataron como a un hijo. Su afecto fue imprescindible en una parroquia con problemas tremendos. Su consejo siempre fue sabio. Con ellos junto a mí, nunca me sentí solo.

En mi segunda parroquia, Dios puso a una santa que me guio por el buen camino, también puso a un grupito de parroquianos se convirtieron un apoyo necesario. Con ellos cenaba, comentaba las cuestiones, me iba con ellos al cine. Qué gratos recuerdos.

En mi tercera parroquia, la sacristana hizo de madre. Toda su familia me acogió como a uno más en casa, en las cenas de Nochevieja. Continúo esa relación diez años después de salir de esa parroquia. A esa sacristana la quiero ahora tanto como entonces.

Cuando estuve en Roma, tuve varios amigos que acompañaron mis años, mis cenas, mis paseos. No estaban allí por casualidad. Ellos fueron la materialización de ese amor de mi padre Dios. Sin ellos, mi estancia en Roma hubiera estado acompañada solo de libros.

En mi regreso a Alcalá, otra vez Dios puso en mi camino a una persona que ha cumplido esa misión de acompañarme, aconsejarme y rezar por mí.

Gracias a todos. Cada uno con su carácter, con su personalidad, con sus virtudes, pero cada uno me ayudó y me alegró la vida porque así lo quiso Dios. Cuando me hago amigo de alguien, continúo mi amistad para siempre. Pocas cosas alegran tanto mi existencia como la amistad.

martes, noviembre 27, 2018

Una calle cualquiera de Alcalá a una hora cualquiera



Hoy hemos tenido la reunión diocesana de sacerdotes, la del mes de noviembre. Nos ha predicado el obispo don José Rico. Qué alegría siempre me dan estas ocasiones en las que el clero está reunido. No dejaba de imaginar a los doce apóstoles sentados en torno a Jesús, mientras Este les enseñaba; y cómo ahora era lo mismo: todos los sacerdotes reunidos en la capilla con El presidiéndonos en el sagrario, aunque no fuera visible con su forma corporal.

El que hablaba era el obispo Rico. Desde que Jesús dejó de ser visible y audible con su forma corporal, tenemos que enseñarnos unos a otros. Administrar la Palabra de Dios, ¡qué gran tarea! Enseñar a los que son actualmente apóstoles.

Me llama la atención que crece el número de sacerdotes que llevan sotana a las reuniones. Hoy he visto a uno al que nunca le había visto ponérsela en estas reuniones. ¡Y ya hay varios que usan fajín negro sobre la sotana! Y eso en las reuniones, ¿qué no harán fuera de las reuniones? Os aseguro que varios sacerdotes jóvenes tienen manteo. Visto todo el clero por detrás (yo estaba hoy sentado en los últimos bancos) todos visten de negro; había unos tres de gris. Solo vi tres, pero tal vez había alguno más.

Por delante, no todos llevaban camisa de clergyman. Pero ya todos van con jerseys, chaquetas, americanas de riguroso color negro. Este detalle muestra una evolución respecto a las reuniones de principios de los 90 a las que asistía yo como seminarista.

Hasta Gustavo Gutiérrez (uno de los padres de la Teología de la Liberación), lo leía ayer, ha retocado sus obras para expurgarlas de errores, reconociendo sin ninguna ambigüedad, de forma tajante y clara, que es la Iglesia la que enseña el magisterio sin error con la asistencia del Espíritu Santo.

Las cosas han cambiado y han cambiado mucho respecto a los años 70 y 80. Los que entonces fueron admirados y aclamados como los autores de un gran salto revolucionario, ahora son vistos en sus justas dimensiones.

Ayer me llamó un sacerdote de otra diócesis y le dije que yo creía que a don Marcelo, arzobispo de Toledo en aquellos años revolucionarios, es como si Jesús le hubiera dicho: “A ti te encargo que hagas un gran seminario, un seminario donde se enseñe según mi corazón a los seminaristas. Yo te enviaré vocaciones de toda España. Después, esa semilla se extenderá por todas las diócesis de toda la nación”.

Mientras que los que, entonces, quisieron ser modernos, ahora están totalmente pasados de moda. La fidelidad a la Tradición ha vencido a la desobediencia al magisterio. Los trajes clericales son un mero signo, pero un signo lleno de significación. 

lunes, noviembre 26, 2018

El pasado como profecía del futuro





El más grande monumento de aquel régimen cristiano fue construir la cruz más grande del mundo. No fue una estatua de su líder, no fue algo que fuera una exaltación de la patria, sino la cruz de Nuestro Redentor.

Hoy las Femen han sido absueltas por haberse encadenado semidesnudas al crucifijo del presbiterio de la Catedral de la Almudena. El juez ha dicho que era libertad de expresión. Resultan llamativas este tipo de sentencias cuando, justamente ahora, se están dando sentencias durísimas contra los que ponen en duda algunos aspectos de la doctrina LGTB. Para unos todas las facilidades desde los poderes del Estado. A los otros, hasta quitarles los templos quieren.

Cuando todo lo que estamos sembrando ahora en Europa lleve a la apostasía del continente, surgirán monstruos. No sé cuánto falta. Pero tal como se va degradando la sociedad, no tengo la menor duda de que será en esta generación. Y los estados totalitarios que surgirán en esa futura sociedad postcristiana reducirán nuestra bella Europa a ruinas.

Entonces, solo entonces, volverá a amanecer una nueva primavera. Los villanos de ahora serán venerados como héroes, y lo que ahora es considerada una vergüenza será una gloria. Por eso vídeos como este me resultan como un consuelo profético:


Jamás de los jamases debe entenderse el hecho de que ponga ese vídeo como un alegato antidemocrático. Al revés, estoy en contra de que se imponga a los ciudadanos qué es lo que deben creer. Mucho menos se debe entender ese vídeo como que yo estaría a favor de golpes de Estado o alzamientos violentos. Todo lo contrario. El vídeo lo que me rememora es el comienzo de una nueva época, de un nuevo amanecer bajo la luz del cristianismo.

Pero esa nueva primavera no se forjará a base de golpes de Estados ni de violencias. Solo hay que dejar que la copa de la ira se llene. Después Dios ya se encargará de todo. Los totalitarismos del siglo XXI (fruto del pecado colectivo) caerán como una fruta madura. Los cristianos solo tenemos dejar actuar a Dios. Los que queden llenarán las iglesias para dar gracias a Dios por haber sobrevivido a los jinetes del Apocalipsis. Asaltarán los templos sí, pero para arrodillarse y rezar un Te Deum.

En este otro vídeo se puede ver a Franco recibido por los catalanes en Tarragona. Todos los que vean el vídeo comprobarán como no fue nadie a los actos, porque era un pueblo oprimido y sojuzgado, también se ve cómo los que van lo hacen obligados:

Véase a Franco entrando en Berga (también Cataluña). Todos los pocos que acuden a los actos, lo hacen obligados por la Gestapo:

Obsérvese con qué cariño hablaba el jefe del Estado del recién elegido Juan XXIII, minuto 7:20.

domingo, noviembre 25, 2018

Un pequeño rey en un pequeño reino



Cuando era pequeño, creía que en la Edad Media habían existido pequeños reinos de cuentos de hadas. Cuando estudié en serio la Edad Media en mi licenciatura en la especialidad de Historia de la Iglesia me di cuenta de que esos reinos de cuentos de hadas nunca habían existido.

Los cuatro reinos hispánicos en la etapa de la reconquista, el reino suevo, la heptarquía inglesa, Sicilia y alguna breve excepción más son la única muestra de reinos más pequeños de lo usual. Estos y otros reinos como los de Taifas fueron estructuras políticas fugaces.

En la Edad Media solo hubo reinos grandes. Aunque, después, la creación de las naciones modernas todavía ampliara más los límites de los reinos primitivos. Incluso los reinos godos, fundamento de las monarquías posteriores, fueron reinos grandes. Hasta en Suiza, un país pequeño, para ir desde Ginebra a Bad Ragaz hay casi cuatro horas en coche.

sábado, noviembre 24, 2018

Claustros vacíos justo antes del invierno de la Iglesia







Las fotos que hoy pongo son de ese monasterio del que hablé ayer. La tristeza me embargaba al comprobar que lo que se construyó con toda ilusión para convertirse en el gran centro monástico de Inglaterra ahora son pasillos vacíos. Vivimos una época de retirada general.

Y encima de ser atacados por fuera, de estar débiles dentro, además divididos. Hace dos días algunas webs católicas se hacían eco de que la Fundacion Legatus de empresarios norteamericanos dejaría de dar el óbolo al Vaticano este año. Varias webs católicas (y antipapales) achacaban eso a la decisión vaticana de que no se votara en la Conferencia Episcopal el asunto de la creación de la comisión de laicos para investigar a los obispos sobre pedofilia.

He mirado la noticia en sus fuentes y he descubierto que no, que la decisión no tiene nada que ver con eso, sino con otros asuntos. También he comprobado que la donación del año pasado estaba bastante por debajo del millón de dólares, es decir, tampoco era una cantidad como para echar cohetes.

Pero la conclusión es clara: en una situación de debilidad, encima divididos. No importaría que toda la jerarquía de la Iglesia fueran santos canonizables. Estamos en una situación de apostasía general. Incluso obispos tan buenos como José María García de la Higuera o José Guerra Campos no pudieron evitar el avance de la secularización en sus diócesis. En otros países, sucedió lo mismo con obispos santos.

Cuando hay una sequía general y con una plaga de insectos, hasta el mejor agricultor, a veces, tiene que ver cómo gran parte de sus cultivos se van secando o van siendo devorados. Sean cuales sean los planes, sean cuales sean los prelados, vivimos una etapa de preapostasía: hay que aceptarlo. Hacer lo que se pueda, ser constructivos, no dividir.

viernes, noviembre 23, 2018

Esto sí que es una abadía benedictina



La foto es la de la impresionante abadía inglesa de Downside. No es una abadía medieval, sino que se construyó con toda ilusión en el siglo XIX. ¡Qué entusiasmo hubo en el catolicismo inglés en esa época! Por eso es triste ver que en nuestros tristes tiempos esa abadía ha llegado a tener solo ocho monjes, aunque ahora se afirma en la Wikipedia que ha llegado a catorce.

Lo cierto es que el edificio muestra el esplendor de tiempos para nada lejanos. Qué bellas se erigían las iglesias en el siglo XIX: más pequeñas o más grandes, pero todas hermosísimas. El modo en que comenzaron a construirse ciertos templos es la muestra más evidente de un cambio teológico. Esta abadía me embelesa. El catolicismo es eso: orden, armonía, belleza para expresar una construcción de la fe que es un espectáculo en sí mismo.

Acabo con el que para mí es el avemaría más bello, el que compuso Tomás Luís de Vitoria. Aquí está el link:


jueves, noviembre 22, 2018

El congresista Rufián: la belleza de las instituciones y el lamentable espectáculo del odio de la extrema izquierda






Ya dije en su momento que Zapatero dijo algo muy sabio en un momento de grandísima tensión en una reunión con el rey y Chávez. El, entonces, presidente Zapatero con serenidad dijo: Las formas dan el ser a las cosas. Refiriéndose con ello a que las formas de respeto confieren cordialidad a las relaciones tanto personales como internacionales. La educación y las formalidades encauzan las relaciones dentro de términos razonables y no viscerales.

El lamentable espectáculo de Rufián insultando a nuestro presidente y a uno de los ministros de la nación fue increíble. Cualquier persona con un mínimo de decencia se avergonzaría de un proceder como el de ese congresista independentista, republicano y de extrema izquierda.

Yo si me encontrara en persona con el presidente o sus ministros me mostraría exquisitamente respetuoso. No por servilismo, sino porque ellos encarnan la autoridad civil de la nación. Insultando a una institución, insulto a todos los representados.

Puedo disentir de las decisiones que tomen. Pero siempre seré respetuoso cuando me encuentre con ellos. Lo que ha hecho Rufián es deplorable, pero las mismas instituciones se muestran escrupulosas en el equilibrio entre la salvaguarda a la libertad y el mantenimiento de unas medidas mínimas de corrección. En nuestra democracia, no se toma otra medida que la de expulsarle de la sala de plenos. Vivimos en un régimen de libertades, que le protege incluso a gente como él.

Lo triste es que él y otros son expresión de una tanto por ciento d de la población que alberga ese odio. Rufián no es el problema, es el síntoma.

Pero, por más que haya un clamor de que hay que hacer algo contra él, debemos protegerle. La democracia protege a los que nos incomodan, y especialmente les protege a ellos. Eso sí, eso es de esa manera mientras se respete la Ley. El día que él u otros quebranten la Ley, esta debe actuar de un modo ciego, automático, casi mecánico. Cuanto más hagamos para que los jueces sean totalmente libres, más protegidos estaremos todos.

Pongo unas fotos de Inglaterra. Un reino donde las formas y los protocolos confieren una magnificencia al Poder que lo elevan por encima de los demás Estados. Y, sea dicho de paso, fijémonos cómo Gran Bretaña defiende todas y cada una de sus posesiones fuera de la isla. Un país donde el Tribunal Supremo está fuera de toda duda de partidismo. Feliz la nación donde la Justicia es independiente de manera perfecta.

Señor Rufián, puede usted seguir con su conducta. Y nuestra democracia se limitará a echarle de la sala de plenos.

Puede usted reírse de la Justicia de España lo que desee. Pero si trasgrede la Ley, comprobará por qué la Justicia nunca amenaza, simplemente actúa.

miércoles, noviembre 21, 2018

Iudas Maccabeus, ora pro nobis



Primer punto. No me siento para nada identificado con ningún grupo de ultraderecha. La mayoría de los grupos que he visto (solamente en televisión) son claramente compuestos por individuos contrarios a los valores democráticos y amantes de la violencia. Mi amor al sistema democrático y a sus valores, en mi caso, es indiscutible.

Segundo punto. Como pastor de almas, no me siento identificado ni vinculado con ningún partido político. El sacerdote debe ser padre de todos. Lo cual no es óbice para dar mi juicio sobre una época histórica. No ser hombre de partido no significa que no pueda dar mi opinión sobre el cristianismo de Carlos V o sobre las virtudes de Felipe II, o que no pueda dar mi opinión sobre una contienda en la que estuvo en juego la civilización cristiana en mi propio país.

Tercer punto. El caso de ese arzobispo santo que fue don José María García de Lahiguera es algo digno de mención. Sus virtudes son grandiosas. Fue el ejemplo de obispo santo por antonomasia. Le predicó dos años el retiro espiritual a Franco. Pues bien, él nunca se metió en cuestiones seculares, no se le conoce ni un solo elogio a Franco mientras vivió. Ahora bien, cuando murió y tuvo que predicar en la misa de funeral en la catedral hizo como Tomás Moro justo después de conocer su sentencia: Dijo que hasta entonces había callado, pero que ahora iba a hablar. Hablar no de política, sino de la finura espiritual del hijo de la Iglesia que había muerto. Ni una palabra de política, solo habló como pastor.

Cuarto punto. Aunque lo he buscado por todas partes, no he encontrado ese sermón del arzobispo de Valencia. Si alguno me puede proveer de un link se lo agradeceré. Incluso en el libro Franco, cristiano ejemplar, aparecen muchos fragmentos de sermones de obispos elogiosísimos en su funeral, pero justamente falta este. Que, por lo que tengo entendido, fue el más elogioso de todos. No tengo la menor duda de que los promotores de su canonización habrán tomado las mayores precauciones para que no salga de ningún archivo.

Quinto punto: En las memorias de Tarancón, el cardenal menciona que el 2 de octubre de 1975 le recibió Pablo VI. Faltaban dos meses para que muriera. Monseñor Tarancón dice que el papa estaba muy impresionado por una carta que le había enviado Franco (justo antes de caer enfermo) carta que merecería un post en sí misma. Pues bien, Tarancón dice en sus memorias que, en esa audiencia privada, Pablo VI habló con elogio de Franco y que concluyó finalmente: “Franco ha hecho mucho bien a España y le ha proporcionado un desarrollo extraordinario y una época larguísima de paz. Franco merece un final glorioso y un recuerdo lleno de gratitud”.


No, no puedo callar


Los sacerdotes nunca debemos meternos en cuestiones políticas. Nuestro afán debe estar en el cielo e involucrarnos en banderías humanas lo único que logrará es alejar a las almas de nosotros que debemos ser padres para todos.

Hoy, cuando escribo estas líneas, es el aniversario de la muerte de Francisco Franco, el que fue caudillo de España. En mi juventud, nunca tuve la más mínima inclinación hacia un régimen que para mí era el pasado. Pero, con el pasar de los años, fui sabiendo más y más acerca de esa época.

Y, finalmente, con un conocimiento del tema más que suficiente, habiendo leído y escuchado a los dos bandos, puedo afirmar que el gobierno socialista que tuvimos en este país durante mi juventud nos había engañado con su dominio de los medios de comunicación: Nos había vendido como buenos a los que eran los malos, y como malos a los que habían sido los buenos.

¿Puedo, como sacerdote, decir algo de un régimen que se reconoció, ante todo y sobre todo, como cristiano?

¿Puedo, como sacerdote, expresar mi opinión acerca de un gobernante que siempre vivió en el cumplimiento de los Mandamientos de Dios, que murió como hijo de la Iglesia?

¿Es hablar de política llegar a la conclusión de que si Dios no hubiera intervenido, España hubiera sido hasta 1989 como Albania, Yugoslavia o Cuba, es decir, un régimen anticristiano, comunista, totalitario?

Es cierto que, frente a eso, hubo que implantar un régimen autoritario. Es cierto que solo la guerra liberó a millones de personas de ese yugo férreo. ¿Pero puedo negar que esa conflagración fue vivida como una cruzada? ¿Puedo yo traicionar la memoria del obispo de Teruel, don Anselmo Polanco, al que se le fusiló a menos de dos meses de acabar la guerra por no desdecirse al menos del carácter de cruzada? Solo se le pidió eso para dejarle vivir: retirar su firma de la Carta Conjunta de todos los obispos españoles. ¿Puedo yo ahora decir que murió en vano?

¿Pero, de verdad, creo que hubiera sido mejor la implantación de la dictadura totalitaria marxista que no un régimen autoritario que intentó poner orden, levantar el país y buscar lo que nos uniera?

Desde pequeño escuché que hicieron cosas malas unos, pero que hicieron cosas malas los otros. Por supuesto que no me hago solidario de lo que de malo, de abusivo o de criminal se hiciera en el bando nacional. Pero quede claro que primero hicieron mal, mucho mal, los marxistas. Y después los otros fueron haciendo juicios militares al ir reconquistando España. Ahora bien, comparar las matanzas masivas y las torturas de los comunistas, socialistas y anarquistas frente a las muchísimas menos condenas de los juicios de guerra resulta sencillamente miserable. Estoy en contra de la pena de muerte, pero no, no fue lo mismo.

¿Por qué escribo estas líneas que ningún bien me harán? Pues porque quedan pocos años en los que esto se pueda hacer sin pagar grandes multas. Eso sí, no me extraña que los descendientes ideológicos de aquellos socialistas, comunistas y anarquistas se la tengan jurada a Franco. El modo en que persiguen su memoria nos da la medida del bien que hizo. Hay que reconocerlo, el Caudillo fue una pesadilla para ellos.

Franco fue un David invicto en la cruzada, reinando los mismos años que él. Y si fue un David en la guerra, fue un Salomón en la paz. Dios protegió a España. Eso sí, sin los pecados del uno ni los del otro. El siempre siguió los caminos de los Mandamientos.

Si leo en misa las batallas de los Macabeos, ¿voy a negar nuestra cruzada? ¿Ensalzaré a Judas Macabeo y negaré a Francisco Franco? ¿Qué hizo el uno que no hiciera el otro?

En fin, solo me busco problemas diciendo estas cosas, pero debo ser obediente a mi conciencia y dejar bien claro que Caín fue Caín, y Abel fue Abel.

Católicos que me escucháis, recordad que, en algún día lejano, muy lejano, Franco podrá ser canonizado como ejemplo de príncipe cristiano. Porque no conozco a ningún jefe de Estado que gobernara con una fidelidad más exquisita a la doctrina de la Iglesia, con una obediencia más rendida a los obispos. Si lo hubo, no lo conozco. Si otros lo niegan, ¡yo no lo niego!

Soy un demócrata. Soy obediente a las leyes de mi país y a su constitución. Yo no quiero imponer nada a nadie. Ni soy un fascista ni soy un golpista. Amo la democracia y los derechos de cada persona. Pero Franco fue la respuesta a las plegarias de millones de españoles que comprobaron lo que se venía encima. Y así él, en realidad, fue el último rey de España. Y él siempre fue el primero en reconocer que no fue por ningún mérito, sino solo por la gracia de Dios.

No, yo estoy con el obispo mártir de Teruel. Yo suscribo las palabras de don José María García Lahiguera, arzobispo de Valencia, no voy ni una palabra más allá ni una menos de las que él dijo en el funeral de Franco. Por el honor de una masa inmensa de mártires, os digo que lo que hoy es vilipendiado, algún día será elogiado. 

Hoy día se sabe que Hitler le tenía una total aversión. Stalin lo odiaba y mandó un agente a matarlo. Franco buscó humildemente la bendición de Pío XII y la obtuvo. Pidió las oraciones de monjes y religiosos, y oraron por él. Se puso bajo la protección de la Virgen del Pilar... y prevaleció. Mal que les pese a algunos, prevaleció. 


lunes, noviembre 19, 2018

Enredándome en comentar los comentarios. Lo cual, a su vez, provocará otros comentarios.



Estimada Lucía, me escribes este comentario:

Si no hay que ser jueces porque actúa Vd. como un juez implacable con los que no comulgan con su visión eclesiástica.

Mira, ni en mi blog ni en mis conversaciones privadas, hablo mal contra nadie, ni laico ni eclesiástico. Por lo menos, lo intento. Hay una determinada congregación de la Iglesia que tendría que ser reformada de arriba abajo, porque es un foco de mal dentro del Cuerpo Místico. Me he cuidado de decir ni una sola palabra. Jueces tiene la Iglesia. Hay otra congregación de un tradicionalismo, de una rigidez, espantosa, dirigida por visionarios. Lo mismo, no he dicho ni una sola palabra. Mientras esté aprobada, no atacaré lo que mi Madre la Iglesia ha aprobado.

Pero eso no me impide tener ojos en la cara para no poder dejar de ver el mal que está haciendo una congregación y la otra, justamente en las antípodas una de la otra. Eso incluye a los obispos y hasta los papas. Si un obispo o un papa tomara continuas malas decisiones, no lo criticaría, buscaría todo lo bueno posible para hablar bien de él. Pero no podría dejar, en mi interior, de darme cuenta de las cosas.

Me acusas de ser implacable con los que no son de mi bando. Pero, Lucía, date cuenta de que hay gente fiel a los dogmas y gente que no lo es. Hay eclesiásticos que buscan una reforma mundana de la Iglesia y otros que buscan una reforma según el sentir de todos los santos y místicos de la Historia. Unos buscan una reforma que es una ruptura, otros buscan la continuidad según la recta fe y la santidad. Ambos somos católicos, mientras uno no sea expulsado, pero sí, a veces, con toda claridad, hay dos bandos.

Siempre me esfuerzo porque la gente no vea bandos dentro de la Iglesia. Pero, a veces, resulta ineludible no darse cuenta de que los hay.

Querida Lucía, en tu comentario añadías:

Todavía recuerdo el post tan duro contra el Obispo Setién que escribió. No lo entiendo.

Mi norma es no analizar asuntos eclesiásticos concretos salvo que sean figuras históricas, cincuenta años después. Pero monseñor Tarancón merecía un análisis: convenía, era provechoso, era fructífero analizar la política concreta de esa figura.

El caso de monseñor Setién era tan sangrante, tan impresionante, que me pareció adecuado abrir los ojos de algunos a la necesidad de hacer una revisión de su figura, aunque no hubieran pasado cincuenta años. Aunque por ese lado espero muy poco. Muchos han comparado a cierta mentalidad al nazismo: con toda razón, no les faltó ni el derramamiento de sangre. Hasta la comprensión hacia esa mentalidad era culpable.

Si yo escribí ese post sobre monseñor Setién fue por las víctimas. ¡Ellas sí que merecían unas palabras de apoyo, de consuelo!

domingo, noviembre 18, 2018

Agradecimiento de la iglesia española al Opus Dei



En los años 60 y 70, cuando la tormenta de desorientación doctrinal, de expansión de la herejía, de caos dentro del culto en el Templo de Dios, llegaron a su cenit, justo es reconocer que el Opus Dei fue un referente seguro para millones de españoles en cuestiones de fe.

En otros países, la Obra no tenía tanto peso como en España. Por supuesto que aquí había muchísimas personas individuales tan fieles como los miembros de la prelatura. Ahora bien, eran personas individuales, normalmente no organizadas. El Opus Dei sí que estaba organizado y muy bien organizado.

Caso aparte fueron, por supuesto, las diócesis de Cuenca y Toledo, verdaderos bastiones de la fe. La influencia de los clérigos de estos dos lugares se hizo notar con fuerza en toda la nación. Hoy día sí que se puede valorar el peso de estas dos diócesis como semillero de obispos y esparciendo clero óptimo por toda la nación.

Otros grupos fueron en esta fidelidad y amor a la oración como la prelatura, pero no contaron con los mismos medios materiales. Por citar solo dos, Comunión y liberación se centró en las universidades, pero tenía pocos miembros; y el Camino Neocatecumenal no incidió tanto en el mundo universitario, sino más en el apostolado con personas desfavorecidas. Otros grupos todavía eran más locales y no pudieron hacer planes de batalla a nivel nacional.

El Opus Dei, de modo silencioso, discreto, sin arrogancia, sin buscar el enfrentamiento, sí que dio luz a muchas almas, formó a sacerdotes y esparció la buena doctrina. Todavía recuerdo lo mucho que se rabiaba contra el Opus Dei en los años 80 por parte de los sacerdotes jóvenes más extremistas. Los que calificaban de “secta” a la prelatura, tuvieron que aguantarse al tener que escuchar elogio tras elogio del papa Wojtyla. Una y otra vez, él daba la razón precisamente a lo que ellos decían y la quitaba a los sembradores de mala doctrina. Hoy día las cosas que se decían entonces, por parte de sus adversarios, suenan ridículas. Costó mucho, pero mucho, salir de aquel mar revuelto de aguas lodosas.

Doy gracias al Opus Dei por su labor callada, eficaz, siempre constructiva, siempre fijándose en lo positivo, nunca atacando a nadie. La oración, la misa, la devoción a la Virgen... esas fueron las armas. No las necedades ideológicas que escuché de ciertos revolucionarios, de ciertos amantes de las novedades.

Pero ahora, cuando la paz se había impuesto, me preocupan ciertas cosas. Yo solo critico a los personajes históricos tras un paso razonable de tiempo. Como las decisiones de Tarancón hace medio siglo. Pero también ahora hay decisiones taranconianas aquí y allá. El camino es centrarse en el bien, no en la crítica. Obedecer, no extender un espíritu de rebeldía. Lo que tenemos que hacer es hacer bien nuestro trabajo, y no meternos a jueces.

A nadie se le impone qué debe pensar. Pero le pedimos, en el nombre de Jesús, a todo bautizado, que cubra con un velo la desnudez de los consagrados cuando toman decisiones eclesiales desacertadas. No estoy pensando ahora en nada en concreto, os lo aseguro. Pero sí que se ven en el horizonte los rumores de venideros conflictos eclesiales. Faltan años, pero ciertas tensiones no se desharán sin un fuerte trueno acompañado de pedrisco. Muchos católicos débiles (plantas débiles) no resistirán la granizada.

sábado, noviembre 17, 2018

La autobiografía de monseñor Tarancón: el arte de escribir unas memorias aún menos interesantes que la Iliada


Estoy ya en las últimas cien páginas del libro sobre de Luís Suárez del que tanto he hablado. Yo había leído la autobiografía del cardenal Tarancón, Las confesiones. Para alguien, como yo, al que le gusta el género de las memorias, estas resultaban poco interesantes.

He leído las memorias de algún periodista que fueron apasionantes, y eso que se limitaba a contar su labor. Y, sin embargo, las memorias de un cardenal que capitaneó la Iglesia de toda una nación en un momento apasionante, increíblemente, resultan bastante aburridas. Lo cual es algo bastante difícil de conseguir. Pero él lo logró.

Ya en aquella lectura resultaban evidentes los silencios del purpurado. Si algo se nota a mi edad, es cuando unas memorias son sinceras. Estas no lo eran. Cuenta lo que quiere, como quiere, hasta donde quiere.

Pero lo que refleja de forma incontestable la documentación de Suárez es cuántas cosas había que contar, al menos al final de su vida. Pero no lo hizo. Sin entrar en otros asuntos de los que ya he hablado en pasados posts, su actitud respecto a la Asamblea Conjunta fue… ¿insalvable?

Al final, tuvo que intervenir la Congregación para la Doctrina de la Fe con la aprobación de Pablo VI. Y el cardenal Tarancón viajó a Roma pensando que había perdido totalmente el favor del papa. La Congregación había sido tan dura, tan tajante, tan condenatoria de las conclusiones de esa asamblea que había tenido el apoyo del cardenal, que pensó que Pablo VI había dejado de apoyarle.

Cuál fue su sorpresa al comprobar que seguía teniendo el mismo apoyo del papa Montini. Y entonces pasó Tarancón al ataque, ajustando cuentas con los que creía que habían sido sus acusadores en Roma. La historia entera es formidable, una verdadera novela. Solo que no era ficción, la fe de toda una nación estaba en juego.

Como Suárez reconocerá con amargura, al menos, quedó la levadura de magníficos sacerdotes para cuando pasaran aquellos años. Y tampoco ha sido suficientemente reconocida la labor del Opus Dei en el mantenimiento de la fe en España. (Lo cuál no es óbice para que en otros posts cuente las barrabasadas que tal o cual miembro de la prelatura me ha hecho, o incluso muchos miembros.) Pero justo es decir que el Opus Dei tuvo una labor esencial en el mantenimiento de la fe. Porque durante veinte años la cantidad de curas socialistas que salieron de los seminarios fue lamentable. Y no es una apreciación subjetiva, ya dije que en Aragón el 66% de los candidatos de los partidos habían salido de los seminarios o eran curas. Partidos de izquierdas, claro, aunque el estudio sociológico no especificara esos datos en los resultados que tengo. Pero la cifra concreta fue esa. Lamentablemente, no me consta que se hiciera ese estudio en más regiones.

Hoy día podemos decir: “Hasta aquí llegaron las aguas”, señalando con la mano la marca. Y es cierto que desde los años 80, las aguas comenzaron a retroceder. Hoy día, donde reinaban las asambleas, la organización de huelgas y los pasquines políticos, se reza el rosario, el viacrucis y se adora al Santísimo Sacramento.

Conocer este pasado, nos ayuda a saber qué debemos hacer en el presente. Pase lo que pase, haya clérigos mundanos o no, curas que no defienden el magisterio de la Iglesia, ya hemos pasado por todo eso. Y nuestro camino debe ser, como entonces hicieron los buenos hijos de la Iglesia: amor a Pablo VI, oración y estar unidos al magisterio. Nunca echarse al campo, nunca desobedecer a la autoridad eclesiástica, no criticar.

Lo que he dicho del pasado es ya Historia, pero una lección para ahora. Ayer me llamó tarde una amistad muy preocupada: “¿Pero hay un cisma encubierto?”.

La respuesta la encontramos en lo que hicieron los santos en mitad de la tormenta: ni Marcel Lefebvre ni Hans Küng. Y nunca más meternos en cuestiones seculares, eso es lo que les digo a los menos de 300 clérigos catalanes, de cuya labor como sacerdotes no dudo. Alguno lo conozco y es muy bueno como sacerdote. Pero en esa mies no debemos meter nuestra hoz.